jueves 31 de mayo de 2007

entrevista a anna monjo, directora de icaria editorial / "nos gusta buscar dónde está la punta del debate en cada momento"

Icaria es una editorial que se ha centrado no sólo en la publicación de libros que abordan temas que son objeto de debate, sino también en la búsqueda de espacios destinados a la confrontación de opiniones. En la medida en que sus actividades van mucho más allá de la simple publicación y distribución de libros, Icaria es mucho más que una editorial. Es, además, un actor que busca hacer una contribución al debate en torno a temas como movimientos sociales, ecología, paz y conflictos, economía crítica, política internacional, relaciones Norte-Sur y feminismo. Para conseguirlo, su estrategia ha consistido en establecer fuertes vínculos y una dinámica de trabajo en red con quienes están trabajando en estos temas desde el punto de vista tanto de la investigación como de los movimientos sociales.


Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear la editorial Icaria?

Anna Monjo: La iniciativa fue de un grupo de amigos. Sucedió en 1975 y por casualidad este grupo convocó a una reunión el mismo día que murió Franco, en el mes de noviembre. María Rodríguez era quien iba a dirigir la editorial y también estaba Rafael Argullol. Era gente que provenía del PSUC —el Partit Socialista Unificat de Catalunya—. Estaban entonces María Rodríguez, Rafael Argullol, Xavi Berenguer y algunos otros más para hacer libros críticos marxistas pero también heterodoxos —porque había también cosas de anarquismo— sobre aquel momento.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de la editorial?


A.M.: En aquella época se quería dar respuesta a inquietudes sobre las que hasta entonces difícilmente habrían podido publicarse cosas durante la dictadura, aunque poco a poco se había venido dando una apertura. En ese momento la editorial pretendía publicar textos de filosofía marxista, de feminismo y heterodoxos. Y también literatura clásica que no se hubiera publicado.


M.G.: ¿En el catálogo de Icaria hay de manera implícita una posición de la editorial frente a temas como movimientos sociales, ecología, paz y conflictos, economía crítica, política internacional, relaciones Norte-Sur y feminismo?


A.M.: Sí, exacto. Cuando yo entré, en 1988, María se había ido a México a montar un consorcio de exportación de editores españoles. En ese momento había poco interés por el ensayo porque en la transición parecía que con la democracia ya estaba todo conseguido. Entonces a la gente le interesaba más la literatura. Y en aquel momento fue muy duro porque la editorial tenía un aspecto bastante clásico y diría yo que, incluso, anticuado. Poco a poco empezamos a abrirnos a temas de literatura clásica, recuperando a mujeres de los años treinta en París. Pero también empezamos a abrirnos hacia temas como conflictos internacionales, paz y conflicto, ecología y mujeres. Aparte de eso empezamos a hacer colaboraciones con organizaciones que hacían investigación sobre estos temas. Entonces montamos la revista Ecología política, publicamos cosas del Centro de Investigaciones de la Paz (CIP) y fuimos afianzándonos en temas que iban abriéndose cada vez más como movimientos sociales, paz y conflicto, ecología, etcétera. Luego ya entramos con Mediterráneo, mundo árabe, análisis contemporáneo de la comunicación, inmigración y otros temas de foros. Sin quererlo hemos coincidido con el comienzo de los foros aunque desde antes nosotros ya estábamos allí publicando material de este tipo.


M.G.: ¿Aparte de editar libros Icaria desempeña algún papel en la reflexión y el debate en torno a los temas que aborda su catálogo?


A.M.: Nos gusta buscar dónde está la punta del debate en cada momento. Por ejemplo, el principio de precaución en ecología, la nanotecnología o el tema de la participación democrática y la renovación de la política. Son temas que nos interesan permanentemente. Tratamos de buscar estos temas que todavía no son para nada mediáticos pero que están en el debate gracias a la gente que está reflexionando en torno a ellos. Hacemos muchos debates. Cuando publicamos libros nunca hacemos presentaciones sino que intentamos hacer debates en los que participa gente que está en estos temas. La idea es generar un espacio en el que se despierte un interés más allá de los libros y en el que haya confrontación de opiniones. Estos debates normalmente los hacemos en Barcelona y Madrid. En ocasiones los hacemos en otros lugares. Por ejemplo, hemos presentado en Granada y en Córdoba El mundo visto por los árabes, que es un anuario de prensa árabe sobre los temas que preocupan actualmente —desde la jihad hasta Irak— y que busca mostrar la heterogeneidad del mundo árabe. Con las fuerzas, que son pocas, intentamos crear complicidades a través de los autores.


M.G.: ¿Cómo definiría usted la posición que ocupa a Icaria con respecto a otras editoriales cuyo catálogo aborda temas similares o afines?


A.M.: En 1990, antes de que se empezara a hablar de globalización, publicamos algo sobre mundialización. Pero luego, a partir del Informe Lugano y del No Logo, esto se convirtió en un tema de medios de comunicación cuando empezó a imponerse. Normalmente llegan muchas editoriales a publicar pero diría yo que lo hacen desde un punto de vista más crematístico en el sentido de que buscan un tema que esté presente en los medios y empiezan a publicar gente que ha venido de fuera del país pero publican muy sobre seguro. Nosotros, en cambio, vamos más tanto a publicar algo de lo que se produce en España —aunque no sea tan vendible— como a buscar cosas de afuera. Pero no tanto buscando el interés de que la cosa ya esté muy instaurada y de que tenga un público muy específico, sino intentando buscar dónde están los debates que a lo mejor cuesta más introducir porque todavía son minoritarios. El tema es que, claro, luego cuando éstos ya se introducen, Crítica o Paidós toman los autores más prestigiosos y más reconocidos porque tienen mucha más capacidad económica que nosotros. Pero en ocasiones esto nos ha ayudado a hacer una relación de mucha complicidad con la gente que investiga o que está en los movimientos, lo cual también tiene un interés. Nosotros estamos muy vinculados con la gente y tenemos relaciones muy horizontales. Nos beneficiamos todos mutuamente porque estamos muy vinculados con movimientos que promueven campañas que están en curso con respecto a temas como deuda ecológica o consumo responsable. Entonces cuando publicamos ellos también hacen difusión de los libros y los venden a través de sus medios, que no es lo mismo que hacen las editoriales clásicas que entran al mercado y que sólo buscan autores prestigiosos que puedan venir a presentarlos para que tengan gran difusión en los medios. Yo diría que lo nuestro es más de calle. Estamos más en la calle.


M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones y líneas editoriales de Icaria?


A.M.: Hay una colección de ensayo universitario de ciencias sociales que existe desde el principio, cuyo nombre es ‘Antrazyt’. Ésta sigue siendo una colección más de reflexión tanto académica como no académica. Luego hay una colección divulgativa que se llama ‘Más madera’, conformada por textos de 100, 120 0 136 páginas que intentan abordar estos temas con mucho rigor pero sin ser tan críticos ni tan académicos —por ejemplo, no hay notas al pie, son más como una conferencia o un debate y tienen un tono más narrativo y directo—. ‘Más madera’ es para que la gente a la que le interesa abordar estos temas pueda tener elementos para establecer su propio criterio. Su punto de vista es bastante crítico. Luego hay otra colección que trata los temas de cambio personal y colectivo —es decir, cómo tendría que vincularse una cosa con la otra—. Aborda aspectos como el cambio personal en la vida cotidiana a nivel del consumo, de la alimentación, de las relaciones, de las resolución de conflictos, etcétera. La idea es que la adopción de nuevas maneras de actuar tenga una implicación en el campo colectivo porque pensamos que si no es así todo está desvinculado. Hay gente que quiere estar equilibrada y tranquila pero que no se implica en movimientos más colectivos de cambios sociales. Algunas veces la gente que está en política también tiene unos problemas personales de ego que hacen que no haya unos cambios personales precisos para que este cambio colectivo se dé. Entonces en cierta medida eso es una trampa porque no hay un cambio realmente personal que te lleve a querer trabajar en red horizontalmente o a intentar que lo que prevalezca sea el cambio y no tu postura.


Tenemos también una colección de literatura hecha en alianza con Intermón, que intenta abordar desde la literatura los temas de los procesos de cambio histórico, político y social. Esta colección es para que la gente a la que no le interesa tanto leer ensayo entienda también cómo los procesos de cambio repercuten en la vida cotidiana de la gente y cómo éstos se reflejan a través del día a día. Hemos publicado un libro que pasa en Argentina durante la época de la dictadura y otro sobre Irán que abarca desde el Sha hasta la etapa de Jomeini —de hecho, al principio publicamos un libro increíble de Jomeini—. Pronto publicaremos un libro de un autor sudanés, a otro egipcio y a una corresponsal de guerra que ha estado siempre en Afganistán, en la India y en otras partes de Asia. El libro es muy interesante porque es una crónica de cómo vive ella esta vida globalizada y estos cambios en otros contextos. Tenemos otra colección con Intermón llamada ‘Encuentros’, que nos sirve para apoyarnos mutuamente y para abrir la difusión de estos temas hacia un público más amplio que no es tan militante o comprometido.


M.G.: ¿Bajo cuáles criterios editoriales se eligen los libros que publica Icaria?


A.M.: En realidad el criterio es que tengan el registro de estos temas y que aporten cosas nuevas. Esto es muy importante porque se están haciendo muchas cosas. Por ejemplo, en el tema de inmigración hay mucha cosa publicada y, por lo tanto, buscamos libros que aporten una perspectiva diferente y nueva que puede abarcar desde las remesas hasta la prostitución de la mujer inmigrante. No sé, la idea es ir viendo aspectos que no se han tocado hasta ahora. Es importante la calidad del texto. En cada tema tenemos gente que puede asesorarnos y a la que consultamos. En ‘Más madera’ nosotros mismos proponemos y encargamos algunos libros. Hemos publicado uno llamado Venezuela contracorriente, que ha sido hecho por varios autores. Juan Torres lo ha coordinado en Málaga pero nosotros lo encargamos. O sea que depende. Algunas veces traducimos. Es una búsqueda un poco espontánea. Algunas cosas van llegando, otras las buscas y otras las encargas. Es muy relativo.


M.G.: ¿Cuáles son los rasgos de los lectores de los libros de Icaria?


A.M.: El perfil es bastante más variado de lo que parece. Diría que hay más hombres que mujeres. Bueno, quizás en el feminismo no pero en los otros temas… Las encuestas dicen que en general la mujer lee más literatura. Por las fichas que algunas veces envía la gente cuando compra libros sabemos que el perfil profesional es muy variado y que la edad no es muy alta —no son de veinte ni tampoco hay mucha gente mayor de sesenta. Nuestros lectores están entre treinta y sesenta—. Aparte de las personas que conocemos —que definitivamente están implicadas en movimientos sociales por la paz o de carácter ecológico y que sabemos que compran Icaria—, por las fichas que nos llegan sabemos que hay más hombres que mujeres. No sé si esto esté cambiando.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Icaria para alcanzar a sus lectores y mantenerse en contacto con ellos?


A.M.: Tenemos un blog desde hace dos meses. Más que hablar de libros, quisiéramos que allí se unieran agendas para interrelacionar campañas y actos poniendo información sobre temas variados que tienen que ver con nuestros libros. Queremos que el espacio que hay alrededor de Icaria esté en este blog y que la gente encuentre en él mucho más que libros —si, por ejemplo, hay un libro que ha salido y luego publican una entrevista en El País, la ponemos—. También queremos registrar allí las actividades que se van a hacer o las campañas que están en curso en distintos lugares para poder dar toda una visión de lo que hay alrededor de la editorial y de las cosas con las que estamos conectados. Esto se refiere no sólo a libros sino también a maneras de ver la vida.


M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


A.M.: Bueno, que ya tenemos un espacio muy asignado porque la publicación de todos estos temas coincide con un cambio a partir de 1999 gracias al cual el ensayo empieza a interesar otra vez. Como ya habíamos hecho mucho trabajo en estos temas y nadie los tocaba, entonces, claro, como editorial eso nos afianza mucho en un momento. Yo creo que hay un reflujo. Hay mucha información porque muchos temas que antes sólo aparecían a través de los libros ahora están siendo tratados en los medios de comunicación, que hablan de inmigración, de cambio climático, de globalización, de Irak y de conflictos internacionales. Se habla. No digo que se hable a fondo. Digo que hay información y que la gente considera que está informada. Algunas veces en los periódicos hay buenos gráficos y esto ha hecho que ahora la forma social de comunicación sea muy rápida e inmediata. Y también está el tema de informarse a través de las nuevas tecnologías como Internet y tal, que creo que es algo que ha ido en detrimento de la búsqueda de profundidad. Es una idea que tengo y que últimamente me viene mucho a la cabeza.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Icaria?


A.M.: Ha salido uno que se llama El militarismo en España, que aborda desde el proceso de la tendencia militarista hasta las actividades militares de “ayuda humanitaria” y la inclusión de éstas en conflictos internacionales. Después sale un libro muy interesante que se llama África en auxilio de Occidente acerca de todo lo que aporta África para superar los retos que actualmente tiene el planeta y que están planteados a nivel ecológico, de relaciones, de calidad de vida y de decrecimiento. La autora es una periodista de Le Monde Diplomatique llamada Anne-Cécile Robert, que plantea el tema de las relaciones, de la calidad, del tiempo y del trabajo como una función social más que económica. Es decir, cómo todo esto puede aportar ideas nuevas para plantear una sociedad más agradable de vivir y menos angustiada y agobiada que la nuestra.


Ahora estamos muy implicados en el tema del decrecimiento, de todo lo que suponen los límites ambientales y las desigualdades sociales planetarias —causadas por el capitalismo y por el neoliberalismo—. Una manera de superar esto es pensar cómo se ha de decrecer para igualar en el fondo en lugar de seguir hablando de crecimiento o de desarrollo. Esto lo hacemos con Serge Latouche, que es un pensador francés que ha escrito Sobrevivir al desarrollo y de quien ahora publicaremos justamente un libro llamado El reto del decrecimiento. También saldrá un libro de Susan George, que habla del fundamentalismo americano.




M.G.: ¿Podría mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de Icaria?


A.M.: Me gustaría volver a publicar La muerte de Ivan Illich. También me gustaría haber publicado La sociedad líquida, de Zygmunt Bauman. Hace unos años me habría encantado publicar Las cruzadas vistas por los árabes y una novela llamada Las chicas de Riad, que habla acerca de la manera como en Arabia Saudita las mujeres se comunican y montan sus estrategias a través de Internet. No pudimos publicarlo porque lo descubrimos en árabe y ya sabes lo que pasa, que levantas la tela y lo das a conocer a la gente… Me gusta mucho lo que publica Crítica, ¿sabes?

miércoles 30 de mayo de 2007

la colección 'la otra orilla' se convierte en sello editorial

En una entrevista que le hice hace dos días y que publicaré la próxima semana, Pere Sureda, el director de la editorial Belacqva, me contó que a partir de junio la colección ‘La otra orilla’ se convertirá en un sello por sí solo. Gracias al selecto catálogo de esta colección, Norma en América Latina y Belacqva en España han logrado construir en muy pocos años el prestigio que caracteriza a las editoriales de buena calidad.


Por lo menos en Colombia, donde Norma es la única editorial que ha asumido el riesgo de traducir a autores que escriben en otras lenguas, ‘La otra orilla’ ha publicado a grandes figuras contemporáneas como Roddy Doyle, Rubem Fonseca, Truman Capote, Adolfo Bioy Casares, Osvaldo Soriano, Michael Cunningham, Isaac Bashevis Singer, Charles D’Ambrosio, Bruce Chatwin, Nadine Gordimer, Yasunari Kawabata, T. C. Boyle, Ben Okri, Guillermo Arriaga, Griselda Gambaro, Tomás González, Edwidge Danticat, Alberto Manguel y Gesualdo Bufalino. Parece ser que tras haber traído a España algunos títulos que ya había publicado Norma en América Latina, para fortalecer y consolidar la posición alcanzada hasta el momento por Belacqva muy pronto el sello ‘La otra orilla’ hará lo mismo con algunos libros de Rubem Fonseca que aún no han sido publicados aquí.


Por otro lado, Pere me adelantó que actualmente el Grupo Editorial Norma prepara un sello de bolsillo que se lanzará en España después del verano y que sacará alrededor de veinte títulos en lo que queda de 2007. Por ahora sólo quería dar estas dos buenas noticias antes de publicar la entrevista en la que Pere habla, entre otras cosas, de los libros que actualmente está preparando la editorial.

martes 29 de mayo de 2007

mi idea romántica sobre el librero y el editor

En 2004 mientras el escritor chileno Alberto Fuguet rodaba Se arrienda, le hice vía Messenger una entrevista en la que me dijo lo siguiente: “es mi opera prima y me tiene feliz. Estoy pasándola muy bien. Es como tener por fin la banda de rock”. La pasión de Fuguet por el cine y la influencia de éste sobre su obra se ven claramente tanto en sus libros de ficción como en sus textos periodísticos —de hecho, en esa época acababa de publicar una novela titulada Las películas de mi vida—.


Yo en mi adolescencia también soñé con tener una banda de rock. Es más, como en esa época mis gustos y mis convicciones eran más volátiles que nunca debo decir que también soñé con ser armador de un equipo de basketball, profesor de Humanidades, roller, ajedrecista, escalador, periodista y muchas otras cosas más según la fascinación del momento o lo que dijera la gente que me rodeaba. Después, cuando estaba terminando el colegio, descubrí la única cosa que no ha dejado de interesarme a pesar del paso del tiempo: la literatura.


A raíz de este descubrimiento luego quise ser escritor, librero y editor. Como al cabo de un par de años me di cuenta de que ser escritor era muy difícil, para mí tener una librería o una editorial se convirtió en algo tan importante como la banda de rock para Fuguet. A partir de entonces pasé una buena parte de mi tiempo pensando en lo bonito que sería montar la librería o la editorial de mis sueños —como la gente que hablaba del proyecto de abrir un bar hecho a su justa medida—.


Sin embargo, el cierre progresivo tanto de algunas de las librerías tradicionales más importantes de Bogotá como de varias colecciones literarias de las grandes editoriales colombianas me hizo darme cuenta de las enormes dificultades a las que deben enfrentarse este tipo de negocios para sobrevivir y de lo reducida que es su viabilidad en el mediano o en el largo plazo. Y aún así seguí teniendo la idea romántica de que una librería y una editorial eran las empresas que más feliz me harían porque para mí no había nada más satisfactorio que descubrir y recomendar buenos libros y autores. Tanto que durante una época asumí el riesgo de dedicarme a leer libros de los que no tenía ninguna referencia, lo cual me llevó a hacer gratos descubrimientos como Roddy Doyle, Osvaldo Soriano, Julian Barnes o Tomás González y a aburrirme leyendo a autores como Gesualdo Bufalino y Edwidge Danticat.


En [ el ojo fisgón ] he hablado sobre todo de las editoriales y las librerías, que son los dos sectores del mercado editorial cuya existencia es más evidente para el lector porque son aquellos con los que su experiencia le permite familiarizarse porque saltan a la vista más fácilmente. Como desconozco por completo el mundo tanto de los impresores como de los distribuidores y la dinámica que lo rige, desde que empecé este blog no les he dedicado la atención que se merecen teniendo en cuenta que caer en manos de un mal distribuidor o un alza mínima en el costo del papel son factores externos a una editorial que pueden acabar con su buena salud.


De hecho, es bien sabido que la distribución es una variable crítica en la actividad editorial y que por más que la calidad de su catálogo sea sobresaliente un buen editor puede quebrarse si no logra controlarla adecuadamente. En estos tiempos de auge de la concentración de la propiedad en mega grupos multimedia y de las grandes superficies es más evidente que nunca que los intermediarios son quienes más ganan en la cadena de producción de contenidos. Por otro lado, quienes montan empresas en el sector cultural muchas veces parecen no saber o no tener en cuenta que la probabilidad de cualquier proyecto, por bueno que sea, depende de una planificación y de una gestión administrativa apropiadas.



Hasta el momento he tenido la suerte de hacer distintos tipos trabajos en el sector de la edición —he editado un par de publicaciones, he sido jurado de preselección en un concurso de cuento organizado por un importante periódico y he evaluado manuscritos en editoriales de distintos tamaños— pero quizás por falta tanto de espíritu emprendedor como de recursos, lo más probable es que eso de montar mi propia editorial se quede para siempre en mi lista de proyectos pendientes.


Nota: la última foto es de Álvaro Castillo, quien desde San Librario no sólo ha orientado a sus clientes en Bogotá sino que también nos ha ayudado encontrar un sinnúmero de libros a los que jamás habríamos llegado por nosotros mismos.

lunes 28 de mayo de 2007

campaña para salvar las reseñas de libros promovida por el national book critics circle en 'critical mass'

A raíz de la reducción del espacio dedicado a la crítica de libros en los diarios estadounidenses, el National Book Critics Circle Board of Directors decidió emprender en su blog Critical Mass una campaña para salvar las reseñas de libros. Desde que empezó la campaña, varios críticos provenientes de distintos medios de todas las regiones de Estados Unidos han expresado su punto de vista con respecto al tema para ejercer presión sobre la prensa y para sensibilizar a los lectores de ésta frente a su reivindicación.


Dos aspectos llaman la atención con respecto a esta iniciativa: en primer lugar, que ha sido emprendida con rigor y perseverancia; y, en segundo lugar, que da cuenta de la diversidad de opiniones que hay en el seno de un gremio organizado que desde afuera podría verse como una organización homogénea. Por otro lado, en el contexto de la campaña para salvar las reseñas de libros también se está haciendo una reflexión importante con respecto al rol que desempeñan los blogs literarios en la formación y la movilización de la opinión un tema en el que estoy muy interesado en este momento y sobre el que ya escribí hace unos días cuando comenté el artículo 'Not Everybody's a Critic', de Richard Schickel—.


Recomiendo visitar Critical Mass no sólo para seguir de cerca tanto la reflexión promovida por el National Book Critics Circle Board of Directors como los resultados de ésta, sino también para estar al tanto de la evolución del mercado editorial y del paisaje de la prensa escrita estadounidenses —que en muchos aspectos son un referente importante en el resto del mundo—.

domingo 27 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 18 ] / apartes de entrevista a helena marzo, creativa de la agencia tiempo bbdo barcelona, sobre publicidad interactiva

Hace un par de semanas entrevisté a Helena Marzo, creativa de la agencia de publicidad Tiempo BBDO Barcelona para hablar un poco acerca de la publicidad interactiva, del marketing viral y de su experiencia como redactora del equipo que concibió y desarrolló la famosa campaña ‘Levántate ZP’ para promocionar la Campaña del Milenio de la ONU. En sus respuestas Helena hace algunos planteamientos interesantes con respecto a aspectos como las fuentes de las que se nutre la publicidad, lo borrosa que ha venido tornándose la frontera entre un spot y una producción cinematográfica, el status artístico de una pieza publicitaria, el rol activo del consumidor en el paisaje publicitario de Internet, la capacidad que hoy en día tiene cualquier persona de producir contenidos que tengan un alcance global y la controversia en torno al tipo de reconocimiento que debe recibir de parte de una agencia publicitaria alguien que ha concebido una idea que le ha servido a ésta como punto de partida para una campaña.



Cito algunos apartes de las lúcidas y agudas respuestas de Helena:


“Ahora está toda la polémica como el anuncio de Audi, que está basado en una cosa de Internet. Entonces, ¿esto es lícito, no es lícito, es un plagio, es un homenaje como le llaman o es inspiración? Y hay toda una controversia sobre esto porque esto influye mucho. Ahora Internet se ha convertido en una fuente de ideas como pueden ser el arte, el cine o la literatura. Con Internet parece que todavía no se sabe muy bien. Parece más lícito inspirarse en un gran escritor que en Internet. Creo que hay maneras de hacerlo, hay maneras de inspirarse. Creo que no puedes plagiar. Si plagias tienes que compensar al creador de aquella idea en Internet pero sí que veo que este medio es una herramienta en la que te puedes inspirar como ha hecho Volkswagen con el Polo, que se han inspirado en la historia de aquel personaje que a través de Internet empezó cambiando un clip y consiguió una casa. En el anuncio consigue un coche”.


“Ahora el consumidor ya no es un objeto pasivo que se traga un mensaje publicitario. Ahora realmente el consumidor quiere y puede ser emisor. Con todo el fenómeno YouTube o Myspace el público está creando mensajes que incluso compiten con los mensajes publicitarios. Es un fenómeno que está pasando. Por ejemplo, en la revista Advertising Age en 2006 el personaje del año fue el consumidor. Y esto era un poco porque salían ejemplos como el de aquel viral —no sé si lo viste— en el que con una Coca Cola y un Mentos aquello se convertía en una bomba. Y aquello fue tan fuerte que al final Coca Cola, que es súper reacia a estas cosas y siempre se mantiene al margen, tuvo que involucrarse y participar. Y fue el espectador quien se convirtió en el emisor de un mensaje publicitario. Entonces todo esto nos lleva a que realmente el rol ha cambiado tanto, que hacer publicidad en línea es una necesidad”.



“Creo que con la publicidad interactiva ha cambiado la manera de plasmar los conceptos. Un poco los nuevos medios te ofrecen maneras de hacerlo diferente. Por ejemplo, BMW había hecho estos micro films —pequeñas películas muy cortas con realizadores súper buenos— y es publicidad pero también es cine y es viral porque se pasa por Internet. Son películas suyas que en vez de hacerlas la Fox pues ahora las hace BMW. Es decir, la manera cambia pero la creatividad sigue siendo la misma. BMW sigue vendiéndose como un coche estupendo y tal”.


“Creo que el marketing viral, como lo decía hace poco un director creativo de acá, es el ‘boca a oreja’ de siempre. Lo de ‘yo te lo cuento, tú se lo cuentas a un amigo y él se lo cuenta a otro amigo. Es un mensaje que se dispersa de persona a persona. Lo que pasa es que ahora con las nuevas tecnologías tienes cincuenta mil maneras de enviarlo y puedes enviarlo a todo el mundo como con YouTube. Pero bueno, es lo que te decía: el diálogo entre marca y consumidor es lo que ha cambiado. Ya no se habla de ‘consumer’, ahora le llamamos ‘prosumer’ porque es un proactivo al comunicar estas cosas”.

sábado 26 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 17 ] / '66 feria de madrid ¿la hora del relevo?'

Con ocasión de la 66 Feria del Libro de Madrid la edición de esta semana del suplemento El Cultural, del diario El Mundo, incluye un interesante reportaje de Nuria Azancot que recoge el punto de vista de distintos pequeños editores independientes con respecto al estado actual del mercado editorial español y a la manera como éste los afecta un tema que desde el principio ha ocupado un lugar privilegiado en la agenda de [ el ojo fisgón ]—. Quienes están al frente de distintas editoriales como Abada, Alpha Decay, Artemisa, Berenice, Irreverentes, La Factoría de Ideas, Menoscuarto, Nórdica, Periférica, Rey Lear, Sexto Piso y 451 hablan de su experiencia y analizan tanto las dificultades que han tenido hasta el momento, como sus planes y proyecciones a futuro.


66 Feria de Madrid ¿La hora del relevo?

Nuria Azancot


Los nuevos editores analizan los problemas del sector en vísperas de la gran fiesta del libro que comienza el viernes


A partir de mañana —25 de mayo de 2007— y hasta el 10 de junio, la 66 Feria del Libro volverá a apoderarse del corazón de Madrid, arrastrando al parque del Retiro a miles de escritores, libreros, editores, lectores y curiosos ojeadores (y hojeadores) de novedades. Una fiesta en la que, sin embargo, la mayoría de sus 344 casetas ofrece una oferta es casi clónica, con pocas alternativas a los best sellers impuestos por el mercado. El Cultural quiere ocuparse de hoy de esas alternativas, porque en ellas se refugia a menudo el talento, la ironía y la felicidad que proporciona la gran literatura. Esa por la que han apostado los editores convocados en estas páginas, casi todos con presupuestos mínimos pero grandes esperanzas y problemas serios de supervivencia.

La mayoría de los pequeños editores no tienen caseta propia en la Feria, aunque, como explica bienhumorado Javier Azpeitia, responsable de
451, “estaremos dando vueltas por ahí: todos los libreros y los editores en tan pequeño espacio... Es demasiado tentador”. Tampoco se hacen demasiadas ilusiones sobre posibles ventas: “No creo que haya muchas”, se lamenta Diego Moreno, de Nórdica; “Para nosotros la cifra de venta en la feria no es importante, lo que nos interesa sobre todo es repartir catálogos, material promocional y llegar a un público que de otra manera no llegaríamos”, explica Paris Álvarez, de La Factoría de Ideas; “No tenemos grandes expectativas de ventas. Nuestros autores tampoco”, apunta Santiago Tobón, de Sexto Piso; “Más que ventas importa que la gente nos conozca y se interese por lo que publicamos”, destaca Diana Zaforteza, de Alpha Decay. El más optimista es Fernando Guerrero, de Abada, ya que, “aunque hablar de ventas es siempre complicado, este año esperamos movernos en torno a los 800 ejemplares vendidos...”Y claro, con esas perspectivas, se conforman, como explica Jesús Egido, de Rey Lear, con “participar en la fiesta, que nos conozcan, que toquen nuestros libros, que los hojeen, que los huelan… Que pierdan el respeto hacia el libro como algo lejano o muy sesudo y aprendan a disfrutar con él. ¡Qué más pueden pedir nuestros autores! La feria debe ser compartida por todos”.

Se trata, en definitiva, de que sus libros estén en alguna caseta, ya que la Feria es una oportunidad de salvar el cerco de silencio que a veces les acosa.


Elogio y refutación del librero


Al cabo, como explica Carola Moreno, de Barataria, “allí los pequeños tenemos la posibilidad de enseñar nuestros libros y de tomar contacto con libreros y público. Es además un excelente escaparate para los autores que, como los editores, suelen hacer su trabajo muy aislados, muy alejados de los lectores. De todas formas, la feria de Madrid es la fiesta de los libreros, el gremio más maltratado en los últimos años. Su paulatina desaparición por asfixia ante el avance de los macrogrupos es el verdadero drama del libro. Un buen librero conocedor de su oficio no tiene repuesto posible. Merecen todo nuestro reconocimiento y toda la ayuda que se les pueda prestar”.

Ellos también reclaman ayuda, aunque cada caso es muy distinto, empezando por el dinero que manejan. Así, el presupuesto de
Rey Lear para este año rondará los 50.000 euros; el de Periférica, los 100.000; Ediciones Irreverentes, los 110.000, para 29 títulos editados en 2006, y tiradas de 500 a 2.500 ejemplares; Menoscuarto cuenta con 125.000 euros de presupuesto, para 15-20 títulos anuales y tiradas de 2000 a 3000 ejemplares, “llegando excepcionalmente a 5.000”; Diana Zaforteza, de Alpha Decay, publica 9-10 títulos al año, con tiradas que oscilan entre 2000 y 2.500 ejemplares y un presupuesto “muy limitado”. Tampoco lo precisan Marian Montesdeoca, de Artemisa, ni Santiago Tobón, de Sexto Piso, ni ....

En cambio, Javier Fernández, de
Berenice, señala como “objetivos de ventas para 2007 los 300.000 euros”, con un ritmo de publicaciones de tres títulos al mes y 2000 ejemplares de tirada; Fernando Guerrero, de Abada, cuenta para este ejercicio con 440. 000 euros, “con el que pretendemos continuar nuestra media de libros por año, 30”, pero con tiradas medias de 1.200 ejemplares para los títulos de autores españoles y 2.200 para las traducciones. La excepción, claro, es La Factoría de Ideas, no en vano su editor, Paris Álvarez Ruiz, menciona “una cifra de negocio de 2.000.000 de euros que equivalen a unas ventas de unos cuatro millones de euros a precio de portada”.

Un año dramático


Pero es eso, la excepción. Quizá por ello, Carola Moreno prefiere no “enterarme demasiado de los aspectos económicos del ‘negocio’. Si lo hiciera probablemente Barataria no existiría desde hace tiempo. En todo caso, una editorial pequeña es un negocio casi siempre ruinoso. Las alegrías económicas son mínimas”. Y es que para estos editores todo es pequeño, menos las esperanzas. Y los problemas. Aunque en eso tampoco se ponen de acuerdo, ni siquiera en si existe o no la crisis del sector o cómo les afecta. En este sentido, la más clara (la más sincera) vuelve a ser Carola Moreno, quien proclama que “en privado o en público el año está siendo dramático. Acabo de estar en la Feria del libro de Sevilla. Casi todas las casetas lucían en un ochenta por ciento repetitivas cubiertas de pseudo novelas históricas. El espacio para el libro-libro es mínimo, puramente residual. Habrá otras explicaciones, pero ésa salta a la vista”.

“Se lee poco, pero más que antes”


Javier Azpeitia (
451) denuncia que “la desorientación de los lectores no se debe al exceso de libros sino a la falta de definición de las líneas editoriales, que en muchos casos las grandes editoriales fomentan para revolver las aguas”. Jesús Egido (editor y único empleado de Rey Lear) apunta que “el gran enemigo de la cultura en España es la debilidad de nuestro sistema educativo, del que el lector tiene poca culpa”. Tampoco se plantea vencer a los grandes grupos, pues “somos muy pequeños para plantearnos este tipo de carreras de velocidad, nos va más el maratón. No obstante, publicamos Alves & C. de Eça de Queiroz meses antes de que Alba Editorial editase Alves y Compañía. Y nuestra traducción, de Juan Lázaro, es magnífica.”

Por su parte Julián Rodríguez Marcos (
Periférica) reivindica el papel del editor “no sólo como intermediario entre el autor y el lector, sino también como una mezcla de hermeneuta y agente o activista cultural”. Y ofrece su personal diagnóstico: “Estamos en un momento confuso, pero también excitante. Excitante porque está en transformación. No somos agoreros: creemos en el futuro. Cada vez, eso sí, ha de ser más plural, necesita ser más plural. Se lee poco, por supuesto. Siempre se lee poco. Pero se lee más que antes. Y el número de bibliotecas ha crecido en toda España. Y tenemos confianza en ese papel futuro de las bibliotecas respecto a las pequeñas editoriales. Su ayuda sería muy útil para proyectos como el nuestro”. Y denuncia otro problema: “algunos de los autores latinoamericanos que hemos publicado han recibido, tras ser publicados por Periférica y encontrar eco en la crítica española, ofertas de grandes grupos editoriales, algunos de capital español, en sus países de origen, y también de algunas agencias literarias españolas que no han actuado con elegancia al dirigirse a nuestros autores de espaldas a nosotros...”.

Autores vetados por las grandes


Diego Moreno (
Nórdica) descubre que el balance del primer año de la editorial “ha sido muy positivo. Hemos empezado desde cero, pero se va consolidando”, aunque reconoce que “a veces los proyectos fallan porque no le damos la importancia que tienen la comunicación y la distribución”. Más: “El problema no son tanto los otros editores de mi tamaño como la inundación de los best sellers de los grandes grupos que dejan muy poco espacio a los demás. Además, estamos en un país en el que no se da la importancia que el libro tiene, y no hay apenas ayudas para proyectos culturales”.

En busca del lector fiel


También Javier Fernández, de Berenice, considera sus mayores problemas “la visibilidad y la rotación vertiginosa en el punto de venta. Mi experiencia me dice que para que sobrevivan los libros de fondo, como son mayormente los nuestros, hay que complementar la oferta con otros títulos de mayor pegada que fidelicen a libreros y lectores. El editor debe trabajar con dignidad y honestidad, y buscar soluciones mirando hacia delante. Me viene también a la cabeza el caso de J. G. Ballard. Hace unos años pedí los derechos de un libro que había sido olvidado por Minotauro, Running Wild, y en un primer lugar se nos concedieron los derechos, pero después se usó nuestra oferta para presionar a Minotauro y el libro vio la luz allí. Tras esta experiencia me dirigí al editor de Minotauro, y le expuse mi interés personal en Ballard, puesto que aún quedaba un libro inédito suyo y no quería que se repitiese la experiencia. Hemos recibido un trato exquisito por parte de Minotauro y su ayuda para obtener los derechos. Y War Fever, de J. G. Ballard, verá la luz en Berenice en el otoño próximo”.

Otro editor que ha sufrido en sus carnes editoras estas prácticas ha sido Paris Álvarez Ruiz (
La Factoría de Ideas), que recuerda cómo “sí nos hemos adelantado y hemos publicado libros que publican en grandes grupos editoriales, pero es muy difícil; no podemos hacer las ofertas que hacen ellos. Sí que hemos tenido autores a los que les han vetado publicar con nosotros a cambio de publicar con ellos, un ejemplo es la editorial Planeta. También algunos de estos grupos han comprado algún título por el que estábamos interesados sin intención de publicarlo, de esta manera impiden que sean publicados por nuestra editorial u otras y evitan competencia. Son prácticas habituales que desde el punto de vista empresarial son comprensibles pero desde el cultural no, porque ese título nunca llegará al mercado”.

Mentiras imposibles de creer


Pero, en general y a pesar de todos los problemas, estos editores rezuman optimismo, incluso cuando, como Miguel Ángel de Rus (Ediciones Irreverentes) afirma que “los editores y los políticos dicen siempre en público que todo va genial, pero es falso. Las estadísticas de lectura son mentiras imposibles de creer, pero Ediciones Irreverentes está en crecimiento. Hasta nos hemos dado el lujo de publicar un periódico literario mensual, Irreverentes, que tira 6.000 ejemplares”. En la misma línea, Fernando Guerrero, de
Abada, destaca que “para nosotros este año está siendo positivo. No diré que todo esto esté siendo fácil, pero no puedo hablar de un año dramático, ni mucho menos”. También Santiago Tobón, de Sexto Piso, lo confirma: “en medio de un panorama tan pesimista, creemos que somos afortunados”. Muy divertida, Marian Montesdeoca, de Artemisa, asegura que “¡el año está siendo todo un éxito! Nuestros libros cada vez gustan más. Sin embargo, las ventas no reflejan la buena acogida de nuestro catálogo. ¿Será que es cierto que hay crisis?”. Y es que, señala Azpeitia, “los editores somos un poco llorones, hay que tener paciencia con nosotros”. Menos entusiasta, José Ángel Zapatero, de Menoscuarto, considera que la actual crisis del sector “afecta más a las grandes editoriales. Nosotros lo notamos menos porque no nos dirigimos al gran público, sino a un público lector bastante más reducido pero más fiel. Creo que el gran problema es la excesiva producción de títulos que saturan las librerías y despistan a los lectores”. Según Diana Zaforteza, “el panorama no es muy alentador pero yo creo que los vientos son más favorables de lo que parece, eso sí uno ha de tener claro que es una profesión vocacional. Mi experiencia es claramente positiva, tanto que quiero embarcarme en otro proyecto”. O, como celebra Jesús Egido, “Debe ser por el atrevimiento de la ignorancia, pero en Rey Lear estamos encantados de haber nacido. Los lectores nos han acogido mucho mejor de lo que esperábamos. No hay que engañarse, el mundo del libro en España es el que es y quien quiera obviar esa realidad puede encontrarse con grandes frustraciones”.

viernes 25 de mayo de 2007

valiosas perlas sobre la especulación en el mercado editorial

El viernes pasado cuando comenté el artículo ‘The Greatest Mystery: Making a Best Seller’, publicado en The New York Times, me referí tanto al problema que suponen los anticipos exorbitantes que están pagando algunas grandes editoriales para asegurar la publicación de autores best sellers potenciales o consolidados, como a las burbujas que genera esta forma de especulación en el mercado editorial —particularmente cuando el rendimiento de las ventas al final no compensa el valor del anticipo—.


Justamente ese mismo día por la tarde Camilo Hoyos encontró dos perlas valiosísimas a propósito de la subasta de los derechos de una opera prima, que me envió tras leer mi entrada. A continuación reproduzco los hallazgos de Camilo —cualquier comentario adicional sobra—:


Turning Down a Cool Mil Works Out Great for ‘The Gargoyle’


The literary world is buzzing today over Andrew Davidson's novel, The Gargoyle, which went out on submission to editors last week and is already attracting a great deal of attention. Reportedly the agent, Eric Simonoff of Janklow and Nesbit Associates, has already turned down a $1 million preemptive offer for the novel; though we don't know who made the offer, we've been told by publishing sources that the submission was huge, with multiple editors within publishing groups receiving it. (Cindy Spiegel of Spiegel & Grau, for example, was reportedly trying to sort out with colleague Gerry Howard of Doubleday which of them would be allowed to bid.)


So what's it about? It's a densely packed story about a car-accident victim in the burn ward befriended by a mysterious woman who claims to be a stone carver in a fifteenth-century German abbey. The narrative moves back and forth in time from the woman's tales to the present day and incorporates the story of the first German translation of Dante. We've been told it's an excellent page-turner, though one publishing insider said it felt overly calculated, "like someone sat down to write the bastard love child of The Birth of Venus and The English Patient."


What's next? An auction, most likely, possibly before the end of the week. Plus, a flurry of film activity; we hear prominent agent Howie Sanders of UTA just started sending it to producers.



Agent Turns Down $1 Million Offer for First Novel


We've heard that Gerry Howard of Doubleday has won the auction for Andrew Davidson's The Gargoyle, and that agent Eric Simonoff totally made the right move in turning down a $1 million preempt offer yesterday. Multiple bidders were in the auction at seven-figure levels, and we've heard that Howard — who, we've been told, was the editor who made the million-dollar offer in the first place — wound up paying around $1.25 million for the book.


Now, that's a lot of money for a first novel, obviously, and it's even more impressive when you consider the deal is only for U.S. rights. Ordinarily publishers who pay out mega-advances like this have a chance to make back a chunk of change quickly by selling rights to foreign publishers, but Doubleday doesn't have that opportunity; instead, Simonoff tells us he's busy managing foreign submissions as well, with the book already preempted in Italy and with another substantial offer on the table in the U.K. And all that money goes in Andrew Davidson's pocket, not Doubleday's.

jueves 24 de mayo de 2007

barcelona, un gran centro editorial

¿En qué momento se convirtió Barcelona en el enorme centro editorial que es hoy en día? ¿Ha influido en algo su posición sobre la costa mediterránea y en zona frontera? ¿Su crecimiento como centro editorial se deriva del auge industrial que empezó en el siglo XIX? ¿Qué pasó en Barcelona con la industria editorial durante el franquismo? ¿Qué condiciones propician el auge de la actividad editorial en la ciudad tras la muerte de Franco? ¿Qué tensiones hay en el campo de la edición entre el impulso de la lengua catalana y el tamaño potencial del mercado en lengua española? ¿Es cierto que Barcelona es un lugar de paso obligado para un escritor en lengua española que quiera triunfar? ¿Cómo es actualmente el panorama del mundo editorial en la ciudad?


Tengo respuestas a medias para algunas de estas preguntas. Lastimosamente la mayoría de estos temas no están muy bien documentados y el material existente está no sólo bastante disperso sino también muy mal referenciado, lo cual sugiere que en España no ha habido un esfuerzo constante y sistemático orientado a documentar la historia tanto de la actividad como del mercado editorial. ¿Por cuenta de quién han corrido las iniciativas realizadas hasta ahora? ¿Por cuenta de quién deberían correr iniciativas futuras?





Tanto las memorias de Esther Tusquets, de Mario Muchnik y de Jorge Herralde como las entrevistas a éstos y a otros editores como Beatriz de Moura o Ana María Moix están llenas de alusiones a lo sucedido en el ocaso del franquismo y en los años de la transición. Sin embargo, una buena parte de lo que se dice en estos testimonios se mantiene en un plano puramente anecdótico, es bastante autocomplaciente y es tan reiterativo que empieza a sonar a lugar común. Después de leer estos pequeños y dispersos testimonios sobre la historia y la evolución de la actividad editorial en la ciudad, a cualquiera que esté ligeramente interesado en el tema le dan ganas de ser editor.


Mucha gauche divine —¡cómo me choca el término por ese alarde que hacen quienes se jactan de haber pertenecido a tan exquisito movimiento!—, mucha rebeldía, mucha aventura y mucho riesgo. Y también muchas ganas de engrandecer un pasado a fuerza de evocarlo persistentemente hasta convertirlo en un mito mediante el relato de su esplendor.


En Barcelona surgen editoriales legendarias como Gustavo Gili, Salvat, Juventud, Herder, Crítica, Plaza & Janés, Seix – Barral, Bruguera, Edhasa, Tusquets, Lumen, Gedisa, Icaria o Anagrama. Editoriales de la otra orilla del Atlántico como Sudamericana, Minotauro, Paidós y Emecé se abren un nuevo mercado dando un salto hacia Barcelona que garantiza su supervivencia al permitirles ampliar el ámbito de circulación de sus prestigiosos catálogos. Luego vienen la compra de algunas de estas editoriales por parte de los grandes grupos —Planeta y Random House Mondadori, sobre todo— y un extraño resurgir de la edición independiente con editoriales como minúscula, Quaderns Crema y Acantilado, Grup 62, Salamandra, Libros del Asteroide, Roca editorial, Global Rhythm Press, Urano, Alpha Decay, Alba, Melusina, Arcadia y muchas otras pequeñas que se me escapan.


Considero que actualmente hay muchas cosas por estudiar a fondo y por contar —más allá de la simple anécdota— con respecto a la Barcelona en la que han sucedido todas estas cosas. Sin lugar a dudas, hacerlo contribuiría a dar un paso importante en la elaboración de una historia de la edición en España. Sería interesante que quienes estamos interesados en la historia y en la evolución del mercado editorial coordináramos esfuerzos en esta dirección y que lográramos producir algo que se alejara de la tendencia a seguir construyendo ese tipo de relatos sobre lo que pasa en la ciudad que han hecho que ésta termine por convertirse en un insufrible parque temático.


En cualquier caso creo que desde todo punto de vista Barcelona tiene mucho que ofrecernos a los apasionados de la movida editorial.

miércoles 23 de mayo de 2007

la crítica, los grandes medios, los 'bloggers' y la autoridad

A propósito de la reducción del espacio para crítica de libros a la que se refiere el reportaje ‘Are Book Reviewers Out of Print?’ y del especial ‘Los venenos de la críticacomentados respectivamente el 12 de mayo y el 29 de abril en [ el ojo fisgón ]—, ayer leí en el diario Los Angeles Times el artículo titulado ‘Not Everybody's a Critic’, de Richard Schickel —crítico de cine y libros—. Schickel parte de la base de que “cualquiera que tenga un blog puede expresar una opinión, pero la verdadera crítica es más que una simple opinión”.


Sin lugar a dudas la crítica es un ejercicio para el que es necesario haberse formado un criterio previamente. Ahora bien, creo que lo importante de este criterio es la manera como está articulado y no su orientación. Según Schickel, “la crítica no es una actividad democrática. Es, o debería ser, una empresa de elite, idealmente asumida por individuos que aportan algo más allá que sus opiniones apresuradas e instintivas sobre un libro (o cualquier objeto cultural). Es un trabajo que requiere, entre otras cualidades, un gusto disciplinado, conocimiento histórico y teórico y un profundo sentido del conjunto de la obra del autor (o del realizador o del pintor)”.


Rechazo tajantemente esta idea rancia de Schickel que llega a la conclusión de que necesariamente un blogger es una persona que no tiene formado un criterio para asumir con altura el ejercicio de la crítica. Está claro que las ideas ‘apresuradas e instintivas’ no son suficientes para articular una crítica y que en ésta la opinión del autor no debe ser ni el único ni el más importante aspecto a tener en cuenta —de hecho, creo que lo que diferencia a un crítico de un comentarista de libros es que el primero se rige por unos criterios ‘técnicos’—. Sin embargo, no creo que sea evidente que un crítico de una revista tenga las cualidades a las que se refiere Schickel mientras que un blogger no. Quiero recordar que ni siquiera diarios tan prestigiosos como The New York Times o El País han salido bien librados de escándalos que han puesto en entredicho su criterio editorial. Y quiero recordar también que el prestigio se construye todos los días y que hay bloggers a quienes gracias a su trabajo los lectores les han otorgado un reconocimiento comparable e incluso superior al que tienen ciertos críticos que escriben para grandes diarios y revistas. Entre los casos que tengo a la mano —para mencionar sólo algunos de ellos— se destacan blogs como Critical Mass, Syntax of Things y The Art of Fiction, cuyo público les ha dado a sus autores las credenciales a las que se refiere Schickel.


Si bien es cierto que las credenciales constituyen una importante legitimación externa, no considero que la de los grandes medios de comunicación necesariamente sea más confiable que la de un blogger. De hecho, cuando estaba en la facultad de Letras se daba por sentado que la confiabilidad de la crítica de los medios era igual a cero. Sin embargo, hoy en día la crítica de la academia tampoco me parece confiable por sí misma —confieso, además, que siempre me ha aburrido muchísimo—.


No es que quiera desacreditar ni a los medios ni a la academia para favorecer a los bloggers. Simplemente quiero hacer énfasis en que estoy convencido de que la autoridad no se tiene a priori y de que una vez alguien se la gana debe seguir esforzándose por mantenerla porque ésta también puede perderse. Sólo que a menudo la crítica tanto mediática como académica parece olvidarlo y a menudo gasta una buena parte de sus esfuerzos defendiendo su status de amenazas externas en vez de dedicarse a reafirmarlo de la única manera honesta que existe, que es el ejercicio juicioso e ininterrumpido de su oficio.


Finalmente, quisiera plantear una pregunta: ¿cuál es el tipo de crítica que queremos? Lo único que puedo decir es que hay diversos circuitos de lectura, que en cada uno de ellos la crítica se ejerce desde una gama amplia de corrientes y que, por lo tanto, quien quiera recurrir a una crítica es responsable de definir los criterios necesarios para escoger la que mejor satisfaga sus intereses como lector —sea ésta académica, mediática o 'apresurada e instintiva'—.


Creo que el problema de fondo es que hay gente que en vez de hacer su trabajo se dedica a defender su terruño por temor a perder su status. Considero que la academia, los medios y la blogósfera son circuitos distintos que en ocasiones pueden cruzarse y que cada quien —ya sea un simple lector o alguien que aspira a formar parte de la crítica— busca su lugar allí donde se sienta más cómodo.

martes 22 de mayo de 2007

el mapa de mis fuentes de información

Desde hace mucho tiempo estar al día en los ámbitos que me interesan es una de mis obsesiones. Como no soporto darme cuenta de que en esos ámbitos están pasando cosas de las que no me estoy enterando, con el paso del tiempo he venido no sólo identificando algunas fuentes que me permiten mantenerme al tanto de lo que sucede en ellos sino también llevando a cabo de una manera más o menos sistemática una rutina de seguimiento a dichas fuentes. Sin embargo, la tarea es complicada porque aparte de la literatura casi todas las cosas que me interesaban en el pasado ahora me tienen sin cuidado y han sido remplazadas varias veces por muchas otras.


Hoy en día siento que desde hace un tiempo mis intereses han venido estabilizándose y que después de tantos años de actividades desvinculadas entre sí, de entusiasmos efímeros y de una persistente inconstancia cada una de las cosas que hago forma parte de un mecanismo en el que no hay ninguna pieza suelta. La semana pasada durante una de esas noches de insomnio se me ocurrió hacer un mapita en el que relaciono los ámbitos en los que estoy interesado con las páginas de Internet que considero fundamentales para mantenerme al tanto de lo que pasa en cada uno de ellos.



Lo que más me sorprendió al hacer este ejercicio es darme cuenta de que aunque a simple vista no lo parezca, los distintos temas que me interesan están íntimamente relacionados entre sí —tal vez en cierta manera soy yo quien establece la relación—. Doy fe de ello a través de algunos ejemplos sencillos: la concentración de la propiedad está lejos de ser un fenómeno exclusivo de la industria editorial —en la publicidad o en el desarrollo de software, por ejemplo, también hay grandes grupos e iniciativas independientes que intentan hacerles resistencia—; la gestión de la información es posible gracias al desarrollo tecnológico y como disciplina es una herramienta que facilita y potencializa el trabajo en el campo tanto de la investigación en marketing como de la creatividad publicitaria; el desarrollo de ciertas tecnologías ha reducido los costos del proceso de edición y ha reducido algunos riesgos del negocio al permitirles a los editores hacer tirajes más pequeños; y, por último, la investigación de mercados monitorea gracias a herramientas de gestión de la información lo que sucede en el seno de las redes sociales que actualmente operan en Internet, que a su vez son uno de los vehículos más propicios tanto para inspirar como para poner a circular campañas de publicidad viral.


Claramente en muchas ocasiones encuentro en estas fuentes nuevos temas de interés e información que me ayuda a abordar inquietudes preexistentes para escribir sobre ellas en [ el ojo fisgón ].

lunes 21 de mayo de 2007

'mcondo' once años después: mucho ruido y pocas nueces

En agosto de 1996 dos figuras pertenecientes a una nueva camada de escritores chilenos publicaron McOndo, una compilación de relatos de dieciocho autores latinoamericanos con quienes compartían una serie de referentes, sensibilidades, preocupaciones, intereses, temas y registros narrativos. La antología editada por Alberto Fuguet y Sergio Gómez partía del siguiente presupuesto:


“Nuestro McOndo es tan latinoamericano y mágico (exótico) como el Macondo real (que, a todo ésto, no es real sino virtual). Nuestro país McOndo es más grande, sobrepoblado y lleno de contaminación, con autopistas, metro, tv-cable y barriadas. En McOndo hay McDonald´s, computadores Mac y condominios, amén de hoteles cinco estrellas construídos con dinero lavado y malls gigantescos.


En nuestro McOndo, tal como en Macondo, todo puede pasar, claro que en el nuestro cuando la gente vuela es porque anda en avión o están muy drogados. Latinoamérica, y de alguna manera Hispanoamérica (España y todo el USA latino) nos parece tan realista mágico (surrealista, loco, contradictorio, alucinante) como el país imaginario donde la gente se eleva o predice el futuro y los hombres viven eternamente. Acá los dictadores mueren y los desaparecidos no retornan. El clima cambia, los ríos se salen, la tierra tiembla y Don Francisco coloniza nuestros inconscientes”.


Al parecer la motivación de Fuguet y Gómez para hacer su antología fue el desconcierto que en su momento les produjo el rechazo que suscitó en el International Writers Workshop de la Universidad de Iowa el hecho de que sus textos faltaran “al sagrado código del realismo mágico” porque, según un editor, éstos “bien pudieron ser escritos en cualquier país del Primer Mundo". Sin lugar a dudas, lo que Fuguet y Gómez llaman ‘la locura latina’ es una consecuencia del éxito que tuvieron en el mercado las obras de los autores del boom, de esa necesidad de la academia de ponerle una etiqueta a todo y, finalmente, de la exotización de lo latinoamericano por parte tanto de esta misma academia como de los medios de comunicación norteamericanos y europeos.


Dicen Fuguet y Gómez que “existe un sector de la academia y de la intelligentsia ambulante que quieren venderle al mundo no sólo un paraíso ecológico (¿el smog de Santiago?) sino una tierra de paz (¿Bogotá?, ¿Lima?). Los más ortodoxos creen que lo latinoamericano es lo indígena, lo folklórico, lo izquierdista. Nuestros creadores culturales sería gente que usa poncho y ojotas. Mereces Sosa sería latinoamericana, pero Pimpinela, no. ¿Y lo bastardo, lo híbrido? Para nosotros, el Chapulín Colorado, Ricky Martin, Selena, Julio Iglesias y las telenovelas (o culebrones) son tan latinoamericanas como el candombe o el vallenato”.


Sin lugar a dudas la propuesta de McOndo es bastante interesante porque si las generaciones más recientes hemos crecido en una época cuyo espíritu es muy distinto de aquel de la de García Márquez, Rulfo o Carpentier, es ridículo esperar que la sensibilidad, las preocupaciones, los intereses, los temas y los registros narrativos de los escritores de hoy sean iguales a los de los autores mencionados. No obstante, la manera como Fuguet y Gómez plantean su propuesta siempre me ha parecido un poco chocante porque su actitud iconoclasta los lleva a desconocer el valor del aporte que en su momento hicieron a la tradición de la literatura latinoamericana una serie de obras de altísima calidad literaria que, además, dieron cuenta de ciertos aspectos de la realidad de la región de una manera muy ingeniosa, viva y, en ocasiones, universal.


Coincido con Fuguet y Gómez en que en la narrativa que se está produciendo actualmente en Latinoamérica “el gran tema de la identidad latinoamericana (¿quiénes somos?) pareció dejar paso al tema de la identidad personal (¿quién soy?)” y en que “ésta es una de las herencias de la fiebre privatizadora mundial” porque los textos que se están escribiendo hoy en día “no son frescos sociales ni sagas colectivas. Si hace unos años la disyuntiva del escritor joven estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh”.


Aunque creo que la provocación de Fuguet y Gómez era necesaria para que ellos y sus contemporáneos pudieran quitarse de encima el estigma del realismo mágico, once años después tengo la impresión de que —salvo unas pocas excepciones— el legado de McOndo es bastante pobre y de que su publicación trajo consigo mucho ruido y pocas nueces.


Nota: los siguientes son los autores incluidos en McOndo:


Juan Forn, Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Edmundo Paz Soldán, Santiago Gamboa, Rodrigo Soto, Alberto Fuguet, Sergio Gómez, Leonardo Valencia, Ray Loriga, José Angel Mañas, Antonio Domínguez, Jordi Soler, David Toscana, Naief Yehya, Jaime Bayly, Gustavo Escanlar y Martín Casariego Córdoba.

domingo 20 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 16 ] / 'la bomba de papel'

Me dio muchísimo gusto leer el interesante artículo acerca del boom editorial que hay actualmente en Venezuela, publicado por la revista colombiana Semana durante la pasada Feria del libro de Bogotá. Durante mi infancia tuve un intenso contacto con Venezuela gracias a telenovelas como Topacio, Cristal o Señora y a cantantes como Franco de Vita, Yordano, Natusha y Ricardo Montaner. Pero luego la industria de la televisión colombiana empezó a convertirse en un polo de innovación y nuestras telenovelas empezaron a darle por la cabeza a los culebrones venezolanos. Al mismo tiempo algunas figuras locales de la música como Diomedes Díaz, Joe Arroyo, Carlos Vives y Shakira empezaban a pegar y a tener un amplio reconocimiento tanto en Colombia como en otros países. Entonces en Colombia las personas del común dejamos de mirar hacia Venezuela y de vez en cuando sólo nos enterábamos de las excentricidades del comandante Chávez.


En el campo literario venezolano mis únicas referencias son Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietro, a ninguno de los cuales he leído —de hecho, del primero tenía que leer Doña Bárbara cuando estaba en el colegio pero no pude pasar de la tercera página—. Como la literatura venezolana es para mí un gran interrogante, espero que la buena salud del mercado editorial de Venezuela que el artículo ‘La bomba de papel’, de Rafael Osío Cabrices, atribuye a un cambio en los hábitos de lectura sirva para darle una mayor visibilidad a lo que está sucediendo allí en el ámbito de las letras. Sin duda alguna, en el artículo de Osío Cabrices encuentro muchos paralelismos con el boom editorial provocado en Colombia por la aprobación de la ley del libro en 1993.


La bomba de papel

Los venezolanos están comprando más libros que antes, los escritores están produciendo más y las imprentas locales no dan abasto. Es una suerte de revolución silenciosa que trae buenas noticias tanto en lo económico como en lo cultural. Distintos actores del mundo local del libro explican de qué se trata.

Por Rafael Osío Cabrices


Venezuela no ha dado, hasta ahora, un premio Nobel de Literatura. Tiene un premio Príncipe de Asturias, que la corona española otorgó a Arturo Uslar Pietri; un premio internacional de poesía Octavio Paz, el que recibió Eugenio Montejo; y ha sido sede, desde hace cuatro décadas, del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Pero no es vista como una potencia literaria en el ámbito de la lengua; no tiene el prestigio como nación de escritores que pueden ostentar Argentina, Chile, México o Colombia, pese a los grandes ensayistas y poetas que nacieron en ella y a la presencia de un puñado de narradores de alto nivel, como Alberto Barrera Tyszka, que acaba de ganar el Premio Herralde de Novela con La enfermedad.


Sin embargo, algunas cosas parecen estar cambiando en el país gobernado por el presidente que enseñó, en una clase de alfabetización transmitida por televisión, el verbo “adquerir”. Escritores, editores y libreros se han percatado de varios cambios: se está consumiendo más, hay más preocupación por la calidad, y hay una decidida participación de las mujeres y de los jóvenes. El solo hecho de que entre los vendedores ambulantes en los trancones de la autopista que atraviesa la capital venezolana haya tantos que ofrecen libros, dice mucho sobre cómo la palabra impresa y el objeto que la contiene ha ido alojándose en las opciones de compra de cada vez más gente, y hasta se ha hecho más frecuente ver a alguien leyendo —algo, cualquier cosa, que no sea la prensa— en el Metro de Caracas.


Más, mejor, más joven lectura


El primer dato sorpresivo se refiere al crecimiento. Hubo un primer estallido en los últimos años del siglo XX. Y hubo otro con el control de cambio, que en los primeros meses de 2003 dificultó considerablemente la importación de libros e indujo a las empresas locales y a las trasnacionales con presencia en Venezuela a editar más.


Cuando en 2002 llegó Iván Niño al cargo de gerente de compras en la cadena de librerías Nacho, la empresa tenía cuatro tiendas. A finales de 2006 llegó a treinta y una. No son establecimientos de franquicia: todos son del mismo capital y de la misma gerencia. En 2005, la cadena facturó 86% más que en 2004. El primer trimestre de 2006 tuvo 63% más ventas que el mismo periodo en el año anterior. Se vende mucha autoayuda, libros de cocina, guías de turismo y, como en el resto del mundo, las novelas de Isabel Allende, Dan Brown o Paulo Coelho, más la saga de Harry Potter. Los que leen estas cosas quieren, después, más. Así, los muchachos que se iniciaron en la lectura con las aventuras del joven mago descubrieron, gracias al largometraje El león, la bruja y el ropero, la serie de Narnia de C. S. Lewis. Solo en Nacho, se vendieron entre el 15 de noviembre y el 20 de diciembre de 2005 treinta y dos mil ejemplares de varios títulos de la serie de Narnia.


No sé si se está leyendo más —confiesa Iván Niño—, pero es claro que la gente está comprando muchos más libros que antes. Antes, un libro exitoso agotaba, en meses o años, su edición de dos mil ejemplares. Ahora, un libro exitoso como la novela Falke, de Federico Vegas, vende esa cantidad en menos de un mes y hay que rogar a la editorial porque la reponga. Es más fuerte con los libros de personajes mediáticos”. Niño remata con un dato sorprendente: después de Argentina, Venezuela es el país que tiene más librerías, en relación con sus habitantes, en América Latina.


La segunda sorpresa consiste en que en Venezuela, pese a su mala fama, siempre ha habido lectores. Diego Pampin, director general de Random House Mondadori en Colombia y Venezuela, explica que este “siempre fue un país donde se vendían muchos libros. Hace treinta años, cuando llegué de Uruguay, acá se vendían trescientos mil ejemplares de una novela de Robert Ludlum o de Gabriel García Márquez. Era un mercado, sobre todo, de best sellers, no de calidad de lectura. Lo que hay que resaltar es que sigue siendo un mercado fuerte en volumen, pero ha cambiado el nivel de lo que se está leyendo”. Pampin ubica el cambio de rumbo en la llegada al poder de Hugo Chávez y en la angustia generalizada por comprender qué originó los hechos subsiguientes, de manera que remontaron las ventas de ensayos de historia, sociología, política. “Se han ido nivelando el mercado de best sellers y el de literatura seria”.


Random House Mondadori lo comprobó en carne propia con las inversiones que ha hecho en Venezuela a través del sello Debate, una editorial española que forma parte del grupo trasnacional (a su vez propiedad del alemán Bertelsmann). Bajo la dirección del periodista Sergio Dahbar, Debate inauguró en el último trimestre de 2003 la Colección Actualidad, que luego se extendió hacia otras dos colecciones, Documentos y Otras Voces. Entre las tres, han editado desde entonces cerca de cuarenta títulos que van desde Retrato de un caníbal, el perfil de un antropófago en serie de Sinar Alvarado, hasta la “historia personal” Hugo Chávez sin uniforme, de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyszka, que se ha traducido a cuatro idiomas. Dentro de esta camada la editorial tuvo que reimprimir varias veces unos cuantos títulos. Han probado, con igual éxito, el editar en Venezuela y Colombia libros extranjeros dentro de esa colección, como Cuentos chinos de Andrés Oppenheimer, e incluso textos que se les oponen en el espectro político, como Los amos de la guerra, de Clara Nieto, e Irak: historia de una derrota, de Ignacio Ramonet. Unos han sido más exitosos que otros, claro está, pero en conjunto, el emprendimiento venezolano de Debate (luego extendido a Colombia, con títulos de Hugo Chaparro o Jorge Enrique Botero, entre otros) ha puesto en la calle unos doscientos mil ejemplares, una cifra muy respetable para la escala del negocio del libro en América Latina. “Siempre creí en que el periodismo vende”, cuenta Sergio Dahbar, que no deja de hacer crecer el catálogo, “y conseguimos un editor que se atreviera. Si hay quien compre periódicos, y por eso un diario vende doscientos mil ejemplares todos los días, ¿por qué no iba a haber mercado para cinco mil ejemplares de un libro que a muchos les iba a interesar por su actualidad?”. Diego Pampin agrega que “también se ha reactivado la creación: la gente se ha puesto a trabajar. Ahora los periodistas están atendiendo la avidez de los lectores que antes esperaban por un libro de Günther Walraff o Tom Wolfe”.


Dice Iván Niño, de Nacho, que el lector pretende profundizar con el libro lo que le salpica la prensa o el noticiero de radio o TV. “Eso pasa con cualquier tema: los carbohidratos, la inteligencia emocional, la política petrolera. También ha mejorado mucho la actitud hacia el escritor venezolano, sobre todo cuando este trata temas importantes con sentido del humor”. Niño cita el caso de dos fuentes de libros locales exitosos: la editorial del diario El Nacional, que distribuye masivamente títulos prácticos como recetarios o manuales para crucigramistas, así como complejas investigaciones periodísticas, y el sello Alfa, perteneciente a Alfa Grupo Editorial, que importa y distribuye sellos importantes como Tusquets y Anagrama, y además tiene las librerías Alejandría 332 a.C. y Ludens. Alfa ha estallado con libros de superación personal, una colección de narrativa erótica nacida del Premio Letra Erecta (también fundado por la editorial), otra de novelas policiales llamada Alfa Siete, y un grueso catálogo de análisis sobre la actualidad, a cargo de autores de los dos bandos en que grosso modo se han partido la sociedad y la intelectualidad venezolanas.


El nombre de Inés Quintero sale a relucir de inmediato ante cualquiera que pretenda hacer cuenta de lo que está pasando en las librerías venezolanas. Sus libros La criolla principal y El último marqués, editados ambos por la Fundación Bigott, han tenido que ser reimpresos varias veces… y se trata, nada menos, que de ensayos históricos muy bien documentados sobre dos figuras que no frecuenta la memorabilia chavista y que tampoco han recibido mucha atención de la historiografía nacional. La Fundación Bigott —que publica tanto ficción como ensayo y manuales de cultura popular— ha transitado un camino similar al de otra iniciativa cultural privada, la Fundación para la Cultura Urbana, que ha ido también levantando un prolijo catálogo de libros que se encuentran en toda buena librería y que se ocupan tanto de narradores jóvenes como Roberto Echeto, como antologías poéticas y textos de pensamiento filosófico o urbanístico. La Fundación Empresas Polar ha publicado un imprescindible Diccionario de Historia de Venezuela y un sólido fondo de agricultura y ciencias. La primera de estas instituciones es financiada por una trasnacional tabacalera; la segunda, por una casa de bolsa que ha crecido exponencialmente en los últimos años; la tercera, por el mayor holding privado del país, de cerveza y alimentos.


El reto: los nuevos lectores


¿Cuáles son las perspectivas? A la cabeza de las considerables operaciones del grupo Santillana en Venezuela, una potencia en textos escolares pero dueño también de sellos de prestigio como Alfaguara, Pablo Doberti ve el mercado venezolano como uno en el que son muchos más los libros extranjeros que los nacionales, pero donde a la vez los lectores se pierden la mayor parte de la diversidad que se imprime en el mundo. “Lo que he notado es una presión económica y anímica muy fuerte, pero hay una reinversión comercial, no de infraestructura, una recuperación en la que las editoriales españolas tratan de ver qué es lo que pasa”. Doberti está al tanto de los planes del gobierno venezolano de instalar una enorme imprenta para apuntalar sus ediciones masivas de ciertos autores venezolanos (y de extranjeros como la marxista chilena Marta Harnecker), en ese plan que va desde las misiones sociales hasta las universidades y las librerías Kuai Mare. Y el de Venezuela no es el único Estado de la región que quiere verse como un educador de las masas y un divulgador de cierto tipo de lecturas. “Hay nuevas reglas para el mercado del libro; reglas que son inciertas, que tienen aspectos atractivos y otros que requieren adaptación de las empresas. No todo lo que el Estado ha hecho es malo, y no creo que la premisa sea cantidad sobre calidad”.


Diego Pampin, desde Random House Mondadori, está convencido de que el mercado puede crecer más, pero para eso hace falta una política de Estado que estimule la lectura. En su opinión, las imprentas venezolanas deben mejorar su capacidad y su calidad, intentar equipararse con las colombianas. Tienen rezago tecnológico, en muchos casos, y carencias en personal capacitado. Se trata de un sector que mueve unos doscientos millones de dólares al año en Venezuela, constituido por pymes en un 80%, y que tiene a la publicidad, los materiales pop y los cuadernos como sus rubros principales. El libro es, todavía, un renglón menor para estas industrias, salvo en las imprentas especializadas de escala más pequeña.


Iván Niño, desde la cadena Nacho, espera el momento en que crezcan los nuevos lectores que creó Harry Potter y agrega que algo tan perjudicial para la industria como la piratería ha contribuido, también, a que haya más gente leyendo. Hay, por otro lado, ciertos movimientos en los gustos de la gente a los que conviene prestarles atención. “La autoayuda ya no manda”, dice Niño.


Ronit Kauffman fundó la librería Templo Interno en un concurrido pero viejo centro comercial de la mejor zona de Caracas, con una oferta casi exclusiva de títulos esotéricos y de superación personal. Luego se le unió el poeta y profesor Alexis Romero cuando notaron que los paseantes de ese viejo punto de Los Palos Grandes preguntaban con frecuencia por narrativa, ensayo, poesía y pensamiento de alta calidad. Romero cuenta de grupos de esposas de diplomáticos extranjeros que piden consejo en cuanto a qué leer para comprender este país, cómo se venden los libros sobre totalitarismo y las biografías de Hitler o Churchill, cómo se ha vuelto a la noción clásica de la lectura como refugio del duro acontecer diario. Han instalado un sofá para que los clientes revisen a gusto y para que conversen, para que la compra sea algo más que una operación comercial. “La gente está leyendo para no ser engañada”, advierte.

sábado 19 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 15 ] / '“bestsellerizarse" o morir'

Como eso de los best sellers está dando tanto de que hablar desde hace unos días, aprovecho para reproducir un artículo titulado '"Bestsellerizarse" o morir' que encontré hace un par de días en Librósfera. En él José Ángel Mañas se queja de la pésima calidad de la literatura que se está publicando actualmente y, por lo tanto, del bajo nivel cultural de las nuevas generaciones. Según Mañas, hoy en día el público sólo consume basura porque la industria edi­torial se rige por una ‘lógica exclusivamente mercan­til’ a la cual tienen que adaptarse quienes quieran vivir de la escritura y porque nuestra atención cada vez se desplaza más hacia los nuevos medios.


Aunque considero que es cierto que bastantes editoriales publican mucha basura cuyo target es un gran público perezoso, poco exigente y con una cultura literaria muy pobre, creo que buscar textos de una mayor calidad literaria es una responsabilidad que debe asumir quien quiera leer algo que sobresalga con respecto a la oferta mayoritaria del mercado. Para eso hay muchos circuitos paralelos al del gran público y una gran diversidad de canales a través de los cuales se puede acceder a ellos. La posición de Mañas me parece absolutamente paternalista en la medida en que pone toda la responsabilidad en manos de la industria editorial y en ese sentido me parece que otra fuente importante del problema es la falta de curiosidad del gran público.


Aprovecho una vez más la ocasión para decir que no creo que las editoriales sólo deban publicar libros de un nivel literario excelente ni que todos tengamos que leer únicamente a los grandes clásicos cuya calidad es incuestionable. Soy partidario de que cada quien lea lo que le interesa y utilice las fuentes que se le antoje o que tenga a la mano para orientarse al momento de decidir qué va a leer.


"Bestsellerizarse" o morir

José Ángel Mañas

El País, viernes 11 de mayo de 2007


Hace apenas veinte años, una familia de clase media leía a Var­gas Llosa, a García Márquez, a Günter Grass, a Max Frisch, a Heinrich Boll y, a lo mejor, si querían darse aires de culture­tas, hasta se atrevían con Ja­mes Joyce o con Robert Musil. Hoy, la misma familia lee a Dan Brown, a Dan Brown, a Dan Brown, a Dan Brown y, a lo mejor, si se pasan por el VIPS de la esquina, a alguno de los tropecientos primos hermanos que le siguen saliendo a Dan Brown. No hay más que remitir­se a las listas de ventas.


Un fenómeno semejante se presta a diversas interpretaciones. De entrada, tenemos a los catastrofistas que, fieles a su per­sonaje, se echarán las manos a la cabeza. Nos dirán que el nivel cultural no deja de bajar. Que si la LOGSE, que si los SMS, que si el apocalipsis. Los oigo y me viene a la mente el texto de cierto respetable profe­sor de la Primera República que ya en el siglo XIX se quejaba de la decadencia de la educación española y se preocupaba muy seriamente porque el nivel inte­lectual de las nuevas generacio­nes bajaba a marchas forzadas (qué pensaría si echara un vista­zo a los discursos de nuestros políticos). Es una cantinela muy vieja. Como decía un escritor egipcio del siglo veintiocho an­tes de Cristo: “Oh, Amón, ¿qué sentido tiene escribir, si ya está todo dicho?".


Los que no tengan tantas an­teojeras, por su parte, observa­rán que rara vez ha habido un momento de eclosión cultural e informativa tan importante, y que si bien la literatura no pare­ce en alza, hay otros territorios —en especial informáticos— ­que están atrapando en sus bri­llantes redes a buena parte de las neuronas. Mi humilde opi­nión es que la inteligencia me­dia de la humanidad en cada estadio se mantiene más o menos al mismo nivel —y, si acaso, globalmente se incrementa—, sólo que en función de las épo­cas se va concentrando en tal o cual dominio que resulta coyunturalmente más atractivo. En definitiva, que salvo las puntuales travesías por el desierto (y no me parece que sea el caso), lo que se pierde por un lado se gana por el otro.


Eso no quita que el declive de la cultura literaria parece in­cuestionable. ¿Los responsables más directos? Por una parte, la dura competencia que le hacen al libro las nuevas tecnologías en lo que a ocio se refiere (yo mismo, de haber nacido veinte años después, habría pasado más horas con la X-Box y me­nos con Edgar Rice Burroughs). Por otra, la propia industria edi­torial. No es que me parezcan exigibles las tiradas de 100.000 ejemplares de Musil o de Joyce: me aburren soberanamente. Pe­ro las de tres millones de Dan Brown tampoco parecen im­prescindibles más allá de una lógica exclusivamente mercan­til. Sin desprecio por la pecu­nia, creo que el ciudadano con­sume en buena medida la cultu­ra que le dan, y que se le puede educar y de hecho se le educa desde los escaparates. Por po­ner un ejemplo televisivo: cuan­do no había programas del cora­zón, l@s maruj@s catódicos encontraban lo que les gustaba dentro de lo que se les ofrecía y no despreciaban, llegado el ca­so, los debates culturales de La clave. Bien es cierto que una vez que una cadena empieza a ganar dinero con pornografía, las otras acaban obligadas a se­guir el modelo. Pero de ponerse de acuerdo unos cuantos pica­tostes, se podrían arreglar bas­tante las cosas.


¿Significa ello que la literatu­ra se está extinguiendo? Sólo si se deletrea con mayúsculas. Porque, pese al declive de la cultura escrita, resulta que en el mundo se editan y se venden más libros que nunca, y también es mayor que nunca el número de escrito­res que se pueden dedicar profe­sionalmente a ello. Eso tendría que ser un motivo para la ale­gría. Pero lo cierto, repito, es que el número no implica diver­sidad y que lo que se está pro­duciendo es una progresiva bestsellerización del sector. Ello se constata doblemente. Por una parte, las propias editoria­les, si uno se fija, están empezan­do a renunciar a sus formatos clásicos, a aquellos diseños que caracterizaban a la casa, para camuflarse en lo posible en ese mercado tan suculento y llama­tivo del best seller. Por otra, los propios escritores se van dando cuenta de que si no se bestsellerizan mínimamente, añadiendo un punto de comercialidad te­mática y de suspense, se acaban quedando fuera de juego y te­niendo que dedicarse a estudiar oposiciones, cosa bastante tris­te, se lo concedo. Es un fenóme­no que tiene un paralelismo evi­dente con el cine, donde cada vez son más raros los artistas que insisten en su vía de autor, sino que por lo general pasan de dirigir Los duelistas a Gladia­tor, de Sospechosos habituales a Superman, de Memento a Bat­man Begins.


Los hechos no pueden ser más claros y las consecuencias tampoco: los lectores deman­dan un tirón narrativo al que para bien o para mal les hemos acostumbrado, y todos los que queramos dedicamos profesio­nalmente a esto tendremos que plegamos antes o después. ¿Las alternativas? Ninguna: o bestse­llerizarse o morir. Cada cual se­gún su conciencia.

viernes 18 de mayo de 2007

la esquiva fórmula del best seller

La publicación del artículo 'The Greatest Mystery: Making a Best Seller' el pasado domingo en la sección de negocios de The New York Times ha puesto sobre la mesa el tema de los best sellers. A partir de algunas anécdotas el artículo aborda una cuestión que hoy en día parece ser fundamental para las editoriales orientadas al gran público: ¿cómo asegurar que un libro venda muchos ejemplares para reducir el riesgo que implica su publicación? Aparentemente ni siquiera los gurús gringos del marketing conocen la respuesta.


Parece ser que los estudios de mercado basados en páneles o en comunidades virtuales que funcionan tan bien en otros sectores como la televisión, los juegos de vídeo o el turismo no rinden el mismo resultado en la industria editorial. “Si tuvieras la clave, serías muy rico. Nadie tiene la clave”, confiesa el editor en jefe de Carroll & Graf Publishers. La pregunta que queda abierta es: ¿por qué la industria editorial es tan impredecible? En el artículo se sugiere que la incertidumbre del mercado editorial se debe a que los márgenes de ganancia son muy pequeños, a que los ciclos son muy largos y a que las investigaciones de mercado son casi inexistentes.


Conclusión: las editoriales la tienen difícil para encontrar una fórmula que se les convierta en la gallinita de los huevos de oro. Al fin y al cabo nadie garantiza que el éxito en ventas de un libro garantice el de otro similar. Por el contrario, los que sí que logran garantizar cifras de ventas satisfactorias son los otros libros de un autor de un best seller en la medida en que el éxito asociado a ambos termina arrastrando otros títulos —en algunos casos libros anteriores que en su momento no consiguieron tener mayor visibilidad, como sucedió con las novelas de Dan Brown anteriores a El código Da Vinci: Ángeles y demonios, La fortaleza digital y La conspiración.




Debido a lo anterior para una editorial la esperanza de que se le atraviese un best seller o un long seller representa la posibilidad de garantizar una buena salud por lo menos a mediano plazo —recordemos, por ejemplo, lo que significaron Umberto Eco y Quino para Lumen antes de que Esther Tusquets la vendiera—. Al fin y al cabo eso de pagarles anticipos exorbitantes a autores cuyo nombre vende lo que sea es un lujo que sólo pueden darse las grandes editoriales. No son pocos los casos en los que el rendimiento de las ventas de ciertos libros no compensa el anticipo recibido por su autor, por lo cual en ciertos momentos en la industria editorial se crean pequeñas burbujas que se comportan de manera similar a las que existen en el sector inmobiliario como consecuencia de la especulación.


Creo que el éxito en ventas de un libro depende sobre todo del impulso que pueden darle un prescriptor de opinión y el ‘boca a oreja’. Ahora bien, una buena estrategia de marketing y publicidad, un título contundente y un buen diseño pueden ayudar pero de momento no son elementos altamente determinantes. Si el libro gusta —independientemente de que sea bueno o no— es probable que se convierta en un long seller y el editor podrá darse por bien servido.


Sólo me queda decir que considero que la industria editorial no se interesa lo suficiente por la opinión de sus lectores y que, por lo tanto, sabe muy poco acerca de los intereses y las motivaciones de éstos. La agente y ex editora Susan Rabiner sugiere una pista interesante para identificar tendencias en el comportamiento del target: “los bloggers tienen una relación mucho más interactiva con sus lectores que los editores. Antes de Amazon ni siquiera sabíamos lo que la gente pensaba de los libros”.

jueves 17 de mayo de 2007

biby cletus y el blogspam

Hace unos días recibí la notificación de que tenía un comentario nuevo en la entrada ‘de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 4 ]. Cuando me fui al panel de administración de mi blog me encontré con que un tal Biby Cletus me había escrito lo siguiente:


Nice post, its a really cool blog that you have here, keep up the good work, will be back.

Warm Regards”


Mi primer impulso fue sentir un orgullo inmenso porque el comentario de Biby me sugería que alguien más allá de mi círculo de amigos estaba leyendo [ el ojo fisgón ]. Consulté el directorio de blogger, según el cual Biby Cletus me escribía desde la ciudad de Alappuzhaque queda en el estado indio de Kerala. Luego me metí a The Kerala Articles, el blog en el que Biby escribe “Open, Bold and Unbiased Articles on Movies, Sports, Entertainment, Music, Books, Reviews, Events, Film, celebrities, Politics, Travel and places, Pets and Animals and much much more...”.




Sin embargo, muy pronto vinieron las sospechas: primero: si Biby leyó mi texto en español, ¿por qué me deja un comentario en inglés?; y luego: ¿por qué su comentario es tan genérico?


Enseguida introduje en Google un pedazo del comentario de Biby y me encontré con que había cien páginas de resultados de websites que contenían este texto. Es bien sabido que desde hace varios años la India es uno de los polos de desarrollo en el campo de la informática y que una buena parte de los trabajadores más calificados del Silicon Valley provienen de allí, por lo cual no sería de extrañar que el astuto compatriota del tendero Apu —probablemente el nombre y la foto sean ficticios— se hubiera inventado un robot que hace un barrido en el código de las páginas Web para encontrar en él fragmentos que indican que ésta tiene un espacio de comentarios ni mucho menos que este robot incluyera la función de depositar su mensaje automáticamente una vez encuentre esas dos o tres líneas en el script.


Esta es la historia de mis veinte segundos de fama y de la desilusión que sucedió al descubrimiento de que había sido víctima de las artimañas de unos informáticos timadores, que a costillas de incautos como yo deben estar generando muchísimo tráfico en sus páginas y forrándose con el dinero que reciben a través de AdSense.

miércoles 16 de mayo de 2007

calibre 39: una antología de relatos de quince jóvenes escritores colombianos / entrevista a luis fernando charry, de villegas editores

Desde hace varios años Villegas editores —fundada en 1985— ha venido ganándose un merecido reconocimiento en Colombia y en algunos otros países por el cuidado con el que son editados sus libros ilustrados de gran formato, que han terminado por convertirse en una especie de insignia nacional. En 2000 esta editorial decidió empezar a publicar una serie de colecciones rústicas de bolsillo que incluye textos tanto de interés general como literarios. Aprovechando la coyuntura de la convocatoria Bogotá 39 —de la cual hablé el pasado 28 de abril—, Villegas acaba de publicar en su colección Turquesa una antología de relatos de quince autores colombianos menores de 39 años cuyo nombre es Calibre 39.


El escritor y editor Luis Fernando Charry nos habla acerca no sólo del origen de la idea de hacer esta antología, sino también de la diversidad de registros que hay en las voces que ésta recoge —entre las que se encuentran Juan Álvarez, Andrés Burgos, Juan Esteban Constaín, Antonio García, Adriana Jaramillo, Ricardo Silva y Antonio Ungar. Si de antemano es evidente que las trayectorias de estos quince escritores son bastante distintas, según Charry su registro, sus temas y los mundos que construyen también lo son.


Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de publicar Calibre 39?


Luis Fernando Charry: A finales del año pasado estuve hablando con Benjamín Villegas sobre la posibilidad de hacer una antología de autores colombianos menores de 39 años. La idea, por supuesto, era jugar un poco con los 39 menores de 39 a nivel latinoamericano.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la publicación de Calibre 39?


L.F.Ch.: En principio ha sido parte de los proyectos literarios de la editorial de este año. Por otro lado, la antología se podría entender como la conformación casi definitiva de un ‘grupo’ de escritores más o menos jóvenes —tal vez faltan y sobran un par— y más o menos decorosos que están tratando de escribir su propia obra.


M.G.: ¿Cómo fue el proceso de selección tanto de los autores como de los textos incluidos en Calibre 39 y quiénes participaron en él?


L.F.Ch.: El único requisito era que todos los autores incluidos hubieran sido publicados en libro anteriormente. En este proceso participaron los editores de Villegas y Roberto Rubiano Vargas, quien es el autor del prólogo.


M.G.: ¿En qué se diferencia Calibre 39 de otras antologías como Cuentos caníbales, Cuentos y relatos de la literatura colombiana, ¡Aaaaahhhhh…! o Fricciones urbanas?


L.F.Ch.: En lo fundamental: es un libro de editor, no de autor. O sea, no es lo mismo aparecer en Planeta que aparecer en Villegas. Cada editorial tiene —o al menos eso me gustaría creer— su propio temperamento.


M.G.: ¿Cuáles son los diferentes registros tanto narrativos como temáticos que encuentra en los textos y autores incluidos en Calibre 39?


L.F.Ch.: Hay quince tonos distintos, quince temáticas distintas, quince mundos distintos. De eso habla Rubiano en el prólogo. Y tal vez eso justifica su existencia: la diversidad del panorama permite que el lector se maree menos. Eso es lo bueno de las antologías: lees lo que te interesa y punto. Claro, lo anterior se aplica a los buenos lectores.


M.G.: ¿Encuentra algunos elementos en común entre los autores incluidos en Calibre 39?


L.F.Ch.: Ninguno.


M.G.: ¿Hasta el momento cómo ha sido la recepción de Calibre 39?


L.F.Ch.: En cuanto a la crítica, hay dos bandos: aquellos que están a favor de la selección y aquellos que están en contra. En cuanto a las ventas, se mueve bastante bien.


M.G.: En Colombia desde hace ya muchos años Villegas editores es una institución en el mercado de los libros ilustrados. ¿En qué momento y por qué la editorial decide crear colecciones en otros campos que implican una diversificación de sus actividades?


L.F.Ch.: Esta pregunta se la podría formular a Benjamín Villegas. Supongo que tiene que ver con su modo de ver el mundo editorial y su propia vida: Benjamín es un tipo infatigable, que siempre —y cuando digo siempre estoy hablando de cualquier día de la semana, de cualquier hora del día o de la noche— está pensando en sus proyectos. En algún momento de descuido, supongo, mientras terminaba de diseñar un libro de gran formato, se le debió ocurrir sacar un par de colecciones literarias. Y al día siguiente, no me cuesta creerlo, se puso en la tarea.


M.G.: ¿Villegas editores prevé seguir apostándole a incluir en su catálogo libros de narrativa de autores jóvenes?


L.F.Ch.: Por supuesto que sí.


M.G.: ¿Podría mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de la colección de narrativa?


L.F.Ch.: De autores extranjeros hay un montón que me gustaría publicar. La lista sería bastante larga. De los colombianos me gustaría publicar a Juan Esteban Constaín, por ejemplo. De todas maneras, estamos recibiendo propuestas.

martes 15 de mayo de 2007

el fácil acceso a contenidos digitales y nuestra sed de acumulación

La aparición tanto de formatos digitales para almacenar contenidos como de dispositivos para copiarlos y reproducirlos no sólo ha ampliado el acceso a información de todo tipo, sino que también ha aumentado nuestra sed de acumulación. Hoy en día es muy complicado pensar en un libro, una canción, un artículo o un capítulo de una serie de televisión a los que no podamos acceder gracias al intercambio de archivos —sobre todo de vídeo y audio— a través de las plataformas P2P, a la digitalización de los fondos bibliográficos de algunas de las bibliotecas más grandes del mundo, al éxito de los grandes repositorios de contenidos —más que todo bases de datos de documentos y de vídeos—, a las grandes tiendas en línea o simplemente a un contacto en cualquier lugar del mundo.


Para conseguir aquellos contenidos que en algún momento no están al alcance de nuestras manos a veces basta con poner las palabras acertadas en un motor de búsqueda o con identificar a alguien que tenga acceso directo a lo que estamos buscando para pedirle que nos lo envíe en formato digital a través de Internet. El desarrollo tecnológico y la disminución del costo del acceso a ciertos tipos de información —que en ocasiones tiende a ser nulo— han hecho que ahora consumamos contenidos más caprichosa y erráticamente que nunca: hoy en día podemos acceder muy fácilmente a los comerciales de televisión o a las canciones que marcaron nuestra infancia, a un artículo publicado años atrás en una revista o a libros que están fuera de circulación desde hace mucho tiempo —como cuando el librero bogotano Álvaro Castillo escaneó un libro cuya única edición es de 1981 y se lo envió por e-mail a Camilo Hoyos, que lo necesitaba para su tesis doctoral—.


Bajo estas circunstancias los libros, los discos o las películas tienden a perder el sentido para todo el mundo salvo para los aficionados y coleccionistas que aprecian el valor simbólico del objeto y que no se contentan con tener sólo el contenido que hay consignado en ellos. Considero que el hecho de que estos bienes culturales ya no tengan mayor valor simbólico para el gran público tiene su lado positivo, que es su capacidad de desestabilizar y debilitar a los grandes grupos multimedia que mediante el ejercicio de su posición dominante en el mercado no sólo recurren a prácticas orientadas a eliminar a sus competidores, a homogeneizar la oferta y a nivelar por lo bajo la calidad de ésta, sino que también aprovechan su rol de intermediarios para quedarse con el grueso de las regalías que genera el trabajo de escritores, compositores, directores, cantantes y actores.


El capricho ha tendido a convertirse en uno de los principales criterios que rigen nuestra racionalidad a la hora de elegir los contenidos que consumimos porque cada vez resulta más fácil y menos costoso producirlos y acceder a ellos. Debido a lo anterior actualmente corremos el riesgo de intoxicarnos y de vivir en medio del ruido —un tema al que ya me referí el 15 de marzo, en la entrada titulada ‘eliminar el ruido en tiempos de sobreproducción’ a propósito del exceso de producción de información digital del que habla el informe The Expanding Digital Universe—.


Aunque soy consciente de las facilidades que nos ofrece tener siempre una cámara digital en el bolsillo o poder descargar de Internet una canción que queremos oír ahora mismo, no dejo de sentir cierta incomodidad cada vez que me asomo a La Rambla y me doy cuenta de que eso de ver el mundo a través de una cámara dejó de ser un rasgo exclusivo de los nipones porque gracias a las cámaras digitales uno ya no tiene que pensar mucho en las fotos que va a tomar ni tiene que gastarse un montón de plata revelándolas.

algunos territorios por explorar

El lunes pasado mientras hacía lo que llamo ‘trabajo de campo’ para mi entrada sobre la mesa de novedades de la librería Altaïr empecé a pensar en todos los territorios que no he explorado como lector y de los que, por lo tanto, no me he ocupado en [ el ojo fisgón ]. Lo pensé justo en ese momento porque aparte de Robinson Crusoe, La Odisea, Los viajes de Gullivert y los varios libros de Ryszard Kapuściński que he leído hasta el momento, mi contacto con los libros de viajes ha sido nulo. Me acuerdo de que en una clase de la universidad teníamos que leer el Diario de a bordo, de Colón, del cual no me leí ni una sola página. La profesora y mis compañeros citaban con mucha propiedad Los viajes de Marco Polo y algunos otros libros que yo no había leído y que la verdad tampoco me interesaba leer.


En una época creía que para ser culto, para conocer a fondo la historia de la literatura y para poder lanzar afirmaciones categóricas con respecto a cualquiera de sus episodios había que leerlo todo. Incluso en unas vacaciones largas me puse a leer La Ilíada y el siguiente semestre me matriculé en un seminario malísimo e insoportable sobre esta obra cumbre de la épica en el que la profesora, que parecía sentir una especial simpatía hacia Patroclo, siempre empezaba la clase haciéndonos preguntas como cuál personaje de las tropas aqueas nos gustaría ser. ¡Hágame el favor!


Creo que ese semestre en el que, además, intenté leer El señor de los anillos fue decisivo para mí porque dejé de culparme por no sentirme a gusto leyendo algunos de los grandes clásicos de calidad es incuestionable y lectura obligatoria. Decidí entonces que si empezaba a leer algo y no me gustaba, dejaría de leerlo sin ningún remordimiento. Y decidí también que nunca hablaría mal de libros y autores que por lo menos no hubiera intentado leer.


Fue así como llegué a la conclusión de que no me gusta la épica, ni los libros de caballerías, ni la literatura infantil y juvenil, ni la mayor parte de la poesía del Barroco español, ni la beat generation ni la ciencia ficción. Y llegué también a la conclusión de que me fascinan la ficción literaria gringa —particularmente Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, McCullers, Steinbeck, Capote, Mailer, Vidal, Cheever, Carver, Ford, Salinger, Toole, Wolfe y Delillo—, los satíricos británicos, los novelistas franceses y rusos del XIX, la Generación del 98, algunos narradores argentinos, los escritores del dream team británico y algunos postcolonialistas, casi todos los del boom latinoamericano —sobre todo Bioy Casares, Borges, Donoso, Fuentes, García Márquez, Ribeyro y Vargas Llosa—, los trágicos y los comediantes griegos, Cercantes, Shakespeare, Goëthe, Oscar Wilde, Thomas Mann, Hermann Hesse, Kafka, James Joyce, Tennessee Williams, un montón de escritores latinoamericanos posteriores al boom —como Bolaño, Germán Espinosa, Tomás González, Moreno Durán, Soriano y Volpi—, la Generación del 27 y muchos otros que se me quedan por fuera.



Por otro lado, trabajando en distintos momentos como lector de manuscritos para varias editoriales mi gusto ha cambiado un poco en la medida en que me empezaron a gustar muchísimo la novela histórica y policíaca —un género que me despertaba algo muy parecido al desprecio—.


Entre los territorios que hasta el momento no he explorado y que me gustaría abordar se encuentran el del cómic, la literatura de viajes, la narrativa de Europa del Este y la novela gráfica. Por eso espero hincarles el diente y empezar a escribir sobre ellos muy pronto en [ el ojo fisgón ].

domingo 13 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 14 ] / the machine is us/ing us

Hace un par de meses Francis Pisani habló en Transnets acerca de un vídeo realizado por el profesor Michael Wesch, del departamento de Etnografía Digital de la Universidad del Estado de Kansas. Tan pronto como acabé de leer el comentario de Pisani fui a la página del laboratorio de Etnografía Digital a ver el vídeo titulado The Machine is Us/ing Us. Al principio parecía algo bastante normal y simple pero a medida que iban pasando los segundos fue sorprendiéndome cada vez más.




Termino haciendo algunos comentarios acerca de The Machine is Us/ing Us: en primer lugar, que explica muy bien las bases sobre las que se sienta el mundo digital y las transformaciones que han provocado tanto la aparición como la evolución de Internet; en segundo lugar, que hay una relación muy estrecha entre la forma y el contenido porque los aspectos formales del vídeo reiteran los argumentos que Wesch propone en él; en tercer lugar, que la reflexión que plantea Wesch aborda los cambios que genera la revolución digital con respecto a aspectos como nuestra estructura de pensamiento, la forma como concebimos el mundo que nos rodea, nuestra manera de relacionarnos con él y la estructuras narrativas que utilizamos para dar cuenta de todas estas cosas; en cuarto lugar, que el aire naïf del vídeo que hace pensar en un profesor de Antropología sentado en su escritorio con un programa casero de edición de imágenes oculta la magnitud del trabajo técnico que hay detrás de la producción del vídeo; y, por último, que el título encierra un juego de palabras refinadísimo.

sábado 12 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 13 ] / 'are book reviewers out of print?'

La progresiva reducción de los espacios para reseñas y comentarios de libros en los periódicos estadounidenses llevó a Motoko Rich a escribir el artículo titulado ‘Are Book Reviewers Out of Print?’, que tras ser publicado en la sección de libros de The New York Times hace dos semanas suscitó una interesante polémica. Ante este panorama que se viene perfilando desde hace mucho tiempo los medios están dejando un vacío que están llenando publicaciones especializadas y revistas literarias —tanto impresas como en línea—, páginas Web y blogs.


Con respecto al cuestionamiento que hace el escritor Richard Ford sobre la falta de responsabilidad y de credibilidad de los bloggers por contraposición al respaldo institucional que ofrece un periódico, quisiera decir dos cosas: en primer lugar, que todos los días salen a la luz un sinnúmero de casos que ponen en evidencia las pifias y las flaquezas éticas de aquellos grandes medios que por tener un público masivo dejan de preocuparse por construir la credibilidad en el día a día —un tema sobre el que ya escribí a propósito de la matanza de Virginia Tech y en mis comentarios al artículo 'Los venenos de la crítica'—; y, por otro lado, que un blogger puede aglomerar en torno a su blog una gran masa crítica de lectores a fuerza de ganarse lentamente la confianza de gente que termina atribuyéndole autoridad y que se dejará orientar por su palabra porque confía en su criterio.


En un momento en el que la segmentación de las audiencias tiende a ser cada vez mayor y en el que cualquier persona puede producir contenidos y ponerlos en circulación, sin duda alguna la racionalidad económica de los grandes medios masivos de comunicación está abriendo huecos que muchos estamos dispuestos a cubrir desde distintos sectores y cada uno a su manera.


A continuación reproduzco el artículo de Rich, que me gustaría traducir cuando tenga algo de tiempo.


Are Book Reviewers Out of Print?

By Motoko Rich

Published: May 2, 2007

Correction Appended





Last year Dan Wickett, a former quality-control manager for a car-parts maker, wrote 95 book reviews on his blog, Emerging Writers Network, singlehandedly compiling almost half as many reviews as appeared in all of the book pages of The Atlanta Journal-Constitution.


Mr. Wickett has now quit the automotive industry and started a nonprofit organization that supports literary journals and writers-in-residence programs, giving him more time to devote to his literary blog. The Atlanta Journal-Constitution, meanwhile, has recently eliminated the job of its book editor, leading many fans to worry that book coverage will soon be provided mostly by wire services and reprints from national papers.


The decision in Atlanta —in which book reviews will now be overseen by one editor responsible for virtually all arts coverage— comes after a string of changes at book reviews across the country. The Los Angeles Times recently merged its once stand-alone book review into a new section combining the review with the paper’s Sunday opinion pages, effectively cutting the number of pages devoted to books to 10 from 12. Last year The San Francisco Chronicle’s book review went from six pages to four. All across the country, newspapers are cutting book sections or running more reprints of reviews from wire services or larger papers.


To some authors and critics, these moves amount to yet one more nail in the coffin of literary culture. But some publishers and literary bloggers —not surprisingly— see it as an inevitable transition toward a new, more democratic literary landscape where anyone can comment on books. In recent years, dozens of sites, including Bookslut, The Elegant Variation, Maud Newton, Beatrice.com and the Syntax of Things, have been offering a mix of book news, debates, interviews and reviews, often on subjects not generally covered by newspaper book sections.


For those who are used to the old way, it’s a tough evolution. “Like anything new, it’s difficult for authors and agents to understand when we say, ‘I’m sorry, you’re not going to be in The New York Times or The Chicago Tribune, but you are going to be at Curled Up,’ ” said Trish Todd, editor-in-chief of Touchstone Fireside, an imprint of Simon & Schuster. “But we think that’s the wave of the future.”


Obviously, the changes at newspaper book reviews reflect the broader challenges faced by newspapers in general, as advertisement revenues decline, and readers decamp to the Internet. But some writers (and readers) question whether economics should be the only driving factor. Newspapers like The Atlanta Journal-Constitution could run book reviews “as a public service, and the fact of the matter is that they are unwilling to,” said Richard Ford, the Pulitzer Prize-winning novelist.


“I think the reviewing function as it is thoroughly taken up by newspapers is vital,” he continued, “in the same way that literature itself is vital.”


Mr. Ford is one of more than 120 writers who have signed a petition to save the job of Teresa Weaver, The Atlanta Journal-Constitution’s book editor. The petition, sponsored by the National Book Critics Circle, comes as part of the organization’s effort to save imperiled book coverage generally. “We will continue to use freelancers, established news services and our staff to provide stories about books of interest to our readers and the local literary community,” said Mary Dugenske, a spokeswoman for the newspaper, in an e-mail message.


Coming as it does at a time when newspaper book reviews are endangered, many writers, publishers and critics worry that the spread of literary blogs will be seen as compensation for more traditional coverage. “We have a lot of opinions in our world,” said John Freeman, president of the National Book Critics Circle. “What we need is more mediation and reflection, which is why newspapers and literary journals are so important.”


Edward Champion, who writes about books on his blog, Return of the Reluctant, said that literary blogs responded to the “often stodgy and pretentious tone” of traditional reviews.


The brute fact is that while authors and publishers may want long and considered responses to their work, sometimes what they most need is attention. Last year, when Random House published This Is Not Chick Lit, a story collection with contributions from authors like Jennifer Egan and Curtis Sittenfeld, it generated a lot of online chatter as various bloggers debated whether the book was pretentious or a welcome correction to an oversubscribed genre. “All the slow but steady online exposure helped build a grass-roots thing,” said Julia Cheiffetz, the book’s editor at Random House, who noted that This Is Not Chick Lit is now in its sixth printing with 45,000 copies in print.


But while online buzz can help some books, newspapers can pique the interest of a general reader, said Oscar Villalon, books editor at The San Francisco Chronicle. Blogs, he said, are “not mass media.” The Chronicle, for example, he said, has a circulation of nearly 500,000, a number not many blogs can achieve.


On the other hand, committed readers who take the time to find a literary blog may be more likely than a casual reader of the Sunday newspaper to buy a book. “I know that everyone who comes to my site is interested in books,” said Mark Sarvas, editor of The Elegant Variation, a literary blog that publishes lengthy reviews.


And newspaper book reviews, which are often accused of hewing too closely to “safe choices,” could learn something from the more freewheeling approach of some of the book blogs, said David L. Ulin, who edits the book review at The Los Angeles Times.


“One of the troubles with mainstream print criticism is that people can be too polite,” Mr. Ulin said. “I feel like an aspect of the gloves-off nature of blogs is something that we could all learn from, not in an irresponsible way, but in a wear-your-likes-and-dislikes-on-your-sleeves kind of way.”


Maud Newton, who has been writing a literary blog since 2002, said she has the freedom to follow obsessions like, say, Mark Twain in a way that a newspaper book review could not, unless there was a current book on the subject. But she would never consider what she does a replacement for more traditional book reviews.


“I find it kind of naïve and misguided to be a triumphalist blogger,” Ms. Newton said. “But I also find it kind of silly when people in the print media bash blogs as a general category, because I think the people are doing very, very different things.”


One thing that regional newspapers in particular can do is highlight local authors. “While I’m all for the literary bloggers, and I think the more people that write about books the better, they’re not necessarily as regionally focused as knowledgeable, experienced long-term editors in the South or Midwest or anywhere where the most important writers come from,” said Sam Tanenhaus, the editor of The New York Times Book Review.


Many local authors view the decision at The Atlanta Journal-Constitution as a betrayal of important local coverage.


“With the removal of its cultural critics, Atlanta is surrendering again,” wrote Melissa Fay Greene, author of Praying for Sheetrock in an e-mail message. “We all lose, you know, not just Atlantans, with the disappearance from the scene of a literate intelligence.”


Of course literary bloggers argue that they do provide a multiplicity of voices. But some authors distrust those voices. Mr. Ford, who has never looked at a literary blog, said he wanted the judgment and filter that he believed a newspaper book editor could provide. “Newspapers, by having institutional backing, have a responsible relationship not only to their publisher but to their readership,” Mr. Ford said, “in a way that some guy sitting in his basement in Terre Haute maybe doesn’t.”


Correction: May 4, 2007

An article in The Arts on Wednesday about the reduction in space for book reviews in some newspapers in the United States, and the emergence of Web sites that offer reviews, misstated the title held at Touchstone Fireside, an imprint of Simon & Schuster, by Trish Todd, who commented on the changes. It is editor-in-chief, not publisher.

viernes 11 de mayo de 2007

novelas de misterio y figuras históricas célebres

Una de las consecuencias del éxito mundial de El código Da Vinci, que fue publicado en 2003, ha sido un boom de novelas de misterio cuyo título alude a una figura histórica que incidió de manera definitiva sobre el curso de la historia de la humanidad —en torno a la cual suele haber algún misterio— y en las que la trama se articula en torno a dicha figura o a su legado. Normalmente estos títulos constan de un artículo determinado, de un sustantivo que alude a un misterio, a una sociedad secreta o a un objeto con un alto valor simbólico, de la preposición ‘de’ —cuyo uso parece dejarse a discreción del autor o, en su defecto, del editor— y, por último, del nombre del personaje histórico.


Los títulos de algunas de estas novelas son El club Dante y La sombra de Poe —de Matthew Pearl—, La clave Gaudi —de Esteban Martín y Andreu Carranza—, La sombra de Leonardo —de Chris Grey—, Los círculos de Dante —de Javier Arribas— y El club Dumas* —de Arturo Pérez-Reverte—.




Supongo que con un poquito de investigación histórica, una buena dosis de imaginación, algo de talento tanto para crear como para contar historias y el consejo de un buen editor se puede escribir una de estas novelas y lograr su publicación. Sin embargo, no estoy seguro de que la novela logre sobresalir por sí misma entre el inmenso número de libros que van en esa misma onda.


En la siguiente tabla presento un listado de sustantivos y personalidades históricas para que cada quien los combine de la manera que mejor le parezca en caso de querer escribir una novela de misterio y no tener ni un tema sobre el cual escribir ni un título para ponerle.


[ de ] Filósofos / santos
Averroes
Calvino
Descartes
Freud
Galileo
Gandhi
Hegel
Heródoto
Judas
Kant
Lutero
Mahoma
Nietzsche
Pitágoras
Platón
San Ignacio
Sócrates
Sor Juana
Spinoza
Pintores
Misterios / enigmas Boticelli
El secreto Dalí
El enigma El Bosco
El misterio Goya
La intriga Reubens
El acertijo Van Gogh
El rompecabezas Velásquez
La incógnita Políticos / cortesanos
La pista Bolívar
El manuscrito Catalina la Grande
El pergamino Colón
El papiro Danton
La inscripción Evita
El diario Hittler
El retrato Lenin
Sociedades secretas Marie Antoinette
La cofradía Marco Polo
La secta Napoleón
La hermandad Nerón
La orden Pinochet
El conciliábulo Rasputín
La congregación Robespierre
La iglesia Saint-Germain
La logia Stalin
Escritores
Baudelaire
Borges
Cervantes
Conan Doyle
Chesterton
Christie
Dostoievski
Góngora
Homero
Lope de Vega
Nerval
Proust
Quevedo
Salgari
Shakespeare
Simenon
Stevenson
Tolstoi
Verne
Victor Hugo
Zola


* El club Dumas es anterior a El código Da Vinci.

jueves 10 de mayo de 2007

el efecto red de los blogs

Durante los casi tres meses que he estado trabajando en [ el ojo fisgón ] he podido constatar eso que dicen de que una de las ventajas que ofrece lo que se conoce como la Web 2.0 es que les permite a personas con intereses comunes reunirse en torno a plataformas que facilitan la comunicación y los intercambios entre ellas. Poco a poco he ido involucrándome en una pequeña red cuyos miembros establecen vínculos de colaboración al intercambiar opiniones entre sí en torno a sus intereses relacionados con la literatura, el mundo del libro, los usos de las nuevas tecnologías en la edición y la movida del mercado editorial.


Dos particularidades de esta red podrían ser las siguientes: en primer lugar, que sus miembros no necesariamente son conscientes de pertenecer a ella ni de la posición que ocupan allí; y, en segundo lugar, que en su interior no existe ningún ente que la regule —debido en gran parte a que es una red informal que se ha creado espontáneamente, por lo cual ésta no tiene un centro desde el cual pueda ejercerse algún tipo de autoridad—. De hecho, la autoridad en esa red está dada por la capacidad de definir los temas en los que se va a fijar la atención, de descubrir y sugerir nuevas fuentes de información, de suscitar reflexiones y discusiones y de generar opinión.





Mi entrada a esa red fue más o menos así: un día iba a publicar en [ el ojo fisgón ] una entrevista que había hecho y mi entrevistado me sugirió que le escribiera a José Antonio Millán para preguntarle si le interesaría publicar el texto en Libros y bitios. Éste me contestó que le parecería mejor referenciar la entrevista en su blog y así lo hizo cuando la publiqué. Como José Antonio es un reconocido experto en temas de nuevas tecnologías que tiene una alta capacidad de generar opinión, parece ser que algunas personas se enteraron de la existencia de [ el ojo fisgón ] a través de Libros y bitios. Entre ellas se encuentran los autores de blogs como Planos de puentes y túneles, Librósfera Sobre edición, Tökland y The Art of Fiction que en algunas ocasiones se refieren a información publicada en [ el ojo fisgón ] y en otras me han dejado comentarios allí. En algunos casos incluso hemos estado intercambiando opiniones con cierta frecuencia.


De esta manera, estos blogs y otros que he conocido a través suyo se han sumado a mi directorio de fuentes de consulta fundamentales y me han permitido acceder a información que desconocía hasta el momento. Todos estos blogs están vinculados en [ el ojo fisgón ], que a su vez está vinculado en algunos de ellos. Un aspecto que sería interesante explorar es quién lee a quién, con qué frecuencia lo hace y la pertinencia que tiene para los demás la información que cada cual publica algo que se puede intuir con los comentarios y con los links existentes en los blogs pero que sólo se podría saber si hubiera alguna manera de rastrear en el día a día los registros de visitas.


Aprovecho para destacar la importancia del rol que desempeña en esta red José Antonio Millán, quien actúa en ella como un generador de opinión y como un canalizador de información.


Nota: imagen tomada de un proyecto de investigación y desarrollo de Bestiario, la empresa donde trabajo y en la que estamos desarrollando una serie de reflexiones e investigaciones sobre redes sociales y plataformas que propicien tanto la participación como la colaboración.

miércoles 9 de mayo de 2007

entrevista a marian montesdeoca, editora de artemisa ediciones / "cada vez más lectores reconocen nuestros libros y los alaban por su atrevimiento"


Desde hace cerca de cuatro años una pequeña editorial llamada Artemisa con sede en La Laguna, Tenerife —Islas Canarias— cuyo impecable e innovador diseño editorial sobresale a primera vista viene constituyendo un catálogo compuesto por títulos de reconocidos autores cuyo denominador común es la visibilidad escasa —y en muchos casos nula— que han tenido en el ámbito de habla hispana.


Martín Gómez: ¿Cómo definiría usted Artemisa ediciones?


Marian Montesdeoca: Como una pequeña industria artesana de la edición.


M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear la editorial Artemisa?


M.M.: En verano de 2003, Ulises Ramos y yo concebimos Artemisa durante un paseo por la playa.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de la editorial?


M.M.: La principal motivación fue —y es— hacer las cosas a nuestra manera. Hacerlas bien. Hartos de trabajar en “churrerías editoriales” donde poca importancia tenían el libro y el autor, decidimos lanzarnos a la publicación de aquellos libros que, como lectores, elegiríamos en los anaqueles de una biblioteca o de una librería.


M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de Artemisa?


M.M.: Las colecciones se han ido definiendo paulatinamente. Puede decirse que Artemisa comenzó su andadura de forma muy modesta, publicando obras cuyo alcance era meramente local y con unas tiradas muy reducidas; libros, sobre todo, de investigación histórica —Ulises y yo somos historiadores—. Pero en 2005, conscientes de los límites de las islas Canarias e ilusionados por hacer realidad proyectos de mayor alcance, cruzamos el Estrecho. Desde entonces lanzamos las colecciones que siguen vivas hoy y estructuran el catálogo de Artemisa.


Nuestro amor por los clásicos de la literatura en unos tiempos en los que el best seller monopoliza el mercado editorial nos llevó a crear las colecciones /Clásica —que ya cuenta con 9 títulos— y su hermana menor, /Clá —de la que han salido 11 títulos—. En ellas ofrecemos rescates de obras literarias poco divulgadas de autores reconocidos —como ensayos de Stevenson o pensamientos de Sainte-Beuve— y obras de autores olvidados en España como Ricardo Güiraldes y José Eustasio Rivera. /Clá se distingue por su pequeñísimo formato y por sus pocas pretensiones: ofrece textos breves, adecuados para leerse del tirón en un viaje o ante un café; obras de gran calidad pero muy cortas para los tiempos apresurados en los que vivimos.


Por otra parte, nuestras colecciones más recientes son Titivillus y Letras del vórtice. Aunque en Titivillus hasta ahora sólo ha salido Mitsou —obra de Rilke y Balthus— y estamos preparando tres títulos para que vean la luz a lo largo de este año, ofrecemos obras peculiares bien caracterizadas porque incluyen dibujos de grandes artistas como Balthus y Amat o porque se trata de ensayo actual sobre temas literarios atractivos —como El coloquio de los perros, de Cervantes, cuyo texto original publicaremos también en /Clá—. Y Letras del vórtice es nuestra particular apuesta por la narrativa actual.



M.G.: ¿Bajo cuáles criterios editoriales se eligen los libros que publica Artemisa?


M.M.: Publicamos lo que nos gustaría leer. Nada más. No seleccionamos obras que vayan acompañadas por superproducciones cinematográficas ni textos sobre temas de moda. Nos llegan muchos manuscritos —cada vez más—pero es difícil que pasen la prueba y se publiquen en Artemisa. Sólo aquellas obras —tanto obras de creación como traducciones de clásicos— que nos sorprenden por su originalidad y que nos atrapan acaban formando parte de nuestro catálogo.


M.G.: ¿Cree usted que Artemisa está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?


M.M.: No sólo Artemisa. Hay muchas otras editoriales independientes que emprenden su particular batalla contra las crudas leyes del mercado y apuestan por la publicación de obras con escasa proyección comercial, por la selección de textos de calidad y por las buenas traducciones. Artemisa, como otras editoriales con un perfil similar, se aleja de la literatura fácil y apunta a un lector exigente.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Artemisa para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?


M.M.: La única estrategia editorial posible, desde nuestro punto de vista, es hacer buenos libros. Y esa estrategia editorial, acompañada por una buena distribución, se convierte automáticamente en estrategia comercial. Haciendo buenos libros y logrando que se vean en las librerías perseguimos hacernos con un público fiel que se interese por nuestro catálogo.


M.G.: ¿Qué distingue a Artemisa de otras editoriales independientes españolas?


M.M.: Más allá de que Artemisa ponga su granito de arena por la buena literatura, nuestros libros se distinguen especialmente por el cuidado de las ediciones y lo peculiar de sus diseños. Diseños tipográficos, limpios, casi sin imágenes. Aunque nuestras portadas no son comerciales —según los criterios del imperio de la imagen—, nuestras Baskerville se están haciendo un hueco en las librerías y cada vez hay más lectores que reconocen nuestros libros y los alaban por su atrevimiento.


M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


M.M.: Por lo pronto, nos sorprende que en un mercado editorial tan saturado Artemisa siga existiendo después de casi cuatro años. Habiendo atravesado —y atravesando a diario— vicisitudes de todo tipo, hemos podido seguir adelante gracias a que esta editorial más que una empresa es una forma de vida. El balance es bueno, buenísimo.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Artemisa?


M.M.: Te recomendamos que visites www.artemisaediciones.com: allí anunciamos todos los títulos que publicaremos de aquí a final de año. No obstante, te recomiendo dos libros que en pocos días estarán en la calle: El socio, un relato atípico de Conrad, y Llamando a las puertas del cielo, la primera novela de Antonio Ansón, cuyo contenido es, si cabe, más sugerente que su propio título.


M.G.: ¿Podría mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de Artemisa?


M.M.: Nos gustaría publicar a Borges, a Cortázar, a Joyce, pero somos conscientes de nuestras posibilidades, de que no podemos hacer frente a gravosos derechos de autor para editar a “los grandes” de la literatura contemporánea. Así es que nuestra mayor baza es la investigación permanente en busca de textos que se ocultan a las grandes editoriales. Paradójicamente, nuestras limitaciones tienen como resultado la posibilidad del hallazgo de “grandes rarezas” de la buena literatura de todos los tiempos. En definitiva, convertimos la necesidad en virtud.

martes 8 de mayo de 2007

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 4 ]

La intención de la librería Altaïr —del árabe al-tair, la que vuela— parece consistir en dar cuenta de la diversidad del mun do y en abrirle al público una ventana a través de la cual hacer una primera aproximación a lo que hay en ella. Su mismo slogan lo dice: librería de viajes, antropología y naturaleza. Y lo reitera su oferta no sólo de libros, sino también de materiales de documentación, de expresiones culturales y de accesorios.


En sus dos sucursales de Barcelona y Madrid, la librería Altaïr le ofrece al público una amplia gama de fuentes de información no sólo para saciar su curiosidad con respecto a horizontes hasta el momento desconocidos o para conocer más a fondo aquello que considera familiar, sino también para preparar sus viajes. De esta manea, quien sienta ese impulso de cruzar la frontera del que habla Ryszard Kapuściński en Viajes con Heródoto puede encontrar en Altaïr la orientación necesaria para dar sus primeros pasos hacia el otro lado.


A continuación presento un listado de algunos de los títulos que encontré ayer en las mesas de novedades de Altaïr.



Librería: Altaïr (Gran Via de les Corts Catalanes, 616)

Fecha: lunes 7 de mayo de 2007 (7. 27 p.m.)

Algunos libros de la mesa de novedades:


- Revista Altaïr

- El oficio de antropólogo, de Marc Augé

- Persépolis, de Marjane Satrapi

- Mi madre era una mujer hermosa, de Karlien de Villiers

- De Gonçal a Gopal. Un any en xancletes per l’Àsia i l’Oceania, de Gonçal Pérez

- Narrativa y relatos de viaje (1959 - 1965), de Juan Goytisolo

- El leopardo de las nieves, de Peter Matthiessen

- Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

- Rastros de sándalo, de Asha Miró y Anna Soler-Pont

- Volcanes dormidos. Un viaje por Centroamérica, de Rosa Regàs y Pedro Molina Temboury

- Pandora al Congo, de Albert Sánchez Piñol

- L’antropòleg innocent, de Nigel Barley

- Los años con Laura Díaz, de Carlos Fuentes

- De Mongòlia a Istanbul. Una travessa amb bicicleta, de Imma Molist

- Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez

- El lector de Bagdad, de Jabbar Yassin Hussin

- La vida nueva, Estambul, El libro negro, Nieve y Me llamo Rojo de Orhan Pamuk

- La amante en guerra, de Maruja Torres

- En el desierto no hay atascos, de Moussa Ag Assarid

- La fábrica de sedas, de Tash Aw

- México, de Emilio Cecchi

- En el cielo con diamantes, de Senel Paz

- Abril en París, de Michael Wallner

- A peu pel País Basc, A peu per Mallorca, A peu per Aragó, A peu per Galicia, de Josep M. Espinàs

- Deliro, de Laura Restrepo

- El club de los faltos de cariño, de Manuel Leguineche

- El velo pintado, de William Somerset Maugham

- Homage to Catalonia, de George Orwell

- Passatges a Amèrica, de Héctor Oliva

- El orientalista, de Tom Reiss

- Brooklyn Follies, de Paul Auster

- Kafka a la platja, de Haruki Murakami

- Un hombre corriente, de Paul Rusesabagina

- El Imperio, Lapidarium IV, El Sha, La guerra del fútbol y El Emperador, de Ryszard Kapuściński

lunes 7 de mayo de 2007

¿quiénes son las grandes voces de la narrativa española actual?

Cuando en el artículo ‘Los venenos de la crítica’ se le pregunta en qué se destaca la crítica española frente a la del resto del mundo, el comentarista de libros Ricardo Senabre responde que “frente a otros países ganamos en la atención a obras estrictamente literarias y de diversas literaturas”. A diferencia del ámbito anglosajón, en España —y en el resto del mundo de habla hispana— los libros traducidos o de autores extranjeros hispano hablantes representan un porcentaje importante del total de libros publicados y reseñados en los medios de comunicación. Basta con ir a una librería o con hojear la sección de cultura de un diario cualquiera para constatarlo.


La respuesta de Senabre me hace preguntarme a qué se debe esta apertura del mercado español frente a lo que se publica en otros ámbitos —en algunos más que en otros, dependiendo tanto de la orientación de la editorial como del momento—: ¿al fuerte interés que le suscitan a la sociedad española las expresiones culturales provenientes de otras latitudes? ¿A la voraz curiosidad de los lectores españoles? ¿A un complejo de inferioridad de éstos frente a culturas que en este momento son más influyentes globalmente? ¿A que países como Alemania, Francia, Estados Unidos o el Reino Unido hacen valer la superioridad de su poder político y económico mediante una especie de imperialismo que se apoya en el peso de sus expresiones culturales? ¿A que lo que se escribe en España no despierta el interés del público? ¿A que lo que escriben los autores españoles no logra saciar la sed de los lectores españoles?




Sea cual sea la respuesta, pensar en todo esto me hace preguntarme quiénes son en este momento las grandes voces de la narrativa española —es decir, sus figuras más representativas—. Está claro que hay una cantidad importante de escritores que están en ese proceso de formación que consiste en buscar una voz propia. Sin embargo, cuando intento identificar a aquellos autores consolidados que en el momento actual constituyen la máxima expresión de la narrativa española me cuesta trabajo ir más allá de Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Álvaro Pombo, Eduardo Mendoza, Luis Landero y el Muñoz Molina de hace unos años. Seguramente se me queden varios por fuera. Me pregunto si serán autores como Arturo Pérez-Reverte, Juan Marsé, Almudena Grandes o Antonio Gala.


Eso sí, estoy seguro de que de esta lista por el momento no forman parte autores cuyos libros se venden muy bien como Rosa Montero, Carlos Ruiz Zafón, Ildefonso Falcones, Maruja Torres o Lucía Extebarria —que, como Ray Loriga, a sus cuarenta y tantos se rehúsa a dejar de comportarse como un quinceañero con ínfulas de beatnik—.

domingo 6 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 12 ] / artículo sobre los editores independientes en américa latina

En su edición de ayer el suplemento Babelia, del diario El País, publicó un interesante artículo acerca de algunas editoriales independientes latinoamericanas que desde hace unos años se las arreglan para sacarle una serie de ventajas a la globalización aprovechando tanto las herramientas como los métodos que ésta provee con el propósito de alcanzar y consolidar una posición en segmentos del mercado distintos de los de los grandes grupos editoriales.


Espero que el puñado de casos que examina no despierte en la autora del artículo un optimismo infundado con respecto a lo que puede suceder con los editores independientes en una región en la que los índices de lectura son tan bajos, en la que el acceso a la cultura letrada está lejos de ser una prioridad para muchos sectores que crean sus estrategias tanto de supervivencia como de ascenso social en otros ámbitos y en la que el costo de los libros sigue siendo muy alto.


David y Goliat

Patricia de Souza 05/05/2007

La globalización tiene su Arcadia, es decir, su lado feliz. Ése sería el caso de los editores independientes en América Latina. Ellos son jóvenes, son idealistas y se permiten competir con editoriales enormes utilizando las ventajas de la globalización para actuar con libertad en un mercado que no tiene más árbitro que la oferta y la demanda, además de cierto talento e intuición. En una entrevista, Milton Friedman, economista defensor de la globalización, explicaba cuáles eran estas virtudes: permitir que el más pequeño empresario pueda competir con el más grande. David y Goliat con las ventajas de la técnica. Esos editores han aparecido en toda América Latina como una alternativa que se inspira de algunas ideas en común: acercar al lector de autores que no son editados por los sellos más importantes. No todos manejan las mismas coordenadas, pero la mayoría cree en lo que hace y lo lleva adelante con pasión. Su estructura es casi ínfima (no sé por qué nadie les ha dedicado todavía una tesis) y manejan además criterios de mercado, de calidad, aspirando a ser verdaderos editores, a influenciar la opinión y desarrollar una especie de política cultural independiente en favor de la cultura. Lo más interesante es que esta iniciativa es realmente independiente y no tiene nada que ver con una política de Estado, lo que hace de esta propuesta un proyecto dinámico y limpio.


Cuando se les pregunta por qué decidieron editar, ellos coinciden en que es una labor noble e importante, tal vez un reclamo de configurarse un rostro en el que cual reconocerse. Una de las primeras editoriales independientes surgió en Argentina, Eloísa Cartonera, y empezó a editar con papel reciclado para producir libros a muy bajo costo. Cuando un grupo de jóvenes peruanos se enteró del proyecto, decidió crear algo similar en Perú, utilizando los mismos materiales y trabajando con niños de la calle. La editorial tomó el nombre de un icono popular peruano, Sarita Cartonera. En Bolivia se ha creado otra filial, y en Santiago se han convertido en Las Chicas de Animita Cartonera. Desde hace un tiempo Sarita Cartonera (Perú) publica a autores como Ricardo Piglia, de Argentina; Margo Glanz, de México; Roncagliolo, o nuevos como Edwin Chávez y Miguel Ildefonso. Álvaro Lasso, de Estruendomudo, es otro ejemplo muy interesante. Ha logrado instalar a sus autores en las librerías de Lima, y empieza con una colección de traducciones (Tránsfugas) en la que ha publicado al autor francés Richard Millet, y su despegue es seguro. O Matalamanga, otro grupo editorial que acaba de publicar un libro de Mario Bellatin, Perros héroes. Pero también existen otras, me comenta Jaime Vargas Luna, de Sarita Cartonera, Yerba Mala en Argentina y Libros del Zorzal o los Sexto Piso, en México.


Su estética es muy diversa, recupera un cierto gusto popular por el símbolo, el sincretismo y el mestizaje cultural. Así, se crea un puente entre los diferentes países de América Latina, sin olvidar la traducción. Además de editoriales hay también revistas. Estruendomudo ha creado su revista, inspirada en las ganas de conseguir más lectores y hay otras como la de Las Sumasvoces, en Trujillo (Perú), con brillos internacionales. Estos editores se reunieron durante la Feria de Guadalajara en un encuentro bajo el nombre de Editores independientes y biobliodiversidad, para intentar formar un tándem editorial que se denominaría "Punche". Las Sumasvoces, no sólo es una revista de literatura y arte sino un grupo de jóvenes idealistas que hace pensar en Fourier y su utopía sobre el amor como un motor de creación.


Hay una búsqueda de diversidad, ganas de ensanchar fronteras lingüísticas en el propio idioma a través de la traducción. Creo que nunca antes ha habido una efervescencia tan marcada en el mundo de la creación. A lo mejor se debe a que una cierta estabilidad permite ahora pensar, elegir, construir. Y esa pregunta por la diversificación del mundo moderno tiene que ver con las ganas de saber quiénes son, adónde se dirigen y por qué. Ésta es una inquietud subyacente en la mirada que le dan al pasado, reivindicando una cultura local, un saber vivir que observa el mundo con curiosidad y ganas de comprender. Por supuesto, el problema con que se chocan más frecuentemente es el de la distribución, pero ahí internet es una herramienta importante. La caja de herramientas que poseen es sus ganas de crear y así como Marcel Duchamp creía que "el arte estaba en todas partes", ellos creen que la cultura puede ser diversa y masiva. O sea, estos jóvenes lo están haciendo realidad poco a poco, piedra a piedra...


No hay razón para ser pesimistas.

www.saritacartonera.com

www.estruendomudo.com

www.eloisacartonera.com

www.sextopiso.com

www.lassumasvoces.com

www.editorialmatalamanga.com

sábado 5 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 11 ] / ‘la tecnología se alió al alfabeto ¿significa esto un fortalecimiento del libro?', de juan villoro

Las Lecturas Dominicales del periódico El Tiempo publican esta semana un texto en el que Juan Villoro reflexiona acerca del valor simbólico del libro y de sus posibilidades de supervivencia en la época del multimedia.




La tecnología se alió al alfabeto ¿significa esto un fortalecimiento del libro?

Por Juan Villoro


Cuando la computadora llegó a los hogares, Umberto Eco comparó el sistema Apple con la Iglesia Católica y el sistema IBM con la protestante: un retablo de íconos contra la austeridad de la palabra. Hoy en día los procesadores han unificado sus métodos. La rica iconografía de Apple forma parte de todos los sistemas operativos, pero la computación representa un triunfo de la letra. Internet se alimenta de palabras (aunque no siempre de ortografía).

La profecía de McLuhan acerca de un futuro dominado por la imagen no llegó a cumplirse. Si resucitara en un cibercafé, pensaría en una Edad Media dominada por frailes que descifran manuscritos en la pantalla.


La tecnología se alió al alfabeto. ¿Significa esto un fortalecimiento del libro? En un sentido casi mitológico, seguimos inmersos en el mundo creado por los libros. Las principales religiones no se han apartado de esta creencia y los valores que compartimos provienen de obras que no necesariamente hemos leído. Además, la lectura ha probado ser la técnica más útil para transmitir abstracciones (la frase "una imagen dice más que mil palabras" sólo puede ser dicha con palabras) y el único medio visual donde las imágenes se convocan por vía indirecta. Cuando nos cautiva un texto no vemos las letras ni el papel sino escenas en nuestra mente. Cada lector individualiza a la Ana Karenina que le corresponde. En ocasiones, un libro nos gusta más o menos con el tiempo, sin necesidad de releerlo; gravita dentro de nosotros porque es una construcción de nuestra memoria.


Esto explica la histórica resistencia de los libros, pero ya no ocupan el peso central que tenían en la cultura ni distribuyen las reputaciones de la especie. Vivimos rodeados de sus símbolos, pero los nombres de Excálibur, Troya o Ramsés no siempre aluden a páginas escritas sino a un videojuego, un preservativo o una discoteca. Que haya un Día del Libro revela que el objeto de celebración no las tiene todas consigo. A nadie se le ocurriría celebrar un Día del Automóvil.


De 1981 a 1984 viví en Berlín oriental. En aquel mundo de enclaustramiento y elevada educación, los libros eran el único sitio para viajar. Si reeditaban El Quijote o publicaban por primera vez a Calvino, la cola daba vuelta a la manzana. Cuando se encuentra amenazada, la palabra refrenda su fuerza liberadora. La censura provoca que toda forma creativa de escritura entregue un mensaje subversivo. Esto ha llevado a extrañas situaciones: como hasta los entusiastas se desesperan, algunos aseguran que la mejor forma de promover los libros es prohibirlos. Aunque se trate de una broma, la mente autoritaria no puede ser encomiada.


Como nada es perfecto, la libertad facilita que el alma se dé unas vacaciones y descubra que puede ser feliz comprando cosas. El consumo trivializa los productos y define a las personas por sus logros comerciales. Esto afecta a los libros de manera curiosa. En todas las épocas se han escrito obras para la gente que sólo lee por azar, descuido, morbo o moda. Lo extraño es que ahora la mayoría de los libros estén destinados a captar a las personas que normalmente no leen. Es como si los vinicultores embotellaran para la gente que casi nunca bebe. Esto explica que una campeona del tenis publique una novela escrita por un fantasma mientras ella defendía su red, y que sea el mayor éxito en una feria ajena a las diosas en minifalda. Aunque se trate de un triunfo pasajero (sustituido por la epopeya pastoral de un narcotraficante), define una época donde los libros sólo se venden mucho por excepción.


Esto ha traído un efecto secundario en el gremio de los escritores. Las novelas ya no comienzan con una voluntad de estilo diferente ("Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro") ni aspiran a ser entretenidas formas de la complejidad; adelgazan sus efectos en espera de un lector standard. Rayuela, Yo, el supremo, La vida breve, Conversación en la catedral y El otoño del patriarca fracasarían hoy como novedades en las librerías. Con esto no quiero decir que antes viviéramos en la Ilustración. Cuando nací, los padres eran personas que te enseñaban a golpear a los enemigos, te llevaban a un prostíbulo y, en los casos de alta escuela, te regalaban una pistola. La gran literatura puede coexistir con un mundo precario.


¿Debemos ser optimistas o sucumbir a la nostalgia? Como el ornitorrinco, el libro no tiene agudos problemas de supervivencia pero tampoco está muy difundido. Cuando se vuelve popular, generalmente se trata de una fabricación poco arriesgada (un ornitorrinco de peluche).


Y sin embargo de pronto se produce el sobresalto: abrir un libro que permite estar en otra parte. Es lo que representa la capital del libro, Bogotá, donde un grafiti consagró la superioridad de la imaginación ("2.600 metros de paranoia") y donde José Asunción Silva le pidió a un médico que le trazara un círculo en el corazón para no fallar el tiro al momento de suicidarse. Que un profesional de la emoción desconociera el sitio exacto de donde salían sus versos es un acabado gesto poético.


La prueba extrema del nivel literario de una sociedad es lo que dicen sus mendigos. En Bogotá, los que no tienen nada son poetas. Los he visto recorrer La Candelaria como espectros imaginados por Germán Espinosa. Algunos amenazan con un apocalipsis vanguardista, otros riman con esmero, todos creen en el valor pedigüeño de la palabra.


El temple narrativo de una ciudad también se mide en lo que dicen sus taxistas y peluqueros. Aunque en Buenos Aires hay más pilotos con doctorado, los de Bogotá dejan hablar al pasajero. En cuanto a los hombres de tijera, baste saber que en Bogotá una peluquería se llama con justicia El gran Gatsby. Capital del idioma vivo, Bogotá ahora lo es del libro. Un sitio cerca de las nubes para superar los desastres de la realidad.


Para Ricardo Piglia, el libro es "la forma privada de la utopía". Eso es lo que la lectura pone en juego: el frente de liberación de una persona.

viernes 4 de mayo de 2007

aproximación al panorama actual de la industria editorial [ 3 ] / otras actividades del grupo multimedia alemán bertelsmann

Ayer me referí a la edición y comercialización de libros en todas las áreas —ficción literaria, actualidad, cocina, viajes, minorías étnicas, religión y literatura comercial— por parte del The Random House Publishing Group. Sin embargo, no hablé de las actividades que desarrolla en otros sectores el grupo multimedia alemán Bertelsmann.



Dos de las más importantes actividades de Bertelsmann, en las cuales al igual que en la edición sus empresas juegan un papel importante, están muy ligadas entre sí: por un lado, la radiodifusión y el audiovisual; y, por el otro, la industria discográfica.

En el campo de la radiodifusión y el audiovisual, Bertelsmann cuenta con el RTL Group —basado en Luxemburgo— que está constituido por una red de 29 estaciones de radio y 38 cadenas de televisión en toda Europa.

BMG, a su vez, es la división de Bertelsmann en la industria discográfica. Su actividad en este campo se centra en la edición y comercialización de material fonográfico en los soportes convencionales a través de Sony BMG Music Entertainment, que pertenece en un 50 % a Sony Corporation of America y que tiene sellos como Arista, Arista Nashville, BMG Latin, Bluebird, Burgundi, Columbia, Columbia Nashville, Epic, Masterwoorks, RCA, Sony BMG Latin, Sony Gonder y Zomba.

Mediante esta descripción sólo busco dar algunas pistas para aproximarse al estado actual de Bertelsmann y suscitar el interés por rastrear tanto la historia de sus distintas empresas como la evolución de los vínculos que históricamente han existido entre éstas, de manera que si alguien está interesado en hacerlo tenga un punto de partida. Estoy seguro de que justamente por su carácter descriptivo esta breve presentación puede no sólo despertar algunas inquietudes, sino también ofrecer una instantánea que puede ayudarnos a atar cabos en una época en la que el panorama de las industrias mediáticas evoluciona muy rápidamente y en la que la existencia de los grandes grupos se fundamenta en la tendencia a la diversificación de actividades.

jueves 3 de mayo de 2007

aproximación al panorama actual de la industria editorial [ 2 ] / the random house publishing group

The Random House Publishing Group es la división editorial del gigante multimedia alemán Bertelsmann. Desde la unión entre Random House Trade Group y Ballantine Books Group es el grupo editorial más grande del mundo, publica libros relacionados con una amplia diversidad de temas y está presente de manera directa en alrededor de 18 países. Tal vez una de las mayores fortalezas de The Random House Publishing Group es que además de la diversificación temática de sus sellos, cubre algunos de los mercados más importantes en términos bien sea de población o de niveles de lectura: el alemán, el anglosajón y el de habla hispana.

Lo que a finales de los años veinte empezó siendo una pequeña editorial neoyorquina llamada The Modern Library terminó convirtiéndose en el gran grupo que conocemos ahora al ir no sólo creando distintos sellos propios, sino también incorporando otros grupos existentes en Estados Unidos en las áreas temáticas más diversas como Ballantine Books —que comprendía sellos como Reader’s Circle, Fawcett, Ivy Mass Market, Del Rey, One World y Presidio Press—, Bantam Dell Group, Crown Publishing Group, Doubleday Broadway Group, Knopf Publishing Group. Al mismo tiempo que crecía en Estados Unidos, fue llegando a los distintos países de habla inglesa —Australia, Canadá, India, Nueva Zelanda, Reino Unido y Sudáfrica—.

Actualmente su filial española, cuyo nombre es Random House Mondadori, tiene sellos como Areté, Beascoa, Caballo de Troya, Collins, Debate, Debols!llo, Electa, Grijalbo, Galaxia Gutenberg, Lumen, Mondadori, Condena, Plaza & Janés y Rosa dels Vents. Por otra parte, sus filiales latinoamericanas tienen sellos como Sudamericana, Cisne, Cliper y Ollero & Ramos.

Random House Mondadori ha llegado a ser lo que es debido a que progresivamente ha venido comprando no sólo sellos que a lo largo de los años habían alcanzado cierto prestigio gracias a la construcción de un catálogo consistente basado en títulos y autores de la mejor calidad —como Sudamericana y Lumen—, sino también algunos otros más enfocados a satisfacer los intereses del gran público como Plaza & Janés.

De esta manera, Random House Mondadori ha conservado a los autores que más venden de los sellos que ha adquirido, ha incorporado a autores descubiertos por editoriales independientes ofreciéndoles anticipos que éstas no están en capacidad de pagar, ha incluido en sus sellos más prestigiosos títulos de una pésima calidad literaria que desdibujan el perfil de éstos y ha eliminado del catálogo de sus distintas editoriales una serie de títulos que han sido y siguen siendo hitos en la historia de la literatura porque no rinden en ventas al ritmo de los best sellers. De hecho, éstas son las jugadas típicas a las que recurren aquellos grupos a los que la concentración de la propiedad de muchas empresas pertenecientes a un mismo sector les permite alcanzar una posición dominante en el mercado.

miércoles 2 de mayo de 2007

aproximación al panorama actual de la industria editorial [ 1 ]

Como la evolución y la concentración de la propiedad son dos de los temas que más me interesan en relación con las tendencias del mercado editorial, durante los próximos días haré una aproximación al panorama actual de esta industria a nivel global. Para empezar, abordaré los grandes grupos a nivel mundial —Random House, Penguin Group, Harper Collins y Hachette Livre—, luego me ocuparé de los grupos españoles más importantes —Planeta, Santillana y Zeta— y al final cerraré la cuestión haciendo una aproximación a algunas editoriales independientes tanto de España como de América Latina.