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jueves, 16 de julio de 2009

please allow me to introduce margarita valencia



Mi primer contacto con Margarita Valencia fue a través de la columna que ella escribía en la revista El malpensante hacia finales de los años noventa. Se trataba de un ensayo literario breve, contundente e impecablemente escrito que yo leía en cada número de la revista hasta que dejó de aparecer. Como lector le perdí el rastro a Margarita hasta 2004, cuando trabajaba en una revista llamada Horas en la que ella escribía unos artículos magistrales sobre la literatura y la manera como hoy en día nos relacionamos con ella. Luego no volví a saber nada de ella hasta que Camilo Jiménez me dijo que tras haber montado el proyecto Bogotá, Capital mundial del libro 2007 estaba dirigiendo la Biblioteca Nacional de Colombia. Después la revista Arcadia empezó a publicar unas columnas suyas similares a las que escribía para El malpensante y Horas.


Aclaro, yo no conocía personalmente a Margarita. Simplemente la seguía a través de los textos que publicaba aquí y allá. La culpable de que ahora la conozca y de que ahora ella, Pablo Odell y yo estemos trabajando en el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) es Elena Martínez, que me la presentó en la fiesta del Veracruz durante la FIL de Guadalajara de 2008.





Hechas estas precisiones, entro en materia. En su edición número 72, de agosto - septiembre de 2006, El malpensante publica una entrevista que Catalina Arango le hizo a Margarita. En esta entrevista titulada "El oficio del editor" Margarita habla de la manera como ella concibe el papel del editor, de los efectos de la fusión en el ámbito hispanohablante de las figuras del publisher y del editor, de su idea de lo que es un libro bien editado, del rigor bajo el cual deben regirse los distintos oficios que intervienen en la edición de un libro, de la manera como se edita hoy en día, de su carrera como editora, de las figuras que la han influenciado a lo largo de ésta, de la edición universitaria y del rol que a través de una articulación entre el trabajo de sus profesores y el de sus editoriales deberían jugar las universidades en la preservación del patrimonio intelectual de un país.


Como lo que más nos interesa en estos días es lo que tiene que ver con la edición independiente, a continuación reproduzco lo que Margarita dice al respecto en esta entrevista —dado que ésta se hizo en 2006, valdría la pena preguntarse qué ha cambiado y qué sigue igual desde entonces—:


‘La cantidad de editoriales independientes que hay en un país es una señal inequívoca de la tolerancia de la sociedad a la libre circulación de las ideas’.


'En las editoriales universitarias los editores son sirvientes de los inmensos egos de los profesores. En las comerciales, son sirvientes de los inmensos egos de los dueños, o de los señores de mercadeo'.


En respuesta a la pregunta '¿Cómo describiría la industria editorial colombiana?':

'Como una industria conformada, en este momento, por dos grandes empresas editoriales españolas que son Alfaguara y Planeta, básicamente. También está Norma, que viene muy detrás en el aspecto editorial, que ha perdido mucho espacio —porque Norma tuvo un momento de empuje literario muy fuerte, cuando Ana Roda y yo estábamos allá, aunque suene feo decirlo— pero digamos que está en el juego, y es un tercer jugador que sirve para mover las fichas. Por otro lado, no hay editoriales independientes, es decir, aparecen y desaparecen como hongos'.


'Pero la industria editorial colombiana es la industria editorial española con unos piquitos locales: hace lo mismo que la gran industria editorial española. Le apuesta a los nombres comerciales, deja a los autores muy desprotegidos; es decir, no los acompaña, no invierte en su promoción, no los consiente: es que es muy difícil sacar un libro para lo pongan en un estante, le hagan dos entrevistas al autor y punto. Y, en general, uno no ve en la industria editorial de este país grandes ni pequeños editores, uno no ve editores. Lo que ve son multinacionales dictando lo que se debe publicar, y lo que se debe publicar para ellos es lo que vende. Pero, por otro lado, a los autores nunca les fue mejor que ahora. Porque estas empresas necesitan productos nuevos todo el tiempo, y tienen un rasero muy bajo. Un rasero por encima del cual básicamente en Colombia se publica cualquier cosa; como en todo el mundo'.


Lúcida, aguda y contundente, como siempre.


Una pregunta antes de terminar: ¿por casualidad alguien sabe de qué se ríe Margarita en la foto?

miércoles, 10 de junio de 2009

entrevista a pilar gutiérrez llano, editora de tragaluz editores / “disfrutamos haciendo libros bonitos”



Tragaluz editores surgió en Medellín como una respuesta no sólo al deseo de Pilar Gutiérrez Llano y Juan Carlos Restrepo de hacer realidad su sueño de montar una editorial, sino también a la necesidad que éstos detectaron de abrir un nuevo espacio de publicación en su ciudad. Como muchas de las pequeñas editoriales independientes colombianas, para garantizar su viabilidad Tragaluz ha desarrollado una línea de prestación de servicios editoriales orientada a instituciones públicas y a empresas privadas pero realmente lo que más ha contribuido a dar a conocer su trabajo es su colección de poemas ilustrados.


Aunque el cuidado con el que se trata cada uno de los detalles de sus libros implica un aumento de los costes de producción de éstos, Tragaluz hace todo lo posible por manejar precios razonables para el mercado con el propósito de garantizar que sus títulos sean accesibles para los lectores. La premisa de Tragaluz es producir libros bien hechos y bonitos que estén al alcance de la gente y que circulen de mano en mano.


Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Tragaluz editores?





Pilar Gutiérrez Llano: La editorial surgió en 2005 por iniciativa de Juan Carlos Restrepo —mi marido y editor de Tragaluz en este momento— y mía. A Juan Carlos lo habían echado de su trabajo como editor de la Universidad Eafit y en ese momento yo terminaba una biografía, por lo cual ése era el momento perfecto para darle vida a nuestro sueño de siempre de montar una editorial. Lo hicimos en contra de mucha gente que nos decía que cómo se nos ocurría, que se trataba de un proyecto muy romántico y que la cosa no iba a dar resultado. Sin embargo, cuando tomamos la decisión todo pasó muy rápido a pesar de que era algo en lo que veníamos pensando desde hacía mucho tiempo porque era un sueño de los dos. Yo ya había montado algo en este campo que era como un híbrido entre agencia de publicidad y editorial. Juan Carlos venía trabajando como editor desde hacía muchísimos años, era profesor de diseño y además ambos escribimos.


Entre los dos reuníamos las disciplinas necesarias para montar este tipo de empresa, así que totalmente soñadores nos sentamos en la mesa del comedor de la casa y dijimos ‘pongámosle un nombre a este proyecto’ y como en ese momento el panorama estaba un poco oscuro porque Juan Carlos estaba sin trabajo dijimos ‘no, necesitamos algo con luz, como una ventana’. Cogimos el diccionario y buscamos sinónimos y encontramos “tragaluz”. Nos pareció que “tragaluz” era un lindo nombre y dijimos ‘listo’.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de Tragaluz editores?


P.G.Ll.: La coyuntura tuvo mucho que ver pero como te digo este proyecto era la respuesta a muchas cosas. Primero, los dos escribimos y desde hacia mucho tiempo veíamos la necesidad de abrir un nuevo espacio de publicación en Medellín porque en la ciudad no había ninguna editorial a la que un escritor nuevo pudiera llegar con su proyecto. Obviamente si era un gran escritor estaba Colina o daba el salto hacia Bogotá pero como esa editorial que soñábamos ver en la ciudad no existía, dijimos ‘bueno, no la vemos y no vamos a esperar a verla sino que vamos a crearla nosotros’.


M.G.: ¿Cuáles son las líneas de trabajo de Tragaluz editores y cómo se definieron éstas?




P.G.Ll.: En realidad Tragaluz tiene dos líneas: en primer lugar, la de servicios editoriales a instituciones, universidades y empresas privadas que nos llaman y nos dicen ‘necesitamos redactar un texto con tales y tales características’; y, en segundo lugar, Tragaluz como sello editorial. En este momento tenemos una línea de poesía que es la que nos ha dado a conocer. Actualmente vamos en el quinto libro y la idea es reunir en ella títulos de quince poetas representativos de Colombia. Empezamos con cinco ya reconocidos, vamos a seguir con cinco un poco más jóvenes y los cinco últimos serán autores muertos.


Tenemos otra colección llamada “Cuaderno de notas” que empezó con un libro de Débora Arango. Hay también una colección independiente que empezamos con el libro Aunque no te siga, de Carlos Vásquez. Con esta colección se abren las puertas para que un escritor traiga un trabajo y si nosotros consideramos que es bueno le cumplimos su deseo de publicar el libro que siempre ha imaginado.





Finalmente, con el libro Nosotros, vosotros, ellos, de Félix Ángel, empezamos una colección de libros de gran formato.


M.G.: ¿En “Cuaderno de notas” vendrán más títulos después del de Débora Arango?


P.G.Ll.: Vienen más. El segundo libro será de Gregorio Cuartas, que es un pintor —casualmente también antioqueño, como Débora Arango— que vive en París desde hace muchísimo años.



M.G.: ¿Los otros diez títulos de la colección de poesía ya están definidos?


P.G.Ll.: No están definidos del todo porque la selección de autores y obras es un proceso delicado. Sacar un libro requiere hacer una evaluación previa, discutir una propuesta y volver a leer los textos. Se trata de una decisión que no se toma rápidamente y por eso no me lanzo a decirte cuáles son los cinco próximos títulos aunque ya tengamos una lista muy definida.


M.G.: Estos libros de poesía son antologías de sus autores. ¿Cómo es el proceso de selección de los poemas que se incluyen en ellos?


P.G.Ll.: En la medida de lo posible nos leemos la obra completa de los autores. Conseguimos los libros, los leemos y hacemos previamente una selección. Después recurrimos a un grupo de personas —entre las que se encuentra Jaime Jaramillo, que ha sido muy importante para nosotros— que nos ayudan y nos acompañan en esta labor y discutimos esta propuesta con ellos. Es un pequeño consejo editorial al que no le estamos dando la libertad de cambiarnos las cosas pero sí de opinar y de orientarnos, así que en caso de que veamos que sus opiniones son válidas y buenas las aceptamos. Se trata de un trabajo en equipo que nos gusta mucho.


Luego nos sentamos con el autor y le preguntamos qué más quiere incluir. Casi siempre la selección de los libros termina siendo una mezcla entre la que hizo Tragaluz inicialmente y lo que propone el autor.


M.G.: ¿En qué consiste el trabajo que se hace con los ilustradores?


P.G.Ll.: Esa parte es importantísima. Hacemos toda la selección y decimos ‘éstos son los textos de la antología’. Como Juan Carlos además es ilustrador, nos metemos los dos y pensamos en aquellos ilustradores que nos imaginamos que podrían funcionar con el tipo de poesía de cada autor. Tenemos una base de datos pequeña con ilustradores muy buenos y decimos ‘para este libro nos sirven éste, éste y éste’. Luego vamos adonde el autor y le decimos ‘tenemos estos tres ilustradores y éstos son los rasgos de cada uno. ¿Vos cuál preferís?’ Algunas veces nos dicen ‘escojan ustedes, tienen toda la libertad’ y otras veces nos dicen ‘yo quiero trabajar con éste que es buenísimo’.


Entonces es un trabajo en conjunto y la parte del ilustrador es muy importante porque él también tiene que tener un espíritu poético y debe conectar con el carácter del autor y de su obra. Es un trabajo en grupo en el que se le da mucha importancia a la tirita que trae el libro, al color de la cubierta y a todo lo demás porque todos los elementos tienen una estrecha relación entre sí.


Esta colección empezó cuando Tragaluz llevaba un año. Todavía no habíamos sacado nada con el sello y sólo estábamos prestando servicios editoriales. Había sido un buen año y dijimos ‘vamos a darnos un lujo. Vamos a sacar un libro de los que queremos hacer y vamos a regalarlo’. Editamos Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo —que para nosotros ha sido como un papá—, y sacamos doscientos ejemplares. Era un regalo para toda la gente que nos había apoyado: las empresas y todos los que estaban metidos con nosotros. Queríamos decir ‘Tragaluz empezó, llevaba un año prestando servicios editoriales pero Tragaluz también es esto’.




Resulta que nos fue súper bien con ese libro y la respuesta fue 100 % positiva. La gente empezó a pedirlo y en ese momento arrancamos a hacer la colección. A este libro nosotros le debemos muchísimo, es una belleza. Con Tres poemas ilustrados nos ganamos el premio Lápiz de acero.


M.G.: ¿Cómo es el proceso de selección de los autores?


P.G.Ll.: De esta primera parte dijimos ‘vamos a escoger cinco poetas representativos, cada uno con una voz distinta’. Eso es lo que hace que nosotros lo escojamos. Dijimos ‘poesía pura y romántica de principios de siglo, Meira Delmar; prosa poética, Jaime Jaramillo’. Cada uno tiene sus características. Puedes encontrar cinco voces de la poesía colombiana del siglo XX muy distintas entre sí.


M.G.: Dentro de las líneas de trabajo que desarrolla Tragaluz, ¿cuál es el tipo de proyectos que más entusiasmo les produce desarrollar?


P.G.Ll.: Todo el trabajo editorial porque nos encanta. Pero esta línea literaria dentro de la cual la competencia es súper reñida es lo que más nos seduce y hacia donde se dirige Tragaluz. Cada una de estas cosas es el resultado de un trabajo muy rico que nosotros nos gozamos hasta el final. Nos fijamos en todos los detalles y los tratamos todos con mucho cuidado.


M.G.: ¿Hay algún libro en particular cuya publicación les haya producido más satisfacción que los demás?


P.G.Ll.: Yo creo que de todos al que le tenemos un mayor afecto es Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo, que nos ha traído una satisfacción enorme porque con ese libro dijimos ‘vamos a hacer lo que queremos y vamos a regalarlo’. Con ese libro no había pretensiones. Había un sueño plasmado: ‘queremos hacer libros bonitos’. A este libro de Jaime le tenemos un cariño especial pero yo los veo y todos tienen detrás historias muy buenas y muy intensas.


Y es cierto que lo digital está invadiendo el mundo pero yo veo que lo digital nunca podrá reemplazar un libro de éstos, ¿no? Le apostamos al papel sin dejar de ser conscientes de que el mundo digital cada vez se abre más camino. Y Tragaluz también va a estar en el mundo digital.


Además, siempre conocemos a los autores. A Giovanni Quesseps no pudimos conocerlo porque se enfermó durante el proceso de selección de textos y cada vez que yo quería ir a visitarlo me decía ‘Pilar, no vengas que estoy muy enfermo’ y a mí me daba como pena. Pero hablamos muchísimo por teléfono. Con Meira Delmar viajamos hasta Barranquilla y con Juan Gustavo Cobo Borda estuvimos en su casa en Bogotá. Con Eduardo Escobar también estuvimos en su casa. Como verás, disfrutamos muchísimo el trabajo que estamos haciendo.




M.G.: ¿Cree usted que Tragaluz editores está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?


P.G.Ll.: Sí, pero todavía nos falta mucho para llenar el huequito porque cuando nosotros empezamos con Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo, escogimos escritores ya reconocidos y eso quería decir que le estábamos dando espacio a quien ya lo tenía. Yo creo que en realidad vamos a hablar de ese nuevo espacio con el que los escritores y los artistas sueñan cuando saquemos una nueva colección, que será la de cuento y que empieza próximamente.


Vamos a empezar con un gran cuentista colombiano y detrás de él vendrán muchas voces jóvenes. Se trata de Eduardo Escobar, que aunque no es muy conocido como cuentista para mí es de lo más grande que tiene Colombia en el género del cuento.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Tragaluz editores para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?


P.G.Ll.: La estrategia nuestra consiste en conservar el romanticismo que nos ha hecho diferentes porque gracias a él hemos podido crear un público de seguidores de nuestro trabajo. La estrategia de Tragaluz es hacer lo que tenemos la certeza de que nadie más hace debido a su grado de dificultad. Tragaluz parte del texto y luego lo funde con la forma. Nos gusta que la gente vea nuestros títulos y diga ‘qué libro tan bonito, yo quiero leerlo y tenerlo’. Tenemos la seguridad de que esto permanecerá en el tiempo porque queremos que nuestros libros circulen de mano en mano.





M.G.: ¿El proceso de producción es tan artesanal como parece?


P.G.Ll.: Ahí hay una mezcla muy interesante. La parte interior es un proceso totalmente industrial hecho en litografía. Y las cubiertas sí se hacen mediante un proceso totalmente artesanal. La tela se importa porque en Colombia todavía no hay telas especiales para encuadernación. Para el encuadernador con el que trabajamos, que se llama Carlos Quijano y tienen un concepto muy claro que funciona bastante bien, es muy bueno disponer de este tipo de telas para hacer las cubiertas. Se trata de un proceso manual muy delicado porque estos libritos requieren que las cosas queden perfectas.


M.G.: ¿Los costes se suben mucho por tener todos estos cuidados?


P.G.Ll.: Sí se suben mucho pero no tanto por el material ni por la mano de obra sino por el tiempo que implica debido a que el proceso de producción es más demorado. Para nosotros este método de trabajo requiere estar yendo a la litografía con frecuencia. En otras editoriales mandan a impresión cinco libros al mismo tiempo y aunque nosotros también desarrollamos proyectos de manera simultánea, la producción de un libro de éstos cuando estamos en pleno proceso nos ocupa casi la totalidad de nuestro tiempo. Sí hay un incremento en los costos pero no es tan grande como la gente se imagina.


Sí queremos conservar precios normales. Nos encanta que la gente nos diga ‘queremos que nos den toda la colección’ y esa decisión la toman porque saben que manejamos precios normales y que esta colección no se va a repetir en cantidades alarmantes porque son libros que no se pueden producir en tirajes muy grandes. Nuestros tirajes son de alrededor de quinientos ejemplares. Y algunos títulos ya han tenido reimpresiones.


Somos muy conscientes de los precios y como somos amantes de los libros nos da mucha rabia enamorarnos de uno y que nos digan ‘no, vale 180.000 pesos’. Queremos que los libros estén al alcance de la gente y con los precios que manejamos la respuesta ha sido positiva.





M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


P.G.Ll.: No podría ser mejor. Todos los que al principio estaban en contra de nosotros porque este proyecto no era negocio en este momento forman parte de la junta directiva de Tragaluz, son los más enamorados de la editorial y cada vez que les planteamos una idea bien loca nos dicen ‘sí, sigan por ahí’. Confían en que lo que hace falta es arriesgarse.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros y a otras publicaciones que está preparando en este momento Tragaluz editores?


P.G.Ll.: La colección de cuento empieza con Eduardo Escobar y con algo muy especial, que es la primera voz de escritores jóvenes y poco conocidos. Se trata de Rodrigo Mora, un gran escritor de cuarenta años. No hemos trabajado escritores más jóvenes de cuarenta años porque la literatura requiere maduración del proceso y oficio. Creemos que lo importante no es el libro que escribiste a los treinta sino los que venís escribiendo desde entonces.


M.G.: ¿Cómo percibe usted el estado actual del segmento de la edición independiente en Colombia?


P.G.Ll.: El momento es especial porque acaba de empezar la Red de Editores Independientes de Colombia (REIC). Tenemos precisamente la intención de unirnos todos como independientes para lograr ser más visibles y tener más presencia. Apenas se está empezando el trabajo. En todo caso yo creo que allí va a haber una depuración. En la asociación de todas estas editoriales independientes van a quedar finalmente las que son, aquellas que en ramas muy distintas tienen una oferta que vale la pena: hay literatura infantil, textos académicos o poesía. Yo creo que van a quedar muy pocas editoriales porque hay muchas que no tienen un ritmo de publicación ni la organización que requiere la edición. Porque una editorial es un trabajo en grupo y cuando las cosas se hacen a título unipersonal todo resulta un poco sospechoso.


Veo también proyectos de gente todavía muy joven que pienso que tienden a morir porque éste es un trabajo muy complejo que requiere madurez incluso en la gente que lo maneja. En fin, yo veo un ambiente bastante interesante. Las editoriales independientes en Colombia todavía somos débiles porque estamos al lado de unos gigantes que pican muy duro. Pero lentamente se está haciendo una labor y yo creo que eso ya empieza a notarse.


Transcripción: Margarita María Pérez Barón

martes, 9 de junio de 2009

el booker prize según tom maschler

Yo definiría Editor como un testimonio en el que desde su experiencia personal como editor Tom Maschler da cuenta de un período interesantísimo de la edición en Inglaterra, que cubre la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX. Se trata de un libro ameno, escrito en un tono descomplicado y lleno de anécdotas que toda persona interesada en la edición o en el mundo editorial debería leer por simple curiosidad.





Durante sus años como editor Maschler publicó a grandes autores tan distintos como Roald Dahl, Doris Lessig, Salman Rushdie, Bruce Chatwin, Julian Barnes, Ian McEwan, Martin Amis, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.


En Editor Maschler le dedica un breve apartado a la historia del Booker Prize y a la manera como se asigna el premio. Con respecto al premio, del cual él es uno de los creadores, dice Maschler:


‘Con el premio ya en la mano, quedaba pensar en los detalles de la organización. Propuse contar para su administración con la National Book League, a cuyo frente se hallaba Martin Goff, que desde entonces ha defendido magníficamente el premio. Estuvimos de acuerdo en reunir un jurado de cinco personas, una de las cuales lo presidiría, y creamos un comité para elegirlas. También convinimos en que los autores habrían de ser británicos o pertenecientes a la Commonwealth. Para empezar, la cuantía del premio sería de 5.000 libras y el fallo se comunicaría con una copa en el Guildhall. Se nos ocurrió, creo que con acierto, anunciar todos los años una lista de seis autores de la que saldría el ganador, con la intención de estimular las especulaciones sobre el fallo y también para que el método beneficiara no ya a un escritor, sino a seis. El jurado celebraría tres sesiones y en la tercera, un mes antes del día D, se elegirían los finalistas y el ganador, aunque el nombre de este último se mantendría en el mayor de los secretos’.


Editor, de Tom Maschler. pág. 146

Trama editorial

Madrid, 2009


Según dice Maschler al final del apartado que le dedica al premio, ‘cuando contemplo mi carrera de editor pienso que el Booker Prize ha sido mi aportación más útil y más duradera’.




Con ocasión de la salida de Publisher, en marzo de 2005 The Guardian publicó en su sección de libros un completo perfil de Maschler que recomiendo leer.


Al tema de los premios literarios ya me he referido en estas entradas anteriores. Interesante fijarse en las diferencias existentes entre el sistema de premios literarios en los ámbitos anglosajón, francófono e hispanohablante.


Nota: las negrillas son mías.

jueves, 4 de junio de 2009

flm 09 [ 3 ] / la promoción de la feria, de las novedades editoriales y de la lectura en el metro de madrid



Hace unas semanas comentaba un par de casos en los que el mobiliario del transporte público de Barcelona había sido utilizado para promocionar libros o actividades relacionadas con el mundo de las letras. Durante mi visita a Madrid con motivo de la Feria del Libro vi algo parecido y pude tomar fotos de algunas de las piezas que componen la campaña Libros a la calle, a la que hice referencia en la entrada "campañas de promoción en el transporte público".


Aquí van algunas imágenes de avisos promocionales de la Feria del Libro de Madrid y de las novedades de un par de sellos del Grupo Santillana, así como de una pieza de la campaña Libros a la calle:






Aviso promocional de la Feria del Libro de Madrid en la estación Avenida de América


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Piezas de la campaña Libros a la calle, en los trenes del metro de Madrid


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Aviso promocional de novedades del sello Punto de lectura en la estación Ibiza


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Aviso promocional de Nocturna, de Chuck Hogan y Guillermo del Toro (Suma de letras) en la estación Ibiza



En relación con este mismo tema, ver también la entrada sobre la campaña de promoción de novedades que hizo Flammarion durante la rentrée littéraire de 2008 en el metro de París.


Una última cosa: esta entrada estuvo a punto de ser abortada mientras recogía el material necesario para hacerla porque cuando sólo tenía la mitad de las imágenes fui abordado por el personal de seguridad de la estación Avenida de América, que me hizo saber que para tomar fotos necesitaba una autorización. Al final todo se resolvió con una mezcla de diplomacia y discreción.

martes, 19 de mayo de 2009

los futuros del libro en la feria del libro de sevilla [ 2 ] / ¿qué dicen los editores sobre la promoción de libros en la web 2.0?

En la mesa “Marketing 2.0. Nuevas herramientas, nuevas estrategias” de las jornadas Los futuros del libro que organizó la Feria del Libro de Sevilla se tocaron algunos puntos interesantes con respecto a lo que están haciendo actualmente las editoriales para promocionar los libros que publican. En la mesa moderada por Javier Celaya de Dosdoceparticiparon Carmen Ospina de Random House Mondadori—, Francisco Javier Jiménez —coautor de El nuevo paradigma del sector del libro y del blog Paradigma libro— y Narciso Sánchez —de Editorial MAD.





Entre las cosas que se dijeron en la mesa, las que más me llamaron la atención son las siguientes:


- El cambio tecnológico que está teniendo lugar actualmente es una fuente de inquietud para los editores independientes (Francisco Javier Jiménez).


- Durante los dos últimos años ha habido un cambio de actitud en el sector editorial con respecto a las nuevas tecnologías. Aunque ha habido avances significativos al respecto, no son tantos como se quisiera (Javier Celaya).


- Google ha modificado nuestros hábitos de consumo y la manera como accedemos al libro (Francisco Javier Jiménez).


- La proliferación de plataformas de generación Web 2.0 ha llevado a los editores a multiplicar su presencia en Internet abriendo perfiles en redes sociales como Twitter, Facebook o YouTube para tener más visibilidad en la Web (Francisco Javier Jiménez, Javier Celaya y Carmen Ospina).


- Es necesario pensar en la eficacia de la visibilidad en Internet preguntándose qué resultados se espera obtener de ella (Francisco Javier Jiménez).


- Si los editores vuelcan en las distintas plataformas los mismos contenidos que publican en sus páginas Web, al duplicar la información y sus esfuerzos no están haciendo otra cosa que producir una dispersión del tráfico y de la atención (Javier Celaya).


- La lectura se potencia como una experiencia social cuando las comunidades que se generan en la Web 2.0 llevan a las personas a comentar y a recomendar los libros que leen (Carmen Ospina).


- megustaleer.com, el nuevo portal de Random House Mondadori, busca implicar al usuario y generar una dinámica de interacción con él. La integración de todos los sellos del grupo en un solo portal se hizo con el propósito de mostrar el catálogo como lo entiende el usuario, que a diferencia del staff de la empresa no necesariamente se guía por las marcas (Carmen Ospina).


- Los pequeños editores independientes deberían hacer sinergias y alianzas para desarrollar estrategias de marketing online (Francisco Javier Jiménez).


- Al igual que en el mundo analógico, en el ámbito online es necesario contar con buenas librerías para que los lectores puedan disponer de una oferta amplia y diversa (Francisco Javier Jiménez).


Al introducir una amplia variedad de matices en la discusión, un aspecto que le dio bastante dinamismo a la mesa fue la presencia de una representante de un gran grupo —Carmen Ospina— y de un editor independiente —Francisco Javier Jiménez—.