martes, 9 de octubre de 2007

entrevista a josé pons bertran, editor de melusina / “con nuestros libros buscamos que la gente reaccione frente al texto"

José Pons Bertran se siente afortunado por estar cada nuevo día al frente de Melusina, una editorial de ensayo riguroso y ameno al estilo anglosajón que intenta llegar a un público más amplio que el altamente especializado y cuyo catálogo, según él mismo, ha venido tomando forma lentamente. José define su trabajo en Melusina como la experiencia más apasionante y terrorífica a la vez.



Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear la editorial Melusina?


José Pons Bertran: La iniciativa es mía después de dar muchos tumbos por la vida y surge de un cierto amor que le tengo a la lectura debido a mi formación académica —había hecho Literatura comparada en la Universidad de Berkeley y un postgrado en la Universidad de Chicago. Después de diversos avatares entre un intento de oposición a la carrera diplomática acabé de lector y cursé el Master en edición de la Universidad de Salamanca y Santillana. Y a partir de ahí se me ocurrió la genial idea de crear una editorial—. De alguna manera había estado en contacto con el mundo de la edición aunque realmente no conocía sus entresijos. Había sido un contacto más superficial pero ahora sí que estoy metido hasta el fondo en este negocio.


M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de la editorial Melusina?


J.P.B.: Hay gente que desde el principio lo tiene muy claro y que cuenta con un plan muy bien definido. Y los envidio. Para mí esto ha sido un poco wittgensteiniano en el sentido de que hay un todo y uno se tira a la piscina y cuando ya está adentro empieza a ver las partes. Yo creo que nuestro catálogo, que ronda los cincuenta títulos, ahora empieza a tomar forma y a verse un poco cuáles son las líneas que interesan a la editorial. Si llegas a mirar cómo era cuando llevábamos dos años parecía una locura porque con diez títulos era de lo más heterogéneo e incluso contradictorio. Pero cuando puedes ir añadiendo títulos empieza a haber ciertas apuestas por determinados ámbitos y por determinadas temáticas. Es una cosa más fruto del azar y de la suerte el poder estar aquí un año más, que te permite ir definiendo un poco lo que es el proyecto a partir de una masa un poco informe —que es el inicio, cuando vas tanteando un poco las cosas—.


M.G.: ¿Cree usted que en el catálogo de Melusina hay una oferta que en este momento no están haciendo ni los grandes grupos ni las editoriales independientes y que, por lo tanto, la editorial está cubriendo un vacío?


J.P.B.: No me atribuiría ninguna exclusividad ni el título de descubridor de nada. Existen buenísimas editoriales grandes, pequeñas y medianas. Se trata de un sector muy profesional donde no creo que nadie vaya a inventar la rueda. La nuestra es una aportación más y siempre cabe la posibilidad de que alguien propongo un título que otro no haya propuesto pero eso tampoco significa que uno sea más listo que otro. Yo lo veo como un empeño común. Han salido muchas editoriales nuevas y hay otras ya consolidadas que hacen muy bien su trabajo. Se trata de seguir empujando el carro.


Yo en principio me lo propongo como una editorial de ensayo, siguiendo el modelo anglosajón del ensayo riguroso y ameno que pueda llegar a un nicho más amplio que el público muy especializado. Y sobre todo como una cuestión de que vivimos en sociedades iconofílicas —es decir, de amor a la imagen— y de que detrás de la imagen tiene que haber una alfabetización tanto de la imagen para que a uno no lo manipulen, como de la escritura. Creo que el ejemplo fundamental es que detrás de una película siempre hay un guión escrito. Y muchas veces detrás de éste hay una novela. Pero eso no se ve porque está entre bastidores. Y creo que es importante leer porque hacerlo te capacita y te habilita para gestionar este mundo de millones de imágenes en el que vivimos.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Melusina para suscitar en el público el interés por las líneas que abordan sus colecciones?


J.P.B.: En español está el equívoco de la palabra editor, que es tanto el hombre de negocios como el que elige los textos —sobre todo en la dimensión de las microempresas en la que estamos moviéndonos—. Te diría que como editor en el sentido de persona que selecciona los títulos, todo lleva la impronta de mis intereses y de lo que a mí me estimula. Por otro lado, no quita que también soy empresario y aparte de lo que a mí me interesa también tengo que velar por poder estar aquí mañana, la semana que viene y el año siguiente. Entonces de alguna manera se intenta en la medida de lo posible encontrar una armonía entre estos dos intereses que evidentemente no siempre van de la mano. Intento buscar cosas que quizás otras editoriales no promueven porque comercialmente no les ven el sentido pero dándoles esa orientación comercial para que sea viable porque si no la cosa no funciona. Es muy difícil encontrar la piedra de toque en esta combinación entre lo comercial y lo puramente intelectual.


M.G.: ¿Cree que en este momento este tipo de libros de ensayo ha tenido una buena acogida por parte del público?


J.P.B.: Creo que el público está ahí. Quizás la queja que todos tenemos es que ni se compra ni se lee suficiente. Pero sí que hay un público. Luego, la diferencia entre quien sobrevive y quien no está justamente en si el proyecto es económicamente rentable o no. Pero sí que hay gente interesada y por mi parte veo un feedback, sobre todo en la medida en que las nuevas tecnologías —no sólo el correo electrónico, sino también los blogs— permiten una cierta desintermediación entre la editorial y su público. Ahora tienes la posibilidad de que alguien te escriba y te diga ‘oye, me ha encantado este libro’. Recuerdo el caso de un maestro de escuela que nos escribió dándonos las gracias porque un chaval de su clase había traído un libro nuestro al aula. La verdad es que este tipo de experiencias son muy satisfactorias porque te sugieren que vas muy bien encaminado en lo que estás haciendo.


M.G.: ¿Cómo describiría los criterios y el proceso de selección de los autores y títulos que se incluyen en el catálogo de Melusina?


J.P.B.: Es un poco caótico, la verdad. Va un poco en el día a día. Hay cosas que ya simplemente no aceptamos. Hacemos poquísima literatura —un 1 %—, con lo cual todos los manuscritos de novela, cuento o poesía que llegan por regla general no los aceptamos pero no porque entremos a valorarlos sino porque el género es un criterio que ya nos permite filtrar y centrarnos sobre todo en el ensayo. Esto también va en función de la actualidad, de autores que ya tienes o de contactos. Realmente no hay un voluntarismo que me lleve a decir ‘quiero publicar a tal autor y voy a mover cielo y tierra para conseguirlo’. Se trata de tener las antenas desplegadas. Y realmente cada semana surge algún proyecto, así que proyectos no faltan.


M.G.: ¿Existe un común denominador a los autores publicados por Melusina?


J.P.B.: Creo que el denominador común es el intento de que la gente reaccione frente al texto, ya sea a favor o en contra. Eso es lo que buscamos con la colección [sic], compuesta por estos libros de debate filosófico y político. Por otro lado, en las otras colecciones de ensayo buscamos en la medida de lo posible ofrecerle al lector lo mejor que hay de determinado tema desde el punto de vista de la manera como se edita, del autor y de la bibliografía referenciada. Es decir, buscamos darle al lector un punto de partida para que si le interesa ese campo luego pueda hacer una búsqueda en él.


Por lo demás, también buscamos entretener con nuestros libros. No se trata de la lectura como una disciplina. Tiene que ser una cosa que también entretenga y te produzca un placer porque la lectura es fundamentalmente un acto placentero.


M.G.: ¿Cómo ve el posicionamiento de Melusina entre las editoriales que manejan un registro similar al suyo y entre los lectores?


J.P.B.: Para serte sincero, el posicionamiento es un trabajo muy arduo. Posicionarse de cara a los libreros en mesa de novedades, a los distribuidores y a la crítica. Cada año que estás es una ventaja porque supone una continuidad y el crecimiento del catálogo pero es muy difícil hacerse un sitio. Yo opino que tienes que ofrecer una plusvalía en tus libros porque hay muchas editoriales que lo hacen muy bien. De alguna manera tienes que fijarte esa meta e intentar cumplirla como sea, lo cual no significa que lo consigas. Si no, no tiene razón de ser que repitas lo que ya están haciendo la mar de bien otras editoriales. En el fondo intentamos ofrecer un poquito más que las demás editoriales y conseguir que en cierta manera esto se reconozca. Por ejemplo muchos de nuestros libros llevan índices, que no es muy habitual y que presupone mucho trabajo y dinero. Entonces ese esfuerzo adicional es el plus que le ofreces al lector, quien termina valorándolo. Esto surge de una experiencia personal. ¿A quién no le ha pasado que hay algo en un libro que ha leído y que cuando va a buscarlo no lo encuentra? Un índice nunca va a solucionarte los problemas pero a lo mejor sí que puede ayudarte a encontrar la referencia de fulanito porque cuando lo buscas te encuentras con que fulanito aparece tantas veces en el libro y quizás te ahorra tiempo y la frustración de decir ‘es que leí aquello y por cualquier razón necesito localizar la cita’. Y claramente ésta es una limitación del soporte papel frente a las nuevas tecnologías porque allí lo encuentras todo en el acto. Intentamos generar esta plusvalía, que no siempre es posible.


M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?

J.P.B.: Ha sido la más apasionante y terrorífica a la vez. Creo que es un negocio muy difícil y que a la vez te da mucho en el plano tanto personal como profesional. Supongo que en todas las profesiones cuanto más difícil y más arriesgadas sean, los beneficios son exponencialmente mayores. Eso es lo que ocurre y creo que la edición es endiablada y tremendamente seductora a la vez.

Hemos empezado a exportar a Argentina de forma regular, también vendemos en México y en algún otro país centroamericano pero de forma irregular. Es una cosa muy gradual y creo que al final lo que paga es la constancia. El hecho de estar ahí, de mantener la línea y de seguir ampliando el catálogo.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que Melusina está preparando en este momento?

J.P.B.: Hace poco lanzamos Teoría King Kong, que forma parte de una línea por la que apuesta Melusina que, por llamarlo de una manera sucinta que puede parecer una caricatura, es la del postfeminismo —una especie de conjunción entre el feminismo y la teoría queer—. La autora es Virginie Despentes, que hace un planteamiento muy interesante en la medida en que propone un debate con respecto al feminismo, a las relaciones entre hombres y mujeres, a la prostitución, a la violación y a una serie de temas muy candentes.


Luego en la misma línea en mayo de 2008 sacaremos Vigilar y complacer, de una autora llamada Beatriz Preciado que es una de las pensadoras más destacadas del pensamiento queer en España y en el mundo. El libro es un estudio muy interesante sobre Hugh Hefner, el fundador de Playboy, como arquitecto y como diseñador de la casa del placer. Hefner es un personaje muy adelantado a su tiempo y a las nuevas tecnologías. Es el hombre que pone una televisión encima de su cama redonda y que trabaja desde su cama con su máquina de escribir. Un hombre realmente adelantado a su tiempo.


Sacaremos también Toda una vida, de Jan Zabrana y la biografía de Aleister Crowley —el gran ocultista del siglo XX, que es una figura de culto a tal punto que The Beatles lo incluyeron en la carátula de su álbum Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band—, escrita por Martin Booth.

2 comentarios:

Blumm dijo...

Gracias por la entrevista, Martín.
Aprecio a José Pons.

martín gómez dijo...

Espero que la hayas disfrutado.

Además de un excelente editor, José es una gran persona.

Seguimos...
Martín.