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martes, 9 de junio de 2009

el booker prize según tom maschler

Yo definiría Editor como un testimonio en el que desde su experiencia personal como editor Tom Maschler da cuenta de un período interesantísimo de la edición en Inglaterra, que cubre la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX. Se trata de un libro ameno, escrito en un tono descomplicado y lleno de anécdotas que toda persona interesada en la edición o en el mundo editorial debería leer por simple curiosidad.





Durante sus años como editor Maschler publicó a grandes autores tan distintos como Roald Dahl, Doris Lessig, Salman Rushdie, Bruce Chatwin, Julian Barnes, Ian McEwan, Martin Amis, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.


En Editor Maschler le dedica un breve apartado a la historia del Booker Prize y a la manera como se asigna el premio. Con respecto al premio, del cual él es uno de los creadores, dice Maschler:


‘Con el premio ya en la mano, quedaba pensar en los detalles de la organización. Propuse contar para su administración con la National Book League, a cuyo frente se hallaba Martin Goff, que desde entonces ha defendido magníficamente el premio. Estuvimos de acuerdo en reunir un jurado de cinco personas, una de las cuales lo presidiría, y creamos un comité para elegirlas. También convinimos en que los autores habrían de ser británicos o pertenecientes a la Commonwealth. Para empezar, la cuantía del premio sería de 5.000 libras y el fallo se comunicaría con una copa en el Guildhall. Se nos ocurrió, creo que con acierto, anunciar todos los años una lista de seis autores de la que saldría el ganador, con la intención de estimular las especulaciones sobre el fallo y también para que el método beneficiara no ya a un escritor, sino a seis. El jurado celebraría tres sesiones y en la tercera, un mes antes del día D, se elegirían los finalistas y el ganador, aunque el nombre de este último se mantendría en el mayor de los secretos’.


Editor, de Tom Maschler. pág. 146

Trama editorial

Madrid, 2009


Según dice Maschler al final del apartado que le dedica al premio, ‘cuando contemplo mi carrera de editor pienso que el Booker Prize ha sido mi aportación más útil y más duradera’.




Con ocasión de la salida de Publisher, en marzo de 2005 The Guardian publicó en su sección de libros un completo perfil de Maschler que recomiendo leer.


Al tema de los premios literarios ya me he referido en estas entradas anteriores. Interesante fijarse en las diferencias existentes entre el sistema de premios literarios en los ámbitos anglosajón, francófono e hispanohablante.


Nota: las negrillas son mías.

viernes, 3 de abril de 2009

notas sueltas [ 4 ] / lecciones de los desarrolladores de software para los editores, parecidos en portadas y el "idealismo mágico" de ángela becerra

Tim O’Reilly es una de esas personas que parece haber entendido de qué va ese rollo de la edición de contenidos en formato digital. De hecho, parece que O'Reilly Media ha encontrado un modelo de negocios que le ha permitido adaptarse exitosamente a los cambios que están teniendo lugar debido a la emergencia de los contenidos digitales y de los dispositivos electrónicos de lectura. Quizás el tema y la naturaleza de los contenidos que edita expliquen la capacidad de adaptación de O’Reilly Media frente al cambio tecnológico: ésta es la editorial de referencia de manuales de lenguajes de programación y software, textos de tipo modular cuyas partes pueden comercializarse perfectamente por separado —a diferencia, por ejemplo, de una novela—.




Hace poco O'Reilly publicó en su blog una entrada titulada “What Publishers Need to Learn from Software Developers” —“Lo que los editores necesitan aprender de los desarrolladores de Software”— sobre la discusión que tuvo lugar durante el proceso de producción de The Twitter Book. En ella O'Reilly cita a Andrew Savikas, que dice:


‘The more I think about it the more obvious it's becoming to me that the next generation of authoring/production tools will have much more in common with today's software development tools than with today's word processors.


Software developers spend enormous amounts of time creatively writing with text, editing, revising, refining multiple interconnected textual works —and often doing so in a highly distributed way with many collaborators. Few writers or editors spend as much time as developers with text, and it only makes sense to apply the lessons developers have learned about managing collaborative writing and editing projects at scale’.


***


En los blogs sobre publicidad es frecuente encontrar entradas que señalan parecidos sospechosos entre piezas nuevas y otras que han sido producidas en el pasado en el marco de campañas de productos distintos. Aquí van dos ejemplos de esto mismo en el ámbito de las portadas de libros: el primero de ellos salió hace casi un año en el blog de la librería Negra y Criminal y el segundo no hace mucho en The Book Design Review.






***


A propósito de la escritora colombiana Ángela Becerra, una autora de Planeta que acaba de ganar el III Premio Iberoamericano Planeta Casa América de Narrativa con la novela Ella que lo tuvo todo, se dice que es ‘la precursora del "idealismo mágico"’.




Si alguien sabe en qué consiste esta nueva corriente narrativa, le agradecería que me lo explicara.




jueves, 5 de febrero de 2009

una cuestión de derechos

Como dije en mi entrada de ayer, Sergio Vila-Sanjuán explica en Pasando página los cambios que produjo la agente literaria Carmen Balcells en el campo de la negociación de los derechos en la edición española.


Dice Vila-Sanjuán:


‘¿Cuáles son los cambios que Balcells ha propiciado? Principalmente son dos: acabar con los contratos indefinidos e introducir en el mercado del libro español los adelantos’. (Pasando página, pág. 130)



Pero el aspecto al que me refería ayer al hablar sobre las dificultades a las que deben enfrentarse los autores que escriben en castellano para ser publicados en otros países donde se habla su misma lengua es distinto y tiene que ver con la posibilidad de que editores diferentes publiquen una misma obra en distintos países hispanohablantes en lugar de que lo haga uno solo para América y España. Así explica Vila-Sanjuán esta práctica:


‘Es lo que se llama “partición de derechos”, que implica que un mismo libro, en castellano, puede ser vendido a varias editoriales diferentes de España y América creando una división territorial. La razón principal, argumenta Balcells, es que así se asegura una distribución efectiva, mientras que cuando los libros se vendían únicamente a una editorial española resultaban mal distribuidos al otro lado del Atlántico. Desde el punto de vista de Balcells, resulta absurdo desperdiciar el potencial de mercados en alza como el mexicano; hay que aprovecharlo al máximo. Ni que decir tiene que todas estas iniciativas representan auténticas revoluciones para el mercado del libro español y contribuirán decisivamente a configurarlo tal como es hoy’. (Pasando página, pág. 132)


El tema derechos universales para lengua castellana vs. derechos por partición geográfica me suscita varias preguntas:


¿Qué es más favorable para los autores hispanoamericanos que aspiran a que su obra sea conocida en países distintos del suyo donde también se habla castellano: que una editorial tenga los derechos para todo el ámbito hispanohablante o fragmentar los derechos por países? ¿Venderle los derechos universales en castellano de un libro a una sola editorial garantiza su circulación en todos los países? ¿Qué lleva a una editorial que ha comprado los derechos universales en castellano de un libro a moverlo sólo en unos países y a dejarlo quieto en otros? ¿Qué puede hacer un autor que le ha vendido los derechos universales en castellano de un libro suyo a una sola editorial si ésta no lo mueve en ciertos países? ¿Ganan más los agentes y los autores recurriendo al mecanismo de partición de derechos? ¿En qué medida la escogencia de uno u otro mecanismo de gestión de derechos afecta tanto a una editorial independiente como a los sellos pertenecientes a un gran grupo? ¿Qué diferencia existe entre las editoriales españolas y las hispanoamericanas en términos de poder de negociación a la hora de defender de cara a una agencia literaria su posición a favor de uno u otro mecanismo?


Sería bueno saber qué opinan al respecto los autores, agentes y editores a partir de su experiencia.


No es fácil entender por qué, como dice Javier Moreno en HermanoCerdo, conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible. Claramente la cosa no es tan sencilla como hablar de un mercado unificado o como decir que se está desperdiciando el potencial que en términos comerciales y culturales encierra el hecho de tener una masa crítica de cerca de quinientos millones de lectores cuya lengua materna es el castellano.

miércoles, 4 de febrero de 2009

¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?

‘Me sentía tentado a asomarme al otro lado, a ver qué había allí. Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero ¿qué significaba “diferente”? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? Pero, en el fondo, mi más ardiente deseo, mi anhelo tentador y torturador que no me dejaba tranquilo, era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión cruzar la frontera. Cruzarla y volver enseguida, con eso —pensaba— me bastaría, saciaría esa inexplicable y, sin embargo, muy acuciante sed psicológica’.

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński. pp. 16 – 17

Anagrama

Barcelona, 2006


***



Hace poco Javier Moreno escribió en HermanoCerdo una nota llamada “El nuevo rostro de las letras dominicanas” en la que hablaba acerca de lo difícil que es encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región debido a que las editoriales que los publican no hacen el esfuerzo de llevarlos ni siquiera a los territorios vecinos —muchas veces apenas los mueven en los suyos propios—. Javier dice lo siguiente:


‘Es una lástima que buena parte de estos autores jamás trasciendan las fronteras de su país. Ojalá que encontráramos maneras de mover sus trabajos. Lo más triste es que este no es ni siquiera un fenómeno aislado: conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible, y lo mismo ocurre de, digamos, Caracas a Chile. ¿Cómo conseguir literatura joven ecuatoriana en el DF? Son poquísimos los autores latinoamericanos que logran liberarse de sus fronteras políticas y casi siempre ocurre mediante publicaciones en España (detalle que hace todo esto más absurdo, si posible.) Considerando que todos hablamos más o menos el mismo idioma, la falta de distribución no es sólo insultante sino terriblemente torpe: el mercado de todas esas editoriales en español podría multiplicarse varias veces si se aliaran y montaran esquemas efectivos de distribución y promoción internacional’.




Aunque parezca ridículo, cuando un autor latinoamericano quiere atravesar la frontera hacia su país vecino o darse a conocer en cualquier otro lugar de la región lo normal es que sólo lo consiga una vez haya saltado el charco. En una entrada del 25 de octubre de 2007 titulada “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?” hice la siguiente afirmación:


‘En síntesis, premios como el Herralde, el Alfaguara o el Biblioteca Breve ponen en evidencia que tal vez la obtención de algún tipo de reconocimiento en España sea la mejor forma que tienen los escritores hispanoamericanos de darse a conocer en los países vecinos. Aunque en apariencia es una paradoja que estos escritores tengan que pasar por España para poder atravesar la frontera que los separa del país de al lado, a la larga esta lógica tiene mucho sentido debido tanto al tamaño de la industria editorial española como a la influencia que ésta ejerce en Hispanoamérica’.


Releyendo esta entrada me doy cuenta de que hay dos elementos que en ese momento no tuve en cuenta:


- en primer lugar, los mecanismos que utilizan los agentes literarios para la gestión de los derechos en el ámbito hispanohablante: universal para lengua castellana o por partición geográfica.


A quienes estén interesados en este tema al que espero referirme en una próxima entrada, les recomiendo leer el apartado “El reinado de Carmen Balcells” de Pasando página. Allí Sergio Vila-Sanjuán explica los cambios que ha propiciado en la gestión de derechos en castellano esta agente literaria que, según el autor, marca un antes y un después en la edición española —y de la que tanto se ha vuelto a hablar debido a su negocio en el ámbito de los contenidos digitales—.





- en segundo lugar, el papel que han jugado ciertas revistas como Etiqueta negra, El malpensante, Letras libres, Quimera, Gatopardo e incluso SoHo —y ahora HermanoCerdo, eso está claro— a la hora de dar a conocer a autores de otros países latinoamericanos allí donde se publican y, en ocasiones, en un ámbito más amplio gracias a sus Websites.


En su nota Javier llega a una conclusión que me gusta mucho porque se deriva de su actitud de no limitarse a quejarse y de hacer el esfuerzo de plantear soluciones o por lo menos de prever posibles escenarios futuros:


‘Hay un mundo mejor, no muy lejos de acá, con una tienda Amazon (o similar) especializada en Latinoamérica. Eso ya sería un buen paso hacia una posible unificación. La impresión bajo demanda y el uso inteligente de la red por parte de las editoriales también pondrán su granito de arena en este proceso’.

jueves, 30 de octubre de 2008

el premi llibreter de narrativa 2008 es para botchan, de natsume sōseki (publicado por impedimenta)

El Gremi de Llibreters de Barcelona i Catalunya acaba de anunciar en una rueda de prensa que el libro premiado en la categoría de narrativa del Premi Llibreter 2008 es Botchan, de Natsume Sōseki —publicado en castellano a principios de año por Impedimenta y reeditado más adelante en catalán por Proa, que lo había sacado en 1999—. Hay que decir que la intención del Premi Llibreter consiste en reconocer el mérito de libros que los libreros consideran buenos pero que no han tenido el impacto que deberían en parte porque sus editores no disponen de los medios necesarios para promocionarlos que sí tienen las grandes editoriales.



Resulta interesante el hecho de que durante los tres últimos años este premio se lo hayan llevado libros publicados por pequeñas editoriales independientes con líneas muy claramente definidas:


- 2006: El quinto en discordia, de Robertson Davies (Libros del asteroide)


- 2007: Hace mil años que estoy aquí, de Mariolina Venezia (Gadir)


- 2008: Botchan, de Natsume Sōseki (Impedimenta)


La persona encargada de presentar el premio de narrativa afirmó que hasta el último momento el jurado estuvo indeciso entre Botchan y Tannöd, el lugar del crimen, de Andrea Maria Schenkel, pero que un elemento que jugó a favor del libro de Sōseki fue el proyecto de Impedimenta en su conjunto.


Vale la pena destacar que el primer libro de Impedimenta salió al mercado hace un año y que desde entonces ha mantenido un ritmo de publicación bastante intenso con títulos bien seleccionados y ediciones en las que no se descuida ningún detalle.



El verano pasado leí Botchan y me pareció una novela lindísima. Había recibido el libro apenas salió pero no me había atrevido a hacerlo antes porque temía encontrarme con ese ritmo pausado y tan apegado a la imagen de la narrativa japonesa. Sin embargo, cuando lo empecé me encontré con algo completamente distinto y quedé enganchado desde el primer momento.


Felicitaciones a Enrique Redel y a su equipo por este merecido reconocimiento.




***


El libro premiado en la categoría de Àlbum il·lustrat del Premi Llibreter de este año fue Fill de rojo, de Joan Portell e Ignasi Blanch —publicado por Tantàgora—.

martes, 16 de septiembre de 2008

notas de la rentrée littéraire [ 7 ] / 676 novelas: ¿cómo conseguir algo de visibilidad?

Si en Francia durante la rentrée littéraire de este año se publicaron 676 novelas de un sólo golpe —ojo, solamente novelas—; si por todas partes todo el mundo está hablando todo el tiempo de novedades editoriales; si la gente tiene poco tiempo para leer periódicos, revistas y blogs; en fin, si pasan todas estas cosas, ¿cómo consigue una novela tener algo de visibilidad?



A continuación presento algunos factores que pueden contribuir —sobra aclarar que no estoy diciendo nada nuevo— en la medida en que son susceptibles de desencadenar un fenómeno de boca - oreja:


- Cuando se trata de un autor consagrado o por lo menos con una cierta trayectoria, esa notoriedad que le da su nombre a su novela ya le proporciona a ésta una ventaja enorme con respecto a las 675 restantes. Pienso en autores de hoy en día tan distintos como Pascal Quignard, Marc Levy, Maurice Dantec, Fred Vargas o Jean Echenoz.


- Si el autor —consagrado, en proceso de serlo o novel— es una figura pública o que tiene un perfil mediático y un particular gusto por el escándalo, la ventaja puede ser aún mayor que en el caso anterior. Así lo demuestran figuras como Michel Houellebecq, Frédéric Beigbeder, Pierre Assouline o Catherine Millet.


- Un comentario por parte de un líder de opinión —sea en una revista especializada, en la prensa generalista o en un blog— o la invitación del autor a un programa de televisión también puede ayudar de una manera nada despreciable. Esto es particularmente importante en Francia, un país en el que la gente del común lee bastante y tiene una fuerte inclinación a sostener conversaciones densas incluso en torno a los temas más banales y donde históricamente la división entre “la alta cultura” y la cultura mediática no ha sido tan tajante.


- Finalmente estarían las recomendaciones de las librerías y las listas de finalistas de los premios literarios, en las que suele haber algunas coincidencias y se mezclan autores y obras de todo tipo. La semana pasada me referí a las recomendaciones de las grandes cadenas Virgin Megastore – Le Furet du Nord y Fnac. Por otro lado, el blog Prix Littéraires está informando sobre los listados de finalistas de los premios literarios que se entregan en esta época:


- Prix Goncourt

- Prix de Flore

- Prix Wepler-Fondation La Poste

- Prix Médicis (francés y extranjero)

- Prix Renaudot

- Prix Femina (francés y extranjero)



Si en un autor se conjugan varios de estos factores, es muy probable que su novela se meta rápidamente en los listados de los libros más vendidos. En ese momento entrará en un círculo virtuoso que por inercia generará más ventas y éstas, a su vez, seguramente le permitirán cobrar un adelanto un poco mayor por su próximo libro así como algo más de dinero por los derechos de éste.

martes, 13 de noviembre de 2007

notas sobre el cóctel de entrega del premio herralde de novela

Valèria Macías me envía una invitación al cóctel de entrega del Premio Herralde de Novela, al cual ni por un momento se me ocurre dejar de asistir. Cómo no hacerlo después de que durante varios años tuve la costumbre de 'recorrer a paso lento los estantes de las librerías y de detenerme cada vez que a mi ojo se le atravesaba uno de esos lomos marcados con el logo de Anagrama’ y de ‘apostar a ojo cerrado por cualquier cosa que tuviera el sello de la editorial barcelonesa’.


Más que el nombre del ganador o las razones que fundamentan la decisión del jurado, en un principio lo que realmente me interesa es ir a echarle un ojo a lo que pasa en el St. Rémy —un restaurante ubicado en el número 12 de la calle Iradier, en la zona alta de Barcelona— antes y después de la entrega del premio.



En la entrada Jorge Herralde y Lali Gubern reciben a sus invitados. A primera vista distingo algunas caras. Se trata en su mayoría de algunos de los miembros más emblemáticos de “la gauche divine”, ese mítico grupo de artistas e intelectuales acomodados que surgió en Barcelona durante el ocaso del franquismo. Todavía no me encuentro con nadie conocido, así que me doy una vuelta por el salón durante la cual me toca hacer una finta para no tropezarme con Enrique Vila-Matas.


En algún momento todos los que me rodean esperan su turno para abrazar a una mujer mayor que gesticula exageradamente. Es Inge Feltrinelli, que lleva unas gafas de sol sobre su pelo de color encendido, tiene mucho maquillaje en su rostro bronceado un poco más de la cuenta y va vestida de una manera bastante colorida.


Desde donde estoy veo llegar al agente Guillermo Schavelzon, a Antonio Ramírez de La Central, a Esther Tusquets, a Eduardo Mendoza y a Beatriz de Moura, que van repartiendo saludos mientras atraviesan el salón. Un hombre de aspecto alicaído que lleva un sweater de rombos da vueltas por toda el salón, como buscando con quién hablar. Se me parece a Alfredo Bryce Echenique pero no estoy del todo seguro de que sea él.


Al resto de personas no las distingo. Deben ser editores, encargados de derechos, jefes de prensa, agentes, scouts, traductores, autores, distribuidores, libreros, gestores culturales, periodistas y figuras políticas locales. Mientras que los seniors hablan pausada y discretamente, los juniors hacen ademanes un tanto histriónicos. Van tan bien vestidos y arman tanto alboroto porque saben que son el futuro de esta industria en la que poco a poco se va produciendo un relevo generacional.


Subo a la segunda planta del St. Rémy, donde hay muy poca gente y se puede respirar mucho mejor. En algún momento una voz masculina con un timbre bastante agudo pide hacer silencio y anuncia que se va a entregar el premio —cuyo resultado se conoce desde el mediodía—. Cuando me asomo por la barandilla para ver hacia el lugar que atrae la atención de todos descubro con sorpresa que quien habla es Jorge Herralde, cuya contextura robusta todavía no acaba de encajarme con su voz —que siempre imaginé firme y potente—. El editor de Anagrama destaca que desde 2003 todos los ganadores y una buena parte de los finalistas del premio han sido hispanoamericanos, se refiere al significado que tiene el Herralde de Novela, presenta al jurado, saluda a Inge Feltrinelli y le da la palabra a un funcionario del Ajuntament de Barcelona que hace un discurso oficial —es decir, políticamente correcto y soso— sobre la importancia que tiene el premio para la ciudad. A continuación se presenta tanto al ganador como al finalista, ambos pasan al frente, se les dedica un breve aplauso y se les da la palabra. Sin embargo, el resurgir de la conversación indica que a nadie parece interesarle lo que dicen.



Más adelante me encuentro con Isabel Núñez, con Subal Quinina y Mariana, con Patricia Escalona y con una amiga mexicana que acaba de enterarse de que el finalista era uno de los reporteros de su equipo de trabajo cuando ella era editora en un periódico de Guadalajara. Isabel, Patricia y mi amiga mexicana se van cada una por su lado. A varios metros veo a Valeria Bergalli y aunque quiero ir a saludarla soy consciente de que en ese momento desplazarme hasta donde ella está es imposible.


Mientras comentamos con Mariana cómo son estos eventos en Colombia y Venezuela, Subal se ponen a hablar con alguien que cuando me sumo a la conversación me entero de que es ni más ni menos que el Llibreter. Amb la Mariana ens posem a parlar en català para hacerles un guiño cultural a Subal y al Llibreter. Aunque después de un par de frases bien dichas es imposible hablar fluida y correctamente, Mariana i jo parlem una mica mes però molt malament. ¡Quina vergonya amb els companys catalanoparlants!


Los camareros atraviesan el lugar llevando bandejas llenas de mini bikinis, buñuelitos de bacalao, pinchos de gambas y toda clase de canapés sin detenerse por donde estamos nosotros. El efecto de las copas empieza a notarse en el aumento del volumen de la conversación y en la progresiva pérdida de la rigidez inicial. El salón de abajo empieza a desocuparse y veo que el hombre que se me parece a Bryce Echenique finalmente ha encontrado con quién hablar.


A estas alturas sólo quedamos los pringaos que queremos pillar hasta la última croqueta y cerciorarnos de vaciar todas las botellas antes de irnos. De repente se bajan las luces y los camareros empiezan a recogerlo todo. Caminamos con Mariana, Subal y el Llibreter hasta los ferrocarriles de Sarriá. Mientras vamos en el tren hacia Plaza Catalunya Subal me dice que espera leer pronto mi crónica del cóctel y yo le respondo que no existe la más remota probabilidad de que la haga.


Tal vez la frivolidad de un evento social nos impida ver la importancia que tiene como fuente de legitimación de aquello que se celebra: bautizos, cumpleaños, primeras comuniones, graduaciones, matrimonios, funerales y premios literarios. Invitar a los demás a celebrar con nosotros es hacerlos partícipes de nuestros triunfos pero también la oportunidad perfecta para ufanarnos públicamente de estos.



Aunque es cierto que Jorge Herralde ha demostrado ser un anfitrión generoso con sus invitados, vale la pena destacar que ante todo es un gran editor cuyo agudo olfato le ha permitido construir a lo largo de casi 40 años su gran obra: el catálogo de Anagrama.

sábado, 10 de noviembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 55 ] / los premios literarios franceses 2007 según jean françois fogel

Como es un tema que me interesa muchísimo, reproduzco una reflexión que publica en su blog el periodista francés Jean François Fogel sobre los premios literarios a partir de lo que está sucediendo en Francia en relación con la versión 2007 los premios Goncourt, Renaudot y de Flore —marcados por la polémica que ha producido el caso Amélie Nothomb—.


Premios


Cada año crece la semblanza entre los premios literarios franceses y Le Tour de France. Nadie pone en duda la existencia de Le Tour de France. Sus ciclistas invaden los televisores durante tres semanas cada verano. Es todo un espectáculo. Sudor de los participantes, gritos de los espectadores, paisajes asombros de las montañas francesas, y tremenda cobertura de los escándalos del dopaje por la prensa: no falta nada. Pero somos incapaces de recordar quien ganó. Ni por cuánto tiempo, pues se da la victoria a uno, se la quita, se nombra a otro vencedor en el invierno, en un pueblito de no sé dónde cuando ya se terminó la temporada ciclista. En el final, mucho Tour de France y poco deportes.


Pasa lo mismo con los premios literarios. Cada año tenemos más artículos, más ruido, más escándalos y, lógicamente, menos literatura. El problema, el año pasado, fue la presencia de una verdadera novela, Las benévolas de Jonathan Littell. Consiguió dos premios y creó un tremendo malestar al recordar que la lucha para conseguir galardones literarios en Francia se parece a la guerra de las Malvinas según Borges: una pelea de calvos por un peine.


Imposible no pensar en esto al descubrir en las librerías las clásicas cintas sobre la tapa de dos libros. “Premio Goncourt”, “Premio Renaudot”. El Premio Goncourt se entregó en la vuelta catorce de la votación a una novelita sobre Zelda Fitzgerald: Alamaba Song de Gilles Leroy. Y el premio Renaudot fue para Chagrin d’école de Daniel Pennac, después de diez votaciones consecutivas. Para ambos premios: rumores de todo tipo, gritos de los amigos o editores y sospechas generalizadas de maniobras tramposas.


Si une quiere entender lo vergonzoso hay que recordar que el Goncourt es para un libro muy mediocre sobre un tema agotado. El Renaudot, por su parte, es para un libro que no figuraba en la lista de las obras preseleccionadas por el jurado. Como siempre, Pierre Assouline lo explica en su blog para los que leen el francés. En alemán, hay un excelente artículo en la Frankfurter Allgemeine Zeitung que revela lo que fue la última maniobra de Michel Tournier (novelista que habla muy bien alemán y muy conectado con Alemania) para imponer al jurado del Goncourt elegir a Amélie Nothomb que tampoco figuraba en la lista pre-seleccionada. (Como ella consiguió ayer el pequeño premio del Flore se dice que es una compensación y que tampoco lo merece…).


¿Cuál será el resultado de estos premios? Ya lo conozco: yo vi personas comprando el libro de Leroy. Tal como no le fue mal al Tour de France las audiencias de televisión cuando su líder tenía que huir por la noche sin su bicicleta. Los líderes de los premios literarios son muy parecidos: no tiene que huir pero tampoco serán recordados. Muchos premios y poca literatura.

lunes, 5 de noviembre de 2007

sobre el prix goncourt y el premio herralde de novela, que se entregan hoy

Hoy se entregan en Francia y en España dos premios que representan cada uno a su manera una referencia fundamental en el ámbito de la narrativa contemporánea: el Prix Goncourt y el Premio Herralde de Novela —a cuya entrega asistiré esta noche—.


Y digo ‘cada uno a su manera’ porque cada premio tiene sus propias particularidades en relación con aspectos tan diversos como la naturaleza de la organización que lo otorga, su trayectoria, su prestigio y su repercusión a nivel nacional e internacional, sus criterios para definir el tipo de obras que pueden participar y su forma de premiar al ganador.


La versión en francés de Wikipedia define el Prix Goncourt de la siguiente manera:


‘El Prix Goncourt es un premio literario francés que recompensa a los autores en lengua francesa (no necesariamente de nacionalidad francesa), creado por el testamento de Edmond de Goncourt en 1896. La Société Littéraire des Goncourt (Sociedad Literaria de los Goncourt) se fundó oficialmente en 1902 y el primer Prix Goncourt fue otorgado en 21 de diciembre de 1903.


El Prix Goncourt, creado para recompensar cada año “la mejor obra de imaginación en prosa aparecida durante el año” es atribuido casi exclusivamente a una novela. Es el premio francés más prestigioso. El premio mismo es simbólico —diez euros— pero la notoriedad destinada al autor premiado, que verá su obra acceder a los palmares de las mejores ventas, es una recompensa muy codiciada’.


La siguiente es la short list de la versión de este año del Prix Goncourt:


- A l'abri de rien, de Olivier Adam

- Le rapport de Brodeck, de Philippe Claudel

- Le canapé rouge, de Michèle Lesbre

- La passion selon Juette, de Clara Dupont-Monod

- Alabama Song, de Gilles Leroy


La versión en español de Wikipedia, por su parte, define el Premio Herralde de Novela así:


‘El Premio Herralde de Novela es concedido anualmente en España por la Editorial Anagrama a una novela inédita en lengua castellana, distinguiendo también a un finalista.


Creado en 1983, toma su nombre de Jorge Herralde, fundador y dueño de la editorial. La dotación en 2006 es de 18.000 euros y publicación para el ganador, y publicación para el finalista. De igual forma, habitualmente suele editarse también la novela clasificada en tercer puesto. Se entrega en noviembre del año respectivo’.


De acuerdo con el diario Milenio, de México, la siguiente es la short list de la versión de este año del Premio Herralde de Novela:


- Ciencias morales, de Miguel Cané *

- Novela total, de Pablo Tenembaum *

- Volveré y conmigo el fuego, de Francisco Calderón *

- En qué piensas cuando no piensas en nada, de Rictus Ceballos *

- La velocidad, de Alfonso Yánez *

- La profecía, de Roberto Echavarren *

* seudónimos


Las diferencias fundamentales entre ambos premios son las siguientes:


En primer lugar, el tipo de obras premiadas: mientras que el Goncourt es un premio a obras publicadas, el Herralde premia manuscritos inéditos —un aspecto que se les critica con toda razón a los grandes premios de España—.


En segundo lugar, el tipo de premio que recibe el ganador: mientras que el reconocimiento en el Goncourt se basa en el prestigio del premio mismo —a tal punto que el autor galardonado no recibe más que la suma simbólica de diez euros—, en el caso del Herralde se basa tanto en la reputación del premio como en la publicación de la obra y en un incentivo económico significativo.


Y, por último, la naturaleza de la organización que lo otorga: mientras que en el Goncourt la iniciativa proviene de una organización colegiada que no pertenece al sector de la edición, en el Herralde corre por cuenta de una editorial.