miércoles, 4 de febrero de 2009

¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?

‘Me sentía tentado a asomarme al otro lado, a ver qué había allí. Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero ¿qué significaba “diferente”? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? Pero, en el fondo, mi más ardiente deseo, mi anhelo tentador y torturador que no me dejaba tranquilo, era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión cruzar la frontera. Cruzarla y volver enseguida, con eso —pensaba— me bastaría, saciaría esa inexplicable y, sin embargo, muy acuciante sed psicológica’.

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński. pp. 16 – 17

Anagrama

Barcelona, 2006


***



Hace poco Javier Moreno escribió en HermanoCerdo una nota llamada “El nuevo rostro de las letras dominicanas” en la que hablaba acerca de lo difícil que es encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región debido a que las editoriales que los publican no hacen el esfuerzo de llevarlos ni siquiera a los territorios vecinos —muchas veces apenas los mueven en los suyos propios—. Javier dice lo siguiente:


‘Es una lástima que buena parte de estos autores jamás trasciendan las fronteras de su país. Ojalá que encontráramos maneras de mover sus trabajos. Lo más triste es que este no es ni siquiera un fenómeno aislado: conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible, y lo mismo ocurre de, digamos, Caracas a Chile. ¿Cómo conseguir literatura joven ecuatoriana en el DF? Son poquísimos los autores latinoamericanos que logran liberarse de sus fronteras políticas y casi siempre ocurre mediante publicaciones en España (detalle que hace todo esto más absurdo, si posible.) Considerando que todos hablamos más o menos el mismo idioma, la falta de distribución no es sólo insultante sino terriblemente torpe: el mercado de todas esas editoriales en español podría multiplicarse varias veces si se aliaran y montaran esquemas efectivos de distribución y promoción internacional’.




Aunque parezca ridículo, cuando un autor latinoamericano quiere atravesar la frontera hacia su país vecino o darse a conocer en cualquier otro lugar de la región lo normal es que sólo lo consiga una vez haya saltado el charco. En una entrada del 25 de octubre de 2007 titulada “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?” hice la siguiente afirmación:


‘En síntesis, premios como el Herralde, el Alfaguara o el Biblioteca Breve ponen en evidencia que tal vez la obtención de algún tipo de reconocimiento en España sea la mejor forma que tienen los escritores hispanoamericanos de darse a conocer en los países vecinos. Aunque en apariencia es una paradoja que estos escritores tengan que pasar por España para poder atravesar la frontera que los separa del país de al lado, a la larga esta lógica tiene mucho sentido debido tanto al tamaño de la industria editorial española como a la influencia que ésta ejerce en Hispanoamérica’.


Releyendo esta entrada me doy cuenta de que hay dos elementos que en ese momento no tuve en cuenta:


- en primer lugar, los mecanismos que utilizan los agentes literarios para la gestión de los derechos en el ámbito hispanohablante: universal para lengua castellana o por partición geográfica.


A quienes estén interesados en este tema al que espero referirme en una próxima entrada, les recomiendo leer el apartado “El reinado de Carmen Balcells” de Pasando página. Allí Sergio Vila-Sanjuán explica los cambios que ha propiciado en la gestión de derechos en castellano esta agente literaria que, según el autor, marca un antes y un después en la edición española —y de la que tanto se ha vuelto a hablar debido a su negocio en el ámbito de los contenidos digitales—.





- en segundo lugar, el papel que han jugado ciertas revistas como Etiqueta negra, El malpensante, Letras libres, Quimera, Gatopardo e incluso SoHo —y ahora HermanoCerdo, eso está claro— a la hora de dar a conocer a autores de otros países latinoamericanos allí donde se publican y, en ocasiones, en un ámbito más amplio gracias a sus Websites.


En su nota Javier llega a una conclusión que me gusta mucho porque se deriva de su actitud de no limitarse a quejarse y de hacer el esfuerzo de plantear soluciones o por lo menos de prever posibles escenarios futuros:


‘Hay un mundo mejor, no muy lejos de acá, con una tienda Amazon (o similar) especializada en Latinoamérica. Eso ya sería un buen paso hacia una posible unificación. La impresión bajo demanda y el uso inteligente de la red por parte de las editoriales también pondrán su granito de arena en este proceso’.

18 comentarios:

Apelaez dijo...

Esta bueno. La propuesta de javier con el tema digital y la impresión por demanda puede servir.

Lo que parece claro es que a punta de libro tradicional las fronteras no se eliminarán. Un libro de un autor joven latinoamericano no vende más de 2000 unidades, solo tiene sentido comercial llevar ese libro a otros paises si tiene un exito mas o menos probado en la tierra del autor. Tal vez por eso es que los autores locales se quedan en sus paises. Una edición latinoamericana tendría que garantizar la venta de por lo menos 10.000 ejemplares, para que valga la pena, no?

Otra cosa, a través de los blogs yo he conocido varios autores latinoamericanos que jamás conocería -o leería- de no ser porque escriben cosas en sus bitacoras. Pero claro, ese es otro asunto, porque ahi no publican sus obras literarias sino más bien ensayos y notas cortas.

martín gómez dijo...

De acuerdo con Javier y con usted en que el recurso a la edición digital y a la impresión bajo demanda representan una solución óptima para que la iniciativa de sacar a los autores de sus países de origen sea viable.

Chévere que se refiera a lo de los blogs porque justamente la posibilidad de conocer a autores de otros países que están en proceso de formación a través de éstos y de Websites de revistas es otra forma de romper con ese bloqueo. Además de ser buenas vitrinas, allí también se hace eco de vainas tipo showbiz como Bogotá 39 o el Hay Festival, ¿no?

Claro, eso no garantiza que un escritor de 34 años vaya a vender más de 800 ejemplares de su tercera novela ni siquiera en su propio país. Sólo ciertos libros de autores tipo Santiago Gamboa, Jorge Franco o Mario Mendoza a los que siguen vendiendo como jóvenes deben superar (quizás en algunos casos con creces) el umbral de los 2000 ejemplares en ventas.

No creo que ni el éxito en su país de origen ni un premio contribuyan por sí solos a que el autor funcione comercialmente en otros países. Pero este éxito y un premio sí que le dan un cierto reconocimiento a su nombre y una cierta altura al "fracaso". En ese sentido la realización de una película basada en uno de sus libros o la aparición de textos suyos en revistas de nicho pueden ser más eficaces.

Y si se juntan todas las anteriores, pues tenemos las condiciones propicias para llevar al autor al extranjero y para que venda entre 300 y 500 ejemplares de algún libro en un país que no es el suyo.

Javier Moreno dijo...

Aquí me extendí un poco más al respecto.

Gracias por la mención, Martín. :)

Apelaez dijo...

Por ejemplo, yo descubrí a Javier por su blog, y gracias al mismo, pude leer pedazos de su buen libro. Traté de comprarlo y no lo conseguí en un par de librerias, así que desistí de comprarlo y de paso, de leerlo.

Una lástima que ese libro no tenga una versíon electrónica o que aplicará algunas de las novedosas técnicas de distribución de las que hicimos referencia. Y eso que yo vivo en Bogotá, los que andan en otros lados estan completamente jodidos

martín gómez dijo...

No, Javier, no hay de qué. El post en HermanoCerdo ameritaba referencia en [ el ojo fisgón ] y la tenía pendiente desde la semana pasada.

Un abrazo.
Martín.

martín gómez dijo...

Peláez, fíjese cómo son las cosas: un ejemplo cercano nos da indicios de que no estamos meando fuera del tiesto...

Javier Moreno dijo...

Alejandro, creo que en la Lerner se consigue (o al menos ahí lo han conseguido todos los que me han preguntado por él). Es cuestión de preguntarle al encargado.

martín gómez dijo...

Estimado Javier: perdone, pero esto no es un tablón de avisos clasificados ;)

Javier Moreno dijo...

Me faltó agregar, entonces, que no me pagan ni un céntimo por cada libro vendido. :P

martín gómez dijo...

¿Podríamos decir que este comentario es un complemento a lo que dice en la entrada "Hacia una nueva visión de la edición (Notas dispersas)": 'Pensaba ayer, mientras lo leía, en la insistencia frecuente entre los comentaristas literarios en la supuesta influencia negativa del mercado (o lo comercial) en la calidad de los productos disponibles en las librerías. A veces sospecho que detrás de esa opinión hay una de esas teorías románticas antisistema que pregona la precariedad del oficio artístico como única vía hacia su dignificación'?

¿Quién dijo precariedad? Y tan glamouroso que parece este mundillo...

Javier Moreno dijo...

Así es la vida de dura. Menos mal que yo no vivo de eso.

(Aunque dudo de que Eafit se esté enriqueciendo con la publicación de ese libro.)

martín gómez dijo...

Sí, afortunadamente usted sabe hacer cosas bien valoradas (no necesariamente útiles, como me lo ha dicho varias veces) y puede darse el lujo de prescindir de preocuparse por contratos, porcentajes y royalties.

Claramente Eafit no está forrándose con su libro pero para ellos eso no debe ser ningún dolor de cabeza porque seguramente su apuesta va por otro lado. Al ser una universidad privada no debe tener esa idea de las públicas de que la rentabilidad no importa, así que me imagino que está apostándole a la búsqueda de reconocimiento como una editorial que además de rescatar clásicos antioqueños como Tomás Carrasquilla o Manuel Mejía Vallejo descubre nuevos talentos.

Maria dijo...

Habláis de los problemas de mercado y distribución, pero creo que debemos preguntarnos antes por el interés real que existe entre los lectores -no ya ocasionales, sino habituales- por lo que se escribe en español. Qué interés suscita la creación y el pensamiento en español en el mundo hispanohablante. Yo creo que muy poco. Dentro de cada país, se hace "algo" de caso a los autores nacionales (y sólo a algunos) y se acabó.

En España. "España da la espalda a América Latina". Se trata de una frase que hace año y medio escuchamos repetidamente de distribuidores y libreros cuando presentamos Veintisiete Letras. Y que seguimos escuchando. ¿Por qué no interesa a los lectores españoles lo que se escribe en nuestro idioma? No hablo sólo de autores jóvenes. Hablo de obras consagradas por la crítica, de clásicos vivos, de premios nacionales… ¿Por qué no son "tendencia" las letras hispanoamericanas? Aclaro que los autores españoles sólo funcionan a medias…

Son varias las razones que se me ocurren: un desprecio (o poco aprecio) por el idioma en sí mismo y por el placer de leer en "versión original"; los manidos efectos del boom, que son muy reales y parecen haber saciado el interés de generaciones y generaciones posteriores de lectores; la radical falta de curiosidad por la cultura contemporánea latinoamericana: sería precisa una integración más natural, más viva y visible de sus manifestaciones en la vida cultural cotidiana de nuestro país (ahora se limita a ciertas esferas e instituciones en absoluto influyentes en la opinión pública); y también, hay que decirlo, los prejuicios con los que hoy un españolito se relaciona con la realidad iberoamericana, relación muy condicionada por el fenómeno de la inmigración.

Por mucha apuesta que hagamos las editoriales y por muy razonable que sea el espacio que dedican los medios a estas obras, si los hispanohablantes no tenemos interés en leer español "original", poco más se puede hacer.

Un abrazo,
María.

Javier Moreno dijo...

Buena aclaración, María. A Herralde lo escuché decir algo muy parecido alguna vez. Sospecho, sin embargo, que la observación no se extiende a América Latina.

En Latinoamérica la defensa de "lo propio" no es tan acentuada (al menos a nivel de idioma y literatura) como en España (tan es así que los autores latinoamericanos que publican en España -no importa de dónde sean- luego se venden con mediano éxito en toda latinoamérica. De hecho casi cualquier autor español medianamente serio de una editorial con interés por el mercado americano (esto es, que distribuya) se consigue en Bogotá o Lima o Quito o México D.F. sin mucha dificultad)). Naturalmente hay una predilección por los autores locales ("porque hablan de uno") pero esta nunca llega al nivel de impedir que autores extranjeros no lleguen y se vendan.

El mercado está ahí.

Maria dijo...

No sé, no sé... Os doy un dato más para la reflexión: nosotros hemos empezado a exportar libros a Hispanoamérica a través de una empresa española. Aunque nuestro catálogo es muy pequeño aún (14 títulos),los autores americanos tienen un protagonismo clarísimo. No se trata de autores noveles, sino de escritores con amplia reputación y obra en sus respectivos países. Su recepción crítica en España ha sido muy buena (han tenido una más que razonable repercusión en prensa). Y, sin embargo, a nuestro exportador sólo le llegan pedidos de México, Colombia o Perú referidos a la "cara b" del catálogo: clásicos como Trotsky, Colette o Rougemont. Ningún interés por los demás.

Javier Moreno dijo...

Yo sospecharía que detrás de esos pedidos no hay estudios de mercado sino prejuicios y comodidad de los distribuidores. Al fin y al cabo, publicitar un clásico siempre es más fácil que presentar y popularizar un autor contemporáneo sin suficiente nombre.

Un problema adicional es el precio: En pesos colombianos los libros de Veintisiete Letras deben ser medianamente caros. Conozco distribuidoras de libros pubicados en España que etiquetan sus libros con un precio en pesos que es casi dos veces el precio en euros en España. Eso definitivamente reduce el atractivo de los libros importados.

Y bueno, hay muchos factores más. El problema ciertamente no se restringe a la distribución: La literatura en latinoamérica es en últimas un negocio con un público limitadísimo, con poca publicidad y con nulos espacios divulgación por fuera de los libros editados por los grandes grupos editoriales.

René López Villamar dijo...

Falta agregar entre los prejuicios hacia Latinoamérica que somos países pobres con muy poco dinero y por tanto no compramos libros y mejor los pirateamos.

¿Hay interés en autores españoles en Latinoamérica? No sé. Lo que sí se es que en la Ciudad de México lo hay. Sin ir muy lejos, toda la movida Nocilla interesa mucho, aunque ni un sólo libro se distribuya en México, se consiguen por internet o por encargo porque interesa. Otro ejemplo, Javier Moreno interesa.

Claro que nos interesa lo que sabemos que existe, por revistas o periódicos y -cada vez más- por internet. Si no tenemos la menor idea de qué es, no nos puede interesar.

En los libreros, que cada vez son más pocos los buenos libreros, el caso quizá sea distinto. Pero sí, dudo mucho que no compren autores porque sepan lo que el público quiere.

La solución de Javier (Tienda tipo Amazon especializada en lit. de todas las latitudes hispanohablantes + impresión digital + difusión por internet) me parece óptima. Lo discutía acá. Estoy seguro de que funcionaría. Tanto así que (como editor semi-pro) me estoy preparando para ese escenario.

martín gómez dijo...

Claro, pobres Repúblicas Bananeras con narcos echándose bala, niños mocosos pidiendo limosna en los semáforos y cambio de dictador cada dos por tres...

Seguro que algunos autores interesan en ciertos círculos. El caso que comentas de los nocilleros así lo demuestra.

Y si interesan más cosas de afuera que se conocen a través de revistas, diarios, blogs o libros que trae alguien que viaje, lo que hay que hacer entonces es manifestar la demanda para que se sepa que existe de manera que alguien se espabile y empiece a generar una oferta. Los mecanismos para hacerlo están y sería cuestión de diseñar una estrategia para que esa demanda llegue a quien debe.

Sí, un esquema tienda en línea + impresión bajo demanda + promoción por Internet es una alternativa viable que debería contemplarse. Y el que monte y ponga en marcha el proyecto se anotará un hit. ¿Se necesitará mucho músculo financiero para hacerlo?

Ya veremos cómo evoluciona esto. Si se puede saber, ¿cómo estás preparándote para este escenario? ¿Qué te traes entre manos?

Voy a echarle un ojo a la referencia que dejas porque la cosa suena interesante.

Seguimos...