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lunes, 15 de junio de 2009

notas sueltas [ 8 ] / procrastinar, visibilidad e impacto globales de proyectos locales y la pérdida de influencia de la cultura francesa

Entrevisté a la editora Pilar Gutiérrez Llano, de Tragaluz editores, el martes 7 de octubre de 2008 en Medellín pero sólo hasta la semana pasada publiqué la entrevista a pesar de que Margarita me había entregado la transcripción el 21 de noviembre.


Desde diciembre de 2008 una de las primeras cosas que pensaba todos los días al despertarme era que tenía que editar las entrevistas que había hecho durante mi viaje a Colombia —a Gustavo García, a Pablo Arrieta, a Pilar, a Luis Rocca y a Diego Amaral—. Sin embargo, no encontraba el momento para hacerlo. Durante meses cada lunes en la mañana me prometí con entusiasmo que esa semana empezaría a editar alguna de las entrevistas y que una vez comenzara con una todo lo demás vendría con absoluta naturalidad. Pero el miércoles ya era evidente que no lo haría. No sé cómo ni en qué momento me convertí en un experto en postergar asuntos pendientes —todo un procrastinator profesional—.



Mi conflicto con la edición de estas entrevistas tiene un origen doble: en primer lugar, me parecía impresentable responder de esta manera a la generosidad con la que Gustavo, Pablo, Pilar, Luis y Diego me dedicaron su tiempo y compartieron conmigo un testimonio acerca de su experiencia profesional así como el conocimiento que han adquirido a través de ésta; y, en segundo lugar, todas estas entrevistas son valiosísimas y dejarlas guardadas en un cajón sería un verdadero desperdicio.


También me preocupaba que su contenido caducara pero editándolas me he dado cuenta de que salvo las alusiones a temas estrictamente coyunturales, todo lo que se dice en ellas sigue teniendo vigencia y seguirá teniéndola durante mucho tiempo.


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El caso de Tragaluz editores me parece interesantísimo porque es una editorial cuyo trabajo es cuidadoso, de buena calidad y lindísimo. Sin embargo, muchas veces me cuesta transmitirle a alguien que no sea colombiano el entusiasmo que me producen los libros de Tragaluz porque el catálogo de esta editorial es 100 % local. Hasta el momento Tragaluz sólo ha publicado autores colombianos, la mayoría de los cuales son de Antioquia —el departamento cuya capital es Medellín—.


Lo que me tranquiliza cuando pienso en todas estas cosas es que además de que los libros de Tragaluz llaman la atención con sólo verlos, Pilar y Juan Carlos han escogido muy bien a los autores que han publicado. Por otro lado, supongo que nombres como Darío Jaramillo, Giovanni Quesseps, Meira Delmar, Juan Gustavo Cobo Borda, Eduardo Escobar o Jaime Jaramillo no deben ser del todo ajenos para algunos lectores no colombianos de ese género minoritario que es la poesía.


Finalmente, me entusiasma que a través de Internet un proyecto local como el de Tragaluz pueda tener una visibilidad y un impacto globales.


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A propósito de la presencia de Francia como invitado de honor a la Feria del Libro de Madrid, el pasado 13 de junio apareció en la sección de cultura de El País el artículo “Un prestigio sin lectores”. En este artículo Javier Rodríguez Marcos se refiere a un tema que me interesa muchísimo y sobre el cual quise escribir alguna cosa hasta que me di cuenta de que me hacían falta muchos elementos para decir algo sensato y sólido al respecto: la pérdida de la influencia de la cultura francesa en el resto del mundo.


Rodríguez Marcos afirma que ‘si Nueva York arrebató a París la capitalidad del arte moderno, el inglés ha terminado haciendo en la literatura lo propio con el francés’ y a continuación cita las siguientes palabras de un profesor de la Universidad de Barcelona llamado Francisco Lafarga:


‘Además de la lengua, el interés por una literatura extranjera está también en función del valor que lectores y escritores le atribuyen como foco de influencia. Es lo que pasó entre los siglos XIX y XX con la novela realista y la poesía moderna. Hace años que en España no se ve a la narrativa francesa viva como un foco’.


Luego Rodríguez Marcos anota que ‘Lafarga ve en los clásicos, las ciencias humanas y el cómic una "compensación a la pérdida de esa influencia" pues, dice, el nouveau roman fue "el último foco". Muertos los pesos pesados, lo que quedan son "individualidades" con mayor o menor éxito y calidad: Yasmina Reza, Pascal Quignard, Houellebecq...’.




Durante la Feria del Libro de Madrid no sentí por ningún lado la presencia de Francia como invitado de honor y tampoco encontré nada que me ayudara a recuperar ‘el interés por la literatura francesa contemporánea que, salvo por la novela policíaca y el cómic, últimamente me parece tan aburrida’. Tant pis !

lunes, 8 de junio de 2009

flm 09 [ 4 ] / del sinodal al digital: comprender el presente, concebir y configurar el futuro

Nada más productivo y estimulante que asistir a congresos, seminarios, jornadas y foros de un sector porque éstos son un punto de encuentro para quienes desde instancias y perspectivas distintas están contribuyendo de alguna manera tanto a la comprensión de su presente como a la concepción y a la configuración de su futuro. El contacto directo con quienes asisten a este tipo de eventos —una charla de diez minutos, un café o una comida— puede ser suficiente para medir el clima de opinión frente a un tema, para identificar las distintas posiciones existentes con respecto a éste, para enterarse de iniciativas que se están gestando y, por qué no, para concebir y desarrollar nuevos proyectos que pueden salir adelante fácilmente si se juntan esfuerzos.





Por ejemplo, en Del sinodal al digital —las jornadas sobre el libro digital que organizó el Ministerio de Cultura en la Feria del Libro de Madrid— estuvieron varias de las figuras que en España actualmente juegan un papel fundamental tanto en la reflexión sobre los contenidos digitales como en distintas iniciativas relacionadas con la gestión de éstos.



Joaquín Rodríguez, autor del blog Los futuros del libro


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Javier Celaya, de Dosdoce.com


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José Antonio Millán, autor del blog Libros y bitios


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Luis Collado, de Búsqueda de libros de Google


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Luis Francisco Rodríguez y Chema García, de Publidisa


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Javier López Yánez, de Repiso libros y la Feria del Libro de Sevilla


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Pablo Odell, de Tökland


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Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez, autores de El nuevo paradigma del sector del libro y del blog Paradigma libro


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En Libros y tecnología, Paradigma libro y Tökland sus autores presentan desde distintas perspectivas los planteamientos que se hicieron en Del sinodal al digital.

jueves, 4 de junio de 2009

flm 09 [ 3 ] / la promoción de la feria, de las novedades editoriales y de la lectura en el metro de madrid



Hace unas semanas comentaba un par de casos en los que el mobiliario del transporte público de Barcelona había sido utilizado para promocionar libros o actividades relacionadas con el mundo de las letras. Durante mi visita a Madrid con motivo de la Feria del Libro vi algo parecido y pude tomar fotos de algunas de las piezas que componen la campaña Libros a la calle, a la que hice referencia en la entrada "campañas de promoción en el transporte público".


Aquí van algunas imágenes de avisos promocionales de la Feria del Libro de Madrid y de las novedades de un par de sellos del Grupo Santillana, así como de una pieza de la campaña Libros a la calle:






Aviso promocional de la Feria del Libro de Madrid en la estación Avenida de América


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Piezas de la campaña Libros a la calle, en los trenes del metro de Madrid


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Aviso promocional de novedades del sello Punto de lectura en la estación Ibiza


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Aviso promocional de Nocturna, de Chuck Hogan y Guillermo del Toro (Suma de letras) en la estación Ibiza



En relación con este mismo tema, ver también la entrada sobre la campaña de promoción de novedades que hizo Flammarion durante la rentrée littéraire de 2008 en el metro de París.


Una última cosa: esta entrada estuvo a punto de ser abortada mientras recogía el material necesario para hacerla porque cuando sólo tenía la mitad de las imágenes fui abordado por el personal de seguridad de la estación Avenida de América, que me hizo saber que para tomar fotos necesitaba una autorización. Al final todo se resolvió con una mezcla de diplomacia y discreción.

miércoles, 3 de junio de 2009

flm 09 [ 2 ] / la asociación de revistas culturales de españa (arce) da el salto hacia lo digital




La semana pasada la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) anunciaba la apertura de un quiosco virtual en el que venderá sus publicaciones en formato digital gracias a la firma de un convenio con Publidisa. Ayer en la Feria del Libro de Madrid el presidente de ARCE, Manuel Ortuño, me dio algunos detalles sobre el acuerdo y sobre lo que significa la apuesta que los miembros de la asociación han hecho por lo digital.





El paso que está dando ARCE refuerza mi intuición de que en ciertos segmentos del sector editorial español desde hace poco está teniendo lugar un cambio de actitud frente a los contenidos digitales. En el caso de ARCE  este salto hacia lo digital es particularmente pertinente y relevante por dos razones: en primer lugar, porque debido a su naturaleza los contenidos de las revistas se prestan perfectamente para ser comercializados y leídos en formato digital; y, en segundo lugar, porque les facilitará a los lectores hispanoamericanos el acceso al fondo de las revistas de ARCE que o bien muchas veces no se venden en sus países o bien son muy caras y tardan mucho en llegar allí.


Sin lugar a dudas tanto para los editores como para los lectores la disponibilidad de estas revistas en formato digital representa una forma eficaz de salvar la brecha que España y los países hispanoamericanos no han podido superar hasta ahora a pesar de que tienen una lengua compartida.


jueves, 28 de mayo de 2009

flm 09 [ 1 ] / la feria del libro de madrid, de espaldas al futuro


El próximo lunes 1 de junio me voy a la Feria del Libro de Madrid. Además de que la ciudad me encanta, el hecho de que la feria se celebre en el parque de El Retiro hace que visitarla sea una experiencia única. También hay que decir que esta Feria del Libro de Madrid será una buena ocasión para quedar con varios amigos con quienes desde hace un tiempo venimos coincidiendo en ferias, charlas, presentaciones de libros, cenas e incluso alguna fiesta.


Hasta ahora todo el protagonismo de esta feria se lo han llevado sus organizadores, que apoyándose en el reglamento del evento han prohibido la venta de e-books —ver el artículo “La Feria del Libro de Madrid no tendrá libros electrónicos”, publicado hace dos días en el diario El Mundo—. A propósito de la determinación de la feria aprovecho para citar un fragmento del artículo “Prohibir el futuro”, que da cuenta de la actitud de algunos actores claves del sector editorial frente al ámbito de lo digital. Alberto Cano afirma lo siguiente en su artículo publicado ayer en Soybits:


‘Si bien esta no es la norma (en la Feria de Sevilla, por ejemplo, el libro digital es protagonista), sí es cierto que el sector editorial se ha desentendido de Internet prácticamente desde el principio. No hablamos ya del libro digital sino de la web, el catálogo online, las herramientas de márketing o la comunicación con sus lectores. Y es un error cuyas consecuencias se están comenzando a vislumbrar ahora.


Empresas del sector tecnológico-digital sí vieron un enorme hueco de mercado y la oportunidad de posicionarse cuando los anteriores protagonistas del sector no pensaban hacerlo. Ahora, el sector anda convulso entre acatar las normas que están imponiendo los otros, tratar de hacer algo o seguir ignorando la realidad. Y entretanto, van surgiendo nuevas editoriales digital born capaces de entender el nuevo paradigma’.

 



La posición de la feria y los planteamientos que los representantes tanto de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) como del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO) expusieron la semana pasada en Sevilla demuestran que en el sector del libro español hay actores que o todavía no han entendido que estamos frente a la emergencia de una nueva realidad, o no se han enterado de que las cosas están cambiando o simplemente siguen dándole la espalda a lo que está pasando.


Si continúan rehusándose a aceptar la configuración de un nuevo escenario que es el resultado de transformaciones globales que no van a detenerse sólo porque algunos segmentos del sector editorial se niegan a evolucionar, estas organizaciones corren el riesgo de perder su razón de ser porque sus planteamientos empezarán a ser caducos debido a que ya no estarán respondiendo a las necesidades de una realidad vigente. En la burocracia cultural ya hay suficientes órganos obsoletos y sería una lástima que en lugar de adaptarse a una nueva realidad y de asimilarla estas organizaciones vinculadas al sector editorial optaran por convertirse en un ítem más de esta categoría.


Si los actores del sector que hoy están dándole la espalda al futuro quieren jugar un rol activo en el proceso de configuración de ese nuevo escenario, sin lugar a dudas tendrán que espabilarse. De lo contrario tendrán que bajar la cabeza frente a actores como Amazon, Google o los proveedores de acceso a Internet y acatar lo que éstos decidan.


Cambiando de tema, una última cosa: como Francia es el país invitado a la 68ª edición de la Feria del Libro de Madrid, estaré atento a la oferta de títulos proveniente de ese país para ver si recupero el interés por la literatura francesa contemporánea que, salvo por la novela policíaca y el cómic, últimamente me parece tan aburrida.


viernes, 6 de junio de 2008

impresiones simples sobre la feria del libro de madrid


Mañana termina mi visita a la Feria del libro de Madrid, que se prolonga hasta el próximo domingo 15 de junio. A diferencia del de otras ferias, el target de la de Madrid es la gente de a pie.


Lo que más me ha llamado la atención de la feria es su carácter eminentemente público: aprovechando el clima primaveral, las casetas se instalan en un corredor de ese gran espacio público que es el Parque del Retiro. Debido tanto a las características del lugar donde se hace como a su enfoque, se trata de una feria abierta en muchos sentidos —a la cual obviamente el acceso es gratuito—. Como muchos otros espacios públicos, el parque es un punto de encuentro y, por lo tanto, la decisión de hacer la feria allí define en parte el espíritu de ésta —un tema al que me referí hace un par de semanas a propósito de la Feria del libro de Bogotá—.



Tengo la impresión de que lo anterior explica por lo menos parcialmente por qué los ciudadanos se apropian de la feria convirtiéndola en un evento importante en la vida de la ciudad: mucha gente hace allí la mayor parte de las compras de libros del año, busca a sus autores favoritos para que le firmen sus obras, eventualmente asiste a alguna conferencia y de paso aprovecha para echarse un paseo por el parque.


Salvo por la de algunas casetas en las que se ofrecen libros de editoriales latinoamericanas, en general la oferta de la feria no difiere mucho de la de las librerías. Y bueno, luego también están las novedades que salen en la feria pero que igual pueden encontrarse en cualquier librería de la ciudad —aunque supongo que sin el descuento del 10 % que se ofrece en las casetas—.

sábado, 24 de noviembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 57 ] / las ferias del libro de frankfurt y madrid según jorge volpi


Me gusta la descripción que hace Jorge Volpi de las ferias del libro de Frankfurt y Madrid en su artículo “Intruso en la feria”, publicado en la edición de hoy de Babelia —que, por cierto, tiene un especial dedicado a Colombia como país invitado a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara—. Hay una frase con respecto a Frankfurt que según tengo entendido parece expresar muy bien el espíritu de la feria: ‘la literatura allí es lo de menos; importan los negocios, las citas cada veinte minutos y las copas por la noche’.


Si la de Frankfurt es una feria para profesionales de la edición, en la de Madrid las estrellas son los escritores que acuden al parque El Retiro para satisfacer la curiosidad de sus lectores.


Dice Volpi:


2 Los demasiados libros.


Los escritores tenemos nuestro infierno: la Feria del Libro de Francfort. Pocas experiencias tan angustiantes como asistir -por error- a ese gigantesco laberinto. Libros en todas las lenguas, de todos los temas, de todos los colores, de todos los tamaños. Y, para colmo, miles de "profesionales", los auténticos convidados a la fiesta: editores, agentes, publicistas, scouts. En Francfort, los lectores están prohibidos (sólo se permite mirar los libros desde lejos) y los escritores son bichos raros: a veces asiste el próximo Nobel, el ganador del Premio de los Libreros, la cohorte literaria del país —o cultura— invitados cada año y algún novelista o poeta despistado. ¿A qué? A sufrir frente a lo que Gabriel Zaid llama los demasiados libros. La literatura allí es lo de menos; importan los negocios, las citas cada veinte minutos y las copas por la noche. Lo mejor que autores y lectores pueden hacer en Francfort es huir. La Feria del Libro de Madrid es el caso inverso: un mercado de pulgas literario, con cientos de casetas esparcidas bajo el sol calcinante del Retiro, donde escritores enjaulados deben dedicar (o intentar dedicar) sus libros a los paseantes como si fuesen espinacas en oferta.


Tomado del artículo “Intruso en la feria”, de Jorge Volpi, publicado en la edición de hoy de Babelia.

domingo, 17 de junio de 2007

lecturas de fin de semana [ 25 ] / 'feria del libro de madrid'


Rafael Reig escribió en el número del pasado 13 de junio de El Cultural una crítica a la Feria del Libro de Madrid que plantea una reflexión que termina cuestionando no sólo el sentido que tiene que las librerías vendan en sus stands lo mismo que en sus locales, sino también lo efímero que es actualmente el ciclo de vida de los libros en éstos.


Feria del Libro de Madrid
por Rafael Reig


Han sido vistas las diligencias seguidas contra la Feria del Libro de Madrid y ha sido probado y así se declara como:

Hechos probados

1.- Que entre el 25 de mayo y el 10 de junio hemos padecido en Madrid la 66 Feria del Libro. Ítem más: que el número de casetas de dicha Feria sobrepasa ya las 340. En el año 1963, por ejemplo, eran sólo 120. Ítem plus: que también se desarrollaron en estas fechas más de 300 actos culturales. Ítem: para visitarla hay que recorrer varios kilómetros.

2.-Que en la Feria del Libro de Madrid, si no llueve a cántaros, el ciego sol se estrella en las duras aristas de los libros, llaga de luz la piel de los lectores y flamea en las puntas de los abanicos. Ítem plus: cuando se empieza a estar a gusto, a eso de las nueve y media, cierran las casetas sin misericordia.

3.-Que de las dichas 340 casetas (con 362 expositores): 114 son de librerías. Y de esas 114 sólo 56 son de librerías especializadas. Las otras 58 son librerías generales y en casi todas ellas sólo hay los mismos veinte libros de más venta.

4.-Que el número de firmas de autores en dicha Feria se cuenta por miles e incluye desde Cocinar con Thermomix a Las caras de Bélmez.

Fundamentos de derecho

Los hechos probados son constitutivos de un delito de ensañamiento mercantil con la agravante de alevosía horaria. La Feria del Libro es una inmejorable oportunidad para acceder al fondo de muchas editoriales, ya que lo habitual es que no se encuentre en las librerías. El ciclo de vida de un libro es de una duración semejante al del mosquito o al de la lombriz. Muchas novedades son devueltas al editor sin haber llegado siquiera a abrir las cajas. Otros libros resisten unos cuantos días en la mesa, antes de “enseñar el lomo” en la estantería, señal agónica que precede a la inmediata devolución. La inmensa mayoría, sin embargo, desaparece a las tres semanas y el espacio en las librerías y grandes superficies se dedica siempre por entero a los mismos veinte libros más vendidos (y más promocionados, por supuesto). ¿Qué sentido tiene, por tanto, exponer en múltiples casetas los mismos veinte libros que están en todos lados y obligar así al lector a gastar suela de zapatos bajo el sol o la lluvia? ¿No sería más sensato limitar la Feria a librerías especializadas, instituciones y editoriales? Resulta evidente el dolo y malicioso ánimo de lucro con el que las librerías y grandes superficies infligen al visitante de la Feria varios kilómetros de más para obligarle a adquirir allí los mismos volúmenes que puede comprar cualquier otro día del año en todos los grandes almacenes y centros comerciales. Un libro de los años ochenta, en cambio, es difícil de encontrar; un mapa del Instituto Cartográfico también, igual que una obra editada por un organismo oficial. Para eso debería estar la Feria del Libro, aunque el ánimo de lucro la haya reducido a simple herramienta para multiplicar más aún las ventas de los mismos veinte “libros más vendidos”. Otrosí: las firmas de libros son una gran ocasión para ver en persona a los autores y que éstos conozcan a sus lectores. Sin embargo, ¿es de verdad tan indispensable firmar cualquier libro, desde un manual de sintaxis guaraní hasta unos comentarios al Código Penal? Otrosí: ¿por qué no es posible, cuando empieza a refrescar, tomar una tortilla de patata en un merendero, con una cerveza helada, y seguir comprando libros bajo la luna propicia? Sólo el malicioso propósito de hacer sufrir al lector las inclemencias meteorológicas explica el estrambótico horario de la Feria y la inexistencia de al menos un fin de semana en que estuvieran abiertas las casetas hasta la medianoche, incluso aunque como compensación cerraran todos los martes.

Acuerdo
Que debo condenar y condeno a la Feria del Libro de Madrid, como autora de un delito de ensañamiento comercial, a la pena de reducir el número de casetas en su próxima edición, eliminando las de las librerías generales y grandes superficies. Otrosí: deberá abrir hasta las doce la noche al menos dos sábados, con farolillos de verbena y con instalación de merenderos a precios razonables.

Así lo pronuncio, mando y firmo.

sábado, 26 de mayo de 2007

lecturas de fin de semana [ 17 ] / '66 feria de madrid ¿la hora del relevo?'

Con ocasión de la 66 Feria del Libro de Madrid la edición de esta semana del suplemento El Cultural, del diario El Mundo, incluye un interesante reportaje de Nuria Azancot que recoge el punto de vista de distintos pequeños editores independientes con respecto al estado actual del mercado editorial español y a la manera como éste los afecta —un tema que desde el principio ha ocupado un lugar privilegiado en la agenda de [ el ojo fisgón ]—. Quienes están al frente de distintas editoriales como Abada, Alpha Decay, Artemisa, Berenice, Irreverentes, La Factoría de Ideas, Menoscuarto, Nórdica, Periférica, Rey Lear, Sexto Piso y 451 hablan de su experiencia y analizan tanto las dificultades que han tenido hasta el momento, como sus planes y proyecciones a futuro.


66 Feria de Madrid ¿La hora del relevo?

Nuria Azancot


Los nuevos editores analizan los problemas del sector en vísperas de la gran fiesta del libro que comienza el viernes


A partir de mañana —25 de mayo de 2007— y hasta el 10 de junio, la 66 Feria del Libro volverá a apoderarse del corazón de Madrid, arrastrando al parque del Retiro a miles de escritores, libreros, editores, lectores y curiosos ojeadores (y hojeadores) de novedades. Una fiesta en la que, sin embargo, la mayoría de sus 344 casetas ofrece una oferta es casi clónica, con pocas alternativas a los best sellers impuestos por el mercado. El Cultural quiere ocuparse de hoy de esas alternativas, porque en ellas se refugia a menudo el talento, la ironía y la felicidad que proporciona la gran literatura. Esa por la que han apostado los editores convocados en estas páginas, casi todos con presupuestos mínimos pero grandes esperanzas y problemas serios de supervivencia.

La mayoría de los pequeños editores no tienen caseta propia en la Feria, aunque, como explica bienhumorado Javier Azpeitia, responsable de
451, “estaremos dando vueltas por ahí: todos los libreros y los editores en tan pequeño espacio... Es demasiado tentador”. Tampoco se hacen demasiadas ilusiones sobre posibles ventas: “No creo que haya muchas”, se lamenta Diego Moreno, de Nórdica; “Para nosotros la cifra de venta en la feria no es importante, lo que nos interesa sobre todo es repartir catálogos, material promocional y llegar a un público que de otra manera no llegaríamos”, explica Paris Álvarez, de La Factoría de Ideas; “No tenemos grandes expectativas de ventas. Nuestros autores tampoco”, apunta Santiago Tobón, de Sexto Piso; “Más que ventas importa que la gente nos conozca y se interese por lo que publicamos”, destaca Diana Zaforteza, de Alpha Decay. El más optimista es Fernando Guerrero, de Abada, ya que, “aunque hablar de ventas es siempre complicado, este año esperamos movernos en torno a los 800 ejemplares vendidos...”Y claro, con esas perspectivas, se conforman, como explica Jesús Egido, de Rey Lear, con “participar en la fiesta, que nos conozcan, que toquen nuestros libros, que los hojeen, que los huelan… Que pierdan el respeto hacia el libro como algo lejano o muy sesudo y aprendan a disfrutar con él. ¡Qué más pueden pedir nuestros autores! La feria debe ser compartida por todos”.

Se trata, en definitiva, de que sus libros estén en alguna caseta, ya que la Feria es una oportunidad de salvar el cerco de silencio que a veces les acosa.


Elogio y refutación del librero


Al cabo, como explica Carola Moreno, de Barataria, “allí los pequeños tenemos la posibilidad de enseñar nuestros libros y de tomar contacto con libreros y público. Es además un excelente escaparate para los autores que, como los editores, suelen hacer su trabajo muy aislados, muy alejados de los lectores. De todas formas, la feria de Madrid es la fiesta de los libreros, el gremio más maltratado en los últimos años. Su paulatina desaparición por asfixia ante el avance de los macrogrupos es el verdadero drama del libro. Un buen librero conocedor de su oficio no tiene repuesto posible. Merecen todo nuestro reconocimiento y toda la ayuda que se les pueda prestar”.

Ellos también reclaman ayuda, aunque cada caso es muy distinto, empezando por el dinero que manejan. Así, el presupuesto de
Rey Lear para este año rondará los 50.000 euros; el de Periférica, los 100.000; Ediciones Irreverentes, los 110.000, para 29 títulos editados en 2006, y tiradas de 500 a 2.500 ejemplares; Menoscuarto cuenta con 125.000 euros de presupuesto, para 15-20 títulos anuales y tiradas de 2000 a 3000 ejemplares, “llegando excepcionalmente a 5.000”; Diana Zaforteza, de Alpha Decay, publica 9-10 títulos al año, con tiradas que oscilan entre 2000 y 2.500 ejemplares y un presupuesto “muy limitado”. Tampoco lo precisan Marian Montesdeoca, de Artemisa, ni Santiago Tobón, de Sexto Piso, ni ....

En cambio, Javier Fernández, de
Berenice, señala como “objetivos de ventas para 2007 los 300.000 euros”, con un ritmo de publicaciones de tres títulos al mes y 2000 ejemplares de tirada; Fernando Guerrero, de Abada, cuenta para este ejercicio con 440. 000 euros, “con el que pretendemos continuar nuestra media de libros por año, 30”, pero con tiradas medias de 1.200 ejemplares para los títulos de autores españoles y 2.200 para las traducciones. La excepción, claro, es La Factoría de Ideas, no en vano su editor, Paris Álvarez Ruiz, menciona “una cifra de negocio de 2.000.000 de euros que equivalen a unas ventas de unos cuatro millones de euros a precio de portada”.

Un año dramático


Pero es eso, la excepción. Quizá por ello, Carola Moreno prefiere no “enterarme demasiado de los aspectos económicos del ‘negocio’. Si lo hiciera probablemente Barataria no existiría desde hace tiempo. En todo caso, una editorial pequeña es un negocio casi siempre ruinoso. Las alegrías económicas son mínimas”. Y es que para estos editores todo es pequeño, menos las esperanzas. Y los problemas. Aunque en eso tampoco se ponen de acuerdo, ni siquiera en si existe o no la crisis del sector o cómo les afecta. En este sentido, la más clara (la más sincera) vuelve a ser Carola Moreno, quien proclama que “en privado o en público el año está siendo dramático. Acabo de estar en la Feria del libro de Sevilla. Casi todas las casetas lucían en un ochenta por ciento repetitivas cubiertas de pseudo novelas históricas. El espacio para el libro-libro es mínimo, puramente residual. Habrá otras explicaciones, pero ésa salta a la vista”.

“Se lee poco, pero más que antes”


Javier Azpeitia (
451) denuncia que “la desorientación de los lectores no se debe al exceso de libros sino a la falta de definición de las líneas editoriales, que en muchos casos las grandes editoriales fomentan para revolver las aguas”. Jesús Egido (editor y único empleado de Rey Lear) apunta que “el gran enemigo de la cultura en España es la debilidad de nuestro sistema educativo, del que el lector tiene poca culpa”. Tampoco se plantea vencer a los grandes grupos, pues “somos muy pequeños para plantearnos este tipo de carreras de velocidad, nos va más el maratón. No obstante, publicamos Alves & C. de Eça de Queiroz meses antes de que Alba Editorial editase Alves y Compañía. Y nuestra traducción, de Juan Lázaro, es magnífica.”

Por su parte Julián Rodríguez Marcos (
Periférica) reivindica el papel del editor “no sólo como intermediario entre el autor y el lector, sino también como una mezcla de hermeneuta y agente o activista cultural”. Y ofrece su personal diagnóstico: “Estamos en un momento confuso, pero también excitante. Excitante porque está en transformación. No somos agoreros: creemos en el futuro. Cada vez, eso sí, ha de ser más plural, necesita ser más plural. Se lee poco, por supuesto. Siempre se lee poco. Pero se lee más que antes. Y el número de bibliotecas ha crecido en toda España. Y tenemos confianza en ese papel futuro de las bibliotecas respecto a las pequeñas editoriales. Su ayuda sería muy útil para proyectos como el nuestro”. Y denuncia otro problema: “algunos de los autores latinoamericanos que hemos publicado han recibido, tras ser publicados por Periférica y encontrar eco en la crítica española, ofertas de grandes grupos editoriales, algunos de capital español, en sus países de origen, y también de algunas agencias literarias españolas que no han actuado con elegancia al dirigirse a nuestros autores de espaldas a nosotros...”.

Autores vetados por las grandes


Diego Moreno (
Nórdica) descubre que el balance del primer año de la editorial “ha sido muy positivo. Hemos empezado desde cero, pero se va consolidando”, aunque reconoce que “a veces los proyectos fallan porque no le damos la importancia que tienen la comunicación y la distribución”. Más: “El problema no son tanto los otros editores de mi tamaño como la inundación de los best sellers de los grandes grupos que dejan muy poco espacio a los demás. Además, estamos en un país en el que no se da la importancia que el libro tiene, y no hay apenas ayudas para proyectos culturales”.

En busca del lector fiel


También Javier Fernández, de Berenice, considera sus mayores problemas “la visibilidad y la rotación vertiginosa en el punto de venta. Mi experiencia me dice que para que sobrevivan los libros de fondo, como son mayormente los nuestros, hay que complementar la oferta con otros títulos de mayor pegada que fidelicen a libreros y lectores. El editor debe trabajar con dignidad y honestidad, y buscar soluciones mirando hacia delante. Me viene también a la cabeza el caso de J. G. Ballard. Hace unos años pedí los derechos de un libro que había sido olvidado por Minotauro, Running Wild, y en un primer lugar se nos concedieron los derechos, pero después se usó nuestra oferta para presionar a Minotauro y el libro vio la luz allí. Tras esta experiencia me dirigí al editor de Minotauro, y le expuse mi interés personal en Ballard, puesto que aún quedaba un libro inédito suyo y no quería que se repitiese la experiencia. Hemos recibido un trato exquisito por parte de Minotauro y su ayuda para obtener los derechos. Y War Fever, de J. G. Ballard, verá la luz en Berenice en el otoño próximo”.

Otro editor que ha sufrido en sus carnes editoras estas prácticas ha sido Paris Álvarez Ruiz (
La Factoría de Ideas), que recuerda cómo “sí nos hemos adelantado y hemos publicado libros que publican en grandes grupos editoriales, pero es muy difícil; no podemos hacer las ofertas que hacen ellos. Sí que hemos tenido autores a los que les han vetado publicar con nosotros a cambio de publicar con ellos, un ejemplo es la editorial Planeta. También algunos de estos grupos han comprado algún título por el que estábamos interesados sin intención de publicarlo, de esta manera impiden que sean publicados por nuestra editorial u otras y evitan competencia. Son prácticas habituales que desde el punto de vista empresarial son comprensibles pero desde el cultural no, porque ese título nunca llegará al mercado”.

Mentiras imposibles de creer


Pero, en general y a pesar de todos los problemas, estos editores rezuman optimismo, incluso cuando, como Miguel Ángel de Rus (Ediciones Irreverentes) afirma que “los editores y los políticos dicen siempre en público que todo va genial, pero es falso. Las estadísticas de lectura son mentiras imposibles de creer, pero Ediciones Irreverentes está en crecimiento. Hasta nos hemos dado el lujo de publicar un periódico literario mensual, Irreverentes, que tira 6.000 ejemplares”. En la misma línea, Fernando Guerrero, de
Abada, destaca que “para nosotros este año está siendo positivo. No diré que todo esto esté siendo fácil, pero no puedo hablar de un año dramático, ni mucho menos”. También Santiago Tobón, de Sexto Piso, lo confirma: “en medio de un panorama tan pesimista, creemos que somos afortunados”. Muy divertida, Marian Montesdeoca, de Artemisa, asegura que “¡el año está siendo todo un éxito! Nuestros libros cada vez gustan más. Sin embargo, las ventas no reflejan la buena acogida de nuestro catálogo. ¿Será que es cierto que hay crisis?”. Y es que, señala Azpeitia, “los editores somos un poco llorones, hay que tener paciencia con nosotros”. Menos entusiasta, José Ángel Zapatero, de Menoscuarto, considera que la actual crisis del sector “afecta más a las grandes editoriales. Nosotros lo notamos menos porque no nos dirigimos al gran público, sino a un público lector bastante más reducido pero más fiel. Creo que el gran problema es la excesiva producción de títulos que saturan las librerías y despistan a los lectores”. Según Diana Zaforteza, “el panorama no es muy alentador pero yo creo que los vientos son más favorables de lo que parece, eso sí uno ha de tener claro que es una profesión vocacional. Mi experiencia es claramente positiva, tanto que quiero embarcarme en otro proyecto”. O, como celebra Jesús Egido, “Debe ser por el atrevimiento de la ignorancia, pero en Rey Lear estamos encantados de haber nacido. Los lectores nos han acogido mucho mejor de lo que esperábamos. No hay que engañarse, el mundo del libro en España es el que es y quien quiera obviar esa realidad puede encontrarse con grandes frustraciones”.