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jueves, 6 de agosto de 2009

el desarrollo del mercado del libro electrónico, según enrique dans



Dice Enrique Dans con respecto al desarrollo del mercado del libro electrónico:




'¿Pueden las editoriales sustraerse al impacto de Internet en su negocio? Las editoriales controlan factores muy parecidos a los de las discográficas: seleccionan, producen, distribuyen y promocionan, con un impacto en resultados que en muchos casos es superior al que depende de la calidad intrínseca del producto, y ponen a disposición de los clientes únicamente una pequeña cantidad del inventario. ¿Qué parte de un best-seller viene dada por la calidad del autor y cuánta del hecho de encontrarse en todos los escaparates mediante la distribución adecuada, criticado por los mejores críticos y mencionado en todos los telediarios? Sin embargo, en función de la trayectoria que se vislumbra, mi opinión es que la trayectoria es similar. Lo que ha mantenido hasta este momento al mercado editorial fuera del impacto disruptivo de la red ha sido la presencia de determinados atributos del producto que convertía en más conveniente la lectura de un libro físico frente a su contrapartida electrónica, atributos que, además, se encontraban perfectamente arraigados a lo largo de muchas generaciones. En breve, veremos una cada vez mayor proliferación de dispositivos de lectura progresivamente mejorados que proponen ventajas sobre la experiencia de producto (portabilidad, búsqueda, diccionarios incorporados, etc.) y tendremos una generación con poco apego al papel, unida a otra que se mantiene en él por factores no racionales, sino puramente románticos (”huele a libro”, “el tacto del papel”, etc.) Por otro lado, las editoriales juegan un papel de filtros e intermediarios entre los autores y los lectores, papel por el que perciben un margen importante: el autor medio percibe entre un 8% y un 10% sobre el precio de venta, mientras que la editorial corre con los gastos de fabricación, distribución y promoción, un esquema similar en su orden de magnitudes al existente en el mundo de la música. ¿Cuánto le queda a la industria editorial para empezar a sentir impactos parecidos a los sufridos por la industria de la música? ¿Cuánto para empezar a ver autores consagrados que se editan a sí mismos? ¿O para presenciar el crecimiento de mercados paralelos de sus productos?


¿Es posible, de alguna manera, aprender de experiencias anteriores? Posible sí, pero sumamente complejo. A los ojos de la mayoría de los directivos de la industria, la solución parece casi peor que el propio problema. Las variables a tener en cuenta en un proceso disruptivo son, desde mi punto de vista, la velocidad de difusión de la innovación, la participación de los actores en el proceso, y la estructura de márgenes. Si aplicamos lo aprendido en procesos disruptivos anteriores, el secreto debería estar en adelantarse a la generalización de la innovación participando adecuadamente en ella, y diseñar una estructura de márgenes revisada que no solo resulte razonable, sino que además disuada la creación de mercados paralelos. Pero la posibilidad de convertirse en un negocio de menores márgenes y sujeto a unas reglas diferentes es algo que, lógicamente, atrae poco a los participantes de la industria, ante la imposibilidad de establecer comparaciones con algo que todavía no ha tenido lugar, de manera que, en lugar de cambiar ellos mismos, optan por intentar cambiar todo lo que les rodea, el entorno en su conjunto, recurriendo para ello a todo lo imaginable. Pero este tipo de procesos de adopción tecnológica, cuando llega su momento, tienen lugar a gran velocidad. ¿Puede un sector de gestión tan tradicional como el editorial reconocer los indicios que el mercado ya está proporcionando, y reaccionar a ellos algo mejor de como en su momento lo hicieron las discográficas?'


De las explicaciones más ilustrativas, claras y certeras que he visto al respecto, así que sin comentarios de mi parte. 


miércoles, 2 de abril de 2008

la posición dominante de amazon y su próxima jugada: atacar con la impresión bajo demanda

Amazon está en el ojo del huracán debido a lo que se ha sabido hace unos días con respecto a su próxima jugada en el campo de la impresión bajo demanda: vender sólo aquellos libros que sean impresos en BookSurge, la empresa de print on demand —POD— que le pertenece desde hace unos meses.


Con esta medida Amazon estaría aprovechando su posición dominante en el mercado de la distribución en línea para consolidar un monopolio mediante la imposición de unas reglas que al poner a los editores contra la pared, le permitirían extender su control al mercado de la impresión bajo demanda.


El asunto es delicado y me hace pensar en una entrada de Eduardo Arcos que leí la semana pasada en el blog ALT1040, cuyo título es “Algún día odiaremos a Apple y Google”. Con respecto a dos de las empresas del sector tecnológico que cuentan con una mejor reputación entre los usuarios, Arcos dice lo siguiente:


‘Microsoft es la empresa favorita para odiar estos días, en los 70’s no existían y esa posición la tenía IBM. Hoy me encuentro con un interesantísimo artículo escrito por Don Reisinger, donde hace un repaso a la historia y llega a la obvia conclusión: algún día odiaremos a Apple y a Google.


Ya sea por las cuestionables prácticas que estas dos empresas últimamente tienen, aún cuando digan que “son buenos”. Al final las empresas son empresas y aunque nuestros deseos consumistas nos impulsen a convertirnos en fanboys llegará el momento en que muchos nos preguntemos qué pensábamos cuando defendíamos con pasión a Google’.


El tema es interesante y seguramente va a dar mucho de qué hablar durante los próximos días, así que a quienes estén interesados en profundizar en él les recomiendo leer las entradas que desde distintas perspectivas han escrito recientemente en sus blogs tres expertos españoles en todo lo relacionado con la actividad editorial en un sentido amplio, la evolución de la economía de Internet y la manera como ésta afecta al sector de la edición:


- Enrique Dans: “Amazon, BookSurge y la tentación del monopolio”


- José Antonio Millán: “Amazon aprieta en su POD”


- Joaquín Rodríguez: “Monopolio amazónico”


Vale la pena estar pendiente de lo que digan en su momento estos tres analistas sobre la evolución de esta situación. Por ahora aprovecho la ocasión para citar algunos extractos de sus reflexiones.


Dice Enrique Dans:


‘Ante la importancia de los movimientos en el sector, Amazon parece haber sentido la necesidad de utilizar su posición liderazgo online para apalancar su negocio de POD, basado en su adquisición de BookSurge, y ha decidido, según informan algunos escritores, amenazar a quienes utilizaban otros servicios de POD con la eliminación del botón “Buy” de sus libros en Amazon si no aceptan utilizar los servicios de BookSurge (Slashdot, VBW Publishing, WritersWeekly). Esto significaría un grave perjuicio para la distribución de sus libros, dado que únicamente podrían estar disponibles para su venta en Amazon a través de canales indirectos (resellers), y les haría no cualificar, en la mayor parte de los casos, para ofertas de gran éxito de Amazon como el envío gratuito. El movimiento, obviamente, no está exento de polémica: no sólo exige a las editoriales trabajar con varios formatos diferentes y reemplazar los ficheros de los libros que están ya a la venta en Amazon, sino que choca además con la polémica sobre la inferior calidad de las ediciones producidas por BookSurge’.


Dice José Antonio Millán:


‘Muchas pequeñas editoriales en Estados Unidos usan Amazon para vender sus libros, que se imprimen sobre pedido. Sus títulos los publicitan en su propio sitio web, con un botón que indica "Comprar en Amazon": Amazon obtiene de esta venta su correspondiente comisión, y todos contentos.


La actual medida, que intenta reforzar su BookSurge, puede que resulte lógica para Amazon, pero está creando irritación sin límites entre los editores y autores que vendían sus libros impresos por otras compañías (como Lulu.com) en la librería online’.


Dice Joaquín Rodríguez:


‘Amazon pretende afianzar su posición de fuerza en el mercado digital no solamente mediante el Kindle, que reproduce el modelo de negocio de ITunes al distribuir a través de un solo soporte propietario todos los contenidos que su almacén virtual contiene, sino, también, mediante la prescripción a todos los editores del uso obligatorio de BookSurge, una imprenta digital o bajo demanda que producirá todos los libros de los editores que quieran acogerse a los beneficios que la comercialización a través de Amazon pueda ofrecer


Ni los editores ni los escritores norteamericanos parecen excesivamente contentos con un mandato que pretende que todos los contenidos que se adquieran en formato analógico y que requieran, por tanto, de impresión, sean producidos, en exclusividad, por una empresa propiedad de Amazon, evitando de esa manera cualquier clase de competencia (como la que podía ejercer hasta ahora, por ejemplo, Lightning Source) y robusteciendo un modelo de negocio monopolístico y clausurado sobre sí mismo, al convertirse, de hecho, en el único distribuidor de los contenidos que vende, digitalmente, sea en un soporte estrictamente digital, como el Kindle, sea mediante la impresión digital en papel’.