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martes, 26 de mayo de 2009

otra vuelta de tuerca de anagrama


En el boletín de novedades de enero – febrero de 2009 de Anagrama el editor Jorge Herralde anuncia tres novedades con las que su editorial celebrará sus 40 años:


‘Aparte de una leve remodelación de nuestras portadas, aggiornamiento ya efectuado en algunas ocasiones a lo largo de nuestro trayecto, con motivo de dicho aniversario ponemos en marcha un proyecto ambicioso y confiamos en que será bien recibido: una Biblioteca Anagrama de 100 títulos, de periodicidad semanal, que recogerá nuestros mejores títulos en narrativa, ensayo y reportajes, destinada a quioscos y canalizada por RBA, los mejores especialistas en dicho canal.


Y además de la selección de «clásicos» ya muy reconocidos en esta Biblioteca Anagrama, en mayo de este año emprenderemos una nueva colección, con ocho o diez títulos al año muy escogidos, «otra vuelta de tuerca» en nuestro catálogo, relanzando obras excelentes pero desaparecidas en librerías, o bien agrupando en un tomo varios títulos, con afinidades obvias, de un autor. Su característica común es que, en su día, nos parecieron de edición inevitable, y que ahora lo siguen siendo’.



La Biblioteca Anagrama se vende en quioscos desde hace varios meses y en las portadas tanto de las novedades como de las reediciones ya se ve ese sutil cambio en el diseño al que se refiere Herralde, que personalmente noto sobre todo en la tipografía. Lo realmente novedoso ahora es la aparición a partir del mes de junio de la colección Otra vuelta de tuerca, 'con el propósito de dar justamente una vuelta de tuerca adicional a nuestro catálogo, con valiosas propuestas para los lectores'.


En el boletín de novedades de mayo - julio de 2009 el propio Herralde define Otra vuelta de tuerca como 'una colección que no quiere imponerse limitaciones de ningún tipo, aunque predominará la ficción, y donde coexistirán de forma ecléctica y quizá poco previsible, como en el catálogo del que proceden, la más alta literatura con textos offbeat y rompedores. Requisito único: en su día la publicación me pareció inevitable. Y ahora me lo sigue pareciendo'.


Entre esos "tesoros escondidos" del catálogo de Anagrama que llevan años ausentes de las librerías y que ahora se recogen en Otra vuelta de tuerca apuesto a ojo cerrado por el volumen de Patricia Highsmith. Y los Relatos autobiográficos de Thomas Bernhard me llaman la atención de manera particular, así que habrá que echarles un ojo.


Y, claro, también habrá que estar pendientes de los próximos lanzamientos de esta colección cuyo color seguramente la hará bastante visible en las librerías.

lunes, 20 de abril de 2009

sant jordi o día del libro 2009 [ 12 ] / las recomendaciones de jorge herralde, de anagrama



Jorge Herralde, de Anagrama, también me hizo sus recomendaciones para este Sant Jordi / Día del libro. Las recomendaciones de Herralde son las siguientes:


1. De los libros publicados por Anagrama, ¿cuál recomienda para regalar el próximo 23 de abril?


Naturalmente 2666, de Roberto Bolaño. Alternativa: Los detectives salvajes (y así sucesivamente).



2. ¿Cuál(es) libro(s) regalará el próximo 23 de abril?


A Philippe Ollé-Laprune, escritor francés residente en México, asesor de editoriales francesas y buen amigo, le regalaré Rompepistas, de Kiko Amat, y Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued.





3. ¿Cuál(es) libro(s) le gustaría que le regalaran el próximo 23 de abril?


Cualquier libro de la editorial minúscula, que tan bien dirige Valeria Bergalli. Si ya lo tengo, lo regalaré y haré feliz a un amigo. Y como regalo imposible que Amélie Nothomb me enviase uno de sus muchos manuscritos secretos (y compararlo con el escogido del mismo año para su publicación).



lunes, 12 de enero de 2009

la contraseña de anagrama y la nueva edición independiente en españa

Anagrama jugó un papel fundamental en un momento importante de mi formación como lector. Tenía 23 años, estaba terminando la universidad y empezando a trabajar, a través de Anagrama estaba descubriendo a Capote, a Carver, a Marías, a Baricco, a Tabucchi, a Bolaño y a Auster y en ese momento sentía una gratitud profunda y enorme hacia esa especie de gurú de las letras contemporáneas que es Jorge Herralde.



Hace un par de días recibí el boletín de novedades de enero – febrero de 2009, en el que Herralde recuerda que ‘en abril de 2009 se cumplen 40 años de Anagrama, una editorial recalcitrantemente independiente’ y hace un anuncio:


‘Aparte de una leve remodelación de nuestras portadas, aggiornamiento ya efectuado en algunas ocasiones a lo largo de nuestro trayecto, con motivo de dicho aniversario ponemos en marcha un proyecto ambicioso y confiamos en que será bien recibido: una Biblioteca Anagrama de 100 títulos, de periodicidad semanal, que recogerá nuestros mejores títulos en narrativa, ensayo y reportajes, destinada a quioscos y canalizada por RBA, los mejores especialistas en dicho canal.


Y además de la selección de «clásicos» ya muy reconocidos en esta Biblioteca Anagrama, en mayo de este año emprenderemos una nueva colección, con ocho o diez títulos al año muy escogidos, «otra vuelta de tuerca» en nuestro catálogo, relanzando obras excelentes pero desaparecidas en librerías, o bien agrupando en un tomo varios títulos, con afinidades obvias, de un autor. Su característica común es que, en su día, nos parecieron de edición inevitable, y que ahora lo siguen siendo’.


Aunque Herralde es el editor español independiente por excelencia, quien hoy en día dice “edición literaria independiente en España” necesariamente alude también a editoriales fundamentales como las de los veteranos Beatriz de Moura, Manuel Borrás, Jaume Vallcorba y Jacobo Siruela o a las de la siguiente generación que ya cuentan con una cierta trayectoria y que están en proceso de consolidación: minúscula, Libros del Asteroide, Marbot, Artemisa, Impedimenta, Veintisiete Letras, Melusina, Global Rhythm Press, Ediciones del viento, Nórdica libros, Cabaret Voltaire, Barataria, Gadir, Sexto Piso, Bartleby o Periférica —por mencionar solamente algunas—.


Aprovecho para citar algunos apartes de "La marca editorial como contraseña", un artículo en el que Herralde explica algunos de los principios en los que se fundamenta su concepción de su trabajo como editor:


‘Mi creencia, quizá ilusa, es que, incluso en una época tan acelerada como la actual, sigue siendo importante el largo aliento, la longue durée en la creación, eficacia e influencia de una marca. Para crear una marca editorial —y que se convierta en una contraseña— es imprescindible la persistencia y la coherencia, para fijarla en el imaginario colectivo.


Ahondar en un surco hondo y ancho, sin dispersiones ni despistes. Una imagen nítida, a la vez previsible y sorprendente. La creación de un "aura" que "proteja" a escritores desconocidos, que inspire credibilidad. En lengua española hay ejemplos legendarios de editoriales con aura. Así, para nosotros en las décadas de la posguerra española, con su estricta censura que intentó bloquear culturalmente al país (y en buena parte lo logró), lo fueron las argentinas Sudamericana y Losada, así como, desde mediados de los sesenta, la mexicana Siglo XXI. En España, durante la década de los sesenta, la Seix Barral capitaneada por Carlos Barral marcó un hito importantísimo en la edición española, recogiendo la antorcha del prematuramente desaparecido José Janés. Y por descontado, la estupenda Alianza, que revolucionó la edición de bolsillo.


Las editoriales más idóneas para lograr tal aura son precisamente las independientes, cuya trayectoria la marca el editor a lo largo de los años, en contraste con el consabido trasiego de directivos en los grandes grupos.


Las más idóneas, aunque no las únicas, claro está. Así, por ejemplo, en Italia, las dos editoriales más relevantes culturalmente son Feltrinelli, que es rigurosamente independiente, familiar, y la otra es Adelphi, que tiene como accionista importante (un cuarenta y tantos por ciento) a un gran grupo, pero que opera con gran libertad (...)


La marca editorial no puede fallar ni dejarse tentar por oportunismos facilones, aunque tenga temporadas más opacas, de menos estrellato; como dijo un editor francés, Olivier Cohen, "un editor no debe ser juzgado por los buenos libros no editados sino por los malos que publicó". Su poder, siempre en precario, estriba en no publicar libros malos, al menos a sabiendas, sino intentar en lo posible editar aquellos "libros necesarios" a los que aludió Italo Calvino (...)


Podría decirse que, tras ese vertiginoso recorrido, en sólo diez años, por esa brutal mutación del paisaje, el editor deberá basarse en el conocimiento de su entorno, en su olfato y en su capacidad de reunir marcas armoniosamente, en convertirse en una marca de marcas. Pero quizá esto no represente nada esencialmente nuevo para nuestro oficio, sino sólo retos considerables a los que enfrentarnos, como siempre lo han sido los retos de un editor. Unos retos que se resumen en la capacidad de adaptación sin perder la brújula. Y en el caso de la editorial independiente vocacional por definición, la brújula indica que en el binomio cultura y negocio, que conforma la edición, el norte será siempre la cultura. Y deberá luchar para que su marca sea una contraseña tan visible en el mundo real como el virtual, y que su catálogo, su novela-río, sea frondoso y sorprendente, pero también estructurado y "legible", por así decir, con un argumento en el que las tramas y las subtramas se enlacen en armonía o contrapunto.


Y así, enfrentándose a estos nuevos retos, conseguir que las "estrategias de la virtud" —las estrategias que persiguen publicar las nuevas voces más significativas de su tiempo, y dar cuenta de los más importantes debates culturales y políticos— sigan siendo eficaces para poder seguir perseverando en este oficio inigualable’.



Entre tanto, muchos seguimos preguntándonos cuál y cómo será el futuro de Anagrama una vez Herralde se retire —un tema sobre el que corre uno que otro rumor y que el editor elude insistentemente—.

martes, 4 de noviembre de 2008

historia y opiniones de teresa cremisi en el caixaforum de barcelona


En las jornadas “La edición se reinventa” —cuya última sesión tendrá lugar este jueves en el CaixaForum de Barcelona— la semana pasada el turno le correspondió a la editora italiana Teresa Cremisi, quien actualmente es la directora general del Groupe Flammarion y que fue presentada por el editor Jorge Herralde.


¿Una italiana dirigiendo el cuarto mayor grupo editorial francés? Precisamente éste fue uno de los detalles que destacó Herralde al presentar a Cremisi: una mujer extranjera ha alcanzado la máxima posición en un mundo machista y chauvinista como lo es el de la edición francesa.


Cremisi hizo un relato en el que contó de manera bastante amena su historia y en el que expresó con mucha franqueza algunas de sus opiniones con respecto al mundo editorial y al oficio de editor. Los siguientes son algunos de los hechos de su propia trayectoria profesional que Cremisi destacó:


- En 1963, cuando tenía 18 años, entra a trabajar en el área de diccionarios de la editorial Garzanti para poder pagarse la universidad. Allí Cremisi hace una larga carrera en la que desempeña diversos oficios, que la lleva a ser codirectora general y que termina en 1989.


- En 1989 Cremisi tiene un encuentro con Antoine Gallimard, quien le propone irse a trabajar con él a París.


- Durante 16 años esta editora italiana es la directora editorial de Gallimard, una de las editoriales más prestigiosas del mundo y uno de los iconos más representativos de la cultura de las letras francesa.


- En 2005 Teresa Cremisi deja Gallimard para asumir el cargo de directora general del Groupe Flammarion —que desde 2000 pertenece al grupo italiano RCS MediaGroup—.



Estos son los hechos. Pero, ¿qué piensa Teresa Cremisi acerca de su trayectoria y del oficio de editor?


- La edición es un oficio terriblemente infernal y divertido a la vez.


- El trabajo de un editor depende mucho de factores como el lugar donde vive, su lengua y el tipo de cosas que publica.


- A partir de su experiencia, no es lo mismo ser editor en Italia que en Francia porque las condiciones y las prácticas del medio, los recursos disponibles y el perfil del público varían mucho de un país a otro.


- Literalmente en la edición todo pasa por la palabra: además de editar textos, es necesario pasar horas enteras al teléfono, responder mails y dedicar mucho tiempo a las conversaciones de café.


- El oficio de editor necesita una mezcla de gusto e inteligencia: el gusto tiene que ver con identificar la buena literatura y la inteligencia está relacionada con la capacidad de detectar lo que va a funcionar comercialmente.


- No es fácil identificar los libros que van a ser populares porque hay en juego muchos factores que introducen un alto nivel de incertidumbre. Cremisi, por ejemplo, compró al principio de su carrera para Garzanti los derechos de Love Story, que en el mercado italiano vendió un millón de ejemplares. Por más confianza que tuviera en sus apuestas posteriores, pasó mucho tiempo antes de que alguna de ellas volviera a tener un éxito así de contundente.


- Quien acaba de llegar a una editorial debe entender el ADN de ésta y contribuir a su desarrollo para poder hacer libros que encuentren su público.


- Un coup consite en generar éxitos editoriales y durante el último año Teresa Cremisi ha producido tres: L'aube le soir ou la nuit, el libro que hizo Yasmina Reza tras pasar un año siguiendo a Nicolas Sarkozy durante la campaña presidencial; Jour de souffrance, de Catherine Millet; y, por último, Ennemis publics, la correspondencia entre Michel Houellebecq y Bernard-Henri Levy.


- El paso de Gallimard a Flammarion significó dejar el ámbito de la edición independiente para ir a trabajar a un gran grupo que cotiza en bolsa y donde, por lo tanto, la revisión de los estados financieros es rigurosa y permanente.


- Teresa Cremisi nunca montó su propia editorial porque quería ser editora y no empresaria. Sin embargo, ahora en Flammarion tiene que asumir ambos roles: mientras que en las mañanas está leyendo manuscritos y reuniéndose con autores en una oficina ubicada en Odeon, en las tardes está atendiendo asuntos de gestión en los cuarteles generales del grupo que dirige.



He recogido los aspectos de la intervención de Cremisi que más me parecieron interesantes. Me gustó la manera como se articularon en su relato el testimonio de su experiencia y las conclusiones a las que ésta le ha permitido llegar. Se trata de opiniones bastante sencillas y a la vez reveladoras que se derivan del desarrollo de un know how y que a falta de ese razonamiento ligado al relato de la experiencia vivida nunca ningún manual de edición podrá transmitir con la misma agudeza y contundencia.

martes, 25 de septiembre de 2007

destino frankfurt [ 2 ] / el panorama de la traducción al castellano de obras escritas en catalán según jorge herralde

La lengua es uno de los vehículos privilegiados para la expresión de una cultura y de una identidad —también lo son la comida, las marcas que se llevan sobre el cuerpo, las creencias, la música, la tradición oral y muchos otros aspectos de la vida social—. Gracias al carácter perdurable de la escritura, a través de sus distintas formas podemos transmitir en un lenguaje común nuestras ideas, preguntas o inquietudes y dejar constancia de ellas para la posteridad. Supongo que además de ser particularmente crítico en el caso de las lenguas minoritarias, lo anterior explica por qué en ocasiones quienes las hablan las defienden encarnizadamente y recurren a ciertas estrategias para protegerlas de amenazas externas de todo tipo.


En todas estas cosas me hizo pensar el libro Autores catalanes traducidos al castellano, en el que Jorge Herralde presenta la colección que preparó Anagrama con motivo de la invitación de la culturar catalana a la Feria de Frankfurt que tendrá lugar próximamente.


En un capítulo titulado “Recepción de los autores catalanes traducidos” dice Herralde:


‘La acogida por parte del mercado español de la literatura catalana traducida no ha sido muy entusiasta, por decirlo de una forma suave. Por una parte, las librerías están muy invadidas por los autores españoles (más algunos, aunque no demasiados, autores latinoamericanos) y por las traducciones de países anglosajones.


Una situación muy similar a la de otros países europeos (de la Europa continental), donde sus respectivos autores nacionales y los anglosajones también son hegemónicos. Como es sabido, tan sólo un número reducido de autores traducidos del francés, italiano, alemán, polaco, etc., logra un apreciable número de lectores (estas consideraciones se refieren a la llamada literary fiction, concepto con márgenes algo imprecisos pero bien entendible).


Pese a las dificultades comerciales previsibles (y luego confirmadas), empecé a publicar a autores catalanes, al igual que hacía con otras literaturas continentales europeas, la francesa y la italiana es especial, a las que también podía acceder como lector. Por cierto, tampoco fueron precisamente gloriosas las ventas de autores como Pierre Michon, Julien Gracq, Claude Simon, Rayomnd Queneau, Giorgio Manganelli, Salvatore Satta o Gesualdo Bufalino, pero sus obras enaltecen cualquier catálogo literario.


El caso del autor catalán traducido sería, pues, similar al del autor europeo continental pero con algunos handicaps adicionales que agravan la situación. Por una parte, en Cataluña gran número de su posible público lo lee, claro está, en su versión original. Por otra, no hay que descartar la hipótesis de que, a ciertos lectores españoles, las onomásticas y toponimias que persisten en libros traducidos del catalán les produzcan un rechazo visceral. Por no hablar de la extrañeza que puede suscitar el hecho de que haya escritores que se empecinen en escribir en tan minoritaria lengua (…).


Además, los medios de comunicación en Cataluña dan cuenta de la publicación de los libros cuando aparecen en catalán; al traducirlos al castellano las migajas mediáticas que se obtienen son escasísimas. Para combatir estas carencias, cada vez se procura más la publicación simultánea en catalán y castellano. Pero el porcentaje es aún escaso, al contrario de lo que pasa con las traducciones de otros idiomas al catalán y al castellano, en la que, con mucha frecuencia, se pactan de forma fluida entre los editores en catalán y castellano la publicación simultánea y la promoción conjunta. Para completar el panorama, los escritores catalanes, salvo esporádicas y escasísimas excepciones, viajan poco por España, por lo que su red de alianzas y amistades, su network, es muy precaria, lo que no ayuda precisamente a favorecer su difusión.


Todo ellos, y pese a la calidad literaria de un número apreciable de escritores, ayuda a comprender la difícil penetración en España de la literatura catalana, como rama particularmente frágil, debido a los handicaps mencionados, de la literatura europea continental.


Y explica la dificultad de una política sistemática de traducción al castellano de las obras más valiosas y de los nuevos valores de la literatura catalana. Así, por ejemplo, en la década de los setenta, si bien recuerdo, se produjo una voluntariosa iniciativa de Alianza Editorial, en la que se lanzó una colección compuesta por títulos bien escogidos y bien traducidos, con resultados decepcionantes.


Sin embargo, en estos últimos años la compra de sellos catalanes por grandes grupos que publican habitualmente en castellano, como el caso de Columna, ahora propiedad de Planeta, ha propiciado un mayor número de traducciones al castellano en algunos de sus sellos.


También merece la pena reseñar un fenómeno inesperado: la publicación de best sellers previsibles (o confirmados) de autores en castellano que se traducen al catalán, algunas veces en lanzamiento simultáneo en ambos idiomas, y cuyos resultados han sido, al parecer, muy satisfactorios. Así los casos de Carlos Ruiz Zafón, Javier Cercas e Ildefonso Falcones’.


Herralde ya nos ofrece para el caso del catalán las apreciaciones agudas y certeras de quien conoce muy bien el mercado. ¿Qué pasará con el gallego o el euskera? ¿Qué pasará en otros países que tienen lenguas minoritarias?


Claramente este tema puede parecernos muy raro en un principio porque como uno de los principios de la expansión de la cultura occidental ha sido la homogeneización, nos cuesta trabajo darnos cuenta de que tanto ésta como las demás pueden llegar a encerrar una heterogeneidad de la que en ocasiones da cuenta la diversidad lingüística.