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martes, 7 de julio de 2009

¿por qué los escritores que escriben en español se leen poco en países hispanohablantes distintos del suyo?: ideas de maría moreno y javier moreno

En [ el ojo fisgón ] he escrito varias entradas sobre las dificultades existentes a la hora de difundir la obra de los autores hispanoamericanos en otros países hispanohablantes distintos del suyo: “venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?”, “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?” y “una cuestión de derechos”.


En estas entradas intenté dar cuenta de algunas razones que explicaran por qué es tan difícil encontrar en cualquier país latinoamericano un libro de un autor de otro país de la región. Para mí en ese momento estaba claro que la razón que explicaba este fenómeno era que un escritor chileno o mexicano que no fuera conocido en Venezuela o Perú difícilmente encontraría allí un editor local que apostara por publicar sus libros, que si en su propio país publicaba con un gran grupo transnacional éste sólo llevaría sus libros a otros países en caso de que se tratara de un autor de mucho renombre y que si esto llegase a suceder lo más probable sería que no vendiera más que unos cuantos ejemplares —sólo autores cuyo nombre es una marca posicionada como Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Arturo Pérez-Reverte o Isabel Allende están en capacidad de garantizar grandes ventas en cualquier país—.


La existencia de una lengua común debería dar pie para que los libros circularan con mayor fluidez de un país a otro e incluso para la creación de un mercado común. Sin embargo, parece que de momento en el ámbito hispanohablante las fronteras políticas pesan más que el hecho de contar con cerca de 500 millones de lectores potenciales —al cual claramente no se le está sacando provecho—.





Dicho esto, en los comentarios a la entrada “¿qué deben hacer los escritores hispanoamericanos para cruzar la frontera?” se desarrolló una breve conversación entre María Moreno, editora de Veintisiete Letras, y Javier Moreno, coeditor de HermanoCerdo, en la que ambos dan cuenta de otros elementos que yo no consideré y que además de muy interesantes me parecen cruciales.


Como entonces no tenía mayor cosa que añadir con respecto a los argumentos de María y Javier, en ese momento me hice a un lado aunque con la intención de volver más adelante sobre este tema porque estaba convencido de que aún había mucho por decir y de que valía la pena seguir dándole un impulso a la discusión. A continuación reproduzco el intercambio de opiniones que sostuvieron María y Javier por si alguien quiere comentar algo al respecto o aportar nuevos puntos de vista —pongo en negrillas los aspectos sobre los que me gustaría llamar la atención—.


Dice María:


‘Habláis de los problemas de mercado y distribución, pero creo que debemos preguntarnos antes por el interés real que existe entre los lectores -no ya ocasionales, sino habituales- por lo que se escribe en español. Qué interés suscita la creación y el pensamiento en español en el mundo hispanohablante. Yo creo que muy poco. Dentro de cada país, se hace "algo" de caso a los autores nacionales (y sólo a algunos) y se acabó.


En España. "España da la espalda a América Latina". Se trata de una frase que hace año y medio escuchamos repetidamente de distribuidores y libreros cuando presentamos Veintisiete Letras. Y que seguimos escuchando. ¿Por qué no interesa a los lectores españoles lo que se escribe en nuestro idioma? No hablo sólo de autores jóvenes. Hablo de obras consagradas por la crítica, de clásicos vivos, de premios nacionales… ¿Por qué no son "tendencia" las letras hispanoamericanas? Aclaro que los autores españoles sólo funcionan a medias…


Son varias las razones que se me ocurren: un desprecio (o poco aprecio) por el idioma en sí mismo y por el placer de leer en "versión original"; los manidos efectos del boom, que son muy reales y parecen haber saciado el interés de generaciones y generaciones posteriores de lectores; la radical falta de curiosidad por la cultura contemporánea latinoamericana: sería precisa una integración más natural, más viva y visible de sus manifestaciones en la vida cultural cotidiana de nuestro país (ahora se limita a ciertas esferas e instituciones en absoluto influyentes en la opinión pública); y también, hay que decirlo, los prejuicios con los que hoy un españolito se relaciona con la realidad iberoamericana, relación muy condicionada por el fenómeno de la inmigración.


Por mucha apuesta que hagamos las editoriales y por muy razonable que sea el espacio que dedican los medios a estas obras, si los hispanohablantes no tenemos interés en leer español "original", poco más se puede hacer’.


Dice Javier en respuesta al comentario de María:


‘Buena aclaración, María. A Herralde lo escuché decir algo muy parecido alguna vez. Sospecho, sin embargo, que la observación no se extiende a América Latina.


En Latinoamérica la defensa de "lo propio" no es tan acentuada (al menos a nivel de idioma y literatura) como en España (tan es así que los autores latinoamericanos que publican en España -no importa de dónde sean- luego se venden con mediano éxito en toda latinoamérica. De hecho casi cualquier autor español medianamente serio de una editorial con interés por el mercado americano (esto es, que distribuya) se consigue en Bogotá o Lima o Quito o México D.F. sin mucha dificultad)). Naturalmente hay una predilección por los autores locales ("porque hablan de uno") pero esta nunca llega al nivel de impedir que autores extranjeros no lleguen y se vendan.


El mercado está ahí’.


Dice María, contestándole a Javier:


‘No sé, no sé... Os doy un dato más para la reflexión: nosotros hemos empezado a exportar libros a Hispanoamérica a través de una empresa española. Aunque nuestro catálogo es muy pequeño aún (14 títulos), los autores americanos tienen un protagonismo clarísimo. No se trata de autores noveles, sino de escritores con amplia reputación y obra en sus respectivos países. Su recepción crítica en España ha sido muy buena (han tenido una más que razonable repercusión en prensa). Y, sin embargo, a nuestro exportador sólo le llegan pedidos de México, Colombia o Perú referidos a la "cara b" del catálogo: clásicos como Trotsky, Colette o Rougemont. Ningún interés por los demás’.


Para terminar, Javier le responde de nuevo a María:


Yo sospecharía que detrás de esos pedidos no hay estudios de mercado sino prejuicios y comodidad de los distribuidores. Al fin y al cabo, publicitar un clásico siempre es más fácil que presentar y popularizar un autor contemporáneo sin suficiente nombre.


Un problema adicional es el precio: En pesos colombianos los libros de Veintisiete Letras deben ser medianamente caros. Conozco distribuidoras de libros pubicados en España que etiquetan sus libros con un precio en pesos que es casi dos veces el precio en euros en España. Eso definitivamente reduce el atractivo de los libros importados.


Y bueno, hay muchos factores más. El problema ciertamente no se restringe a la distribución: La literatura en latinoamérica es en últimas un negocio con un público limitadísimo, con poca publicidad y con nulos espacios divulgación por fuera de los libros editados por los grandes grupos editoriales’.


Los planteamientos de María y Javier son bastante interesantes y vale la pena continuar con la conversación que ellos empezaron. En esta semana añadiré un par de comentarios al respecto.

viernes, 17 de abril de 2009

sant jordi o día del libro 2009 [ 6 ] / las recomendaciones de maría moreno, de veintisiete letras


Sigo publicando en orden de llegada las recomendaciones que me han enviado personas relacionadas con el sector editorial para este Sant Jordi / Día del libro. Éstas son las de María Moreno, de Veintisiete letras:


1. De los libros publicados por Veintisiete letras, ¿cuál recomienda para regalar el próximo 23 de abril?


- Céline secreto, de Lucette Destouches y Véronique Robert


- Hambre de forma, de Haroldo de Campos




2. ¿Cuál(es) libro(s) regalará el próximo 23 de abril?


- Me acuerdo, de Joe Brainard (Sexto Piso)


- Los viajes de Emily Nudd Mitchell (Demipage)





3. ¿Cuál(es) libro(s) le gustaría que le regalaran el próximo 23 de abril?


- La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche, de Franz Overbeck (Errata Naturae)


- Pierre Drieu La Rochelle. El aciago seductor, de Enrique López Viejo (Melusina)




***


Durante los próximos días publicaré en orden de llegada las demás recomendaciones que he recibido hasta el momento:


- Eva Orúe, de Divertinajes


- Patricia Escalona, de Roca editorial / Miscelánea editores


- Javier Moreno, de La balada del elefante azul


- Enrique Redel, de Impedimenta


- Àngels Balaguer, de Duomo ediciones


- Jorge Herralde, de Anagrama


- Luis Solano, de Libros del asteroide


- Elisenda Julibert, de Marbot ediciones


- José Pons Bertran, de Melusina


- David Villanueva, de Demipage


- Javier Celaya, de Dosdoce


- Damià Gallardo, de la librería Laie CCCB


- Miquel Adam, de Labreu edicions


- Txetxu Barandiarán, de convalor


- Jordi Nadal, de Plataforma


- Joaquín Rodríguez, de Los futuros del libro


Una última cosa: se siguen recibiendo recomendaciones de todo aquel que quiera enviarlas a la dirección de correo electrónico que aparece bajo el título [ enviar sugerencias y comentarios a: ], ubicado en la franja derecha del blog.

jueves, 13 de marzo de 2008

entrevista a maría moreno y viviana paletta, editoras de veintisiete letras / “hay que recuperar el interés por lo que se escribe en hispanoamérica"

Tras haber formado parte del equipo de trabajo inicial de La Esfera de los Libros, María Moreno y Viviana Paletta decidieron montar su propia editorial. Se trata de Veintisiete Letras, que con un marcado énfasis en la literatura hispanoamericana busca dar a conocer a través de sus tres colecciones de ensayo, narrativa y poesía autores y textos clásicos contemporáneos en lengua española que no han sido publicados en España o que no se han difundido como ellas creen que debería hacerse. Convencidas de que mucho de lo mejor que se ha escrito y se está escribiendo en nuestro idioma viene de Hispanoamérica, estas dos editoras que encuentran valiosísimo el tiempo que se invierte en leer un libro consideran que la atención personalizada al autor, al librero, al periodista y al prescriptor es una de las fortalezas de un proyecto que en seis meses de existencia ha publicado ocho títulos y que aspira a publicar entre doce y quince al año.


Martín Gómez: ¿Cómo definirían Veintisiete Letras?


María Moreno: Tal como consta en nuestra Web a modo de declaración de principios, Veintisiete Letras es una editorial literaria y de pensamiento cuya propuesta se asienta en tres colecciones: ‘Las eras imaginarias’ (narrativa), ‘In/mediaciones’ (pensamiento, historia, crítica, crónicas, etc.) y ‘Ajuar de frontera’ (poesía). Prestamos especial atención a las obras escritas en español —tanto en Hispanoamérica como en España— y a títulos no disponibles de la cultura universal que merecen formar parte de toda buena biblioteca de fondo.


M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Veintisiete Letras?


M.M.: Hace unos años abandoné una carrera profesional vinculada al Derecho porque tenía claro que quería ganarme la vida “relacionándome” con los libros. Entonces no se trataba tanto de crear una editorial como de trabajar en el sector. Tuve la oportunidad de integrarme al equipo fundacional de La Esfera de los Libros y resultó muy estimulante participar en la puesta en marcha de ese proyecto. Después de unos años como responsable de comunicación de La Esfera de los Libros, tuve claro que lo que me interesaba era desarrollar ciertas propuestas editoriales y que la mejor vía para hacerlo era una editorial propia. Me marché de La Esfera de los Libros sin tener la idea completamente definida. Allí había coincidido con la brillante escritora y editora Viviana Paletta. Como Viviana dejó esta editorial unos meses después que yo, nos reencontramos y perfilamos el proyecto.


Viviana Paletta: Llevo muchos años en el mundo del libro. He realizado multitud de labores como free lance para diversas editoriales hasta que llegué a Akal y posteriormente al equipo de inicial editores de La Esfera de los Libros. Con María compartimos la pasión por la lectura, que fue el motivo que nos impulsó a trabajar juntas en un proyecto propio.



M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de la editorial?


M.M.: Cuando se es un apasionado de la edición y de los libros, poner en marcha un proyecto propio de este tipo siempre es una tentación. En mi caso fueron determinantes para tomar la decisión la necesidad de dar ese paso profesional, el estímulo de participar en el proceso editorial completo, la posibilidad y la responsabilidad de lanzar al mercado voces literarias y obras de pensamiento que en nuestra opinión merecen el tiempo que se les pueda dedicar y una serie de motivaciones personales —las habituales: autogestión, flexibilidad, conciliación, etc.—.


V.P.: Para mí en la creación de una editorial debe primar sobre todo la idea de crear un proyecto intelectual. Veintisiete Letras supone la posibilidad de dar forma a una biblioteca “ideal” y a la medida de nuestras posibilidades para difundirla entre los lectores: casi una pasión secreta al compartir el mismo entusiasmo por la lectura, de manera que cada libro nos deleite por su imaginación o por su delicadeza y riesgo en el uso de su idioma. Que cada libro nos empuje a ser más creativos, más lúcidos.


M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de Veintisiete Letras?


M.M.: Nuestra idea inicial era empezar abordando sólo la no ficción que define la colección In/mediaciones’ —es decir, pensamiento, historia, crítica, crónicas, etc.— y la poesía. Salir con narrativa nos infundía un cierto temor porque es un género con el que es mucho más difícil hacerse ver entre tanta oferta. El ensayo o la historia tienen un público lector objetivo que es más fácil detectar y al que, por tanto, debería ser más sencillo llegar.




Sin embargo, pronto vimos la oportunidad y la conveniencia de dar a conocer la narrativa de ciertos escritores. Se trata sobre todo de autores hispanoamericanos de referencia en sus respectivos países y que cuentan con una obra muy consolidada que ha sido ampliamente respaldada por la crítica pero que no había sido difundida en España o, al menos, no con la relevancia que la calidad de los textos merecía. Es así como surge y se perfila la colección ‘Las eras imaginarias’. En definitiva, y aunque no renunciamos a las traducciones, publicamos fundamentalmente clásicos contemporáneos. Ésta es una apuesta por la literatura en español, sobre todo de Hispanoamérica —creemos que sin duda mucho de lo mejor que se ha escrito y se está escribiendo en nuestro idioma viene de allí—, de contrastada calidad y cuyos planteamientos y propuestas tienen una clara vocación universal.


Parámetros similares definen la colección de poesía ‘Ajuar de frontera’. De momento sólo hemos editado Sacrificiales, del poeta colombiano Rómulo Bustos. Pero en esta línea la colección estará integrada sobre todo por ediciones de poemarios unitarios de autores muy relevantes apenas difundidos en España. Los textos irán precedidos de presentaciones a cargo de otros poetas o especialistas que abordan la figura del creador, su contexto de creación, su poética y la relevancia de la obra.


Con la colección ‘In/mediaciones’ nos proponemos, por un lado, publicar textos clásicos inencontrables de pensamiento, historia o crítica —buscamos clásicos en un sentido amplio: obras canónicas en su materia o plenamente actuales y vigentes pese al tiempo transcurrido desde que fueron escritas—, así como a autores indiscutiblemente relevantes que es preciso reivindicar porque no han sido publicados en las mejores condiciones o porque permanecen en parte inéditos —como es el caso de Alejandro Sawa, cuyas crónicas periodísticas acaban de ver la luz—. También pretendemos difundir la obra ensayística de ciertos autores, especialmente aquella de los latinoamericanos que siguiendo la estela de Rubén Darío o de Borges tienen una clarísima vocación universal.


M.G.: ¿Bajo cuáles criterios editoriales se eligen los libros que publica Veintisiete Letras?


V.P.: Calidad de los textos, imaginación, riesgo, vigencia, belleza y sentido. Realizamos una cuidadosa lectura de autores que no han tenido difusión en España pero que merecen ser difundidos entre nosotros tanto por su obra ya consolidada como por la atención que han recibido de la crítica especializada.


M.G.: ¿Creen que Veintisiete Letras está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?


M.M.: La edición de los textos llamados clásicos “más evidentes” (estamos pensando en Trotsky o en Rougemont, en nuestro caso) es, reconozcámoslo, una tendencia que ha venido funcionando más o menos bien y a la que nos hemos sumado grandes y pequeños. Pero es que textos recuperables hay muchos y muy buenos. Lo interesante para nosotros es, además, intentar presentar clásicos desconocidos en España.


De todas formas quizás la apuesta por Hispanoamérica sea nuestro rasgo diferencial. A España sólo llegan unos cuantos nombres pero entre ellos no se encuentran muchos de los creadores esenciales del continente. En todo caso no se trata de volver a tomar el pulso a “una literatura” que no puede considerarse de manera uniforme, sino de presentar a los lectores españoles la obra individual de reconocidos autores latinoamericanos con clara vocación universal. Es una opción arriesgada porque hay que recuperar el interés por la literatura y el pensamiento escritos en Hispanoamérica. Después del boom y el post-boom —fenómenos que, por otro lado, dejaron fuera voces esenciales—, la tendencia lectora se ha consolidado a favor de las traducciones y de la literatura española. Si la literatura española interesa, no tiene mucho sentido la falta de curiosidad por aquella que se escribe en el mismo idioma y que, además, propone historias, lenguajes y mundos fascinantes que trascienden los elementos locales que les podamos presumir. Nos gustaría ser capaces de transmitir la universalidad de los asuntos que proponen y la brillantez con la que manejan el idioma.



M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Veintisiete Letras para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?


V.P.: Creemos que es básico mantener la calidad y coherencia del proyecto para que lectores, libreros y medios confíen en nuestro criterio. Nuestra idea es editar entre doce y quince títulos al año, cuidando contenido, forma, distribución y promoción. Confiamos en la atención muy personalizada al autor, al librero, al periodista y al prescriptor. Son posiblemente nuestras mejores bazas: el control sobre todo el proceso de producción y la cercanía y afinidad que podemos establecer con todas las personas implicadas en la cadena.


Esperamos llegar a ser lo suficientemente visibles. Desde luego, estamos convencidas de que existen los lectores suficientes para nuestros libros. Pero es preciso que nos encuentren. Y eso sólo es posible si los medios de comunicación y las librerías confían en nosotros y “nos muestran”.


M.G.: ¿Qué distingue a Veintisiete Letras de otras editoriales independientes españolas?


M.M.: En realidad nos gustaría parecernos a algunas de ellas. Han desarrollado una tarea brillante en el sector. Querríamos que se nos identificara como uno de esos proyectos pensados para lectores —no para “no lectores”—, que proponen obras que no son superfluas ni gratuitas, que trabajan por ofrecer un catálogo de calidad y que valoran sobre todas las cosas el tiempo que alguien invierte en leer un libro.


M.G.: ¿Cuál sería el balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


M.M.: Llevamos apenas seis meses en el mercado y sólo ocho títulos publicados. La respuesta de los medios de comunicación ha sido muy generosa. El encontrar nuestros libros en las librerías e incluso en algunas mesas de novedades nos ha resultado una experiencia casi irreal porque somos conscientes de la cotización del espacio. Estamos, desde luego, satisfechas, pero a la vez no dejamos de trabajar muy duro para dar a conocer nuestro proyecto con mayor amplitud.


M.G.: ¿Podrían adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Veintisiete Letras?


V.P.: Estamos preparando la publicación de dos magníficos ensayistas, uno proveniente de Chile y el otro de México. En poesía pronto recalaremos en Brasil y en Nicaragua. Y también incursionaremos por primera vez en la traducción literaria con una nueva edición de Colette.


M.G.: ¿Podrían mencionarnos algunos autores y/o libros que le gustaría incluir en el catálogo de Veintisiete Letras?


V.P.: Por el momento nos resulta más sencillo enumerar títulos que ya no podremos publicar como El desierto y su semilla, de Barón Biza. También los ensayos de Juan José Saer. Además, hay unos cuantos nombres que ya están estupendamente editados por Galaxia Gutemberg.

jueves, 18 de octubre de 2007

preguntas frente a la aparición de nuevas editoriales independientes

¿Es cierto que, como dije hace unos días, en este momento hay un fenómeno de sobreproducción en el mercado editorial y que éste está saturado? ¿La aparición de nuevas editoriales independientes es un indicio de que el sector editorial goza de buena salud? ¿O sugiere más bien que independientemente de la salud del sector sigue habiendo gente con el suficiente espíritu de riesgo como para meterse en este negocio tan complicado e interesante a la vez? Además de construir un catálogo con un registro propio que se diferencie del de las demás y que vaya dirigido a un público puntual, ¿qué más tiene que hacer una editorial para encontrar su lugar?




Estas son las preguntas que se me vienen a la cabeza cuando pienso en Veintisiete Letras, Impedimenta y Marbot, tres editoriales independientes de cuya aparición me he enterado durante el último mes —que se suman a algunas otras que han aparecido durante los últimos años— y que considero que apuestan por diferenciarse proponiendo un catálogo con un registro propio que seguramente está en sintonía con los intereses de ciertos de lectores que podrían conformar nichos bastante específicos.