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viernes, 11 de abril de 2008

fragmentos de “un posible decálogo” , del librero antonio ramírez de la central

El número 0 de SP Revista de Libros —la publicación de SP Distribuciones a la que me referí la semana pasada— incluye un breve texto interesantísimo llamado “Un posible decálogo” del librero colombiano Antonio Ramírez, de La Central. El posible decálogo de Ramírez es una presentación de los fundamentos en los que se basa La Central como proyecto cultural y como empresa comercial.


Cito algunos fragmentos del decálogo que creo que explican claramente por qué en sólo diez años La Central se ha convertido en lo que es.


‘2. El librero “hiper-lector”


(…) Lejos de ser un constructor de cánones, lo propio del librero es su capacidad para asociar lecturas, para proponer la continuidad entre textos en apariencia distantes, para crear familiaridades entre títulos que no pueden ser formuladas de otra manera, para mostrar jerarquías que sólo pueden sugerirse (…)’.


‘5. El libro más allá de la distribución


(…) Ningún sistema de control informático puede suplir el celo con el que el librero consciente de su papel procura los libros que para él son claves —tanto si son novedad o si pertenecen al fondo— estén en el lugar adecuado y en el momento oportuno. Él sabe que el lector que un día detiene su mirada justamente sobre ese libro, tal vez inesperado, situado así, de esa manera precisa, y reconoce que ése es su libro, el que sin recordar anda buscando, recordará con intensidad ese encuentro singular (…)’.


‘7. La independencia


Para nosotros esta palabra significa: aquel principio ineludible que consiste en anteponer el compromiso con los lectores antes que la búsqueda de un beneficio económico a corto plazo. Es decir, en la presentación de los escaparates, en la composición de las mesas de novedades, en la selección de los fondos primará exclusivamente la búsqueda de una coherencia en el diseño de su propuesta librera con el propósito de conseguir a medio y largo plazo la confianza y la fidelidad de las comunidades de lectores a las cuales nos dirigimos (…)’.


‘10. La librería, entre economía y cultura


(…) Un paseo en torno a la mesa de una librería tiene el efecto de unas bolas de billar en movimiento: toda la información acumulada en la memoria se activa, un título trae el recuerdo de otro libro que alguien nos ha recomendado, un autor nos muestra su nueva novela y pensamos en lo mucho que nos decepcionó la anterior, una portada nos habla de una colección y evocamos la grata lectura de un número anterior de la misma, un editor nos propone un clásico y recordamos que siempre hemos preferido los autores de tal época o tal país… finalmente algo hará que nuestra atención se fije en un punto determinado y diremos: ¡Ya está!’.


SP Revista de Libros, número 0. pp. 4 - 6

SP Distribuciones

México, marzo de 2008


Sin palabras salvo por un único comentario: no cabe duda de que “Un posible decálogo” muestra la concepción que Antonio Ramírez tiene de su oficio, sus convicciones con respecto a éste y algunas de las claves del éxito de su empresa.

jueves, 6 de septiembre de 2007

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 6 ]

Ayer en la tarde decidí aprovechar que estamos en la época de los nuevos lanzamientos editoriales para retomar el ejercicio de visitar algunas librerías para echarle un ojo a lo que hay sobre las mesas de novedades. Como queda justo al lado de mi oficina, me pareció que lo más fácil era empezar por La Central de Mallorca.


Librería: La Central de Mallorca

Fecha: miércoles 5 de septiembre de 2007 (5.44 p.m.)

Algunos libros de la mesa de novedades:


- Así que Usted comprenderá, de Claudio Magris


- Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas


- Cuentos contados dos veces, de Nathaniel Hawthorne


- La carretera, de Cormac McCarthy


- Salir a robar caballos, de Per Peterson


- ¿Quién me defenderá de la belleza?, de Stendhal


- El cor és un caçador solitari, de Carson McCullers


- Cuentos, de Ernest Hemingway


- Lo puro y lo impuro, de Colette


- La desaparición de Majorana, de Leonardo Sciacia


- Lo que ya no recuerdo y otros cuentos, de Valeria Parrella


- El corazón es un cazador solitario y Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers


- Una educación incompleta, de Evelyn Waugh


- Tarabas, de Jospeh Roth


- Diarios y Exégesis de los lugares comunes, de Léon Bloy


- La camisa, de Yevgueni Grishkovets


- Ahora es el momento, de Tom Spanbauer


- Ravel, de Jean Echenoz


- Flores azules, de Raymond Queneau


- M/T y la historia de las maravillas del bosque, de Kenzaburo Oé


- Diarios de la calle, de Erin Gruwell y Freedom Writters


- Amor en clima frío y A la caza del amor, de Nancy Mitford


- Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie


- El quinto en discordia, de Robertson Davies


- Goodbye, Columbus, de Philip Roth


- Todavía tú, de María Tena


- Corazón mestizo, de Pedro Juan Gutiérrez


- La pesca del salmón, de Paul Tordey


- Ronda nocturna, de Mijaíl Kuráyev


- Ningún dios a la vista, de Altaf Tyrewala


- Vida de motel, de Willy Vlautin


- El hombre del salto, de Don DeLillo


- El quinto en discordia, de Robertson Davies


- Ayer no te vi en Babilonia, de António Lobo Antunes


- El príncipe negro, de Iris Murdoch


- Pura anarquía, de Woody Allen


Hay dos aspectos que me llaman la atención de esta selección: por un lado, la presencia de muchos libros que dejaron de ser novedades hace un tiempo —lo cual sugiere una visión a mediano y largo plazo en las recomendaciones de la librería—; y, por el otro lado, que los autores españoles brillan por su ausencia —una diferencia fundamental con Francia, donde sería inadmisible una mesa de novedades con una escasa presencia de autores franceses—.


Debo decir que me emociona muchísimo que La Central destaque las reediciones de El corazón es un cazador solitario y Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers.

martes, 3 de abril de 2007

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 1 ]

Como siento la necesidad de ir a menudo a las librerías y siempre que voy a una me gusta ponerle especial atención a lo que hay tanto en la mesa de novedades como en las secciones que me interesan —particularmente en la de narrativa norteamericana, británica y latinoamericana—, decidí empezar a llevar un registro más o menos sistemático de las cosas que encuentro cuando voy a ver libros. Me pareció que éste podría ser un ejercicio interesante para definir de la manera más precisa posible el perfil de las distintas librerías que visito.

Como son las dos librerías que están más cerca de mi casa, ayer en la noche pasé un rato tanto por La Central del Raval como por la Fnac del centro comercial El Triangle y me puse a tomar nota de los libros que había en la mesa de novedades de cada una de ellas. Salvo el par de novedades obligadas, los libros que están en la mesa de novedades de una y otra son completamente distintos. De hecho, diría que el énfasis que cada librería hace en su oferta define no sólo su identidad sino también su tipo de público.

A continuación presento el registro que hice en mi visita de ayer a ambas librerías:

Librería: La Central del Raval

Fecha: lunes 2 de abril de 2007 (9.12 p.m.)



Algunos libros de la mesa de novedades:

- Arthur & George, de Julian Barnes

- Viajes por el Scriptorium, de Paul Auster

- Ácido sulfúrico, de Amélie Nothomb

- La mesilla de noche, de Edgard Telles Ribeiro

- El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales

- Esta historia, de Alessandro Baricco

- Todas las cosmicómicas, de Italo Calvino

- Un relato policiaco, de Imre Kertész

- La lengua exiliada, de Imre Kertész

- Mantícora, de Robertson Davies

- Delicioso suicidio en grupo, de Paasilinna Arto

- Nocilla dream, de Agustín Fernández Mallo

- Léxico familiar, de Natalia Ginzburg

- El séptimo velo, de Juan Manuel de Prada

- El corazón helado, de Almudena Grandes

- El retorno de Filip Latinovicz, de Miroslav Krleža

- Els reptes de l´educació en la modernitat líquida, de Zygmunt Bauman

- Cuestión de énfasis, de Susan Sontag

- Obras completas. Libro 2. Vol 1, de Walter Benjamin

- El perdedor radical. Ensayo sobre los hombres del terror, de Hans Magnus Enzensberger

- La cosa en sí, de Andrés Trapiello


Librería: Fnac (centro comercial El Triangle)

Fecha: lunes 2 de abril de 2007 (9.42 p.m.)


Algunos libros de la mesa de novedades:

- Escucha mi voz, de Susanna Tamaro

- Mujeres de Manhattan, de Candace Bushnell

- El corazón helado, de Almudena Grandes

- El pedestal de las estatuas, de Antonio Gala

- Hollywood Station, de Joseph Wambaugh

- El mercenario de Granada, de Juan Eslava Galán

- La catedral del mar, de Ildefonso Falcones

- La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

- El séptimo velo, de Juan Manuel de Prada

- Mira si yo te querré, de Luis Leante

- Cien años de soledad (edición conmemorativa), de Gabriel García Márquez

- El cuento número trece, de Diane Setterfield

- Viajes por el Scriptorium, de Paul Auster

- Los 36 hombres justos, de Sam Bourne

- Hannibal. El origen del mal, de Thomas Harris

- Fantasmas del pasado, de Nicholas Sparks

- 20 pasos hacia adelante, de Jorge Bucay

- Cosmofobia, de Lucía Etxebarría

- Luna nueva, de Stephenie Meyer

- El niño con el pijama de rayas, de John Boyne

- Wicked. Memorias de una bruja mala, de Gregory Maguire

- Como iba diciendo, de Andreu Buenafuente

- La sangre de los inocentes, de Julia Navarro

- S de silencio, de Sue Grafton

- El quinto día, de Franz Schätzing

- La habitación de ámbar, de Steve Berry

- Los 36 hombres justos, de Sam Bourne

- Dos niñas vestidas de azul, de Mary Higgins Clark

- La clave Gaudí, de Esteban Martín y Andreu Carranza

- Roseanna, de Per Wahlöö y Maj Sjöwall

- El libro del destino, de Brad Meltzer


Aunque en sus mesas de novedades ambas librerías coinciden en recoger títulos publicados recientemente como
Viajes por el Scriptorium, de Paul Auster y El corazón helado, de Almudena Grandes, las diferencias entre una y otra son más que notorias: mientras que la de La Central se arriesga a atravesar la frontera de los caminos más fáciles de transitar ofreciendo libros cuya calidad literaria sobresaliente no garantiza un éxito en ventas —por ejemplo, le da un lugar privilegiado al ensayo—, la apuesta de la de la Fnac se centra en ese tipo de best seller —particularmente en el thriller—que se deja leer fácilmente en el aeropuerto, en el metro o en la playa.


Sin lugar a dudas, este matiz marca una diferencia sustancial entre una librería especializada y una gran superficie de tipo generalista en donde se puede comprar desde un diccionario inglés - español hasta las boletas del próximo concierto, pasando por un Play Station 3
. Lo anterior también puede constatarse en los siguientes pantallazos de la página inicio del website de ambas librerías:




lunes, 5 de febrero de 2007

prosas apátridas

Tras haber oído a alguien decir algunas cosas interesantes sobre Julio Ramón Ribeyro, quise saberlo todo sobre él. En Internet no encontré mayor cosa y en las librerías de Bogotá tampoco. Sin embargo, en la biblioteca Luis Ángel Arango encontré el volumen de sus cuentos completos editado por Alfaguara. Después de leer dos o tres o cinco cuentos suyos, Ribeyro entró a formar parte de mi lista de autores favoritos.


Un libro fantasma


Como toda la gente que hablaba de Ribeyro mencionaba sus Prosas apátridas, quise leer ese libro que con el paso del tiempo se me terminó convirtiendo en uno más de aquellos de los que tantos hablan pero que para mí son inaccesibles. Como no lo encontraba en ninguna librería ni en ninguna biblioteca, empecé a ver Prosas apátridas como un libro fantasma cuya existencia era casi una leyenda urbana más.

Y lo siguió siendo hasta hace un par de semanas que entré a la librería La Central de Mallorca buscando un libro de textos cortos de no ficción para recuperar el hábito de leer en mis ratos libres. Como en la mesa de novedades no había encontrado nada que me atrajera lo suficiente, me fui hacia la sección de narrativa latinoamericana. Y justo cuando estaba echando el primer vistazo me encontré con una edición de Seix-Barral de Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro.

Emocionado, cogí un ejemplar del libro y me puse a leer la contraportada y las solapas. Cuando, como hago siempre, examiné los datos del libro entendí por qué nunca había dado con él: además de que de Prosas apátridas solamente había una edición de 1975 y otra de 1986, la que yo tenía en mis manos era de enero de 2007. Por otra parte, en ese momento me di cuenta de que no tenía ni la menor idea acerca del tema del libro y de que lo que me había atraído desde el primer momento era su título.


Inclasificables y entrañables


Con respecto al título dice Ribeyro en la nota del autor: “El título de este libro merece una explicación. No se trata, como algunos lo han entendido, de las prosas de un apátrida o de alguien que, sin serlo, se considera como tal. Se trata, en primer término, de textos que no han encontrado sitio en mis libros ya publicados y que erraban entre mis papeles, sin destino ni función precisos. En segundo término, se trata de textos que no se ajustan cabalmente a ningún género, pues no son poemas en prosa, ni páginas de un diario íntimo, ni apuntes destinados a un posterior desarrollo, al menos no los escribí con esa intención. Es por ambos motivos que los considero ‘apátridas’, pues carecen de un territorio literario propio. Al reunirlos en este volumen he querido salvarlos del aislamiento, dotarlos de un espacio común y permitirles existir gracias a la contigüidad y al número”.



Sin pensarlo dos veces compré el libro, me fui rápido a mi casa y al llegar allí me senté a leerlo. Tras leer la nota del autor seguí con la prosa número 1, después con la 2 y luego con la 3 y así sucesivamente hasta que tuve que parar porque no quería quedarme con las manos vacías tan rápido. Después de un rato releí una y otra vez lo que ya había leído, lo cual me tranquilizó porque me di cuenta de que el sentido de esos textos breves era tan profundo que podía releerlos cuantas veces quisiera sin agotarlos.

Ribeyro escribió estos textos sueltos que encierran una visión del mundo absolutamente ecuánime y consistente con un estilo tan breve, económico, contundente e intimista, que leyendo sus Prosas apátridas me sentí como si estuviera dando vueltas en el patio de mi propia casa.