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sábado, 24 de noviembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 57 ] / las ferias del libro de frankfurt y madrid según jorge volpi


Me gusta la descripción que hace Jorge Volpi de las ferias del libro de Frankfurt y Madrid en su artículo “Intruso en la feria”, publicado en la edición de hoy de Babelia —que, por cierto, tiene un especial dedicado a Colombia como país invitado a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara—. Hay una frase con respecto a Frankfurt que según tengo entendido parece expresar muy bien el espíritu de la feria: ‘la literatura allí es lo de menos; importan los negocios, las citas cada veinte minutos y las copas por la noche’.


Si la de Frankfurt es una feria para profesionales de la edición, en la de Madrid las estrellas son los escritores que acuden al parque El Retiro para satisfacer la curiosidad de sus lectores.


Dice Volpi:


2 Los demasiados libros.


Los escritores tenemos nuestro infierno: la Feria del Libro de Francfort. Pocas experiencias tan angustiantes como asistir -por error- a ese gigantesco laberinto. Libros en todas las lenguas, de todos los temas, de todos los colores, de todos los tamaños. Y, para colmo, miles de "profesionales", los auténticos convidados a la fiesta: editores, agentes, publicistas, scouts. En Francfort, los lectores están prohibidos (sólo se permite mirar los libros desde lejos) y los escritores son bichos raros: a veces asiste el próximo Nobel, el ganador del Premio de los Libreros, la cohorte literaria del país o cultura invitados cada año y algún novelista o poeta despistado. ¿A qué? A sufrir frente a lo que Gabriel Zaid llama los demasiados libros. La literatura allí es lo de menos; importan los negocios, las citas cada veinte minutos y las copas por la noche. Lo mejor que autores y lectores pueden hacer en Francfort es huir. La Feria del Libro de Madrid es el caso inverso: un mercado de pulgas literario, con cientos de casetas esparcidas bajo el sol calcinante del Retiro, donde escritores enjaulados deben dedicar (o intentar dedicar) sus libros a los paseantes como si fuesen espinacas en oferta.


Tomado del artículo “Intruso en la feria”, de Jorge Volpi, publicado en la edición de hoy de Babelia.

sábado, 13 de octubre de 2007

lecturas de fin de semana [ 51 ] / la reacción del mercado frente al nobel

El siguiente fragmento del reportaje “La mirada radical”, publicado ayer en la sección de Cultura de El País, muestra la reacción inmediata del mercado frente a la salida a la luz del nombre de la autora galardonada este año con el premio Nobel de literatura:




La Feria Internacional del Libro de Francfort se convirtió ayer, como cada año, en caja de resonancia del premio. Entre los entusiastas estaban las editoras españolas de Lessing, como Silvia Querini, que adquirió hace poco para Lumen su última novela y varios títulos para lanzar una biblioteca de la autora ("fue una escritora que marcó mi juventud"), y Pilar Beltrán, que la publica en catalán en Edicions 62 ("el discurso feminista al que ella contribuyó quizá haya cambiado, pero no la rotundidad con que ella lo expresa"), y también la escritora Carme Riera, que dijo: "Fue un referente para nuestra generación". Un poco más distante se manifestó Umberto Eco, que ayer conversó sobre su último libro (Historia de la fealdad) en la feria y que comentó que es "una buena autora con una gran alma literaria", si bien le extrañó que el premio lo ganara "un autor de lengua inglesa tan poco tiempo después de Harold Pinter", informa Efe.


Mario Vargas Llosa comentó que las feministas habían adoptado El cuaderno dorado como manual cuando es, en realidad, una novela "sobre las ilusiones perdidas de una clase intelectual". En esa línea, José María Guelbenzu explicó en Madrid que considera a Doris Lessing una escritora "de primera línea" que merece el premio "por razones estrictamente literarias", pero lamenta que "se convirtiera en icono de las feministas". Más duro fue Marcel Reich-Rannicki, considerado el Papa de la crítica literaria alemana: "Es una decisión decepcionante. La lengua inglesa tiene escritores más importantes y más significativos como John Updike o Philip Roth".


Pero la verdadera excitación por el Nobel se concentró en una pequeñísima mesa: la L.2. La misteriosa codificación responde a la ubicación, en el área de los agentes literarios, de Daniela Petracco, de la agencia londinense Andrew Nurnberg, que gestiona los derechos de Lessing. Apenas una hora después de hacerse público, tres editores españoles hacían cola para intentar recuperar viejos derechos sobre obras de la autora publicadas hace ya unos años. "Su obra está muy dispersa en España", constató la agente, incapaz de cifrar el número de lenguas a las que está traducida, si bien no cree que esté editada en su país de nacimiento, hoy Irán. "Su mensaje atrae a los lectores generación tras generación, quizá no con grandes ventas, pero sí constantes", comentó Petracco.


miércoles, 10 de octubre de 2007

destino frankfurt [ 3 ] / ¿que se cuece en la feria de frankfurt?

Mientras en España se alimenta la polémica sobre las implicaciones de la elección de la cultura catalana como invitada de honor a la Feria del libro de Frankfurt de 2007 y sobre la conformación de la delegación oficial de la Generalitat, allí los agentes literarios les muestran sus fichas a los editores de todo el mundo y juntos negocian los derechos tanto de los autores como de las obras que se editarán durante el próximo año y que saldrán en cada mercado una e incluso dos temporadas más tarde.


Es un trabajo con la vista puesta en el mediano y el largo plazo cuya apuesta tiene un componente de riesgo altísimo: por un lado, las cifras sobre el desempeño de ciertos libros en ciertos mercados y los rumores sobre las expectativas generadas por estos moldean tendencias globales; y, por el otro, las editoriales van esbozando su plan de publicaciones para el año que viene al empezar a definir las líneas que éste seguirá.


Frankfurt es un punto de encuentro en el que se cierran algunos negocios y en el que muchos otros apenas comienzan. Aunque los editores regresarán con un puñado de obras contratadas, seguramente una buena parte de las muchas citas que tienen lugar en Frankfurt sólo arrojarán resultados un tiempo después de la feria.


Ya veremos qué nos traen este año de Frankfurt los distintos editores.


Quienes estén interesados en la polémica sobre la participación de la cultura catalana como invitada de honor a Frankfurt —que no es más que una manifestación particular de una tensión que se vive permanentemente en Catalunya en torno a una problemática que tal vez nunca sea resuelta— pueden visitar los siguientes links:


- La edición de Babelia del sábado 6 de octubre


- "A Francfort le va la polémica"


- “Pujol apoya que sólo vayan a Francfort autores catalanes”


- L'efecte Frankfurt


- L'efecte Jauss 2.0

martes, 25 de septiembre de 2007

destino frankfurt [ 2 ] / el panorama de la traducción al castellano de obras escritas en catalán según jorge herralde

La lengua es uno de los vehículos privilegiados para la expresión de una cultura y de una identidad —también lo son la comida, las marcas que se llevan sobre el cuerpo, las creencias, la música, la tradición oral y muchos otros aspectos de la vida social—. Gracias al carácter perdurable de la escritura, a través de sus distintas formas podemos transmitir en un lenguaje común nuestras ideas, preguntas o inquietudes y dejar constancia de ellas para la posteridad. Supongo que además de ser particularmente crítico en el caso de las lenguas minoritarias, lo anterior explica por qué en ocasiones quienes las hablan las defienden encarnizadamente y recurren a ciertas estrategias para protegerlas de amenazas externas de todo tipo.


En todas estas cosas me hizo pensar el libro Autores catalanes traducidos al castellano, en el que Jorge Herralde presenta la colección que preparó Anagrama con motivo de la invitación de la culturar catalana a la Feria de Frankfurt que tendrá lugar próximamente.


En un capítulo titulado “Recepción de los autores catalanes traducidos” dice Herralde:


‘La acogida por parte del mercado español de la literatura catalana traducida no ha sido muy entusiasta, por decirlo de una forma suave. Por una parte, las librerías están muy invadidas por los autores españoles (más algunos, aunque no demasiados, autores latinoamericanos) y por las traducciones de países anglosajones.


Una situación muy similar a la de otros países europeos (de la Europa continental), donde sus respectivos autores nacionales y los anglosajones también son hegemónicos. Como es sabido, tan sólo un número reducido de autores traducidos del francés, italiano, alemán, polaco, etc., logra un apreciable número de lectores (estas consideraciones se refieren a la llamada literary fiction, concepto con márgenes algo imprecisos pero bien entendible).


Pese a las dificultades comerciales previsibles (y luego confirmadas), empecé a publicar a autores catalanes, al igual que hacía con otras literaturas continentales europeas, la francesa y la italiana es especial, a las que también podía acceder como lector. Por cierto, tampoco fueron precisamente gloriosas las ventas de autores como Pierre Michon, Julien Gracq, Claude Simon, Rayomnd Queneau, Giorgio Manganelli, Salvatore Satta o Gesualdo Bufalino, pero sus obras enaltecen cualquier catálogo literario.


El caso del autor catalán traducido sería, pues, similar al del autor europeo continental pero con algunos handicaps adicionales que agravan la situación. Por una parte, en Cataluña gran número de su posible público lo lee, claro está, en su versión original. Por otra, no hay que descartar la hipótesis de que, a ciertos lectores españoles, las onomásticas y toponimias que persisten en libros traducidos del catalán les produzcan un rechazo visceral. Por no hablar de la extrañeza que puede suscitar el hecho de que haya escritores que se empecinen en escribir en tan minoritaria lengua (…).


Además, los medios de comunicación en Cataluña dan cuenta de la publicación de los libros cuando aparecen en catalán; al traducirlos al castellano las migajas mediáticas que se obtienen son escasísimas. Para combatir estas carencias, cada vez se procura más la publicación simultánea en catalán y castellano. Pero el porcentaje es aún escaso, al contrario de lo que pasa con las traducciones de otros idiomas al catalán y al castellano, en la que, con mucha frecuencia, se pactan de forma fluida entre los editores en catalán y castellano la publicación simultánea y la promoción conjunta. Para completar el panorama, los escritores catalanes, salvo esporádicas y escasísimas excepciones, viajan poco por España, por lo que su red de alianzas y amistades, su network, es muy precaria, lo que no ayuda precisamente a favorecer su difusión.


Todo ellos, y pese a la calidad literaria de un número apreciable de escritores, ayuda a comprender la difícil penetración en España de la literatura catalana, como rama particularmente frágil, debido a los handicaps mencionados, de la literatura europea continental.


Y explica la dificultad de una política sistemática de traducción al castellano de las obras más valiosas y de los nuevos valores de la literatura catalana. Así, por ejemplo, en la década de los setenta, si bien recuerdo, se produjo una voluntariosa iniciativa de Alianza Editorial, en la que se lanzó una colección compuesta por títulos bien escogidos y bien traducidos, con resultados decepcionantes.


Sin embargo, en estos últimos años la compra de sellos catalanes por grandes grupos que publican habitualmente en castellano, como el caso de Columna, ahora propiedad de Planeta, ha propiciado un mayor número de traducciones al castellano en algunos de sus sellos.


También merece la pena reseñar un fenómeno inesperado: la publicación de best sellers previsibles (o confirmados) de autores en castellano que se traducen al catalán, algunas veces en lanzamiento simultáneo en ambos idiomas, y cuyos resultados han sido, al parecer, muy satisfactorios. Así los casos de Carlos Ruiz Zafón, Javier Cercas e Ildefonso Falcones’.


Herralde ya nos ofrece para el caso del catalán las apreciaciones agudas y certeras de quien conoce muy bien el mercado. ¿Qué pasará con el gallego o el euskera? ¿Qué pasará en otros países que tienen lenguas minoritarias?


Claramente este tema puede parecernos muy raro en un principio porque como uno de los principios de la expansión de la cultura occidental ha sido la homogeneización, nos cuesta trabajo darnos cuenta de que tanto ésta como las demás pueden llegar a encerrar una heterogeneidad de la que en ocasiones da cuenta la diversidad lingüística.

domingo, 23 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 50 ] / 'situarse en el mundo', de enrique vila-matas

A propósito de la invitación de la cultura catalana a la Feria de Frankfurt de 2007, reproduzco un interesante y polémico artículo en el que el escritor catalán Enrique Vila-Matas intenta explicar las razones de la invisibilidad de la literatura española contemporánea en el panorama internacional —que contrasta con el creciente interés por aprender nuestra lengua y que está relacionada con la notoriedad que han conseguido ciertos autores latinoamericanos—.


Situarse en el mundo

Por Enrique Vila-Matas, escritor (El País, 05/07/07)


Convertido en escritor español por arte de birlibirloque o por el arte político de no haber sido demasiado invitado a Frankfurt, quiero tratar ciertas cuestiones relacionadas con el idioma que utilizo, cuestiones que creo que también pueden ser de interés de los que escriben en catalán. Como dije en un reciente boletín del Instituto Cervantes, está claro que la lengua española es la cuarta más hablada del mundo, detrás del chino, el inglés y el hindi, y que eso ha producido una indudable expansión del español. El propio Instituto Cervantes sabe mucho de eso, pues conoce el aumento espectacular del interés por aprender esa lengua, lo que no necesariamente va acompañado de una ampliación del horizonte cultural de los nuevos hispanohablantes, que muchas veces constituyen a lo sumo un contingente de lectores potenciales, susceptible, eso sí, de convertirse en público lector de nuestros libros de ficción.


Por lo general, se aprende español para tener acceso a trabajos remunerados que requieren el conocimiento de esa lengua. Nadie niega que se ven películas de Almodóvar y Amenábar y se tienen ligeras nociones sobre Buñuel, Dalí o Lorca. Pero, por lo demás, son unas minorías muy minoritarias las que conocen algo de la literatura española actual. Hubo una cierta curiosidad por esa literatura en los años ochenta, coincidiendo con la aparición de la llamada nueva narrativa española y la consolidación de la democracia en España. Sin embargo, recuerdo haber participado en esa época, por ejemplo, en la Feria de Frankfurt o en el Salón del Libro de París (dedicados ambos eventos a la nueva y joven literatura española de entonces, savia fresca para la vieja Europa) y haber visto muchos escaparates de librerías decorados con imágenes tópicas de toros y flamenco. Particularmente lamentable, dentro del lanzamiento de nuestra literatura en Frankfurt, fue el pabellón dedicado a la tortilla española, el más visitado, con una afluencia de público (se invitaba a tortilla de cebolla a quien quisiera) muy superior a la de los stands de libros. Eran entonces la gran mayoría de escritores españoles muy jóvenes y activos y nadie intuía que tardarían muy poco en apoltronarse y ser engullidos por la repentina necesidad de llevar una vida de correctos hombres de negocios. Hoy en día no queda casi nada de aquella narrativa que pudo impactar en Europa.


El gran problema que tienen los escritores españoles de hoy es su visibilidad internacional. En mi caso particular, creo o imagino que ese problema lo he roto de fuera hacia dentro, trabajando contra el superficial canon nacional que algunos críticos crearon en los años ochenta. En vista de que no encajaba en esa narrativa nueva española (donde se jaleaba el casticismo y el rechazo de todo experimentalismo), opté por escribir una literatura no nacional española. Y así Portugal, Francia, México o Argentina se acercaron a mi obra mucho antes de que ésta fuera mínimamente aceptada por mis conciudadanos. Me inscribí en una tradición literaria híbrida en la que cabían el italo-germánico Claudio Magris y el anglo-alemán W. G. Sebald, franceses excéntricos como Perec y Roussel, mexicanos como Sergio Pitol, argentinos como Ricardo Piglia, César Aira o el inefable Borges, españoles como Juan Benet y Javier Marías.


Lo hablaba, el otro día, con José María Pozuelo Yvancos. El gran reto, hoy, de la literatura española (que es también, por supuesto, el de la catalana, precisamente en puertas de Frankfurt) consiste en situarse en el mundo. ¿Por qué no tenemos visibilidad internacional? La respuesta nos lleva a un elemento contradictorio: los hispanoamericanos más visibles son los que publican en editoriales españolas. En Estados Unidos entra con más fuerza un autor, por ejemplo, mexicano que un español (y si entra alguien español no es lo mejor de cada casa, sino un narrador de historias bañadas en kétchup, no aptas para lectores literarios europeos).


Hace tiempo que el celebérrimo boom dejó de tener la potencia de antaño, salvo en sus impresentables epígonos. Y sin embargo, a veces uno diría que nadie parece haberse dado cuenta de eso. Tenemos así el caso del chileno mexicano-catalán Roberto Bolaño, que dio, en la noble vertiente de Rayuela, un giro generacional a la herencia de García Márquez y sus novelas adláteres, pero no son tantos los que, a estas alturas del partido, parecen haberse dado cuenta en España de ese giro. Tal vez es significativo que, como todo parece indicar, Vargas Llosa, bastión clave del boom y modelo de solvente intelectual en activo, no haya dado señal alguna de haber registrado la evidente y fuerte irrupción (véase lo que está sucediendo en Estados Unidos) de Bolaño en el panorama de las letras mundiales.


Hay que romper esa invisibilidad. Mi experiencia personal me indica que he tenido que viajar a muy diversos países y padecer de cerca el desconocimiento de la literatura española en casi todas partes. Sólo cinco o seis nombres de escritores en lengua española —best sellers casuales aparte— son realmente conocidos por el público literario europeo. El referéndum más cruel lo pasan los escritores españoles en Hispanoamérica, donde, a diferencia de Europa, sólo dos o tres escritores —más bien los más alejados del tradicional realismo hispánico y de la prosa barroca que huele a tortilla de cebolla pasada por Frankfurt— interesan. Si comienzan por no interesar en Hispanoamérica, ¿cómo van a interesar al mundo? Los 101 escritores catalanes que acuden a Frankfurt podrían comenzar a tomar nota de esto, pues quizás les convenga no caer en el mismo pozo en el que han caído numerosos escritores españoles.

viernes, 14 de septiembre de 2007

destino frankfurt [ 1 ]

Se acerca la versión de 2007 de la Feria de Frankfurt, un evento en el que se definirán una buena parte de las tendencias editoriales del próximo año y cuya invitada especial es la cultura catalana. Algunos amigos catalanes me han hablado de una polémica cuyas dimensiones tal vez podamos intuir pero no entender totalmente los extranjeros que vivimos en Catalunya desde hace poco tiempo: ¿a qué nos referimos a ciencia cierta cuando hablamos de “la cultura catalana”?


Para ser más directos podríamos abordar esta cuestión preguntándonos si los únicos escritores que representan a “la cultura catalana” son aquellos que escriben en catalán o si dentro de esta categoría podríamos incluir a autores catalanes como Enrique Vila-Matas, Juan Marsé o Eduardo Mendoza que escriben en castellano y que no irán a Frankfurt dentro de la delegación de la Generalitat de Catalunya. Algunos aspectos de esta polémica son abordados en el blog L'efecte Frankfurt.


A medida que se acerque la feria veremos cómo transcurren las cosas. Por ahora recomiendo echarle un ojo al libro Guia de la Fira de Frankfurt per a catalans no del tot informats, de Sergio Vila-Sanjuán, y a la Biblioteca catalana en versión castellana de Anagrama —a la cual me referiré dentro de unos días y que incluye a autores como Quim Monzó, Sergi Pàmies, Pere Calders, Jesús Moncada, Baltasar Porcel, Miquel de Palol y Sergi Pàmies—.


Ya veremos qué nos traen los editores de su viaje a la Frankfurter Buchmesse. Al fin y al cabo, en palabras de Sergio Vila-Sanjuán allí ‘se definen las tendencias que marcarán el mercado editorial en los próximos años’ y 'buena parte de lo que contraten es lo que se leerá en España [y en ocasiones en Hispanoamérica] la temporada próxima. Y a la inversa, la novela española o extranjera que no pase por sus manos —sea en Frankfurt, en Barcelona o en Madrid— va a tenerlo complicado para gozar de un cierto eco'.