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jueves, 16 de julio de 2009

please allow me to introduce margarita valencia



Mi primer contacto con Margarita Valencia fue a través de la columna que ella escribía en la revista El malpensante hacia finales de los años noventa. Se trataba de un ensayo literario breve, contundente e impecablemente escrito que yo leía en cada número de la revista hasta que dejó de aparecer. Como lector le perdí el rastro a Margarita hasta 2004, cuando trabajaba en una revista llamada Horas en la que ella escribía unos artículos magistrales sobre la literatura y la manera como hoy en día nos relacionamos con ella. Luego no volví a saber nada de ella hasta que Camilo Jiménez me dijo que tras haber montado el proyecto Bogotá, Capital mundial del libro 2007 estaba dirigiendo la Biblioteca Nacional de Colombia. Después la revista Arcadia empezó a publicar unas columnas suyas similares a las que escribía para El malpensante y Horas.


Aclaro, yo no conocía personalmente a Margarita. Simplemente la seguía a través de los textos que publicaba aquí y allá. La culpable de que ahora la conozca y de que ahora ella, Pablo Odell y yo estemos trabajando en el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) es Elena Martínez, que me la presentó en la fiesta del Veracruz durante la FIL de Guadalajara de 2008.





Hechas estas precisiones, entro en materia. En su edición número 72, de agosto - septiembre de 2006, El malpensante publica una entrevista que Catalina Arango le hizo a Margarita. En esta entrevista titulada "El oficio del editor" Margarita habla de la manera como ella concibe el papel del editor, de los efectos de la fusión en el ámbito hispanohablante de las figuras del publisher y del editor, de su idea de lo que es un libro bien editado, del rigor bajo el cual deben regirse los distintos oficios que intervienen en la edición de un libro, de la manera como se edita hoy en día, de su carrera como editora, de las figuras que la han influenciado a lo largo de ésta, de la edición universitaria y del rol que a través de una articulación entre el trabajo de sus profesores y el de sus editoriales deberían jugar las universidades en la preservación del patrimonio intelectual de un país.


Como lo que más nos interesa en estos días es lo que tiene que ver con la edición independiente, a continuación reproduzco lo que Margarita dice al respecto en esta entrevista —dado que ésta se hizo en 2006, valdría la pena preguntarse qué ha cambiado y qué sigue igual desde entonces—:


‘La cantidad de editoriales independientes que hay en un país es una señal inequívoca de la tolerancia de la sociedad a la libre circulación de las ideas’.


'En las editoriales universitarias los editores son sirvientes de los inmensos egos de los profesores. En las comerciales, son sirvientes de los inmensos egos de los dueños, o de los señores de mercadeo'.


En respuesta a la pregunta '¿Cómo describiría la industria editorial colombiana?':

'Como una industria conformada, en este momento, por dos grandes empresas editoriales españolas que son Alfaguara y Planeta, básicamente. También está Norma, que viene muy detrás en el aspecto editorial, que ha perdido mucho espacio —porque Norma tuvo un momento de empuje literario muy fuerte, cuando Ana Roda y yo estábamos allá, aunque suene feo decirlo— pero digamos que está en el juego, y es un tercer jugador que sirve para mover las fichas. Por otro lado, no hay editoriales independientes, es decir, aparecen y desaparecen como hongos'.


'Pero la industria editorial colombiana es la industria editorial española con unos piquitos locales: hace lo mismo que la gran industria editorial española. Le apuesta a los nombres comerciales, deja a los autores muy desprotegidos; es decir, no los acompaña, no invierte en su promoción, no los consiente: es que es muy difícil sacar un libro para lo pongan en un estante, le hagan dos entrevistas al autor y punto. Y, en general, uno no ve en la industria editorial de este país grandes ni pequeños editores, uno no ve editores. Lo que ve son multinacionales dictando lo que se debe publicar, y lo que se debe publicar para ellos es lo que vende. Pero, por otro lado, a los autores nunca les fue mejor que ahora. Porque estas empresas necesitan productos nuevos todo el tiempo, y tienen un rasero muy bajo. Un rasero por encima del cual básicamente en Colombia se publica cualquier cosa; como en todo el mundo'.


Lúcida, aguda y contundente, como siempre.


Una pregunta antes de terminar: ¿por casualidad alguien sabe de qué se ríe Margarita en la foto?

miércoles, 1 de julio de 2009

cosas que pasan gracias a la concentración de la propiedad de la industria editorial

Ayer el periódico El Tiempo publicó una noticia titulada "Habla el fundador de La iguana Ciega, editorial dedicada a la cultura de Barranquilla" y cuando entré me encontré con el siguiente anuncio publicitario de la filial colombiana de Planeta.




Teniendo en cuenta que en 2007 el Grupo Planeta compró el 55 % de la Casa Editorial El Tiempo, la aparición en el periódico de esta pieza publicitaria cuyo anunciante es su accionista mayoritario confirma que, como dije en mi entrada de ayer cuando hablaba sobre las razones que explican mi interés por la edición independiente, 'de los grandes grupos editoriales ya se ha hablado demasiado bien sea porque pertenecen a estructuras que poseen sus propios medios de comunicación que actúan como órganos de difusión "de la casa" o bien porque tienen algún tipo de influencia sobre grandes medios ajenos a ellos' y que 'se trata de empresas que cuentan con todo un aparato de producción, distribución, difusión y promoción propio'.


Es curioso que este anuncio que da cuenta de la concentración de la propiedad de la industria editorial y de los medios de comunicación aparezca justo en una página cuyo contenido gira en torno a una editorial independiente.

martes, 30 de junio de 2009

¿por qué el interés por las editoriales independientes?



Desde que abrí [ el ojo fisgón ] en febrero de 2007 la edición independiente es uno de los temas que más me ha interesado y de los que me he ocupado de una manera más o menos reiterativa y sistemática. A menudo me he preguntado por qué este tema me interesa tanto y ahora que el Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente (OBIEI) es una realidad vuelvo a hacerlo una vez más.


La respuesta es simple: en primer lugar, porque de los grandes grupos editoriales ya se ha hablado demasiado bien sea porque pertenecen a estructuras que poseen sus propios medios de comunicación que actúan como órganos de difusión "de la casa" o bien porque tienen algún tipo de influencia sobre grandes medios ajenos a ellos. Como bien lo dice la "Declaración internacional de los editores independientes por la protección y la promoción de la bibliodiversidad", estos grupos 'poseen los recursos económicos, los medios de comunicación y mecanismos de difusión'. En fin, se trata de empresas que cuentan con todo un aparato de producción, distribución, difusión y promoción propio y que, por lo tanto, tienen como medio natural un circuito distinto de aquel en el que a mí me interesa posicionarme.




Y, en segundo lugar, porque las editoriales independientes parecen ser el espacio donde tiende a ser mayor la apuesta por sacar a la luz nuevos valores y por publicar títulos cuya alta calidad literaria no necesariamente garantiza su rentabilidad comercial. Creo que catálogos como el de Impedimenta, Marbot, Melusina, minúscula, Nórdica y otras jóvenes editoriales independientes que están haciendo propuestas muy interesante y arriesgadas serían impensables en el seno de un gran grupo.


Aunque claro, hay sellos literarios como Seix Barral, Lumen o Alfaguara que pertenecen a grandes grupos y que publican cosas de muy buena calidad. El problema es que desde hace varios años estos sellos vienen desdibujándose y lo hacen cada vez más porque en ellos conviven obras y autores de una calidad literaria muy dispar. En un sello mítico como Seix Barral, por ejemplo, hoy en día encontramos obras excelentes de figuras como Philip Roth, Carson McCullers, Julio Ramón Ribeyro, Octavio Paz o Don DeLillo al lado de saris rojos, pasiones indias, satanases,  estrategias de yo no sé qué y gárgolas. Es más clara la línea de sellos bastante buenos como Mondadori y Caballo de Troya, de Random House Mondadori.


Tampoco se trata de sugerir que los editores independientes necesariamente son los garantes de una cultura del todo ajena a los intereses comerciales o que una editorial independiente debe ser una asociación dedicada a hacer obras de caridad a favor de la preservación de los bienes culturales. Como dicen Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez en El nuevo paradigma del sector del libro, 'independencia no debería asociarse directamente a creatividad: “algunos editores económicamente independientes no son sólo tontos redomados sino también incompetentes notorios, que publican obras lamentables”’.


________________________


Nota: la parte del fragmento citado de El nuevo paradigma del sector del libro que viene entrecomillada es a su vez una cita del libro La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad, de Gilles Colleu, hecha por Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez. El fragmento de El nuevo paradigma del sector del libro está en la página 41 y la cita de Colleu incluida en él está en la página 105 de La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad (ver el comentario de Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez a esta entrada).

martes, 19 de mayo de 2009

los futuros del libro en la feria del libro de sevilla [ 2 ] / ¿qué dicen los editores sobre la promoción de libros en la web 2.0?

En la mesa “Marketing 2.0. Nuevas herramientas, nuevas estrategias” de las jornadas Los futuros del libro que organizó la Feria del Libro de Sevilla se tocaron algunos puntos interesantes con respecto a lo que están haciendo actualmente las editoriales para promocionar los libros que publican. En la mesa moderada por Javier Celaya de Dosdoceparticiparon Carmen Ospina de Random House Mondadori—, Francisco Javier Jiménez —coautor de El nuevo paradigma del sector del libro y del blog Paradigma libro— y Narciso Sánchez —de Editorial MAD.





Entre las cosas que se dijeron en la mesa, las que más me llamaron la atención son las siguientes:


- El cambio tecnológico que está teniendo lugar actualmente es una fuente de inquietud para los editores independientes (Francisco Javier Jiménez).


- Durante los dos últimos años ha habido un cambio de actitud en el sector editorial con respecto a las nuevas tecnologías. Aunque ha habido avances significativos al respecto, no son tantos como se quisiera (Javier Celaya).


- Google ha modificado nuestros hábitos de consumo y la manera como accedemos al libro (Francisco Javier Jiménez).


- La proliferación de plataformas de generación Web 2.0 ha llevado a los editores a multiplicar su presencia en Internet abriendo perfiles en redes sociales como Twitter, Facebook o YouTube para tener más visibilidad en la Web (Francisco Javier Jiménez, Javier Celaya y Carmen Ospina).


- Es necesario pensar en la eficacia de la visibilidad en Internet preguntándose qué resultados se espera obtener de ella (Francisco Javier Jiménez).


- Si los editores vuelcan en las distintas plataformas los mismos contenidos que publican en sus páginas Web, al duplicar la información y sus esfuerzos no están haciendo otra cosa que producir una dispersión del tráfico y de la atención (Javier Celaya).


- La lectura se potencia como una experiencia social cuando las comunidades que se generan en la Web 2.0 llevan a las personas a comentar y a recomendar los libros que leen (Carmen Ospina).


- megustaleer.com, el nuevo portal de Random House Mondadori, busca implicar al usuario y generar una dinámica de interacción con él. La integración de todos los sellos del grupo en un solo portal se hizo con el propósito de mostrar el catálogo como lo entiende el usuario, que a diferencia del staff de la empresa no necesariamente se guía por las marcas (Carmen Ospina).


- Los pequeños editores independientes deberían hacer sinergias y alianzas para desarrollar estrategias de marketing online (Francisco Javier Jiménez).


- Al igual que en el mundo analógico, en el ámbito online es necesario contar con buenas librerías para que los lectores puedan disponer de una oferta amplia y diversa (Francisco Javier Jiménez).


Al introducir una amplia variedad de matices en la discusión, un aspecto que le dio bastante dinamismo a la mesa fue la presencia de una representante de un gran grupo —Carmen Ospina— y de un editor independiente —Francisco Javier Jiménez—.

lunes, 23 de marzo de 2009

dos visiones divergentes de la salud del sector editorial en los diarios: el país y público

A propósito de la publicación de los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre producción editorial de libros en 2008 en España, la semana pasada aparecieron en los diarios El País y Público un par de artículos sobre la salud del sector editorial español en tiempos de crisis. Según las cifras del INE, el año pasado se editaron en España 75.933 títulos que representan un aumento del 19,8 % con respecto a 2007. Este incremento del número de títulos editados viene acompañado por una disminución del tamaño de las tiradas y por un aumento de las devoluciones.





De momento quisiera llamar la atención sobre dos discrepancias interesantes que se plantean en estos dos artículos:


1. aunque ambos artículos parten de los mismos datos y analizan los mismos ítems —número de títulos editados, tamaño de las tiradas y volumen de ventas y devoluciones—, sus títulos ponen en evidencia que la valoración que cada diario hace de la situación es muy distinta: mientras que El País anuncia triunfante que “El libro resiste en la tormenta”, Público lanza una alerta que enciende las alarmas cuando afirma que “La burbuja editorial ya no aguanta más”.


Vista la diferencia, vale la pena plantear un par de preguntas: ¿el optimismo de El País tendrá que ver con el hecho de que Prisa, el grupo al cual pertenece, también esté metido en el negocio editorial a través del Grupo Santillana? ¿Busca El País transmitir el mensaje de que en el sector editorial todo va bien para generar en sus lectores confianza hacia sus marcas?


2. el desacuerdo entre un ejecutivo de la división editorial de un gran grupo y un editor independiente con respecto al origen de la sobreabundancia de títulos —a la que Público se refiere como “hiperinflación del libro”—: mientras que Juan González, director general de contenidos de Ediciones Santillana, declara que lo ha ‘sorprendido un tanto ese enorme aumento de títulos que no sólo cabe achacar a la proliferación de editoriales pequeñas y de publicaciones institucionales’, a Javier Santillán, de Gadir, le ‘parece una barbaridad el exceso de títulos en el mercado español, algo que ya es endémico. Los grandes grupos editoriales publican muchos títulos. Con algunos libros aciertan y ganan mucho dinero, pero con muchos otros textos fracasan y llevan los ejemplares a la guillotina. Antes de destruir libros, yo prefiero hacerme el haraquiri. De lo contrario, no me dedicaría a esta profesión’.


Una vez puesto en evidencia el desacuerdo entre un representante de Ediciones Santillana y el editor de Gadir, la pregunta queda puesta sobre la mesa: si aceptamos que hay sobreproducción, ¿quiénes contribuyen más a ella: los grandes grupos o editoriales pequeñas o medianas que según su tamaño no están en capacidad de publicar más que cinco, doce o veinte títulos al año?


Curioso, ¿no?


Una última cosa: sería interesante tomar esta información estadística como punto de partida para hacer un análisis cualitativo que permita hacer un balance de la diversidad de la oferta. Ante la imposibilidad de abarcar todos los segmentos, debido a mis gustos personales yo me centraría en la edición literaria.

jueves, 5 de febrero de 2009

una cuestión de derechos

Como dije en mi entrada de ayer, Sergio Vila-Sanjuán explica en Pasando página los cambios que produjo la agente literaria Carmen Balcells en el campo de la negociación de los derechos en la edición española.


Dice Vila-Sanjuán:


‘¿Cuáles son los cambios que Balcells ha propiciado? Principalmente son dos: acabar con los contratos indefinidos e introducir en el mercado del libro español los adelantos’. (Pasando página, pág. 130)



Pero el aspecto al que me refería ayer al hablar sobre las dificultades a las que deben enfrentarse los autores que escriben en castellano para ser publicados en otros países donde se habla su misma lengua es distinto y tiene que ver con la posibilidad de que editores diferentes publiquen una misma obra en distintos países hispanohablantes en lugar de que lo haga uno solo para América y España. Así explica Vila-Sanjuán esta práctica:


‘Es lo que se llama “partición de derechos”, que implica que un mismo libro, en castellano, puede ser vendido a varias editoriales diferentes de España y América creando una división territorial. La razón principal, argumenta Balcells, es que así se asegura una distribución efectiva, mientras que cuando los libros se vendían únicamente a una editorial española resultaban mal distribuidos al otro lado del Atlántico. Desde el punto de vista de Balcells, resulta absurdo desperdiciar el potencial de mercados en alza como el mexicano; hay que aprovecharlo al máximo. Ni que decir tiene que todas estas iniciativas representan auténticas revoluciones para el mercado del libro español y contribuirán decisivamente a configurarlo tal como es hoy’. (Pasando página, pág. 132)


El tema derechos universales para lengua castellana vs. derechos por partición geográfica me suscita varias preguntas:


¿Qué es más favorable para los autores hispanoamericanos que aspiran a que su obra sea conocida en países distintos del suyo donde también se habla castellano: que una editorial tenga los derechos para todo el ámbito hispanohablante o fragmentar los derechos por países? ¿Venderle los derechos universales en castellano de un libro a una sola editorial garantiza su circulación en todos los países? ¿Qué lleva a una editorial que ha comprado los derechos universales en castellano de un libro a moverlo sólo en unos países y a dejarlo quieto en otros? ¿Qué puede hacer un autor que le ha vendido los derechos universales en castellano de un libro suyo a una sola editorial si ésta no lo mueve en ciertos países? ¿Ganan más los agentes y los autores recurriendo al mecanismo de partición de derechos? ¿En qué medida la escogencia de uno u otro mecanismo de gestión de derechos afecta tanto a una editorial independiente como a los sellos pertenecientes a un gran grupo? ¿Qué diferencia existe entre las editoriales españolas y las hispanoamericanas en términos de poder de negociación a la hora de defender de cara a una agencia literaria su posición a favor de uno u otro mecanismo?


Sería bueno saber qué opinan al respecto los autores, agentes y editores a partir de su experiencia.


No es fácil entender por qué, como dice Javier Moreno en HermanoCerdo, conseguir autores jóvenes colombianos en Lima es imposible. Claramente la cosa no es tan sencilla como hablar de un mercado unificado o como decir que se está desperdiciando el potencial que en términos comerciales y culturales encierra el hecho de tener una masa crítica de cerca de quinientos millones de lectores cuya lengua materna es el castellano.

martes, 27 de enero de 2009

dos miradas al negocio digital de carmen balcells: josé antonio millán y el país

En una nota publicada hoy bajo el título “Los grandes de las letras hispanas se digitalizan” la sección de Cultura del diario El País informa sobre Palabras mayores, el proyecto a través del cual la agencia literaria Carmen Balcells comercializará en formato digital —mediante una alianza con la empresa navarra Leer-e— las obras de algunos de los grandes autores que representa: Camilo José Cela, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Miguel Delibes, Julio Cortázar, Juan Marsé y Juan Goytisolo.


Además de informarnos sobre esta iniciativa de Carmen Balcells y Leer-e, el pasado 8 de enero José Antonio Millán nos presentó en Libros y bitios un minucioso análisis acerca de sus implicaciones sobre ‘la parte del importe de la compra percibirá el autor’, los anticipos que se le deben pagar a éste por la edición de un libro electrónico, el Digital Rights Management (DRM) o la sostenibilidad de la política del precio fijo del libro en el mercado de los contenidos digitales.



Mientras que la nota publicada por El País parece ser la reproducción de un cable de la agencia EFE y sólo contiene un par de links hacia información relacionada con la agente literaria y algunos de los escritores que ésta representa, la entrada de José Antonio incluye referencias a una entrevista a Carmen Balcells publicada en el Magazine de La Vanguardia en enero de 2006, reflexiones sobre la posición de los editores frente a los libros electrónicos, opiniones de Ignacio Latasa —responsable de Leer-e— con respecto a los temas mencionados al final del párrafo anterior y material gráfico complementario para ilustrar todo esto.




El enorme contraste existente entre la calidad de la información publicada por el diario más importante del mundo hispanohablante y la ofrecida por José Antonio pone en evidencia la escasa capacidad que tienen los grandes medios de comunicación de ocuparse oportunamente de todo aquello que se escape de la vorágine de la actualidad más inmediata, así como de hacerlo desde una perspectiva que intente ir más allá de la órbita de lo estrictamente general, descriptivo y obvio.


El carácter general, descriptivo y obvio de la nota de El País no tiene nada de reprochable justamente porque el que la publica es un medio generalista. Sin embargo, este hecho deja al descubierto la debilidad e incluso la obsolescencia de un modelo de producción de contenidos arcaico en un momento en el que los medios tradicionales deben asumir el reto de reinventarse para sobrevivir y llama particularmente la atención justo cuando se habla cada vez con más insistencia de la profunda crisis financiera por la que atraviesa actualmente el Grupo Prisa.




Leyendo este artículo vuelvo a sentir el sinsabor que me produjeron en la FIL los eventos “¿Hacia dónde y para qué el periodismo del siglo XXI?” —que organizó justamente el diario El País— y “El futuro del libro. Debate sobre la integración del mundo editorial y nuevas tecnologías (POD, Internet, Ebooks, etc)” —organizado por Google—.


Yo no creo que de momento la blogosfera pueda siquiera hacerle cosquillas al imperio de los medios tradicionales ni que baste con abrir un blog y escribir tres chorradas ingeniosas para convertirse en una celebridad. Pero estoy convencido de que en un contexto en el que las audiencias tienden hacia la fragmentación y en el que eso que se conoce como “la economía de la atención” depende de la capacidad de encontrar información con valor agregado en medio del ruido, la blogosfera está generando circuitos donde se están produciendo, difundiendo y discutiendo ideas realmente interesantes que muchas veces los medios tradicionales sólo asimilan cuando ya son periódico de ayer.

martes, 13 de enero de 2009

comentarios del editor nicolás morales sobre los libros más vendidos en colombia

En dos de sus columnas más recientes en la revista Arcadia el editor colombiano Nicolás Morales hace algunas anotaciones con respecto al tipo de libros que más se venden actualmente en Colombia. Se trata de “El modelo Disney” y de “Los libros más vendidos del 2008”.





“El modelo Disney” se refiere a la reciente decisión del grupo Carvajal de ‘botar por la borda la colección más prestigiosa de no ficción en Colombia’: Vitral.


Esta colección que durante años le ha dado una mayor difusión al conocimiento que produce la academia en el ámbito de las ciencias sociales —eso que los franceses llaman con dignidad “vulgarisation de la connaissance”— y que durante años ha construido un fondo constituido por trabajos serios y rigurosos escritos en un lenguaje accesible para un público amplio entra en crisis en un momento en el que, en palabras de Morales, ‘las editoriales han inundado todo el mercado con las pantanosas aguas de la no ficción-basura, dejando reseco el suelo en que podría sembrarse algo distinto a mala hierba’.


Según Morales, ‘puede que Vitral fuera simplemente un lugar para que los académicos de prestigio intentaran trascender los 1.000 ejemplares de la edición universitaria, pero para mí era mucho más que eso: se trataba de la cuota de responsabilidad social de una industria editorial enferma e idiotizada por los megacontratos y los “beast” sellers. El pequeño ejercicio ético en un negocio que, con muy pocas excepciones, no logra trascender, tomar riesgos y ser generoso con el público. El intento de reivindicación de una industria que ha invadido los quioscos de los aeropuertos y los estantes de las librerías con tristes páginas de vedettes, narcos y bajeza sexual’.


En el Grupo Editorial Norma ya habían acabado con colecciones poco rentables como la de poesía, La pequeña biblioteca y alguna otra. El cierre de Vitral representaría la desaparición de una fórmula para divulgar el pensamiento humanista mucho más eficaz que la de la mayor parte de las editoriales universitarias —con las que ha hecho varias coediciones importantes—.


***



En “Los libros más vendidos del 2008” Morales hace un recuento no sólo de los títulos que mejor se vendieron el año pasado según el listado que publica el periódico El Tiempo, sino también de las editoriales que los publicaron. Morales hace las siguientes anotaciones:


El secreto, de Rhonda Byrne, es el libro más vendido en Colombia según la lista. Estuvo 26 semanas en diversas posiciones del conteo superando a El olvido que seremos (24 semanas), El cartel de los sapos (22) y Mi fuga hacia la libertad (18).



En la quinta posición encontramos, curiosamente, la novela del afgano Khaled Hosseini Cometas del cielo, que no solo fue la novela más vendida en Colombia, sino también uno de los cuatro o cinco libros decentes de ficción que se colaron en la lista, en la que alcanzó 14 semanas. El triunfo de los renacuajos. El best seller que logró más semanas en el primer lugar fue El cartel de los sapos, de Andrés López (Editorial Planeta). Mi fuga hacia la libertad (Planeta) y Siete años secuestrado por las Farc (Aguilar) ostentaron la camiseta amarilla durante cinco semanas cada uno. Germán Castro Caycedo se tomó el listado durante cuatro semanas con su Palacio sin máscara (Planeta) y algo similar le sucedió a nuestro ex canciller con El trapecista (Planeta). Por editoriales, no quedó duda del triunfo de Planeta (20 semanas) y su rival más cercano, Alfaguara, tuvo que conformarse con siete. Editorial Planeta masacra’.


Por otro lado, Morales hace dos observaciones que me parecen bastante dicientes:


1. ‘no hay libros de Anagrama, Pretextos, Acantilado, Crítica, Gedisa, Paidós ni Editorial Panamericana. No hay un solo libro de edición universitaria ni de sellos independientes nacionales tan prestantes como La Carreta, Icono o La Silueta. Escasean los libros intempestivos. El club de libros que aparecen en alguna posición del listado y mueren rápidamente es pequeño’.


2. ‘si quitamos el libro de los chicos afganos, nos quedamos con apenas algunos libros de ficción durante todo el año: Harry Potter y las reliquias, Justos por pecadores, Líbranos del bien, El País de la Canela y Lara y un par más. Ausencia total de novelistas extranjeros salvo por la chillona Isabel Allende. ¿Nadie compra en Colombia libros de Sandor Marai, Philip Roth, Zambra ni Murakami?’


En cuanto a la ausencia de títulos editados por los sellos españoles mencionados por Morales, supongo que en ésta deben incidir el tamaño del público al que van dirigidos y, salvo en el caso de Panamericana, el precio. Con respecto a las editoriales universitarias e independientes supongo que aparte de no interpelar a un público muy amplio, muchas de ellas deben tener problemas de distribución y de acceso a los espacios de comentarios de libros que hay en los medios de comunicación.


¿Por qué la ficción y, particularmente la escrita por autores extranjeros, no se vende tan bien en este momento? Me imagino que la crispación y los sentimientos encontrados provocados por la convulsionada vida cotidiana del país, el oportunismo de ciertas figuras públicas que han atraído la atención de los medios tras haber vuelto a libertad después de haber estado secuestradas o por haber protagonizado algún escándalo con impacto mediático, la tensión entre polarización y unanimismo o el fervor patriotero que ha despertado el estilo populista del presidente Uribe deben haber contribuido de alguna manera al éxito de la no ficción-basura a la que se refiere Morales.


Morales es categórico cuando afirma que ‘si el listado conserva algo de verosimilitud, lo más preocupante de todo es que sea eso lo que los colombianos están leyendo, pues en un 80% se trata de mediocres libros de autosuperación y consejos y de no-ficción basura’.


A mí no me parece preocupante que la gente lea libros mediocres y aprovecho para insistir en que cada quien debe leer aquello que responda a sus gustos, intereses, expectativas y necesidades en un momento dado. El análisis del listado de los títulos más vendidos que propone Morales podría darnos algunas pistas con respecto a los temas que ocupan la atención de quienes compran libros en Colombia.


Antes de terminar quisiera llamar la atención sobre la alerta que emite Morales con respecto a las fuentes de la lista y a los criterios bajo los cuales se elabora ésta:


‘Hace algunos años propuse en El Malpensante una arqueología de este listado, al que llamé La culpa es de la vaca en honor a un libro dudosamente laureado y a los practicantes que hacían los listados del periódico nacional. Mostré los errores, las pasiones y las falsedades de un ejercicio torpe que por aquel entonces intentaba ser un indicador cultural con cierta credibilidad. Pues bien, debo confesar que, después de tres años, el listado se afinó. Se ordenó, es más coherente, tiene muchos menos títulos y es menos aleatoria la selección.


Sin embargo, se mantienen algunos problemas de credibilidad que provienen del hecho de que es bien probable que una sola librería lo esté dictando casi al pie de la letra y de que Planeta esté exagerando su presencia. Una sola librería, por más grande que sea el centro comercial donde se encuentra, no puede dictar lo que se lee en Colombia y Planeta, por su parte, no debería borrar de forma tan visible a sus competidores. Ediciones B, Santillana o Norma tendrían mucha mejor suerte si los dados no estuvieran cargados’.


No es la primera vez que las publicaciones de la Casa Editorial El Tiempo le dan una visibilidad sospechosamente excesiva a los autores y libros que editan los sellos pertenecientes al Grupo Planeta, que desde el verano de 2007 tiene una participación accionaria cercana al 50 % en esa empresa. Pero bueno, en estos tiempos de concentración de la propiedad de los medios de comunicación y de la industria editorial eso es lo normal y, por lo tanto, no debemos sorprendernos con estas curiosidades ni esperar nada distinto porque es lo que hay.

lunes, 1 de diciembre de 2008

fil [ 10 ] / la prensa escrita pone en evidencia por qué está en crisis

Ayer estuvimos en la charla titulada “¿Hacia dónde y para qué el periodismo del siglo XXI?”, que organizó el diario El País en su espacio de Diálogos de la FIL. En la charla que moderó Salvador Camarena intervinieron Javier Moreno Barber —director de El País—, Paolo Mauri —director de la sección de cultura de La Repubblica—, Wolfgang Krach —del Süddeutsche Zeitung— y Jorge Zepeda Patterson —director de El Universal—.



Las intervenciones de los participantes se centraron sobre todo en las dificultades económicas a las que deben enfrentarse los periódicos debido tanto a la emergencia de Internet como a la recesión, por cuenta de la cual la prensa escrita ya empieza a sentir una disminución de la inversión en publicidad. Tanto Javier Moreno, de El País, como Paolo Mauri, de La Repubblica, destacaron el papel que desempeñan los periódicos en la construcción de una opinión pública cuya misión consiste en contribuir a la defensa de la democracia.


El presupuesto del que parten Moreno y Mauri es claro y sencillo: el deterioro de la salud económica de los diarios constituye una amenaza contra la democracia.


¿Dónde está la verdadera amenaza contra la democracia: en la debilidad económica de unos diarios con un modelo de negocios que no responde óptimamente a los retos que plantean los cambios que estamos viviendo o en las repercusiones que tiene sobre la diversidad de la oferta de contenidos y de los puntos de vista que éstos representan la concentración de la propiedad de los medios de comunicación en las manos de unos pocos grupos empresariales con unos intereses económicos y unas afinidades políticas determinados?


En Colombia, por ejemplo, entre los dueños del periódico más importante del país —en torno al cual se articula un potente conglomerado mediático conformado por varias revistas, un canal local de televisión, diarios regionales y especializados, una editorial y una distribuidora de libros, un proveedor de acceso a Internet y un servicio de televisión de pago— se encuentran el vicepresidente de la República, el ministro de Defensa y el grupo Planeta.


***


En la charla también se habló del impacto negativo que ha tenido Internet sobre las ventas de la prensa en papel, de la amenaza que la Web representa para ésta y de la necesidad tanto de construir una audiencia robusta como de poner en marcha una serie de mecanismos para fidelizarla. Se trata de temas que se pusieron sobre el tapete hace varios años, a los que ya se les han dado no pocas vueltas, frente a los cuales ya se ha dicho más que suficiente y que hace mucho tiempo quedaron atrás en las discusiones serias sobre el futuro de los medios de comunicación.


Vale la pena mencionar que en este diálogo sobre el destino y el propósito del periodismo del siglo XXI apenas se mencionaron, y de manera marginal, fenómenos mucho más actuales como los contenidos generados por los usuarios, la posibilidad de que éstos comenten, recomienden y evalúen los contenidos y servicios que se ofrecen en la Web, los circuitos independientes de información especializada en temas específicos o las dinámicas de colaboración que se desarrollan en las redes sociales.


Quienes esperábamos oír en esta charla algunas reflexiones que nos aportaran pistas para entender hacia dónde va y para qué sirve el periodismo del siglo XXI tendremos que esperar hasta una próxima ocasión para hacerlo.

jueves, 27 de marzo de 2008

el sector editorial y the long tail

¿Cómo abordar el sector editorial aplicando el modelo de la larga cola —en inglés “The Long Tail”—?


Ésta es una pregunta que me da vueltas en la cabeza desde hace un tiempo y que a finales de la semana pasada comenté superficialmente con Andreia Moroni, quien me envió unas citas interesantes de una intervención de Chris Anderson en Brasil. Algunos de mis bloggers favoritos como Francis Pisani y Enrique Dans han comentado en muchas ocasiones las implicaciones de la larga cola en una economía basada en los servicios y en Internet pero no recuerdo haber visto hasta el momento ninguna explicación detallada de la manera como este fenómeno repercute sobre el sector editorial —quienes sepan de alguna, por favor envíenme la referencia—.


La versión de Wikipedia en inglés define la larga cola de la siguiente manera:


‘The Long Tail (as a proper noun with capitalized letters) was first coined by Chris Anderson in an October 2004 Wired magazine article to describe the niche strategy of certain business such as Amazon.com or Netflix. The distribution and inventory costs of those businesses allow them to realize significant profit out of selling small volumes of hard-to-find items to many customers, instead of only selling large volumes of a reduced number of popular items. The group of persons that buy the hard-to-find or "non-hit" items is the customer demographic called the Long Tail’.



¿Será en parte gracias a la existencia de la larga cola que hoy en día las editoriales pequeñas y medianas encuentran su lugar en el mercado y consiguen mantenerse a flote a pesar de la creciente concentración de la propiedad en esta industria y del modelo económico de los grandes grupos? ¿La larga cola incentiva la coexistencia a largo plazo de estos dos modelos de empresa editorial? ¿Tienen los pequeños editores razones suficientes para ser optimistas en este momento?


Tiendo a creer que sí aunque no sé si tenga los argumentos necesarios para hacerlo. ¿Alguien los tiene? Supongo que el tema es más complejo de lo que parece pero el caso de algunas editoriales cuyo catálogo se dirige a nichos pequeños conformados por lectores con intereses muy específicos, que tienen una estructura pequeña, que publican entre 6 y 10 títulos al año y que tienen un buen distribuidor me da razones para creer que no estoy del todo perdido y equivocado.


Nota: las negrillas son mías

martes, 18 de marzo de 2008

¿cómo gestionar una empresa editorial?
adquisiciones indiscriminadas, falta de experticia y fiascos

Con respecto a las razones de la destitución de los presidentes de Vivendi y Bertelsmann en 2002, dice Francisco García en el texto “¿El ocaso de los dioses?” incluido en Libros o velocidad:


‘Se ha puesto de manifiesto que el crecimiento y la diversificación indiscriminada de una gran corporación no aportan siempre los beneficios esperados ni mejoras apreciables debidas a las economías de escala. En muchos casos, ni siquiera se puede contar con una mejora en la gestión porque nadie garantiza que una empresa experta en infraestructuras básicas, y que tiene un gran éxito en esa actividad, sea la más adecuada para gestionar, por ejemplo, un grupo editorial o de comunicación. Al contrario, la creación de superestructuras costosas y superfluas entorpece el desarrollo de las unidades menores que integran ese conglomerado, y las decisiones de máximo nivel se convierten en juegos puramente financieros sin relación con la actividad real de la empresa’.


Libros o velocidad, pp. 44 - 47

Libros sobre libros y Fondo de Cultura Económica

México, 2005


Justamente en esta misma línea van algunas de las reflexiones que plantea André Schiffrin en La edición sin editores y que comenté aquí hace unas semanas.