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martes, 23 de junio de 2009

el mundo digital y el contacto personal

Hace poco Javier Moreno estuvo en Colombia y cuando regresó a Lyon le pregunté cómo le había ido. De la respuesta de Javier me quedó dando vueltas en la cabeza un fragmento que reproduzco a continuación:


‘Aunque me agobia la ciudad disfruto mucho viendo a mi familia y encontrándome con amigos. Es una lástima que esto de las distancias sea tan radical. No importa lo que avance la tecnología, la sensación nunca cambia: Las redes digitales no sustituyen el contacto’.


Pensando justamente en el comentario de Javier, hace poco me di cuenta de que desde que una de las editoriales con las que trabajo me dio un e-reader para leer manuscritos apenas tengo contacto personal con las editoras porque Gloria me envía los textos por correo electrónico para que yo los descargue. Una de las cosas que me gustaba de ir a recoger manuscritos a la editorial era charlar tres minutos con Patricia, Ivonne y Bea. Durante esa conversación breve intercambiábamos impresiones sobre el clima, nos contábamos qué habíamos hecho el fin de semana anterior, nos quejábamos de la cantidad de trabajo que teníamos, registrábamos cambios en el corte de pelo o subidas y bajadas de peso, alguien botaba algún comentario sobre su próximo viaje y todos los demás nos moríamos de la envidia o simplemente quedábamos para salir a tomar un café o a cenar.


Supongo que el sacrificio del contacto personal y de la charla es el precio que tengo que pagar por no tener que desplazarme para recoger los manuscritos, por no volver a verme obligado a ir a la editorial con el carrito de la compra para traerlos o por no subir cada dos semanas los seis pisos de mi edificio cargando veinte kilos de papel a cuestas.





Lo cierto es que mi e-reader me ha solucionado la vida por cuestiones tanto de portabilidad de mi trabajo como de disponibilidad de espacio físico en mi casa: por un lado, para mí es maravilloso poder ir a cualquier parte con una novela histórica de 587 páginas sin que sea necesario llevar una mochila enorme y sin lesionarme la espalda o no tener que llevar una bolsa llena de papeles cuando salgo de viaje —las dos últimas veces que he ido a Colombia la mitad de mi equipaje ha estado compuesto por manuscritos y desde que tengo mi e-reader he podido hacer todos mis viajes llevando sólo un backpack pequeño—; por otro lado, ya no tengo que utilizar una parte significativa de una de las estanterías de mi cuarto para poner pilas de manuscritos que además de dejarme sin espacio para poner mis libros acumulaban toneladas de polvo.


***


Yo nunca he comprado un libro por Internet pero sé que el sistema de recomendaciones de Amazon está bastante afinado y suele funcionar muy bien porque cuando busco alguna referencia de algún libro los títulos incluidos en el apartado “Customers Who Bought This Item Also Bought” normalmente tienen una relación bastante puntual con mi búsqueda. Compraré mi primer libro por Internet cuando no pueda acceder a él de otra manera.





Sin embargo, el contacto con el librero es un detalle en el que la compra por Internet dejaría un vacío en mi experiencia personal. En Bogotá me encantaban la amabilidad de los dependientes de la librería Lerner de la Avenida Jiménez que estaban ahí desde que yo entré a la universidad o las recomendaciones de Álvaro Castillo, que como había detectado mi gusto por la narrativa estadounidense cada vez que yo iba a San Librario me sacaba del cajón de su escritorio alguna joyita que llevaba semanas o meses guardando para mí.


Y en Barcelona Jesús Casals y Damià Gallardo me han fidelizado aún más a La Central del Raval y a la Laie del CCCB respectivamente. Es cierto que tanto la variedad de la oferta de La Central y de Laie como lo acogedor que resulta el espacio de estas dos sucursales en particular son dos de las razones por las que me gusta ir allí. Pero también lo es que la charla, las recomendaciones y la complicidad de Jesús y Damià pesan mucho incluso para que algunas veces pase por allí sólo para saludarlos a ellos.


A pesar de que por estar afiliado a Abacus allí me ofrecen un descuento superior que en La Central, la mala leche de sus dependientes, el olor a humedad del local de Balmes y la escasa variedad de la oferta en ciertas áreas específicas hacen que a la hora de comprar un libro la mayoría de las veces prefiera ir a otra librería.


No sé, supongo que esa necesidad del contacto personal y la importancia que le doy a éste es un síndrome que también padecen muchos otros “inmigrantes digitales”.

martes, 16 de junio de 2009

artículo "las librerías independientes en colombia", en la revista texturas

Como sabía que en septiembre del año pasado me iba a pasar unas semanas a Bogotá, faltando pocos días para mi viaje Txetxu Barandiarán me propuso que escribiera un artículo sobre las librerías independientes en Colombia para la revista Texturas. Y aunque en ese momento mi nivel de familiaridad con el tema era más bien bajo, acepté. Sabía que hacía unas semanas habían cerrado tres importantes librerías en Bogotá y poca cosa más.


Mi plan era empezar a indagar acerca del estado de las librerías independientes en cuanto llegara a Bogotá y pedirles a algunos amigos que me orientaran un poco a la hora de abordar el tema. Al día siguiente de mi llegada tenía una cita con Richard Uribe en el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) y como había llegado antes de tiempo me fui a curiosear un rato a la librería Arteletra, donde me encontré con que Adriana Laganis —su propietaria— era la directora de la Asociación colombiana de libreros independientes (ACLI).


En ese mismo momento concerté para el día siguiente una entrevista con Adriana, quien durante una charla de cerca de una hora y media me hizo una explicación minuciosa del panorama de las librerías independientes en Colombia en ese momento. El resultado de una breve investigación basada en la entrevista a Adriana Laganis, en charlas con otros libreros independientes y en la revisión del “Estudio de canales de comercialización del libro en América Latina y el Caribe, con énfasis en las librerías” —del CERLALC— es el artículo “Las librerías independientes en Colombia”, publicado en el número 8 de la revista Texturas.





Laganis cuestiona el lugar común según el cual en Colombia no hay lectores y explica las dificultades a las que tienen que enfrentarse las librerías independientes a partir de dos argumentos radicalmente diferentes:


‘Según Adriana Laganis, propietaria de la librería Arteletra y directora de la ACLI, lo más importante es que sí hay lectores y que queremos leer, pero existen varias dificultades: “en primer lugar, que a menudo no llega lo que quisiéramos tener. Y cuando llega, llega muy poquito; en segundo lugar, que los libreros pequeños no tenemos unas condiciones de mercado justas porque, mientras que a las librerías medianas y grandes las distribuidoras les dan comisiones del 40%, del 45% y del 50%, a nosotros sólo nos dan el 30%. Lo único que necesitamos para existir es que las distribuidoras nos den una negociación justa. Atención, no estoy pidiendo que nos den un trato privilegiado”’.


El hecho de que en Colombia los libros no tengan precio fijo es otro elemento que también debilita a las librerías independientes:


‘Al no existir una ley del precio fijo, el monto a pagar por un mismo libro puede variar sustancialmente de una librería a otra en gran parte porque las distribuidoras les dan mejores condiciones de negociación —en términos tanto de comisión como de gestión de pedidos y devoluciones— a aquellas librerías que manejan un mayor volumen de ventas. Tan es así que en ocasiones las distribuidoras les venden a las grandes superficies, como Carrefour o El Éxito, los libros a precios bajísimos porque la afluencia de público en estos establecimientos, la inserción del producto en el circuito de las compras de bienes de primera necesidad y el tipo de títulos que conforman su oferta facilitan la venta de una cantidad de ejemplares considerable, lo cual les permite establecer un precio de venta al público significativamente inferior al de las librerías’.


Otro ítem importante con respecto a este tema es ‘la falta de librerías en las ciudades secundarias y en los municipios pequeños’, que ‘es un reflejo de ese centralismo excesivo que históricamente ha caracterizado a Colombia’.




Valdría la pena averiguar si la situación de las librerías independientes en Colombia ha cambiado entre octubre de 2008 y hoy, de ser así en qué sentido y medida lo ha hecho y en qué va el trabajo de la ACLI —que, según tengo entendido, desde hace un tiempo es dirigida por Pablo Arcila—.


Quienes estén interesados en leer el artículo y no tengan acceso al número 8 de Texturas pueden descargarlo aquí.


En convalor pueden consultar la tabla de contenidos completa del número 8 de la revista Texturas.

miércoles, 13 de mayo de 2009

abracadabra, una nueva librería infantil y juvenil en barcelona

El pasado 16 de abril abrió en Barcelona la librería infantil Abracadabra. Ubicada en la parte alta de El Born —en el número 5 de la calle General Álvarez de Castro, entre el Mercat de Santa Caterina y la calle de Sant Pere Més Baix—, esta nueva librería tiene un fondo interesante y cuidadosamente seleccionado de libros infantiles para lectores de distintas edades. De Abracadabra me gustan, entre otras cosas, su ubicación, la atmósfera de su local y los nombres de algunas de sus secciones: “Algú em llegeix / Alguien me lee”, “Començo a llegir / Empiezo a leer” y “Llegeixo tot sol / Leo solo”.



El aspecto de Abracadabra que más me llama la atención es la disponibilidad de títulos del catálogo de algunas de las editoriales de literatura infantil más importantes de Alemania, Italia, Francia, América Latina, Gran Bretaña y Estados Unidos. Por otro lado, dentro de poco la librería dispondrá de un espacio destinado a la realización de talleres y otro tipo de actividades.


Tras hacer carrera como editor de libros infantiles y de referencia en editoriales como Oxford University Press, Panamericana, Gedisa, el Centro de Estudios CEAC y Océano, durante un largo viaje Ricardo Rendón profundizó en la idea de que en Barcelona había lugar para una librería infantil diferente de las dos especializadas que ya existían —AL.LOTS El petit príncep y Casa Anita—. En ese momento tomó la decisión de abrir su propia librería de literatura infantil y juvenil. Los siguientes pasos fueron madurar la idea durante un tiempo, diseñar un plan de negocios y, finalmente, ponerse a la tarea de montar Abracadabra.




A quienes estén en Barcelona y les interese la literatura infantil y juvenil les recomiendo visitar Abracadabra y estar atentos a su programación de actividades.




martes, 5 de mayo de 2009

"has de seducir al librero"

El pasado martes 14 de abril en la librería Altaïr de Barcelona tuvo lugar la presentación de Los viajes de Emily Nudd Mitchell, editado por Demipage. Al final de la presentación me encontré con Diego Moreno, de Nórdica libros, y con Rafa Sánchez, de UDL libros. Al cabo de cinco minutos David Villanueva se acercó a agradecernos por haber ido a la presentación y se quedó conversando un rato con nosotros.


Mientras charlábamos David le dijo a Diego que como los libros de Nórdica aparecían con tanta frecuencia en las páginas de las secciones y los suplementos culturales tendría que darle algunos consejos para conseguir que la prensa le pusiera tanta atención como a él. Diego le respondió que ni se preocupara tanto por la prensa ni se desgastara intentando llegar a ella porque aunque una reseña de un libro en Babelia o en El Cultural solía hacer un aporte significativo al prestigio y a la visibilidad de la editorial, su contribución al aumento de las ventas era bastante insignificante. Alguien que se había unido a la conversación dijo que hoy en día quizás era mucho más eficaz orientar la estrategia de prensa hacia los blogs.


En ese momento Rafa, que había estado escuchando atentamente los comentarios de unos y otros, dijo algo que para mí le puso fin a la discusión: ‘Si quieres que un libro funcione, has de seducir al librero. Ahí está la clave’.




Desde ese día no he dejado de pensar en la manera como las decisiones de los libreros pueden llegar a incidir en la visibilidad que tiene un libro, en su posicionamiento ante el público, en la valoración que éste hace de él incluso antes de haberlo leído y, por lo tanto, en sus ventas y en el desarrollo de la conversación que se genera alrededor suyo.


Por otro lado, supongo que la influencia de los comentarios hechos en las páginas culturales o de opinión de los medios escritos, en los pocos programas de radio y televisión en los que se habla sobre libros e incluso en los blogs debe variar según la autoridad que el público le confiera a quien los hace, el tipo de lector al que lleguen y la clase de libros de los que se ocupen. Conozco lectores que toman nota de los libros que comentan autores como Enrique Vila-Matas, Juan Villoro o Rodrigo Fresán para añadirlos a sus listas de compras e ir a buscarlos a una librería en cuanto tengan la oportunidad de hacerlo. Hace casi dos años en un una entrada titulada "la influencia de los prescriptores de opinión" comenté el caso del boom que Rosario Tijeras, de Jorge Franco, tuvo en Colombia después de que Enrique Santos —quien es uno de los tres líderes de opinión más influyentes del país— escribió en la columna que tenía en el diario de su familia una elogiosa reseña de este libro que pocos meses atrás había ganado la Beca Nacional de Novela del Ministerio de la Cultura y que acababa de ser publicada por la editorial Plaza & Janés.


El comentario de Rafa me lleva a hacerme varias preguntas: ¿hasta qué punto puede el librero elegir los libros que recibe en su establecimiento para ofrecer al público? ¿Qué porcentaje de las compras de libros se deciden en el punto de venta? Del total de libros que se venden, ¿qué porcentaje corresponde a novedades editoriales? De las personas que visitan una librería, ¿cuántas solicitan algún tipo de orientación del librero? ¿Qué porcentaje de los compradores de libros cuentan con un librero de confianza?


Seguro que conocer las respuestas a preguntas como éstas puede ayudarnos a hacernos una idea con respecto al lugar que ocupan los libreros en el sector del libro y a la importancia del rol que cumplen en él.

martes, 17 de marzo de 2009

la librería bertrand de barcelona, a clean, well-lighted place


Hoy al mediodía estuve visitando la nueva librería Bertrand de Barcelona, ubicada en el número 37 de Rambla Catalunya —donde, según tengo entendido, antes estaba el cine Alcázar—. Aprovechando que estaba cerca, por pura curiosidad el viernes anterior había pasado un rato por ahí para echarle un ojo pero cuando llegué decidí que era mejor dejar la visita para otro día porque me pareció que valía la pena tomar algunas fotos y yo en ese momento no tenía mi cámara conmigo.







El local —que El llegidor pecador me había descrito hace unos días— me llamó tanto la atención que no me fijé mucho en la oferta de la librería, que está en los bajos del edificio y cuya entrada es amplísima. De hecho, los techos altos, los pasillos que permiten circular sin tropiezos, la luminosidad y el jardín que hay al fondo hacen que uno se sienta en un espacio abierto —a diferencia de otras librerías tipo grandes superficies, donde el encierro me produce rápidamente un agobio que me resulta insoportable—.





Yo definiría el local de la librería Bertrand de Barcelona como “un lugar limpio y bien iluminado”. Y cuando digo “limpio” también quiero decir despejado y sobrio: señalización casi minimalista y visible desde todas partes, espacios generosos y nada de pilas de ejemplares de un mismo libro o de afiches promocionales que atiborren el lugar. Los atriles que hay en las mesas de novedades son un detalle bonito y útil aunque algunas veces su disposición no permite leer fácilmente los libros que están puestos encima suyo.





Hay un par de elementos de tecnología que sirven para impresionar al visitante pero que están un poco subutilizados: por un lado, unos paneles táctiles que ofrecen información sobre los productos de la librería y que están ubicados en un rincón cerca de la caja central; y, por el otro lado, un set de “sillas cabina” en las que una vez el visitante se sienta puede leer un libro que está puesto sobre una mesita y oír una grabación con contenido promocional —no necesariamente acerca del libro que se le ofrece—.





La amplitud del auditorio de este local y la fuerte presencia que allí tiene Círculo de lectores —que al igual que la cadena Bertrand pertenece al grupo Bertelsmann— me hacen pensar que seguramente esta librería empezará a tener una cierta importancia en el mainstream del ámbito cultural de Barcelona.


Prometo que la próxima vez que vaya a Bertrand me fijaré en su oferta de libros.

martes, 10 de marzo de 2009

la asociación colombiana de libreros independientes (acli) y la promoción del precio fijo



La Asociación Colombiana de Libreros Independientes (ACLI) abrió hace poco un blog en el que sus miembros están publicando no sólo las relatorías de las reuniones en las que toman sus decisiones operativas y planean las actividades que realizan, sino también documentos de reflexión alrededor de los temas que esta organización considera prioritarios. Entre estos temas quizás uno de los más importantes sea el de la promoción de la ley del precio fijo. Sin lugar a dudas la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro promulgada recientemente en México es un ejemplo relativamente cercano que es necesario tomar como referente si se tiene la intención de promover la instauración del precio fijo en Colombia —una medida que en cierta medida contribuiría a que la afirmación de Felipe Ossa según la cual ‘el universo del libro está al alcance de todos’ tuviera al menos un poco de validez en el contexto de la realidad colombiana.





Además del proyecto de promoción de la ley del precio fijo, la ACLI también está trabajando en temas como las actividades a realizar el Día del libro, la organización del Festival del Libro Infantil, la creación de un directorio de librerías y la formación para empresarios en derecho de la competencia.


Es interesante el trabajo de la ACLI y, por lo tanto, creo que vale la pena seguirlo. Iniciativas de este tipo son fundamentales, sobre todo en países con una tradición asociativa tan débil y un tejido social tan degradado.

viernes, 6 de marzo de 2009

notas sueltas [ 1 ] / librerías, mesas de novedades, compras, crisis, balcanes y recomendaciones de lecturas

Ayer tenía una reunión de trabajo a las 18.00 y luego una cita a las 20.00 en la zona de Gràcia. Mi reunión sólo duró quince minutos, estaba haciendo frío porque había mucho viento y necesitaba moverme para mantenerme despierto porque tenía encima todo el cansancio de la semana, así que para matar el tiempo decidí ir a ver libros al Abacus de Balmes. En el fondo tenía ganas de antojarme de alguna cosa y quería terminar la semana comprándome algún libro.




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Dos observaciones con respecto al impacto de situaciones coyunturales sobre la oferta de las mesas de novedades en la zona de literatura en castellano: en primer lugar, que entre reediciones de libros que habían salido hace años y primeras ediciones de títulos que no se habían publicado antes en España había una decena de obras de Le Clézio —Nobel de literatura de 2008— editadas por La otra orilla, Tusquets, Adriana Hidalgo, Seix Barral y Cátedra. La narrativa francesa contemporánea me produce tanto tedio, que la verdad es que ni por un momento me planteé parar a echarles un ojo.


Y, en segundo lugar, la aparición de un montón de libros de Scott Fitzgerald que podría marcar un mini boom de este gran escritor estadounidense a raíz de la reciente llegada a las salas de cine de la película El curioso caso de Benjamin Button —basada en su cuento del mismo nombre—. A quienes por el boom de la película salgan a comprar los libros de cuentos de Fitzgerald es necesario advertirles que es probable que se lleven una que otra decepción inesperada porque se encontrarán con más de un relato flojo que fue escrito con fines alimentarios durante los años en los que las penurias económicas del escritor y sus excesos con el alcohol llegaron a su punto máximo.


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Como soy caprichoso, eso de que tenía ganas de antojarme de alguna cosa y de terminar la semana comprándome algún libro iba en serio. Me fui a la sección de narrativa anglosajona traducida, busqué si tenían algo de A. M. Homes y encontré un libro de cuentos con muy buena pinta que se llama Cosas que debes saber.


Por asociación se me vino a la cabeza el nombre de otra escritora estadounidense de la que me habló Javier hace unos meses y cuyos textos él ha comentado recientemente en su blog y en HermanoCerdo: Lorrie Moore. En la estantería encontré dos libros suyos editados por Salamandra: Pájaros de América y El hospital de ranas. No sé por qué el primero me llamó más la atención que el segundo pero leí la contraportada y empecé a sospechar que las historias de Pájaros de América me gustarían. Hojeé el libro deteniéndome en cualquier página y encontré varias frases que confirmaron mis sospechas.




Decidí llevarme Cosas que debes saber y Pájaros de América pero cuando empecé a caminar hacia la caja me acordé de que estamos en crisis y de mi promesa de no seguir comprando libros que no sé cuándo voy a leer. Un segundo de sensatez fue suficiente para poner en evidencia lo absurdo que era el impulso de comprar dos libros que seguramente no leería próximamente. Estaba claro que lo más sensato, y sobre todo en estos tiempos de incertidumbre, era no comprar nada. Y esa fue la decisión que tomé pero que no pude sostener porque ya tenía la ilusión de salir de allí con algún libro nuevo.


Como soy caprichoso pero también me gusta tener algo asegurado, decidí ir a la fija y llevarme Cosas que debes saber porque después de haber leído Este libro te salvará la vida para mí A. M. Homes es un valor seguro.


Un par de anotaciones al margen:


1. en general los libros de Salamandra me parecen feísimos.

2. las fotos de A. M. Homes que pone Anagrama en las solapas de sus libros son de lo más ochentero que he visto últimamente. Me encantan.


***


Una vez hecha mi compra volví a subir a Gràcia para encontrarme con Isabel Núñez en el café Salambó. Yo le había propuesto que nos pusiéramos una cita para que me diera un ejemplar de Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes porque a pesar de que ella le pidió dos veces a la gente de Alba editorial que me lo enviara, nunca recibí el libro. Durante un poco más de media hora Isabel me habló acerca del origen de la idea de hacer el libro, de la forma como todo se fue confabulando para que lo hiciera, de la manera como se las arregló para viajar en varias ocasiones a los Balcanes a pesar de lo costoso que resultaba, de cómo se movía allí durante sus viajes, del escaso interés que hace unos años suscitaba su proyecto en las instancias de financiación de proyectos de investigación, de su contribución a dar a conocer entre algunos editores españoles a los escritores que entrevistó, de los comentarios que le había hecho Juan Goytisolo sobre Si un árbol cae y de los recelos que ha provocado su libro entre quienes consideran que sólo ellos pueden hablar de los Balcanes.





Mientras oía hablar a Isabel sobre lugares que yo nunca había oído mencionar como si se tratara del barrio vecino o de escritores con nombres impronunciables como si fueran amigos suyos de toda la vida tuve más que claro cuál es el próximo libro que voy a leer.


***


Durante mi reunión de trabajo me llamó Ana para proponerme cambiar los planes que teníamos para la noche. Dos minutos después de colgar volvió a llamarme. ‘Oye’, me dijo, ‘ahora que te llamé se me olvidó decirte una cosa: el libro que me diste esta mañana ya me hizo llorar’. Se refería a El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince.




Le pregunté si le estaba gustando, me dijo que sí y yo le dije que se lo había dado porque estaba seguro de que le iba a encantar. Le dije también que yo había sido muy feliz cuando leí ese libro.


Me parece bonito cuando se le recomienda un libro a alguien y le gusta porque así de repente se crea un vínculo bastante especial con esa persona.


jueves, 26 de febrero de 2009

libros descatalogados y librerías especializadas

El lunes pasado recibí un mensaje de la lista de difusión de la excelente librería barcelonesa Negra y Criminal cuyo título era “Descatalogados”. El mensaje en cuestión empieza diciendo lo siguiente:


Byblos era una colección de Ediciones B, que ha pasado a la historia. Aún quedan algunos ejemplares, pero cuando estos desaparezcan de las librerías, sus títulos, la mayoría de ellos, pasarán al limbo o al infierno de los descatalogados. Alguno de ellos ha sido reeditado en la colección Zeta de la misma editorial, pero otros como Eco Negro y Hielo negro, los dos primeros títulos de Michael Connelly y su protagonista Harry Bosch están descatalogados desde Junio. A nosotros nos parece inexplicable, en un momento en que la visita a Barcelona del autor y el recibir el Premio Pepe Carvalho ha hecho que sus ventas aumenten. Habrá que esperar a que Roca Editorial lo reedite’.



El destino de los libros de Michael Connelly en un momento en el que la popularidad de éste entre los amantes del género negro está alcanzando su máximo punto da cuenta no sólo de la crisis por la que atraviesa actualmente el Grupo Zeta, sino también del sentido de la oportunidad y de la capacidad de reacción de una editorial mediana como Roca. Por otro lado, no cabe duda de que librerías especializadas como Negra y Criminal permiten seguirles el rastro a estos libros descatalogados e incluso acceder a ellos al mismo tiempo que nos orientan a los lectores a la hora de explorar el universo de los géneros de los que se ocupan.

martes, 24 de febrero de 2009

¿que en colombia los libros no son caros?

A través del blog de Roger Michelena llego a un texto de Felipe Ossa, gerente de la Librería Nacional del centro comercial Unicentro de Bogotá, en el que éste arremete contra la idea de que en Colombia los libros son caros. Así empieza Ossa su texto, publicado el pasado 21 de febrero en la sección de cartas de los lectores del periódico El Espectador:


‘Decía alguna vez el Conde de Siruela, fundador de la magnífica y singular editorial Siruela, que aquello de los libros caros era simplemente una actitud cultural. ¿Caros con respecto a qué? ¿A una corbata de marca? ¿A una cartera Vuitton? ¿A una atractiva y diminuta ropa interior femenina de Victoria Secret? ¿Cuándo nos quejamos del whisky caro o de la discoteca cara? Sin embargo, estamos gustosos de pagar por todas estas cosas sin chistar. No conozco el primer artículo que se haya publicado protestando por el precio de las zapatillas deportivas o de los laptops para ejecutivos’.





Los argumentos de Ossa merecen ser leídos y comentados con cuidado, así que vamos por partes:


En primer lugar, es cierto que Siruela es una editorial exquisita pero hay que decir que no a cualquiera le está permitido solventar los gastos de producción que en su momento implicaba hacer esos libros editados con tanto cuidado. Sin lugar a dudas una fortuna y un título nobiliarios ayudan a mantener a flote un proyecto de esta naturaleza y, por lo tanto, la opinión de Jacobo Siruela no sorprende por venir de quien viene.


En segundo lugar, yo diría que en Colombia los libros son caros en relación con el poder adquisitivo de la población: este año el salario mínimo es de 496900 pesos —es decir, 193 dólares o 151 euros a precio de hoy (ver en las notas el precio de cada una de estas monedas en pesos)—. En síntesis, un libro de una de esas ‘ediciones de bolsillo que no pasan de veinte mil pesos’ a las que se refiere Ossa más adelante representaría cerca del 4 % del ingreso de alguien que se gane el salario mínimo. Para contextualizar un poco la situación estuve averiguando a través de amigos que viven en Bogotá aproximadamente cuánto cuestan allí algunas cosas:


- un menú ejecutivo: +/- 4500 pesos

- un trayecto en un bus de transporte público: 1200 pesos

- un café americano: +/- 800 pesos

- una cerveza en una cafetería de barrio: +/- 1200 pesos

- un menú de McDonald’s: +/- 11000 pesos


En tercer lugar, hay que tener en cuenta que tanto una corbata de marca como una cartera Vuitton podrían ser consideradas bienes de consumo suntuario y que un laptop para ejecutivos es una herramienta de trabajo que se amortiza rápidamente mediante el uso —los franceses y algunos seguidores de los estudios culturales añadirían que a diferencia de estas mercancías el libro es un bien simbólico—. Además de una fuente de entretenimiento, el libro es un vehículo al servicio de la transmisión del conocimiento. Debido a lo anterior juega un rol central y fundamental en la educación y, por lo tanto, en ciertos momentos en los que haya que reducir gastos seguramente la necesidad de acceder a los libros será más urgente que la de poder comprar unas zapatillas deportivas o ‘la atractiva y diminuta ropa interior femenina de Victoria Secret’ que menciona Ossa.






Hasta cierto punto estoy de acuerdo con la manera como Ossa concibe el libro y con las consideraciones que hace con respecto a la mano de obra involucrada en la cadena de producción:


‘El libro es un objeto industrial que utiliza materiales que cuestan: papel, tinta, encuadernaciones, pegamento, máquinas donde se imprime, películas. Por supuesto, obreros y operarios que cobran por su trabajo. El autor, el editor, el impresor, el distribuidor y el librero, también —aunque parezca raro— son humanos y de algo tienen que vivir’.


De hecho, para fortalecer el argumento de Ossa iré más lejos: en su clásico Imagined Communities el profesor Benedict Anderson afirma lo siguiente con respecto al libro:


‘En un sentido más bien especial el libro fue la primera mercancía producida al estilo moderno de producción masiva. El sentido que tengo en mente puede exponerse si comparamos el libro con otros de los primeros productos industriales como los textiles, el ladrillo o el azúcar. Estas mercancías son medidas en cantidades matemáticas (libras o cargas o trozos). Una libra de azúcar es simplemente una cantidad, una carga conveniente, y no un objeto en sí mismo. El libro, sin embargo —y aquí prefigura los bienes de consumo duraderos de nuestro tiempo— es un objeto distinto y autocontenido que es reproducido exactamente a gran escala’*.




De acuerdo, es necesario que aquellos a los que Ossa llama “los románticos del libro” entiendan que éste no surge de la nada y que como cualquier otra empresa una editorial o una librería exigen que haya una gestión inteligente que garantice su viabilidad, por lo cual eso de que el libro ‘debería estar manejado por artistas e intelectuales’ quizás no sea del todo recomendable. Yo diría que para el funcionamiento del sector del libro es fundamental tener en cuenta la perspectiva tanto comercial como estrictamente editorial pero también diría que éstas son complementarias y que, por lo tanto, un proyecto que sólo juegue con una de ellas o que descuide la otra cojea seriamente.


En síntesis, el hecho de que entendamos que quienes hacen o venden libros no son hermanitas de la caridad o que su actividad es una forma de ganarse la vida no necesariamente significa que no podamos poner sobre la mesa una discusión alrededor del precio de los libros. Por otro lado, hay quienes dicen que el precio no es un factor determinante en la compra de libros. Además, recientemente también he oído quejas con respecto a lo caras que están la fiesta o la ropa en Bogotá.


Ossa afirma con entusiasmo que ‘el universo del libro está al alcance de todos’ pero yo no se lo creo porque hay evidencias que demuestran que no es así: el precio de venta de los libros, la falta de librerías no sólo en las zonas periféricas de las grandes ciudades sino también en las ciudades intermedias o en los pueblos y la cobertura limitada de las redes de bibliotecas públicas —que en Bogotá y Medellín no está nada mal—. Es más, es poco probable que Ossa mismo se crea lo que dice porque por experiencia propia él debe conocer muy bien las prácticas especulativas a través de las cuales los grandes grupos editoriales, las grandes superficies y las cadenas de librerías negocian el precio de los libros.


* Imagined Communities, de Benedict Anderson. pág. 34

Verso

Londres, 1991


Notas:

1. un dólar (a precio de hoy) = 2596 pesos

2. un euro (a precio de hoy) = 3310 pesos