domingo, 8 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 31 ] / 'la novela negra se dispara'

En el número de esta semana el suplemento El Cultural publica una entrevista de Nuria Azancot a cuatro destacados autores españoles del género negro en la que les pide que expresen su punto de vista con respecto tanto a las influencias como a las tendencias más importantes de éste.


La novela negra se dispara
Nuria Azancot


Lorenzo Silva, Jorge M. Reverte, Andreu Martín y Alicia Giménez Bartlett descubren las claves del género


Tal vez sea el calor, o el cansancio. O la violencia cotidiana que todo lo corrompe. Lo cierto es que nunca la novela negra había conocido en España un éxito como el actual. Y no hace falta ser Maigret ni Poirot (o el Wallander de Mankell) para comprender cuánta culpa tiene en ello la Semana Negra de Gijón, que celebra este año su XX edición y que mañana da comienzo con la salida desde Madrid de un tren cargado de autores. Además, RBA ha creado un premio dotado con 125.0000 euros, el más importante del mundo en su género, y se multiplican las novedades y el interés del lector. El Cultural ha invitado a Andreu Martín, Alicia Giménez Bartlett, Jorge M. Reverte y Lorenzo Silva, cuatro de nuestros más destacados autores “negros”, para que desvelen sus secretos. Y anticipamos el comienzo de Zapatos negros, la última novela de Henning Mankell, que edita Tusquets en otoño.








–¿Es posible hablar de una novela negra a la española?


Andreu Martín: Sin duda. Desde que, en los años 80, con Vázquez Montalbán, Juan Madrid, Julián Ibáñez, Martínez Laínez, etc, rompimos años de silencio o abulia y creamos un auténtico movimiento innovador y redescubridor, hay una novela negra española.

Lorenzo Silva: Desde luego, es perfectamente posible, sobre todo si nos sacudimos ciertos complejos que nunca han tenido mucho sentido pero que ahora tienen todavía menos. La española es una sociedad desarrollada, compleja, llena de contradicciones y conflictos. Es, por desgracia, un caldo de cultivo ideal para toda clase de criminalidad, sin que nos falte ya de nada, desde las más diversas mafias hasta asesinos en serie. Y la manera de enfrentar esa realidad es peculiar y distinta del modo en que lo hacen otros: aunque sean homologables en muchos aspectos, ni nuestra policía ni nuestros jueces son como los de Francia o Inglaterra.

Alicia Giménez Bartlett: Yo, en cambio, no creo que pueda hablarse en propiedad de una novela negra española. Ha habido precedentes muy notables como García Pavón o Vázquez Montalbán, pero han sido escritores aislados, jamás dentro de una corriente o una tradición. Actualmente somos un puñado los novelistas “negros”, pero ignoro si se puede hablar de nosotros como de “grupo”. Supongo que no. Sin embargo, sí tenemos un espacio en la llamada “novela negra europea”, que vive un momento esplendoroso. Por primera vez esta novela ha superado en interés y renovación a la novela negra norteamericana. Incluso los críticos de Estados Unidos le conceden un lugar excepcional.

Jorge M. Reverte: Pues lo que yo creo es que hay novelas negras escritas por españoles. No me parece que sea muy correcto decir que haya, por ejemplo, una escuela de escritores a la española. Yo, al menos, no me siento partícipe de nada parecido. Ni escribo intentando seguir un canon prefijado ni me he hecho socio de ningún club de escritores. Otra cosa es que algunos de ellos me parezcan muy buenos.

El amigo americano

–¿En qué se diferencia de la norteamericana, la inglesa o la sueca (con Mankell como ejemplo principal), ahora tan de moda?


A. Giménez Bartlett: La diferencia con la novela anglosajona parece estribar en un mayor tratamiento de temas sociales. También en una huida de los estereotipos. Los temas se tratan con mayor profundidad y realismo. No hay grandes asesinos en serie sino una mirada al mundo del delito real, significativo socialmente. ¿La diferencia con Mankell? Hay quien separa novela europea nórdica y mediterránea. Los detectives del sur somos más vitalistas y con mayor sentido del humor.

J. M. Reverte: Hay una influencia notable de los escritores de novela negra norteamericanos sobre escritores españoles, que está radicada en el lenguaje cinematográfico. No hay que olvidar que Chandler o Hammet tenían esa referencia. La diferencia no puede ser otra que el paisaje humano y geográfico. Pero las diferencias son enormes entre autor y autor, y no vienen dadas por la nacionalidad, sino.

A. Martín: Bueno, se ha llegado a hablar de una novela negra mediterránea contrapuesta a una literatura del norte. Aquí, somos más hedonistas: nuestros personajes se detienen a comer, y a comer bien. En realidad, más que eso, es que la novela negra describe una sociedad muy próxima al lector y éste siempre se identificará más y mejor con una novela que le hable de aquello que conoce o cuya autenticidad puede comprobar sólo con salir a la calle. La realidad americana, sueca o inglesa nos la creemos bajo palabra de honor, pero es muy diferente y lejana de la nuestra. Y el tono con que se relata y el código moral asumido. Se puede hablar de corrupción y de crimen organizado en general, pero los españoles entenderemos mucho mejor Pájaro en mano, de Juan Madrid, que habla de la corrupción en Marbella. La policía y el funcionamiento de la justicia son completamente distintos en un país y en otro.

–Llevan muchos años cultivando el género: ¿cuál es el mayor cambio que han experimentado en estos años como autores?


L. Silva: Yo he mantenido desde el principio mi convicción de que en la novela negra, como el cualquier clase de novela, la clave está en los personajes. En que tengan empaque y una personalidad distintiva, tanto los principales como los más secundarios. Si la novela negra es una novela social, su valor depende del mosaico de individuos que acierte a recoger. He evolucionado en cuanto al tipo de personajes que muestro, procurando acompasarme a los cambios en la sociedad española, y también en cuanto a la profundidad con que retrato a los protagonistas. Cada vez me interesan más ellos, lo que son y sienten mientras hacen su trabajo.

J. M. Reverte: Yo, más que cultivar el género he utilizado algunos códigos del género para contar ciertas cosas. De mi serie de Gálvez se ha dicho también que es novela de humor o costumbrista, o de seres desvalidos. Es decir, el género me cae encima más que otra cosa. Hay un impulso taxonómico evidente en nuestro país que fuerza eso. A mí, en realidad, cuando me preguntan sobre qué género cultivo digo que la novela. Cambios en la serie de Gálvez ha habido muchos, porque el personaje ha ido envejeciendo.


A. Giménez Bartlett: He notado un mayor interés por el género en todas partes y cuando voy a países extranjeros observo que la curiosidad por la nueva sociedad española es creciente. Los lectores me fríen a preguntas de ese tipo. En España es obvio que ha variado la consideración que la gente tiene sobre la policía. ¿Cambios en la forma de escribir? No creo que los haya. Nuestros temas, atentos a la realidad, se han actualizado, poco más.

A. Martín: En mi caso el mayor cambio ha sido el sosiego. La profundidad. La conciencia de lo que estoy haciendo y por qué lo estoy haciendo. Por qué elijo ficción y no reportaje. La incorporación del sentido del humor.


–¿Y el publico? ¿Exige ahora más sangre y sadismo, o sigue premiando el ingenio a lo Agatha Christie?


A. Martín: Me está hablando por las dos puntas de una evolución trascendental. Estamos pasando de la época de la literatura a la época de la imagen, de la época de la reflexión a la época de la acción, de la época de la simbolización a la época de lo concreto. La sangre y el sadismo forman parte de la imagen, de lo concreto e inmediato. El ingenio pertenece a la literatura. Pero quizá Agatha Christie nos queda anticuada. Deberíamos decir que a la visceral novela negra que nos descubrieron los americanos se añade el componente inevitable del ingenio, o no estaríamos hablando de literatura.


L. Silva: Como decía Chandler, al público hay que acertar a persuadirle de que se interese por lo que tú le quieras contar. No apostaría a que por ser más sanguinario o más ingenioso vas a gustar más; las modas acaban saturando siempre. Creo que el lector busca personajes originales, con los que simpatice (o que le perturben, que también vale), y una mirada sobre la realidad que también tenga su sesgo propio. Confiar en casquería para impresionar al lector me parece una falta de respeto en la que un novelista no debe incurrir.

A. Giménez Bartlett: Me imagino que hay un público para cada cosa. No creo que todos los lectores se hayan convertido en bestias pardas sedientas de sangre. Pero ya no hay lectores inocentes a los que se sorprende con facilidad con una trama entretenida. No sé, si supiera lo que el público quiere le vendería el secreto a los editores por una buena pasta.







Hammet, el maestro
–¿Cuáles son los tres nombres fundamentales del género negro?


L. Silva: Dashiell Hammett, que propuso para siempre el arquetipo del detective “hardboiled”, además de practicar como casi nadie el distanciamiento moral. Jim Thompson, que hizo de la desnudez en la presentación de personajes y circunstancias un arte y llevó la eficacia narrativa a un extremo difícilmente igualable. Y Chandler, el que mejor supo conectar la novela negra con la tradición literaria occidental (en el fondo, Philip Marlowe, desfacedor de entuertos que a menudo acaba apaleado, no es más que un Quijote trasplantado a California) y acertó a hacer del detective un personaje humano, sentimental e irónico.


A. Martín: Es muy difícil resumir todo el género a tres nombres, pero vaya. Me arriesgaré: Arthur Conan Doyle, porque fue el creador del género, del personaje, de la saga, de la estructura que nos sustenta. Dashiell Hammett, porque es el mejor representante de esa escuela norteamericana que revolucionó el género acercándolo a una nueva realidad. Y lo cito dando por supuesto que hablar de Hammett nos traerá a la mente, inevitablemente, a Chandler. Patricia Highsmith, gran innovadora, profundizadora, analista, genio del género, conocedora como nadie de los aspectos más perversos de la especie humana. (Pero la misma limitación a tres hace falsa esta respuesta, porque también deberíamos hablar de la importancia de Simenon –que humaniza el género negro trayéndolo a la manera de ser europea–, o Manuel Vázquez Montalbán –que lo revoluciona haciéndolo genuinamente español–, o Manchette –que cambia el punto de vista al ritmo del mayo del 68–...)

J. M. Reverte: Hammet es el clásico, porque crea un lenguaje propio y, además, aporta una temática que es nueva en su momento. Esos personajes desalmados que le sirven para explicar la rudeza del mundo que vive. Chandler es directamente un profesional de la cosa, capaz de crear arquetipos como Marlowe. Boris Vian utilizó los códigos para montar una salvajada de antología en Escupiré sobre vuestra tumba. En realidad Hammet y Vian son los que más me interesan, porque escriben novelas espléndidas, repletas de novedades de todo tipo.

Nuevos delitos, ¿otras novelas?
–¿Cómo se reflejan en sus novelas los delitos que imponen los nuevos tiempos (corrupción, blanqueo de dinero, tráfico de drogas)?


J. M. Reverte: Bueno, cuando aparecen estas cosas lo que hago es documentarme para que sean fieles a la realidad, que es lo que se le exige a una novela realista. Pero, insisto, lo que más me interesa de practicar este tipo de narración es el tratamiento de los personajes y el punto de vista.

A. Giménez Bartlett: Yo creo que se reflejan las condiciones sociales que propician nuevos delitos, como por ejemplo, la explotación y abuso de los inmigrantes. Sin embargo, soy contraria a los casos demasiado “tecnológicos”"; a un delito basado solo en internet le faltan elementos humanos. Me gusta que en el fondo de las investigaciones palpiten elementos muy primarios: la pasión, la venganza... Si nos centramos solo en el dinero la cosa pierde fuerza.

Metáforas del descarrilamiento


A. Martín: Más que un interés por reflejar los nuevos tipos de delitos, tengo interés por reflejar la sociedad, y aquellos aspectos que no le gustan de ella. Naturalmente, eso implica nuevos delitos, pero creo que es tema que podemos dar por sabido. Lo que a mí me importa es la manera como los delitos son percibidos por el ciudadano, los miedos que comportan, cómo influyen o cambian los hábitos de la sociedad.

L. Silva: Están ahí, forman parte del paisaje, como en la vida misma, y ocasionalmente se insertan en la trama y tienen en ella su importancia. También las nuevas técnicas policiales, que parten de la dinámica de esos delincuentes, a menudo bien organizados, y otorgan una importancia antes desconocida a los elementos tecnológicos, las investigaciones financieras, etcétera. Pero confieso que me atrae más el delincuente no profesional. El que se convierte en asesino sin que el asesinato sea su negocio. Porque en su peripecia podemos hallar una metáfora del descarrilamiento al que todos estamos expuestos, y no sólo los típicamente “malos”.

–¿Por qué la novela policiaca sigue teniendo mala fama entre los gurús de la cultura? ¿Cómo demostrarían que no es un género menor?


A. Giménez Bartlett: ¡Ah, y yo qué sé! Aunque me temo que es un caso sólo español. Yo creo que los gurús españoles son un poco paletos. Tienen la sensación de que custodian una llama sagrada que solo está al alcance de unos pocos. Pero yo, y como yo todos mis colegas “negros”, estamos hartos de dar conferencias en universidades donde los profesores de literatura consideran que sus alumnos deben leer novela policial. También se hacen tesis doctorales sobre nuestros libros y... en fin, ¿para qué seguir?, es una polémica un tanto ridícula. El género negro no es menor aunque resulta menos arriesgado que una novela general. Al menos tienes unas normas mínimas a las que agarrarte. En literatura general te la juegas siempre.

L. Silva: Porque se vende (o se ha vendido mucho), porque se hacen películas a partir de ella y porque es siempre muy narrativa y tiende a ser poco retórica (lo que no suele ir en línea con los gustos de los gurús). Los mejores argumentos contra este tipo de actitudes son los que se sacan de la obra de los grandes escritores que han hecho novela negra. El género, bien llevado, permite como pocos otros un análisis de la sociedad en todas sus paradojas y del ser humano en todos sus claroscuros, y una meditación profunda sobre el mal. Y esto, para mí, es pura literatura, y sólo como literatura, además, puede hacerse.

A. Martín: Me resulta muy difícil responder a esta pregunta sin caer en el insulto porque la verdad es que considero esa actitud de desprecio como una agresión injustificada a mi profesión. Simplemente diría que nos ignoran porque ignoran.


J. M. Reverte: Yo no sé si tiene mala fama. Sí es cierto que hay críticos perezosos que necesitan clasificar por géneros y, una vez alguien ha caído en la jaula, queda enclaustrado en un género menor. Pero no pasa nada, también Cervantes está metido en lo de la novela de caballerías, que ya sabemos que era puro entretenimiento.

sábado, 7 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 30 ] / 'del canon al clon'

La semana pasada el suplemento cultural del diario ABC publicó un artículo titulado ‘Del canon al clon’, cuyo autor hace una crítica a la baja calidad del best seller contemporáneo por contraposición al de otras épocas —que incluye clásicos como La isla del tesoro y El Padrino—. Aunque por ciertos comentarios me parece que el punto de vista del autor es un tanto conservador —tal vez por eso mismo escribe en ABC—, encuentro muy acertadas sus anotaciones sobre la influencia de la posmodernidad en el rumbo que tomó la novela y sobre las necesidades tanto de los lectores como de la industria editorial en un momento determinado.


Del canon al clon

Por Andrés Ibáñez.


Tesis primera. En su obra Manual de literatura para caníbales, Rafael Reig describe una guerra imaginaria entre dos ejércitos de escritores liderados por dos novelistas apellidados “Marías”, Javier y Fernando. El primero sería el representante de esa literatura exigente que no pretende hacer concesiones y el segundo el defensor de la “narración” y de las historias que realmente interesan a los lectores. Lo curioso es que, de ambos escritores, el más popular y el que más lectores tiene en la realidad es, sin duda, Javier Marías. Y no creo que Fernando se haya sentido muy cómodo con esa adscripción a una forma de entender la escritura que desprecia el cuidado de la palabra. De modo que la divertida sátira de Reig describe una guerra que sucede, más bien, en el interior de la mente de ciertos críticos y estudiosos: la que enfrenta al bien contra el mal, a la verdadera literatura, que es difícil y “exigente”, con la literatura de entretenimiento, que es fácil y “complaciente”. Ya que en la realidad las cosas son infinitamente más complejas. La literatura de Marías (Javier) no es en absoluto “difícil”. Y la de Marías (Fernando) está escrita con verdadera ambición literaria. Los que creen en la existencia de dos “bandos” en la literatura, se encuentran con dificultades insalvables y contradicciones infinitas a la hora de definir en qué consisten ambos bandos y quién pertenece a ellos.


Tesis segunda. Cada vez se escribe peor, con menos inspiración y con menos voluntad artística. La literatura comercial y de mero entretenimiento, cuya existencia no sólo es inevitable sino también absolutamente necesaria dentro del gran ecosistema que es la Literatura en general, está invadiendo todas las áreas del mundo editorial al tiempo que sufre un espectacular y al parecer imparable descenso de calidad y de rigor. En todas las épocas ha existido literatura de entretenimiento, que ha ido desde la basura deleznable hasta obras maestras como La isla del tesoro o La piedra lunar, pero la literatura de entretenimiento de nuestra época ha descendido, en general, hasta unos niveles de exigencia verdaderamente ínfimos. Porque comparados con los best sellers de hoy en día, los de los 60 o los 70 (obras como El padrino, de Mario Puzo, Tiburón, de Peter Benchley, o Misery, de Stephen King, dejando aparte a los grandes autores como Nabokov, Updike, Mailer o García Márquez que también resultaron best sellers) parecen, en verdad, alta literatura. De modo que el problema quizá no sea exactamente la literatura de consumo, sino su decadencia. No que haya tanta literatura de consumo, sino que la literatura de consumo sea tan mala.


Tesis tercera. La primera mitad del siglo XX fue llamada “la era de las dictaduras”. Hubo, en efecto, fascismo, nacionalsocialismo, comunismo, marxismo-leninismo, etc. Pero también hubo otras formas de dictadura: modernismo, vanguardismo, futurismo, dodecafonismo. Las poéticas del modernismo son, en su esencia, dictatoriales: son utopías dirigidas hacia el futuro (en el que todo “se entenderá” por fin y lo que hoy parece horrible resultará, por fin, hermoso), quieren romper radicalmente con el pasado y establecer un orden nuevo basado en una serie de normas y prohibiciones, intentan destruir o desacreditar por todos los medios a todos aquellos que no se atienen a sus dictados, etc. Observemos, por ejemplo, el comportamiento del grupo surrealista: cuando una obra teatral no les gustaba, reventaban las funciones agrediendo físicamente a los actores; cuando un escritor les parecía un “traidor”, le hacían un juicio sumarísimo y le condenaban (simbólicamente) a muerte; cuando un acto público les desagradaba, apaleaban (literalmente) a los que asistían a él. Los simpáticos surrealistas acabaron muchas veces en la comisaría acusados de asalto, agresión y vandalismo. Europa estaba llena en esa época de grupos similares que iban por las calles sembrando el terror, agrediendo a “traidores” diversos, repartiendo panfletos incendiarios e imaginando utopías y nuevos órdenes que mejorarían el mundo. El ideal del arte vanguardista, que tanto prestigio ha adquirido entre el mandarinato cultural, surge en realidad en el momento más triste de la historia de Europa.


Tesis cuarta. La célebre pregunta “¿Qué se puede escribir después de Auschwitz?” tiene una respuesta que quizá muchos no hayan sabido oír. La respuesta es ésta: “Quizá nos hayamos quedado sin "tema" para escribir, pero lo que sí podemos hacer es reflexionar sobre los códigos, sobre los códigos de nuestra cultura, sobre el código de nuestra propia forma de poetizar nuestra cultura”. El resultado será la literatura posmoderna, cuya cabeza visible es Jorge Luis Borges, y que se abre en tres ramas principales, la americana (de Nabokov y Pynchon a Foster Wallace y Gibson), la europea (con nombres como Perec, Calvino, Torrente Ballester, Espinosa, Palol) y la hispanoamericana (Borges, Cortázar, García Márquez, Bolaño).


La poética posmoderna pretendió una reflexión sobre los códigos de la literatura (la división en géneros, la distinción entre formas de arte “elevadas” y “populares”, las formas de representación), pero también sobre los códigos implícitos de la sociedad, de nuestra cultura e incluso de la propia realidad. Surgen así una serie de ficciones que reinterpretan la Historia o imaginan historias alternativas (los ejemplos son infinitos, del Diccionario de los Jázaros a Hijos de la medianoche, de Mason & Dixon a El hombre en el castillo) dentro de un programa que tiene como ambición última la deconstrucción, tomando este término en su sentido más intuitivo. La literatura posmoderna, desde Tlön, Uqbar, Orbius Tertius, de Borges, hasta La desaparición, de Perec, no ha cesado de investigar la idea gnóstica de que la realidad no es realmente “la realidad”, sino una construcción arbitraria o, quizá, intencionada, y que por esa misma razón debería ser posible descomponerla o incluso armarla (leerla) de otra forma diferente. La ciencia contemporánea no cesa de darnos ejemplos en la misma dirección. El proyecto genoma humano, por ejemplo, postula que no somos “personas”, sino una construcción de características genéticas, y que esas características podrían transformarse o combinarse de formas diversas.


Tesis quinta. Algo sucedió con la publicación de El nombre de la rosa, de Umberto Eco (que fue, recordémoslo, un gran best seller). La novela recoge todo el programa de la literatura posmoderna: es una obra de deconstrucción, una reflexión sobre nuestra propia cultura, una versión “alternativa” de la Historia, la historia de una conspiración (el gran tema de la posmodernidad) que se pierde en la seductora sombra de los siglos y, en fin, una especie de juego (otra palabra clave) que une la “alta literatura” y la erudición histórica (¡esos famosos pasajes en latín!) con el entretenimiento de una novela de detectives. Lo que sucede es que la calidad literaria de El nombre de la rosa no va más allá de la de una novela de Agatha Christie —aunque Agatha Christie es infinitamente más refinada que Eco en su uso del punto de vista y de la creación de personajes y ambientes—.

Las novelas de conspiraciones históricas que llenan los anaqueles de nuestras librerías y venden millones de ejemplares por todo el mundo son todas hijas de la literatura posmoderna. Son los ideales de la literatura posmoderna puestos al servicio de la literatura de esparcimiento. Muchas veces se ha especulado sobre el tipo de novela que hubiera escrito Borges de haberse decidido a hacerlo. La respuesta ya la tenemos: habría escrito El código Da Vinci, ya que esa novela recoge innumerables temas y obsesiones que son plenamente borgianos. El problema es que Dan Brown es un pésimo escritor.


La literatura posmoderna pretendió romper el castillo de Axel del modernismo y unir el arte elevado con las formas populares (novela negra, ciencia-ficción, fantasía, etc.), pero perdió la batalla. Esta es la teoría de David Foster Wallace en Algo supuestamente divertido?, que me parece, en líneas amplias, acertada. Perdió la batalla porque en vez de “redimir” a la cultura popular, fue devorada por ella.


Tesis sexta. Podemos gritar e indignarnos contra la invasión de “productos” literarios fabricados en serie, novelas históricas con clave espiritual, novelas de conspiraciones que atraviesan sin esfuerzo los siglos o los milenios, novelas donde se revelan las “claves secretas” de célebres obras de arte, novelas que reinterpretan el legado espiritual de Occidente desde Cristo a los cátaros, pasando por los alquimistas o los templarios. Pero el éxito de esta literatura sólo puede tener una explicación: que, por muy pobre que sea intelectual y artísticamente, responde a las necesidades de nuestra época y, de algún modo, la refleja. Los lectores no buscan esos libros porque sean bobos que se dejan embaucar por una serie de hábiles mercachifles. Ni los mercachifles son tan hábiles ni los lectores son tan bobos. Los lectores saben lo que quieren, y leen esos libros porque los temas de los que hablan les interesan y les preocupan.


Colofón. Las seis tesis no construyen una teoría. No son ni complementarias ni excluyentes. Juntas forman una hidra difícil de manejar, pero que puede ayudarnos a salir de la tosca dicotomía del Bien contra el Mal a que se ve muchas veces reducido el debate literario.

viernes, 6 de julio de 2007

más sobre la homogeneización de la oferta en el mercado del gran público

La homogeneización de la oferta de la industria editorial en el segmento ‘gran público’ puede alcanzar dimensiones insospechadas: tras el éxito de El cuento número trece acaba de publicarse una novela llamada El apóstol número 13. Ya no se trata solamente de vender libros cuyo argumento reproduce milimétricamente una fórmula que ha tenido cierto éxito. No.




Ahora la estrategia parece hacer énfasis en el primer punto de contacto con el posible lector: el título y la portada —dos aspectos a los que ya me referí respectivamente en las entradas ‘la homogeneización de la oferta en el mercado del gran público’ y ‘novelas de misterio y figuras históricas célebres’—.


En mi paseo de ayer por la Fnac pude ver que la entrada de la sección de libros estaba inundada de novedades dirigidas al gran público —es verano, llegan las vacaciones, nos esperan retrasos en los aeropuertos y en la playa hay que tener al lado un libro lleno de arena y de bronceador—. Lo más interesante que encontré fueron un par de perlas a propósito de los títulos de novelas de misterio y figuras históricas célebres: se trata de El manuscrito de Dante, de El sello Medici, de La conspiración Maquiavelo, de La novela perdida de Lord Byron y de El diario perdido de Don Juan.


Estas novedades se suman al listado de “novelas de misterio cuyo título alude a una figura histórica que incidió de manera definitiva sobre el curso de la historia de la humanidad —en torno a la cual suele haber algún misterio— y en las que la trama se articula en torno a dicha figura o a su legado” —como El código Da Vinci, El club Dante, La sombra de Poe, La clave Gaudi, La sombra de Leonardo, Los círculos de Dante y El club Dumas—.

jueves, 5 de julio de 2007

thrillers de auster y banville bajo seudónimo

Durante el último año se han publicado en España dos thrillers firmados bajo seudónimo por dos grandes escritores anglosajones: se trata, en primer lugar, de Jugada de presión del norteamericano Paul Auster y publicada por Anagrama en marzo de 2006—; y, en segundo lugar, de El secreto de Christine del irlandés John Banville y editada por Alfaguara en junio de 2007—.


En el caso de Auster se trata de su primera novela, que publica en 1976 bajó el seudónimo de Paul Benjamin. Al parecer Jugada de presión no se volvió a editar durante mucho tiempo y se convirtió en un libro de culto para los amantes de la obra de Auster.


Banville, por su parte, escribe El secreto de Christine cuando ya se le considera un escritor consagrado y justo después de haber ganado el Booker Prize con la novela El mar. Se rumora que ésta es la primera novela de una serie que escribirá Banville como Benjamin Black.


El momento en el que son escritas y publicadas marca una diferencia significativa entre ambas novelas porque, a diferencia de Banville, cuando Auster publica Jugada de presión es un don nadie que a continuación tendrá que soportar cómo 17 editores rechazan uno tras otro la novela La ciudad de cristal que más adelante se convertirá en la primera parte de La trilogía de Nueva York.


En los dos casos llaman la atención no sólo la fascinación que muestran ambos escritores por el thriller, sino también la utilización del nombre del autor como argumento de venta porque con la saturación que hay en el mercado del género negro claramente no sería fácil que el público se fijara en un par de novelas escritas por unos desconocidos llamados Benjamin Black y Paul Benjamin. En principio el nombre del autor como marca y la novedad de publicar bajo seudónimo novelas escritas por dos figuras consagradas deberían funcionar muy bien para jalonar los dos libros y convertirlos en éxitos en ventas. No sé cómo habrá sido hasta el momento el rendimiento en ventas de Jugada de presión —en España la novela que saca Auster cada año normalmente entra al listado de los libros más vendidos y permanece en él durante un par de meses— y habrá que ver el resultado de la estrategia de marketing que ha montado Alfaguara para promocionar El secreto de Christine —que incluye el montaje de una prehome dedicada a la novela en la página Web de la editorial—.



miércoles, 4 de julio de 2007

en este independence day me declaro abiertamente pro yankee

Me muevo en un medio en el que no hay nada más políticamente incorrecto que ser pro yankee. Yo no me caracterizo por ser una persona políticamente incorrecta pero, por lo menos en términos literarios, debo declararme abiertamente pro yankee. ¿Qué le vamos a hacer?


Es cierto que a través de Starbucks, de Wal-Mart, de Microsoft o de McDonald’s los gringos han venido inundando el mundo con un modelo de negocios que a dondequiera que llega se propaga como una maleza y cuyo principio consiste en acabar con cuanto se le cruce en el camino, que la política exterior gringa va en contravía de todos los valores democráticos que dice defender, que no hay ningún lugar al que las tropas gringas hayan traído nada bueno tras su desembarco —en su libro Diversité culturelle et mondialisation el belga Armand Mattelart analiza el costo de las concesiones que tuvieron que hacer los países europeos para recibir las ayudas del Plan Marshall tras la liberación— y que el provincianismo de una buena parte de la población estadounidense da pesar.



Y también es cierto que desde finales del siglo XIX un montón de libros maravillosos han sido escritos por varias docenas de escritores born in the USA como Jon Lee Anderson, Paul Auster, Donald Barthelme, Ray Bradbury, Erskine Caldwell, Truman Capote, Raymond Carver, John Cheever, Charles d'Ambrosio, Don DeLillo, Emily Dickinson, E. L. Doctorow, John Dos Passos, T. S. Eliot, William Faulkner, Scott Fitzgerald, Richard Ford, John Gardner, Nathaniel Hawthorne, Ernest Hemingway, Patricia Highsmith, A. M. Homes, John Irving, Henry James, Jonathan Lethem, Norman Mailer, William Maxwell, Herman Melville, Joseph Mitchell, Carson McCullers, Henry Miller, Joyce Carol Oates, Flannery O'Connor, Chuck Palahniuk, Dorothy Parker, Walker Percy, Edgar Allan Poe, Katherine Anne Porter, Philip Roth, J. D. Salinger, Isaac Bashevis Singer, Susan Sontag, John Steinbeck, Wallace Stevens, Harriet Beecher Stowe, John Kennedy Toole, Mark Twain, John Updike, Gore Vidal, David Foster Wallace, Edith Wharton, Walt Whitman, Tennessee Williams, William Carlos Williams, Tom Wolfe y muchos más que se me escapan.


En distintos momentos escritores como Paul Auster, Norman Mailer, Susan Sontag, John Steinbeck y Mark Twain han asumido posiciones bastante críticas con respecto a las políticas del gobierno de su país y al rumbo que ha tomado la sociedad gringa. De esto dan cuenta no sólo los fuertes debates que en momentos particularmente críticos se han desarrollado en revistas, periódicos y foros virtuales sino también libros como Las aventuras de Huckleberry Finn, La cabaña del tío Tom, Los vagabundos de la cosecha, La hoguera de las vanidades, Leviatán y ¿Por qué estamos en guerra?


Para terminar quisiera decir no soy anti yankee, que tanto la política exterior gringa como el devastador modelo de negocios de las grandes corporaciones estadounidenses me parecen asquerosos y que creo que si muchos países estuvieran en capacidad de hacerlo seguramente procederían de una manera similar a la de los Estados Unidos. Éste es el caso de las antiguas potencias coloniales europeas a las que ya se les acabó su cuarto de hora, por lo cual hoy en día deben conformarse con vivir del recuerdo de glorias pasadas y con jugar a los emperadorcitos en sus casi insignificantes zonas de influencia.

martes, 3 de julio de 2007

la homogeneización de la oferta en el mercado del gran público

Hace unos días cuando estaba viendo el listado de los libros más vendidos que saca El Cultural todas las semanas creí descubrir un gazapo en los datos descriptivos de un par de libros: La sangre de los inocentes, de Julia Navarro y editado por Plaza & Janés, ocupa el tercer lugar en el listado mientras que El pedestal de las estatuas, de Antonio Gala y editado por Planeta, ocupa el octavo.


El gazapo que detecté consistía en que la editorial de ambos libros tenía que ser o Plaza & Janés o Planeta porque a todas luces era evidente que no podían ser de editoriales distintas. Quise verificar que estaba en lo cierto yendo a la página de la Fnac para buscar información acerca de los dos libros. Sin embargo, el resultado de mi búsqueda no hizo más que confirmar la información ofrecida por El Cultural.


A simple vista resulta curioso que dos sellos que compiten por un mismo segmento de mercado lleguen a confundirse por las similitudes existentes en el diseño editorial de sus libros. Sin embargo, pensándolo bien esto es lo más normal si se tiene en cuenta que, cualquiera que sea el sector, en el mercado del gran público es donde siempre hay una mayor tendencia hacia la homogeneización de la oferta —que normalmente se hace por lo bajo— porque allí se puede sacar un margen de ganancias satisfactorio vendiendo volúmenes grandes a un precio razonable como lo hacen Ikea, H&M, Dell, Seat o Zara. Vale la pena destacar que en algunos sectores en los que hay una fuerte concentración de la propiedad como el audiovisual, las telecomunicaciones y el editorial la homogeneización de la oferta ha alcanzado niveles mucho más inquietantes y peligrosos porque los bienes simbólicos que estos producen juegan un papel fundamental tanto en la educación como en la formación de la opinión pública.


Justamente en los nichos es donde mejor se puede explorar la posibilidad de ofrecer un producto cuidadosamente elaborado y donde está el potencial para hacer apuestas que, por recorrer caminos menos transitados, no sólo resulten más innovadoras —y, por lo tanto, arriesgadas— sino que también permitan desmarcarse de la competencia. Al fin y al cabo los nichos están mejor segmentados y menos saturados porque sus consumidores exigen productos que se ajusten a sus necesidades. En las entradas que he hecho sobre las fórmulas del éxito y los lugares comunes en la literatura contemporánea ya me he referido a este tema.



Pero las semejanzas entre La sangre de los inocentes y El pedestal de las estatuas no se limitan al hecho de que el diseño de las carátulas de ambas novelas sea casi idéntico. Revisando las sinopsis de ambos libros en la página de la Fnac —que son más bien argumentos de venta en prosa— encontré una serie de elementos comunes a las dos novelas:


El pedestal de las estatuas

Antonio Gala


De la jamás vista ni oída historia de Antonio Pérez, secretario y cómplice de Felipe II. De cómo se convirtió en testigo privilegiado de intrigas palaciegas y accedió a alcobas de reyes y reinas, y de cómo acabó siendo víctima de sus papeles secretos.


El descubrimiento de unos cuadernos desconocidos de Antonio Pérez, el secretario de Felipe II, permite desvelar la Historia oculta de aquellos años en España. El propio secretario reconoce, en sus últimos días, que continúa con vida gracias al arcón donde guarda copia de documentos, legajos, cartas y toda clase de pruebas que implican en asesinatos y siniestras estrategias a la monarquía, a la Iglesia y a casi toda la nobleza, desde los Reyes Católicos hasta Carlos V y su enigmático heredero. Es la confesión total de Antonio Pérez, el más temido verdugo del poder, que terminó siendo víctima de sí mismo.


La sangre de los inocentes

Julia Navarro


Las luchas de poder entre los cátaros y el control que lleva la inquisición propician que la crónica del fraile sea un valioso tesoro a descubrir. Su última frase se convertirá en un enigma a descifrar. Siglos después, antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el conde d’Amis, descendiente de una de las grandes familias cátaras, recibirá como legado la crónica de Fray Julián. Apoyándose en la erudición del Profesor Ferdinand, insigne medievalista francés, el conde y un grupo de hombres poderosos de ideología nazi verán en las palabras del fraile las claves para alcanzar lo que más ansían: el tesoro de los cátaros, el Santo Grial. Cuando estalla la Guerra, verá con sus propios ojos como el mundo -y el suyo en particular- se desintegra.


Fascinante trama llena de meandros, pistas falsas y enigmas, salpican esta brutal nueva novela, ambiciosa aventura escrita sin concesiones, llena de víctimas y verdugos en la que nadie ni nada es lo que parece.


A continuación presento las similitudes que permite establecer entre ambos libros el texto que utiliza la Fnac para presentarlos —el primer ítem de la igualdad corresponde a El pedestal de las estatuas y el segundo a La sangre de los inocentes—:


Sobre el tema de la novela: ‘intrigas palaciegas’ = ‘luchas de poder entre los cátaros’

Sobre un documento comprometedor como motivo narrativo de la novela: ‘cuadernos desconocidos de Antonio Pérez’ = ‘crónica de Fray Julián’

Sobre el autor del documento: ‘Antonio Pérez, el secretario de Felipe II’ = ‘Fray Julián’

Sobre el documento como algo que sobrevive al paso del tiempo: ‘copia de documentos, legajos, cartas’ = ‘legado [ de ] la crónica de Fray Julián’

Sobre los momentos históricos que cubre el argumento de la novela: ‘desde los Reyes Católicos hasta Carlos V y su enigmático heredero’ = ‘la inquisición [ y ] Siglos después, antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial’

Sobre las instancias de poder como escenario de la acción de la novela: ‘alcobas de reyes y reinas’ = ‘el conde [ descendiente de una de las grandes familias cátaras ] y un grupo de hombres poderosos de ideología nazi’

Sobre el reto que deben asumir el protagonista y el lector de la novela: ‘desvelar la Historia oculta’ = ‘valioso tesoro a descubrir' y 'enigma a descifrar'

Sobre la suerte final del malhechor: ‘el más temido verdugo del poder, que terminó siendo víctima de sí mismo’ = ‘verá con sus propios ojos como el mundo —y el suyo en particular— se desintegra’

lunes, 2 de julio de 2007

hermanocerdo: una revista de literatura y artes marciales


Hace poco los editores de HermanoCerdo emigraron la publicación de Google Pages a Blogger, desde donde ahora se puede acceder a los quince números de la revista —y muy pronto al número 16—.


Desde hace más de un año el equipo conformado por Edgardo Dieleke, Daniel Espartaco Sánchez, Javier González Cozzolino, Miguel Habedero, Javier Moreno y Mauricio Salvador viene sacando cada mes esta revista de literatura y artes marciales que publica cuentos, reseñas, ensayos, crónicas, cartas y textos misceláneos. De HermanoCerdo me llaman especialmente la atención las traducciones que han venido publicando y el método colaborativo que han utilizado para hacer algunas de ellas.


De todo esto me enteré porque me lo contaron Mauricio Salvador y Javier Moreno —a quien conocí el viernes pasado y con quien curiosamente Juan Pablo Correa y el mismo Mauricio me pusieron en contacto con sólo un día de diferencia—.


Las colaboraciones a la revista deben enviarse en archivos de Word u OpenOffice, sin formato excepto por cursivas y notas, al correo hermanocerdo[at]gmail.com.

domingo, 1 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 29 ] / 'todo el verano en el bolsillo'

Empieza el verano y la planificación de las vacaciones hace que todo lo demás empiece a funcionar de una manera cada vez más lenta hasta quedar en stand by hasta principios de septiembre. El Cultural ha seleccionado veinticinco novedades de bolsillo para acompañar nuestros largos días de aeropuertos, montaña, carretera y playa.



En [ el ojo fisgón ] estaré atento del comportamiento de las ventas de estos libros, que seguramente han recibido un empujón al ser incluidos en esta lista —que curiosamente incluye un long seller como los Nueve cuentos, de J. D. Salinger—.


Todo el verano en el bolsillo

El Cultural selecciona 25 grandes novedades contra el hastío del estío

Quizá porque un segundo puede ser más que eterno y una línea resumir el universo, los libros de bolsillo se convierten en verano en cómplices indispensables para vencer tantas horas abrasadoras rendidas a la pereza. El Cultural ha seleccionado veinticinco pequeños buenos libros empapados de aventuras y amores difíciles, viajes imposibles e insuperables nostalgias. Además Agustín Fernández Mallo, José Ovejero y Rafael Reig, tres de los mejores creadores de mundos paralelos, nos regalan unos relatos veraniegos que, por los misterios del azar y la buena literatura, parecen completarse.


El regreso
Joseph Conrad
Funambulista. Trad. J. M. lacruz. 123 pp. 15’50 euros
Un mero intento de adulterio es el punto de partida del relato de Joseph Conrad (1857-1924) titulado El Regreso. Una tarde, Alvan Hervey recibe la terrible noticia de que su mujer le ha abandonado. El regreso, al poco tiempo, de esta esposa que permanecerá sin nombre a lo largo de la historia, dará pie a los trágicos pensamientos que avasallarán al protagonista. “Esa misma mañana, en aquella mesa habían almorzado juntos, y ahora cenarían allí. ¡Asunto concluido! Lo acaecido en el intervalo podía olvidarse, debía olvidarse, como esas cosas que pueden ocurrir sólo una vez... como la muerte, por ejemplo.” (p. 88). Un drama que, en realidad, sólo sucede en la mente de Alvan, prototipo del hombre burgués, más preocupado por el qué dirán y por las fachadas que a menudo sólo ocultan estercolres, que por descubrir las causas de su fracaso matrimonial y poner todo lo necesario para impedirlo. Con la intensidad característica de la escritura de Conrad, con su dominio de los sentimientos más profundos del hombre, El Regreso descubre la ceguera en la que puede vivir el hombre ante sí mismo, su pareja, el mundo y la vida cuando sólo le preocupa la apariencia.


Muertes Paralelas
Fernando Sánchez Dragó
Booket. 672 pp. 8,95 euros
“Autobiografía, novela, tragedia y mito se aúnan en este doliente exorcismo personal del autor para completar uno de los libros más valientes y encarnizados que he leído”. Con esta contundencia se expresaba Ángel Basanta a la hora de analizar Muertes paralelas, libro galardonado con el premio Fernando Lara 2006 y con el que se arrancaba una espina personal: la búsqueda, “con escrúpulo de historiador y tenacidad de detective”, de la peripecia existencial de su familia ante la desaparición de su padre durante los primeros años de la Guerra Civil. Dragó en estado puro. Escritura torrencial, referentes literarios y su habitual independencia ideológica destilan por unas páginas de una intensidad sólo comparable al “exorcismo” –distinto pero no menos personal– realizado en Kokoro: a vida o muerte. Aunque sólo en las últimas páginas de esta novela se recurre a la ficción, Muertes paralelas, según Basanta, “respira literatura–y vida, pues cuenta la tragedia esencial del autor–”.


La infancia recuperada
Fernando Savater
Alianza. 257 páginas, 7’50 euros
La política y la ética marcan las inquietudes de Fernando Savater (San Sebastián, 1947) en el momento actual, pero al inicio de su obra la literatura –tal vez su pasión más sincera– ocupaba el centro de su actividad intelectual. La reivindicación de los clásicos de la literatura infantil y juvenil adquirió el rango de la provocación en una época marcada por la literatura comprometida. Savater se apartó de esa tendencia para elogiar a Stevenson (absurdamente menospreciado), Tolkien (desconocido para el lector español de entonces) o Julio Verne (visionario de un futuro en el que nos encontramos). También a Zane Grey, Jack London , H. G. Wells, Conan Doyle y Guillermo Brown. Apoyándose en las tesis de Walter Benjamin, Savater dignificó la narración, basada en la memoria colectiva, sin menoscabar el valor de la novela, orientada hacia la innovación. La isla del tesoro no es simple aventura, sino iniciación en los conflictos morales. John Silver encarna la ambigüedad del Mal. Y los detectives no son un tributo al ingenio, sino inquisidores de la verdad. Savater lo comprendió en unos años en que la literatura se puso al servicio de la político, alejándose de sus orígenes, donde la imaginación no brota de lo fantástico, sino del impulso utópico que no cesa de rebelarse contra la realidad.


Hotel nómada
Cees nooteboom
Debolsillo.
224 pp, 9.95 e.
Ya lo explicó hace un lustro Román Piña en El Cultural: “Gambia, Malí, el Sahara, Bolivia y México nos pueden importar un comino, pero no Nooteboom, este holandés errante cuyos textos viajeros, treinta años después de escritos, se revelan como un documento jugoso y, lo que es más importante, como un tesoro literario” . Porque da igual el tiempo transcurrido desde que Nooteboom escribiera estas páginas, que nos invitan a viajar sin turistear, y a conocerse mejor a uno mismo mientras “todos los matices que confirman nuestra identidad, conquistados con dolor y esfuerzo a lo largo del tiempo, se desvanecen”.


Bagdad en llamas
Riverbend
Booket. 480 pp. 8’95 euros
El desgarrador testimonio de una joven iraquí, que se mantiene en el anonimato, queda reflejado en este libro que reproduce los pasajes de un blog que comenzó a escribir en septiembre de 2004, más de un año después de la invasión estadounidense. Con un tono que navega entre la indignación, el dolor y cierta ironía, esta ex informática narra los horrores de su vida diaria: las bombas, los amigos o familiares muertos... Una voz espontánea que ayuda a entender un conflicto de sangrante actualidad.


Una pantera en el sótano
Amos Oz
De bolsillo. 232 pp., 13’50 euros
En 1947, y en una Jerusalén que tiene aún sangrante la herida del Holocausto, un niño de doce años “y tres meses” al que todos llaman Profi por su manía de jugar con las palabras, es acusado por sus amigos y cómplices, “con letras gruesas y negras”, de ser un vil traidor. Y eso, a pesar de que su madre siempre dice que quien ama no traiciona, y que fue el propio Profi quien creó el LOM, un club de espionaje, formado por Profi y sus dos amigos, que intenta combatir a los ingleses que todavía no han abandonado Israel. Pero su nueva y secreta amistad con un policía británico al que enseña hebreo mientras él mejora su inglés y al que pretende arrancar informaciones decisivas para la independencia de su país resulta demasiado inquietante... sobre todo para él, que comienza a no distinguir las fronteras entre la lealtad y la traición. Profi se sueña como el Tyrone Power de Una pantera en el sótano, capaz de esfumarse en la niebla y apostar distintas identidades, pero está atrapado por padre nada afectuoso, la angustia de un pueblo odiado por ser distinto en Polonia, y por no serlo en Alemania, aterrado ante un futuro demasiado incierto y un pasado demasiado atroz, por las sombras de la amistad o el despertar al amor. Una de las obras mayores de Oz.


Cuentos de los días raros
José María Merino
Punto de lectura. 240 páginas, 6’70 euros
Una inquietante portada de Montañés Pérez sirve de presentación para estos Cuentos de los días raros en los que Merino ha desplegado su talento para la condensación. Son 15 relatos que, según su autor, hablan “de la rareza de los días desde nuestra relación con los sueños”. La importancia de la lectura en la configuración personal en “Mundo Baldería” o “El viaje secreto”, la preocupación sobre la excesiva robotización en “Celina y Nelima”, el desdoblamiento (habitual en la obra de Merino) en “El fumador que acecha” o los registros del recuerdo en “La memoria tramposa” son sólo algunos de los temas que pueden encontrarse en estas piezas breves en las que, según Ricardo Senabre, “se hallan algunas de las claves que permiten entender más cabalmente el alcance de sus novelas”.


Kim
Rudyard Kipling
Debolsillo. 448 pp., 9’95 euros
Quien se acerque a Kipling buscando literatura juvenil no se equivocará pero quien lo haga con la intención de reptar por los sofisticados mecanismos de la alta literatura, tampoco. Es muy difícil encontrarse con un autor, y en este caso con una obra, “Kim”, que pueda leerse como un evasivo relato de aventuras y como un clásico universal. Es un derecho sólo reivindicado por grandes de la talla de Cervantes o, por aludir a contemporáneos de Kipling, talentos como el de Joseph Conrad. Esta cuidada edición, como el profundo y riguroso estudio introductorio, pertenece al desaparecido Edward W. Said, Premio Príncipe de Asturias de 2002 que propició el acercamiento entre culturas. Ambientado en la India colonial británica, el libro cuenta el viaje iniciático de Kim, huérfano del regimiento irlandés a través de una sociedad tan rica como compleja. Para Said, “la mejor obra extensa de ficción de Kipling”.


El cerebro nos engaña
Francisco J. Rubia
Booket. 445 pp., 8’50 euros
Resulta que el cerebro nos engaña “por ser una máquina de confabulaciones y fantasías, generadora de música, arte, mitos, religión e irrealidad”. A partir de esta premisa, Rubia analiza la mente como producto de la evolución, la organización modular del cerebro, el sistema emocional y sus ventajas o las trampas de la memoria hasta llegar al punto crucial de su estudio, que es la relación entre el cerebro y la divinidad. Aquí es donde estudia las experiencias místicas y las experiencias cercanas a la muerte.


Crónica de piedra
Ismaíl Kadaré
Alianza. 272 páginas, 7’50 euros
Escrita en los años 70 en Tirana (Albania), pero revisada, libre de censura, en el París de los 90, esta Crónica de piedra viene a ser una primera autobiografía del albanés Ismaíl Kadaré. Escrita sin nostalgia ni rencor, en ella revisa su infancia durante la terrible invasión italiana y alemana y sus primeras lecturas y obsesiones. También, claro, la abuela Selfixhe, Xhexho, tía Xhemo, doña Pino... Y la ciudad pétrea, sorprendente y asombrosa, que albergaba a duras penas la vida humana entre sus miembros “y bajo su caparazón de piedra tampoco cesaba de causarle, sin pretenderlo, incontables dolores, arañazos y heridas a esa vida”.


Canción de cuna
W. H. Auden
Debolsillo. 342 pp., 8’95 euros
Versos escritos entre 1935 y 1939 que nos ponen, en palabras de Antonio Colinas “ante el poeta verdadero, representado por algunos de sus más bellos y complejos poemas”. “Con extremada sabiduría, debatiéndose bajo una llluvia de ideas y de conceptos, sorteando las noticias de la historia inminente, pero buscando ‘alivio? con su palabra para él y para el mundo. El idealismo poético siempre acaba siendo la gran solución no sólo para el poeta sino también para los demás humanos”.


La visigoda
Isabel San Sebastián
La esfera. 396 páginas, 9 euros
En el ocaso de su vida, Alana, “La visigoda”, hace memoria de la aventura que comenzó “un atardecer brumoso de hace 73 años en una aldea perdida de Asturias”. Tenía 16 años y fue secuestrada para formar parte del tributo de las Cien Doncellas, que cada año entregaba el príncipe Mauregato al emir cordobés. Sus desdichas, amores y desengaños sólo acababan de empezar, aunque “ni un sólo día perdí la esperanza.”


Días de diario
Antonio Muñoz Molina
Seix barral. 84 páginas, 16 euros
La doble vida del escritor nunca se manifiesta con tanta claridad como en sus diarios, un género mucho más flexible que la autobiografía, donde se impone la fidelidad a lo vivido. El escritor transita por el mundo, pero su experiencia incluye su contienda con la escritura. Muñoz Molina nos cuenta sus viajes de Madrid a Nueva York durante la gestación de El viento de la Luna. Sus notas comienzan con la evocación del padre, ausente por culpa de la muerte, pero de alguna manera vivo por la conjunción de la memoria y la escritura. La vocación convive con las dudas. La advertencia de Cyril Conolly sobre la ética del escritor –no hay que perder el tiempo si no se pretende escribir una obra maestra– no hace más fácil las cosas. No obstante, la novela avanza. Nueva York y Madrid, dos escenarios propicios a la escritura. Anotaciones breves, prosa fluida, chispazos de lirismo. Muñoz Molina nos entrega unas confesiones donde se confirma que para el escritor hay dos vidas: lo que pasa a diario y el diario que corre paralelo a la obra, tal vez más verdadero que la pura cotidianidad abocada al olvido.


La reina sin espejo
Lorenzo Silva
Booket. 379 pp., 7’95 euros
Cuarto título protagonizado por la pareja mixta de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, La reina sin espejo gira en torno al asesinato de una famosa periodista casada con un escritor consagrado, en una trama de corrupción policial y de explotación sexual. Un libro excelente, un relato ameno sin perjuicio de las cuestiones psicológicas, existenciales o sociales que aborda. Permite el placer de disfrutar de una buena historia, asegura un entretenimiento que nunca dejará de ser sustancia de este género y muestra algunas parcelas del comportamiento humano.


Nieve
Orhan Pamuk
Punto de lectura. 672 pp., 11’30 euros
El nobel turco esboza en su séptima novela una aproximación a la quebradiza realidad de su Turquía natal, jalonada por sus delicadas brechas políticas y religiosas. Como en obras anteriores, Nieve está tratado en primera persona, la de Ka, un poeta que regresa a Estambul tras un exilio de 12 años. A su llegada es enviado a la ciudad de Kars donde es testigo de las tensiones de una sociedad dividida. Pero a Ka también le mueve el amor y la amistad, ingredientes igualmente relevantes en la narración ágil y sincera de uno de los grandes de la literatura europea.


Tokio blues
Haruki Murakami
Maxitusquets. 381 páginas, 9’95 euros
Murakami (1949, Kioto) escogió una canción de los Beatles para recrear la peripecia de un personaje que no conseguirá desprenderse de la adolescencia hasta conocer el amor, el sexo y la muerte. Porque cuando se suicidan Kizuki y Naoko, Watanabe advierte el tacto de la muerte en su propia carne. Una parte de sí mismo desaparece con ellos, pero la escritura le ofrece la posibilidad de recuperar lo perdido.


Al rojo vivo
Nora Roberts
Debolsillo. 379 páginas, 8’95 euros
Su nombre no es aún popular en España, pero Nora Roberts, una de las reinas mundiales del género romántico, muestra aquí sus mejores armas. Todo comienza cuando un ladrón de guante blanco, Doug Lord, se encuentra con de una suerte de Paris Hilton enamorada de los coches deportivos y las botas italianas. Mientras el mundo entero busca a la heredera y a él le persiguen unos asesinos, deciden marcharse a Madagascar nada menos en pos de un tesoro. Y esto sólo para empezar.


Desertores
Pedro Corral
Debolsillo. 623 pp. 9’90 euros
Desertores se sumerge en uno de los aspectos peor conocidos de nuestra guerra civil: el de los dos millones y medio de desertores, de ambos bandos, que intentaron eludir la contienda. A Pedro Corral le interesan, como resaltó en nuestras páginas Núñez Florencio al reseñarlo, “ese pueblo de verdad que en los discursos de las élites era mera entelequia o, peor, simples números llamados a desempeñar calladamente el trágico papel que se les había asignado”, cuando en realidad “la gran mayoría no entendía de ideales políticos ni banderas, ni que por ellas tuvieran que matar o morir”. Así, un tercer ‘ejército invisible’ optaba por alejarse de un frente que no era el escenario grandioso que pintaban los doctrinarios, sino una inmensa fosa en la que se pasaba frío hasta la congelación y hambre hasta la extenuación”.


Nueve cuentos
J. D. Salinger
Edhasa. 287 páginas, 10 euros
Sólo dos años después de la publicación de El guardián entre el centeno aparecieron estos Nueve cuentos de J.D. Salinger, reunidos después de haber visto la luz en New Yorker entre 1948 y 1953. Algunos cuentos han alcanzado las dimensiones clásicas de su predecesor y sus protagonistas alcanzan a veces la altura de Holden Caulfeld. La II Guerra Mundial y sus consecuencias se reflejan en personajes como Seymour o el Sargento XX, figuras alienadas convertidas en espectros. Y cuentos como “Un día perfecto para el pez plátano” o “El hombre que ríe” se sitúan entre lo mejor de un Salinger que ya entonces arremetía contra todo el que se inmiscuía en su privacidad. Y su leyenda continúa.


Al otro lado de la niebla
Juan Luis Arsuaga
Punto de lectura. 374 pp, 7’95 euros
Arsuaga, codirector de las excavaciones de la sierra de Atapuerca, imagina en su primera novela “cómo debió de ser la vida en la España de la Edad de Piedra”. Un debú sorprendente según la crítica, “no sólo por el atrevimiento y originalidad de su planteamiento, sino también por su calidad”, pues logra dotar a la novela de una “verosimilitud que atrapará y fascinará a numerosos lectores”.


Piedras ensangrentadas
Donna Leon
Seix Barral. 356 páginas, 6’95 euros
Un vendedor africano de genuinos bolsos falsificados muere tiroteado. ¿Ajuste de cuentas? ¿Mafias de la inmigración? Las autoridades pretenden cerrar el caso, pero el comisario Brunetti (protagonista de las novelas de Leon) descubre en la habitación del muerto una fortuna en diamantes de una pureza excepcional. Y comienza a investigar.


El pintor de batallas
Arturo Pérez Reverte
Punto de lectura. 304 páginas, 8’20 euros
Considerada por muchos como la novela más personal e intensa, la más profunda y también la mejor de Pérez-Reverte, que presta al protagonista muchos rasgos autobiográficos, se trata de una reflexión sobre el imperio del horror ante la fragilidad humana.


Conversaciones imaginarias
Walter Savage Landor
Cátedra. 448 pp., 12 euros
Excelente conocedor de los clásicos grecolatinos, poeta fascinado por el Mediterráneo, Landor (1775-1864) se permitió usurpar el nombre de filósofos, científicos y rebeldes para redactar esta obra que no dejó de crecer a lo largo de su existencia. Aquí Diógenes polemiza con Platón sobre la inmortalidad del alma. Epicuro elogia la duda y el fracaso como el punto de partida del conocimiento. Boccaccio y Petrarca pasean juntos y Montaigne deduce que el vino determina la visión del mundo. Humor, perspicacia y fantasía convierten esta rareza en un libro delicioso. Nadie espere encontrar sermones o lecciones. Landor sólo busca el placer de frecuentar la inteligencia y virtud de los inconformistas del pasado.


Un millonario Inocente
Stephen Vizinczey
RBA. 576 pp., 7’50 euros
Bastante más que el autor de En brazos de la mujer madura, Vicenzcey juega en Un millonario inocente con las desventuras de Mark Niven, que sueña desde los catorce años con recuperar el tesoro de un barco hundido en el Atlántico, y que, cuando parece a punto de recobrarlo, se ve enredado en un fraude y en una historia de amor que amenazan con destruirlo.


El libro de aguardientes
Carlos Delgado
Alianza. 208 pp., 6 euros
El enólogo Carlos Delgado amplía su ya clásico librito sobre licores y aguardientes. Tras un somero preámbulo en el que explica la historia de la destilación de alcohol, desde el antiguo Egipto hasta nuestros días, Delgado da cuenta de los distintos orígenes de las variantes de las bebidas en que centra su trabajo, narrando numerosas anécdotas que enriquecen un enfoque en el que cobra importancia el factor científico y el establecimiento de jerarquías.