martes, 19 de febrero de 2008

entrevista a luis sábat, editor de elipsis ediciones / “buscamos textos que además de un rigor literario tengan una dimensión comercial”



Al montar Elipsis ediciones aprovechando las omisiones hechas por otras editoriales que desechaban textos que él consideraba que debían ser publicados, Luis Sábat le ha apostado no sólo a construir un catálogo con una perspectiva amplia y coherente a la vez sino también a ponerse al frente del posicionamiento de su marca promocionando él mismo los títulos que publica allí donde cree que estos pueden suscitar el mayor interés. Para Sábat esta estrategia marca una diferencia fundamental entre Elipsis ediciones y las grandes editoriales independientes en cuyo terreno aspira a jugar porque a su juicio éstas publican a un ritmo en el que la intensidad obedece más a la necesidad de cubrir una serie de obligaciones con su distribuidor que a la creación de un proyecto literario coherente.


Pascal Quignard, Frank Kermode, Delmore Schwartz, Christoph Hein, James Merrill y Laura Fernández son algunas de las cartas que tiene Luis Sábat en su juego.


M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Elipsis ediciones?


L.S.: Fue una iniciativa personal orientada por mis apetencias como lector y por las omisiones de otras editoriales. Quise empezar a publicar aquellos títulos que todavía no habían sido editados en español. Quería ver traducidos al español libros escritos en otros idiomas que me gustaban y he venido publicando un título tras otro, generando así un proyecto editorial.


La idea surgió cuando empecé a ver títulos muy destacados de la narrativa actual que eran desechados por ciertas editoriales. Fue como una resistencia personal.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de la editorial?


L.S.: Desde el punto de vista profesional en ese momento contribuyó mucho el hecho de que tras recibir una oferta de una editorial muy importante, algunas editoriales hubieran rechazado un título como Travesía nocturna porque no sabían quién era Clément Rosset. Se trataba de editoriales grandes, por lo cual a partir de allí dije ‘no puede ser, tengo que buscar la fórmula para poder publicarlo’. Eso fue como un detonante. Di un salto con base en las omisiones de los demás, en lo no publicado.


M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de Elipsis ediciones?


L.S.: La colección más importante —que supone aproximadamente el 80 % de nuestro catálogo— es la de narrativa de ficción contemporánea. Ahí encuentras una amalgama de textos caracterizados por la calidad y el rigor literarios, sin distinciones de nacionalidades, movimientos o generaciones. Nos centramos en una narración de calidad donde quiera que esté: en Oriente Medio, en México o en Alemania.


Luego hay una colección de ensayo llamada Duque de Lancaster, en la que hemos publicado a Clément Rosset y en la que también aparecerá La imagen romántica, de Frank Kermode. Esta colección se enfoca básicamente en títulos en los que la temática representa una rareza dentro de la trayectoria del autor o que son textos de carácter canónico en el tema que abordan. La imagen romántica, por ejemplo, es un libro del que necesariamente debes hablar al referirte al romanticismo inglés del siglo XIX.


Por último está la colección 2721, que es de poesía. Empezamos en septiembre con Anne Carson, seguimos con Jeff Clark y luego con James Merrill, que es un autor sorprendentemente no publicado anteriormente en español. De Merrill publicaremos La luz cambiante en Sandover, una obra monumental de alrededor de 500 páginas que en mi opinión es un compendio de la generación poética de la segunda fase del siglo XX americano.







M.G.: ¿Bajo cuáles criterios editoriales se eligen los libros que publica Elipsis ediciones?


L.S.: Los criterios cambian según la colección. En lo que es narrativa, cuando leo un texto me gusta muchísimo que transmita algo nuevo, que tenga una voz propia y que el autor cree un mundo diferenciado con respecto a lo que se ha publicado y a lo que se está escribiendo. A partir de ese criterio a mí ya empiezan a llamarme la atención ciertos textos. Me gustan las estructuras novedosas. Las historias lineales en principio no me gustan. Prefiero a los autores que experimentan. Aunque cuidado: me gustan las voces novedosas sin que ello signifique perder calidad. Por ejemplo, Pascal Quignard es un autor que tiene una voz narrativa propia y que se distingue clarísimamente sin que por ello pierda calidad o consistencia. Y ese es el enfoque que hemos querido darle a esta colección. Para historias lineales con finales felices ya hay otro tipo de sellos editoriales.


Una vez asumido este criterio de generar una voz narrativa, seguimos con la calidad y con unos criterios editoriales más o menos básicos como el tratamiento de personajes, la unicidad del texto, la forma como se trata el tema que se aborda y en menor medida la temática —un aspecto con el cual no hemos querido obsesionarnos. Es decir, que no vamos a caer en el juego de publicar cualquier manuscrito ambientado en la época Nazi que recibamos—. También cuentan esos famosos socavones narrativos como el hecho de pasar de la página cincuenta, que son aspectos fundamentales a la hora de elegir lo que se publica porque indican que el autor sabe mantener un tono narrativo potente que a mí como lector me enganche, me sugiera y me haga pensar que me gustaría publicarlo.


M.G.: ¿Cree usted que Elipsis ediciones está llenando un hueco que han dejado en el mercado tanto los grandes grupos como las editoriales independientes que ya están posicionadas?


L.S.: Pienso que nuestro hueco no se enfoca tanto a ser una editorial exquisita aunque muchas veces lo grandes grupos y sobre todo las grandes editoriales independientes te inciten a serlo, empujándote a una especialización excesiva y a llevar un ritmo de publicación acelerado. Nuestra idea es jugar en el mismo terreno de las editoriales independientes grandes buscando un texto que además de un rigor literario tenga una dimensión comercial. No porque no seamos Anagrama vamos a ser Nórdica. Pensamos que ahí hay un terreno y un perfil de cliente bastante desengañado de las editoriales independientes grandes que puede recabar en nosotros. Por lo tanto, ése es nuestro juego.


Salvando las distancias abismales, nos gusta enfocarnos en el mismo terreno de editoriales como Anagrama y Mondadori. No tengo problema en decir nombres porque he trabajado para ellos. Me identifico más con lo que publicaban antaño estas editoriales que con las editoriales exquisitas que aunque como lector me pueden gustar mucho, como editor diría que no hay un factor empresarial importante en el que también tenemos que enfocarnos. Y es ahí donde vemos nuestro target.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Elipsis para alcanzar y conservar una posición propia en el mercado?


L.S.: En primer lugar, un factor fundamental es la distribución. Es necesario contar con un distribuidor que comparta tu proyecto, que se ilusione con él y que, por lo tanto, lo implante al máximo. Cuando trabajas con tirajes cortos como nosotros el secreto consiste en implantarse al máximo. No nos sirve un distribuidor que deje la mitad del tiraje en sus almacenes. Necesitamos un distribuidor que nos implante el 80 % del tiraje.


En segundo lugar, es importante seleccionar un tipo de títulos en el que aparte de la calidad tengamos un perfil de lector que aunque no siempre se ajuste sea una guía en el momento de pasar a un tercer elemento que sería la promoción y la comunicación. Es clave contactar con creadores de opinión, con gente cuya opinión con respecto a un libro puede incidir en muchos otros lectores. No creemos en la promoción masiva. Hay veinte o treinta personas que pueden estar influenciando el gusto del 80 % de los lectores. Eso es así sobre todo si no eres un gran grupo porque si lo eres te vuelves indiscriminado en tu política de promoción: llamas tanto a la revista de la cadena de peluquerías como a Clarín o a Letras libres. Te da exactamente igual.


Nuestro criterio es muy diferente: buscamos la personalización del título de manera que cada persona a la que se lo enviemos esté informada directamente por mí. Como nuestra estructura es pequeña, no tenemos un equipo dedicado exclusivamente a llamar a medios de comunicación. Yo los llamo personalmente y les digo por qué me gusta el libro y por qué creo que a ellos les puede gustar. Luego ellos estarán o no de acuerdo pero es ese factor personal lo que nos distingue a las pequeñas editoriales de los grandes grupos o de las grandes editoriales independientes. En el juego con ese factor personal tenemos mucho terreno porque quieras que no también la prensa y los grupos de comunicación llegan a cansarse por la saturación de información. Ha de hartarles el hecho de que si una editorial publica veinte títulos al mes, los veinte sean buenísimos. Eso no es así. Si publico diez o quince títulos puedo no acertar en tres o cuatro. Muchas veces la crítica es una cuestión de preferencias. Yo sabré en cada momento si tal libro va a gustarle o no a un determinado crítico y puedo enfocar la comunicación en uno o en otro según las preferencias de cada cual. En el caso de Pascal Quignard, claramente le gustará a un crítico como Rafael Conte pero no les gustará a algunos otros. Éste es el juego por el que apuesto en mi estrategia de comunicación.


También hay un factor aleatorio por el que los editores tenemos algo de ludópatas. Soy como un mal jugador de poker o de ruleta. Cada vez que saco un título digo ‘es que éste me va a funcionar demasiado’ y luego funciona o no. Me pasó con Gonzalo Torné de la Guardia, que al final no funcionó tan bien. El que menos esperas que funcione termina funcionando y dices ‘¡ostras, es que no me lo puedo creer!’. El boca – oreja es un factor que no puedes controlar a pesar de que muchos departamentos de marketing se coman la cabeza intentando descifrar cómo funciona.


M.G.: ¿Qué distingue a Elipsis ediciones de otras editoriales independientes españolas?


L.S.: Me gustaría distinguir entre dos tipos de editoriales independientes: por un lado, aquellas que tienen una necesidad de publicación para cubrir unos costes y unas entregas para el distribuidor; y, por el otro lado, aquellas que como nosotros publican lo que realmente les gusta y les apetece. Si a Luis Solano le gusta Robertson Davies, pues a mí me gustará otro autor. Esto quiere decir que las preferencias de cada cual no les impiden a los demás desarrollar su plan de publicaciones ni les hacen daño aunque al final las diferencias no sean tantas.


Sí que empieza a haber una diferencia con las editoriales que pueden publicar del orden de más de cinco o seis títulos al mes, que caen en una especie de descontrol sobre el producto porque detrás de ese esquema hay una motivación económica relacionada con la necesidad de cubrir unos costes con el distribuidor. Lo digo porque lo he vivido desde adentro. No hay ninguna editorial que sacando cinco títulos al mes consiga que todos sean exquisitos. Y no me refiero únicamente a los grandes grupos, pienso también en editoriales independientes como RBA, Anagrama, Tusquets o Siruela.


A partir de ahí lo que nos puede distinguir es precisamente tanto la personalización y el cuidado con el título que se publica, como la coherencia con el proyecto literario. El hecho de que te puedas encontrar en la mesa de novedades ciertas editoriales con cinco títulos hace que digas ‘ostras, ¿pero estos dos qué tienen que ver uno con otro, qué coherencia tienen con el proyecto editorial que hay de fondo?’. Por otro lado, también nos distingue la posibilidad de mantener hasta el final una imagen de marca y una calidad a pesar de los vaivenes de los malos momentos de manera que el mercado no te obligue a modificar tu servicio de novedades. En síntesis, se trata de no convertirte en un oportunista editorial. Primero, no tenemos esa capacidad. Y, segundo, también marca una diferencia importante el hecho de que si tuviéramos esa capacidad no la ejerceríamos.


En el caso hipotético de que publicáramos libros de un autor estadounidense ‘x’ que ha ganado el Premio Príncipe de Asturias y que tiene novelas muy buenas, no publicaríamos todo lo que escribiera por el simple hecho de publicarlo. Me explico: si tengo un autor que ha publicado dos grandes libros pero el tercero es malísimo, no me interesa publicar ese tercer libro. No voy a entrar en ese juego por la simple rentabilidad que me da el autor.



M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


L.S.: El balance es muy bueno. En el primer año hemos hecho un trabajo muy fuerte de implantación de marca. Hay muchísimas editoriales y muchas novedades diarias, de manera que siempre acabamos en un prescriptor definitivo que es el librero. Como el librero es quien criba, frente a él tienes que generarte una imagen que no es fácil de construir. No es una cuestión de dos meses y a veces ni con tres años lo consigues. Tienes que ir haciendo este trabajo poco a poco para que el librero detecte la coherencia y la continuidad de los títulos. Para mí el éxito de la editorial como marca consistiría en crear una expectación tal que el librero llegara a preguntarse ‘a ver, ¿qué va a publicar Elipsis?’.


Seguimos en ese proceso en el que Elipsis empieza a configurarse como una marca distintiva. Tampoco me disgusta que no se sepa dónde ubicarla en la mesa de novedades. Está claro que el tipo de títulos que publicamos nos define bastante. Lo que yo pretendía con la creación de esta marca era crear una inercia en el lector de otras editoriales. Me explico: que el lector de editoriales como Anagrama o Acantilado —y ahí tiene mucho que ver el naranja como color corporativo— tenga la tendencia a irse hacia nosotros. Y ese lector se sorprende. No es una opinión mía sino de los libreros. Dicen ‘ostras, parece que estás dándole una evolución natural a lo que ya había. Estás modernizando un poco este tipo de editoriales’.


Me refiero no tanto a Acantilado, que es una editorial que tiene un proyecto sólido y que como lector me encanta, sino a otro tipo de editoriales que tal vez se han estancado un poco y frente a las cuales hemos jugado un papel evolutivo arriesgando con textos y autores o jugando con formatos que ellos en principio no contemplarían. Inicialmente el lector se preguntaba, ‘bueno, ¿y esta gente a qué está jugando, dónde quiere posicionarse?’. Pues nos queremos posicionar en ese segundo, tercer o cuarto lugar que hay entre la editorial independiente fuerte y la editorial exquisita con pocos títulos y temáticas específicas. Sobre todo al principio nos costaba que nos ubicaran aunque ahora se empieza a hacer cada vez más esta asociación.


Admiro muchísimo editoriales como Gadir, minúscula, Libros del Asteroide, Nórdica, 451 o Funambulista porque tienen mucho mérito. Nunca me cansaré de elogiar el hecho de especializar tanto su contenido y de enfocarlo hacia cierta tipología de autores aunque yo no habría arriesgado tanto. No habría sido capaz. Cuando exploras una época literaria llega un momento en el que la mina empieza a agotarse y entonces se te abre un dilema: o sigues publicando cosas que sabes que no son tan buenas como lo que publicabas al principio o amplías tu visión cronológica. Yo no sabría qué hacer. En todo caso el trabajo de estas editoriales tiene mucho mérito. Puedo estar o no de acuerdo con sus decisiones porque no soy partidario de relegar ciertas épocas o ciertos países. Me parece que es algo que no te abre la mente para buscar literaturas en todo el mundo.


Ahora bien, sí que es verdad que si se cuida el texto porque éste es interesante y aporta valores literarios como lector seré el primero en comprarlo.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que está preparando en este momento Elipsis ediciones?


L.S.: Para empezar, te doy la primicia de un título que es una rareza: aprovechando la fiesta del Día de Sant Jordi, vamos a publicar por primera vez en español las cartas completas de Jack el Destripador. Se titulará Cartas desde el infierno y será una edición bilingüe de las cartas enviadas por el propio Jack. No existía una traducción de estas cartas. Es una rareza con contenido que incluirá un prólogo y un epílogo disertando acerca de las distintas teorías sobre la identidad del personaje.


Antes tendremos a un autor español. Se trata de Javier Terrisse, con el título Miss que es una historia de ciencia ficción que va de masoquismo. Es un libro ilustrado de alto contenido literario. Las ilustraciones corren por cuenta de Sergio Sandoval, que se encargó de varios personajes de El laberinto del fauno. En mayo publicaremos En los sueños empiezan las responsabilidades, del norteamericano Delmore Schwartz. Luego saldrá un libro del alemán Christoph Hein y más adelante sacaremos Bienvenidos a Welcome, de la española Laura Fernández. Se trata de una escritora con una voz propia que bebe de Irvin Welsh y de John Fante. Lees el manuscrito y dices ‘¡ostras, parece mentira que esto lo haya escrito una mujer!’ porque el tono de lo que se lee y el tratamiento de los personajes son más característicos de la escritura de los hombres. Me llamó muchísimo la atención la forma tan dura, tan realista y tan seca como la autora aborda el tema de su libro.


En septiembre u octubre publicaremos a Georgi Gospodinov y una novela del norteamericano James Merrill.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, me hace gracia que este chico hable de Funambulista, cuando la editorial ha fallecido prácticamente. Tendría que reciclarse. Ahora el antiguo editor montó otro sello, Impedimenta, que está muy bien, por cierto.

martín gómez dijo...

Hola. Gracias por tu comentario pero creo que te equivocas en lo que dices con respecto a Funambulista. Aunque es cierto que Enrique Redel, su antiguo editor, abrió una nueva editorial llamada Impedimenta tengo entendido que Funambulista sigue funcionando.

En todo caso verificaré la información.

Seguimos en contacto.
Martín.

Impedimenta dijo...

Hola, Martín, Luis,
efectivamente, Funambulista sigue existiendo. Doy fe. Y por muchos años, espero. Es la editorial que yo ayudé a crear, y sigue existiendo. Tiene otro plan, cierto, pero sigue existiendo.
Un abrazo a ambos,
Enrique Redel

martín gómez dijo...

Enrique, mil gracias por confirmar la info. Con eso evitamos que los chismes crezcan.

Un abrazo.
Martín.

Anónimo dijo...

Hola, buena entrevista. Una pregunta: ¿aún existe Elipsis? Ignoro cuando realizasteis esta entrevista, pero tengo la impresión que desde entonces la editorial ha desaparecido ¿me equivoco?

Saludos,
B

martín gómez dijo...

Sí, sí. Todavía existe. De hecho últimamente está publicando a un ritmo bastante dinámico.

Es una editorial muy joven y esperemos que su existencia no sea efímera.

Un saludo y muchas gracias por el comentario.
Martín.

ansanma dijo...

Acabo de leer "Mobius Dick" de Andrew Crumey, editado por Elipsis, y la calidad de la edición es pésima, con muchos fallos ortográficos, errores de composición y revisión, que despistan continuamente la lectura. Dudo mucho que compre otro libro de esta editorial.

martín gómez dijo...

Gracias por reportar estos aspectos defectuosos del libro. Sin lugar a dudas la info que ofreces aquí puede ser útil a otros lectores que estén buscando qué leer.

Elipsis ya no existe, así que seguramente no tendrás la oportunidad de comprar más libros suyos.

Saludos.
Martín.

Anónimo dijo...

Sábat no paga a sus colaboradores, así que menos lobos, Caperucita.
Si la manera de "renovar" el panorama editorial es disolver Elipsis y fundar Saymon para sustraerse a los acreedores y atentar, de paso, contra la Ley de Propiedad Intelectual, estamos arreglados.
Me sabe mal por algunos autores, que sí merecían la pena.