viernes 28 de septiembre de 2007

la última de hermanocerdo

Hacer una revista tiene tantas complicaciones, que a pesar de lo fascinante que resulta son muy pocas las publicaciones de este tipo que sobreviven al primer número —algunas logran mantenerse a flote durante unos cuantos y las que mejor suerte tienen apenas sobreviven con dificultad—. La reciente salida del número 17 de la revista HermanoCerdo da cuenta de la habilidad con la que sus editores, que según tengo entendido se divierten como enanos haciendo su trabajo, han sorteado estas dificultades.


Su más reciente movida ha consistido en emigrar la revista de un blog a una página Web, como bien lo explica Javier Moreno: ‘la semana pasada Mauricio Salvador me consultó sobre la posibilidad de transferir HermanoCerdo a un sitio Web. El trabajo de edición y montaje del PDF era pesado y los frutos inciertos. La idea del PDF era poder hacer una transición rápida a una versión impresa en caso de conseguir financiación, pero está cada vez más claro que tal cosa es imposible. Por otro lado, el formato PDF probablemente restringía a muchos potenciales lectores de explorar el contenido de la revista. Leerla en línea no era cómodo e imprimirla costoso. El sitio Web, en contraste, de ser bien montado podría ser más fácil de administrar y sin duda alguna mucho más accesible debido entre otras a la posibilidad vincular artículos individualmente’.






A continuación presento el índice del número 17 de HermanoCerdo:


EDITORIAL


ENSAYO


La estética de la accesibilidad

John Irving


Diez años de Harry Potter

José Luís Justes Amador y Mariana Torres Ruiz


También el cine

Alberto Bruzos


La tragedia Kafkiana

Gabriel Castillo


NARRATIVA


Las rosas son rojas, la violeta es azul

Patricia Suarez


Ming I y Ming II

Javier G. Cozzolino


Jardín

Mauricio Salvador


Afuera

Arturo Camargo


Viernes, 6pm

Andrés Burgos


CRÍTICA


Elegía, de Philip Roth

Javier Avilés


Elegía, de Philip Roth

Mauricio Salvador


El huésped, de Guadalupe Nettel

Lucila Turrent


MISCELÁNEA


Eudora Welty y el cuento

Eudora Welty


Edith Wharton y los personajes

Edith Wharton


Manifiesto: Comunicado de GRMA

George Saunders


COLUMNAS


Tribulaciones de un joven indolente

Raúl Aníbal Sánchez


ILUSTRACIONES


Lorena Cabrera


Como siempre, claramente dan ganas de leer la revista. Felicitaciones y mucha suerte para Mauricio Salvador, Javier Moreno, Daniel Espartaco Sánchez, Edgardo Dieleke, Javier G. Cozzolino, Raúl Aníbal Sánchez y María Lightowler.

jueves 27 de septiembre de 2007

dos caras de la concentración de la propiedad en la industria editorial

Aunque me interesa abordar en términos generales las tendencias del mercado editorial, debido a limitaciones evidentes relacionadas con el acceso a la información y a mis preferencias en [ el ojo fisgón ] me he centrado sobre todo en el ámbito español y en el trabajo de las editoriales literarias independientes. Esta perspectiva me ha permitido ver la forma que adoptan en un contexto particular algunas tendencias globales propias de la industria editorial y de otras afines a ésta como la discográfica, la de la prensa escrita, la radial, la cinematográfica, la televisiva y la publicitaria —todas penetradas por el capital de los grupos multimedia y muchas veces integradas por éste—.


En algunas entradas me he referido a los efectos nocivos que produce la concentración de la propiedad en la industria editorial y he sido muy crítico con los grandes grupos multimedia, que empiezan a administrar con unos criterios basados en el rendimiento económico las editoriales independientes que compran —el agente literario Guillermo Schavelzon dice en la entrevista que le hice que ‘en la medida en que en el mundo editorial avanza el proceso de concentración en grandes grupos multimedia, va disminuyendo el número de editores que hay en cada empresa. En este contexto los editores están limitados por la dinámica propia de las grandes empresas y sufren una presión enorme por obtener éxitos de venta’—. Sin embargo, nunca he aclarado que en ocasiones las editoriales independientes pueden conservar su línea editorial tras haber sido compradas por grandes grupos.



De hecho, Mondadori siguen publicando a autores excelentes como Philip Roth, António Lobo Antunes, Cormac McCarthy, Susan Sontag, de Gore Vidal, Orhan Pamuk, J. M. Coetzee, V. S. Naipaul, Chuck Palahniuk, David Foster Wallace, César Aira y Rodrigo Fresán; en Lumen siguen apareciendo obras de autores como Virginia Woolf, Ernest Hemingway, Katherine Anne Porter, James Joyce, Umberto Eco y Joyce Carol Oates; en Seix Barral siguen editándose títulos de Carson McCullers, de Ernesto Sabato, de Octavio Paz, de Guillermo Cabrera Infante, de Juan Goytisolo, de Kenzaburo Oé, de Rubem Fonseca, de Manuel Puig, de Julio Ramón Ribeyro o de Ernest Hemingway; de la misma manera, Alfaguara sigue publicando libros de José Saramago, de Günter Grass, de Orhan Pamuk, de Mario Vargas Llosa, de Tomás Eloy Martínez, de Juan Carlos Onetti, de Rubem Fonseca, de William Faulkner, de Julio Cortázar y de Javier Marías.


El problema es que está claro que hoy en día tiende a primar la regla de que quien publica a los autores exitosos o con posibilidades de serlo es aquel que pueda ofrecer más dinero por ellos, lo cual pone en evidencia lo nociva que es la concentración de la propiedad de la industria editorial al inclinar la balanza a favor de los grandes grupos —sobran ejemplos de autores que han terminado en sellos de estos que les ofrecieron un cheque más jugoso que el que podían darles los editores independientes que los descubrieron—.

miércoles 26 de septiembre de 2007

novedades editoriales en españa [ 5 ] / editorial minúscula

A partir del próximo 15 de octubre estarán disponibles en librerías los dos nuevos títulos de la editorial minúscula. Se trata de dos libros pertenecientes a Paisajes narrados, que como nos dijo Valeria Bergalli en la entrevista publicada el pasado 10 de abril, ‘es una colección abierta que busca explorar el papel que ocupa el lugar en la literatura. Los ingleses tienen la expresión the sense of place, que sugiere la exploración de textos que pueden surgir a partir del estímulo que produce el hecho de intentar aprehender un determinado lugar real o imaginario. La colección también busca explorar los microcosmos que se van creando alrededor de un determinado lugar, por lo cual creo que la expresión ‘paisaje’ engloba muy bien esto si la entendemos como todo lo que forma parte del lugar y no sólo como la apariencia física de éste’.


Los siguientes son los dos títulos que nos propone minúscula para este otoño:


- Venecia es un pez. Una guía, de Tiziano Scarpa


- Relatos de Kolimá. Volumen I, de Varlam Shalámov —de cuyo nacimiento se conmemora el centenario este año—


martes 25 de septiembre de 2007

destino frankfurt [ 2 ] / el panorama de la traducción al castellano de obras escritas en catalán según jorge herralde

La lengua es uno de los vehículos privilegiados para la expresión de una cultura y de una identidad —también lo son la comida, las marcas que se llevan sobre el cuerpo, las creencias, la música, la tradición oral y muchos otros aspectos de la vida social—. Gracias al carácter perdurable de la escritura, a través de sus distintas formas podemos transmitir en un lenguaje común nuestras ideas, preguntas o inquietudes y dejar constancia de ellas para la posteridad. Supongo que además de ser particularmente crítico en el caso de las lenguas minoritarias, lo anterior explica por qué en ocasiones quienes las hablan las defienden encarnizadamente y recurren a ciertas estrategias para protegerlas de amenazas externas de todo tipo.


En todas estas cosas me hizo pensar el libro Autores catalanes traducidos al castellano, en el que Jorge Herralde presenta la colección que preparó Anagrama con motivo de la invitación de la culturar catalana a la Feria de Frankfurt que tendrá lugar próximamente.


En un capítulo titulado “Recepción de los autores catalanes traducidos” dice Herralde:


‘La acogida por parte del mercado español de la literatura catalana traducida no ha sido muy entusiasta, por decirlo de una forma suave. Por una parte, las librerías están muy invadidas por los autores españoles (más algunos, aunque no demasiados, autores latinoamericanos) y por las traducciones de países anglosajones.


Una situación muy similar a la de otros países europeos (de la Europa continental), donde sus respectivos autores nacionales y los anglosajones también son hegemónicos. Como es sabido, tan sólo un número reducido de autores traducidos del francés, italiano, alemán, polaco, etc., logra un apreciable número de lectores (estas consideraciones se refieren a la llamada literary fiction, concepto con márgenes algo imprecisos pero bien entendible).


Pese a las dificultades comerciales previsibles (y luego confirmadas), empecé a publicar a autores catalanes, al igual que hacía con otras literaturas continentales europeas, la francesa y la italiana es especial, a las que también podía acceder como lector. Por cierto, tampoco fueron precisamente gloriosas las ventas de autores como Pierre Michon, Julien Gracq, Claude Simon, Rayomnd Queneau, Giorgio Manganelli, Salvatore Satta o Gesualdo Bufalino, pero sus obras enaltecen cualquier catálogo literario.


El caso del autor catalán traducido sería, pues, similar al del autor europeo continental pero con algunos handicaps adicionales que agravan la situación. Por una parte, en Cataluña gran número de su posible público lo lee, claro está, en su versión original. Por otra, no hay que descartar la hipótesis de que, a ciertos lectores españoles, las onomásticas y toponimias que persisten en libros traducidos del catalán les produzcan un rechazo visceral. Por no hablar de la extrañeza que puede suscitar el hecho de que haya escritores que se empecinen en escribir en tan minoritaria lengua (…).


Además, los medios de comunicación en Cataluña dan cuenta de la publicación de los libros cuando aparecen en catalán; al traducirlos al castellano las migajas mediáticas que se obtienen son escasísimas. Para combatir estas carencias, cada vez se procura más la publicación simultánea en catalán y castellano. Pero el porcentaje es aún escaso, al contrario de lo que pasa con las traducciones de otros idiomas al catalán y al castellano, en la que, con mucha frecuencia, se pactan de forma fluida entre los editores en catalán y castellano la publicación simultánea y la promoción conjunta. Para completar el panorama, los escritores catalanes, salvo esporádicas y escasísimas excepciones, viajan poco por España, por lo que su red de alianzas y amistades, su network, es muy precaria, lo que no ayuda precisamente a favorecer su difusión.


Todo ellos, y pese a la calidad literaria de un número apreciable de escritores, ayuda a comprender la difícil penetración en España de la literatura catalana, como rama particularmente frágil, debido a los handicaps mencionados, de la literatura europea continental.


Y explica la dificultad de una política sistemática de traducción al castellano de las obras más valiosas y de los nuevos valores de la literatura catalana. Así, por ejemplo, en la década de los setenta, si bien recuerdo, se produjo una voluntariosa iniciativa de Alianza Editorial, en la que se lanzó una colección compuesta por títulos bien escogidos y bien traducidos, con resultados decepcionantes.


Sin embargo, en estos últimos años la compra de sellos catalanes por grandes grupos que publican habitualmente en castellano, como el caso de Columna, ahora propiedad de Planeta, ha propiciado un mayor número de traducciones al castellano en algunos de sus sellos.


También merece la pena reseñar un fenómeno inesperado: la publicación de best sellers previsibles (o confirmados) de autores en castellano que se traducen al catalán, algunas veces en lanzamiento simultáneo en ambos idiomas, y cuyos resultados han sido, al parecer, muy satisfactorios. Así los casos de Carlos Ruiz Zafón, Javier Cercas e Ildefonso Falcones’.


Herralde ya nos ofrece para el caso del catalán las apreciaciones agudas y certeras de quien conoce muy bien el mercado. ¿Qué pasará con el gallego o el euskera? ¿Qué pasará en otros países que tienen lenguas minoritarias?


Claramente este tema puede parecernos muy raro en un principio porque como uno de los principios de la expansión de la cultura occidental ha sido la homogeneización, nos cuesta trabajo darnos cuenta de que tanto ésta como las demás pueden llegar a encerrar una heterogeneidad de la que en ocasiones da cuenta la diversidad lingüística.

lunes 24 de septiembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 3 ]




Lecturas en curso *


El último libro de Sergi Pàmies, de Sergi Pàmies

Anagrama

Barcelona, 2001

* (... y sigo leyendo Ébano, de Ryszard Kapuściński. Anagrama. Barcelona, 2000)


Mi recomendado de la semana


Revista Trama y Texturas


Mis libros favoritos


El secreto de Joe Gould, de Joseph Mitchell

Anagrama

Barcelona, 2000


Me llama la atención


Bordados, de Marjane Satrapi

Norma editorial

Barcelona, 2004

domingo 23 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 50 ] / 'situarse en el mundo', de enrique vila-matas

A propósito de la invitación de la cultura catalana a la Feria de Frankfurt de 2007, reproduzco un interesante y polémico artículo en el que el escritor catalán Enrique Vila-Matas intenta explicar las razones de la invisibilidad de la literatura española contemporánea en el panorama internacional —que contrasta con el creciente interés por aprender nuestra lengua y que está relacionada con la notoriedad que han conseguido ciertos autores latinoamericanos—.


Situarse en el mundo

Por Enrique Vila-Matas, escritor (El País, 05/07/07)


Convertido en escritor español por arte de birlibirloque o por el arte político de no haber sido demasiado invitado a Frankfurt, quiero tratar ciertas cuestiones relacionadas con el idioma que utilizo, cuestiones que creo que también pueden ser de interés de los que escriben en catalán. Como dije en un reciente boletín del Instituto Cervantes, está claro que la lengua española es la cuarta más hablada del mundo, detrás del chino, el inglés y el hindi, y que eso ha producido una indudable expansión del español. El propio Instituto Cervantes sabe mucho de eso, pues conoce el aumento espectacular del interés por aprender esa lengua, lo que no necesariamente va acompañado de una ampliación del horizonte cultural de los nuevos hispanohablantes, que muchas veces constituyen a lo sumo un contingente de lectores potenciales, susceptible, eso sí, de convertirse en público lector de nuestros libros de ficción.


Por lo general, se aprende español para tener acceso a trabajos remunerados que requieren el conocimiento de esa lengua. Nadie niega que se ven películas de Almodóvar y Amenábar y se tienen ligeras nociones sobre Buñuel, Dalí o Lorca. Pero, por lo demás, son unas minorías muy minoritarias las que conocen algo de la literatura española actual. Hubo una cierta curiosidad por esa literatura en los años ochenta, coincidiendo con la aparición de la llamada nueva narrativa española y la consolidación de la democracia en España. Sin embargo, recuerdo haber participado en esa época, por ejemplo, en la Feria de Frankfurt o en el Salón del Libro de París (dedicados ambos eventos a la nueva y joven literatura española de entonces, savia fresca para la vieja Europa) y haber visto muchos escaparates de librerías decorados con imágenes tópicas de toros y flamenco. Particularmente lamentable, dentro del lanzamiento de nuestra literatura en Frankfurt, fue el pabellón dedicado a la tortilla española, el más visitado, con una afluencia de público (se invitaba a tortilla de cebolla a quien quisiera) muy superior a la de los stands de libros. Eran entonces la gran mayoría de escritores españoles muy jóvenes y activos y nadie intuía que tardarían muy poco en apoltronarse y ser engullidos por la repentina necesidad de llevar una vida de correctos hombres de negocios. Hoy en día no queda casi nada de aquella narrativa que pudo impactar en Europa.


El gran problema que tienen los escritores españoles de hoy es su visibilidad internacional. En mi caso particular, creo o imagino que ese problema lo he roto de fuera hacia dentro, trabajando contra el superficial canon nacional que algunos críticos crearon en los años ochenta. En vista de que no encajaba en esa narrativa nueva española (donde se jaleaba el casticismo y el rechazo de todo experimentalismo), opté por escribir una literatura no nacional española. Y así Portugal, Francia, México o Argentina se acercaron a mi obra mucho antes de que ésta fuera mínimamente aceptada por mis conciudadanos. Me inscribí en una tradición literaria híbrida en la que cabían el italo-germánico Claudio Magris y el anglo-alemán W. G. Sebald, franceses excéntricos como Perec y Roussel, mexicanos como Sergio Pitol, argentinos como Ricardo Piglia, César Aira o el inefable Borges, españoles como Juan Benet y Javier Marías.


Lo hablaba, el otro día, con José María Pozuelo Yvancos. El gran reto, hoy, de la literatura española (que es también, por supuesto, el de la catalana, precisamente en puertas de Frankfurt) consiste en situarse en el mundo. ¿Por qué no tenemos visibilidad internacional? La respuesta nos lleva a un elemento contradictorio: los hispanoamericanos más visibles son los que publican en editoriales españolas. En Estados Unidos entra con más fuerza un autor, por ejemplo, mexicano que un español (y si entra alguien español no es lo mejor de cada casa, sino un narrador de historias bañadas en kétchup, no aptas para lectores literarios europeos).


Hace tiempo que el celebérrimo boom dejó de tener la potencia de antaño, salvo en sus impresentables epígonos. Y sin embargo, a veces uno diría que nadie parece haberse dado cuenta de eso. Tenemos así el caso del chileno mexicano-catalán Roberto Bolaño, que dio, en la noble vertiente de Rayuela, un giro generacional a la herencia de García Márquez y sus novelas adláteres, pero no son tantos los que, a estas alturas del partido, parecen haberse dado cuenta en España de ese giro. Tal vez es significativo que, como todo parece indicar, Vargas Llosa, bastión clave del boom y modelo de solvente intelectual en activo, no haya dado señal alguna de haber registrado la evidente y fuerte irrupción (véase lo que está sucediendo en Estados Unidos) de Bolaño en el panorama de las letras mundiales.


Hay que romper esa invisibilidad. Mi experiencia personal me indica que he tenido que viajar a muy diversos países y padecer de cerca el desconocimiento de la literatura española en casi todas partes. Sólo cinco o seis nombres de escritores en lengua española —best sellers casuales aparte— son realmente conocidos por el público literario europeo. El referéndum más cruel lo pasan los escritores españoles en Hispanoamérica, donde, a diferencia de Europa, sólo dos o tres escritores —más bien los más alejados del tradicional realismo hispánico y de la prosa barroca que huele a tortilla de cebolla pasada por Frankfurt— interesan. Si comienzan por no interesar en Hispanoamérica, ¿cómo van a interesar al mundo? Los 101 escritores catalanes que acuden a Frankfurt podrían comenzar a tomar nota de esto, pues quizás les convenga no caer en el mismo pozo en el que han caído numerosos escritores españoles.

sábado 22 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 49 ] / '¿cuáles son los nuevos clásicos literarios?'

La revista chilena Quépasa les pidió a varios escritores latinoamericanos —algunos de los cuales forman parte de Bogotá 39— que seguramente en un futuro serán considerados las figuras emblemáticas de nuestra época que hicieran un listado de las siete novelas que a su juicio deberían encabezar el canon de los clásicos contemporáneos. Aparte de Los detectives salvajes, aparecen de manera recurrente obras como 2666, La vida, instrucciones de uso, El teatro de Sabbath y otros libros de autores como Kapuściński, Carver, Coetzee, Murakami y Bryce Echenique y de algunos otros de la cosecha de cada escritor—.


También a ejercicios de este tipo me refería en la entrada que hice tras la salida del listado de los autores elegidos por el jurado de Bogotá 39 cuando dije que ‘al prescribir un catálogo de autores una iniciativa de este tipo contribuye a la configuración de un canon de la narrativa contemporánea, a orientar a los lectores y a redefinir los intereses de la industria editorial’.


Valdría la pena contrastar este listado con las líneas sobre los clásicos de nuestros tiempos que, como quien no quiere la cosa, ha venido sugiriendo Harold Bloom desde la publicación de El canon occidental.


Los próximos 1900: ¿Cuáles son los nuevos clásicos literarios?


Ya era hora de actualizar el canon de los clásicos universales de la literatura. Veinte escritores latinoamericanos, menores de 40 años, se atrevieron. Y tras revisar libros escritos post 1970, eligieron a los imperdibles. Hay para todos los gustos. Pero es la monumental novela Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, la que parece llevar la delantera.


Gonzalo Garcés

(Argentina, 1974). Su segunda novela, Los impacientes, ganó el 2000 el Premio Biblioteca Breve Seix Barral.


1. El teatro de Sabbath, de Philip Roth. 1995.
"No es lo mismo un gran libro que un clásico. A esa palabra va asociada cierta idea de completud, de redondez. Y cierta idea de tregua. En un clásico la lucha interior que devora a los hombres encuentra, por un momento, resolución. Así en 'Don Quijote' la disparidad entre realidad y ficción se resuelve en la locura del Quijote. Le va mal, lo muelen a palos, pero eso no importa: lo esencial es que Alonso Quijano deja de preocuparse por la realidad y actúa según sus deseos. Así también en En busca del tiempo perdido Marcel se consuela de su vida perdida cuando empieza a escribir su libro. Por eso mi primer clásico contemporáneo es El teatro de Sabbath. Es el gran choque entre los imperativos de la modernidad y las pulsiones masculinas. El desmejorado, el vapuleado macho moderno rompe sus cadenas y sale a hacer de las suyas. También le va mal. Pero Sabbath está conforme consigo mismo, y es a conformidad nos contagia y nos aporta el consuelo propio de los clásicos".


2. Las particulas elementales. Michel Houellebecq. 1998.


3. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


4. Desayuno de campeones. Kurt Vonnegut. 1973.


5. Purgatorio y Anteparaíso. Saul Bellow. 2000.


6. Austerlitz. W. G. Sebald. 2001.


7. La vida, instrucciones de uso. Georges Perec. 1978.


Rafael Gumucio

(Chile, 1970). Autor de novelas como Los platos rotos y Comedia nupcial.


1. La lengua absuelta, de Elías Canetti. 1977.
"Es la primera parte de la autobiografía de Canetti, en la que éste relata su infancia, su relación con su madre y su educación en varias lenguas que tuvo que aprender en un proceso de continuo exilio y cambio de países. Es un libro maravillosamente lúcido y extraordinariamente bien escrito. Un clásico absoluto".


2. Mi vida como hombre. Phillip Roth. 1974.


3. Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez. 1981.


4. Ébano. Ryszard Kapuściński. 2000.


5. Purgatorio y anteparaíso. Raúl Zurita. 1979 y 1982.


6. Sermones y predicas del Cristo de Elqui. Nicanor Parra. 1977.


7. De qué hablamos cuando hablamos de amor. Raymond Carver. 1981.


Pablo Illanes

(Chile, 1973). Autor de novelas como Fragilidad y de series de televisión. Entre ellas, la exitosa Alguien te mira.


1. La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. 1980.
"Me topé con esta novela porque hace mucho tiempo me enteré que John Waters, mi cineasta favorito de todos los tiempos, iba a filmarla. Lo que encontré fue una historia de patético encanto, con uno de los protagonistas más entrañables salidos de la pluma de un autor. Ignatius Reilly, el héroe obeso mórbido, es una especie de fervoroso defensor de las buenas costumbres en un mundo indecente y depravado. Lo mejor es el tono humorístico, bufonesco, que jamás abandona el relato. Definitivamente, un clásico con todas sus letras, tragicómico y disparatado".


2. El obsceno pájaro de la noche. José Donoso. 1970.


3. ¡Qué viva la música! Andrés Caicedo. 1977.


4. Un lugar en el que nunca he estado. David Leavitt. 1989.


5. Alta fidelidad. Nick Hornby. 1995.


6. Las correcciones. Jonathan Franzen. 2001.


7. Campos de Londres. Martin Amis. 1989.


Ivan Thays

(Perú, 1968). Finalista del Premio Rómulo Gallegos por su novela La disciplina de la vanidad.


1. Los emigrados, de W.G. Sebald. 1996.
"El tema del exilio y el desarraigo me parece fundamental para entender la ficción de 1970 a esta parte del siglo XXI. Arrastra temas colectivos importantes como la identidad, la cultura, la nacionalidad, la violencia estructural, pero también preguntas intimistas como la paternidad, el exilio interior, el autoconocimiento. Ningún libro en las últimas décadas ha logrado tocar esto con tanta sutileza, y por eso mismo tanta contundencia, como 'Los emigrados', la gran obra sobre el nomadismo de W.G. Sebald. Su lucidez y profundidad, además de una prosa lírica, incluso melancólica, lo ayuda a sostener y enlazar en estas breves historias de exilio, esas biografías de los desconocidos-de-siempre, con una destreza que un malabarista o un DJ envidiarían. Un auténtico clásico contemporáneo y una cúspide dentro del género de los libros 'híbridos' que en las últimas décadas han ocupado un espacio inusitadamente amplio en las novedades literarias".


2. Desgracia. J.M. Coetzee. 1999.


3. La guerra del fin del mundo. Mario Vargas Llosa. 1981.


4. Hijos de la medianoche. Salman Rushdie. 1980.


5. El arco iris de la gravedad. Thomas Pynchon. 1973.


6. El arte de la fuga. Sergio Pitol. 1996.


7. Perorata del apestado. Gesualdo Bufalino. 1981.


Ricardo Silva

(Colombia, 1975). Autor de Tic y Parece que va a llover, entre otras novelas.


1. Catedral, de Raymond Carver. 1983.
"Decía Carver que 'a menudo la experimentación es pretexto para ser torpe, imitativo, en la escritura'. Creo que en sus cuentos se inventó una voz, una forma de decir las cosas del mundo, a fuerza de huirle a la originalidad. Y que Catedral es un buen ejemplo de las pocas palabras que tuvo que utilizar para dejarnos en claro que todas las cosas de la vida quedan en suspenso".


2. La invención de la soledad. Paul Auster. 1981.


3. El día de la independencia. Richard Ford. 1995.


4. Las horas. Michael Cunningham. 2000.


5. El amor en tiempos del cólera. Gabriel García Márquez. 1985.


6. Ensayo sobre la ceguera. José Saramago. 1995.


7. Sostiene Pereira. Antonio Tabucchi. 1994.


Antonio Ungar

(Colombia, 1977). Autor de libros de relatos —Trece circos comunes, entre ellos— y novelas como Zanahorias voladoras.


1. 2666, de Roberto Bolaño. 2004.
"2666 es la destrucción definitiva de las novelas preconcebidas como estructuras perfectas, adornadas, con efectos calculados y capas de artificio, blancas y relucientes como tortas de boda. Con una estructura rota, un curso de la acción caprichoso, cientos de personajes intercalados, capítulos intencionalmente aburridos, interrupciones arbitrarias, cientos de páginas dedicadas a enumerar asesinatos casi idénticos, 2666 se parece más a la vida que a las novelas del siglo XIX. Es un universo completo contado por voces limitadas y cuya percepción es fragmentaria y parcial, como sucede en la vida misma. Tiene también algo de esas obras de arte de finales de los 70, que llevaban objetos cotidianos a los museos para decirle al espectador que se fijara en ellos. Después de leer 2666 cada acción de la vida (también las insignificantes, las arbitrarias, las aburridas) se vuelve a cargar de sentido. Semejante empresa es posible y profundamente conmovedora sólo porque detrás hay un narrador del tamaño de Roberto Bolaño".


2. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


3. El amor en tiempos del cólera. Gabriel García Márquez. 1985.


4. El río del tiempo. Fernando Vallejo. Novela en cinco entregas, 1985 - 1993.


5. Ravelstein. Enrique Vila-Matas. 2000.


6. La virgen de los sicarios. Fernando Vallejo. 1994.


7. Salón de belleza. Mario Bellatín. 2000.


Martín Solares

(México, 1970). Su novela Los minutos negros fue finalista del Premio Rómulo Gallegos 2007.


1. All the pretty horses, de Cormac Mc Carthy. 1992.
"Mientras la mayoría de los novelistas se concentra en decorar jardines, Cormac McCarthy abre la mano y nos ofrece un desierto. Ocultando palabras clave como Dios, Bondad, Justicia, este novelista norteamericano consigue que sus novelas no sean un espejo, sino un espejismo de tres dimensiones sobre la vida en la difícil frontera entre México y Texas. Aunque influido por Faulkner y Melville, sus personajes nunca persiguen ballenas blancas sino presas pequeñas, que a los ojos de los pobres cazadores que protagonizan sus libros representan la posibilidad de mejorar sus vidas o encontrarle sentido a su errancia. Ocultando las palabras clave, puliendo el resto hasta que den la ilusión de estar vivas, McCarthy ha creado unas cuantas novelas habitadas por paisajes bien definidos, inolvidables, autónomos, y un puñado de personajes siempre dispuestos a acompañar al lector y revelarle nuevos secretos en cada lectura, como ocurre con los mejores libros. Con esos y otros recursos, McCarthy debe ser el único novelista que construye un jardín mientras esconde las plantas".


2. Sostiene Pereira. Antonio Tabucchi. 1994.


3. Buffo & Spallanzani. Rubem Fonseca. 1985.


4. Yo que he servido al Rey de Inglaterra. Bohumir Hrabal. 1971.


5. Un artista del mundo flotante. Kazuo Ishiguro. 1986.


6. Los testamentos traicionados. Milan Kundera. 1992.


7. Trilogía de los gemelos. Agota Kristoff. 1991.


Juan José Rodríguez

(México, 1970). Algunas de sus obras son Mi nombre es Casablanca y La casa de las lobas.


1. Terra Nostra, de Carlos Fuentes. 1975.
"Lampadario barroco que abarca parte fundamental de la historia, el arte y las obsesiones del mundo de habla hispana, a lo largo de sus múltiples encuentros y desencuentros. Es una novela difícil; quizás la que exige mayor atención que otras de sus congéneres, incluidos los textos de Carpentier y Lezama Lima. 'Terra Nostra' -una de las propuestas menos leídas de Fuentes, así como la más desatendida por la crítica- se convertirá en un clásico del futuro cuando se difumine la imagen de su autor y veamos esta época con otros ojos. Envuelta en un halo místico, 'Terra Nostra' debe analizarse con el mismo horror y respeto que si abriésemos alguna tumba de El Escorial de la que surgiesen Francisco de Quevedo, La Celestina, Luis Buñuel, José Luis Cuevas o Jean Valjean. Mi sección favorita es la segunda, El mundo nuevo, en la que Fuentes con prosa vigorosa recrea la odisea de la navegación en el tiempo del descubrimiento. Sugiero iniciar el libro por esta parte y decidir luego si continúa en pos del acertijo propuesto por el artista".


2. Un mundo para Julius. Alfredo Bryce Echenique. 1970.


3. Confieso que he vivido. Pablo Neruda. 1973.


4. El libro de arena. Jorge Luis Borges. 1975.


5. El río, novelas de caballería. Luis Cardoza y Aragón. 1986.


6. Grandes emociones y pensamientos imperfectos. Rubem Fonseca. 1988.


7. Antes que anochezca. Reinaldo Arenas. 1990


Álvaro Bisama

(Chile, 1975). Crítico literario y autor de la novela Caja negra.


1. From Hell, de Alan Moore y Eddie Campbell. 1988-1998.
"Un cómic de 500 páginas (que tardó diez años en publicarse) que puede ser una de las mejores novelas inglesas jamás redactadas. Nada de superhéroes. Nada de esteroides ni viajes espaciales. Sólo tres palabras: Jack el Destripador. Dibujada en blanco y negro y narrada de manera coral (con la identidad del asesino quedando a la vista apenas comenzado el relato), se trata de un texto que indaga sobre la moral victoriana a la vez que intenta agotar el enigma de los asesinatos de Whitechapel. Desde logias masónicas hasta la reina, pasando por la descripción realista y documentada de la vida cotidiana de la Inglaterra que espera la llegada del siglo XX, Moore y Campbell componen un relato documental pero expresionista, a la vez que espeluznante y eficaz, que supera el formato de la historieta y se convierte en la mejor literatura; un clásico instantáneo sobre el sentido del mal, la locura y la conspiración secreta como única y absoluta forma de gobierno".


2. La vida, instrucciones de uso. Georges Perec. 1978.


3. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


4. La dalia negra. James Ellroy. 1987.


5. Respiración artificial. Ricardo Piglia. 1980.


6. Las vírgenes suicidas. Jeffrey Eugenides. 1993.


7. Borges. Adolfo Bioy Casares. 2006.


Rodrigo Hasbún

(Bolivia, 1981). Guionista y cuentista. Este año debutará en la novela.


1. Desgracia, de J. M. Coetzee. 1999.
"Desgarradoramente preciso, arriesgado y demoledor, capaz de enfrentarse a los movimientos furibundos de un país entero, de un continente, de una condición, el sudafricano J. M. Coetzee demostró un libro tras otro su membresía en la estirpe de los escritores imprescindibles. Posiblemente 'Desgracia' sea la novela donde llega más lejos. Su rigor y contundencia al momento de diseccionar la intimidad y el desamparo de sus personajes son difíciles de igualar. Sin duda seguirán ahí durante mucho tiempo, ofreciendo lucha permanente".


2. Ruido de fondo. Don Delillo. 1985.


3. Where I´m calling from. Philip Roth. 1995.


4. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


5. El teatro de Sabbath. Phillip Roth. 1995.


6. Pentalogía autobiográfica. Thomas Bernhard. 1975-1982.


7. Al sur de la frontera, al oeste del sol. Haruki Murakami. 1998.


Daniel Alarcón

(Perú, 1977). Residente en EE.UU., escribe en inglés. Su primera novela Radio Ciudad Perdida fue recién traducida al castellano.


1. El Emperador, de Ryszard Kapuściński. 1978.
"Kapuściński tiene esa increíble capacidad de ver el detalle justo. Ese detalle bien escogido, bien observado, que puede reemplazar a cinco páginas de resúmenes y explicaciones. Recuerdo que Kapuściński tuvo una entrevista en la revista Granta, donde criticaba a los escritores europeos que sólo eran experimentales en cuanto a técnica, y no experimentales en cuanto a su mirada novelística. Y creo que el libro en el cual él hace ambas cosas con más destreza es El Emperador, porque narra la caída del emperador de Etiopía con un estilo agudo que combina justamente una mirada global dentro de un país ignorado con una técnica y un manejo magistral de ella, mezclando varias y disímiles voces para construir una narrativa coherente, al estilo de Los detectives salvajes. Es, digamos, un tour de force".


2. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


3. Un apocalipsis menor. Tadeusz Konwicki. 1979.


4. La hora de la estrella. Clarice Lispector. 1977.


5. Esperando a los bárbaros. J. M. Coetzee. 1980.


6. Ciudades invisibles. Italo Calvino. 1979.


7. El mundo conocido. Edward P. Jones. 2004.


Fabrizio Mejia

(México, 1968). Su novela más reciente es El rencor. Antes, por Hombre al agua, ganó el premio Antonin Artaud.


1. Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. 1998.
"Este libro renueva la literatura latinoamericana con una lectura sobre México desde Chile, Europa desde América Latina, y el mundo desde el fracaso. No se equivocan quienes piensan que Los detectives salvajes es una versión paródica de la Rayuela de Julio Cortázar, pero también dispara hacia un tipo de escritura de la que aún no sabemos cómo recuperarnos. La pregunta que se repiten los escritores de mi generación es la misma que la anterior se hizo con Dinero de Martin Amis: ¿Cómo matamos a este autor para no plagiarlo?".


2. Operación Shylock. Philip Roth. 1993.


3. Si una noche de invierno un viajero. Italo Calvino. 1972.


4. La vida, instrucciones de uso. Georges Perec. 1978.


5. La vida exagerada de Martín Romaña. Alfredo Bryce Echenique. 1981.


6. Respiración artificial. Ricardo Piglia. 1980.


7. Tokio Blues. Norwegian Wood. Haruki Murakami. 1987.


Ena Lucía Portela

(Cuba, 1973). Autora de cuentos y novelas. Su último libro, Djuna y Daniel será publicado este año.


1. American Psycho, de Bret Easton Ellis. 1991.
"Una novela controvertida, que ha suscitado entusiastas adhesiones y vehementes rechazos. Relata en primera persona dos años de la vida de Patrick Bateman, un yupi de Manhattan de mediados de los 80 que es, al mismo tiempo, un serial killer, incluyendo escenas de sexo y violencia sumamente gráficas, lo cual hace que se haya perdido de vista en ocasiones el hecho de que se trata de una comedia negra, punzante y muy divertida. Easton Ellis está considerado por la crítica seria de su país como el mejor escritor satírico de la actualidad".


2. El color del verano. Reinaldo Arenas. 1996.


3. La canción de Salomón. Toni Morrison. 1977.


4. Desgracia. J. M. Coetzee. 1999.


5. La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. 1984.


6. Sin destino. Imre Kertész. 1975.

viernes 21 de septiembre de 2007

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 7 ]

Ayer he ido a echarle un ojo a la mesa de novedades de Arkham Cómics, una librería cuya oferta me interesa a pesar de que mi nivel de familiaridad con ella es nulo —por lo cual la visita fue una experiencia fascinante y desgastante a la vez—.


Antes de presentar lo que encontré en la mesa de novedades de esta pequeña librería me parece importante destacar la sensación que tuve de estar empezando a meterme en un campo completamente nuevo a partir de ceros. Como le dije a Xavi, la persona que me atendió con un cursillo rápido de tendencias del cómic, al enfrentarme a este mundo tan nuevo para mí experimenté algo muy parecido a lo que sentí cuando empecé a interesarme por la literatura: esa receptividad que le permite a uno empezar a registrar nombres, títulos, colecciones y editoriales que representan hitos que poco a poco van volviéndose tan familiares, de manera que ir identificando tendencias, temas y formas de tratarlos, géneros y convenciones es como estar aprendiendo a leer otra vez.


Librería: Arkham Cómics (Calle Xuclà, 16)


Fecha: jueves 20 de septiembre de 2007 (7.21 p.m.)


Algunos libros de la mesa de novedades:


- Maus, de Art Spiegelman


- The Nightmare Before Christmas, de Tim Burton


- Malas ventas, de Alex Robinson


- Lupus, de Frederick Peeters


- Ronin, de Frank Miller y Lynn Varley


- X-Men


- La guarida del horror, de Edgar Allan Poe


- Zombies Vs. Armies of Darkness


- Aún estoy en ello, de Sebas Martín


- Fruits Basket, de Natsuki Takaya


- Ultra: siete días


- El enorme libro del infierno, de Matt Groening


- Puede que esta vez, de Sonia Pulido y Sabih Doménech


- Emigrantes, de Shaun Tan


- La trece en punto, de James Stimson


- Estúpidas, estúpidas mostorratas, de Smith-Sniegoski-Sakai


- Narcolepsy, de Dave McKean


- Nacida en cualquier parte, de Johanna Schipper


- Adiós, Chunky Rice, de Craig Thompson


- ¡Voto a bríos!, de Ferry Pratchett


- Lamu, de Rumiko Takahashi


- Bordados, de Marjane Satrapi


- Encuentro, de Jordi Pastor


- Mister O, de Lewis Trondheim


- Títulos varios de Lapinot, de Lewis Trondheim


- Mis circunstancias, de Lewis Trondheim


- World Trade Angels, de Fabrice Colin y Laurent Cilluffo


- Krazy & Ignatz


- Hedonia, de Joan Fernández y Myriam Moya


jueves 20 de septiembre de 2007

la línea editorial: marca de identidad y de distinción

Supongo que quien en algún momento decide abrir una editorial busca darle una línea —es decir, una orientación y unos rasgos que la distingan de todas las demás—. Como la variedad de intereses, necesidades y expectativas existentes es bastante amplia, considero que es deseable y saludable que haya editoriales dedicadas a publicar ediciones críticas de literatura clásica, guías de viaje, ficción literaria, textos de divulgación científica, literaturas no occidentales, libros de texto, reportajes de actualidad, narrativa breve, manuales prácticos, literatura de fronteras, diccionarios, pensamiento contemporáneo, libros esotéricos, antologías de crónica periodística, ciencia ficción, manuales para ejecutivos, libros ilustrados, informes de investigación, poesía, toda clase de lecciones para Dummies, textos técnicos, literatura fantástica y cualquier otra cosa.


En numerosas ocasiones he afirmado que la segmentación del mercado favorece la búsqueda de nichos por parte de las distintas editoriales —sobre todo de las independientes—. Al respecto dice Gabriel Zaid que ‘con raras excepciones, el mundo del libro no corresponde a los mercados masivos e indiferenciados, sino a clientelas segmentadas, a los nichos especializados, a los miembros de un club de interesados en tal o cual conversación’.


En el caso de algunas de las editoriales jóvenes con las que he tenido la oportunidad de entrar en contacto hasta el momento es evidente la definición de una línea que las distingue de todas las demás —desde aquellas que se ubican en segmentos de mercado diferentes del suyo hasta las que compiten por el mismo lugar que ellas ocupan o aspiran a ocupar—:


- ‘Libros del Asteroide tiene como objetivo publicar libros fundamentales de la literatura del siglo XX no disponibles en castellano’.


- minúscula propone ‘libros sin recurrir a estridencias, casi en voz baja. Pero [su nombre] es también una descripción de lo que somos: una editorial pequeña. Esto no significa, sin embargo, que renunciemos a ser ambiciosos, queremos construir un catálogo sólido y atractivo, una constelación de libros. Publicamos tres colecciones. “Alexanderplatz”, cuyo nombre se refiere a uno de los lugares emblemáticos de la cultura en lengua alemana del siglo XX, alberga traducciones de novelas y ensayos, con el ánimo de dar a conocer a los lectores algunas de las claves de esa cultura y de la extensa zona sobre la que ha ejercido su influjo. “Paisajes narrados” reúne narraciones, diarios y fábulas de distintas procedencias que ofrecen una perspectiva original sobre un lugar, ya sea una ciudad, una región concreta o un paraje imaginario. “Con vuelta de hoja“, nuestra colección más joven, incluye obras de carácter exploratorio y controvertido que adoptan las variadas formas del ensayo, la biografía y la autobiografía’.


- ‘La edición discográfica y la ensayística convergen en el objetivo fundacional de Global Rhythm Press: dar a conocer la obra y las memorias de los grandes creadores de la música contemporánea, al tiempo que los estudios realizados sobre la obra de dichos artistas. Paralelamente, en un esfuerzo inspirado por la necesidad de contextualizar las obras de esos grandes creadores en su época y en el campo de la producción artística en general, la editorial tiene por objeto ofrecer también una ventana abierta a la difusión de textos que se inscriben en el campo del ensayo cultural, a través de “PoliRitmos”, colección cuyo espectro temático arranca con el ensayo político y literario si bien abarcando, desde sus inicios, otros campos para también contribuir a una mayor difusión del pensamiento musicológico, antropológico y artístico’.


- Impedimenta se propone ‘recuperar, con criterio y con nuevas traducciones y ediciones, obras esenciales del canon occidental, con prólogos autores de referencia de nuestra literatura’.


Hace dos días me referí al vínculo que se establece entre la editorial y el lector que se siente identificado con su catálogo porque considera que éste satisface sus inquietudes e intereses —lo cual nos permite definir a alguien como "lector de una editorial x". Creo que muchas veces el establecimiento de este vínculo es posible justamente gracias a la definición tan clara de una línea y de un registro por parte del editor.


Me imagino que en algunos casos las editoriales que logran sobrevivir con el paso del tiempo buscan conquistar nuevos nichos, por lo cual van diversificando sus registros aunque intentando guardar una coherencia con su línea inicial para que su identidad no se desdibuje y para conservar o mejorar la posición que han conseguido alcanzar.


Vale la pena recordar que varias editoriales maduras que en sus inicios tenían una línea muy específica hoy en día manejan una gama de registros bastante diversa: mientras que al principio Siruela se especializó en la publicación de textos medievales —sobre todo del ciclo artúrico—, en sus inicios Alfaguara se centró en la literatura infantil y Anagrama empezó siendo una editorial de ensayo político de izquierdas.

miércoles 19 de septiembre de 2007

impedimenta: el canon occidental abordado por una nueva editorial

La semana pasada recibí un mail de Enrique Redel en el que me escribía para presentarme Impedimenta, el nuevo proyecto editorial en el que se ha embarcado recientemente después de dejar su trabajo como editor de Funambulista.


Según Enrique, Impedimenta se propone ‘recuperar, con criterio y con nuevas traducciones y ediciones, obras esenciales del canon occidental, con prólogos de autores de referencia de nuestra literatura’. Para conseguir este propósito la editorial rescata el trabajo de autores como Stendhal, Gustave Flaubert, Edith Wharton, Stanislaw Lem, Wyndham Lewis, Mihail Sebastian y John Braine.


El propósito expresado por Enrique y los primeros títulos de su catálogo sugieren que Impedimenta parece tener una línea editorial claramente definida, que es un rasgo característico sobre todo de las editoriales nuevas e independientes que me gustaría abordar dentro de unos días.


Impedimenta acaba de lanzar su primer título: La abadesa de Castro, de Stendhal. Según el boletín de novedades de la editorial, muy pronto saldrán Noviembre, de Gustave Flaubert, La pulga de acero, de Nikolai Leskov, y Santuario, de Edith Wharton. Impedimenta me ha producido una muy buena impresión gracias a la línea editorial que plantea, al fondo que promete su boletín de novedades y al diseño sobrio y cuidado que se puede ver en La abadesa de Castro.

martes 18 de septiembre de 2007

la identificación como vínculo entre la editorial y el lector

Me ha pasado varias veces que en algún momento me doy cuenta de que una editorial saca de manera sistemática libros que yo siento que han sido publicados para mí. Y me ha pasado también que el simple hecho de ver el logo de una editorial me hace pensar directamente en alguien. Lo que quiero decir es que creo que es posible sentirse identificado con el espíritu que expresa una editorial mediante su catálogo —y también a través de su diseño—.


Tal vez mi primera experiencia de este tipo se remonta a cuando fui consciente de que la mayoría de los libros que últimamente me habían gustado o llamado la atención tenían en común unas carátulas color crema o de colores estridentes —que, entre otras cosas, nunca me han parecido muy bonitas—. Desde entonces adquirí la costumbre de recorrer a paso lento los estantes de las librerías y de detenerme cada vez que a mi ojo se le atravesaba uno de esos lomos marcados con el logo de Anagrama. Con la práctica fui afinando la técnica, de manera que al cabo de un tiempo ya sabía en cuáles librerías encontraría esos libros cuyo denominador común parecía ser el estar impregnados de cierto aire trasgresor e iconoclasta. Incluso en algunas librerías ya tenía identificados los estantes hacia los que debía dirigirme para encontrarlos.



Para mí Anagrama empezó a ser sinónimo de literatura contemporánea refrescante y de buena calidad. Tenía la sensación de que tenía un vínculo estrecho con cualquier libro de Anagrama que escogiera. En cierta manera gracias a esta sensación de que podía apostar a ojo cerrado por cualquier cosa que tuviera el sello de la editorial barcelonesa descubrí a Roberto Bolaño, a Raymond Carver, la mayoría de los libros de Truman Capote, La conjura de los necios, a Ryszard Kapuściński, a Tom Wolfe, a Carlos Monsiváis, a Gabriel Zaid, a Antonio Tabucchi, a Julian Barnes, a Martin Amis, a Alessandro Baricco, a Sergio Pitol y a Paul Auster.


También tengo que decir que gracias a esta forma impulsiva de escoger mis lecturas de vez en cuando me encontré con una que otra pifia o con libros con los que no conseguía establecer una conexión. Debido a lo anterior al cabo de un tiempo pasé por un proceso de desidealización de Anagrama que me permitió dejar de asumir que todo lo que allí se publicaba me gustaría, sin que ello significara dejar de reconocer que es una excelente editorial.


Después me identifiqué también con el espíritu que expresaban mediante su catálogo otras editoriales como Alianza, Bruguera, Norma, Tusquets y Lumen. Y hoy en día me sigue pasando que de repente tengo la impresión de que los libros de editoriales como minúscula, Artemisa, Libros del Asteroide, Global Rhythm Press, La otra orilla, Periférica, Alpha Decay, Lengua de trapo, 451 editores o Ediciones del viento están siendo publicados para mí. Sin embargo, por cuestiones de distancia crítica agradezco el hecho de no haber vuelto a tener con respecto a ninguna editorial una percepción idílica como la que en su momento tuve de Anagrama.


Hay gente a la que en mi mente identifico con la colección de literatura medieval de Siruela, con las ediciones bilingües de Gredos de los clásicos griegos, con el vasto fondo de poesía de Hiperión y de Visor, con los libros ilustrados de Media vaca, con los Cuadernos marginales de Tusquets, con el catálogo de Alianza que recoge un montón de autores fundamentales de la modernidad, con los ensayos de ciencias sociales de Gedisa y Paidós, con los autores de Europa del Este de Acantilado, con el catálogo de ciencia ficción de Minotauro, con las ediciones críticas de Cátedra o con la narrativa hispanoamericana de Alfaguara.


Son impresiones extrañas pero certeras que están relacionadas con lo que en sus Opiniones mohicanas el editor Jorge Herralde llama “la marca editorial como contraseña”. ¿Las han tenido alguna vez? ¿Saben de qué estoy hablando?

lunes 17 de septiembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 2 ]



Lecturas en curso


Sigo leyendo Ébano, de Ryszard Kapuściński

Anagrama

Barcelona, 2000


Mi recomendado de la semana


Agosto, de Rubem Fonseca

Norma

Bogotá, 1994


Mis libros favoritos


El Gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald

Editorial Debolsillo

Barcelona, 2005


Me llama la atención


Ediciones del viento

La Coruña

domingo 16 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 48 ] / primera selección del prix goncourt de 2007

Esta semana se ha publicado la primera selección de la versión de 2007 del Prix Goncourt —que no incluye L'aube, le soir ou la nuit, el relato de Yasmina Reza sobre su experiencia acompañando a Sarko en la campaña presidencial—. A continuación reproduzco el listado de esta primera selección:


- A l'abri de rien, de Olivier Adam (L'Olivier)

- Le portrait, de Pierre Assouline (Gallimard)

- Le rapport de Brodeck, de Philippe Claudel (Stock)

- Tom est mort, de Marie Darrieussecq (P.O.L.)

- La chaussure sur le toi, deVincent Delecroix (Gallimard)

- No et moi, de Delphine De Vigan (J.C. Lattès)

- Le canapé rouge, de Michèle Lesbre (Sabine Wespieser)

- La passion selon Juette, de Clara Dupont-Monod (Grasset)

- Cercle, de Yannick Haenel (Gallimard)

- Alabama Song, de Gilles Leroy (Mercure de France)

- Ni d'Eve ni d'Adam, de Amélie Nothomb (Albin Michel)

- J'ai tant rêvé de toi, de Olivier y Patrick Poivre d'Arvor (Albin Michel)

- Leurs vies éclatantes, de Grégoire Polet (Gallimard)

- Portrait de l'écrivain en animal domestique, de Lydie Salvayre (Seuil)

- On n'est pas là pour disparaître, de Olivia Rosenthal (Verticales)

sábado 15 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 47 ] / 'la rentrée littéraire', por jean françois fogel

A partir del comportamiento de las ventas en la presente rentrée littéraire y de las cábalas sobre el premio Goncourt —del cual el jurado ya hizo una primera selección—, en su blog de El Boomeran(g) el periodista francés Jean François Fogel hace un par de anotaciones bastante dicientes con respecto a lo que está sucediendo actualmente en el mercado editorial francés.



La rentrée littéraire


Ya estamos en la rentrée littéraire en Francia. El síntoma del proceso no tiene que ver con las setecientas novelas (sí, son más de setecientas) publicadas en seis semanas sino con la publicación de la primera selección para el premio Goncourt.


Dos apuntes obvios después de leer esta lista:


1. No hay un fenómeno tipo Jonathan Littell que arrasa todo. Este año el mercado es competitivo;


2. Olivier Adam y Amélie Nothomb son claramente favoritos. Sobre todo la segunda, confiable máquina belga nacida en Japón que saca un libro cada año desde 1992. Su producto 2007 es Ni d’Eve ni d’Adam (No viene de Eva y tampoco de Adán), un relato inspirado, por su iniciación sexual, en Japón. Como siempre con ella, el éxito comercial no se demora; ya compite en la listas de mejores ventas con el libro de Yasmina Reza sobre Sarkozy.


En el ámbito iberoamericano, hay traducciones de autores ya establecidos: El nido de la serpiente de Pedro Juan Gutiérrez, Mi hermano el alcalde de Fernando Vallejo, Ursúa de William Ospina, La Grande de Juan José Saer. Conociendo el público francés, creo que no vamos hacia un impacto comercial fuerte de un autor latino.


Dos libros en francés van a competir con el mismo propósito: revelar la verdadera cara del Che Guevara: La face caché du Che (El rostro tapado del Che) de Jacobo Machover, y Le vrai visage du Che (El verdadero rostro del Che) de Jorge Masetti y Canek Sánchez Guevara. Al añadir Les routes du Che (Las carreteras del Che) de Patrick Bard, vemos hasta qué punto el argentino-cubano sigue siendo inmortal.

viernes 14 de septiembre de 2007

actualización sobre novedades editoriales de libros del asteroide y global rhythm press



Debido a información recién recibida, las siguientes entradas han sido actualizadas:


- novedades editoriales en españa [ 3 ] / libros del asteroide


- novedades editoriales en españa [ 4 ] / global rhythm press

destino frankfurt [ 1 ]

Se acerca la versión de 2007 de la Feria de Frankfurt, un evento en el que se definirán una buena parte de las tendencias editoriales del próximo año y cuya invitada especial es la cultura catalana. Algunos amigos catalanes me han hablado de una polémica cuyas dimensiones tal vez podamos intuir pero no entender totalmente los extranjeros que vivimos en Catalunya desde hace poco tiempo: ¿a qué nos referimos a ciencia cierta cuando hablamos de “la cultura catalana”?


Para ser más directos podríamos abordar esta cuestión preguntándonos si los únicos escritores que representan a “la cultura catalana” son aquellos que escriben en catalán o si dentro de esta categoría podríamos incluir a autores catalanes como Enrique Vila-Matas, Juan Marsé o Eduardo Mendoza que escriben en castellano y que no irán a Frankfurt dentro de la delegación de la Generalitat de Catalunya. Algunos aspectos de esta polémica son abordados en el blog L'efecte Frankfurt.


A medida que se acerque la feria veremos cómo transcurren las cosas. Por ahora recomiendo echarle un ojo al libro Guia de la Fira de Frankfurt per a catalans no del tot informats, de Sergio Vila-Sanjuán, y a la Biblioteca catalana en versión castellana de Anagrama —a la cual me referiré dentro de unos días y que incluye a autores como Quim Monzó, Sergi Pàmies, Pere Calders, Jesús Moncada, Baltasar Porcel, Miquel de Palol y Sergi Pàmies—.


Ya veremos qué nos traen los editores de su viaje a la Frankfurter Buchmesse. Al fin y al cabo, en palabras de Sergio Vila-Sanjuán allí ‘se definen las tendencias que marcarán el mercado editorial en los próximos años’ y 'buena parte de lo que contraten es lo que se leerá en España [y en ocasiones en Hispanoamérica] la temporada próxima. Y a la inversa, la novela española o extranjera que no pase por sus manos —sea en Frankfurt, en Barcelona o en Madrid— va a tenerlo complicado para gozar de un cierto eco'.

jueves 13 de septiembre de 2007

¿cómo eligen los libreros los libros que nos ofrecen?

Mientras que son muchos los libros que se publican cada año, el espacio del que disponen las librerías para exhibirlos —y aún más para darles un emplazamiento lo suficientemente bueno como para hacer que sobresalgan entre todos los demás— es escaso. De hecho, una queja frecuente de los editores se deriva de la alta rotación de la mercancía en las librerías. Como nos dijo Pere Sureda —director de la editorial Belacqva— en la entrevista que le hicimos hace unos meses, en un mercado tan saturado ‘es cierto eso de que permanecer una semana en la mesa de novedades equivale casi a alcanzar la inmortalidad’.


Un reportaje del especial de la rentrée littéraire de la revista Lire indaga en la manera como los encargados de las librerías escogen los libros que van a ofrecer en ellas.


‘¡He visto pasar por mi escritorio casi la totalidad de los 700 libros de la rentrée! A fin de cuentas, sólo 200 figurarán sobre mis estantes. Y solamente algunos tendrán derecho a mis corazonadas…’, dice la administradora de una sucursal de Le Furet du Nord —perteneciente al grupo Virgin Megastores—.


Los encargados de las librerías se vuelcan ‘desde hace varios meses sobre los programas de publicación señalando autores fetiches, éxitos esperados o afortunadas sorpresas de esta rentrée littéraire. Un trabajo de buscador de oro, paciente y a menudo difícil, para estos enamorados del libro obligados a pasar por el tamiz una producción literaria masiva para dar con las piedras más preciosas’.



Según el reportaje, las editoriales informan a sus representantes sobre sus próximos lanzamientos pero estos a su vez ‘conocen nuestros gustos [los de los libreros] y saben cuáles novelas presentarnos’. Los representantes de las editoriales le permiten a la gente de las librerías ‘identificar los títulos que serán publicados gracias a argumentos detallados —síntesis, críticas y perfiles de los autores—‘.


Por otro lado, la encargada de una tienda de Virgin afirma que ‘pocos títulos son centralizados por la casa matriz e impuestos a todas las librerías. Naturalmente nos exigen pedir libros de Stephen King o Harry Potter. Esto obedece a una evidente lógica comercial. Ningún librero, independiente o no, se rehusará a vender un Marc Levy porque no le guste el libro’.


‘Además del trabajo de los representantes, los libreros reciben para la rentrée littéraire de septiembre una gran cantidad de libros con anticipación —desde el mes de junio—’ porque estos no sabrán vender libros que no hayan leído.


Sin lugar a dudas, al permitirnos ver las cosas desde una perspectiva a la que no solemos tener acceso todos estos testimonios nos llevan a los lectores del común a ver aspectos que desde nuestra posición habitual no conseguimos percibir y nos plantean una serie de preguntas que hasta ahora probablemente ni se nos había ocurrido formularnos.

miércoles 12 de septiembre de 2007

el mundo auster

Creo que entre los autores de ficción literaria contemporánea una de las figuras más representativas para muchos lectores de nuestros días es Paul Auster, un escritor que se mueve cómodamente en el ámbito de la narrativa, de la poesía, del ensayo literario, del guión cinematográfico y del cine. Considero que en las novelas de Auster que he leído hasta el momento —Mr. Vértigo, Ciudad de cristal, Fantasmas, La habitación cerrada, Leviatán, El palacio de la Luna y El libro de las ilusiones— priman las buenas historias, una escritura amena de tono intimista y un ritmo narrativo lento pero agradable. Salvo las tres novelas cortas que componen La trilogía de Nueva York —que me parecen un tanto herméticas—, todas se dejan leer con bastante facilidad.


Se me ocurre que Auster se ha convertido en un autor de culto debido en parte a estas características que están presentes en el conjunto de su obra. Y digo que sólo en parte porque tal vez el elemento más importante de sus obras es lo que podríamos llamar “el mundo Auster”. Se trata de un mundo que no cesa de enriquecerse. La aparición de La vida interior de Martin Frost, película de la cual Auster es director y guionista, hará las delicias de los amantes de la intertextualidad, del análisis de los niveles de realidad y ficción o de los laberintos narrativos: resulta que cuando David Zimmer, el protagonista de El libro de las ilusiones, es llevado al rancho de Nuevo México donde el actor de cine mudo Hector Mann se esconde desde hace varios años para que vea las catorce películas que éste ha hecho desde que desapareció de la vida pública, se encuentra con que una de ellas es justamente La vida interior de Martin Frost —curiosamente el título de otra es Viajes por el Scriptorium—. Es más, Zimmer hace una minuciosa descripción de La vida interior de Martin Frost —que es la única película de la segunda época de Mann que logra ver—.


Cada novela suya que leo me produce la impresión de que estoy frente a una repetición de las anteriores que he leído justamente porque en su obra el tema parece ser siempre el mismo: las casualidades, las coincidencias y el azar —tres términos entre los que todavía no consigo identificar los matices que los diferencian—.


Si la sensación de que Auster reitera en cada novela lo que ha dicho en todas las demás me producía cierto malestar, éste desapareció hace tres años cuando leí Experimentos con la verdad porque gracias a los textos que componen este libro entendí que cada obra de su autor es una variación en torno al mismo tema. En algunos de los textos de este libro el autor devela la motivación que hay detrás de toda su obra —de hecho, leyéndolo confirmé que el Auster de La invención de la soledad o de Experimentos con la verdad me gusta mucho más que el de sus obras de ficción—.


Justo Navarro, el traductor al español de El cuaderno rojo, afirma en el prólogo de éste que Paul Auster dice ser “un cazador de coincidencias por obligación moral”. A propósito de uno de los textos de El cuaderno rojo en el que Auster cuenta cómo su amigo Ralph murió electrocutado por un rayo mientras ellos y sus demás compañeros intentaban pasar bajo una cerca durante una excursión al campo en la que hubo una tormenta, Navarro afirma que ‘quizás el explorador Paul Auster hubiera muerto electrocutado porque hubiera cruzado la alambrada en lugar de Ralph. O quizás, si no hubiera vivido tan de cerca la muerte del explorador Ralph, no hubiera tenido una idea tan clara de cómo el azar decide de repente la vida y la muerte de las personas, y no hubiera escrito ninguna de las novelas que escribió mucho más tarde’.


Cada nuevo lector de Auster que conozco empieza a encontrar en la lógica de “el mundo Auster” la explicación a una serie de historias personales. Es más, parece que una vez empezamos a leer a Auster no nos es posible utilizar otra lógica para dar cuenta de las cosas que nos pasan.


En fin, creo que como lectores podemos llegar a sentirnos identificados con “el mundo Auster” porque en las historias de las novelas sobre las que éste se construye las relaciones de causa y efecto no funcionan del todo y porque el pensamiento mágico explica mucho mejor lo que sucede en ellas. Al fin y al cabo supongo que para que nuestras vidas nos parezcan menos aburridas en algún momento a todos nos gusta aferrarnos a la idea de que en los designios que las rigen hay algo completamente ajeno a nuestra voluntad y a nuestro entendimiento.

martes 11 de septiembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 1 ]



Lecturas en curso


Ébano, de Ryszard Kapuściński

Anagrama

Barcelona, 2000



Mis libros favoritos


Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa

Seix Barral

Barcelona, 1969


Mi recomendado de la semana


Seis problemas para don Isidro Parodi, de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

Alianza editorial

Madrid, 1998


Me llama la atención


Mitsou, historia de un gato seguido de Cartas a un joven pintor, de Rainer Maria Rilke (con ilustraciones de Balthasar Klossowski de Rola (Balthus)

Artemisa ediciones

La Laguna, 2006

lunes 10 de septiembre de 2007

novedades editoriales en españa [ 4 ] / global rhythm press

Desde que conocí la editorial barcelonesa Global Rhythm Press, a cuyo editor entrevistaré la próxima semana, me han llamado la atención tanto su catálogo como su diseño editorial. Entre las novedades que ha preparado esta editorial para el otoño se destacan las siguientes:


- Tras la sombra, de Hillary Mantel


- Una liturgia común, de Joan Didion


- Letras: 1962 - 2001, de Bob Dylan


- Poder, política y cultura, de Edward Said


- Paseos por Londres, de Flora Tristán


- Fiambres: la fascinante historia de los cadáveres humanos, de Mary Roach


- Crudo: la historia del petróleo, de Sonia Shah


- No matarían ni una mosca, de Slavenka Drakulić


- James Brown: I feel good, de James Brown


- The act you’ve known all those years: A year in the life of Sgt Pepper and friends, de Clinton Heylin


- Eric Clapton: Autobiografía, de Eric Clapton


- Los archivos de Sinatra, de Charls Pignone



La publicación de libros como Hermano Hittler y otros escritos sobre la cuestión judía, de Thomas Mann, Orwell periodista, de George Orwell, Cash. La autobiografía de Johnny Cash, y Lo puro y lo impuro, de Colette es un antecedente que despierta mi confianza en la apuesta de Global Rhythm Press.



*

Actualización [ 14 de septiembre de 2007 ]


Acabo de recibir información sobre otra novedad interesante de Global Rhythm Press para este otoño:


- Negro sobre negro, de Leonardo Sciascia


domingo 9 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 46 ] / andrés neuman sobre el señor mercado

En el suplemento cultural de Clarín apareció hace poco "15 asuntos sobre el Señor Mercado", un texto de Andrés Neuman acerca de distintos aspectos del mundo literario y del mercado editorial. A continuación reproduzco un fragmento del texto de Neuman acerca de las confusiones generadas al relacionar el volumen de publicaciones, las cifras de ventas y la calidad literaria:


9. El problema de la cantidad, o la aritmética en casa: hay quien opina que el Señor Mercado obliga a demasiados escritores a producir (palabra horrible y errada: la literatura, incluso la literatura mala, no se produce, se escribe) una determinada cantidad de libros para no perder su lugar en la familia. Es posible que haya casos; aunque no creo que por ese camino se hayan frustrado grandes talentos. El mercantilismo, entonces, ¿significaría alta cantidad o baja calidad? Ambas cosas no son la misma ni se explican mutuamente. Si la cantidad fuese por fuerza en desmedro de la calidad, o viceversa, entonces Bach sería peor que Bruckner. Los prolíficos Tolstoi, Quevedo, Goethe o Sor Juana serían mucho peores que los parcos Rimbaud, Garcilaso, Camus o Tsvietaieva. Andahazi sería mucho mejor que Aira. Y Picasso sería un pobre diablo al lado de Vermeer (bueno, esto último dejen que lo piense). Creo que más bien se trata de una cuestión de necesidad íntima, de ritmo interior, una especie de frecuencia cardíaca. Por otra parte, la literatura de consumo rápido no es nueva y de hecho existe casi desde la imprenta: en el siglo XVII fueron las novelas de caballería, en el XIX fueron los folletines por entregas en los diarios, y hoy se llama best seller. Pero, ¿cómo se reconoce un best seller? ¿Por lo que vende? Entonces Cien años de soledad sería lo mismo que El Código da Vinci, o Saramago y Paul Auster (que arrasan en las listas de ventas) compartirían habitación con Paulo Coelho y Pérez Reverte. O, más paradójicamente, pensémoslo a la inversa: si un novelón edulcorado de execrable prosa fracasase en conseguir las ventas esperadas, ¿dejaría por eso de ser literatura de consumo?

sábado 8 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 45 ] / 'más best seller que gran literatura'

Tal vez la investigadora y escritora Luz Mary Giraldo sea la persona que ha hecho los estudios más rigurosos y sistemáticos sobre la evolución de la narrativa colombiana contemporánea y el estado de ésta en distintos momentos. Entre sus trabajos sobre este tema se destacan los estudios Narrativa colombiana: búsqueda de un nuevo canon y Fin de siglo. Narrativa colombiana, así como las antologías de relatos Nuevo cuento colombiano. 1975-1995, Cuentos de fin de siglo, Cuentos caníbales, Ellas cuentan y Cuentos y relatos de la literatura colombiana.


A continuación reproduzco un interesante artículo bastante crítico a propósito de los rasgos que caracterizan la escritura de los autores jóvenes colombianos que escribió Luz Mary a propósito de Bogotá 39 y que fue publicado en la edición de esta semana de la revista Cambio.


Más best seller que gran literatura

Por Luz Mary Giraldo

Es frecuente oír, sobre todo a través de los medios, que la literatura colombiana "goza de buena salud" porque es exitosa en publicidad y ventas. La reciente convocatoria al encuentro internacional de escritores llamado Bogotá 39, realizada por la Secretaría Distrital de Cultura y Hay Festival, obedeciendo al reconocimiento de la UNESCO a Bogotá como Capital Mundial del Libro, de manera particular propuso, quizá caprichosamente, reunir autores menores de 39 años de diversos países de Latinoamérica, para tomarle el pulso a la literatura. Fue evidente la ausencia de poetas, dramaturgos o ensayistas, confirmando así la hegemonía de un género que muchos aprovechan para hacer de su biografía materia literaria, antes que asumir el carácter reflexivo, crítico o meditativo que exigirían los otros géneros o autores.


Sin duda el encuentro fue interesante: escritores con mayor o menor número de publicaciones no solo tuvieron la oportunidad de conocerse entre sí sino la de presentarse en diversos escenarios y ante distintos públicos, dejando ver inquietudes comunes y manifestando algunos claridad sobre cómo, por qué, para qué y sobre qué escriben. Si se hiciera un balance más amplio de lo que está pasando en la literatura colombiana, es necesario reconocer la existencia de los otros géneros e ir más allá de las edades de unos autores.


Si tomamos como paradigma el boom narrativo latinoamericano que en la década de los 60 definió la literatura a partir de unos autores claramente comprometidos con las ideas revolucionarias de entonces, es claro percibir en ellos conciencia de la historia, necesidad de buscar y experimentar nuevos lenguajes, de construir ficciones a partir de realidades concernientes a todos, y de reconocerse en sus propios países y ante el mundo. Estimulados por lectores universitarios, traductores y críticos y, según señalaron autorizados escritores y estudiosos, fueron inicialmente convocados por una destacada editora y un notable escritor, a partir del deseo de internacionalizar la novela latinoamericana, agregando también que era necesario aprovechar el vacío literario que había en Europa y Norteamérica. Como a las fiestas, encuentros o congresos no fueron invitados todos los autores, algunos de los "desconocidos" no sólo vivieron la injusticia poética, sino hicieron un silencioso camino, mientras otros contando con más fortuna han logrado, especialmente en los espacios académicos o gracias a lectores rigurosos, ser rescatados del olvido.


En el caso colombiano, Gabriel García Márquez (autor del boom) y Álvaro Mutis son definidos como figuras tutelares de la narrativa colombiana. La crítica o sus lectores no vacilan en aceptar de manera reverencial sus escritos. Dolorosamente algunos de sus contemporáneos no han logrado o no lograron merecido reconocimiento nacional o internacional. Mirando las últimas décadas, es necesario subrayar que en Colombia existen, como en Latinoamérica, autores que deslindados del boom o del macondismo, se dieron a la tarea de explorar en la vida y la experiencia de la ciudad y sus individuos, en la historia y sus procesos, en las diversas formas de pensamiento y escritura, llegando a ser, como lo dijera a mediados de los 70 y vaticinadoramente el crítico uruguayo Ángel Rama, "contestatarios del poder". Críticas e irreverentes, sus ficciones no siempre apelan a un lector corriente ni hacen concesiones: participan de la crisis de la modernidad y les corresponde vivir el desencanto de las utopías, lo que claramente se percibe en esas obras que indagantes reflejan nexos con la tradición, experimentan e ironizan, expresan la interioridad y juegan con diversos recursos que les permitan la creación de entes de lenguaje y seres de ficción.


Con el paso del tiempo a algunos interesa menos lo experimental y acuden a relatos que reflejan la tensión y el estado alarmante de nuestra realidad y cultura, haciendo señalamientos a la crisis de valores y del lenguaje. Si el cine europeo neorrealista y existencialista incidía en las visiones de mundo de los anteriores, el periodismo, la literatura negra, el llamado realismo sucio, el vértigo del cine contemporáneo, la música en sus variantes del rock o del pop, la cibernética, la velocidad, entre muchas de las formas actuales de expresión, rigen su cotidianía y sus expresiones literarias.


Con pocas excepciones, los menores de 39 y otros "mayorcitos", llamados "hijos de los hippies" por uno de los invitados al último encuentro, responden en general al espíritu del presente: renuncian a los grandes pensamientos y a las exploraciones estilísticas. Escépticos antes que desencantados, exponen la realidad desde su experiencia o biografía, al apelar a temas destacados por el periodismo rojo o amarillista, contribuyendo así al interés de la cultura masiva que las editoriales y los medios facilitan en búsqueda de un mercado en el que lo que importa es lo que se vende.



Todo autor quisiera ser best seller. Pero no a todos los autores les interesa hoy escribir la obra literaria. En la perversa ley del mercado es más importante lo que más venda, situación problemática si define políticas culturales cuando no se cuestiona si todo lo que brilla es oro. Me viene a la memoria un comentario que le oí hace varios años a una reconocida escritora, cuando afirmó que quería hacer una literatura no para la posteridad sino para vivir más que decorosamente, así fuera escribiendo guiones para telenovelas o seriados, o relatos sobre temas que llamaran la atención de un público amplio. Optó por lo último y le va muy bien. Recuerdo, también, lo que en alguna mesa redonda de escritores de diversa trayectoria, afirmara hace un tiempo uno de los autores que asistió a Bogotá 39: "a mí me gusta escribir y si eso da billete, mejor todavía". Juzguen los lectores. Esto sucede hoy cuando otros autores nuestros y de otros contextos conservan una actitud contestataria radical y no hacen pactos con la sociedad de consumo

viernes 7 de septiembre de 2007

pronto en españa las benévolas [les bienveillantes], de jonathan littell

Tras haber publicado una novela de ciencia ficción en 1989, un escritor dedica cinco años a una investigación para terminar escribiendo en sólo 112 días una novela de 904 páginas publicada en 2006 en la célebre colección blanca de Gallimard que no sólo se convierte en el fenómeno editorial del año en Francia, sino que también gana el Prix Goncourt y el Grand Prix du roman de l’Académie française —Gran premio de novela de la Academia francesa—. Se trata de una novela titulada Les Bienveillantes, cuyo autor es un desconocido escritor norteamericano llamado Jonathan Littell.


Sí. Una novela escrita en francés por un autor norteamericano ha recibido los dos premios más importantes de “la república de las letras”.


Al parecer el argumento de la novela gira en torno a los recuerdos de Maximilien Aue con respecto a su participación como oficial de la SS en las masacres perpetradas por ésta años atrás. Se dice que el éxito del libro tiene que ver, entre otras cosas, con el creciente interés que suscitan desde hace un tiempo las obras relacionadas con los criminales nazis. Supongo que además la novela debe ser sobresaliente en términos de calidad literaria —la historia, el manejo del lenguaje, la organización de los hechos y el ritmo narrativo del relato—.


Como recientemente distintos medios han anunciado que en octubre la editorial RBA lanzará en España la traducción de Les Bienveillantes bajo el título de Las benévolas, me pregunto una vez más si el revuelo que se produjo en los medios, la buena acogida de la crítica, los premios recibidos y el excelente desempeño en ventas de la novela de Littell sean suficientes para que el éxito que ésta tuvo en Francia se reproduzca en España.

jueves 6 de septiembre de 2007

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 6 ]

Ayer en la tarde decidí aprovechar que estamos en la época de los nuevos lanzamientos editoriales para retomar el ejercicio de visitar algunas librerías para echarle un ojo a lo que hay sobre las mesas de novedades. Como queda justo al lado de mi oficina, me pareció que lo más fácil era empezar por La Central de Mallorca.


Librería: La Central de Mallorca

Fecha: miércoles 5 de septiembre de 2007 (5.44 p.m.)

Algunos libros de la mesa de novedades:


- Así que Usted comprenderá, de Claudio Magris


- Exploradores del abismo, de Enrique Vila-Matas


- Cuentos contados dos veces, de Nathaniel Hawthorne


- La carretera, de Cormac McCarthy


- Salir a robar caballos, de Per Peterson


- ¿Quién me defenderá de la belleza?, de Stendhal


- El cor és un caçador solitari, de Carson McCullers


- Cuentos, de Ernest Hemingway


- Lo puro y lo impuro, de Colette


- La desaparición de Majorana, de Leonardo Sciacia


- Lo que ya no recuerdo y otros cuentos, de Valeria Parrella


- El corazón es un cazador solitario y Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers


- Una educación incompleta, de Evelyn Waugh


- Tarabas, de Jospeh Roth


- Diarios y Exégesis de los lugares comunes, de Léon Bloy


- La camisa, de Yevgueni Grishkovets


- Ahora es el momento, de Tom Spanbauer


- Ravel, de Jean Echenoz


- Flores azules, de Raymond Queneau


- M/T y la historia de las maravillas del bosque, de Kenzaburo Oé


- Diarios de la calle, de Erin Gruwell y Freedom Writters


- Amor en clima frío y A la caza del amor, de Nancy Mitford


- Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie


- El quinto en discordia, de Robertson Davies


- Goodbye, Columbus, de Philip Roth


- Todavía tú, de María Tena


- Corazón mestizo, de Pedro Juan Gutiérrez


- La pesca del salmón, de Paul Tordey


- Ronda nocturna, de Mijaíl Kuráyev


- Ningún dios a la vista, de Altaf Tyrewala


- Vida de motel, de Willy Vlautin


- El hombre del salto, de Don DeLillo


- El quinto en discordia, de Robertson Davies


- Ayer no te vi en Babilonia, de António Lobo Antunes


- El príncipe negro, de Iris Murdoch


- Pura anarquía, de Woody Allen


Hay dos aspectos que me llaman la atención de esta selección: por un lado, la presencia de muchos libros que dejaron de ser novedades hace un tiempo —lo cual sugiere una visión a mediano y largo plazo en las recomendaciones de la librería—; y, por el otro lado, que los autores españoles brillan por su ausencia una diferencia fundamental con Francia, donde sería inadmisible una mesa de novedades con una escasa presencia de autores franceses.


Debo decir que me emociona muchísimo que La Central destaque las reediciones de El corazón es un cazador solitario y Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers.

miércoles 5 de septiembre de 2007

¿cómo elegimos lo que leemos?

Planteo en otros términos una pregunta que había hecho en una entrada anterior titulada titulada "decision making: leer tal o cual cosa": ¿cuáles son las múltiples razones que nos llevan a elegir los libros que leemos? Para mí en un principio las que más pesan son el nombre del autor, el género, el tema y la editorial del libro. Por otro lado, de manera subordinada en ciertos momentos pueden llegar a tener cierta importancia otras variables como el diseño de la carátula o el nombre del traductor.


Me aventuro a sugerir algunas razones que —según el momento y en muchas ocasiones combinadas entre sí— pueden incidir en mayor o en menor medida sobre nuestra decisión de leer un libro:


- que esté en la mesa de novedades de las librerías


- que esté en la lista de los libros más vendidos


- que por todas partes todo el mundo hable de él —es decir, que forme parte de la conversación en un
momento dado—


- que oigamos hablar de él en los medios de comunicación —que son una instancia prescriptora de opinión—


- que alguien cercano en cuyo criterio confiamos nos lo recomiende


- que sea un requisito en el ámbito académico o laboral


- el nombre del autor


- el tema


- el género


- la editorial que lo publica


- el precio


- el título


- la existencia de una presión externa para leerlo —particularmente cuando es un regalo o cuando es el autor mismo quien ha recomendado leerlo—


- la necesidad de entretenimiento


- el diseño de la carátula


- la realización de una película basada en él


- el nombre del traductor


- la falta de otra cosa que hacer


- un capricho


- un impulso inexplicable


- … y otras miles razones que se les ocurran a ustedes


En la universidad cuando iba en la mitad de la carrera de Literatura se me ocurrió que si me aventuraba a leer libros de los que no tuviera ninguna referencia era probable que terminara descubriendo autores y libros que me gustaran. El dinero que siempre me regalaba mi papá para que me fuera de compras a la Feria del Libro ese año me lo gasté en varios libritos que me llamaron la atención pero con respecto a los que no sabía absolutamente nada.


Los libros que compré y las razones por las que lo hice son las siguientes:


- La mujer que se estrellaba contra las puertas, de Roddy Doyle —el título y la carátula me gustaron—.


- Qui pro quo, de Gesualdo Bufalino —el nombre del autor me sonó atractivo—.


- Triste, solitario y final, de Osvaldo Soriano —había visto el nombre del autor en un artículo Mempo
Giardinelli, cuyos libros me gustaban mucho en ese momento—.


- ¿Cric? – ¡crac!, de Edwidge Danticat —debido a la discriminación positiva me llamaba la atención leer a una mujer negra e inmigrante en Estados Unidos—.


- Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina —estaba en promoción—.


Una motivación adicional en todos los casos salvo en el de Plenilunio era que los libros formaban parte del catálogo de la colección La otra orilla, de Norma, que desde hacía un tiempo venía haciendo una apuesta interesantísima al editar autores y libros que ninguna otra editorial se atrevía a publicar en ese momento en Colombia y en la que, además, se estaban haciendo muchas traducciones —lo cual marcaba y sigue marcando una diferencia fundamental con las filiales colombianas de Planeta y Alfaguara—. Además de los autores mencionados, en su momento Norma publicó a Rubem Fonseca, a Raymond Carver, a Ben Okri, a T. C. Boyle, a Alessandro Baricco, a Michael Cunnigham, a Bruce Chatwin, a Guillermo Arriaga, a Mempo Giardinelli, a Joseph Brodsky, a Daniel Pennac, a Nicholas Shakespeare y a algunos escritores colombianos muy buenos como Tomás González y Antonio Ungar.


El balance de este experimento es el siguiente:


- La mujer que se estrellaba contra las puertas me fascinó y actualmente es uno de mis libros favoritos. Luego leí dos novelas más de Doyle —El renacuajo y Paddy Clarke ja ja— que también me gustaron aunque mucho menos.


- Qui pro quo me pareció pesadísimo.


- Triste, solitario y final me divirtió un montón e hizo que me dieran ganas de leer a Raymond Chandler y otra novela de Soriano llamada Una sombra ya pronto serás.


- ¿Cric? – ¡crac! me aburrió e hizo que me diera pereza volver a leer a Danticat.


- Plenilunio me tuvo enganchado durante tres días y me motivó a seguir leyendo a Muñoz Molina —pero creo que actualmente no me gustaría mucho—.


Hoy en día me gustaría hacer un experimento similar al que hice cuando tenía 22 años pero en vista de que el tiempo es escaso y de que mi trabajo como lector de manuscritos me obliga a invertir bastante tiempo leyendo cosas que no valen la pena, aplico la máxima de Henry David Thoreau: ‘lee los mejores libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos’.

martes 4 de septiembre de 2007

novedades editoriales en españa [ 3 ] / libros del asteroide

Libros del Asteroidea cuyo editor entrevisté hace unos meses— es una editorial que cumple con creces su objetivo de publicar libros fundamentales de la literatura del siglo XX no disponibles en castellano. El trabajo de Libros del Asteroide se caracteriza tanto por la configuración de un catálogo compuesto por textos de muy buena calidad como por el cuidado puesto en las traducciones, en los prólogos y en la producción editorial —que es impecable—. El Premi Llibreter concedido a El quinto en discordia, de Robertson Davis es un justo reconocimiento a la labor de esta editorial, así como el hecho de que ya se hayan hecho varias ediciones de la mayor parte de sus libros.



Durante lo que queda del año Libros del Asteroide publicará los siguientes títulos —que espero que resulten ser descubrimientos tan gratos como los otros libros de su catálogo que he leído hasta ahora:


- La hierba amarga, de Marga Minco (septiembre 3)


- La hoja plegada, de William Maxwell —el mismo de Vinieron como golondrinas, que tanto me gustó— (septiembre 17)


- El hombre perro, de Yoram Kaniuk (octubre 8)


- Lluvia negra, de Masuji Ibuse (octubre 29)


- El delator, Liam O'Flaherty (noviembre 19)


*


Actualización [ 14 de septiembre de 2007 ]


Acabo de recibir información sobre otra novedad interesante de Libros del Asteroide para este otoño:


- Van venir com orenetes (traducción al catalán de Vinieron como golondrinas), de William Maxwell


lunes 3 de septiembre de 2007

sarko y la espectacularización del ámbito de lo literario en "la república de las letras"

¿Quién habría dicho que el fenómeno de la espectacularización del ámbito de lo literario se tomaría "la República de las letras"? En la rentrée littéraire de este año el fenómeno tiene nombre de mujer: Yasmina Reza.


Resulta que esta reputada dramaturga pasó toda la pasada campaña electoral al lado del entonces candidato y hoy presidente Nicolas Sarkozy para luego escribir un relato titulado L’aube, le soir ou la nuit (El alba, la tarde o la noche) que la directora de Flammarion —el sello que lo publica—tildó de “muy literario”. La polémica no podría ser mayor: en un momento en el que la sociedad francesa tiende cada vez más a la división política, una escritora decide meterse en el showbiz en el que se ha convertido la política ensalzando mediante un conmovedor relato a la figura que recientemente ha contribuido de manera más significativa a profundizar dicha división.


Al respecto Pierre Assouline escribió el pasado 19 de agosto en su blog La république des livres en una entrada titulada "Crónica de un éxito anunciado" que ‘pasa que ciertos libros nos llegan precedidos no del ruido que hacen sino del que harán y uno no ve entonces salvo lo que será juzgado por los implicados como una catástrofe natural (tsunami, huelga general prolongada, Jonathan Littell…), lo cual podría sustraerlos de un éxito buscado, prometido, anunciado’.


La intriga en torno a L’aube, le soir ou la nuit ha sido total. Flammarion no ha cedido adelantos del manuscrito ni a periodistas ni a medios de comunicación. François Busnel se refiere en el editorial de la edición de septiembre de la revista Lire a aquel libro del que ‘ninguna “prueba” (esas versiones encuadernadas rústicamente de los manuscritos sobre los cuales trabajamos antes de su publicación) ha circulado durante el verano. Aquel del que, incluso en Lire (porque la autora nos parecía una verdadera escritora), queríamos dar cuenta pero del que nos decían en su editorial que no estaría listo antes del último minuto’.


Dice Busnel en el editorial de La guía de la rentrée littéraire que ‘nadie ha leído nada del libro pero todo el mundo habla de él. Recordemos el desastroso lanzamiento de La posibilidad de una isla, de Houellebecq (desastroso porque no obtuvo el premio deseado a pesar de una campaña sobre la que escribimos aquí que era digna de un paquete de jabón de ropa en un súper mercado’.


En una entrada anterior ya me había referido a todo el ruido que se generó alrededor del lanzamiento de La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq. En este caso todo es muy distinto porque la espectacularización de los ámbitos de lo literario y de lo político se han fusionado en torno a la siniestra figura de Sarko.


Aunque en un principio pueda sonar a broma, no es descabellada la pregunta que plantea Busnel en el editorial de La guía de la rentrée littéraire: ‘¿conseguirá Nicolas Sarkozy el Goncourt?’

domingo 2 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 45 ] / editorial de la guía de la rentrée littéraire, de la revista lire

Por fin tengo en mis manos La guía de la rentrée littéraire, publicada en asociación por la revista Lire y las tiendas Virgin Megastore y Furet du Nord. Reproduzco el principio del editorial que escribió para este especial François Busnel, director de la redacción de la revista.


Editorial


A partir de ahora es un ritual: cada año, al llegar la rentrée littéraire, Lire se asocia con las tiendas Virgin Megastore y Furet du Nord para guiar al público en la jungla de las nuevas publicaciones. Para empezar, unas palabras sobre esta famosa “jungla”: ¡dejemos de lamentarnos! La abundancia —más de 700 nuevas novelas en dos meses— nunca perjudica y hay que estar bien hastiado para quejarse de que se publica demasiado en Francia en un momento en el que lo escrito tiene dificultades para ocupar el lugar que debería ser el suyo. Por supuesto muchos de estos libros no encontrarán su público en este lapso de tiempo reducido que llamamos la rentrée littéraire, esa excepción francesa de la que fingimos no admitir que está en el origen de no pocos males. Porque, ¿qué es una rentrée littéraire? Una gigantesca feria en la que los editores publican todo y cualquier cosa —quiero decir: obras maestras y estofados grotescos—, en la que se han hecho correr los rumores más locos, en la que todos los golpes están permitidos, en la que todo el mundo se lanza en una temible bronca cuya apuesta sólo tiene un nombre: Goncourt.

sábado 1 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 44 ] / "el microrrelato es la quintaesencia narrativa"

Reproduzco la siguiente entrevista a José María Merino, publicada en la edición de hoy de Babelia, a propósito de la publicación de su antología de microrrelatos La glorieta de los fugitivos.


"El microrrelato es la quintaesencia narrativa"

Winston Manrique Sabogal 01/09/2007


Los minicuentos brotan en todo el mundo. Son un redescubrimiento que ensancha la literatura a través de la experimentación. José María Merino es uno de los mejores exponentes de este arte que promete la máxima intensidad en la mínima extensión. Piezas escurridizas que basan su éxito en el movimiento. La Patagonia se prepara para el V Congreso Internacional de Minificción 2008.


Entre las estanterías de libros asoma un hombre vestido de marinero que enciende un cigarrillo, escoltado por un sol rojizo y perfecto. Es la herencia más disputada en casa de José María Merino (León, 1941). Un póster de Corto Maltés que compró el escritor en los años cincuenta cuando leía cómics como éste, y que lo acompaña en su despacho.


De azul marino, como Corto Maltés, está vestido este poeta, novelista y cuentista que abre la temporada literaria con La glorieta de los fugitivos (Páginas de Espuma), una antología y varios inéditos de un género que ahora germina por todos lados: el microrrelato. Un universo que Merino muestra en esta entrevista en la que recuerda cómo estas piezas han pasado de puntillas por la historia de la literatura y para la mayoría de los lectores. Pero practicada por muchos de los grandes escritores como vía de experimentación y ampliación de los territorios literarios. De fronteras movedizas, lo que sí rodea a este género es una comparsa de alegres nombres que encabezan microrrelato, minicuento y minificciones, mientras le siguen minihistorias, cuentines, cuentos cuánticos, nanocuentos, cuentos bonsái... Y por la vida que llevan dentro bien podrían ser pigmeocuentos.







PREGUNTA. ¿Por dónde llegó a los predios del microrrelato?


RESPUESTA. Por el camino del experimento. El microrrelato abre nuevas posibilidades expresivas. Posee una relación inversamente proporcional entre extensión e intensidad. Yo, que escribo novela y cuento, sé que este género lleva esa regla a sus últimos términos. Mucha intensidad en poquísima extensión. Los primeros microrrelatos que hice fueron de encargo. Hubo un libro estupendo de Alfonso Fernández Ferrer, La mano de la hormiga, de hace unos 15 años, y me invitó a que le escribiera tres. Y descubrí ese mundo.


P. ¿Les dio muchas vueltas?


R. Pues sí. Aquello no es el esquema cortito de un cuento más largo. Tiene que ser en sí mismo el cuento exacto. Luego colaboré en la radio con cuentos de dos minutos sobre una noticia. Es un género que ofrece oportunidades de expresión que no están en otro sitio. Es una tradición antigua y de todas las culturas.


P. Pero es en el siglo XX cuando empieza a salir del anonimato.


R. Es a partir del simbolismo y el modernismo. En lengua española el papel de Rubén Darío y Julio Torri es fundamental, son los primeros experimentadores, por herencia del simbolismo francés. Con sus pequeños poemas en prosa descubrieron que en breve espacio se podía hacer algo inhabitual.


P. ¿Cómo descubrir el néctar de la narración?


R. Si aciertas. Hay gente que piensa que en el microrrelato vale cualquier cosa. Pero el hecho de que un texto de ficción sea breve no quiere decir que sea un microrrelato. Tiene que tener sustancia, movimiento, por poquito que sea. Por supuesto que está muy cercano al aforismo, a la poesía, pero con movimiento. Es una quintaesencia narrativa, capaz de moverse y cambiar desde el principio hasta el fin. Ofrece una mudanza.


P. ¿Dónde estaría la frontera con la greguería, el aforismo o las frases lapidarias?


R. El movimiento es lo que lo distingue, y una cierta voluntad metaliteraria. Hay un libro de Marco Denevi de relatos eróticos (El jardín de las delicias. Mitos eróticos) que son juegos y juegos, y vueltas y revueltas sobre temas clásicos. Lo que significa que necesita a veces un lector refinado, enterado.


P. Fuera del ámbito hispánico ¿de dónde proviene este renacer?


R. Tiene mucha relación con Kafka porque, dentro de la cultura del siglo XX, él descubre unos textos breves, intensos y misteriosos. Microcuentos antiguos que tienen que ver con la anécdota tradicional. Luego da una pequeña vuelta para ser más sintético. Otra característica es que el microrrelato deja al lector una parte importantísima del trabajo.


P. Lo involucra para que termine la historia.


R. ¡Claro! Eso también es un tema del cuento. Quizá tal vez tenga menos lectores que la novela porque obliga a colaborar mucho. Eso es lo gozoso de un buen cuento, lo que tú pones de tu parte. Pero eso al lector común no le hace mucha gracia. Él pide que le expliquen todo.


P. Aunque corre el riesgo de ser demasiado especializado.


R. Está llegando a ser muy intraliterario. Me hace gracia cuando a veces escucho en algún congreso -que está habiendo muchos- que hay relatos sobre relatos sobre relatos. Es para gente lectora. Por eso muchas veces se hacen concursos de microrrelatos y aparecen textos que indican que ese autor nunca ha escrito un microrrelato en su vida. No sabe lo que es. Muchos piensan que la brevedad lleva implícito este género. Y que el valor está en lo breve.


P. Son como primos del haiku o la greguería.


R. Hay haikus y greguerías que son microrrelatos, pero no todos. El año pasado en el congreso de Neuchátel (Suiza) hubo severas discusiones para identificarlo y describirlo. Pero es el lector quien lo identifica. Tú lo lees y dices: "¡Qué bonito!, aquí hay narración e historia en poquísimo espacio. Tiene gracia, es original". Pero la originalidad no quiere decir que sea un microrrelato. Uno de los problemas de la denominación viene en la dificultad ontológica, del propio ser. La verdad es que no sabemos. Podemos decir que son pequeñas piezas escurridizas.


P. España empezó a vivir a finales del siglo pasado un auge del cuento y en este siglo del microrrelato. ¿A qué atribuye este renacer?


R. Aquí existe el cuento porque hay unos cuantos que nos empeñamos. Al fin y al cabo llevamos 800 años escribiendo. Esa tradición está ahí. Los editores apuestan por el cuento pero no con la franqueza que con la novela, al tiempo que los lectores la prefieren. Tal vez a partir de mi generación, porque la gran generación del cuento español fue la de los cincuenta, la de Jesús Fernández Santos, Ignacio Aldecoa, Medardo Fraile o Carmen Martín Gaite; y luego hubo más pero no tan acendradamente dedicados al cuento. Lo de mi generación es sorprendente porque Luis Mateo Díez o Juan José Millás y yo, le dedicamos al cuento mucho interés. Es a partir de la transición que parece haber una vuelta al cuento.


P. ¿Y del microrrelato?


R. Se puso de moda por El dinosaurio, de Augusto Monterroso. La gente empezó a mirar esto de la brevedad
de otra manera. Produjo una cantidad de textos absurdos, como en todo, pero bienvenido. En España ha habido gente explorando en ese territorio de tiempo atrás como Gonzalo Suárez, Javier Tomeo o Millás. Donde hay un gran interés es en Latinoamérica. Hay un renacer en todas partes, hasta en Nueva Zelanda.


P. ¿Es verdad que el cuento es apropiado para estos tiempos de prisas? ¿Y el minicuento?


R. Es un tópico. Para disfrutar de la literatura hay que tener una formación. Y el lector común no es formado en el cuento, porque por las cosas que no enseña, que no descubre, requiere un lector con gusto que descubra y aprecie en pocas páginas algo que le encanta. Un buen microrrelato es imborrable.


P. Como la pintura o la escultura, el placer de mirar y volver para observar y contemplar.


R. Algo así. Porque aunque se requiera poco tiempo para leer, lo que sí necesita detrás es un lector formado. Es como el poema, porque si fuera por tiempo todo el mundo tendría que leer poesía, pero no es así. Yo defiendo que en el sistema educativo la formación literaria debería jugar con el cuento. Ése es un gran camino para formar el gusto literario.


P. Además la minificción suele tocar temas atractivos como ese espacio fronterizo del sueño.


R. El juego fantástico es propicio para este género. Y el sueño es un universo que me interesa especialmente. Esa adscripción a lo onírico, esa sospecha de lo lírico, es otro de sus elementos, como el ingenio, la gracia y la precisión de las palabras. Y el humor, claro. Recuerdo una historia de Cronopios y de Famas, de Cortázar, que está lleno de microrrelatos, donde se juega con lo burlesco. La perspectiva irónica es otra arma, la que permite al lector completar eso que el autor no hace explícito.


P. En su microrrelato Ecosistema, que gira alrededor de un bonsái, narra la historia del mundo.


R. El microrrelato tenía algo de bonsái. Como un pequeño espécimen de jardinería literaria, que hay que hacerlo crecer en su dimensión en un espacio pequeñito. Siempre utilizo el cuento La esfinge, de Poe, para explicar la escritura. En él un hombre cree ver en una mariposa nocturna un dragón horrible subiendo por una montaña. Pues la mirada del escritor consiste en ver lo que no es ordinario. Eso es lo que hay que ver.


P. Uno dedicado a Mateo Díez es como una premonición, al narrar una invasión de minicuentos.


R. Ja, ja... Al final, es peligroso. En el Hay Festival de Cartagena de Indias, en enero pasado, leímos minicuentos y a la gente le gustó. El microrrelato, si comunicas, gusta. Establece cierta complicidad.


P. Sus microrrelatos conectan con la realidad desde la ficción con crítica y humor.


R. En mi estética, aunque generalmente son cuentos fantásticos, siempre parto de problemas de la realidad, cotidianos. No puedo remediarlo. Sobre el cambio climático o las guerras en Palestina... Me encanta esa posibilidad del microrrelato de que en muy poco espacio puedas decir mucho. Aunque es difícil, esa intensidad es lo que me gusta. La brevedad en sí no es un valor. Lo es el dar expresividad narrativa a un texto breve que ensancha la literatura.