sábado, 22 de septiembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 49 ] / '¿cuáles son los nuevos clásicos literarios?'

La revista chilena Quépasa les pidió a varios escritores latinoamericanos —algunos de los cuales forman parte de Bogotá 39— que seguramente en un futuro serán considerados las figuras emblemáticas de nuestra época que hicieran un listado de las siete novelas que a su juicio deberían encabezar el canon de los clásicos contemporáneos. Aparte de Los detectives salvajes, aparecen de manera recurrente obras como 2666, La vida, instrucciones de uso, El teatro de Sabbath y otros libros de autores como Kapuściński, Carver, Coetzee, Murakami y Bryce Echenique y de algunos otros de la cosecha de cada escritor—.


También a ejercicios de este tipo me refería en la entrada que hice tras la salida del listado de los autores elegidos por el jurado de Bogotá 39 cuando dije que ‘al prescribir un catálogo de autores una iniciativa de este tipo contribuye a la configuración de un canon de la narrativa contemporánea, a orientar a los lectores y a redefinir los intereses de la industria editorial’.


Valdría la pena contrastar este listado con las líneas sobre los clásicos de nuestros tiempos que, como quien no quiere la cosa, ha venido sugiriendo Harold Bloom desde la publicación de El canon occidental.


Los próximos 1900: ¿Cuáles son los nuevos clásicos literarios?


Ya era hora de actualizar el canon de los clásicos universales de la literatura. Veinte escritores latinoamericanos, menores de 40 años, se atrevieron. Y tras revisar libros escritos post 1970, eligieron a los imperdibles. Hay para todos los gustos. Pero es la monumental novela Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, la que parece llevar la delantera.


Gonzalo Garcés

(Argentina, 1974). Su segunda novela, Los impacientes, ganó el 2000 el Premio Biblioteca Breve Seix Barral.


1. El teatro de Sabbath, de Philip Roth. 1995.
"No es lo mismo un gran libro que un clásico. A esa palabra va asociada cierta idea de completud, de redondez. Y cierta idea de tregua. En un clásico la lucha interior que devora a los hombres encuentra, por un momento, resolución. Así en 'Don Quijote' la disparidad entre realidad y ficción se resuelve en la locura del Quijote. Le va mal, lo muelen a palos, pero eso no importa: lo esencial es que Alonso Quijano deja de preocuparse por la realidad y actúa según sus deseos. Así también en En busca del tiempo perdido Marcel se consuela de su vida perdida cuando empieza a escribir su libro. Por eso mi primer clásico contemporáneo es El teatro de Sabbath. Es el gran choque entre los imperativos de la modernidad y las pulsiones masculinas. El desmejorado, el vapuleado macho moderno rompe sus cadenas y sale a hacer de las suyas. También le va mal. Pero Sabbath está conforme consigo mismo, y es a conformidad nos contagia y nos aporta el consuelo propio de los clásicos".


2. Las particulas elementales. Michel Houellebecq. 1998.


3. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


4. Desayuno de campeones. Kurt Vonnegut. 1973.


5. Purgatorio y Anteparaíso. Saul Bellow. 2000.


6. Austerlitz. W. G. Sebald. 2001.


7. La vida, instrucciones de uso. Georges Perec. 1978.


Rafael Gumucio

(Chile, 1970). Autor de novelas como Los platos rotos y Comedia nupcial.


1. La lengua absuelta, de Elías Canetti. 1977.
"Es la primera parte de la autobiografía de Canetti, en la que éste relata su infancia, su relación con su madre y su educación en varias lenguas que tuvo que aprender en un proceso de continuo exilio y cambio de países. Es un libro maravillosamente lúcido y extraordinariamente bien escrito. Un clásico absoluto".


2. Mi vida como hombre. Phillip Roth. 1974.


3. Crónica de una muerte anunciada. Gabriel García Márquez. 1981.


4. Ébano. Ryszard Kapuściński. 2000.


5. Purgatorio y anteparaíso. Raúl Zurita. 1979 y 1982.


6. Sermones y predicas del Cristo de Elqui. Nicanor Parra. 1977.


7. De qué hablamos cuando hablamos de amor. Raymond Carver. 1981.


Pablo Illanes

(Chile, 1973). Autor de novelas como Fragilidad y de series de televisión. Entre ellas, la exitosa Alguien te mira.


1. La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. 1980.
"Me topé con esta novela porque hace mucho tiempo me enteré que John Waters, mi cineasta favorito de todos los tiempos, iba a filmarla. Lo que encontré fue una historia de patético encanto, con uno de los protagonistas más entrañables salidos de la pluma de un autor. Ignatius Reilly, el héroe obeso mórbido, es una especie de fervoroso defensor de las buenas costumbres en un mundo indecente y depravado. Lo mejor es el tono humorístico, bufonesco, que jamás abandona el relato. Definitivamente, un clásico con todas sus letras, tragicómico y disparatado".


2. El obsceno pájaro de la noche. José Donoso. 1970.


3. ¡Qué viva la música! Andrés Caicedo. 1977.


4. Un lugar en el que nunca he estado. David Leavitt. 1989.


5. Alta fidelidad. Nick Hornby. 1995.


6. Las correcciones. Jonathan Franzen. 2001.


7. Campos de Londres. Martin Amis. 1989.


Ivan Thays

(Perú, 1968). Finalista del Premio Rómulo Gallegos por su novela La disciplina de la vanidad.


1. Los emigrados, de W.G. Sebald. 1996.
"El tema del exilio y el desarraigo me parece fundamental para entender la ficción de 1970 a esta parte del siglo XXI. Arrastra temas colectivos importantes como la identidad, la cultura, la nacionalidad, la violencia estructural, pero también preguntas intimistas como la paternidad, el exilio interior, el autoconocimiento. Ningún libro en las últimas décadas ha logrado tocar esto con tanta sutileza, y por eso mismo tanta contundencia, como 'Los emigrados', la gran obra sobre el nomadismo de W.G. Sebald. Su lucidez y profundidad, además de una prosa lírica, incluso melancólica, lo ayuda a sostener y enlazar en estas breves historias de exilio, esas biografías de los desconocidos-de-siempre, con una destreza que un malabarista o un DJ envidiarían. Un auténtico clásico contemporáneo y una cúspide dentro del género de los libros 'híbridos' que en las últimas décadas han ocupado un espacio inusitadamente amplio en las novedades literarias".


2. Desgracia. J.M. Coetzee. 1999.


3. La guerra del fin del mundo. Mario Vargas Llosa. 1981.


4. Hijos de la medianoche. Salman Rushdie. 1980.


5. El arco iris de la gravedad. Thomas Pynchon. 1973.


6. El arte de la fuga. Sergio Pitol. 1996.


7. Perorata del apestado. Gesualdo Bufalino. 1981.


Ricardo Silva

(Colombia, 1975). Autor de Tic y Parece que va a llover, entre otras novelas.


1. Catedral, de Raymond Carver. 1983.
"Decía Carver que 'a menudo la experimentación es pretexto para ser torpe, imitativo, en la escritura'. Creo que en sus cuentos se inventó una voz, una forma de decir las cosas del mundo, a fuerza de huirle a la originalidad. Y que Catedral es un buen ejemplo de las pocas palabras que tuvo que utilizar para dejarnos en claro que todas las cosas de la vida quedan en suspenso".


2. La invención de la soledad. Paul Auster. 1981.


3. El día de la independencia. Richard Ford. 1995.


4. Las horas. Michael Cunningham. 2000.


5. El amor en tiempos del cólera. Gabriel García Márquez. 1985.


6. Ensayo sobre la ceguera. José Saramago. 1995.


7. Sostiene Pereira. Antonio Tabucchi. 1994.


Antonio Ungar

(Colombia, 1977). Autor de libros de relatos —Trece circos comunes, entre ellos— y novelas como Zanahorias voladoras.


1. 2666, de Roberto Bolaño. 2004.
"2666 es la destrucción definitiva de las novelas preconcebidas como estructuras perfectas, adornadas, con efectos calculados y capas de artificio, blancas y relucientes como tortas de boda. Con una estructura rota, un curso de la acción caprichoso, cientos de personajes intercalados, capítulos intencionalmente aburridos, interrupciones arbitrarias, cientos de páginas dedicadas a enumerar asesinatos casi idénticos, 2666 se parece más a la vida que a las novelas del siglo XIX. Es un universo completo contado por voces limitadas y cuya percepción es fragmentaria y parcial, como sucede en la vida misma. Tiene también algo de esas obras de arte de finales de los 70, que llevaban objetos cotidianos a los museos para decirle al espectador que se fijara en ellos. Después de leer 2666 cada acción de la vida (también las insignificantes, las arbitrarias, las aburridas) se vuelve a cargar de sentido. Semejante empresa es posible y profundamente conmovedora sólo porque detrás hay un narrador del tamaño de Roberto Bolaño".


2. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


3. El amor en tiempos del cólera. Gabriel García Márquez. 1985.


4. El río del tiempo. Fernando Vallejo. Novela en cinco entregas, 1985 - 1993.


5. Ravelstein. Enrique Vila-Matas. 2000.


6. La virgen de los sicarios. Fernando Vallejo. 1994.


7. Salón de belleza. Mario Bellatín. 2000.


Martín Solares

(México, 1970). Su novela Los minutos negros fue finalista del Premio Rómulo Gallegos 2007.


1. All the pretty horses, de Cormac Mc Carthy. 1992.
"Mientras la mayoría de los novelistas se concentra en decorar jardines, Cormac McCarthy abre la mano y nos ofrece un desierto. Ocultando palabras clave como Dios, Bondad, Justicia, este novelista norteamericano consigue que sus novelas no sean un espejo, sino un espejismo de tres dimensiones sobre la vida en la difícil frontera entre México y Texas. Aunque influido por Faulkner y Melville, sus personajes nunca persiguen ballenas blancas sino presas pequeñas, que a los ojos de los pobres cazadores que protagonizan sus libros representan la posibilidad de mejorar sus vidas o encontrarle sentido a su errancia. Ocultando las palabras clave, puliendo el resto hasta que den la ilusión de estar vivas, McCarthy ha creado unas cuantas novelas habitadas por paisajes bien definidos, inolvidables, autónomos, y un puñado de personajes siempre dispuestos a acompañar al lector y revelarle nuevos secretos en cada lectura, como ocurre con los mejores libros. Con esos y otros recursos, McCarthy debe ser el único novelista que construye un jardín mientras esconde las plantas".


2. Sostiene Pereira. Antonio Tabucchi. 1994.


3. Buffo & Spallanzani. Rubem Fonseca. 1985.


4. Yo que he servido al Rey de Inglaterra. Bohumir Hrabal. 1971.


5. Un artista del mundo flotante. Kazuo Ishiguro. 1986.


6. Los testamentos traicionados. Milan Kundera. 1992.


7. Trilogía de los gemelos. Agota Kristoff. 1991.


Juan José Rodríguez

(México, 1970). Algunas de sus obras son Mi nombre es Casablanca y La casa de las lobas.


1. Terra Nostra, de Carlos Fuentes. 1975.
"Lampadario barroco que abarca parte fundamental de la historia, el arte y las obsesiones del mundo de habla hispana, a lo largo de sus múltiples encuentros y desencuentros. Es una novela difícil; quizás la que exige mayor atención que otras de sus congéneres, incluidos los textos de Carpentier y Lezama Lima. 'Terra Nostra' -una de las propuestas menos leídas de Fuentes, así como la más desatendida por la crítica- se convertirá en un clásico del futuro cuando se difumine la imagen de su autor y veamos esta época con otros ojos. Envuelta en un halo místico, 'Terra Nostra' debe analizarse con el mismo horror y respeto que si abriésemos alguna tumba de El Escorial de la que surgiesen Francisco de Quevedo, La Celestina, Luis Buñuel, José Luis Cuevas o Jean Valjean. Mi sección favorita es la segunda, El mundo nuevo, en la que Fuentes con prosa vigorosa recrea la odisea de la navegación en el tiempo del descubrimiento. Sugiero iniciar el libro por esta parte y decidir luego si continúa en pos del acertijo propuesto por el artista".


2. Un mundo para Julius. Alfredo Bryce Echenique. 1970.


3. Confieso que he vivido. Pablo Neruda. 1973.


4. El libro de arena. Jorge Luis Borges. 1975.


5. El río, novelas de caballería. Luis Cardoza y Aragón. 1986.


6. Grandes emociones y pensamientos imperfectos. Rubem Fonseca. 1988.


7. Antes que anochezca. Reinaldo Arenas. 1990


Álvaro Bisama

(Chile, 1975). Crítico literario y autor de la novela Caja negra.


1. From Hell, de Alan Moore y Eddie Campbell. 1988-1998.
"Un cómic de 500 páginas (que tardó diez años en publicarse) que puede ser una de las mejores novelas inglesas jamás redactadas. Nada de superhéroes. Nada de esteroides ni viajes espaciales. Sólo tres palabras: Jack el Destripador. Dibujada en blanco y negro y narrada de manera coral (con la identidad del asesino quedando a la vista apenas comenzado el relato), se trata de un texto que indaga sobre la moral victoriana a la vez que intenta agotar el enigma de los asesinatos de Whitechapel. Desde logias masónicas hasta la reina, pasando por la descripción realista y documentada de la vida cotidiana de la Inglaterra que espera la llegada del siglo XX, Moore y Campbell componen un relato documental pero expresionista, a la vez que espeluznante y eficaz, que supera el formato de la historieta y se convierte en la mejor literatura; un clásico instantáneo sobre el sentido del mal, la locura y la conspiración secreta como única y absoluta forma de gobierno".


2. La vida, instrucciones de uso. Georges Perec. 1978.


3. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


4. La dalia negra. James Ellroy. 1987.


5. Respiración artificial. Ricardo Piglia. 1980.


6. Las vírgenes suicidas. Jeffrey Eugenides. 1993.


7. Borges. Adolfo Bioy Casares. 2006.


Rodrigo Hasbún

(Bolivia, 1981). Guionista y cuentista. Este año debutará en la novela.


1. Desgracia, de J. M. Coetzee. 1999.
"Desgarradoramente preciso, arriesgado y demoledor, capaz de enfrentarse a los movimientos furibundos de un país entero, de un continente, de una condición, el sudafricano J. M. Coetzee demostró un libro tras otro su membresía en la estirpe de los escritores imprescindibles. Posiblemente 'Desgracia' sea la novela donde llega más lejos. Su rigor y contundencia al momento de diseccionar la intimidad y el desamparo de sus personajes son difíciles de igualar. Sin duda seguirán ahí durante mucho tiempo, ofreciendo lucha permanente".


2. Ruido de fondo. Don Delillo. 1985.


3. Where I´m calling from. Philip Roth. 1995.


4. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


5. El teatro de Sabbath. Phillip Roth. 1995.


6. Pentalogía autobiográfica. Thomas Bernhard. 1975-1982.


7. Al sur de la frontera, al oeste del sol. Haruki Murakami. 1998.


Daniel Alarcón

(Perú, 1977). Residente en EE.UU., escribe en inglés. Su primera novela Radio Ciudad Perdida fue recién traducida al castellano.


1. El Emperador, de Ryszard Kapuściński. 1978.
"Kapuściński tiene esa increíble capacidad de ver el detalle justo. Ese detalle bien escogido, bien observado, que puede reemplazar a cinco páginas de resúmenes y explicaciones. Recuerdo que Kapuściński tuvo una entrevista en la revista Granta, donde criticaba a los escritores europeos que sólo eran experimentales en cuanto a técnica, y no experimentales en cuanto a su mirada novelística. Y creo que el libro en el cual él hace ambas cosas con más destreza es El Emperador, porque narra la caída del emperador de Etiopía con un estilo agudo que combina justamente una mirada global dentro de un país ignorado con una técnica y un manejo magistral de ella, mezclando varias y disímiles voces para construir una narrativa coherente, al estilo de Los detectives salvajes. Es, digamos, un tour de force".


2. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño. 1998.


3. Un apocalipsis menor. Tadeusz Konwicki. 1979.


4. La hora de la estrella. Clarice Lispector. 1977.


5. Esperando a los bárbaros. J. M. Coetzee. 1980.


6. Ciudades invisibles. Italo Calvino. 1979.


7. El mundo conocido. Edward P. Jones. 2004.


Fabrizio Mejia

(México, 1968). Su novela más reciente es El rencor. Antes, por Hombre al agua, ganó el premio Antonin Artaud.


1. Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. 1998.
"Este libro renueva la literatura latinoamericana con una lectura sobre México desde Chile, Europa desde América Latina, y el mundo desde el fracaso. No se equivocan quienes piensan que Los detectives salvajes es una versión paródica de la Rayuela de Julio Cortázar, pero también dispara hacia un tipo de escritura de la que aún no sabemos cómo recuperarnos. La pregunta que se repiten los escritores de mi generación es la misma que la anterior se hizo con Dinero de Martin Amis: ¿Cómo matamos a este autor para no plagiarlo?".


2. Operación Shylock. Philip Roth. 1993.


3. Si una noche de invierno un viajero. Italo Calvino. 1972.


4. La vida, instrucciones de uso. Georges Perec. 1978.


5. La vida exagerada de Martín Romaña. Alfredo Bryce Echenique. 1981.


6. Respiración artificial. Ricardo Piglia. 1980.


7. Tokio Blues. Norwegian Wood. Haruki Murakami. 1987.


Ena Lucía Portela

(Cuba, 1973). Autora de cuentos y novelas. Su último libro, Djuna y Daniel será publicado este año.


1. American Psycho, de Bret Easton Ellis. 1991.
"Una novela controvertida, que ha suscitado entusiastas adhesiones y vehementes rechazos. Relata en primera persona dos años de la vida de Patrick Bateman, un yupi de Manhattan de mediados de los 80 que es, al mismo tiempo, un serial killer, incluyendo escenas de sexo y violencia sumamente gráficas, lo cual hace que se haya perdido de vista en ocasiones el hecho de que se trata de una comedia negra, punzante y muy divertida. Easton Ellis está considerado por la crítica seria de su país como el mejor escritor satírico de la actualidad".


2. El color del verano. Reinaldo Arenas. 1996.


3. La canción de Salomón. Toni Morrison. 1977.


4. Desgracia. J. M. Coetzee. 1999.


5. La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. 1984.


6. Sin destino. Imre Kertész. 1975.

2 comentarios:

Victor Haldin dijo...

Lamentables todos: los que escogen y los escogidos. El síntoma perfecto de una atrofia estética que parecería ser la cifra, e incluso la terrible justificación, de nuestro tiempo. Hilando un poco ésta con algunas de las entradas anteriores -el elogio desmedido de una editorial de fraude como Anagrama- nos abruma la sensación de estar ante el final más amargo de nuestra cultura. Pero es que no hay remedio: tiene que estar uno muy mal para creer que Bolaño es un genio. Y el problema no es leer a los contemporáneos; el problema es leer a los contemporáneos de nuestro tiempo, que fue el mismo de MTV y el Grunge.

martín gómez dijo...

En cuanto a los que escogen, totalmente de acuerdo en casi todos los casos aunque no del todo con respecto a los escogidos. Me parece que aparte de un par de pifias —tipo Andrés Caicedo, Milan Kundera y Bret Easton Ellis— la mayor parte de los nombres que conozco me parecen muy acertados.

Por otro lado, no creo que Bolaño fuera un genio pero sí que en algunas de sus obras podemos ver a un escritor acercándose cada vez más a la excelencia.