martes, 2 de septiembre de 2008

infoxicación

Suponga que un día usted se va de vacaciones por dos semanas a un lugar remoto y que durante todo este tiempo no puede conectarse a Internet; o que un día por alguna extraña razón la conexión de su casa o de su lugar de trabajo no funciona y que su proveedor de acceso hace cuanto está en sus manos para no ofrecerle ninguna solución a su problema —ojo, aunque esto pase a menudo estoy hablando de una situación hipotética—; o que no puede sentarse en su ordenador antes de las 9.37 p.m. porque en la mañana tuvo que ir a la celebración del día de la madre en el colegio de su hija de ocho años, después le tocó ir al banco a pagar la factura del gas, más adelante su odontólogo lo hizo esperar dos horas y media para sanarle ese dolor de muela que desde la semana pasada le hace la vida infeliz y al final su tren salió con 42 minutos de retraso debido a una incidencia técnica en la estación equis.


Independientemente de que su situación se parezca o no a alguna de las anteriormente enunciadas, si entre semana usted dura más de seis horas sin revisar las fuentes de información que consulta habitualmente en Internet le aseguro que está en problemas. Y serios. Sobre todo —y se lo digo por experiencia— si dentro de sus intereses están temas como la tecnología y el cómic, sobre los que un puñado de freakies está publicando ráfagas de información incluso mientras quienes salimos de vacaciones, tenemos problemas con nuestra conexión a Internet y vamos al odontólogo dormimos.


Si usted se toma esta situación con tranquilidad, lo peor que puede pasarle es que termine enterándose tarde de alguna cosa importante. Si no es el caso —y una vez más se lo digo por experiencia—, está usted jodido porque seguramente se infoxicará.



***


Hace poco pasé en el Empordà un fin de semana durante el cual decidí no conectarme a Internet y en una conversación que tuvimos justo después Pablo Odell mencionó un término que define una de mis mayores angustias del día a día: infoxicación.


Casualmente, ayer Joaquín Rodríguez abrió la nueva temporada bloguera con una entrada en la que se refería al problema que presupone para nuestra capacidad de comprensión la avalancha de información que recibimos cada día. A menudo me agobio al no encontrar una respuesta satisfactoria cuando me pregunto cómo filtrar la información que recibo, cómo consumirla antes de que caduque o cómo mejorar mi capacidad de asimilarla.



Definitivamente eso de la economía de la atención es un verdadero problema.


Dice Joaquín en su entrada de ayer:


‘Nuestro cerebro es incapaz de procesar el aluvión de información que recibe cotidianamente, y la supuesta capacidad para gestionar simultáneamente varios procesos distintos es, simplemente, falsa; la configuración actual de nuestro cerebro está ligada a la práctica y ejercicio de la lectura tradicionales, sucesiva y procesual, basada en el encadenamiento de razones y la aportación de pruebas, en la reflexión retirada y recogida, solitaria y sostenida en el tiempo, no en el seguimiento intermitente y discontinuo de los enlaces de un texto digital que nos abocan a una lectura entrecortada y defectuosa, incompleta, nunca superior al 20% del texto que encontramos en una página (…)


De lo que la mayoría se queja, precisamente, es de haber perdido la capacidad de seguir un razonamiento escrito extenso, expresado de manera sucesiva, a lo largo de las páginas de un libro o un artículo en papel, de haber perdido la competencia necesaria para concentrarse y dedicar el tiempo necesario a la elucidación de un argumento complejo, acostumbrados todos al bombardeo inclemente de los correos electrónicos, infoxicados por una marea incontenible de nueva y constante información’.


***


Me tranquiliza saber que personas como Pablo y Joaquín también se plantean este problema aunque me sigue angustiando el hecho de no encontrar una forma satisfactoria de resolverlo.


12 comentarios:

Mori dijo...

Creo que hay que intentar desenchufarse de la red. En realidad, no pasa nada si uno la deja y vuelve una semana después. La idea de que todo ha cambiado y nos hemos perdido cosas importantes es sólo una ilusión. Es como con la prensa cotidiana: las noticias verdaderamente importantes ocurren sólo de vez en cuando. El peligro de no hacer paréntesis de silencio desprovistos de internet es lo que mencionas: una capacidad de concentración y análisis disminuida. Cariños desde el otro lado.

martín gómez dijo...

¡Eso, eso, eso!

Nunca mejor dicho.

Saludos desde aquí.
Martín.

Blumm dijo...

¿No te habrá causado la crisis el nuevo navegador de Google, Crome?
Veo que has colocado una foto de una de sus explicaciones.

Como dice mori, hay que desenchufarse de alguna manera a conciencia. Es bueno, como dice Stanislav Lem, que en nuestra vida mental también haya bellotas, que pensemos en ellas. Yo lo hago con las ciruelas.
En días de alto riesgo de sobresaturación, lo mejor es apagar el ordenador y leer.

Y te iba a decir otra cosa, verás cuando nos corten la luz...

Saludos.

martín gómez dijo...

¡Sí, hay que desenchufarse pero tampoco hay que sembrar el terror que empiezo a ponerme nervioso y me puede dar un ataque de pánico!

Hummmmmm, bellotas y ciruelas...

Pablo Odell dijo...

Lo que comenta Blumn yo lo tengo muy presente: va a ser la leche trabajar en red, pero sin red eléctrica: toda la Humanidad sumergida en un inmenso 'correveydile'. Eso sí será boca-oreja. Nótese, de todos modos, que también estarán sin luz los bancos, y toda la parte contraria.

Sobre la infoxicación: por lo que entiendo, ésta tiene lugar no cuando uno desenchufa, sino cuando uno yerra en la conciencia de sus propios límites al ingerirla (como con la comida o la bebida). Recuerdo cuando niño que me obsesionaba saber cuántas estrellas había en el universo... en cambio ahora, a veces me obsesiona que 'esto' y 'aquello'... En cada milímetro cuadrado de la galaxia -los que tenemos hormigas y caracoles cerca, lo sabemos bien- hay una cantidad infinita de eventos, apareamientos, sucesos y hasta presentaciones de nuevos sistemas operativos en red. Y es lógico que no podamos estar por todo. Tenemos un umbral de audición limitado (en relación a los ruidos que existen), pero con lo que tenemos, podemos crear y escuchar música; de lo contrario nos volveríamos locos. Y así como tenemos un umbral de visión, tenemos un umbral de digestión información.

Yo, lo que te recomiendo, es lo que nos recomienda Sócrates y su 'sólo sé que no sé nada'. Hay bastante paz interior en esa aseveración (y bastante solución al problema).

Creo que nos pasa bastante como con aquella fábula del miedo: que nadie se lo quita al que tiene alma de ratón.

...Porque no nos engañemos, incluso en la economía de la atención, cuenta más la calidad que la cantidad.

Un abrazo Martín

sfer dijo...

Creo que te puede interesar este artículo, que más que hablar de Google habla de como la "infoxicación" está cambiando nuestra manera de digerir la información.

Pero, sin lugar a dudas, lo mejor para cuando uno se siente infoxicado, es pararse y recordar a Gabriel Zaid.

martín gómez dijo...

Pablo, ¿lo que me recomiendas es alimentar los sentidos con la cantidad de información que estoy en capacidad de consumir y con el tipo de contenidos que corresponde a su capacidad de percepción?

Creo que tendré que empezar a priorizar fuentes de información para eliminar ruido...

Un abrazo para ti también y mil gracias por tus consejos.
Martín.

martín gómez dijo...

¡Mil gracias, Sfer!

Zaid es un sensei:

"¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos".

Un abrazo.
Martín.

sfer dijo...

vale la pena recitarlo - a modo de tantra - cuando uno empieza a agobiarse (lo cual es cada vez más a menudo. ¿cuántas veces has "limitado" tus fuentes de información? ¿cuántas, en cambio, las has "expandido"?)

martín gómez dijo...

Hummmmm, no recuerdo haberlas limitado muy a menudo. Por el contrario, cada semana añado un par...

Pablo Odell dijo...

Nunca se bien lo que digo, ya lo sabes ;) Sólo digo que la ingesta excesiva de información, eso que nos infoxica, deviene conocimiento (si lo que buscamos es conocimiento y no 'infomasa', claro), sólo cuando intervienen otros elementos como la reflexión serena, el pensamiento, la mezcla con otras 'infosustancias'. El tema, pienso, es que el conocimiento no siempre es materia comercial, ya que muchas veces nos pagan precisamente por las consecuencias de ser seres infoxicados. Del mismo modo, otros obtienen plusvalías por su capacidad de 'lectoxicarse'. Todo lo que afecta a nuestro organismo digamos en cantidades 'más altas de lo normal', en ausencia, nos provoca cierto grado de 'mono' lógico. Yo, cuando me siento infoxicado, o bien me embebo de datos que no sirven para nada (las memorias de Einsenhower por ejemplo) o bien con conocimiento ajeno de alto desarrollo (con lo que consigo potenciar aquello de 'sólo sé que no sé nada').

Un abrazo Martín.

martín gómez dijo...

Eso, eso, eso, Pablo. Hay que buscar la reflexión serena. Hay que darse tiempo para hacerla.

A veces tengo la impresión de que con toda la info que consumimos lo único que hacemos es llenarnos de referencias y datos para impresionar en reuniones y conversaciones de cafetería pero que en realidad no estamos estableciendo relaciones. Es decir, que por asumir un ritmo de consumo tan vertiginoso no estamos aportando nada a la producción de conocimientos nuevos.

Hay que darle tiempo a la mente para que haga la digestión...