martes 31 de julio de 2007

summertime [ 16 ] / libros para pequeños grupos de gente con intereses comunes


Con respecto a las ventajas que tienen los pequeños y medianos editores frente a los grandes grupos gracias tanto a la segmentación en nichos como a la mayor proximidad con su público, dice Gabriel Zaid:

‘Con raras excepciones, el mundo del libro no corresponde a los mercados masivos e indiferenciados, sino a clientelas segmentadas, a los nichos especializados, a los miembros de un club de interesados en tal o cual conversación. Pero no todos los editores, libreros, bibliotecarios, ven la importancia de darle forma al club; de hacer listas de su público interesado; de tener catálogos actualizados y boletines de lo que ofrecen; de atender y facilitar el contacto directo; de tomar en cuenta los gustos y opiniones de los participantes; de organizar conversaciones coherentes y animadas. Los éxitos que han tenido en esta dirección muchos pequeños y medianos editores, frente a los fracasos de los grandes conglomerados financieros e instituciones públicas que han comprado o puesto casas editoriales, confirma la idea de que organizar el mundo del libro es como organizar una conversación’.

Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. pp. 37 - 38

Anagrama

Barcelona, 1996

lunes 30 de julio de 2007

summertime [ 15 ] / un viaje de ida y vuelta: sobre los exiliados de la guerra civil española y el desarrollo de la edición en américa latina

Tras buscarlo por todas partes hace unos días por fin conseguí Un viaje de ida y vuelta, el libro que me había recomendado Sergio Vila-Sanjuán sobre los exiliados de la Guerra civil española que contribuyeron al desarrollo de la industria editorial en los países latinoamericanos —principalmente en México y Argentina—. En las entradas ‘barcelona, un gran centro editorial’ y ‘artistas e intelectuales inmigrantes’ ya había manifestado mi interés con respecto a este tema.


El texto de la contraportada explica muy bien el tema del libro y las condiciones en las que se produjo:


El estallido y posterior desenlace de la Guerra Civil española provocó un viaje de ida y vuelta: algunas importantes editoriales españolas se trasladaron a Iberoamérica, junto con muchos de nuestros intelectuales más destacados, impulsando un despegue de este sector sobre todo en Argentina y México. Poco después, debido al colapso de la actividad editorial en España y a los efectos de la censura, las editoriales mexicanas y argentinas tomaron el relevo en la publicación en lengua española, instalándose luego, a partir de los años cincuenta, en nuestro país.


Estos temas fueron estudiados y analizados en unas jornadas convocadas por la Sociedad Iberoamericana de Amigos del Libro y la Edición, que contó con la colaboración de la Fundación Carolina y la hospitalidad de la Casa de América, en cuya sede tuvieron lugar en septiembre de 2004. En este libro se recogen las ponencias e intervenciones que en aquella ocasión fueron expuestas.


Un viaje de ida y vuelta

Antonio Lago Carballo y Nicanor Gómez Villegas (editores)

Siruela

Madrid, 2006


Hoy empezaré a leer este libro cuyos aspectos más relevantes iré comentando durante los próximos días.

domingo 29 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 37 ] / los best sellers más célebres del mercado español

El número de julio – agosto de la revista Mercurio de la Fundación José Manuel Lara incluye un dossier sobre el best seller. En él se analizan algunas de las características de este tipo de libros que van desde las estructura del argumento hasta su comportamiento en términos de ventas y se aborda la consolidación del fenómeno del best seller español —que cuenta con figuras como Carlos Ruiz Zafón, Laura Gallego, Arturo Pérez-Reverte, Ildefonso Falcones, Julia Navarro y Javier Sierra—.


A continuación reproduzco el listado de los best sellers que más han marcado la historia del mercado editorial español y en algunos casos del mismísimo "mundo mundial"—, cuya variedad de registros llama la atención.


Los best sellers más célebres


- El retorno de los brujos, de Louis Pauwels y Jacques Bergier (1960)

- Papillon, de Henri Charrière (1969)

- Chacal, de Frederick Forsyth (1970)

- Ébano, de Alberto Vázquez Figueroa (1975)

- El resplandor, de Stephen King (1977)

- La gente de Smiley, de John Le Carré (1979)

- El quinto jinete, de Dominique Lapierre y Larry Collins (1980)

- El nombre de la rosa, de Umberto Eco (1980)

- Caballo de Troya, de Juan José Benítez (1984)

- El perfume, de Patrick Süskind (1985)

- La hoguera de las vanidades, de Tom Wolfe (1986)

- Los pilares de la tierra, de Ken Follet (1989)

- La casa de los espíritus, de Isabel Allende (1995)

- El alquimista, de Paulo Coelho (1996)

- Harry Potter, de Joane Rowling (1997)

- Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt (1997)

- La hermandad, de John Grisham (2005)

- El código da Vinci, de Dan Brown (2005)


sábado 28 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 36 ] / rumores por confirmar sobre compra del 55 % de el tiempo por el grupo planeta

Ninguno de los dos implicados se ha pronunciado al respecto pero según anunciaron ayer varios medios de comunicación todo parece indicar que el Grupo Planeta se ha convertido en el nuevo socio estratégico de la Casa Editorial El Tiempo (CEET), al haber comprado el 55 % del paquete accionario de ésta. La siguiente imagen de la página Web de la CEET muestra el hermetismo que ha mantenido ésta frente a lo que en caso de ser cierto sería secreto a voces:



Independientemente de que la noticia sea confirmada o desmentida, el dominio de la CEET por parte de cualquiera de los dos grandes grupos multimedia españoles tiene importantes repercusiones sobre el paisaje mediático colombiano que más adelante analizaremos con más calma en [ el ojo fisgón ].


Reproduzco el siguiente artículo publicado por el diario El Colombiano, de Medellín.


Planeta, con un pie en El Tiempo

Por Natalia Estefanía Botero y Francisco Javier Arias R.

Medellín


El Grupo Editorial Planeta le ganó el pulso a su colega español, el Grupo Prisa y entró con pie derecho a la propiedad de la Casa Editorial El Tiempo (CEET), en la que se considera la movida empresarial en medios más importante de los últimos años.

En fuentes extraoficiales pero cercanas al proceso, se estableció ayer que Planeta será el socio estratégico de El Tiempo, al comprometerse a pagar, de estricto contado, unos 185 millones de dólares por el 55 por ciento de las acciones de la compañía, sobre un valor estimado de 338 millones de dólares por el ciento por ciento de la empresa.

El Grupo Prisa, también español y que ya tiene inversiones en Colombia (Radio Caracol), habría ofrecido 170 millones de dólares por el 55 por ciento de las acciones, sobre un estimado de 310 millones de dólares por la totalidad de las acciones pero, de forma adicional, ofrecía un intercambio de acciones en otros periódicos regionales en los cuales tiene participación. No se conoció si se consideraron otras ofertas, entre ellas, la del diario Clarín, de Buenos Aires, que también había mostrado interés.

Se había estimado un valor inicial de 500 millones de dólares, pero una banca de inversión aterrizó ese valor, con base en criterios técnicos, financieros y de mercado y lo hizo bajar a niveles de 300 millones de dólares.

"Estamos interesados en llegar con medios a Latinoamérica. No es que la idea nos ronde la cabeza sino que está dentro de nuestros planes estratégicos. Una de las primeras puertas de entrada y que aspiramos seriamente es Colombia", había dicho hace poco el presidente del Grupo Planeta, José Manuel Lara, en diálogo con El Colombiano.

Y agregaba: "La situación del país hoy es muy buena, hay estabilidad, hay seguridad jurídica y con una alta mejora de su seguridad ciudadana y con tasas de crecimiento del PIB envidiable. Este es un mercado muy bueno para los medios".

El negocio


Ayer desde muy temprano y hasta muy entrada la tarde, se realizó una junta ampliada de socios de El Tiempo, en la cual se analizaron las propuestas sobre la mesa y, al final, la decisión fue la de contar con Planeta como socio estratégico.

Según las fuentes, hoy habría un pronunciamiento oficial de las partes sobre esa negociación, que incluye al periódico El Tiempo como tal -el de mayor circulación nacional-, así como al diario económico Portafolio, el diario Hoy y los periódicos regionales Boyacá 7 Días, Llano 7 Días, Tolima 7 Días y la participación en las revistas Don Juan, Aló, Cambio y Credencial.

Los directivos de El Tiempo Luis Fernando Santos y Enrique Santos Calderón habían dicho desde que iniciaron la búsqueda de un socio estratégico que se trata de un fortalecimiento en el salto global hacia las comunicaciones del futuro.

No obstante, la misma información preliminar indica que el Grupo Planeta podría aumentar su participación en un futuro, por encima del 55 por ciento.

El Grupo Planeta es considerado un jugador de mucho peso en la industria editorial y creció de la mano de Editorial Planeta con inversiones en televisión, radio, prensa (diario Avui, en Cataluña, La Razón y ADN). También es fuerte en formación profesional, medios audiovisuales y formación a distancia.

La confirmación oficial del negocio y los detalles de la operación se conocerían hoy.

La agencia Efe citó informe de Caracol Radio


La agencia española Efe envió ayer este despacho sobre la comentada operación: “El grupo editorial Planeta es el nuevo socio estratégico de la Casa Editorial El Tiempo (CEET), informó la cadena Caracol Radio, que pertenece en su mayoría al grupo Prisa, principal competidor del primero en el mundo editorial. El grupo Planeta en Colombia no ha querido confirmar ni desmentir a Efe la veracidad de la información y se ha remitido a un posible comunicado de la Casa Editorial El Tiempo, que edita el principal diario nacional del país. Este grupo, además de El Tiempo, tiene otras publicaciones periódicas, la editorial Intermedio y el canal local de televisión CityTv. Sin embargo, Caracol, que felicitó a la competencia, no ha precisado si la condición de socio estratégico de Planeta en la CEET incluirá a todos los sectores del grupo. Hace unos meses El Tiempo anunció que estaba a la búsqueda de un socio estratégico y durante este período se ha mencionado con fuerza a los dos grupos españoles como interesados en esa posibilidad”.

viernes 27 de julio de 2007

summertime [ 14 ] / etiqueta negra, de lima con muy buena calidad



Hace un par de meses conocí a Julio Villanueva Chang, el fundador y ex editor de la revista limeña Etiqueta negra, que había venido a Barcelona a dar unos cursos de periodismo. Cuando le pregunté cómo habían logrado publicar en la revista a plumas como Ryszard Kapuściński, Norman Mailer, Woody Allen, Jon Lee Anderson, Paul Auster, Martin Amis, José Antonio Marina o Juan Villoro, Julio me dijo sonriendo que le parecía curioso que la gente creyera que detrás de Etiqueta negra había todo un gran aparato de producción, que su sede contaba con lujosas instalaciones y que quienes trabajaban en ella ganaban grandes cantidades de dinero.


Asombrado, le dije que era absolutamente normal que eso pasara debido al prestigio que había conseguido la revista gracias a la calidad tanto de sus contenidos como de su producción editorial.


Actualmente la página Web de Etiqueta negra está en reparación y allí se pueden descargar sus tres últimos números —46, 47 y 48—. Como anteriormente era necesario pagar para ver en línea los contenidos de la revista, me pregunto a qué obedece el cambio y si éste será transitorio o definitivo. No conozco la respuesta a estas preguntas pero me queda la dicha de poder dedicar mis ratos libres a leer tranquilamente el trabajo que está haciendo desde Lima este equipo que a pesar de las dificultades lleva varios años apostándole a sacar una publicación de tan buena calidad.

jueves 26 de julio de 2007

summertime [ 13 ] / las librerías recomiendan en sus páginas web

La página Web de una librería podría ser su mesa de novedades en línea. Al visitar las páginas Web de cinco librerías para ver qué recomiendan se puede ver claramente la naturaleza de cada una de ellas. Se trata de tres librerías independientes de Barcelona —La Central, Laie y Documenta— y de dos cadenas de grandes superficies de tipo generalista con sede en varias ciudades españolas —Fnac y Casa del libro—.


La Central



Común presencia, de René Char; Antenas. Regreso, de Adam Zagajewski; El sargento en la nieve, de Mario Rigoni Stern; El jardí dels Finzi-Contini, de Giorgio Bassani; Les aigües estretes, de Julien Gracq; Al oeste de Roma. La orgía. Mi perro idiota, de John Fante; El secret de Christine Fall, de Benjamin Black; Ravel, de Jean Echenoz; Poética del café, de Antoni Martí Monterde; y Assaigs: Llibre Segon, de Michel de Montaigne.


Laie (Pau Claris)




Cicerón, de Anthony Everytt; Raúl de Cambrai, de autores varios; Común presencia, de René Char; Guía de la tierra y el espacio, de Isaac Asimov; Els taxistes del tsar, de Joan Daniel Bezsonoff; Cyrano, de Tai - Marc Le Thanh y Rebecca Dautremer; Exilios, editado por Jordi Canal; y La decisión de Sophie, de William Styron.


Documenta



La mesilla de noche, de Edgar Telles Ribeiro; El perfeccionista a la cuina, de Julian Barnes; El secret de Christine Fall, de Benjamin Black; y Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiempos irracionales, de Philipp Blom.


Fnac




La suma de los días, de Isabel Allende; Harry Potter and the Deathly Hallows, de J. K. Rowling; El puente de los judíos, de Martí Gironell; El libro peligroso para los chicos, de Conn Iggulden y Hal Iggulden; Geronimo Stilton 28. Los mejores juegos para tus vacaciones, de Geronimo Stilton; Las crónicas del límite 1. Más allá del bosque profundo, de Chris Riddell y Paul Stewart; Unos por otros, de Philip Kerr; Asesinato en directo, de Batya Gur; La Torre Oscura I. El pistolero, de Stephen King; Crisis en tierras infinitas, de Marv Wolfman y George Pérez; Seton 1. Lobo el rey, de Jiro Taniguchi; Maus, de Art Spiegelman; Terrorista, de John Updike; Horrores cotidianos, de David Roas; Gafas de sol para días de lluvia, de Mamen Sánchez; y Carnaval, de Robert Antoni.


Casa del libro



Harry Potter and the Deathly Hallows, de J. K. Rowling; La decisión de Sophie, de William Styron; Terrorista, de John Updike; El hombre que sabía demasiado, de G. K. Chesterton; La máscara maya, de Juan Martorell; y La búsqueda del absoluto, de Honoré de Balzac.

miércoles 25 de julio de 2007

[ el ojo fisgón ] en el suplemento “culturas”, del diario la vanguardia de barcelona

En los medios de comunicación el espacio es bastante escaso y costoso. Estos tienen muchas cosas de qué ocuparse y como lo que más les interesa es la actualidad, su temporalidad suele estar marcada por la inmediatez. Es efímera.


Por eso me llena de orgullo el hecho de que hoy en el suplemento “Culturas”, del diario La Vanguardia de Barcelona, haya aparecido un breve comentario acerca de [ el ojo fisgón ] —sobre todo si quien lo escribe es Sergio Vila-Sanjuán y si mi nombre aparece al lado del de José Antonio Millán, José María Barandiarán y Subal—.


summertime [ 12 ] / los libros y la conversación


En el capítulo “Los libros y la conversación” de Los demasiados libros dice Gabriel Zaid:


‘La cultura es una conversación. Pero escribir, leer, editar, imprimir, distribuir catalogar, reseñar, pueden ser leña al fuego de esa conversación, formas de animarla. Hasta se pudiera decir que publicar un libro es ponerlo en medio de una conversación, que organizar una editorial, una librería, una biblioteca, es organizar una conversación’.


Los demasiados libros, de Gabriel Zaid. pág. 31

Anagrama

Barcelona, 1996


Cada vez que leo esta frase siento que todo ha quedado dicho y que, por lo tanto, no hay nada que añadir.

martes 24 de julio de 2007

summertime [ 11 ] / mi estudio sobre tendencias y hábitos de lectura de narrativa contemporánea cinco años después

Todo empieza en junio de 2001. Voy a graduarme de Ciencia Política y todavía me hacen falta los últimos cursos de la carrera de Literatura —obviamente los más aburridos—. Estoy hasta la coronilla de los análisis de texto que proponen mis profesoras en clase y cada trabajo que tengo que hacer es un verdadero tedio. Tengo la impresión de que por fuera de la charla de cafetería cualquier comentario acerca de un libro sobra. Disfruto como pocas cosas la lectura del texto y todo lo que pueda decirse en relación con éste me aburre y carece de interés para mí.


Se acerca el momento de definir el proyecto de mi trabajo de grado y estoy decidido a hacerlo sobre la narrativa de Truman Capote hasta que un día me doy cuenta de la insatisfacción que me produce el hecho de que la literatura contemporánea apenas se haya mencionado por los laditos en un par de cursos de la carrera que estoy por terminar —salvo por los seminarios de “Cuatro narradores norteamericanos” y de Umberto Eco rara vez se va más allá del boom latinoamericano, al que a duras penas se llega—. Justamente de esa insatisfacción y de un creciente interés por la actividad editorial surge la idea de desarrollar a manera de trabajo de grado un estudio sobre tendencias y hábitos de lectura de narrativa contemporánea que hago a partir de las respuestas a las entrevistas y a las encuestas dadas por los miembros de una población de “lectores profesionales”. Esta población la conforman tanto autores y editores de narrativa contemporánea, como profesores y estudiantes de los tres departamentos de Literatura que hay en ese momento en las universidades de Bogotá.



Como lo dije en una entrada anterior, ‘la literatura me interesa desde una doble perspectiva: por un lado, el contenido del libro y punto —es decir, lo literario—; y, por el otro, todo lo que se mueve alrededor del libro como mercancía simbólica que es puesta en circulación y que terminamos haciendo nuestra en la medida en que deja una huella en nosotros —algo bastante extraliterario—. Esta segunda fuente de interés me suscita, entre muchas otras, las siguientes preguntas: ¿Qué nos motiva a leer un libro? ¿Qué esperamos de él? ¿Cuáles son las razones por las que escogemos un libro entre todos los demás? ¿Quiénes orientan nuestra decisión de leer una cosa u otra? ¿Qué papel juega la lectura en nuestras vidas? ¿En qué momentos leemos? ¿Qué importancia tiene para nosotros comprar libros? ¿Dónde preferimos comprarlos? ¿Qué hay detrás de una biblioteca personal? ¿Qué espacios ofrecen las bibliotecas públicas y universitarias? ¿En qué medida les sacamos el jugo a la oferta que éstas hacen? ¿Cómo se conforman las tendencias del mercado editorial? ¿Quiénes y de qué manera instauran las modas literarias? ¿Cuáles son los factores que contribuyen al éxito de un libro? ¿Qué implicaciones tiene la concentración de la propiedad en el mercado editorial? ¿Cuáles son las estrategias que deben adoptar las editoriales independientes para ser viables como empresas y sobrevivir?’


Cinco años después guardo un bonito recuerdo de los quince meses que pasé haciendo este trabajo titulado Narrativa contemporánea: ¿quién y en qué condiciones la está leyendo?, con respecto al cual hoy en día tengo algunas reservas de carácter metodológico —relacionadas concretamente con el “análisis” estadístico de las encuestas aplicadas a los estudiantes—.


El listado de las personas a las que entrevisté para hacer este estudio es el siguiente:


- Ana Roda, editora de editorial Norma

- Antonio García, escritor

- Betty Osorio, profesora de Literatura de la Universidad de los Andes

- Claudia Montilla, profesora de Literatura de la Universidad de los Andes

- Esteban Hincapié, editor de Proyecto editorial

- Héctor Abad, escritor

- Hugo Chaparro, escritor

- Jorge Franco, escritor

- Julio Paredes, escritor

- Luis Carlos Henao, profesor de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana

- Luz Mary Giraldo, profesora de Literatura de la Universidad Nacional y de la Pontificia Universidad Javeriana

- María del Rosario Aguilar, profesora de Literatura de la Universidad Nacional y editora de editorial Norma

- Mario Mendoza, escritor

- Mauricio Contreras, editor de editorial Magisterio

- Nicolás Arango, editor de Arango editores

- Patricia Miranda, editora de editorial Planeta

- Patricia Simonson, profesora de Literatura de la Universidad Nacional

- Piedad Bonnett, profesora de Literatura de la Universidad de los Andes y escritora

- Pilar Reyes, editora de Alfaguara

- Ricardo Silva, escritor

- Santiago Tobón, editor de Proyecto editorial


Quien esté interesado en leer este trabajo puede descargarlo haciendo clic aquí.

lunes 23 de julio de 2007

summertime [ 10 ] / el periódico el tiempo y arturo pérez-reverte: entre el dinero de planeta y el prestigio de prisa

Colombia no es ajena al problema de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación. Sin embargo, el hecho de que El Tiempo sea el único diario de circulación nacional que hay allí es una particularidad del caso colombiano que hace aún más alarmante este fenómeno. Con el monopolio de este periódico la sociedad colombiana ha perdido en términos tanto de diversidad como de pluralismo de opiniones y puntos de vista. Sin embargo, El Tiempo mismo también ha resultado perjudicado con esta situación porque al no tener competencia ha descuidado demasiado la calidad de sus contenidos —cuya pobreza es lamentable y no cesa de crecer—.


En este momento los grupos Planeta y Prisa —que tienen una fuerte presencia en Colombia en los sectores editorial y de medios de comunicación— compiten por convertirse en el socio estratégico que comprará una parte importante del paquete accionario de El Tiempo. Un confidencial de la edición de la revista Semana que empezó a circular ayer dice:


‘Esta semana se define cuál será el socio estratégico de El Tiempo. Al cierre de esta edición la situación, iba así: la oferta de Prisa, que en un principio fue sustancialmente inferior a la de Planeta, ha acortado mucha distancia en los últimos días. Prisa no sólo ha aumentado el monto en dinero, sino que ofreció, como elemento de pago, un grupo de periódicos bolivianos cuyo valor es del orden de los 20 millones de dólares. De llegarse a un acuerdo, estos serían parte del grupo editorial de El Tiempo. Aun así, la oferta de Planeta todavía es más alta. Pero la mayoría de los socios del periódico cree que la experiencia de Prisa con el diario El País de España aporta más que la experiencia editorial de Planeta. Por ello estarían dispuestos a aceptar un precio ligeramente inferior. Sin embargo, si la diferencia no es pequeña, se irían con el mejor postor’.





Con el serio agravante de que El País es uno de los diarios más prestigiosos del mundo, El Tiempo se enfrenta al mismo dilema al que en su momento se enfrentó el escritor español Arturo Pérez-Reverte: ¿qué es mejor, el dinero de Planeta o el prestigio y la experiencia de Prisa?


En Pasando página Sergio Vila-Sanjuán cita el siguiente testimonio del mismo Pérez-Reverte:


‘Rafael Conte, muy interesado por mi trabajo, me pide que se la pase [ La tabla de Flandes ] para leerla. Un día me invita a comer a su casa, me dice que le ha gustado mucho y me pregunta: “¿quieres dinero o quieres prestigio? Porque si quieres dinero tienes que llevarla a Planeta, pero si quieres prestigio has de ir a Alfaguara”’.


Pasando página, de Sergio Vila-Sanjuán. pág. 350

Destino

Barcelona, 2003


Entre tanto me pregunto si la muerte de Jesús Polanco, presidente del grupo Prisa, retrasará la negociación del paquete accionario de El Tiempo.

domingo 22 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 35 ] / la introducción de art spiegelman a la versión en cómic de ciudad de cristal, de paul auster

Hace unos meses dije en una entrada que el cómic era uno de los temas que me gustaría explorar. Tras recibir la orientación de mi amigo Diego Patiño —quien desde hace varios años viene haciendo un trabajo interesantísimo como ilustrador— y de una bloguera de Barcelona para introducirme al mundo del cómic me animé a empezar a documentarme y hace dos semanas pasadas decidí leer Maus, de Art Spiegelman —que en 1992 se convirtió en el único cómic que ha recibido el Pulitzer Prize—.


Más adelante haré algunos comentarios sobre este cómic que me atrapó desde la primera página y que me devoré en un par de noches. Por ahora reproduzco el prólogo de Spiegelman a la versión en cómic de la novela Ciudad de cristal —la primera de La Trilogía de Nueva York—, de Paul Auster, hecha por Paul Karasik y David Mazzucchelli.


***


Todo empezó con un número equivocado...


¡Una “Novela Gráfica”! ¡Bah!


¿Cómo llamaría Peter Stillman, el chiflado buscador del Lenguaje Originario en Ciudad de cristal, a la adaptación visual de la novela que imagina en ella? ¿Un Crumblechaw? ¿Un Nincompictopoop? ¿Un Ikonologosplatt? Porque el término cómic no puede ser ya el “nombre auténtico” de un medio narrativo que entrelaza íntimamente palabras e imágenes pero que no es necesariamente cómico en su tono.


A mediados de la década de 1980, algunos bienintencionados periodistas y libreros trataron de diferenciar un puñado de libros en formato de cómic de otras obras menos ambiciosas, dando a los primeros el nombre de “novelas gráficas”. Pero aun cuando mi propio libro Maus fue responsable parcialmente de que las librerías se convirtieran en un lugar seguro para los cómics, la nueva denominación se me atragantó como una mera apuesta cosmética por la respetabilidad. Dado que las obras “gráficas” eran merecedoras de respeto y las “novelas” eran respetables también (aunque no lo hubieran sido siempre), con toda seguridad las “novelas gráficas” ¡tenían que ser respetables por partida doble!


Todo empezó con una idea destinada...


Se requirió otra década antes de que un buen número de cómics largos y ambiciosos alcanzaran el concepto de masa crítica, o, en otras palabras, hasta que suficientes obras merecedoras de atención crítica formaran en las librerías una sección en cierto modo inevitable, pero, cansado de ver mis ejemplares de Maus rodeados de libros de fantasía y manuales de juegos de rol, traté de acelerar el proceso. Y así, a principios de la década de 1990 me quejé a uno de mis editores de que, puesto que mi obra parecía destinada por la fatalidad a permanecer en el ghetto de la sección de novela gráfica, tal vez podría mejorarse su vecindario encargando a algunos novelistas serios que proporcionaran guiones para destacados artistas gráficos. Fue así como conseguí permiso para tentar a varios conocidos novelistas, entre los que se hallaban William Kennedy, John Updike y Paul Auster.


Todo empezó con algunos amigos...


Yo tenía la suerte de haberme hecho amigo de Paul Auster a finales de los años ‘80, y mis repetidas zalemas consiguieron hacerlo jugar con la posibilidad de colaborar con un dibujante. Tuvo él un vislumbre de idea: la visión de un muchacho flotando en el agua. Lo siguiente que supe de ello fue que aquel vislumbre se había convertido en su siguiente novela, Mr. Vértigo, y que él me invitaba amablemente a realizar una ilustración para la cubierta. Todos los novelistas con los que me puse en contacto se mostraban intrigados por mi propuesta, y después salían corriendo. (Updike, que en los comienzos de su carrera quiso ser dibujante de cómics, me contó que le había costado cincuenta años llegar por fin a reconciliarse con la idea de poner palabras en sus dibujos.) Pero hasta él se mostró un tanto dubitativo con mi idea, íntimamente convencido de que la expresión “más pura” de la forma del cómic exigía que el texto y los dibujos fueran realizados por la misma persona.


Fue así como languideció el proyecto, pero sólo para ser reemplazado por una idea que yo creía que era incluso mucho peor. En algún momento, Paul había sugerido que yo adaptara simplemente alguna de sus obras ya publicadas. Desdeñé la idea hasta que otro amigo, Bob Callahan, me engatusó a su vez para coeditar con él una serie de libros: adaptaciones en cómics de literatura urbana de género negro. Yo no podía imaginar quién demonios podía estar interesado en adaptar un libro en... ¡otro libro! Para poner más difíciles las cosas, el objetivo en ese caso no era crear una especie de versiones simplificadas de “Clásicos ilustrados”, sino ‘traducciones’ visuales que merecieran de hecho la atención del adulto. Ciudad de cristal era exactamente el tipo de novela que buscaba Callahan para definir la que, provisionalmente, llamaba “Neon Lit”, pero la relectura del delgado volumen de Auster descubrió que la elección parecía de inmediato asombrosamente acertada y, en consecuencia, una espléndida baza. Por sus traviesas alusiones a la novela de ficción barata, Ciudad de cristal es una obra que, en esencia, resulta sorprendentemente no visual: una compleja maraña de palabras e ideas abstractas expuestas con estilos narrativos que su autor se divierte en cambiar. (Paul me previno de que varios intentos de convertir el libro en un guión de cine habían fracasado miserablemente.)


Yo enredé a David Mazzucchelli, cuyos dibujos en el Batman: Year One de Frank Miller habían hecho gala de una gracia, una economía y una comprensión de la forma que hacían casi interesante el género del superhéroe. Los asombrosos cómics y grafismos que siguió luego publicando por su cuenta tras abandonar su línea principal en el mismísimo cenit de su popularidad, lo convertían en principio en el hombre ideal para llevar adelante el reto. Pero, tras algunos intentos, David comenzó a mostrarse desanimado: era más que capaz de contar el “relato” de la novela de Paul, pero no conseguía localizar los ritmos internos y los misterios reales que hacían que valiera la pena narrarlo. Tal vez era imposible.

Aferrándome a nuestras últimas posibilidades, visité a Paul Karasik, que había sido estudiante mío en la New York’s School of Visual Arts allá por 1981 y 1982 (precisamente, como se vio luego, en los años en que Auster estaba escribiendo Ciudad de cristal). Como profesor, yo había imaginado tareas decididamente imposibles, como la de pedir a los estudiantes que transformaran en cómics un pasaje más bien escasamente narrativo de El ruido y la furia de Faulkner. Y Karasik había demostrado reiteradamente tener talento para dar con soluciones plausibles e inteligentes.Tras explicarle nuestro apuro, recuerdo que él se jactó de ser la persona ideal para la tarea, pero hasta mucho más tarde no tuve conocimiento de su historia, que se diría sacada de Auster. Parece ser que, en 1987 (el año, resultó, en que Paul Auster y yo nos conocimos), Paul Karasik enseñaba arte en el Parker Collegiate de Brooklyn Heights. Al enterarse por entonces de que uno de sus alumnos más espabilados de once años, Daniel, era hijo del novelista Paul Auster, Karasik leyó algunos de sus libros y, por diversión, ¡desglosó en uno de sus cuadernos de bocetos unas pocas páginas de Ciudad de cristal!

Los nuevos bocetos que hizo seis o siete años después de aquel primer experimento estaban realmente inspirados. Cuando vi las páginas que recogían el memorable discurso de Peter Stillman a Quinn, me quedé boquiabierto. Era un asombroso equivalente visual de la descripción que hace Paul Auster de la voz y los movimientos de Stillman: “De un modo maquinal, espasmódico, alternando gestos lentos y rápidos, rígido y a la vez represivo, como si la operación escapara a su control, como si no correspondiera totalmente a la voluntad que había detrás”. Con su insistencia en una estricta y regular cuadrícula de paneles, Karasik localizaba el lenguaje primordial del cómic: la cuadrícula como ventana, como puerta de una prisión, como bloque urbano, como tablero; la cuadrícula como un metrónomo que mide los cambios y los arranques de la narración.

Había un problema con los bocetos: el pequeño formato final de la página de los Neon Lit no podía acomodarse a todas aquellas incesantes filas de pequeñas viñetas, sin parecer apretujada torpemente. Las escrupulosas compresiones (Paul Karasik había configurado la adaptación para que cada grupo de viñetas tuviera proporcionalmente el mismo espacio que el que correspondía al de los párrafos del texto original de Paul Auster) necesitaron ser repensadas para que las páginas pudieran “respirar” algo más. Hubo que ampliar también ocasionalmente algunas imágenes para guiar los ojos del lector en la congestionada cuadrícula. Y esto permitió fortuitamente que David se reintegrara también al equipo para la realización de nuevas condensaciones y configuraciones, por lo que pudo comprometer en la tarea sus formidables cualidades.

En cuanto a Auster, estoy convencido de que ha hecho gala de gran generosidad...

Paul Auster, consciente de las apreturas y urgencias que requieren las traducciones y adaptaciones, pasó un largo y provechoso día con Mazzucchelli, Karasik y yo estudiando el boceto y ofreciéndonos sus sugerencias. Generoso como siempre, se mostró complacido y deseoso de colaborar, pero creo que no se dio cuenta cabal de lo abrumadoras que habían sido las probabilidades de fracasar, ni de que el éxito que había obtenido su novela había dado lugar a otra obra importante. Hurgando en el corazón de la estructura del cómic, Karasik y Mazzucchelli crearon un extraño doble, un Doppleganger del libro original. Es como si Quinn, confrontado en la Grand Central Station con los dos casi idénticos Peter Stillman, eligiera seguir al trazado con tinta y pincel en lugar de al descripto en tipografía. El volumen que resultó, publicado por primera vez en 1994, superó todas mis ideas puristas acerca de la colaboración. Ofrece una de las demostraciones más ricas que se hayan dado hasta la fecha del moderno Ikonologosplatt en su forma más sutil y adaptable.

sábado 21 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 34 ] / 'las buenas y las viejas reseñas'


Una vez más encontramos un texto interesantísimo en el blog de la redacción de la revista Letras libres. En esta ocasión se trata de una reflexión acerca de las diferencias existentes entre los mundos anglosajón y de habla hispana en términos tanto de la actitud de los escritores consagrados frente a los que están en proceso de formación, como de las repercusiones de ésta sobre el status que tienen allí las reseñas y quienes las escriben.


Las buenas y viejas reseñas

Por Julio Trujillo


En entrevista reciente, John Updike contaba que siempre ha sido fiel al New Yorker, y que procura publicar ahí con la mayor frecuencia posible: algún cuento, por supuesto, y algún ensayo largo, pero sobre todo reseñas —las buenas y viejas reseñas—. Es probable que en el ámbito anglo esto no sorprenda tanto, pero sí en el de habla hispana. ¿Uno de los grandes escritores estadounidenses escribiendo reseñas, cómo? Me atengo a mi experiencia mexicana y un poco a la española: en general, allá y aquí se piensa que la reseña es un género menor. El reseñista sería el garrotero en el restaurante de la escritura. Esto no es una teoría sino una verdad científica ratificada por algunas excepciones (Savater reseña libros constantemente, por ejemplo). ¿Por qué se piensa que comentar un libro (una novedad) en dos cuartillas y media es bajar de nivel? Supondría distraerse de la obra propia, poner los ojos en el presente y actuar con cierta generosidad. Pero no, eso es morralla, calderilla para jóvenes talacheros. Qué subidón de nivel veríamos en suplementos y revistas si los escritores consagrados, y además buenos (distinción importante), no despreciaran el género de la reseña.


En la misma entrevista, Updike también afirma que procura leer, junto a sus autores predilectos, a escritores jóvenes, para mantenerse alerta y, dado el caso, también reseñarlos. Esto ya es pedir demasiado: que un gran escritor se detenga a comentar el libro de un joven. Sucede a veces en las presentaciones de libros, pero en ellas se esperan sólo unas amables palabras. Si reseñar un libro es como bajar de nivel, ¿qué significará reseñar a un joven? Interrumpirse, fatigarse, volver al parvulario… O tal vez creen, genuinamente, que no hay suficiente calidad (así, en general). En poesía, en México, esto es bastante claro: los poetas importantes no comentan críticamente a los jóvenes, aunque sea para regañarlos. Pueden incluso ser sus tutores o hasta sus amigos, pero a la hora de comprometer el gusto y el criterio en letra impresa, nanái: no hay nada, o casi nada. Esperan que tomemos la estafeta leyéndolos a ellos e incorporándonos a la tradición, lo cual me parece muy bien, pero debería haber más actividad a la inversa.

viernes 20 de julio de 2007

summertime [ 9 ] / los problemas de una mala distribución

Tal vez la distribución sea una de las instancias más críticas del negocio editorial a este tema me referí en una entrada hace un tiempo. Para garantizar la buena salud de una editorial no basta con reclutar buenos autores, ni con publicar libros excelentes ni con hacer una producción impecable. Si los libros no están en las librerías o si están allí pero no se ven, pues no se venden. En síntesis, una mala estrategia de distribución puede acabar rápidamente con una buena editorial.


Algunas experiencias que he tenido en las últimas semanas al buscar un par de libros han puesto en evidencia la manera como una falla en el sistema de distribución puede convertirse en todo un problema para el lector, para el autor y para el editor:


Caso 1: Los demasiados libros, de Gabriel Zaid


Hace seis años fotocopié y leí Los demasiados libros cuando estaba haciendo mi trabajo de grado sobre tendencias y hábitos de lectura de narrativa contemporánea. Como para una entrada que estaba escribiendo necesitaba una cita de Zaid, me pareció que ésta era una buena oportunidad para comprar el libro. Me paré de mi escritorio, caminé hasta La Central de Mallorca y la dependienta malencarada a la que le pregunté si tenían Los demasiados libros me dijo: ‘Ese libro está fuera de circulación’. Le pregunté si por casualidad lo tendrían en La Central del Raval y me dijo que tal vez si buscaba en otras librerías podría encontrarlo.


Como mi mejor forma de obsesionarme con algo es no conseguirlo, salí nervioso de la librería y subí corriendo las escaleras hasta la oficina. Tan pronto como llegué me metí a la página Web de la librería Laie y llamé a preguntar si tenían Los demasiados libros. La persona que me contestó me dijo que no lo tenían y me preguntó si quería encargarlo. Sin pensarlo dos veces le dije que sí y le pregunté cuánto tardaría el libro en llegar y cómo haría yo para saber que había llegado.


Como quería tener el libro “aquí y ahora”, a la hora del almuerzo me pegué una escapadita a Abacus con la esperanza de encontrarlo. La respuesta del tipo que estaba detrás del mostrador no podría haber sido más descorazonadora. Sin siquiera mirar en el sistema, me botó una frase lapidaria: ‘Ese libro está agotado. Las últimas cinco veces que lo hemos pedido los distribuidores nos han dicho que no lo tienen en stock’.


Ese mismo día en la tarde me fui a la Fnac y cuando con un tono escéptico en el que, sin embargo, había algo de esperanza pregunté en el punto de información si tenían Los demasiados libros, la dependienta me sacó esta perla: ‘No, no está. De hecho, no lo tenemos desde 2003. Lo siento’.


Al borde de la desesperación, en el camino hacia mi casa me desvié para ir a la librería Documenta. Con su sonrisa habitual, el que parece ser el dueño de la librería me dijo que no tenían el libro y que si quería encargarlo lo tendría en una semana o diez días.


Después de llamar cada día en la mañana y en la tarde tanto a Laie como a Documenta, ayer ambas librerías me notificaron con un par de días de retraso que el libro había llegado —anoche empecé a leerlo y ya encontré la cita de Zaid sobre los libros y la conversación que tuve que parafrasear en la entrada en la que la necesitaba—.


Caso 2: Un viaje de ida y vuelta, de varios autores [Nicanor Gómez Villegas y Antonio Lago Carballo (editores)]


La semana pasada le dije a Sergio Vila-Sanjuán que desde hace un tiempo estaba muy interesado en la influencia de los exiliados españoles de la Guerra civil en el desarrollo de la edición en América Latina. Sergio me recomendó un libro que publicó Siruela hace poco y que yo no conocía. Se trata de Un viaje de ida y vuelta.


Al día siguiente de mi cita con Sergio cuando iba para la oficina pasé por La Central de Mallorca y me dijeron que allí no lo tenían pero que en La Central del Raval sí. Una vez allí busqué Los demasiados libros en la estantería en la que están los títulos relacionados con la historia del libro pero como no lo vi por ningún lado, le pregunté al dependiente de la caja dónde podría encontrarlo. Buscó en la base de datos y me dijo que el libro estaba justo donde yo había estado buscándolo. Como soy más bien distraído y poco paciente a la hora de buscar las cosas, pensé que seguramente no había mirado con el cuidado suficiente. Entonces busqué el libro por el nombre de los editores. Como no lo encontré, luego lo busqué por el título. Y como esta vez tampoco lo encontré, revisé lomo por lomo todos y cada uno de los libros de la sección.


Frustrado, le pedí ayuda a una dependienta de pelo blanco que estaba sentada en un punto de información al lado de la sección donde debía estar el libro. Revisó la base de datos, le echó un vistazo rápido a la estantería y me dijo. ‘Pues no está’. Otra vez empecé a ponerme nervioso. ¡‘Pero si el libro está en el sistema es porque sí lo tienen!’, le respondí. Sin la menor señal de irritación, la dependienta de pelo blanco zanjó la discusión de una manera tajante: ‘Eso no quiere decir nada’.


Vale. Respiré profundo, me serené, me dije a mí mismo que no era grave si no tenía el libro “aquí y ahora”, respiré profundo una vez más y decidí que al día siguiente iría a Abacus a encargarlo. En la sección de librería especializada me tomaron los datos, me dieron una constancia de mi solicitud y me dijeron que el libro tardaría unos días en llegar y que me llamarían tan pronto como lo tuvieran.


Todo esto para decir que si los distribuidores y las librerías no cumplen su función diligentemente están tirando a la basura el trabajo de autores y editores, por lo cual de nada sirve que estos hagan el esfuerzo que representa escribir y editar libros.

jueves 19 de julio de 2007

summertime [ 8 ] / the cult of the amateur: entre el espíritu reaccionario y el populismo

Hace poco salió un libro llamado The Cult of the Amateur, de Andrew Keen, que critica de una manera bastante categórica la falta de rigor que hay en las plataformas tipo Web 2.0 que parten del principio de que los usuarios son quienes generan y emiten contenidos a los que al final puede acceder cualquier persona algo que para el autor constituye el "asesinato de nuestra cultura" y el "ataque de nuestra economía". Basta con tener un computador, algún gadget, un par de programas de edición y una conexión a Internet para abrir un blog, montar un álbum de fotos o colgar un vídeo en la red.


Supongo que la mayor parte de los generadores de contenidos de la Web 2.0 son aficionados sin mayor experticia técnica en el manejo de la escritura o de la edición de material audiovisual que simplemente quieren expresar algo y compartirlo con su pequeño círculo de amigos. Lo interesante de este asunto es que muchas veces algunas personas similares a ellos se sienten identificadas con lo que dicen esos aficionados y que con el paso del tiempo estos pueden ir desarrollando ciertas destrezas que hacen que la calidad de los contenidos que generan vaya mejorando. Es más, esas experiencias de aficionados pueden llevar al descubrimiento de vocaciones ocultas, a apostar por eso que siempre habíamos querido pero no nos habíamos atrevido a hacer o simplemente a un proceso de aprendizaje en el que cada quien aprovecha a su manera los recursos que tiene a la mano.


Se trata de una experiencia que me parece atractiva y valiosa desde donde se la mire. Lo importante es mantener una distancia crítica frente al resultado final para evitar atribuirle un valor inferior o superior al que tendría desde un punto de vista más o menos objetivo. Por otro lado, está claro que la valoración que haga un experto de un álbum de fotos o de un vídeo de un aficionado será distinta de la que haga otro aficionado. Al final muchos de estos contenidos producidos por aficionados no tienen la intención de llegar al gran público —aunque algunos vídeos caseros se hayan convertido en todo un fenómeno de masas—. Por el contrario, muchas veces son guiños íntimos entre grupos pequeños de personas que tienen afinidades ente sí —precisamente ahí está la fuerza de las redes sociales que se construyen a través de Internet—.


Sin embargo, lo anterior no significa que al cabo de un tiempo un aficionado no pueda generar contenidos que sean merecedores del reconocimiento de alguna instancia de autoridad. Porque finalmente todo el problema que plantea Andrew Keen en The Cult of the Amateur se reduce a una cuestión de autoridad.


Keen dice lo siguiente:


La Web 2.0 ‘le rinde culto al aficionado creativo: el realizador autodidacta de películas, el músico de dormitorio, el escritor no publicado. Sugiere que todo el mundo —incluso el más pobremente educado y el menos formado de nosotros— puede y debería usar los medios digitales para expresarse y realizarse. La Web 2.0 “empodera” nuestra creatividad, “democratiza” los medios, “nivela el campo de fuego” entre expertos y aficionados. El enemigo de la Web 2.0 son los medios tradicionales “elitistas”’.


No he leído todo el libro de Andrew Keen pero quiero hacerlo porque aunque en principio su planteamiento me parece bastante reaccionario y rancio, los fragmentos de The Cult of the Amateur que he podido leer hasta el momento sugieren que en él se toma una distancia crítica frente a esa idea populista de que ahora el poder es del everyman —que ya no es un consumer, sino un prosumer porque es un “proactivo”— y de que muy pronto el periodismo ciudadano llevará a los medios tradicionales “elitistas” al colapso.


El pasado miércoles 18 de abril en una entrada titulada ‘el “reportero ciudadano” y los grandes medios’ escribí lo siguiente:


‘El hecho de que hoy en día cualquier persona que tenga una cámara para tomar fotos o grabar videos y un computador con acceso a Internet esté en capacidad de producir y poner a circular contenidos que en muy poco tiempo pueden llegar a ser vistos por millones de personas no significa que los grandes medios vayan a quebrarse como consecuencia de un eventual auge de lo que se conoce como “periodismo ciudadano”, ni que un clic sea suficiente para dar el salto a la fama ni mucho menos que ahora sea facilísimo hacer lo que tanto trabajo les ha costado a Ryszard Kapuściński o a Jon Lee Anderson. Finalmente el acceso a la información de primera mano no es más que un punto de partida del cual se puede prescindir si se tiene la destreza necesaria para ganarse la confianza del público articulando relatos consistentes a partir de los cables de noticias que envían las agencias de prensa.


Lo que sí sugiere esta idea del ‘reportero ciudadano’ es que los medios tradicionales —cuya propiedad tienden a concentrar cada vez más los grandes grupos multimedia— han perdido el monopolio de la movilización de la opinión pública, sobre todo cuando se trata de temas de interés puramente local. Creo que los medios tradicionales pueden aprovechar su capacidad de acceder rápidamente a fuentes de todo tipo y de contrastar los testimonios de éstas —es decir, de procesar la información en bruto con el propósito de darle valor agregado— para seguir marcando una diferencia importante con respecto a lo que está en capacidad de producir el ciudadano de a pie. Sin embargo, para hacerlo es necesario que le apuesten al fortalecimiento de su credibilidad no sólo porque para un medio de comunicación no hay patrimonio más valioso ni fuente de prestigio más importante que ésta sino también porque cada vez tenemos más argumentos de peso para sospechar de las empresas pertenecientes a los grupos multimedia.


Si, por el contrario, continúan incurriendo en los mismos errores que los han llevado a perder su credibilidad, en el mediano y en el largo plazo los medios tradicionales corren el riesgo de ver cómo las fuentes independientes siguen ganándoles terreno en términos de capacidad de movilización de la opinión pública —sobre todo en el ámbito tanto de lo local como de la discusión especializada en torno a temas específicos—‘.


Cuando hablo de los errores que han llevado a los medios a perder su credibilidad pienso, por ejemplo, en el escándalo protagonizado en 2003 por The New York Times cuando se descubrió que una buena parte de los conmovedores y aplaudidos reportajes del periodista afroamericano Jayson Blair partían de información que éste inventaba para ganarse la admiración de sus colegas y de la opinión pública.


Si Andrew Keen está tan preocupado por el “asesinato” de “nuestra cultura”, tal vez ya sea un poco tarde para poner el grito en el cielo porque desde hace mucho tiempo “vemos” cómo ésta viene siendo víctima de la ineptitud y el despotismo de los grandes conglomerados económicos. Al fin y al cabo la Web 2.0 sigue siendo un fenómeno minoritario.

miércoles 18 de julio de 2007

summertime [ 7 ] / para cerrar por ahora el tema de la homogeneización de la oferta, se trata de que como lectores tengamos de dónde y cómo escoger



Por lo menos temporalmente quisiera cerrar el tema de la homogeneización de la oferta editorial al que últimamente le he dedicado varias entradas — el martes 3, el viernes 6 y el jueves 12 de julio—. Para empezar, quisiera decir que estoy convencido de que es importante que cada quien lea lo que se le antoje según sus necesidades y expectativas y que en cierto sentido un buen libro es aquel que deja satisfecho a quien lo lee. Y digo “en cierto sentido” porque también estoy convencido de que hay tipos de literatura más elaborados que otros. Pero ese es otro asunto.


Creo que la homogeneización de la oferta mediante la publicación de obras que obedecen a fórmulas que han tenido cierto éxito comercial es una consecuencia directa de la concentración de la propiedad de la industria editorial. Siempre he sido un defensor de la idea liberal de que cada quien debe arreglárselas como bien pueda para decidir qué libros lee porque al fin y al cabo hay muchísima información disponible sobre lo que se publica —¿no se supone acaso que uno de los fundamentos del libre mercado es que todos tenemos acceso a la información para decidir qué consumimos?—. Sin embargo, desde hace un tiempo he empezado a cambiar de opinión porque con la creciente tendencia hacia la creación de grandes grupos multimedia cada vez es más difícil que lo que las editoriales independientes publican tenga visibilidad y que a largo plazo los autores que han alcanzado el éxito tras ser descubiertos por éstas se queden con ellas.



Al fin y al cabo, ¿cuáles autores tienen más probabilidad de que sus libros sean comentados y de que reciban buenas críticas en las páginas culturales de los periódicos y las revistas que pertenecen a los grandes grupos multimedia? ¿A cuáles autores se les asignan columnas de opinión en dichos periódicos y revistas? ¿Cuáles suelen ser los primeros autores entrevistados en las cadenas de radio y televisión de las que son dueños los grandes grupos multimedia? ¿Cuáles editoriales pueden pagar más dinero para que sus libros estén mejor ubicados en las grandes librerías —algunas de las cuales son propiedad de los grandes grupos multimedia—? ¿Cuáles son los autores que tienen más probabilidad de que una productora perteneciente a un gran grupo multimedia les proponga hacer una adaptación cinematográfica de una de sus novelas? Así las cosas, ¿a qué tipo de información sobre lo que se publica accede una persona del común que tiene ganas de leerse un libro durante sus ratos libres?


No estoy diciendo que los periódicos, las revistas y las cadenas de radio o televisión sean los órganos de propaganda de los sellos editoriales que pertenecen al mismo grupo suyo. Sin embargo, hay evidencias de que en los medios las obras publicadas por sellos “de la casa” reciben un mejor trato en términos de visibilidad y de favorabilidad que las que publican otras editoriales —incluso medios del prestigio de El País han estado en el ojo del huracán tras ser acusados de haber sido complacientes con los libros publicados por editoriales como Alfaguara, Taurus o Aguilar—.



En síntesis, creo que si se sigue consolidando la tendencia a que una parte importante de la oferta editorial provenga de un número tan limitado de grupos cada vez será más difícil que ésta sea diversa y plural. No se trata de que todo el mundo lea El Código Da Vinci y La sombra del viento, como sucede actualmente. Ni de que a partir de ahora sólo sea bien visto leer Antígona, Tristram Shandy, La montaña mágica, El proceso, La peste, El ruido y la furia, El libro de arena y Conversación en la catedral.


Se trata simplemente de que como lectores tengamos de dónde y cómo escoger.

martes 17 de julio de 2007

summertime [ 6 ] / cifras sobre la harrymanía: 'harry potter, the $15 billion man'

Siguiendo con el tema del negocio en el que se ha convertido la harrymanía, reproduzco las siguientes cifras que publicó ayer Advertising Age sobre los beneficios que ha generado Harry Potter por concepto de ventas de libros, de taquilla en salas de cine, de ventas y alquileres de las versiones de las películas en DVD, de publicidad y de merchandising.


Harry Potter, the $15 Billion Man

Books, Movies, Even a Theme Park: The Boy Wizard's Greatest Trick Is Generating Sales

By Beth Snyder Bulik


Published: July 16, 2007


Publishers, movie studios, video-rental retailers, toy companies and snack-food marketers are in Hogwarts heaven. With the last book, Harry Potter and the Deathly Hallows, unveiled this week on the heels of the release of the fifth film in the series, Harry Potter and the Order of the Phoenix, we wondered: Just how much is brand Harry worth?


We totted up broad estimates of everything from book, box-office and soundtrack sales to ad time sold on TV airings of Potter films and even potential revenue from an upcoming theme park, and —using Ad Age's magical math— calculated the Potter economy in excess of $15 billion. That would put Harry in the same neighborhood as Michael Dell on Forbes' "World's Billionaires" list. He's twice as rich as Google's Eric Schmidt and three times wealthier than Sears' Eddie Lampert. (According to the list, "Potter" author J.K. Rowling is worth $1 billion.)


With Potter hotter than the wilting weather in most of the country last week, Nielsen Co. scoured its collection of measurement companies to come up with salient stats on Potter paraphernalia. We used much of the company's data as a starting point but also tossed into the cauldron myriad other sources and a few estimates of our own.


ADVERTISING:

$390 MILLION


Potter books and products —from DVDs and books on tape to video games and toys such as potions and wizard wands— have tallied an advertising tab of almost $270 million since 1998, according to Nielsen. Nearly $120 million more has been spent outside the U.S. in Canada, Germany, Italy, the Netherlands, Norway, South Africa, Switzerland and the U.K. (The grand total is about as much as Apple or Burger King spent in the U.S. last year; Apple laid out $384 million in 2006, followed by Burger King at just under $390 million, according to Advertising Age data.) Notably, the books mostly sell themselves: Only $2.8 million of the total went to promote Potter titles.


DVD SALES:

$1 BILLION-PLUS


This is a tough one to estimate, as there's no definitive source on DVD sales. Nielsen won't divulge its sales figures (which don't include Wal-Mart) but said the first three Potter DVDs and videos released —one each in 2003, 2004, and 2005— made their debuts as the No. 1-selling family titles and remained there for at least three weeks. The fourth, Goblet of Fire, was released last year and sold more than 5 million DVDs on its first day and 9 million its first week, according to Warner Home Video. Assuming a quite-conservative 20 million sales per title at $15 each, sales exceed $1 billion.


PACKAGE-GOODS LICENSING:

$11.8 MILLION


Some $11.8 million in Ice Mice, Jelly Slugs, Cockroach Clusters, Bertie Bott's Every Flavor Beans (including earwax) and Fizzing Whizbees have sold since 2002. Sales of Potter-themed candy, cookies and gum products, according to A.C. Nielsen, tend to peak during the weeks in which movies or books launch. Ogres, however, satiate sweet teeth better than wizards: Ogre-sized M&Ms and other Shrek M&M products spurred more than $21 million in sales.


MUSIC:

$13 MILLION-PLUS


The four soundtracks from the Potter movies have sold a total of 1.2 million copies in the U.S. and Canada, according to Nielsen SoundScan. The first two Potter soundtracks, and particularly the first, remain the gold standard in both critical acclaim and sales, fueled by über-film-composer John Williams, who also did the music for Star Wars, E.T. and Close Encounters of the Third Kind, among others. The Sorcerer's Stone album accounts for more than half of all sales, with 619,000 copies sold. Mr. Williams left the franchise in 2004. There have been 180,000 digital downloads of songs from the four Harry Potter soundtracks since 2003, according to Nielsen SoundScan.


BOOKS:

$9 BILLION


More than 325 million copies of Harry Potter books have been sold worldwide, an estimated one-third of those in the U.S. Potter publisher Scholastic has readied 12 million copies of the seventh installment (Harry represents 9% of Scholastic sales every year in which one of his books is published). The previous book, Harry Potter and the Half-Blood Prince, released in 2005, sold more than 65 million copies worldwide, an average of 32.5 million per year. The Bible, the best-selling tome of all time, is estimated to have sold more than 6 trillion copies from 1816 to 1992 —or an average of 34 million per year—.


MOVIES:

$4.4 BILLION


Total movie-ticket sales for the first four films topped $3.5 billion. The fifth, Warner Bros.' Order of the Phoenix, is expected to draw $100 million in its first week, and the studio is counting on close to $900 million total sales for the flick. The Lord of the Rings trio of movies took in almost $3 billion in total box office, averaging slightly higher per-movie returns than the Potter quartet so far. However, neither compares to the biggest box-office blockbuster, Titanic, which took in $1.85 billion in worldwide ticket sales, according to Nielsen EDI.


THEME PARKS:

$86 MILLION (PROJECTED)


The Wizarding World of Harry Potter was announced in May and is set to be built at Universal Orlando, opening in late 2009. Described by Universal and Warner Bros. as "a theme park within a theme park," the world will include rides, immersive attractions, shops and restaurants. A one-day, all-access ticket at Universal Orlando to visit both Universal Studios and Islands of Adventure is $77. Combined attendance at both parks was 11.2 million in 2006. If another one-tenth of the annual visitors are drawn by the Harry Potter attraction, it could tally another $86 million in ticket sales for Universal Orlando.


HOME VIDEO RENTALS:

$86 MILLION


Harry's Goblet of Fire has been the best-selling home rental so far, making some $24.3 million in its 10 weeks on the top-10 list, according to film site Rotten Tomatoes. The first, second and third films garnered $15.6 million, $10.1 million and $4 million each when they were in the top 10. The site also estimates that after dropping off the top-10 list, films go on to reap another 60% more in rental sales.


TV TIME:

$248 MILLION TO $495 MILLION


Harry Potter movies have been shown more than 366 times since 2002 on ABC, Disney, ABC Family, HBO and Cinemax. That's an average of six times a month. Two Potter movies shown on Disney Channel this year averaged more than 2.8 million viewers each. And the original wins again: The May 9, 2004, showing of Sorcerer's Stone drew more than 11 million viewers. The premiere of Disney's teen megahit "High School Musical" attracted 7.7 million. (AA math: $50,000 to $100,000 per 30-second spot, with an average of 15 minutes per hour of commercials in a three-hour movie shown 55 times —minus the HBO and Cinemax showings, which had no ads— equals $247.5 million to $495 million in ad revenue.)


OTHER NOTABLE NUMBERS:


In May alone, almost half a million visitors went to the official Warner Bros. Order of the Phoenix movie website, according to Nielsen, with average visits lasting more than seven minutes. Popular fan sites such as MuggleNet.com boast more than 1 million visits a day. Only one book, Dan Brown's DaVinci Code (8.5 million copies), has outsold a single Potter title since 2001, according to Nielsen BookScan. A recent Nielsen Cinema survey shows that 28% of people over age 12 in the U.S. have read one or more of the books —and 15% have devoured all six—. As of July 12, Amazon showed 1. 18 million preorders for Deathly Hollows.

lunes 16 de julio de 2007

entrevista a alix de roten, elzine aristide y vanessa knorst, de iosphera / "hacemos lo que nos gusta con espíritu de red"


Iosphera es un pequeño estudio de diseño y comunicaciones orientado a temas humanitarios, sociales y de respeto del planeta que desde Barcelona trabaja con una red tanto de clientes como de colaboradores que se encuentran sobre todo en América Latina y Europa. Alix de Roten, Elzine Aristide y Vanessa Knorst nos hablaron acerca del trabajo que han hecho hasta ahora, de lo que éste significa para ellas, de la importancia que tienen para Iosphera la dinámica de red y la diversidad, de nuevas líneas de acción que les gustaría incorporar a su trabajo, de los proyectos que tienen en curso y de sus expectativas a futuro.


Martín Gómez: ¿Cómo definirían ustedes Iosphera?


Alix de Roten: Somos un estudio que intenta trabajar en red con un grupo de gente según los proyectos que nos llegan con el propósito de tener las competencias necesarias para poder desarrollar dichos proyectos, que en general son de comunicación y muchas veces de sensibilización. Sobre todo porque se trata más bien de proyectos para ONG’s y fundaciones. Hasta ahora hemos trabajado sobre todo con la Cruz Roja catalana, con Greenpeace en Suiza y con la Fundación Josep Carreras que apoya la lucha contra la leucemia. Siempre hemos trabajado con organizaciones que tienen mensajes que nos interesa transmitir.


Elzine Aristide: Básicamente nos gusta lo que hacemos y para quién lo hacemos. Ese es nuestro punto de partida. No decimos ‘somos un estudio de diseño’ sino que todo lo que diseñamos va en la dirección de nuestros intereses y de lo que nos gusta hacer. Nos gusta este tipo de clientes. Y bueno, como decía Alix, tenemos un espíritu de red. Claro, somos un equipo pequeño pero en realidad tangencialmente cada proyecto involucra gente de muchas maneras y en muchos momentos. Entonces se trata de construir esa red para poder llevar a cabo la idea inicial que tuvimos.


A.d.R.: Buscamos las competencias según lo que hay que hacer. Por ejemplo, ahora tuvimos una campaña para la Cruz Roja que consistía en una exposición itinerante en la que había instalaciones interactivas, una página Web y un documental. Entonces alrededor de todo esto se va sumando gente con perfiles complementarios: un carpintero, un programador, un cámara y un ilustrador de Brasil que nos hizo unas ilustraciones súper bonitas. En la medida de lo posible nos gusta trabajar con gente de otros lugares. Los programadores con quienes trabajamos están en Colombia y Uruguay. El ilustrador está en Brasil. Hasta ahora ha sido sobre todo en América Latina porque allí tenemos más conexiones. Nos gusta vincular en la red a gente de otras regiones del mundo porque somos conscientes de lo que pueden aportar.


M.G.: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Iosphera?


A.d.R.: Yo vengo de otro ámbito. Estudié Relaciones Internacionales en Suiza y después trabajé para el Comité Internacional de la Cruz Roja. Durante varios años fui delegada del Comité en Colombia y Guatemala. Después llegué a Barcelona a hacer un curso de vídeo y luego intenté hacer cosas en este campo a partir de los temas que más me llamaban la atención de mi trabajo en la Cruz Roja para unir ambas cosas: el trabajo humanitario que hacía antes y el de transmitir. Quizás después de tantos años de ver tantas cosas también me dieron ganas de mostrar. Y a partir de ahí nos pusimos a montar este proyecto con Jaime Luna, que es arquitecto y diseñador. Así pudimos complementar el vídeo por mi lado y el diseño tanto gráfico como de espacios por el suyo. Luego se fue añadiendo más gente al proyecto. Por eso nuestro primer cliente fue la Cruz Roja. Empezamos a hacerles propuestas para sus distintas campañas. El primer trabajo lo hicimos en 2004 y fue un vídeo para una campaña sobre minas antipersonales. Luego siguieron pidiéndonos cosas porque les gustó mucho el vídeo.


Y bueno, la gente que se ha unido al equipo tiene el mismo interés en temas humanitarios, de medio ambiente y sociales.


M.G.: ¿Cuáles son las motivaciones que condujeron a la creación de Iosphera?


A.d.R.: Yo creo que ese trabajo con el Comité Internacional de la Cruz Roja es muy humano. Se trata de estar un poco en el medio de los problemas, de estar en zonas de conflicto y de ver lo que le pasa allí a la población civil. Entonces estás en medio de cosas que seguramente nunca vas a poder contar a nadie o que si las cuentas nadie se dará cuenta de lo que hay detrás de esos otros tipos de realidades. Entonces te llenas de un montón de cosas que de alguna manera te gustaría transmitir y compartir hasta donde sea posible porque no todo puede transmitirse.


Yo no quería seguir trabajando todo el tiempo en lo que estaba porque era muy pesado emocionalmente y llega un momento en el que quizás es mejor hacer otra cosa en lugar de volverse un cínico cerrado al que ya no le afecta nada. Y me parecía interesante que esa otra cosa fuera mostrar esas otras realidades que me parece que vale la pena dar a conocer.


M.G.: ¿De dónde surge la idea de centrar el trabajo de Iosphera en temas humanitarios, sociales y de respeto del planeta?


A.d.R.: Desde un principio la idea fue ésta y por suerte hasta ahora hemos podido seguir con ella. Tampoco es muy fácil porque económicamente se trata de proyectos de muy pocos recursos, que no es lo mismo que trabajar para empresas del sector privado. La idea era seguir con ese tipo de proyectos y hasta el momento hemos conseguido trabajar en el campo que nos interesa. Para otras cosas hay otra gente. Tal vez nuestro punto fuerte es que hemos ido encontrando un tono, un conocimiento sobre ciertos temas y una manera de decir las cosas que a la gente le ha gustado y que no es fácil de encontrar en las agencias de comunicación o de publicidad porque seguramente éstas tratarán estos mismos temas con otra sensibilidad.


Por eso la idea es estar donde tenemos un poco más de valor añadido, que lo vamos acumulando al realizar estos proyectos y que nos permite ser más interesantes para ese tipo de organismos en el momento de buscar a alguien que les produzca materiales y campañas. Ojalá podamos mantenerlo siempre.


E.A.: A veces cuesta. Siempre tenemos el debate cuando aparece un cliente de otro tipo y tiene cara de tener dinero pero igual nos da pereza porque no es eso lo que queremos hacer. Entonces pues no lo hacemos porque estamos apostándole a que esto es lo que nos gusta y a hacerlo así. Apostamos a que en un momento dado habrá mejores presupuestos y más proyectos. Estamos dándole la oportunidad a hacer lo que nos gusta como nos gusta.


Vanessa Knorst: No queremos ganar mucho dinero con esto. Queremos movernos haciendo algo que nos gusta. No pensamos cosas como ‘el estudio va a crecer y todo será genial’. La idea es seguir siendo pequeños y hacer proyectos que sean pensados bajo nuestros criterios.


A.d.R.: Queremos encontrar una manera de funcionamiento que no suponga crecer mucho o tener más gastos. Por eso intentamos trabajar en red, como un equipo de gente que empieza el proyecto y con personas que luego se van sumando a éste. Cuesta pero mientras más pasa el tiempo funciona mejor. La primera vez que vas a trabajar con alguien no sabes si va a funcionar pero con el tiempo vas construyendo un equipo. Por ejemplo, en nuestro último proyecto quedamos súper contentos con el equipo de trabajo. Trabajamos con un chico que hizo unas piezas de madera muy bonitas y con este ilustrador de Brasil que cuando nos envió las ilustraciones había hecho exactamente lo que queríamos. Fue increíble. Le habíamos explicado todo en tres palabras y lo interpretó adecuadamente.


La red va creciendo y si estos chicos no están ocupados seguramente trabajaremos con ellos en otros proyectos. Ya podemos contar con más gente.


M.G.: ¿Cuáles son los escenarios tanto temáticos como geográficos en los que ha actuado Iosphera hasta el momento y en cuáles otros le gustaría intervenir?


A.d.R.: Temas culturales, por supuesto. Hemos hecho un proyecto con una orquesta de salsa llamada La Sucursal, que cuando empezaron les hicimos un CD-ROM con una presentación. Era todo un proyecto que queríamos desarrollar alrededor de ellos pero era sólo una iniciativa nuestra en la que no ganábamos nada. Nos interesan mucho los temas que vayan en la misma dirección de aportar algo al desarrollo tanto aquí como en otros países, de mejorar las condiciones de los seres humanos o de limitar daños ambientales. Cualquier cosa que vaya en esta misma línea. Creo mucho en pequeños proyectos como el que hicimos en Ecuador a partir de la experiencia de pequeños municipios, que transforman completamente la manera de vivir de la gente. Es alucinante. También nos interesan cosas que se hagan a nivel mundial. No sé, decisiones en el campo tecnológico o de carácter político que puedan repercutir sobre el medio ambiente.


Lo ideal sería establecer un enlace entre estas temáticas, la manera de transmitirlas y artistas. Nos gustaría establecer vínculos con el arte de manera que en lugar de que una campaña de una organización la diseñe cualquier agencia, el mensaje de ésta lo constituyan piezas producidas por artistas —que son personas que también tienen mucho que decir—. Eso sería genial. Darles a los artistas la oportunidad de transmitir esas ideas.


M.G.: ¿En qué medida el hecho de tener un equipo conformado por personas proveniente de horizontes y formaciones tan distintos ha enriquecido el trabajo de Iosphera?



E.A.: Creo que el hecho de viajar siempre hace que las perspectivas se amplíen. Y las maneras de decir, de oír y de comunicarse con los otros se van multiplicando. En esa medida uno va creciendo no solamente compartiendo con uno mismo sus vivencias, sino también gracias al encuentro con personajes de otros lados que caminan en su misma dirección pero que han visto las cosas de otras formas. Esto enriquece un montón. Por eso es simpático el planteamiento de la red y por eso llegamos a reflexiones del tipo: ‘bueno, aparte de nosotros cuatro, ¿cómo ve este proyecto un brasilero que no conoce el lugar puntual donde éste se desarrolla? ¿Cómo se imagina y cómo reinterpreta una cosa a partir de unas fotos?’. Lo reinterpreta a su manera pero hace un aporte inmenso. La idea es esa con cualquier proyecto que salga de manera que cualquier persona que se pegue, por dondequiera que lo haga, traiga un aporte y su visión para hacer crecer el proyecto porque esto nos genera más preguntas, más respuestas y más ganas de probar otras cosas.


A.d.R.: Sí, tener en cuenta diferentes puntos de vista. Y de todas maneras creo que las mezclas son las que hacen nacer cosas nuevas. Si todo lo que se hace en diseño en Barcelona fuera hecho por gente de Barcelona, pues… Ya vemos fácilmente las tendencias y las cosas que se repiten, que son todas iguales. Están las modas, que son globales. Están tanto aquí como en Bogota o en Säo Paulo. Pero hay mucho más.


V.K.: Nuestro objetivo es común así que tú sacas tus referentes y entre todos crecemos. La mezcla es muy constructiva. Yo vengo de un país totalmente mezclado y la mezcla ya casi que ni se siente.


M.G.: ¿Cómo es el proceso de concepción y producción de las piezas de las campañas y exposiciones?


E.A.: Cuando llega un nuevo proyecto primero nos preguntamos qué vamos a hacer, luego nos ponemos a botar ideas y después nos inventamos algo que al final, cuando miramos atrás, decimos: ‘¡esto es lo que queríamos hacer al principio!’. Claro, nunca terminamos haciendo lo que queríamos hacer al principio porque el presupuesto suele reducirse en el camino. Nosotros nos sentamos, hablamos, proponemos y empezamos a armar una idea.


A.d.R.: Algunos clientes nos pasan un briefing pero hay otros con los que ya hemos trabajado que nos tienen una confianza enorme. Claro que normalmente trabajamos los contenidos con ellos. En los últimos proyectos trabajamos mucho con el cliente para ciertas cosas como textos y contenidos. Algunas veces hacemos mucho más de lo que deberíamos hacer por lo que nos pagan.


V.K.: Algunas veces cuando el cliente nos pasa los contenidos resulta que estos no comunican mucho y que el lenguaje es muy técnico, por lo cual trabajamos mucho en buscar la manera de transmitir el mensaje.


A.d.R.: Algo que sólo hemos podido hacer una vez porque tuvimos un buen presupuesto es contar con un copy para que redacte. Muchas veces por cuestiones de presupuesto no podemos hacer todo como quisiéramos. Hasta ahora el proceso de creación ha sido el resultado de discusiones entre las tres y luego cada una va realizando una parte del trabajo. Pero siempre solucionando las cosas conjuntamente. A futuro intentaremos cambiar un poco para que el trabajo de cada cual sea un poco más específico con el propósito de tener siempre la posibilidad de recurrir a alguien que sea bueno para tal cosa en lugar de querer solucionarlo todo internamente porque lo que nosotros hacemos en una hora seguramente un especialista lo haría mejor en dos minutos. Creo que fortaleciendo la red podemos conseguir definir mejor el trabajo de cada uno. La consolidación de la red permitiría hacerlo sin convertirnos en una gran empresa.


M.G.: ¿Cómo se definen los soportes que se van a utilizar en una campaña o en una exposición?


E.A.: Lo primero es la idea. Siempre tenemos una idea de base y luego empezamos a desarrollar más puntualmente cada parte del proyecto. Entonces en ese momento definimos detalles sobre lo que vamos a hacer y pensamos cómo vamos a hacerlo para que todo quede resuelto.


A.d.R.: Muchas veces tenemos que desarrollarlo todo a la par porque el contenido de la idea que queremos transmitir va al lado de la forma, que seguramente cambiará a lo largo del proceso. Intentamos definir primero el mensaje que queremos transmitir y luego el cómo en grandes líneas. Es entonces cuando definimos si queremos material para leer, algo más audiovisual o piezas con interactividad. Hacia el final normalmente aparece gente que aporta el trabajo más técnico de la fase de producción.


M.G.: ¿Cuál sería el balance de la experiencia de Iosphera hasta ahora?


E.A.: Ha sido una experiencia más que positiva porque nos demuestra que sí se puede trabajar enfocándose en un punto específico, ¿no? Y ayuda a creer más en lo que uno estudió y en lo que uno hace cada día. También nos ha demostrado que se pueden sobrepasar los límites de lo que normalmente se pide y que es posible proponer cosas que vayan un poco más allá. También ha sido positiva en términos de la capacidad de trabajo en equipo, que es fundamental en estos proyectos que son largos y tienen picos de intensidad.


A.d.R.: La verdad es que nos ha ido bastante bien aunque a veces las condiciones no han sido tan fáciles.


E.A.: Para mí particularmente ha sido muy enriquecedor que se pueda hacer un proyecto en un tema interesante y meterle los elementos que más nos interesan a cada uno de los miembros del equipo, conservando siempre la coherencia. Esto nos permite jugar, aprender, ser inventivos y pasarla bien haciendo nuestro trabajo. En cada proyecto aprendo una cantidad de cosas que me cambian la manera de pensar la carrera que estudié porque estar acá no es lo mismo que estar las mismas horas en otro tipo de estudios o de proyectos en los que he estado antes. La satisfacción al final no queda en la cuenta bancaria pero es un trabajo que dan ganas de mostrar y de comentar con la gente. Para mí es muy satisfactorio pasarme las horas haciendo cosas que en realidad me gustan.


A.d.R.: El aprendizaje es súper importante. Por ejemplo, en la campaña sobre la recuperación de la medicina tradicional indígena en Ecuador aprendimos que hay muchas iniciativas de este tipo en América Latina, que las comunidades más apartadas no tienen la cobertura sanitaria suficiente debido tanto a las diferencias culturales como a la lejanía y que al mismo tiempo éstas van perdiendo parte del conocimiento ancestral sobre las plantas. La investigación sobre todos estos temas nos ha parecido súper interesante. También hay un aprendizaje empresarial, que ha sido el más difícil de todos pero que es necesario.


Por otro lado, cuando miramos hacia atrás tenemos esa sensación de que nos gusta todo lo que hemos hecho. Entonces es satisfactorio hacer una pausa y darte cuenta de esto aunque siempre haya muchas cosas que podrían ser mucho mejores.


V.K.: En cualquier tema es fundamental conseguir poner tu discurso al nivel del público en vez de obligarlo a hacer un sobreesfuerzo para que llegue a la información. Esto es bastante difícil cuando el contenido es muy técnico y va dirigido a un público general pero es necesario hacerlo porque la información que estás transmitiendo es muy importante.


M.G.: ¿Podrían contarnos algo con respecto a los proyectos que Iosphera está desarrollando en este momento?


E.A.: Estamos trabajando en un proyecto sobre los objetivos del Milenio de la ONU, que es una iniciativa a nivel educativo más que informativo. La idea es distribuir el material en los colegios a través de los profesores. Desde hace un tiempo circula muchísima información sobre los objetivos del Milenio y sobre cómo no se cumplen según va pasando el tiempo. Creemos que desde la perspectiva que pueden tener los profesores o los estudiantes de un colegio esto no es modificable ni en el corto ni el mediano plazo. Por eso quisimos hacer un planteamiento en el que pudiéramos acercar esos objetivos a las personas para que éstas no sigan creyendo que los cambios tienen que venir de un organismo internacional que está obligado a hacer una serie de cosas para solucionar los problemas de aquí al 2015 y que todo va mal porque no lo está haciendo. Nuestra propuesta consiste en pensar qué podemos hacer desde nuestra cotidianidad para ir modificando esto.


Estamos haciendo un CD-ROM en el que mostramos imágenes de cosas que pasan acá todos los días para suscitar una reflexión acerca de lo que significa lo que está sucediendo. La idea es poner a los niños a pensar en la razón de muchas de esas pequeñas cosas que encuentran en el recorrido de su casa al colegio.


A.d.R.: Sí, la idea es proponer una reflexión que permita aterrizar esos objetivos en valores que el profesor pueda transmitir a los niños para que estos puedan cambiar algo en su entorno inmediato.


domingo 15 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 33 ] / el best seller de calidad

Sergio Vila-Sanjuán hace en Pasando página una agudísima anotación que matiza la idea de que ‘best seller = basura’, que muchas veces hemos asumido como cierta sin siquiera tomarnos el trabajo de buscar argumentos que le sirvan de sustento y que, pensándolo bien, resuelve de una manera bastante simplista la cuestión ‘literatura de calidad vs. literatura comercial’.


Dice Vila-Sanjuán que:

‘Hay un término que define muy bien la mayor obsesión editorial de los años 80 en España. Es: “best seller de calidad”. Libros —novelas, preferentemente extranjeras— que se vendieran bien, muy bien, pero que no avergonzaran a sus editores. Que conjugaran prestigio y beneficio, una bicoca. La salvación para quienes los obtuvieron’.

Pasando página, de Sergio Vila-Sanjuán. pág. 109

Destino

Barcelona, 2003


El nombre de la rosa, El amante, e incluso los libros de Milan Kundera son los primeros casos que se registran en España de títulos de buena calidad que tienen un excelente rendimiento en ventas.



Me pregunto cuáles serían otros casos más recientes de best sellers de calidad y lo primero que se me viene a la cabeza son las novelas de Paul Auster y José Saramago. Aunque los nuevos libros y los relanzamientos de otras figuras consagradísimas como García Márquez, Vargas Llosa y Günter Grass tienen buenas ventas, no sé si las cifras darían pie para meterlos en esta categoría. Por otro lado, es interesante ver cómo en algunas ocasiones el Premio Nobel contribuye a disparar las ventas de un autor mientras que en otras no. Supongo que esto depende del tipo de libros que escribe el autor y del interés que susciten los temas que aborda en estos. Esta consideración explicaría por qué figuras que tienen buenas ventas como Saramago, Coetzee u Orhan Pamuk se consolidan como best sellers y otras como Harold Pinter, Gao Xingjian, Darío Fo o Seamus Heaney no.


Una última pregunta: ¿será que fenómenos más recientes como Haruki Murakami y Henning Mankell podrían catalogarse como best sellers de calidad?

sábado 14 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 32 ] / 'houellebecq y la clonación del mercado'

Aprovecho la fiesta de la Revolución francesa para reproducir un artículo del suplemento Radar, del diario Página/12 acerca de la intriga generada durante el verano de 2005 en el mundo editorial francés alrededor de la publicación de La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq. Cada cosa que hace o dice el autor, que funciona perfectamente como una marca, genera revuelo y en este caso la polémica empezó cuando éste dejó a su editor de toda la vida para irse con Fayard, un sello perteneciente al grupo Hachette. Luego vino todo el misterio en torno a los adelantos del manuscrito, alimentado por la decisión de la editorial de enviárselos solamente a un selecto grupo de periodistas afines a Hachette y al autor. Como si lo anterior no fuera suficiente, por orden expresa del grupo en los días previos al lanzamiento de su nueva novela Houellebecq dio poquísimas entrevistas a medios de comunicación. Algunas editoriales aprovecharon la coyuntura para sacarle su tajada a la polémica, publicando escandalosos libros sobre el autor —entre ellos una biografía no autorizada—. Entre tanto empezó a darse por sentado que La posibilidad de una isla sería la obra galardonada con el Prix Goncourt. Finalmente, el 31 de agosto salió el libro y publicaciones como Les Inrockuptibles y Lire sacaron números especiales dedicados al enfant terrible de la literatura francesa.


Pero la polémica no terminó ahí porque La posibilidad de una isla no ganó el Goncourt y tampoco fue elegido el libro del año. De hecho, la novela no fue muy bien recibida por la crítica. El resultado final de la intriga orquestada por la editorial y amplificada por los medios fue desastroso porque la novela no satisfizo las expectativas. La llamada “República de las letras” experimentaba por primera vez en carne propia la subordinación definitiva de lo literario a las leyes de marketing y del espectáculo.


En su libro Au secours, Houellebecq revient ! (¡Socorro, Houellebecq vuelve!) el editor Eric Naulleau sugiere que ‘asistimos en estos últimos tiempos a una evacuación progresiva de la literatura del campo literario’ y que ésta está ligada a una confusión creciente entre la literatura y la farándula.


polemicas > el lanzamiento del nuevo houellebecq

Houellebecq y la clonación del mercado

A fin de mes sale La posibilidad de una isla, la nueva novela (futurista y protagonizada por clones) del escritor francés Michel Houellebecq, y su lanzamiento se ha convertido en la mayor operación de mercado de la tan seria industria editorial francesa: reuniones conspicuas, bandos enfrentados, panfletos de denuncia, críticos discriminados, manipulaciones mediáticas, biografías no autorizadas y hasta supuestas conexiones con la secta clonaria de Raël. Radar reconstruye el campo de batalla en que se ha convertido el asunto.

Por Eduardo Febbro

desde París


El idioma francés consta de dos preciosas palabras para definir un ardid, un montaje sobredimensionado. La primera es una onomatopeya, “bluff”; la segunda tiene ramificaciones más evidentes: “mystification”, es decir, inflar con contenidos falsos un hecho. Ambas palabras no bastarían para resumir el extraordinario operativo comercial que precede y rodea la publicación de la última novela del escritor francés Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla. Golpes bajos, contratos millonarios, intrigas, escándalos programados, rumores, intoxicación deliberada, manipulaciones, ofensivas y contraofensivas, tiraje excepcional, publicación simultánea en varios idiomas, en suma, humo delante del fuego para preparar el escenario con el único propósito de que el próximo 31 de agosto la aparición del libro sea un terremoto en el mundo de la edición.


En un país donde las “letras” son sagradas y los autores monjes aún idolatrados, la industrialización de un objeto literario y el recurso a métodos de marketing dignos de productos prêt-à-porter rompe los esquemas tradicionales. Nunca antes en la historia de la edición francesa una obra literaria había sido objeto de una pantomima tan bien orquestada. Todo el mundo habla del “libro” –o, mejor dicho, de la representación comercial que se prepara—. Su escritura, su contenido, su estética, su apuesta formal han estado ocultos hasta hace una semana y ello alimentó una catarata de rumores. Sin embargo, nadie ignora el millón quinientos mil dólares que el autor cobró como adelanto, el 18% que le corresponde por cada ejemplar, las cláusulas del contrato que le otorgan los derechos exclusivos para dirigir una película el año que viene o las mil y un tramas que se armaron para impedir que alguien lo lea antes de que aparezca. La película estará producida por GMT Productions, una filial de la editorial Hachette. Houellebecq rentabiliza su éxito, y su editor —Fayard en primer plano pero la multinacional Hachette en segundo— lo propulsan en la aventura. La caja de resonancia es tal que, simultáneamente con la novela, se publican cuatro libros sobre Houellebecq, entre ellos una biografía “no autorizada” y un panfleto contra el autor de Las partículas elementales llamado ¡Socorro, Houellebecq vuelve!


Hasta la rabia de la crítica literaria parece sabiamente calculada. A pedido de Houellebecq, la editorial privó a los críticos de la lectura previa de la obra y éstos consagraron sus columnas a hablar mal del “fenómeno” que encarna el autor. El resultado es el mismo: cero literatura pero publicidad garantizada. Sólo los medios autorizados por Houellebecq han obtenido el privilegio de recibir algunas páginas por adelantado o, favor supremo concedido por su majestad, de entrevistar al autor: Le Monde, Le Nouvel Observateur, Les Inrockuptibles , France 2. La primicia del manuscrito dio lugar en Francia a una novela de espionaje editorial digna de un secreto militar. Hace unas semanas, ante la sorpresa general, el crítico literario del diario conservador Le Figaro, Angelo Rinaldi, adelantó el contenido de la novela. Pero ocurre que Rinaldi no pertenece a la tribu del escritor sino al grupo parisino de los anti-Houellebecq. ¿Cómo consiguió entonces el libro? Según explicó el mismo Rinaldi, La posibilidad de una isla le cayó entre las manos “por azar”. El crítico se estaba paseando por un parque de París cuando encontró el libro abandonado “sobre un banco de la plaza”.


Es lícito reconocer que Michel Houellebecq es un ferviente abonado al servicio de “escándalos promocionales” y que además goza de una fiel tribu de adeptos en los medios de comunicación. Desde luego, con una empresa tan tentacular como Hachette detrás, ¿quién se animaría a no obedecer las consignas? Durante el año 2001, justo antes de que apareciera su anterior novela, Plataforma, el escritor había levantado olas de ira con sus declaraciones sobre el Islam, al que juzgó como “la religión más estúpida”. Los juicios y la promoción del “autor-libro” recompensaron su volubilidad al tiempo que, luego de un paso ante los tribunales, lo empujaron a un obligado silencio. Esta vez, a fin de evitar todo accidente, su editor no permitió las entrevistas en directo en la televisión. El escritor sólo aparecerá en programas grabados y previamente vistos por el editor que, además, tiene derecho a cortar lo que no le convenga a su protegido. ¡Inédito! El 24 de agosto del año pasado, en Deauville, el balneario más chic de la costa Normanda, Houellebecq asistió a una cena con los ejecutivos del grupo Hachette, hombres de corbata y de grandes negocios que se habían desplazado para asistir al gran acontecimiento “literario” del año: el escritor francés acababa de dejar a su antiguo editor, Flammarion, para formar parte de Fayard, una de las editoriales del poderoso grupo Hachette. “Estoy contento, me gustan los grandes grupos”, dijo el escritor en esa ocasión.



Los 200 mil ejemplares de La posibilidad de una isla esperan el 31 de agosto para convertirse en el ya preparado y anunciado best-seller del año. Si al público le gustan las historias, la “historia” de cómo se promueve un libro es ya una en sí. Houellebecq y sus asociados han conseguido que el contenido del contrato editorial trascendiera antes que el del mismo libro. Los ejércitos están preparados. Los pro y los anti afilan sus uñas. Los primeros arguyen que con su último libro, Houellebecq se “muestra superior a todos los escritores norteamericanos”. Qué elogio. Los segundos aseguran que la lectura de La posibilidad de una isla es “agobiante”, un libro que “nos reconforta durante una o dos tardes” y cuya lectura deja la impresión de que “nos hemos encontrado con uno de esos franceses comunes que siempre se quejan de todo”. Pero, por encima de partidarios o críticos, lo más desmoralizador para las letras es corroborar que en torno de un autor se han creado no ya clanes literarios sino industriales. A los 47 años, Houellebecq es el autor francés contemporáneo más traducido (35 idiomas) y ello explica mucho el juego de intereses. Los argumentos se financian con millones de dólares y operaciones de mercado que nada tienen que ver con el mundo del libro, con su luz todavía milagrosamente viva, pese a todo. ¿Cómo explicar si no que un autor joven y vivo, que “apenas” ha escrito cuatro novelas, un ensayo sobre Lovecraft, poemas y dos breves libros de cuentos, tenga ya una biografía? En mayo pasado, la revista Les Inrockuptibles francesa editó un número especial sobre Michel Houellebecq acompañado de un DVD con las entrevistas del autor. Marc Fumaroli, ensayista y célebre autor de un libro sobre la política cultural de Francia (El Estado Cultural), se pregunta si acaso ‘Houellebecq no se ha convertido en el Harry Potter francés para adultos’. El silencio “pactado” del autor de Extensión del campo de batalla y el ruido orquestado por los estrategas del mercado han dejado en segundo plano la obra.


Con panfletos bien venenosos su antiguo editor se venga de Houellebecq, al igual que los escritores de su generación, heridos en su orgullo creador por tanta mercadotecnia puesta al servicio del arte. Según cálculos de la prensa francesa, el editor deberá vender más de 400 mil ejemplares para rentabilizar la inversión. Todo se organizó como si se tratara de un asunto protegido por el sello secreto de la defensa nacional. Quienes leyeron el manuscrito firmaron una cláusula de confidencialidad y, una vez que las primeras pruebas salieron de la imprenta, el libro fue ocultado para que no cayera en manos de ningún crítico. Apenas el español Fernando Arrabal, que publica este mes un libro de conversaciones con Houellebecq, fue autorizado a destilar algunos comentarios prudentes. Eric Naulleau, el autor del panfletario ¡Socorro, Houellebecq vuelve!, dice en su libro: ‘Cuando el gallo se vuelve la gallina de los huevos de oro, el capitalismo literario se pone en marcha”. Michel Houellebecq es, para la crítica, el escritor que mejor describe “el sufrimiento ordinario’ y la frustración de los ciudadanos europeos que viven en una sociedad que ha perdido la “función” de compartir. En sus obras, la solidaridad es una broma y la soledad, el hedonismo y la violencia interior son el mundo de la modernidad. La posibilidad de una isla es una novela de anticipación, de computadoras y clones. Sectas, robotización, pantallas, manipulaciones, inmigración, vejez, una sociedad sin esperanzas, vaciada por el consumo, el aburrimiento y el hedonismo. Los personajes son todos clones. Lo esencial del libro está construido en torno del relato de la vida de Daniel 1, descubierto dos mil años más tarde por Daniel 24 y luego Daniel 25, sus clones futuristas que lo leen luego de que un Apocalipsis nuclear destruyó el planeta. Una secta que reemplazó las religiones que conocemos hoy, los Elohims, promete la inmortalidad a cada uno de sus miembros. Sus adeptos, antes de suicidarse, dejan su ADN y el relato de sus vidas. El objetivo es clonarse indefinidamente para convertirse en un neohumano, una categoría donde ni siquiera el lenguaje o el placer existen. En la hasta ahora única entrevista de Houellebecq publicada por Le Monde el fin de semana pasado, el escritor explicó que ‘los neohumanos comunican de forma virtual. Poco a poco, en el curso de las sucesivas clonaciones, han ido perdiendo las principales características de la humanidad: la risa, las lágrimas, el humor’. En la misma entrevista, Houellebecq predice que lo que narra en su libro se producirá: ‘Creo que algunas cosas son irreversibles. Todo lo que la ciencia permite se realizará. La ciencia dice la verdad. El arte no llega a la verdad, sólo busca dar una visión estética de la vida’. A quienes lo critican porque su última novela suena como un himno a la clonación, Houellebecq responde: ‘Me hacen reproches porque muestro en detalle lo que es la humanidad. Y porque estoy seguro de que todo cuanto es técnicamente posible será realizado, incluso si no es verdaderamente humano. La clonación será una realidad’. En la biografía Houellebecq no autorizado: investigación sobre un fenómeno, Denis Demonpion pone de relieve los lazos estrechos que existen entre Houellebecq y Raël, el gurú de la secta de los raëlianos que hace unos años anunció haber clonado el primer ser humano de la historia. Los hombres cultivan una amistad que, según su biógrafo, está basada en los contrastes: ‘Raël ejerce una influencia sobre Houellebecq porque Raël es un hombre que vive plenamente, que se divierte. A su lado, Houellebecq sufre del complejo del intelectual’.


Houellebecq tiene ahora cita con los lectores. Las pasiones y los odios acumulados por críticos y gurúes de sectas literarias perderán su resonancia cuando empiece la lectura pública, acompañada de otros debates. El 31 de agosto, los lectores de lengua hispana, alemana, inglesa, italiana y japonesa podrán apreciar el valor de la obra lejos del estruendo mercantil organizado para lanzarla. Uno de los personajes de la última novela de Houellebecq, Daniel 1, dice: ‘Era un observador pertinente de la realidad contemporánea pero quedaban tan pocas cosas por observar: habíamos simplificado tanto, diluido tanto, roto tantas barreras, tabúes, esperanzas erróneas, aspiraciones falsas...’. ¿Obra maestra de la literatura o de las técnicas del mercado? Habrá que leer. Profético, en un poema de 1996 Houellebecq escribió: ‘Soy un sistema liberal/ Como un lobo en un terreno vacío’.

viernes 13 de julio de 2007

summertime [ 5 ] / ¿tecnificación de la toma de decisiones en la industria editorial?

En dos de sus entradas de esta semana en Transnets —“Littérature et marchés prévisionnels” y “Marchés qui prévoient / 2”— el analista Francis Pisani aborda el tema de la utilización de estudios de mercado por parte de la industria editorial para definir de la manera más detallada posible el perfil de sus líneas editoriales y garantizar el buen funcionamiento comercial de los libros que publican, reduciendo al máximo el riesgo de la inversión. La justificación de la incorporación en la producción editorial de este tipo de prácticas —que se utilizan desde hace mucho tiempo en industrias que movilizan grandes montos de inversión como el mercado bursátil, la alimentación y el entretenimiento— sería que le dan un carácter más técnico a la toma de decisiones en un sector tradicionalmente asociado a formas de proceder caprichosas por falta de conocimiento del mercado y, por lo tanto, a inversiones arriesgadas y en general poco rentables. Dice Pisani:


'Pedirles a los matemáticos que nos guíen en nuestras elecciones literarias: el hallazgo no puede resultar más que explosivo. Es, sin embargo, lo que ha decidido hacer la gran editorial neoyorquina Simon & Schuster firmando un acuerdo con Media Predict, una empresa especializada en lo que se conoce como "mercados previsionales": una especie de bolsa en la que los participantes apuestan con dinero sobre un acontecimiento por suceder (elecciones, premios Oscar, competición deportiva, etc.). Se trata de resolver un verdadero problema económico: en términos generales el 90 % de los ingresos de las empresas de medios son generados por el 10 % de sus títulos, afirma Brent Stinski —fundador de Media Predict—. Todo porque estas empresas no saben lo que la gente quiere'.


Por más que sepamos que en los grandes grupos las decisiones dependen cada vez más de los gurús del marketing, no deja de ser raro leer estas frases refiriéndose a un sector que por ocuparse de lo que los franceses llaman “las artes del espíritu y de la imaginación” es puesto en la picota pública cada vez que se sospecha que privilegia otros criterios antes que la calidad.

jueves 12 de julio de 2007

summertime [ 4 ] / las fórmulas y la homogeneización de la oferta editorial

Uno de los temas que he abordado con más insistencia en [ el ojo fisgón ] es la existencia de una serie de fórmulas a las que obedecen algunas obras literarias para ajustarse a una tendencia que está teniendo éxito en el mercado con el propósito de garantizar la rentabilidad del trabajo de las editoriales, los agentes, las librerías y los autores.


El siguiente pasaje del libro Pasando página no sólo muestra cómo reaccionaron en su momento ciertos sectores de la industria editorial española frente al éxito de El perfume, de Patrick Süskind, sino que también ilustra la manera como las fórmulas pueden terminar por homogeneizar la oferta del mercado editorial:


“El mundo editorial es conservador, cuando un libro o una tendencia funciona las estructuras reclaman que el modelo se repita sine die. ‘Los agentes comerciales de Alianza me decían: «Edita algo como El perfume, edita algo como El perfume». Y yo tenía que responderles «El perfume ya está editado»’, explica Javier Pradera, que en los años 80 todavía era director literario de esa editorial a propósito del ansia de emulación que se produjo entre los competidores de Seix Barral tras el boom del libro de Patrick Süskind”.


Pasando página, de Sergio Vila-Sanjuán. pág. 120

Destino

Barcelona, 2003

miércoles 11 de julio de 2007

summertime [ 3 ] / harrymanía II

La salida del último tomo de la saga de Harry Potter prende las alarmas con respecto al rendimiento comercial de ésta una vez desparezca para siempre la expectativa de una próxima entrega de la obra de J. K. Rowling: el agente literario de la autora, las editoriales que publican la saga en los distintos países y la productora de las adaptaciones cinematográficas deben estar preparando desde ya un plan para que la historia del pequeño héroe siga generando beneficios después de la salida de la película de Harry Potter and the Deathly Hallows —que seguramente será dentro de un par de años—.


Supongo que entonces saldrán al mercado todo tipo de objetos de merchandising para mantener vivo el interés por la saga: distintas ediciones de los libros —maletín de lujo para coleccionistas, versiones apócrifas con pasajes suprimidos a última hora, cómic, edición crítica y volumen especial con reproducciones de los manuscritos de la autora y de las anotaciones hechas por ésta en las pruebas de impresión—, el diccionario y el atlas del mundo de Harry Potter, el story board de la adaptación cinematográfica de cada tomo, la colección de películas en DVD que incluirá varios discos de escenas descartadas y de the making of, afiches y muñecos de los personajes, cuadernos, vasos, bowls y todo tipo de accesorios para grandes y chicos.


Como la literatura juvenil, fantástica y de aventuras nunca me han gustado, no he leído ningún Harry Potter y tampoco he visto ninguna de las películas. Si, como dice Gabriel Zaid, los libros exitosos son aquellos que entran a formar parte de la conversación de la gente, con la salida del último Harry Potter volveré a quedar excluido durante un tiempo de no pocas conversaciones entre conocidos y amigos.



A continuación reproduzco un interesante texto sobre Harry Potter que hace poco publicó Daniel Krauze en el blog de la redacción de la revista Letras libres:


Harry Potter, ¿un clásico?

Potter es un adolescente


Por Daniel Krauze


Hace unas horas terminé de leer el sexto libro de la saga de Harry Potter. Como buen amante de la gran literatura fantástica, me adentré al mundo de Hogwarts con escepticismo. Debo decir que la mayoría de mis dudas se derrumbó al terminar el último volumen. La serie de Rowling es más profunda de lo que aparenta: esconde analogías relevantes entre su trama y personajes fantásticos y la historia del mundo y sus protagonistas (sobre todo del siglo XX). Y, sí, es verdad: mientras Harry ha ido creciendo, la pluma de su creadora se ha ido afinando. En el quinto y el sexto libro hay un ojo para el detalle y un cierto colmillo literario del que carecían sus predecesores. También es cierto que la serie –tal y como Rowling prometió- ha dejado su tono de Oliver Twist/fábula de Esopo para adoptar un tono mucho más oscuro y adulto. Sin embargo, Harry Potter sigue sin tener un lugar asegurado en el panteón de la gran literatura fantástica moderna. Y, a decir verdad, J.K. Rowling no parece tener la culpa.


El problema no está en cómo ha crecido el personaje principal, ni hacia dónde lo ha llevado su autora: el defecto insalvable está en el escenario inicial. A pesar de que Harry ha crecido, sigue pareciéndonos poco plausible el hecho de que un muchacho de 16 años vaya a enfrentarse, tête a tête, contra el mago más malvado de todos los tiempos, Voldemort. El ambiente de Hogwarts –por más plagado que esté de asesinatos y traiciones- sigue pareciendo limpio, inocuo, opuesto a su principal propósito: como una gran batalla que ocurriera dentro de una guardería. El hecho mismo de que Dumbledore –el gran mago de su tiempo- sea el director de una escuela suena, la verdad, como algo... ñoño. Rowling, de nuevo, no tiene la culpa. No podría haber sabido que aquel primer libro –tan lejano, tanto en ambición como horizontes, a sus posteriores entregas- que escribió en 1997 iba a resultar un fenómeno mundial. No le creo, por supuesto, que haya pensado toda la historia de antemano, tanto como no le creo a George Lucas que, al dirigir la primera película de la Guerra de las Galaxias, haya sabido que Darth Vader sería el padre de Luke Skywalker. Y si vemos la puesta en escena de Harry Potter desde el punto de vista del primer libro, entenderemos sus limitaciones: esta era una pequeña historia sobre un niño huérfano y cómo en doscientas cuartillas se enfrentaba y vencía al hombre que, años antes, había matado a sus padres.


Sin embargo, la historia ha ido creciendo tanto en volumen como en ambición y es insoslayable el hecho de que, cada vez que vemos a Harry enfrentarse a algún ente maligno, sentimos que le queda grande el saco. Este que tenemos enfrente no es Aragorn –guerrero de cien batallas, descendiente directo de reyes- retando a Sauron en las puertas de Mordor. No. Lo que vemos es a un adolescente –que se supone intrépido pero, en el fondo, está muerto de miedo- con una varita de madera, intentando hacerle frente a un asesino serial con cara de serpiente cuando, en el fondo, lo que realmente quisiera es irse a su cuarto y ponerse a leer la versión mágica de Playboy. Y si Rowling quiere enterrar a su héroe junto a otros grandes de la fantasía, tendrá que hacer, precisamente, eso: matar a Harry Potter, porque todos sabemos que si el cuento fuera cierto, el adolescente no duraría ni un segundo frente a Voldemort.


Desgraciadamente, dudo que lo haga. Por más muertes que nos haya arrojado en el camino, Harry Potter sigue siendo lo que en un principio fue (y no hay conjuro o pluma que lo arregle): la historia de un niño huérfano que puede volar (pero no puede curarse la miopía) y cuya idolatría no recae en grandes magos o guerreros, sino en el director de su escuela. Y ese tipo de historias siempre tienen un final feliz.

martes 10 de julio de 2007

summertime [ 2 ] / harrymanía

El próximo 21 de julio la editorial Bloomsbury lanzará la versión en inglés del séptimo y último tomo de la saga de Harry Potter y a medida que se acerca la fecha los rumores en torno a este acontecimiento editorial son cada vez más fuertes. Tan es así que hacia mediados del pasado mes de junio un hacker llamado Gabriel causó pánico cuando reveló a través de la lista de correos de www.insecure.org que tras vulnerar los sistemas de seguridad de la intranet de Bloomsbury había logrado acceder al manuscrito del último tomo de la saga titulado Harry Potter and the Deathly Hallows —que desde hace un tiempo puede encargarse en las grandes librerías y plataformas de venta en línea—. En 2003 ya había sucedido algo similar cuando un camionero que trabajaba para una empresa de logística robó algunas páginas de la quinta entrega de la saga del lugar donde el libro se estaba imprimiendo para vendérselas a un periódico.


Si los aficionados a Harry Potter llevaban meses especulando acerca de cómo terminaría la saga, el hacker Gabriel revela algunos detalles del final de ésta que los portavoces de Bloomsbury no desmintieron. La última noticia es que tras finalizar la redacción de Harry Potter and the Deathly Hallows la escritora J. K. Rowling rompió en llanto y se bebió media botella de champagne.


Todas estas pequeñas anécdotas que tanto dan de qué hablar, el lanzamiento de la película correspondiente a cada parte de la saga y el desnudo del protagonista de ésta —que, según dicen los entendidos, ya es todo un adulto— en una obra de teatro contribuyen a aumentar la expectativa frente al que promete ser el gran evento editorial de este verano.


A continuación reproduzco el mail que mandó el hacker Gabriel a los demás miembros de la lista de www.insecure.org:


From: go harry <goharrygo_at_linuxmail.org>
Date: Tue, 19 Jun 2007 05:23:45 +0800

************************************************************
* Harry Potter 0day
*
************************************************************

Dear my brothers,

Voldemort killed Hermione. Yes, that's true. And we knew that 2 days ago.

This is the end of the not yet published (someone could call that 0day) book

Harry Potter and the Deathly Hallows.

At the end of the story Hagrid was killed by Snape in the attempt of ambush Hermione and Ron.
Ron and Hermione flees in privet drive but Voldermort, surprising them, engaged a magical duel with Ron and Hermione.

Voldemort attacked trough the imperius curse and Hermione, to protect the life of Ron fight hardly for more than 6 pages and then finally die.
(boring, very boring... it's always the same story!)

Then, to make a long story short, Harry came up, killed all the bad guys and Hogwarts against became a good place to stay and have fun.

Ah, i missed one important information about Draco Malfoy, he started to create Horcrux (for fun and profit!).
The end.
************************************************************

Yes, we did it.
We did it by following the precious words of the great Pope Benedict XVI when he still was Cardinal Josepth Ratzinger.
He explained why Harry Potter bring the youngs of our earth to Neo Paganism faith.

So we make this spoiler to make reading of the upcoming book useless and boring.

The attack strategy was the easiest one.
The usual milw0rm downloaded exploit delivered by email/click-on-the-link/open-browser/click-on-this-animated-icon/back-connect to some employee of Bloomsbury Publishing, the company that's behind the Harry crap.

It's amazing to see how much people inside the company have copies and drafts of this book.
Curiosity killed the cat.

Who kill curiosity?

To protect you and your families

God bless you

Gabriel

Free spot - Fight terrorism: http://www.challenging-islam.org/articles/warraq-debate-muslims.htm

lunes 9 de julio de 2007

summertime [ 1 ] / cambio de ritmo

Arrancó con toda el verano y, salvo en nuestro barrio, todo en Barcelona empieza a disminuir la marcha hasta detenerse de una vez por todas en agosto. Empiezo a notar el cansancio de la primera mitad del año y como no soy capaz ni de dejar de escribir ni de seguir escribiendo al ritmo que he venido haciéndolo hasta ahora, este fin de semana decidí que durante lo que queda de julio y todo agosto voy a dedicarme más que todo a publicar notas breves sobre algunos temas a los que he estado dándoles vueltas y a reproducir y comentar cosas que me vaya encontrando sobre el camino.

Durante este tiempo le prestaré particular atención, entre otras cosas, al comportamiento en ventas de las novedades del verano, a lo que se recomiende para leer en vacaciones y a las expectativas que se generen en torno a los lanzamientos de la rentrée que viene. Y claro, también aprovecharé para ponerme al día en lecturas.

domingo 8 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 31 ] / 'la novela negra se dispara'

En el número de esta semana el suplemento El Cultural publica una entrevista de Nuria Azancot a cuatro destacados autores españoles del género negro en la que les pide que expresen su punto de vista con respecto tanto a las influencias como a las tendencias más importantes de éste.


La novela negra se dispara
Nuria Azancot


Lorenzo Silva, Jorge M. Reverte, Andreu Martín y Alicia Giménez Bartlett descubren las claves del género


Tal vez sea el calor, o el cansancio. O la violencia cotidiana que todo lo corrompe. Lo cierto es que nunca la novela negra había conocido en España un éxito como el actual. Y no hace falta ser Maigret ni Poirot (o el Wallander de Mankell) para comprender cuánta culpa tiene en ello la Semana Negra de Gijón, que celebra este año su XX edición y que mañana da comienzo con la salida desde Madrid de un tren cargado de autores. Además, RBA ha creado un premio dotado con 125.0000 euros, el más importante del mundo en su género, y se multiplican las novedades y el interés del lector. El Cultural ha invitado a Andreu Martín, Alicia Giménez Bartlett, Jorge M. Reverte y Lorenzo Silva, cuatro de nuestros más destacados autores “negros”, para que desvelen sus secretos. Y anticipamos el comienzo de Zapatos negros, la última novela de Henning Mankell, que edita Tusquets en otoño.








–¿Es posible hablar de una novela negra a la española?


Andreu Martín: Sin duda. Desde que, en los años 80, con Vázquez Montalbán, Juan Madrid, Julián Ibáñez, Martínez Laínez, etc, rompimos años de silencio o abulia y creamos un auténtico movimiento innovador y redescubridor, hay una novela negra española.

Lorenzo Silva: Desde luego, es perfectamente posible, sobre todo si nos sacudimos ciertos complejos que nunca han tenido mucho sentido pero que ahora tienen todavía menos. La española es una sociedad desarrollada, compleja, llena de contradicciones y conflictos. Es, por desgracia, un caldo de cultivo ideal para toda clase de criminalidad, sin que nos falte ya de nada, desde las más diversas mafias hasta asesinos en serie. Y la manera de enfrentar esa realidad es peculiar y distinta del modo en que lo hacen otros: aunque sean homologables en muchos aspectos, ni nuestra policía ni nuestros jueces son como los de Francia o Inglaterra.

Alicia Giménez Bartlett: Yo, en cambio, no creo que pueda hablarse en propiedad de una novela negra española. Ha habido precedentes muy notables como García Pavón o Vázquez Montalbán, pero han sido escritores aislados, jamás dentro de una corriente o una tradición. Actualmente somos un puñado los novelistas “negros”, pero ignoro si se puede hablar de nosotros como de “grupo”. Supongo que no. Sin embargo, sí tenemos un espacio en la llamada “novela negra europea”, que vive un momento esplendoroso. Por primera vez esta novela ha superado en interés y renovación a la novela negra norteamericana. Incluso los críticos de Estados Unidos le conceden un lugar excepcional.

Jorge M. Reverte: Pues lo que yo creo es que hay novelas negras escritas por españoles. No me parece que sea muy correcto decir que haya, por ejemplo, una escuela de escritores a la española. Yo, al menos, no me siento partícipe de nada parecido. Ni escribo intentando seguir un canon prefijado ni me he hecho socio de ningún club de escritores. Otra cosa es que algunos de ellos me parezcan muy buenos.

El amigo americano

–¿En qué se diferencia de la norteamericana, la inglesa o la sueca (con Mankell como ejemplo principal), ahora tan de moda?


A. Giménez Bartlett: La diferencia con la novela anglosajona parece estribar en un mayor tratamiento de temas sociales. También en una huida de los estereotipos. Los temas se tratan con mayor profundidad y realismo. No hay grandes asesinos en serie sino una mirada al mundo del delito real, significativo socialmente. ¿La diferencia con Mankell? Hay quien separa novela europea nórdica y mediterránea. Los detectives del sur somos más vitalistas y con mayor sentido del humor.

J. M. Reverte: Hay una influencia notable de los escritores de novela negra norteamericanos sobre escritores españoles, que está radicada en el lenguaje cinematográfico. No hay que olvidar que Chandler o Hammet tenían esa referencia. La diferencia no puede ser otra que el paisaje humano y geográfico. Pero las diferencias son enormes entre autor y autor, y no vienen dadas por la nacionalidad, sino.

A. Martín: Bueno, se ha llegado a hablar de una novela negra mediterránea contrapuesta a una literatura del norte. Aquí, somos más hedonistas: nuestros personajes se detienen a comer, y a comer bien. En realidad, más que eso, es que la novela negra describe una sociedad muy próxima al lector y éste siempre se identificará más y mejor con una novela que le hable de aquello que conoce o cuya autenticidad puede comprobar sólo con salir a la calle. La realidad americana, sueca o inglesa nos la creemos bajo palabra de honor, pero es muy diferente y lejana de la nuestra. Y el tono con que se relata y el código moral asumido. Se puede hablar de corrupción y de crimen organizado en general, pero los españoles entenderemos mucho mejor Pájaro en mano, de Juan Madrid, que habla de la corrupción en Marbella. La policía y el funcionamiento de la justicia son completamente distintos en un país y en otro.

–Llevan muchos años cultivando el género: ¿cuál es el mayor cambio que han experimentado en estos años como autores?


L. Silva: Yo he mantenido desde el principio mi convicción de que en la novela negra, como el cualquier clase de novela, la clave está en los personajes. En que tengan empaque y una personalidad distintiva, tanto los principales como los más secundarios. Si la novela negra es una novela social, su valor depende del mosaico de individuos que acierte a recoger. He evolucionado en cuanto al tipo de personajes que muestro, procurando acompasarme a los cambios en la sociedad española, y también en cuanto a la profundidad con que retrato a los protagonistas. Cada vez me interesan más ellos, lo que son y sienten mientras hacen su trabajo.

J. M. Reverte: Yo, más que cultivar el género he utilizado algunos códigos del género para contar ciertas cosas. De mi serie de Gálvez se ha dicho también que es novela de humor o costumbrista, o de seres desvalidos. Es decir, el género me cae encima más que otra cosa. Hay un impulso taxonómico evidente en nuestro país que fuerza eso. A mí, en realidad, cuando me preguntan sobre qué género cultivo digo que la novela. Cambios en la serie de Gálvez ha habido muchos, porque el personaje ha ido envejeciendo.


A. Giménez Bartlett: He notado un mayor interés por el género en todas partes y cuando voy a países extranjeros observo que la curiosidad por la nueva sociedad española es creciente. Los lectores me fríen a preguntas de ese tipo. En España es obvio que ha variado la consideración que la gente tiene sobre la policía. ¿Cambios en la forma de escribir? No creo que los haya. Nuestros temas, atentos a la realidad, se han actualizado, poco más.

A. Martín: En mi caso el mayor cambio ha sido el sosiego. La profundidad. La conciencia de lo que estoy haciendo y por qué lo estoy haciendo. Por qué elijo ficción y no reportaje. La incorporación del sentido del humor.


–¿Y el publico? ¿Exige ahora más sangre y sadismo, o sigue premiando el ingenio a lo Agatha Christie?


A. Martín: Me está hablando por las dos puntas de una evolución trascendental. Estamos pasando de la época de la literatura a la época de la imagen, de la época de la reflexión a la época de la acción, de la época de la simbolización a la época de lo concreto. La sangre y el sadismo forman parte de la imagen, de lo concreto e inmediato. El ingenio pertenece a la literatura. Pero quizá Agatha Christie nos queda anticuada. Deberíamos decir que a la visceral novela negra que nos descubrieron los americanos se añade el componente inevitable del ingenio, o no estaríamos hablando de literatura.


L. Silva: Como decía Chandler, al público hay que acertar a persuadirle de que se interese por lo que tú le quieras contar. No apostaría a que por ser más sanguinario o más ingenioso vas a gustar más; las modas acaban saturando siempre. Creo que el lector busca personajes originales, con los que simpatice (o que le perturben, que también vale), y una mirada sobre la realidad que también tenga su sesgo propio. Confiar en casquería para impresionar al lector me parece una falta de respeto en la que un novelista no debe incurrir.

A. Giménez Bartlett: Me imagino que hay un público para cada cosa. No creo que todos los lectores se hayan convertido en bestias pardas sedientas de sangre. Pero ya no hay lectores inocentes a los que se sorprende con facilidad con una trama entretenida. No sé, si supiera lo que el público quiere le vendería el secreto a los editores por una buena pasta.







Hammet, el maestro
–¿Cuáles son los tres nombres fundamentales del género negro?


L. Silva: Dashiell Hammett, que propuso para siempre el arquetipo del detective “hardboiled”, además de practicar como casi nadie el distanciamiento moral. Jim Thompson, que hizo de la desnudez en la presentación de personajes y circunstancias un arte y llevó la eficacia narrativa a un extremo difícilmente igualable. Y Chandler, el que mejor supo conectar la novela negra con la tradición literaria occidental (en el fondo, Philip Marlowe, desfacedor de entuertos que a menudo acaba apaleado, no es más que un Quijote trasplantado a California) y acertó a hacer del detective un personaje humano, sentimental e irónico.


A. Martín: Es muy difícil resumir todo el género a tres nombres, pero vaya. Me arriesgaré: Arthur Conan Doyle, porque fue el creador del género, del personaje, de la saga, de la estructura que nos sustenta. Dashiell Hammett, porque es el mejor representante de esa escuela norteamericana que revolucionó el género acercándolo a una nueva realidad. Y lo cito dando por supuesto que hablar de Hammett nos traerá a la mente, inevitablemente, a Chandler. Patricia Highsmith, gran innovadora, profundizadora, analista, genio del género, conocedora como nadie de los aspectos más perversos de la especie humana. (Pero la misma limitación a tres hace falsa esta respuesta, porque también deberíamos hablar de la importancia de Simenon –que humaniza el género negro trayéndolo a la manera de ser europea–, o Manuel Vázquez Montalbán –que lo revoluciona haciéndolo genuinamente español–, o Manchette –que cambia el punto de vista al ritmo del mayo del 68–...)

J. M. Reverte: Hammet es el clásico, porque crea un lenguaje propio y, además, aporta una temática que es nueva en su momento. Esos personajes desalmados que le sirven para explicar la rudeza del mundo que vive. Chandler es directamente un profesional de la cosa, capaz de crear arquetipos como Marlowe. Boris Vian utilizó los códigos para montar una salvajada de antología en Escupiré sobre vuestra tumba. En realidad Hammet y Vian son los que más me interesan, porque escriben novelas espléndidas, repletas de novedades de todo tipo.

Nuevos delitos, ¿otras novelas?
–¿Cómo se reflejan en sus novelas los delitos que imponen los nuevos tiempos (corrupción, blanqueo de dinero, tráfico de drogas)?


J. M. Reverte: Bueno, cuando aparecen estas cosas lo que hago es documentarme para que sean fieles a la realidad, que es lo que se le exige a una novela realista. Pero, insisto, lo que más me interesa de practicar este tipo de narración es el tratamiento de los personajes y el punto de vista.

A. Giménez Bartlett: Yo creo que se reflejan las condiciones sociales que propician nuevos delitos, como por ejemplo, la explotación y abuso de los inmigrantes. Sin embargo, soy contraria a los casos demasiado “tecnológicos”"; a un delito basado solo en internet le faltan elementos humanos. Me gusta que en el fondo de las investigaciones palpiten elementos muy primarios: la pasión, la venganza... Si nos centramos solo en el dinero la cosa pierde fuerza.

Metáforas del descarrilamiento


A. Martín: Más que un interés por reflejar los nuevos tipos de delitos, tengo interés por reflejar la sociedad, y aquellos aspectos que no le gustan de ella. Naturalmente, eso implica nuevos delitos, pero creo que es tema que podemos dar por sabido. Lo que a mí me importa es la manera como los delitos son percibidos por el ciudadano, los miedos que comportan, cómo influyen o cambian los hábitos de la sociedad.

L. Silva: Están ahí, forman parte del paisaje, como en la vida misma, y ocasionalmente se insertan en la trama y tienen en ella su importancia. También las nuevas técnicas policiales, que parten de la dinámica de esos delincuentes, a menudo bien organizados, y otorgan una importancia antes desconocida a los elementos tecnológicos, las investigaciones financieras, etcétera. Pero confieso que me atrae más el delincuente no profesional. El que se convierte en asesino sin que el asesinato sea su negocio. Porque en su peripecia podemos hallar una metáfora del descarrilamiento al que todos estamos expuestos, y no sólo los típicamente “malos”.

–¿Por qué la novela policiaca sigue teniendo mala fama entre los gurús de la cultura? ¿Cómo demostrarían que no es un género menor?


A. Giménez Bartlett: ¡Ah, y yo qué sé! Aunque me temo que es un caso sólo español. Yo creo que los gurús españoles son un poco paletos. Tienen la sensación de que custodian una llama sagrada que solo está al alcance de unos pocos. Pero yo, y como yo todos mis colegas “negros”, estamos hartos de dar conferencias en universidades donde los profesores de literatura consideran que sus alumnos deben leer novela policial. También se hacen tesis doctorales sobre nuestros libros y... en fin, ¿para qué seguir?, es una polémica un tanto ridícula. El género negro no es menor aunque resulta menos arriesgado que una novela general. Al menos tienes unas normas mínimas a las que agarrarte. En literatura general te la juegas siempre.

L. Silva: Porque se vende (o se ha vendido mucho), porque se hacen películas a partir de ella y porque es siempre muy narrativa y tiende a ser poco retórica (lo que no suele ir en línea con los gustos de los gurús). Los mejores argumentos contra este tipo de actitudes son los que se sacan de la obra de los grandes escritores que han hecho novela negra. El género, bien llevado, permite como pocos otros un análisis de la sociedad en todas sus paradojas y del ser humano en todos sus claroscuros, y una meditación profunda sobre el mal. Y esto, para mí, es pura literatura, y sólo como literatura, además, puede hacerse.

A. Martín: Me resulta muy difícil responder a esta pregunta sin caer en el insulto porque la verdad es que considero esa actitud de desprecio como una agresión injustificada a mi profesión. Simplemente diría que nos ignoran porque ignoran.


J. M. Reverte: Yo no sé si tiene mala fama. Sí es cierto que hay críticos perezosos que necesitan clasificar por géneros y, una vez alguien ha caído en la jaula, queda enclaustrado en un género menor. Pero no pasa nada, también Cervantes está metido en lo de la novela de caballerías, que ya sabemos que era puro entretenimiento.

sábado 7 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 30 ] / 'del canon al clon'

La semana pasada el suplemento cultural del diario ABC publicó un artículo titulado ‘Del canon al clon’, cuyo autor hace una crítica a la baja calidad del best seller contemporáneo por contraposición al de otras épocas —que incluye clásicos como La isla del tesoro y El Padrino—. Aunque por ciertos comentarios me parece que el punto de vista del autor es un tanto conservador —tal vez por eso mismo escribe en ABC—, encuentro muy acertadas sus anotaciones sobre la influencia de la posmodernidad en el rumbo que tomó la novela y sobre las necesidades tanto de los lectores como de la industria editorial en un momento determinado.


Del canon al clon

Por Andrés Ibáñez.


Tesis primera. En su obra Manual de literatura para caníbales, Rafael Reig describe una guerra imaginaria entre dos ejércitos de escritores liderados por dos novelistas apellidados “Marías”, Javier y Fernando. El primero sería el representante de esa literatura exigente que no pretende hacer concesiones y el segundo el defensor de la “narración” y de las historias que realmente interesan a los lectores. Lo curioso es que, de ambos escritores, el más popular y el que más lectores tiene en la realidad es, sin duda, Javier Marías. Y no creo que Fernando se haya sentido muy cómodo con esa adscripción a una forma de entender la escritura que desprecia el cuidado de la palabra. De modo que la divertida sátira de Reig describe una guerra que sucede, más bien, en el interior de la mente de ciertos críticos y estudiosos: la que enfrenta al bien contra el mal, a la verdadera literatura, que es difícil y “exigente”, con la literatura de entretenimiento, que es fácil y “complaciente”. Ya que en la realidad las cosas son infinitamente más complejas. La literatura de Marías (Javier) no es en absoluto “difícil”. Y la de Marías (Fernando) está escrita con verdadera ambición literaria. Los que creen en la existencia de dos “bandos” en la literatura, se encuentran con dificultades insalvables y contradicciones infinitas a la hora de definir en qué consisten ambos bandos y quién pertenece a ellos.


Tesis segunda. Cada vez se escribe peor, con menos inspiración y con menos voluntad artística. La literatura comercial y de mero entretenimiento, cuya existencia no sólo es inevitable sino también absolutamente necesaria dentro del gran ecosistema que es la Literatura en general, está invadiendo todas las áreas del mundo editorial al tiempo que sufre un espectacular y al parecer imparable descenso de calidad y de rigor. En todas las épocas ha existido literatura de entretenimiento, que ha ido desde la basura deleznable hasta obras maestras como La isla del tesoro o La piedra lunar, pero la literatura de entretenimiento de nuestra época ha descendido, en general, hasta unos niveles de exigencia verdaderamente ínfimos. Porque comparados con los best sellers de hoy en día, los de los 60 o los 70 (obras como El padrino, de Mario Puzo, Tiburón, de Peter Benchley, o Misery, de Stephen King, dejando aparte a los grandes autores como Nabokov, Updike, Mailer o García Márquez que también resultaron best sellers) parecen, en verdad, alta literatura. De modo que el problema quizá no sea exactamente la literatura de consumo, sino su decadencia. No que haya tanta literatura de consumo, sino que la literatura de consumo sea tan mala.


Tesis tercera. La primera mitad del siglo XX fue llamada “la era de las dictaduras”. Hubo, en efecto, fascismo, nacionalsocialismo, comunismo, marxismo-leninismo, etc. Pero también hubo otras formas de dictadura: modernismo, vanguardismo, futurismo, dodecafonismo. Las poéticas del modernismo son, en su esencia, dictatoriales: son utopías dirigidas hacia el futuro (en el que todo “se entenderá” por fin y lo que hoy parece horrible resultará, por fin, hermoso), quieren romper radicalmente con el pasado y establecer un orden nuevo basado en una serie de normas y prohibiciones, intentan destruir o desacreditar por todos los medios a todos aquellos que no se atienen a sus dictados, etc. Observemos, por ejemplo, el comportamiento del grupo surrealista: cuando una obra teatral no les gustaba, reventaban las funciones agrediendo físicamente a los actores; cuando un escritor les parecía un “traidor”, le hacían un juicio sumarísimo y le condenaban (simbólicamente) a muerte; cuando un acto público les desagradaba, apaleaban (literalmente) a los que asistían a él. Los simpáticos surrealistas acabaron muchas veces en la comisaría acusados de asalto, agresión y vandalismo. Europa estaba llena en esa época de grupos similares que iban por las calles sembrando el terror, agrediendo a “traidores” diversos, repartiendo panfletos incendiarios e imaginando utopías y nuevos órdenes que mejorarían el mundo. El ideal del arte vanguardista, que tanto prestigio ha adquirido entre el mandarinato cultural, surge en realidad en el momento más triste de la historia de Europa.


Tesis cuarta. La célebre pregunta “¿Qué se puede escribir después de Auschwitz?” tiene una respuesta que quizá muchos no hayan sabido oír. La respuesta es ésta: “Quizá nos hayamos quedado sin "tema" para escribir, pero lo que sí podemos hacer es reflexionar sobre los códigos, sobre los códigos de nuestra cultura, sobre el código de nuestra propia forma de poetizar nuestra cultura”. El resultado será la literatura posmoderna, cuya cabeza visible es Jorge Luis Borges, y que se abre en tres ramas principales, la americana (de Nabokov y Pynchon a Foster Wallace y Gibson), la europea (con nombres como Perec, Calvino, Torrente Ballester, Espinosa, Palol) y la hispanoamericana (Borges, Cortázar, García Márquez, Bolaño).


La poética posmoderna pretendió una reflexión sobre los códigos de la literatura (la división en géneros, la distinción entre formas de arte “elevadas” y “populares”, las formas de representación), pero también sobre los códigos implícitos de la sociedad, de nuestra cultura e incluso de la propia realidad. Surgen así una serie de ficciones que reinterpretan la Historia o imaginan historias alternativas (los ejemplos son infinitos, del Diccionario de los Jázaros a Hijos de la medianoche, de Mason & Dixon a El hombre en el castillo) dentro de un programa que tiene como ambición última la deconstrucción, tomando este término en su sentido más intuitivo. La literatura posmoderna, desde Tlön, Uqbar, Orbius Tertius, de Borges, hasta La desaparición, de Perec, no ha cesado de investigar la idea gnóstica de que la realidad no es realmente “la realidad”, sino una construcción arbitraria o, quizá, intencionada, y que por esa misma razón debería ser posible descomponerla o incluso armarla (leerla) de otra forma diferente. La ciencia contemporánea no cesa de darnos ejemplos en la misma dirección. El proyecto genoma humano, por ejemplo, postula que no somos “personas”, sino una construcción de características genéticas, y que esas características podrían transformarse o combinarse de formas diversas.


Tesis quinta. Algo sucedió con la publicación de El nombre de la rosa, de Umberto Eco (que fue, recordémoslo, un gran best seller). La novela recoge todo el programa de la literatura posmoderna: es una obra de deconstrucción, una reflexión sobre nuestra propia cultura, una versión “alternativa” de la Historia, la historia de una conspiración (el gran tema de la posmodernidad) que se pierde en la seductora sombra de los siglos y, en fin, una especie de juego (otra palabra clave) que une la “alta literatura” y la erudición histórica (¡esos famosos pasajes en latín!) con el entretenimiento de una novela de detectives. Lo que sucede es que la calidad literaria de El nombre de la rosa no va más allá de la de una novela de Agatha Christie —aunque Agatha Christie es infinitamente más refinada que Eco en su uso del punto de vista y de la creación de personajes y ambientes—.

Las novelas de conspiraciones históricas que llenan los anaqueles de nuestras librerías y venden millones de ejemplares por todo el mundo son todas hijas de la literatura posmoderna. Son los ideales de la literatura posmoderna puestos al servicio de la literatura de esparcimiento. Muchas veces se ha especulado sobre el tipo de novela que hubiera escrito Borges de haberse decidido a hacerlo. La respuesta ya la tenemos: habría escrito El código Da Vinci, ya que esa novela recoge innumerables temas y obsesiones que son plenamente borgianos. El problema es que Dan Brown es un pésimo escritor.


La literatura posmoderna pretendió romper el castillo de Axel del modernismo y unir el arte elevado con las formas populares (novela negra, ciencia-ficción, fantasía, etc.), pero perdió la batalla. Esta es la teoría de David Foster Wallace en Algo supuestamente divertido?, que me parece, en líneas amplias, acertada. Perdió la batalla porque en vez de “redimir” a la cultura popular, fue devorada por ella.


Tesis sexta. Podemos gritar e indignarnos contra la invasión de “productos” literarios fabricados en serie, novelas históricas con clave espiritual, novelas de conspiraciones que atraviesan sin esfuerzo los siglos o los milenios, novelas donde se revelan las “claves secretas” de célebres obras de arte, novelas que reinterpretan el legado espiritual de Occidente desde Cristo a los cátaros, pasando por los alquimistas o los templarios. Pero el éxito de esta literatura sólo puede tener una explicación: que, por muy pobre que sea intelectual y artísticamente, responde a las necesidades de nuestra época y, de algún modo, la refleja. Los lectores no buscan esos libros porque sean bobos que se dejan embaucar por una serie de hábiles mercachifles. Ni los mercachifles son tan hábiles ni los lectores son tan bobos. Los lectores saben lo que quieren, y leen esos libros porque los temas de los que hablan les interesan y les preocupan.


Colofón. Las seis tesis no construyen una teoría. No son ni complementarias ni excluyentes. Juntas forman una hidra difícil de manejar, pero que puede ayudarnos a salir de la tosca dicotomía del Bien contra el Mal a que se ve muchas veces reducido el debate literario.

viernes 6 de julio de 2007

más sobre la homogeneización de la oferta en el mercado del gran público

La homogeneización de la oferta de la industria editorial en el segmento ‘gran público’ puede alcanzar dimensiones insospechadas: tras el éxito de El cuento número trece acaba de publicarse una novela llamada El apóstol número 13. Ya no se trata solamente de vender libros cuyo argumento reproduce milimétricamente una fórmula que ha tenido cierto éxito. No.




Ahora la estrategia parece hacer énfasis en el primer punto de contacto con el posible lector: el título y la portada —dos aspectos a los que ya me referí respectivamente en las entradas ‘la homogeneización de la oferta en el mercado del gran público’ y ‘novelas de misterio y figuras históricas célebres’—.


En mi paseo de ayer por la Fnac pude ver que la entrada de la sección de libros estaba inundada de novedades dirigidas al gran público —es verano, llegan las vacaciones, nos esperan retrasos en los aeropuertos y en la playa hay que tener al lado un libro lleno de arena y de bronceador—. Lo más interesante que encontré fueron un par de perlas a propósito de los títulos de novelas de misterio y figuras históricas célebres: se trata de El manuscrito de Dante, de El sello Medici, de La conspiración Maquiavelo, de La novela perdida de Lord Byron y de El diario perdido de Don Juan.


Estas novedades se suman al listado de “novelas de misterio cuyo título alude a una figura histórica que incidió de manera definitiva sobre el curso de la historia de la humanidad —en torno a la cual suele haber algún misterio— y en las que la trama se articula en torno a dicha figura o a su legado” —como El código Da Vinci, El club Dante, La sombra de Poe, La clave Gaudi, La sombra de Leonardo, Los círculos de Dante y El club Dumas—.

jueves 5 de julio de 2007

thrillers de auster y banville bajo seudónimo

Durante el último año se han publicado en España dos thrillers firmados bajo seudónimo por dos grandes escritores anglosajones: se trata, en primer lugar, de Jugada de presión del norteamericano Paul Auster y publicada por Anagrama en marzo de 2006—; y, en segundo lugar, de El secreto de Christine del irlandés John Banville y editada por Alfaguara en junio de 2007—.


En el caso de Auster se trata de su primera novela, que publica en 1976 bajó el seudónimo de Paul Benjamin. Al parecer Jugada de presión no se volvió a editar durante mucho tiempo y se convirtió en un libro de culto para los amantes de la obra de Auster.


Banville, por su parte, escribe El secreto de Christine cuando ya se le considera un escritor consagrado y justo después de haber ganado el Booker Prize con la novela El mar. Se rumora que ésta es la primera novela de una serie que escribirá Banville como Benjamin Black.


El momento en el que son escritas y publicadas marca una diferencia significativa entre ambas novelas porque, a diferencia de Banville, cuando Auster publica Jugada de presión es un don nadie que a continuación tendrá que soportar cómo 17 editores rechazan uno tras otro la novela La ciudad de cristal que más adelante se convertirá en la primera parte de La trilogía de Nueva York.


En los dos casos llaman la atención no sólo la fascinación que muestran ambos escritores por el thriller, sino también la utilización del nombre del autor como argumento de venta porque con la saturación que hay en el mercado del género negro claramente no sería fácil que el público se fijara en un par de novelas escritas por unos desconocidos llamados Benjamin Black y Paul Benjamin. En principio el nombre del autor como marca y la novedad de publicar bajo seudónimo novelas escritas por dos figuras consagradas deberían funcionar muy bien para jalonar los dos libros y convertirlos en éxitos en ventas. No sé cómo habrá sido hasta el momento el rendimiento en ventas de Jugada de presión —en España la novela que saca Auster cada año normalmente entra al listado de los libros más vendidos y permanece en él durante un par de meses— y habrá que ver el resultado de la estrategia de marketing que ha montado Alfaguara para promocionar El secreto de Christine —que incluye el montaje de una prehome dedicada a la novela en la página Web de la editorial—.



miércoles 4 de julio de 2007

en este independence day me declaro abiertamente pro yankee

Me muevo en un medio en el que no hay nada más políticamente incorrecto que ser pro yankee. Yo no me caracterizo por ser una persona políticamente incorrecta pero, por lo menos en términos literarios, debo declararme abiertamente pro yankee. ¿Qué le vamos a hacer?


Es cierto que a través de Starbucks, de Wal-Mart, de Microsoft o de McDonald’s los gringos han venido inundando el mundo con un modelo de negocios que a dondequiera que llega se propaga como una maleza y cuyo principio consiste en acabar con cuanto se le cruce en el camino, que la política exterior gringa va en contravía de todos los valores democráticos que dice defender, que no hay ningún lugar al que las tropas gringas hayan traído nada bueno tras su desembarco —en su libro Diversité culturelle et mondialisation el belga Armand Mattelart analiza el costo de las concesiones que tuvieron que hacer los países europeos para recibir las ayudas del Plan Marshall tras la liberación— y que el provincianismo de una buena parte de la población estadounidense da pesar.



Y también es cierto que desde finales del siglo XIX un montón de libros maravillosos han sido escritos por varias docenas de escritores born in the USA como Jon Lee Anderson, Paul Auster, Donald Barthelme, Ray Bradbury, Erskine Caldwell, Truman Capote, Raymond Carver, John Cheever, Charles d'Ambrosio, Don DeLillo, Emily Dickinson, E. L. Doctorow, John Dos Passos, T. S. Eliot, William Faulkner, Scott Fitzgerald, Richard Ford, John Gardner, Nathaniel Hawthorne, Ernest Hemingway, Patricia Highsmith, A. M. Homes, John Irving, Henry James, Jonathan Lethem, Norman Mailer, William Maxwell, Herman Melville, Joseph Mitchell, Carson McCullers, Henry Miller, Joyce Carol Oates, Flannery O'Connor, Chuck Palahniuk, Dorothy Parker, Walker Percy, Edgar Allan Poe, Katherine Anne Porter, Philip Roth, J. D. Salinger, Isaac Bashevis Singer, Susan Sontag, John Steinbeck, Wallace Stevens, Harriet Beecher Stowe, John Kennedy Toole, Mark Twain, John Updike, Gore Vidal, David Foster Wallace, Edith Wharton, Walt Whitman, Tennessee Williams, William Carlos Williams, Tom Wolfe y muchos más que se me escapan.


En distintos momentos escritores como Paul Auster, Norman Mailer, Susan Sontag, John Steinbeck y Mark Twain han asumido posiciones bastante críticas con respecto a las políticas del gobierno de su país y al rumbo que ha tomado la sociedad gringa. De esto dan cuenta no sólo los fuertes debates que en momentos particularmente críticos se han desarrollado en revistas, periódicos y foros virtuales sino también libros como Las aventuras de Huckleberry Finn, La cabaña del tío Tom, Los vagabundos de la cosecha, La hoguera de las vanidades, Leviatán y ¿Por qué estamos en guerra?


Para terminar quisiera decir no soy anti yankee, que tanto la política exterior gringa como el devastador modelo de negocios de las grandes corporaciones estadounidenses me parecen asquerosos y que creo que si muchos países estuvieran en capacidad de hacerlo seguramente procederían de una manera similar a la de los Estados Unidos. Éste es el caso de las antiguas potencias coloniales europeas a las que ya se les acabó su cuarto de hora, por lo cual hoy en día deben conformarse con vivir del recuerdo de glorias pasadas y con jugar a los emperadorcitos en sus casi insignificantes zonas de influencia.

martes 3 de julio de 2007

la homogeneización de la oferta en el mercado del gran público

Hace unos días cuando estaba viendo el listado de los libros más vendidos que saca El Cultural todas las semanas creí descubrir un gazapo en los datos descriptivos de un par de libros: La sangre de los inocentes, de Julia Navarro y editado por Plaza & Janés, ocupa el tercer lugar en el listado mientras que El pedestal de las estatuas, de Antonio Gala y editado por Planeta, ocupa el octavo.


El gazapo que detecté consistía en que la editorial de ambos libros tenía que ser o Plaza & Janés o Planeta porque a todas luces era evidente que no podían ser de editoriales distintas. Quise verificar que estaba en lo cierto yendo a la página de la Fnac para buscar información acerca de los dos libros. Sin embargo, el resultado de mi búsqueda no hizo más que confirmar la información ofrecida por El Cultural.


A simple vista resulta curioso que dos sellos que compiten por un mismo segmento de mercado lleguen a confundirse por las similitudes existentes en el diseño editorial de sus libros. Sin embargo, pensándolo bien esto es lo más normal si se tiene en cuenta que, cualquiera que sea el sector, en el mercado del gran público es donde siempre hay una mayor tendencia hacia la homogeneización de la oferta —que normalmente se hace por lo bajo— porque allí se puede sacar un margen de ganancias satisfactorio vendiendo volúmenes grandes a un precio razonable como lo hacen Ikea, H&M, Dell, Seat o Zara. Vale la pena destacar que en algunos sectores en los que hay una fuerte concentración de la propiedad como el audiovisual, las telecomunicaciones y el editorial la homogeneización de la oferta ha alcanzado niveles mucho más inquietantes y peligrosos porque los bienes simbólicos que estos producen juegan un papel fundamental tanto en la educación como en la formación de la opinión pública.


Justamente en los nichos es donde mejor se puede explorar la posibilidad de ofrecer un producto cuidadosamente elaborado y donde está el potencial para hacer apuestas que, por recorrer caminos menos transitados, no sólo resulten más innovadoras —y, por lo tanto, arriesgadas— sino que también permitan desmarcarse de la competencia. Al fin y al cabo los nichos están mejor segmentados y menos saturados porque sus consumidores exigen productos que se ajusten a sus necesidades. En las entradas que he hecho sobre las fórmulas del éxito y los lugares comunes en la literatura contemporánea ya me he referido a este tema.



Pero las semejanzas entre La sangre de los inocentes y El pedestal de las estatuas no se limitan al hecho de que el diseño de las carátulas de ambas novelas sea casi idéntico. Revisando las sinopsis de ambos libros en la página de la Fnac —que son más bien argumentos de venta en prosa— encontré una serie de elementos comunes a las dos novelas:


El pedestal de las estatuas

Antonio Gala


De la jamás vista ni oída historia de Antonio Pérez, secretario y cómplice de Felipe II. De cómo se convirtió en testigo privilegiado de intrigas palaciegas y accedió a alcobas de reyes y reinas, y de cómo acabó siendo víctima de sus papeles secretos.


El descubrimiento de unos cuadernos desconocidos de Antonio Pérez, el secretario de Felipe II, permite desvelar la Historia oculta de aquellos años en España. El propio secretario reconoce, en sus últimos días, que continúa con vida gracias al arcón donde guarda copia de documentos, legajos, cartas y toda clase de pruebas que implican en asesinatos y siniestras estrategias a la monarquía, a la Iglesia y a casi toda la nobleza, desde los Reyes Católicos hasta Carlos V y su enigmático heredero. Es la confesión total de Antonio Pérez, el más temido verdugo del poder, que terminó siendo víctima de sí mismo.


La sangre de los inocentes

Julia Navarro


Las luchas de poder entre los cátaros y el control que lleva la inquisición propician que la crónica del fraile sea un valioso tesoro a descubrir. Su última frase se convertirá en un enigma a descifrar. Siglos después, antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el conde d’Amis, descendiente de una de las grandes familias cátaras, recibirá como legado la crónica de Fray Julián. Apoyándose en la erudición del Profesor Ferdinand, insigne medievalista francés, el conde y un grupo de hombres poderosos de ideología nazi verán en las palabras del fraile las claves para alcanzar lo que más ansían: el tesoro de los cátaros, el Santo Grial. Cuando estalla la Guerra, verá con sus propios ojos como el mundo -y el suyo en particular- se desintegra.


Fascinante trama llena de meandros, pistas falsas y enigmas, salpican esta brutal nueva novela, ambiciosa aventura escrita sin concesiones, llena de víctimas y verdugos en la que nadie ni nada es lo que parece.


A continuación presento las similitudes que permite establecer entre ambos libros el texto que utiliza la Fnac para presentarlos —el primer ítem de la igualdad corresponde a El pedestal de las estatuas y el segundo a La sangre de los inocentes—:


Sobre el tema de la novela: ‘intrigas palaciegas’ = ‘luchas de poder entre los cátaros’

Sobre un documento comprometedor como motivo narrativo de la novela: ‘cuadernos desconocidos de Antonio Pérez’ = ‘crónica de Fray Julián’

Sobre el autor del documento: ‘Antonio Pérez, el secretario de Felipe II’ = ‘Fray Julián’

Sobre el documento como algo que sobrevive al paso del tiempo: ‘copia de documentos, legajos, cartas’ = ‘legado [ de ] la crónica de Fray Julián’

Sobre los momentos históricos que cubre el argumento de la novela: ‘desde los Reyes Católicos hasta Carlos V y su enigmático heredero’ = ‘la inquisición [ y ] Siglos después, antes de iniciarse la Segunda Guerra Mundial’

Sobre las instancias de poder como escenario de la acción de la novela: ‘alcobas de reyes y reinas’ = ‘el conde [ descendiente de una de las grandes familias cátaras ] y un grupo de hombres poderosos de ideología nazi’

Sobre el reto que deben asumir el protagonista y el lector de la novela: ‘desvelar la Historia oculta’ = ‘valioso tesoro a descubrir' y 'enigma a descifrar'

Sobre la suerte final del malhechor: ‘el más temido verdugo del poder, que terminó siendo víctima de sí mismo’ = ‘verá con sus propios ojos como el mundo —y el suyo en particular— se desintegra’

lunes 2 de julio de 2007

hermanocerdo: una revista de literatura y artes marciales


Hace poco los editores de HermanoCerdo emigraron la publicación de Google Pages a Blogger, desde donde ahora se puede acceder a los quince números de la revista —y muy pronto al número 16—.


Desde hace más de un año el equipo conformado por Edgardo Dieleke, Daniel Espartaco Sánchez, Javier González Cozzolino, Miguel Habedero, Javier Moreno y Mauricio Salvador viene sacando cada mes esta revista de literatura y artes marciales que publica cuentos, reseñas, ensayos, crónicas, cartas y textos misceláneos. De HermanoCerdo me llaman especialmente la atención las traducciones que han venido publicando y el método colaborativo que han utilizado para hacer algunas de ellas.


De todo esto me enteré porque me lo contaron Mauricio Salvador y Javier Moreno —a quien conocí el viernes pasado y con quien curiosamente Juan Pablo Correa y el mismo Mauricio me pusieron en contacto con sólo un día de diferencia—.


Las colaboraciones a la revista deben enviarse en archivos de Word u OpenOffice, sin formato excepto por cursivas y notas, al correo hermanocerdo[at]gmail.com.

domingo 1 de julio de 2007

lecturas de fin de semana [ 29 ] / 'todo el verano en el bolsillo'

Empieza el verano y la planificación de las vacaciones hace que todo lo demás empiece a funcionar de una manera cada vez más lenta hasta quedar en stand by hasta principios de septiembre. El Cultural ha seleccionado veinticinco novedades de bolsillo para acompañar nuestros largos días de aeropuertos, montaña, carretera y playa.



En [ el ojo fisgón ] estaré atento del comportamiento de las ventas de estos libros, que seguramente han recibido un empujón al ser incluidos en esta lista —que curiosamente incluye un long seller como los Nueve cuentos, de J. D. Salinger—.


Todo el verano en el bolsillo

El Cultural selecciona 25 grandes novedades contra el hastío del estío

Quizá porque un segundo puede ser más que eterno y una línea resumir el universo, los libros de bolsillo se convierten en verano en cómplices indispensables para vencer tantas horas abrasadoras rendidas a la pereza. El Cultural ha seleccionado veinticinco pequeños buenos libros empapados de aventuras y amores difíciles, viajes imposibles e insuperables nostalgias. Además Agustín Fernández Mallo, José Ovejero y Rafael Reig, tres de los mejores creadores de mundos paralelos, nos regalan unos relatos veraniegos que, por los misterios del azar y la buena literatura, parecen completarse.


El regreso
Joseph Conrad
Funambulista. Trad. J. M. lacruz. 123 pp. 15’50 euros
Un mero intento de adulterio es el punto de partida del relato de Joseph Conrad (1857-1924) titulado El Regreso. Una tarde, Alvan Hervey recibe la terrible noticia de que su mujer le ha abandonado. El regreso, al poco tiempo, de esta esposa que permanecerá sin nombre a lo largo de la historia, dará pie a los trágicos pensamientos que avasallarán al protagonista. “Esa misma mañana, en aquella mesa habían almorzado juntos, y ahora cenarían allí. ¡Asunto concluido! Lo acaecido en el intervalo podía olvidarse, debía olvidarse, como esas cosas que pueden ocurrir sólo una vez... como la muerte, por ejemplo.” (p. 88). Un drama que, en realidad, sólo sucede en la mente de Alvan, prototipo del hombre burgués, más preocupado por el qué dirán y por las fachadas que a menudo sólo ocultan estercolres, que por descubrir las causas de su fracaso matrimonial y poner todo lo necesario para impedirlo. Con la intensidad característica de la escritura de Conrad, con su dominio de los sentimientos más profundos del hombre, El Regreso descubre la ceguera en la que puede vivir el hombre ante sí mismo, su pareja, el mundo y la vida cuando sólo le preocupa la apariencia.


Muertes Paralelas
Fernando Sánchez Dragó
Booket. 672 pp. 8,95 euros
“Autobiografía, novela, tragedia y mito se aúnan en este doliente exorcismo personal del autor para completar uno de los libros más valientes y encarnizados que he leído”. Con esta contundencia se expresaba Ángel Basanta a la hora de analizar Muertes paralelas, libro galardonado con el premio Fernando Lara 2006 y con el que se arrancaba una espina personal: la búsqueda, “con escrúpulo de historiador y tenacidad de detective”, de la peripecia existencial de su familia ante la desaparición de su padre durante los primeros años de la Guerra Civil. Dragó en estado puro. Escritura torrencial, referentes literarios y su habitual independencia ideológica destilan por unas páginas de una intensidad sólo comparable al “exorcismo” –distinto pero no menos personal– realizado en Kokoro: a vida o muerte. Aunque sólo en las últimas páginas de esta novela se recurre a la ficción, Muertes paralelas, según Basanta, “respira literatura–y vida, pues cuenta la tragedia esencial del autor–”.


La infancia recuperada
Fernando Savater
Alianza. 257 páginas, 7’50 euros
La política y la ética marcan las inquietudes de Fernando Savater (San Sebastián, 1947) en el momento actual, pero al inicio de su obra la literatura –tal vez su pasión más sincera– ocupaba el centro de su actividad intelectual. La reivindicación de los clásicos de la literatura infantil y juvenil adquirió el rango de la provocación en una época marcada por la literatura comprometida. Savater se apartó de esa tendencia para elogiar a Stevenson (absurdamente menospreciado), Tolkien (desconocido para el lector español de entonces) o Julio Verne (visionario de un futuro en el que nos encontramos). También a Zane Grey, Jack London , H. G. Wells, Conan Doyle y Guillermo Brown. Apoyándose en las tesis de Walter Benjamin, Savater dignificó la narración, basada en la memoria colectiva, sin menoscabar el valor de la novela, orientada hacia la innovación. La isla del tesoro no es simple aventura, sino iniciación en los conflictos morales. John Silver encarna la ambigüedad del Mal. Y los detectives no son un tributo al ingenio, sino inquisidores de la verdad. Savater lo comprendió en unos años en que la literatura se puso al servicio de la político, alejándose de sus orígenes, donde la imaginación no brota de lo fantástico, sino del impulso utópico que no cesa de rebelarse contra la realidad.


Hotel nómada
Cees nooteboom
Debolsillo.
224 pp, 9.95 e.
Ya lo explicó hace un lustro Román Piña en El Cultural: “Gambia, Malí, el Sahara, Bolivia y México nos pueden importar un comino, pero no Nooteboom, este holandés errante cuyos textos viajeros, treinta años después de escritos, se revelan como un documento jugoso y, lo que es más importante, como un tesoro literario” . Porque da igual el tiempo transcurrido desde que Nooteboom escribiera estas páginas, que nos invitan a viajar sin turistear, y a conocerse mejor a uno mismo mientras “todos los matices que confirman nuestra identidad, conquistados con dolor y esfuerzo a lo largo del tiempo, se desvanecen”.


Bagdad en llamas
Riverbend
Booket. 480 pp. 8’95 euros
El desgarrador testimonio de una joven iraquí, que se mantiene en el anonimato, queda reflejado en este libro que reproduce los pasajes de un blog que comenzó a escribir en septiembre de 2004, más de un año después de la invasión estadounidense. Con un tono que navega entre la indignación, el dolor y cierta ironía, esta ex informática narra los horrores de su vida diaria: las bombas, los amigos o familiares muertos... Una voz espontánea que ayuda a entender un conflicto de sangrante actualidad.


Una pantera en el sótano
Amos Oz
De bolsillo. 232 pp., 13’50 euros
En 1947, y en una Jerusalén que tiene aún sangrante la herida del Holocausto, un niño de doce años “y tres meses” al que todos llaman Profi por su manía de jugar con las palabras, es acusado por sus amigos y cómplices, “con letras gruesas y negras”, de ser un vil traidor. Y eso, a pesar de que su madre siempre dice que quien ama no traiciona, y que fue el propio Profi quien creó el LOM, un club de espionaje, formado por Profi y sus dos amigos, que intenta combatir a los ingleses que todavía no han abandonado Israel. Pero su nueva y secreta amistad con un policía británico al que enseña hebreo mientras él mejora su inglés y al que pretende arrancar informaciones decisivas para la independencia de su país resulta demasiado inquietante... sobre todo para él, que comienza a no distinguir las fronteras entre la lealtad y la traición. Profi se sueña como el Tyrone Power de Una pantera en el sótano, capaz de esfumarse en la niebla y apostar distintas identidades, pero está atrapado por padre nada afectuoso, la angustia de un pueblo odiado por ser distinto en Polonia, y por no serlo en Alemania, aterrado ante un futuro demasiado incierto y un pasado demasiado atroz, por las sombras de la amistad o el despertar al amor. Una de las obras mayores de Oz.


Cuentos de los días raros
José María Merino
Punto de lectura. 240 páginas, 6’70 euros
Una inquietante portada de Montañés Pérez sirve de presentación para estos Cuentos de los días raros en los que Merino ha desplegado su talento para la condensación. Son 15 relatos que, según su autor, hablan “de la rareza de los días desde nuestra relación con los sueños”. La importancia de la lectura en la configuración personal en “Mundo Baldería” o “El viaje secreto”, la preocupación sobre la excesiva robotización en “Celina y Nelima”, el desdoblamiento (habitual en la obra de Merino) en “El fumador que acecha” o los registros del recuerdo en “La memoria tramposa” son sólo algunos de los temas que pueden encontrarse en estas piezas breves en las que, según Ricardo Senabre, “se hallan algunas de las claves que permiten entender más cabalmente el alcance de sus novelas”.


Kim
Rudyard Kipling
Debolsillo. 448 pp., 9’95 euros
Quien se acerque a Kipling buscando literatura juvenil no se equivocará pero quien lo haga con la intención de reptar por los sofisticados mecanismos de la alta literatura, tampoco. Es muy difícil encontrarse con un autor, y en este caso con una obra, “Kim”, que pueda leerse como un evasivo relato de aventuras y como un clásico universal. Es un derecho sólo reivindicado por grandes de la talla de Cervantes o, por aludir a contemporáneos de Kipling, talentos como el de Joseph Conrad. Esta cuidada edición, como el profundo y riguroso estudio introductorio, pertenece al desaparecido Edward W. Said, Premio Príncipe de Asturias de 2002 que propició el acercamiento entre culturas. Ambientado en la India colonial británica, el libro cuenta el viaje iniciático de Kim, huérfano del regimiento irlandés a través de una sociedad tan rica como compleja. Para Said, “la mejor obra extensa de ficción de Kipling”.


El cerebro nos engaña
Francisco J. Rubia
Booket. 445 pp., 8’50 euros
Resulta que el cerebro nos engaña “por ser una máquina de confabulaciones y fantasías, generadora de música, arte, mitos, religión e irrealidad”. A partir de esta premisa, Rubia analiza la mente como producto de la evolución, la organización modular del cerebro, el sistema emocional y sus ventajas o las trampas de la memoria hasta llegar al punto crucial de su estudio, que es la relación entre el cerebro y la divinidad. Aquí es donde estudia las experiencias místicas y las experiencias cercanas a la muerte.


Crónica de piedra
Ismaíl Kadaré
Alianza. 272 páginas, 7’50 euros
Escrita en los años 70 en Tirana (Albania), pero revisada, libre de censura, en el París de los 90, esta Crónica de piedra viene a ser una primera autobiografía del albanés Ismaíl Kadaré. Escrita sin nostalgia ni rencor, en ella revisa su infancia durante la terrible invasión italiana y alemana y sus primeras lecturas y obsesiones. También, claro, la abuela Selfixhe, Xhexho, tía Xhemo, doña Pino... Y la ciudad pétrea, sorprendente y asombrosa, que albergaba a duras penas la vida humana entre sus miembros “y bajo su caparazón de piedra tampoco cesaba de causarle, sin pretenderlo, incontables dolores, arañazos y heridas a esa vida”.


Canción de cuna
W. H. Auden
Debolsillo. 342 pp., 8’95 euros
Versos escritos entre 1935 y 1939 que nos ponen, en palabras de Antonio Colinas “ante el poeta verdadero, representado por algunos de sus más bellos y complejos poemas”. “Con extremada sabiduría, debatiéndose bajo una llluvia de ideas y de conceptos, sorteando las noticias de la historia inminente, pero buscando ‘alivio? con su palabra para él y para el mundo. El idealismo poético siempre acaba siendo la gran solución no sólo para el poeta sino también para los demás humanos”.


La visigoda
Isabel San Sebastián
La esfera. 396 páginas, 9 euros
En el ocaso de su vida, Alana, “La visigoda”, hace memoria de la aventura que comenzó “un atardecer brumoso de hace 73 años en una aldea perdida de Asturias”. Tenía 16 años y fue secuestrada para formar parte del tributo de las Cien Doncellas, que cada año entregaba el príncipe Mauregato al emir cordobés. Sus desdichas, amores y desengaños sólo acababan de empezar, aunque “ni un sólo día perdí la esperanza.”


Días de diario
Antonio Muñoz Molina
Seix barral. 84 páginas, 16 euros
La doble vida del escritor nunca se manifiesta con tanta claridad como en sus diarios, un género mucho más flexible que la autobiografía, donde se impone la fidelidad a lo vivido. El escritor transita por el mundo, pero su experiencia incluye su contienda con la escritura. Muñoz Molina nos cuenta sus viajes de Madrid a Nueva York durante la gestación de El viento de la Luna. Sus notas comienzan con la evocación del padre, ausente por culpa de la muerte, pero de alguna manera vivo por la conjunción de la memoria y la escritura. La vocación convive con las dudas. La advertencia de Cyril Conolly sobre la ética del escritor –no hay que perder el tiempo si no se pretende escribir una obra maestra– no hace más fácil las cosas. No obstante, la novela avanza. Nueva York y Madrid, dos escenarios propicios a la escritura. Anotaciones breves, prosa fluida, chispazos de lirismo. Muñoz Molina nos entrega unas confesiones donde se confirma que para el escritor hay dos vidas: lo que pasa a diario y el diario que corre paralelo a la obra, tal vez más verdadero que la pura cotidianidad abocada al olvido.


La reina sin espejo
Lorenzo Silva
Booket. 379 pp., 7’95 euros
Cuarto título protagonizado por la pareja mixta de guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, La reina sin espejo gira en torno al asesinato de una famosa periodista casada con un escritor consagrado, en una trama de corrupción policial y de explotación sexual. Un libro excelente, un relato ameno sin perjuicio de las cuestiones psicológicas, existenciales o sociales que aborda. Permite el placer de disfrutar de una buena historia, asegura un entretenimiento que nunca dejará de ser sustancia de este género y muestra algunas parcelas del comportamiento humano.


Nieve
Orhan Pamuk
Punto de lectura. 672 pp., 11’30 euros
El nobel turco esboza en su séptima novela una aproximación a la quebradiza realidad de su Turquía natal, jalonada por sus delicadas brechas políticas y religiosas. Como en obras anteriores, Nieve está tratado en primera persona, la de Ka, un poeta que regresa a Estambul tras un exilio de 12 años. A su llegada es enviado a la ciudad de Kars donde es testigo de las tensiones de una sociedad dividida. Pero a Ka también le mueve el amor y la amistad, ingredientes igualmente relevantes en la narración ágil y sincera de uno de los grandes de la literatura europea.


Tokio blues
Haruki Murakami
Maxitusquets. 381 páginas, 9’95 euros
Murakami (1949, Kioto) escogió una canción de los Beatles para recrear la peripecia de un personaje que no conseguirá desprenderse de la adolescencia hasta conocer el amor, el sexo y la muerte. Porque cuando se suicidan Kizuki y Naoko, Watanabe advierte el tacto de la muerte en su propia carne. Una parte de sí mismo desaparece con ellos, pero la escritura le ofrece la posibilidad de recuperar lo perdido.


Al rojo vivo
Nora Roberts
Debolsillo. 379 páginas, 8’95 euros
Su nombre no es aún popular en España, pero Nora Roberts, una de las reinas mundiales del género romántico, muestra aquí sus mejores armas. Todo comienza cuando un ladrón de guante blanco, Doug Lord, se encuentra con de una suerte de Paris Hilton enamorada de los coches deportivos y las botas italianas. Mientras el mundo entero busca a la heredera y a él le persiguen unos asesinos, deciden marcharse a Madagascar nada menos en pos de un tesoro. Y esto sólo para empezar.


Desertores
Pedro Corral
Debolsillo. 623 pp. 9’90 euros
Desertores se sumerge en uno de los aspectos peor conocidos de nuestra guerra civil: el de los dos millones y medio de desertores, de ambos bandos, que intentaron eludir la contienda. A Pedro Corral le interesan, como resaltó en nuestras páginas Núñez Florencio al reseñarlo, “ese pueblo de verdad que en los discursos de las élites era mera entelequia o, peor, simples números llamados a desempeñar calladamente el trágico papel que se les había asignado”, cuando en realidad “la gran mayoría no entendía de ideales políticos ni banderas, ni que por ellas tuvieran que matar o morir”. Así, un tercer ‘ejército invisible’ optaba por alejarse de un frente que no era el escenario grandioso que pintaban los doctrinarios, sino una inmensa fosa en la que se pasaba frío hasta la congelación y hambre hasta la extenuación”.


Nueve cuentos
J. D. Salinger
Edhasa. 287 páginas, 10 euros
Sólo dos años después de la publicación de El guardián entre el centeno aparecieron estos Nueve cuentos de J.D. Salinger, reunidos después de haber visto la luz en New Yorker entre 1948 y 1953. Algunos cuentos han alcanzado las dimensiones clásicas de su predecesor y sus protagonistas alcanzan a veces la altura de Holden Caulfeld. La II Guerra Mundial y sus consecuencias se reflejan en personajes como Seymour o el Sargento XX, figuras alienadas convertidas en espectros. Y cuentos como “Un día perfecto para el pez plátano” o “El hombre que ríe” se sitúan entre lo mejor de un Salinger que ya entonces arremetía contra todo el que se inmiscuía en su privacidad. Y su leyenda continúa.


Al otro lado de la niebla
Juan Luis Arsuaga
Punto de lectura. 374 pp, 7’95 euros
Arsuaga, codirector de las excavaciones de la sierra de Atapuerca, imagina en su primera novela “cómo debió de ser la vida en la España de la Edad de Piedra”. Un debú sorprendente según la crítica, “no sólo por el atrevimiento y originalidad de su planteamiento, sino también por su calidad”, pues logra dotar a la novela de una “verosimilitud que atrapará y fascinará a numerosos lectores”.


Piedras ensangrentadas
Donna Leon
Seix Barral. 356 páginas, 6’95 euros
Un vendedor africano de genuinos bolsos falsificados muere tiroteado. ¿Ajuste de cuentas? ¿Mafias de la inmigración? Las autoridades pretenden cerrar el caso, pero el comisario Brunetti (protagonista de las novelas de Leon) descubre en la habitación del muerto una fortuna en diamantes de una pureza excepcional. Y comienza a investigar.


El pintor de batallas
Arturo Pérez Reverte
Punto de lectura. 304 páginas, 8’20 euros
Considerada por muchos como la novela más personal e intensa, la más profunda y también la mejor de Pérez-Reverte, que presta al protagonista muchos rasgos autobiográficos, se trata de una reflexión sobre el imperio del horror ante la fragilidad humana.


Conversaciones imaginarias
Walter Savage Landor
Cátedra. 448 pp., 12 euros
Excelente conocedor de los clásicos grecolatinos, poeta fascinado por el Mediterráneo, Landor (1775-1864) se permitió usurpar el nombre de filósofos, científicos y rebeldes para redactar esta obra que no dejó de crecer a lo largo de su existencia. Aquí Diógenes polemiza con Platón sobre la inmortalidad del alma. Epicuro elogia la duda y el fracaso como el punto de partida del conocimiento. Boccaccio y Petrarca pasean juntos y Montaigne deduce que el vino determina la visión del mundo. Humor, perspicacia y fantasía convierten esta rareza en un libro delicioso. Nadie espere encontrar sermones o lecciones. Landor sólo busca el placer de frecuentar la inteligencia y virtud de los inconformistas del pasado.


Un millonario Inocente
Stephen Vizinczey
RBA. 576 pp., 7’50 euros
Bastante más que el autor de En brazos de la mujer madura, Vicenzcey juega en Un millonario inocente con las desventuras de Mark Niven, que sueña desde los catorce años con recuperar el tesoro de un barco hundido en el Atlántico, y que, cuando parece a punto de recobrarlo, se ve enredado en un fraude y en una historia de amor que amenazan con destruirlo.


El libro de aguardientes
Carlos Delgado
Alianza. 208 pp., 6 euros
El enólogo Carlos Delgado amplía su ya clásico librito sobre licores y aguardientes. Tras un somero preámbulo en el que explica la historia de la destilación de alcohol, desde el antiguo Egipto hasta nuestros días, Delgado da cuenta de los distintos orígenes de las variantes de las bebidas en que centra su trabajo, narrando numerosas anécdotas que enriquecen un enfoque en el que cobra importancia el factor científico y el establecimiento de jerarquías.