martes, 8 de enero de 2008

la concentración de la propiedad de la industria editorial y la subordinación de la política de contenidos a los intereses comerciales

En su edición del 27 de diciembre de 2007 al 9 de enero de 2008 la revista Cambio hizo un especial en el que les pidió a diez escritores colombianos contemporáneos —en su mayoría jóvenes— que escribieran un texto acerca de su personaje favorito. Llama la atención que con excepción de Daniel Samper Pizano en todos los casos se trata de autores publicados por sellos editoriales pertenecientes al Grupo Planeta, que hace unos meses compró el 55 % de la Casa Editorial El Tiempo —el grupo multimedia al que pertenece la revista Cambio desde hace dos años*—. A pesar de que es un autor del Grupo Santillana, el hecho de que Samper sea accionista de la Casa Editorial El Tiempo podría explicar su inclusión excepcional en la lista de autores convocados por Cambio.



Aunque está claro que una de las tareas que debe hacer una editorial para sacar adelante su negocio consiste en promocionar a los autores que publica y que la gestión de la promoción es una decisión que está en manos de cada empresa, no tiene presentación que un medio que sólo les dé visibilidad a aquellos autores publicados por los sellos que pertenecen a su mismo grupo multimedia. El mayor capital de un medio de comunicación es su credibilidad, que es seriamente cuestionada y puesta en juego cuando éste subordina su la política de contenidos a sus intereses comerciales. Aunque no deja de tener cierta audacia, me parece que en este caso la política editorial de Cambio carece por completo de seriedad.



Conozco bien el trabajo de la mayoría de estos autores y a juzgar por la calidad literaria de sus obras considero que incluso en el plano local es muy poco probable que cualquiera de ellas deje una huella importante en la historia de la literatura —claro, siempre existe la probabilidad de que en el futuro escriban alguna cosa que sí lo haga—. Debo aclarar que no he leído ni a Carolina Sanín ni a Juan Esteban Constaín pero que un par de personas cuyo criterio me parece bastante confiable me han hablado muy bien del trabajo de este último.


____________________________


* La historia de la relación entre Cambio, la Casa Editorial El Tiempo y el Grupo Planeta es muy sencilla: una revista muy sensacionalista llamada Cambio cuyo principal accionista era el escritor Gabriel García Márquez que empezó siendo una filial colombiana de la publicación española Cambio16 y que en sus inicios alcanzó a tener cierto prestigio fue comprada a finales de 2005 por la Casa Editorial El Tiempo —el grupo multimedia en el que después de un proceso de expansión y diversificación de actividades terminó convirtiéndose el periódico El Tiempo, que desde hace varios años es el único diario nacional—, de la cual a su vez el Grupo Planeta compró el 55 % en agosto pasado.

7 comentarios:

Camilo Hoyos G. dijo...

Brillante análisis, poeta. Es una lástima que el anecdotario de un escritor termine siendo una fórmula de venta.

Silvia Senz dijo...

Esto ya es el pan de cada día desde hace años...

martín gómez dijo...

Tienes razón, Silvia. Y es horrible darse cuenta. Algunas veces preferiría poder no enterarme de estas cosas o no darles la importancia que les doy.

Gracias por tu comentario.
Un saludo.
Martín.

martín gómez dijo...

Poeta, a mí lo que realmente me choca no es el tema que se aborda en el especial sino el criterio bajo el cual se escogen a los autores que participan en él. Es más, me indigna.

Seguimos.
Martín.

desequilibros dijo...

grrrrrrr

Silvia Senz dijo...

Martín, he seguido el hilo de este post en A&C, alargando el debate a la trascendencia que tiene la actitud que adopte la industria editorial (control de la palabra o cualificación profesional) para su propia supervivencia a la revolución digital.

martín gómez dijo...

Genial, Silvia. Planteas un tema crítico que yo no manejo pero sobre el que afortunadamente hay personas que ya están haciendo unos aportes interesantísimos.

Muchas gracias.
Un saludo y seguimos en contacto.
Martín.