viernes 21 de diciembre de 2007

la gran obra del editor independiente francés christian bourgois

Una de las primeras cosas que leo esta mañana es que el editor independiente francés Christian Bourgois acaba de morir. Lo leo en La république des livres, el blog de Pierre Assouline, que en su entrada "Un éditeur disparaît" dice lo siguiente:


‘Nunca fue un editor tan grande como cuando estuvo a la cabeza de una pequeña editorial. La suya. Aquella que llevaría su nombre y sus armas y que él manejaba de la mano con su mujer Dominique desde 1992. Christian Bourgois, quien acaba de morir en París a la edad de 74 años como consecuencia de un cáncer, era alguien en el mundo de la edición. Una figura, un señor, un personaje. Si por algo se imponía, era primero que todo por su catálogo: en él Salman Rushdie está junto a Antonio Tabucchi, Toni Morrison, William Burroughs, Richard Brautigan, Martin Amis, Allen Ginsberg, Ernst Jünger, Tolkien, Jim Harrison, Antonio Lobo Antunes, Fernando Pessoa, Gombrowicz, Borges, Ezra Pound y Arrabal entre otros. Con un afecto particular por Burroughs. Su obra, ese libro único del que él era el autor principal porque era el artesano exclusivo, era su catálogo. A pesar de algunos grandes descartes en el ámbito francés (Topor, Linda Lê, Georges Perec, Boris Vian), seguía siendo el descubridor por excelencia de la literatura extranjera en Francia. Era paradójico el hecho de que apenas practicara lenguas distintas del francés. ¿Su secreto? Sabía rodearse de amigos que eran excelentes lectores y traductores. Una red eficaz’.


Tras formarse como editor en Julliard, 10/18, Plon, Perrin y Presses de la Cité, Bourgois consiguió construir en su propia editorial un catálogo de primera categoría frente al cual no puedo sentir nada menos que una gran admiración y simpatía.

jueves 20 de diciembre de 2007

red de blogs y libros, gacetilla literatura y ediciona: tres iniciativas participativas interesantes

Desde hace varios días quería referirme a tres iniciativas interesantes que se desarrollan en esa zona en la que se cruzan aquellos a quienes les gusta la literatura, las personas vinculadas con el sector editorial o interesadas en él y la blogósfera.


1. red de blogs y libros


Un espacio colaborativo que les sirve como punto de encuentro a personas que al compartir un interés común por el sector del libro terminan conformando una red social alrededor de éste. Su artífice y gestor es Txetxu Barandiarán.



2. gacetilla literatura


‘Gacetilla es un sistema de ríos temáticos de noticias colaborativos donde los usuarios deciden lo que es importante.


Gacetilla es un proyecto que agrupa varios río de noticias, estilo Digg o Reddit, especializado en asuntos específicos (Colombia, Literatura, Cine,…). La idea detrás de Gacetilla es facilitar el acceso a notas interesantes sobre estos temas que usualmente se pierden entre la maraña informativa y la basura mediática, así como generar discusiones al respecto. También pretende visibilizar medios regionales y nuevos medios (blogs y e-revistas, por ejemplo) equiparándolos a los ya establecidos.


Gacetilla funciona colaborativamente. Cada usuario/lector, una vez registrado, puede contribuir al caudal publicando enlaces que le interesen. Así mismo, cada lector puede votar positivamente por enlaces ya publicados para mejorar su posición en la lista. Adicionalmente, cada enlace publicado acepta la opción de publicar enlaces relacionados, generando así nubes de enlaces alrededor de eventos o temas específicos.


Gacetilla es desarrollado por Sergio García usando Common Lisp, con eventuales pequeñas colaboraciones -más que todo de diseño y funcionalidad- por parte de Fidel Ramírez y Javier Moreno’.



3. ediciona: portal en incubación, blog y comunidad en neurona


ediciona.com es un proyecto que actualmente está en proceso de incubación y que aspira a convertirse en el portal de la edición y el sector editorial. Poco a poco va tomando forma y muy pronto estará en línea.


Paralelamente al desarrollo del portal, Arantxa Mellado y su equipo han montado dos espacios homónimos relacionados con éste: por un lado, han abierto en Neurona —el portal de networking profesional— la comunidad tanto de los profesionales de la edición y el mundo editorial como de los que aspiran a serlo: escritores, maquetadores, traductores, correctores de estilo y tipográficos, editores, etc.; y, por el otro, alimentan el blog del portal.




Esta entrada es una invitación a visitar estos tres espacios y participar en ellos. Vale la pena hacerlo.

miércoles 19 de diciembre de 2007

entrevista de francis pisani al presidente de lulu.com / "queremos ser un mercado para el contenido digital"

La impresión bajo demanda es un tema que me interesa muchísimo pero al que no había tenido la oportunidad de acercarme hasta hace dos días, que encontré la entrevista que le ha hecho Francis Pisani a Bob Young —el presidente de Lulu.com—. Ésta es una empresa con un modelo de negocio interesantísimo que si tiene éxito puede repercutir con mucha fuerza en la sobreproducción que hay actualmente en el mercado editorial, en la viabilidad del negocio de la edición de contenidos impresos —gracias a la disminución del riesgo que actualmente hay implícito en él— y en el medio ambiente.


Reproduzco la entrevista de Pisani, que está repartida en dos entradas de Transnets: “Lulu.com, marché pour contenus numériques” y “Lulu.com et le futur du livre”.


Francis Pisani: ¿Cuál es la proporción de libros electrónicos?


Bob Young: Los libros electrónicos son el futuro de nuestro negocio. Hace tres años representaban el 2 % de nuestras ventas y hoy representan el 10 %. Si la proporción es la misma dentro de cinco años, habremos fracasado.


F.P.: ¿Cómo puede funcionar una empresa tal?


B.Y.: Todo es digital. No tenemos ningún problema de stock físico y solamente imprimimos cuando el pedido de un libro se hace. No tenemos máquinas y a menudo utilizamos las que Xerox fabrica para la impresión bajo demanda (Print on Demand ou PoD). Calculamos el precio de la fabricación y luego el autor fija el margen que quiere. Él se lleva el 80 % de la diferencia y nosotros el 20 %. Algunos autores empiezan a ganarse la vida gracias a Lulu. Eran doce el año pasado y este año serán sesenta. Toda la dificultad consiste en dar a conocer el texto.


F.P.: ¿Cómo puede resolverse este problema?


B.Y.: Hemos trabajado muy activamente con Google. Lo que ellos hacen es excelente para los autores. Permiten encontrarlos. Es cierto particularmente para aquellos que abordan temas que las editoriales ignoran. Hoy sólo los que son muy grandes tienen miedo de que utilicemos Internet. Los demás están listos a todo porque es posible encontrarlos.


F.P.: ¿Por qué usted se rehúsa a definir Lulu como una editorial?


B.Y.: Porque quiero ser un mercado para el contenido digital. No hay mucho de eBay ni de Amazon. Es terriblemente difícil. Pero el ordenador no distingue entre los 1 y los 0 se trate de libros, de vídeos o de podcasts. No estamos lejos de ver todos estos contenidos convergiendo en nuevas formas y será entonces cuando tengamos nuestro “momento iPod”.


F.P.: ¿Las editoriales no tienen razón en verlo como un rival?


B.Y.: No creo que Lulu les haga daño a las buenas editoriales. eBay no ha alcanzado ni a Christie’s ni a Sotheby’s. El Massachussetts Institute of Technology (MIT) seguirá atrayendo los materiales de buena calidad. Es un mercado que no atenderemos jamás pero es un mercado muy pequeño. El 99,9 % de lo que no tiene ningún interés para el MIT o para los demás sí que tiene valor para una audiencia.


F.P.: ¿Cuál es el modelo económico del libro de mañana?


B.Y.: Esa es una gran pregunta: ¿seguirá el libro el camino de los programa de televisión ofrecidos gratuitamente y financiados por la publicidad? Es posible para los más populares como Harry Potter. Los menos conocidos seguirán vendiéndose al detal, tal vez con algunos modelos de afiliación.


F.P.: ¿El fenómeno de “la larga cola” se aplica a Lulu.com?


B.Y.: Claro, en la medida en que el 80 % de los ingresos provienen del 20 % de los títulos. Sin embargo, aplicarlo de manera uniforme puede llevarnos a ser víctimas de un espejismo. No se pueden abandonar el 80 % de los títulos que proveen el 20 % de los ingresos porque no se sabe por anticipado sobre quién caerá eso. Es el mercado el que decide y yo dejo que lo haga.


Pero hay que ir más lejos. No hay un mercado de libros. Es necesario segmentarlo y mientras los segmentos sean concebidos de manera más específica, serán más eficaces. Lulu no es un mercado único, es un conglomerado de micromercados. Y sobre cada uno de ellos se constata que la regla del 80/20 aplica. eBay también es una colección de pequeños mercados que debe atender.


F.P.: ¿Cómo ve usted el futuro del libro?


B.Y.: Es enorme. Funcionamos sobre la base de relatos, de historias. Un buen libro nos educa y nos hace penetrar en un tema. Poco importa si se trata de tecnología, de poesía o de temas más conceptuales. Lo que cuenta es el futuro del relato bien concebido. La dificultad se debe a que los instrumentos de los que disponemos hoy no llevan bien el contenido a Internet. Estamos frente a un medio nuevo y faltan veinte años para descubrir sus reglas porque, como lo decía McLuhan, el medio es el mensaje.


Si el futuro del relato es multimedia, no podrá depender de individuos solitarios. Es muy complejo. Pero eso no remplazará al libro. El autor solitario hace cosas destacables. No está obligado a hacer concesiones. Las obras de Shakespeare o Dickens salieron de sus cabezas sin que ellos tuvieran que establecer compromisos. Son el fruto de la inspiración como para da Vinci, Picasso ou Mozart. Ningún equipo será capaz de producirlas. Esta falta de compromiso que permite que la creatividad florezca no desaparecerá jamás.

martes 18 de diciembre de 2007

balance/07 [ 4 ] / mis libros favoritos de este año, parte 2



Desde hace años he sido un lector flojo de libros de no ficción. Sin embargo, este año leí diferentes libros de este tipo de temas, registros y autores muy variados.


Entre los libros de no ficción que leí este año, mis favoritos son los siguientes:


- Pasando página, de Sergio Vila-Sanjuán

Destino

Barcelona, 2004


- Los demasiados libros, de Gabriel Zaid

Anagrama

Barcelona, 2001


- El perfeccionista de la cocina, de Julian Barnes

Anagrama

Barcelona, 2006


- Ébène, de Ryszard Kapuściński

Plon

París, 1998


- América, de Norman Mailer

Anagrama

Barcelona, 2005

lunes 17 de diciembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 15 ]


Mi recomendado de la semana


Marbot ediciones

Barcelona


Mis libros favoritos


Dublineses, de James Joyce

Alianza editorial

Madrid, 2001


Me llama la atención


Carteles. Nuevos diseñadores., de John Foster, Fuszion Collaborative

Gustavo Gili

Barcelona, 2007

domingo 16 de diciembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 62 ] / el mundo según el agente literario andrew wylie, más conocido como 'el chacal'

A través de Maud Newton encontré una extensa entrevista al agente literario Andrew Wylie —mejor conocido como “El Chacal”—, quien representa no sólo a grandes autores de nuestro tiempo como Salman Rushdie, Saul Bellow, Norman Mailer, Susan Sontag, Philip Roth, Jorge Luis Borges e Italo Calvino sino también a figuras del mundo político y empresarial como Nicolas Sarkozy, el padre de Bill Gates, el CEO de Oracle y algunos altos funcionarios de Washington. Tanto en el perfil que hace Lloyd Grove como en las palabras de Wylie se perciben claramente los fundamentos de su carácter, de la visión que tiene de su negocio y de la estrategia con la que lo maneja.


Reproduzco algunos apartes de la entrevista que ilustran en qué consiste el trabajo de los agentes literarios y las jugadas a través de las cuales Wylie ha conseguido convertir su agencia en lo que es actualmente.




World According to ... Andrew Wylie

by Lloyd Grove

Dec 14 2007


The literary agent who has rewritten several chapters of the book publishing business stands up for his writers, elitism, and Amazon.com (but not the Kindle).


New York literary agent Andrew Wylie seems perfectly happy to be known as "the Jackal" —the nickname that sticks even though he obtained it years ago in Britain during a publishing dustup whose baroque details have largely faded from memory. He's equally unruffled when book editors and rival agents call him an "evil madman," a "cold-eyed predator," and a "monster."


The 59-year-old Wylie, more famous than many of the 600-plus authors he represents, has devoted his career to shaking up the once-genteel book business on both sides of the Atlantic by doing things that just weren't done —stealing writers from fellow agents, demanding and receiving outrageous advances, and otherwise making a huge pain of himself in the service of his clients. (He became the Jackal in the course of securing a previously unheard-of $750,000 advance for Martin Amis, who —in an alleged act of betrayal that was the stuff of tabloid melodrama— retained Wylie after dumping his longtime agent, the wife of his best friend, fellow novelist Julian Barnes.)


Today Wylie's stable of thoroughbreds, living and dead, also includes Salman Rushdie, Saul Bellow, Norman Mailer, Susan Sontag, Philip Roth, Jorge Luis Borges, Italo Calvino, and many others who constitute a who's who of the planet's best writers.


Wylie grew up as the son of a respected book editor in an old-money Boston family, studied French literature at Harvard, and entered the publishing game relatively late in life, when he was already in his 30s, after a misspent youth of Bohemian excess, which included hanging out with Andy Warhol, writing dirty poetry, and partaking of all manner of dangerous drugs.


Today he's an unapologetic snob. In his droll way, with an upper-class accent that sounds more English than American, Wylie is an evangelist for the principle that nominally noncommercial literary authors —whose work will stand the test of time, he believes— deserve at least as much consideration and cash as the likes of John Grisham and Stephen King. Rewarding elitism is only good business, he argues.


The secret of his success?


"When you represent someone's work, if you're passionate about it, and that passion is sincere, it's conveyed," Wylie told Portfolio.com this week in an exclusive interview. "And it's hard to resist passion."


Lloyd Grove: Well, you look like a perfectly nice man. How did all these nasty names attach themselves to you?


Andrew Wylie: I think that if you're building an agency from scratch, it's a difficult thing to do. If you're building an agency from scratch that is, by design, focused exclusively on the upper end of the market in terms of quality, it becomes exponentially more difficult, because the margins —which are thin anyway in publishing— will get thinner as the quality increases. And what we were trying to do was to represent quality with the same kind of discipline that had been brought to the representation of bestsellers. (…)


L.G.: Do you still charge 10 percent?


A.W.: No, 15.


L.G.: When did you raise it to 15?


A.W.: We were the last in the industry. I think it was about 18 months ago.


L.G.: That was a big deal because, oh, my God, there are some people charging 20 percent now.


A.W.: Yeah, we were holdouts. I really do think we were the last.


L.G.: Why did you hold out so long?


A.W.: We could.


L.G.: But was that a matter of principle? You just liked that idea?


A.W.: Well, the people we represent are not writers who make the most money in the business. The greatest advances are paid either to disgraced politicians or to failed novelists. We don't represent either category.


L.G.: By failed novelists, do you mean people who write bad novels? They're commercially successful, but literarily they've failed?


A.W.: Yeah, in my view. But the key point in the business is that the investment is made in the wrong areas in the business, and I think that quality —which is more valuable over time— has been undervalued, and quantity —which is less valuable over time— has been overvalued. And I think this is a reaction to the dominance of the influence of the chains. In England right now, this is a catastrophe. The retail side is leading the business by the nose, and publishers have not reacted with sufficient strength, and they should have. And so the business in England is just in the tank basically.


L.G.: Really?


A.W.: Yeah. Because the publishers have given in to every act of aggression that's proposed by the chains, and it's been very bad for business. Everything is deeply discounted, there are endless two-for-three deals and stuff like that, with the authors getting reduced royalty, and the publishers having an already thin margin decimated by being compelled or agreeing to higher discount arrangements with the chains. It's very shortsighted, and it's all an aspect of publishers trying to cover over the fundamental weaknesses of their respective businesses with, you know, misleading cash flow. (…)


L.G.: And you just brought in Scott Moyers, the former editor of Penguin Press?


A.W.: Yeah, that's right. Really what happened structurally was that Sarah Chalfant ran the New York office for the last decade, and I ran the London office. She is a Brit, however she's been here for 15 years, and the last 10, she's run the day-to-day business of the New York office, while I've run the day-to-day business of the London office. And I've been going to London once a month for the last 20 years. When she announced that she'd like to go to London, which was a good thing from my point of view, we arranged for Scott to come here and fill her shoes. And now she runs London, Scott runs New York. (…)


L.G.: Tell me, how big is the book industry? I've seen statistics that in the United States, it's somewhere north of $30 billion. I don't know what it is, $25 billion to $26 billion in Europe? But that's the whole industry. It's a relatively small industry. Dwarfed by television, by Google, by the internet.


A.W.: Dwarfed by shoe shining. It's a very odd, very small business, that no one should get into unless they have no other occupation that they want to be involved in. I love it, but it's tough —you have to work two or three times harder than you do at other jobs to succeed.


L.G.: What's the reward for you, other than financial?


A.W.: The reward is aesthetic. I respond to interesting writing and provocative thinking more passionately and deeply than I do to painting or film or music. That's just where my interests lie. At its best, it's completely satisfying to me, and everything else is gravy. (…)


L.G.: And relatively recently, you've been trying to make some forays into France, where literary agentry is not a tradition.


A.W.: Well, I went to France once a month for about a year, and I wasn't really sure what it was about. But I think the best way to describe it is that, as an aspect of keeping this business properly tuned, we need to renew and scour our information. I go to Italy a lot, and I keep our Italian understanding and our Italian operation pretty up-to-date by visiting Italy six to seven times a year. (…)


L.G.: But the dollar to euro ratio must be killing you.


A.W.: No, because we do business in England in euros and sterling, so it's fine. In fact, I think it's attractive, because so much of our business is in sterling and euros.


L.G.: I see, so you're actually in the good currency —you've actually got an advantage from this fiasco that's preventing me from going to Europe for the next several years.


A.W.: Yeah. So our business is getting to where I want it to be-50 percent U.S., 50 percent outside of the U.S., which is pretty much the same equation that the film industry operates on. We're in all of Europe and Asia-we put Asia through London as well. Hollywood works on this model, and every dollar is divided equally, 50 percent U.S., 50 percent non-U.S., so obviously if the dollar is weak and the euro is strong, there are disadvantages. But there are also advantages. For instance, the [Italo] Calvino arrangement in Italy is a euro-based arrangement which has moved considerably in the past few years to our advantage.


L.G.: And everybody on your client list, including the Calvino estate, you represent globally?


A.W.: Globally.


L.G.: And for his Italian language works as well as the translations?


A.W.: Right, and [Jorge Luis] Borges, in Spanish as well as everywhere else.


L.G.: Who's giving you, at this point, the greater cash flow —your dead authors or your live ones?


A.W.: Probably live —yeah, I'm sure it's live. But there are some considerable estates that we represent. Our business, the best piece of it, is all about figuring out —when a writer is young—whether they will, in the course of time, write many books which will remain in print, in many languages. And then to get those writers into the right hands, internationally, country by country, so that their revenues and their presentation internationally will be maximized. In the case of older, more established writers, who come to us later in their careers, what we find is that usually agencies in this country have not a very thorough knowledge of foreign markets and don't have a lot of access to those markets directly. They operate as subagents. So they don't really understand the difference between one house and another. And furthermore, they don't really know the people involved. So, because I have traveled so much, and concentrated so much on this aspect of the business, I can pick up the phone and tell [leading French publisher] Antoine Gallimard that I think this writer is very important, and because we know each other and he knows that for 20 years, I haven't done this every few months, that there must be a reason for it, then it's probably worth paying attention to. And so we also look at getting a writer's rights renewed on a regular basis-redesigned, re-presented, so we're quite a lot more diligent at that side of the business than I think all of our competitors are. Because I think their focus is more national. So our bet, financially speaking, is that if you are going to represent quality, you must do so internationally, and it must be a long-term bet. So all our representations are representations made in the belief that the people we represent will last and will be published internationally.


L.G.: By the way, how long have you had Nicolas Sarkozy in your stable?


A.W.: Well, he was the first French client, and we got him about 15 or 16 months ago. And, interestingly enough, in Paris, as you might imagine, nearly everyone in the literary world is on the left —so it was an odd thing to do for us to engage with Sarkozy before he was president. And it seemed pretty clear to me that he was the right choice in France. (…)


L.G.: You met with him?


A.W.: No, we engaged through his publisher Bernard Fixot of XO editions-coincidentally, his stepbrother [Olivier Sarkozy, a top executive at UBS], bought [Wylie client] Dick Avedon's house [on the Upper East Side] after Dick died. And he's a very nice guy. Anyway, I think eyebrows were a little bit raised in Paris that we were not supporting [Sarkozy's left-leaning opponent] Segolene Royale.


L.G.: Was she looking for an agent too?


A.W.: Probably. I mean, everyone in France —every lawyer you speak to, every cabdriver— has a novel.


L.G.: So, looking at your list, you have 600 clients supposedly —is that what it is?


A.W.: I think it's a little more than that.


L.G.: More than 600. But there are some distinctly nonliterary names here. Like [Oracle founder and C.E.O.] Larry Ellison.


A.W.: That's a very literary name! What are you talking about? [Laughs] There are some people we represent who are in business or finance. (…)


L.G.: And what's the status of Tess Gallagher's hope to publish pre-Gordon Lish-edited versions of her late husband Raymond Carver's short stories? [Lish edited Carver's work at Esquire magazine and at Knopf.]


A.W.: Moving along nicely.


L.G.: Is it? Now that was a case where [powerful ICM agent Amanda] Binky Urban represented that estate-and now you do.


A.W.: Yes. (…)


L.G.: What's your view? What would you like to have happen?


A.W.: I think that Carver wrote some stories. They were edited. And in the process of being edited, they were adjusted to a degree that he was not entirely comfortable with. And so I think that both the stories as he wrote them and the stories as they were published should be allowed to exist together. And readers can say "I like the Lish-edited version," or "I like the Carver-edited version." What you have now is an understanding of Carver's work that is based —at least in the understanding of the collection, What We Talk About When We Talk About Love— with a version of Carver's work that bears the very heavy imprint of Gordon Lish. And when you look at the original versions, you see that the progression from Will You Please Be Quiet, Please? [1976] to Cathedral [1984] is a more natural progression than reviewers believed when they all said, around the publication of Cathedral, "My God, what a deepening of the work!" I'm not suggesting that Cathedral is any less deep, but the progression is somewhat more logical if you move through the natural, less edited version of Ray's work. That's all. I think that in the same way you have Coppola wanting to release a full, unedited version of Apocalypse Now, and you have unedited versions of Faulkner and Hemingway being brought to light, I think this needs to be brought to light. And I think the reluctance to bring it to light is curious, and I don't think it's traditional. It's untraditional to not allow it to be brought to light. What conceivable reason could you have? (…)


L.G.: I mean, maybe this is an apocryphal story, but supposedly when you first started to represent Philip Roth, I don't know how many years ago that was, you went to Roger Straus [the late founder of Farrar Straus & Giroux] and demanded a certain sum, he told you, quote-unquote, "Go fuck yourself."


A.W.: It was something along those lines. Roger was always fun to talk to-


L.G.:-like Hillary Clinton says, "the fun part."


A.W.: I loved Roger, I really did. The structure of Philip's deal, prior to our representation, before around 1989 [starting with Roth's novel Deception] was this: The world rights to Philip's work were sold by Philip to Roger Straus, and Roger had a set of friendships, as everyone does, and maybe some of those friendships he didn't want to burden with a sort of scouring intensity, as to the terms. So everything was sort of in place, and rolling along. If Philip put a fork in him a little bit and said "I'd like to have more money," Roger would turn around and license the paperback rights to Penguin and take money from Penguin —because Roger was risk-averse, aren't we all— and burden Penguin with a portion of the risk. The whole thing structurally did not work to Philip's advantage. And my view was that if you have Book X, and Publisher A pays $100,000 and Publisher B pays a million, chances are you will sell more copies from Publisher B, than you will from Publisher A. Because Publisher B, having the larger investment, will print more copies. Will encourage its sales force to distribute more copies. Those copies will go toward the front of the bookstore rather than the back, and more copies will sell. So, multiplying that by the 20-odd languages that Roth is traditionally published in, and organizing the backlist so that it all expired on license on the same day and was subject to renegotiation every seven years, country by country, I think what we did was make the Roth business work more efficiently. Philip is very polite and he pretends that we made some kind of a significant contribution. [Laughs] I don't think so, but we do argue about this. I think what happened was, he wrote a series of great books, so changing the structure of his publishing arrangements was a good idea. And it was done at the right time. But it had very little to do with this tremendous burst of energy and creativity that really began with Operation Shylock [1993] and has run without stopping ever since. I mean, I can't think of another example of similar productivity late in life. It's an amazing thing.


L.G.: By the way, did Roth and the rest of your authors react positively to your up-charge from 10 to 15 percent? Or did you hear some squawking?


A.W.: No, there was no squawking, because everybody understood that we were the last ones in. I'm trying to remember if anyone squawked. Um...there was one squawk. (…)


L.G.: That's disappointingly diplomatic of you. But if you were going to give some principles of how you squeeze the maximum advance out of a publisher, what are some of the ways, the gamesmanship, that you use?


A.W.: I would say that having access to international markets makes it easier to realize the right value, market by market. So if you're selling in the United States in a vacuum, your ability to move things is limited. People don't understand that with Philip, with the post-Operation Shylock Roth that we all know and love and admire so much, what happened, actually, was that he succeeded first in France, second in Germany, third in England, fourth in the U.S., fifth in Italy, and sixth in Spain. Now, most agencies would only be able to tell you "it's been working really nicely in the States." But if you had seen France go crazy first, you might know in your heart of hearts that Roth had written a great book that had tremendous commercial potential and would be recognized as a masterpiece. But the French just went crazy critically and popularly, and then the Germans, and then the Brits, and then the Italians, and this helps your confidence, and makes a very big difference, and it changes the way you can talk to your own market about it. So, there's that aspect. The other thing is, I think, when you represent someone's work, if you're passionate about it, and that passion is sincere, it's conveyed. And it's hard to resist passion.


L.G.: And Roth is one of those authors who bridges commerce and art, I guess, because his books tend to be bestsellers, don't they?


A.W.: Yeah, but that's very recent.


L.G.: Really? Portnoy's Complaint [1969] was huge, wasn't it? I used to know [the late journalist and novelist] John Hersey, and he told a story about going to a cocktail party and Portnoy's Complaint had just come out, and Roth had a hundred-dollar bill coming out of his fly.


A.W.: That's where he kept his wallet.


L.G.: Hersey was very offended by that.


A.W.: Jealous, you mean? Jealous about where he kept his wallet? Or jealous about the fact that it was a hundred and not a ten?


L.G.: Beyond my area of competence to answer.


A.W.: I think that Portnoy was a fluke, and it was a fluke Philip recovered from with tremendous elegance.


L.G.: But this question I asked you before about gamesmanship: Isn't there some kind of way that you agents all have, and perhaps you in particular, of playing one interest off the other to produce the best results for you and your client? Just curious how that works.


A.W.: Um, it's a very small business, there's not that tremendous interest available at any given time, so people are interested competitively in what you have, especially if you're only looking at quality. If you're playing a higher-risk game, being in the business of quality is a fairly low-risk game if you do it right. The high-risk game is the commercial end. It's high-risk for everybody, because if it doesn't work, there's a tremendous loss to be made —a loss of face, a loss of money. With work of quality, if you don't make your money back right away, you will over time anyway. So I think we're the soft and gentle side of the business. We're the affordable shop in the industry. What we're selling is going to earn out sooner or later, anyway.


L.G.: By the way, you're alleged to have said that your job is to get the best deal up front for your client...


A.W.: Front end and back end...


L.G.: And that if your clients earn out their advances and start getting royalties, you feel like you failed.


A.W.: Because it's an accounting nightmare. That was a spot of levity, but with a point.


L.G.: People have written a lot about you as someone who doesn't find fresh new talent, but goes for established talent, which generally already has representation, and then poaching from other agents. And, of course, famously, there's the whole dustup with Martin Amis that earned you the nickname "The Jackal."


A.W.: If we want to represent someone, the fact that they are represented by someone else is not an impediment as far as I'm concerned. Sometimes it's an impediment as far as the writer is concerned, but frequently it isn't. And if —as was the case with Martin Amis— his representation had overlooked a critical flaw in the structure of his business, if that had not happened, we would not be representing him.


L.G.: That was a specific case, but in general?


A.W.: Well, but the same is true in other cases. We were seen as grabbing Rushdie away, grabbing Roth away. But all we're doing is analyzing the business and saying if it's properly done, here's what it looks like, here's where you are. Usually we do it in writing. We present these case studies and we say, look, your business is here and it's done like this, it should be over here and it should be done like that. Here's the case study. Now you don't have to hire us, you can give this to your existing agent, or a lawyer or something like that. And they can go do it, or try to, but that's what we'll do.


L.G.: Did you really call Rushdie [in the 1980s] and say, "When I'm in London, can we have a drink?"-and then fly to London immediately that night?


A.W.: Yep.


L.G.: So that wasn't on paper.


A.W.: But he didn't take us on that first time. But the second time I called him, I was in Karachi [Pakistan], and I said, "I'm coming to London." He said, "Where are you?" I said, "Karachi." He said, "What are you doing in Karachi?" I said, "Representing Benazir Bhutto." I think that's what caught his attention. [Bhutto, who was not yet the prime minister of Pakistan, is the daughter of the late premier Zulfikar Ali Bhutto. Rushdie scathingly satirized both in his 1983 novel, Shame.] (…)


L.G.: Oh, she is? But still, given that the business is so small and your argument that this isn't personal, it's business, several friendships have been torn asunder as a result of some of your activities.


A.W.: I think the friendships you're referring to are no longer torn asunder.


L.G.: Oh, really? What about Martin Amis and Julian Barnes?


A.W.: They are very friendly.


L.G.: Okay, so I'm behind the curve on that.


A.W.: I think that it certainly would be hard for me if we were to have overlooked a key aspect of a writer's business, a writer we represented for a long time, and I think it happens with publishers too, and it happens in marriages: If you live with someone for 30 years, you begin to take that person for granted, and you stop sending your wife flowers and you forget that your wife is beautiful and you don't remember the reasons why you got locked into this marriage, and everything outside the marriage looks attractive, and everything inside the marriage looks unattractive. So one of the keys for us in this business is to constantly churn the soil and look back and look back and look back, and try to represent as though the representation were new. And we actually have a built-in discipline that ensures that we do that. So tomorrow, for instance, Scott Moyers is flying out to San Francisco to meet with McSweeney's [a literary quarterly] and go over all the publications and address our international representation of McSweeney's and [McSweeney's founder] Dave Eggers [author of the critically acclaimed bestselling memoir, A Heartbreaking Work of Staggering Genius] and the Believer [a monthly edited by Eggers' wife Vida] and make sure that we understand everything that's going on. And we try to do that with each client. It's like taking a vacation with your spouse, and renewing the affection that the marriage is based on.


L.G.: I read that you got Norman Mailer's attention by telling him that he was basically losing $100,000 a year on his backlist being out of print.


A.W.: Well, his backlist was largely out of print in the U.S., and typically the U.S. representation didn't know where it was around the rest of the world. And I said "if this amount of your backlist is unavailable in the U.S., and you are traditionally published in 12 languages abroad, then take this number of books, assume that if that number is out of print in the U.S., it certainly is out of print abroad, so multiply it by 12, put an arbitrary value on it of, what, $1,000 a year? Per book?" That's not a good picture.


L.G.: Decent amount of alimony for him.


A.W.: Exactly. And that's work that you've done. So if you're not paid for the work that you've already done, and you're only thinking about being paid for the work you have not yet achieved, then something's wrong here. (…)


L.G.: Mailer died last month. And another of your authors died just recently, [critic and novelist] Elizabeth Hardwick [a founder of the New York Review of Books]. Tell me about Norman and tell me about what it was like to work with them and represent them?


A.W.: Oh, Norman was great, and inspiring —very youthful intellectually. Really, he had a kind of teenage exuberance, up to the last month of his life. He was very generous, very unpretentious, very fast mentally. As he got older, I remember sitting in someone's apartment, and Norman was describing to me how he felt. And he said he felt like a slow-motion car crash. The fender was bent, the hubcap had fallen off, the back door was off its hinge, the windshield was cracked, this and that was happening, and then he leaned forward and went like this around his head [Wylie holds his head in his hands], and he said, "But the engine is still working!" That was great. And Lizzie, who we represented for a very long time, was a person of tremendous particular intelligence and discretion and grace. I was very fond of her.


L.G.: How much are you going to miss them?


A.W.: A lot. A lot. But, you know, they live on in their work. And so we have an awful lot of Mailer presence and Hardwick presence and [Susan] Sontag presence and Avedon presence. I mean, they're all around us.


L.G.: So tell me about the internet. I know you were on the record as being quite fond of Amazon.com as a great sort of equalizer, because you can get any book and it's not like Danielle Steele is stacked up in front of Barnes & Noble.


A.W.: I'm in love with Amazon, I have a puppy crush on Amazon....The business model of the chains is that those books that sell in the highest volume get the lion's share of presentation. The business model of Amazon is that all books are presented in one copy. So in the latter universe, quality over time is valued far more highly than in the chain model. I fell in love with it early, and I actually spent a year driving everyone in Europe crazy. I was so in love with it that I rang up [Amazon founder and C.E.O.] Jeff Bezos and said, "You really need to expand your business to Europe, and I'm so keen on this that I'm going to put together a European consortium and deliver the ability to fulfill ordering across Europe." And I spoke to a bunch of publishers -Feltrinelli, Hasner, Gallimard, Bonnier in Sweden, and said, "Would you join a consortium?" And it was too soon. It was naïve. But he's getting there. I mean, it just took 15 years. (…)


L.G.: What about Oprah? She has her book club, and it's not all just commercial bestsellers? You know, she picked Anna Karenina.


A.W.: A Hundred Years of Solitude [by Gabriel Garcia Marquez], The Sound and the Fury [by William Faulkner].


L.G.: A lot of Faulkner books. So are you pro Oprah?


A.W.: I'm pro the selection of those books.


L.G.: You've obviously paid attention to what she's put on her list.


A.W.: Yeah, I think it's wonderful to see Faulkner sell as her selection, to see Faulkner sell 750,000 copies in a month. It was fantastic, it was magnificent. So how can you not support that? That's great.


L.G.: Have you thought of trying to put some of your authors before Oprah? Some of the estates you represent?


A.W.: We don't really have access. I assume that she has figured out how to get what she wants, and I think if she finds someone we represent and puts her magic wand on their work, that would be terrific. You know, this isn't a bestseller business. I mean, it's less true now than it used to be, but we would go for periods of over a year without a book on the bestseller list. Now, for some reason, some of the books we represent sell, but I used to joke that if a book was a bestseller, we needed to resign the representation —because most books that are bestsellers are not particularly good. So imagine my confusion to find that three or four books simultaneously that we represent are on the list. So I have to feel that the list is being adjusted by the dynamics of the trade or something. (…)

sábado 15 de diciembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 61 ] / festival international de la bande dessinée d'angoulême 2008: selección oficial


Entre el 24 y el 27 de enero tendrá lugar en Festival International de la Bande Dessinée d'Angoulême —ciudad francesa que es uno de los focos más importantes de la cultura del cómic—. Hace poco salió la selección oficial de la versión 2008 del festival.


El documento de presentación de la selección oficial puede descargarse aquí.

viernes 14 de diciembre de 2007

entrevistas publicadas en [ el ojo fisgón ]

Durante los diez meses que he estado trabajando en [ el ojo fisgón ] he hecho varias entrevistas —la mayor parte de ellas a editores independientes—. Además de ayudarme a conocer de cerca la actividad, la trayectoria, los proyectos y las inquietudes de los editores con quienes he tenido la oportunidad de hablar hasta el momento, en cierta medida la mayoría de estas entrevistas han contribuido a darles visibilidad a editoriales independientes —un sector que me interesa particularmente— con los perfiles más variados.


El siguiente es el listado de las entrevistas que he publicado hasta el momento:


- entrevista a guillermo schavelzon / con un ojo puesto en ‘los negocios’ y el otro en la literatura


- entrevista a luis miguel solano, de libros del asteroide / "nuestras únicas armas son la calidad y la fiabilidad de los libros que editamos"


- entrevista a valeria bergalli, editora de editorial minúscula / "me interesa mucho la escritura que se encuentra en la frontera"


- entrevista a marian montesdeoca, editora de artemisa ediciones / "cada vez más lectores reconocen nuestros libros y los alaban por su atrevimiento"


- calibre 39: una antología de relatos de quince jóvenes escritores colombianos / entrevista a luis fernando charry, de villegas editores


- entrevista a anna monjo, directora de icaria editorial / "nos gusta buscar dónde está la punta del debate en cada momento"


- entrevista a patricia escalona, directora editorial de roca / "tendemos a convertirnos en una mediana editorial independiente"


- entrevista a pere sureda, director de la editorial belacqva / “queremos mirar a otras orillas y publicar a autores que vengan de culturas diferentes"


- entrevista a alix de roten, elzine aristide y vanessa knorst, de iosphera / "hacemos lo que nos gusta con espíritu de red"


- entrevista a josé pons bertran, editor de melusina / “con nuestros libros buscamos que la gente reaccione frente al texto"


- entrevista a julián viñuales, de global rhythm press / “buscamos aficionados a la música contemporánea que compartan otras inquietudes artísticas"


- entrevista a miguel lázaro, editor de cabaret voltaire / "nuestras dos líneas son las literaturas de vanguardias y del exilio"


jueves 13 de diciembre de 2007

"el escritor, paradigma del hombre", por jean-françois fogel

Por los cambios en la gestión de contenidos de El Boomeran(g), sin darme cuenta dejé de recibir en mi bloglines el feed del blog de Jean-François Fogel y se me escapó su interesantísima entrada sobre lo que representa en el imaginario colectivo la imagen del escritor y sobre la contribución que hace la publicidad a la construcción de ésta.


El motivo de la entrada titulada “El escritor, paradigma del hombre” es la aparición de Frédéric Beigbeder en la campaña de la línea de productos para hombres de Les Galeries Lafayette. Me parecen muy interesantes las consideraciones de Fogel con respecto a la comparación entre esta campaña y la de la línea de productos para mujer, a la pieza gráfica, a la imagen de Beigbeder en ésta —el detalle del libro que tiene en las manos es buenísimo— y a lo que representa este escritor en el ámbito mediático francés. Sin embargo, no comparto su opinión con respecto al talento de Beigbeder como novelista —a quien ya me he referido en las entradas “¡al demonio con el autor!” y “summertime [ 24 ] / lecturas de fuga”—. Aunque considero que Beigbeder es un narrador bastante diestro, 99 francos me pareció una novela malísima y Windows on the World tuve que dejarla en la página 15.


En fin, la aparición de Beigbeder en la campaña de Les Galeries Lafayette confirma dos cosas: por un lado, que en nuestro imaginario Francia sigue siendo La República de las letras independientemente de lo que se diga de la decadencia de la cultura francesa —ver la entrada “parís y la literatura”—; y, por el otro, que incluso en Francia se sigue reforzando la tendencia a la espectacularización del ámbito de lo literario —ver esta entrada—.




Creo que ya me he extendido demasiado, así que los dejo con el texto de Fogel.


El escritor, paradigma del hombre


No importa el mal estado de su literatura, Francia cree todavía en el escritor como paradigma de un hombre ubicado en su época. Por lo menos es la visión del almacén Les Galeries Lafayette (equivalente en Francia a El Corte Inglés) en el momento de definir una campaña publicitaria l'homme (el hombre) a favor de su departamento para hombres. No se trataba de algo menor: durante años, una campaña similar la femme (la mujer) tuvo como figura única la modelo y actriz Laetitia Casta. Era hermosa y dinámica ¿Quién puede, frente a ella, ser "EL" hombre? Respuesta: no es un futbolista o un artista pero un escritor, y de manera precisa: Frédéric Beigbeder.


Su torso desnudo, su barba y su pelo largo adornan las paredes del metro parisiense, lo que participa de una obvia y doble ironía. Porque Beigbeder tiene entre las manos La société de consommation (la sociedad de consumo) de Jean Baudrillard que analiza el afán de consumir en búsqueda de una imposible auto-definición. Pero, aun más, porque Beigbeder es el autor de una novela (que se transforma en una película) cuyo propósito es denunciar a la publicidad: 13,99 euros (Anagrama). Ahora, transforma su propio cuerpo en soporte de la publicidad. Claro que se trata de una auto-promoción para un hombre calificado por el New York Times "dandy moral", "nihilista", "malherido de la publicidad", "renegado" o "intelectual de fama".


Beigbeder es una figura entre la "beautiful people" francesa pero actuó también y con gran talento como editor, crítico y por supuesto, novelista. En mi opinión, su figura pública es insoportable pero su talento como escritor, y aun más como crítico, es obvio, de primer orden. Después de descalificarle, el New York Times reconocía que su novela sobre el atentado del 11 de septiembre, Windows on the world, provocaba una "extraña emoción". En el momento de compilar a los artistas que buscaron su inspiración en el atentado, el diario neoyorquino nombra otra vez a Beigbeder y con respeto.


Al escoger un escritor como referencia, una campaña hace años habría utilizado André Malraux, Roger Nimier, Jean Paul Sartre, para citar a personas muy diferentes en el abanico de las figuras públicas. Hoy es un hombre de publicidad, de fama, de medios de comunicación, de tertulias comerciales con fama de seductor y que acusado de "onanismo mental (y físico)" en sus libros. Cómo cambian las cosas. La pregunta principal generada por la publicidad trata del cuerpo que se ve en la figura, ¿Es el suyo? ¿Y por qué no tiene pelos en el cuerpo si tiene tanta barba en el rostro? Las preguntas esenciales.

miércoles 12 de diciembre de 2007

balance/07 [ 3 ] / mis libros favoritos de este año, parte 1


Este año he tenido mucha suerte con mis lecturas. Aunque como decía ayer he podido leer poquísimo, la mayor parte de los libros que escogí me ofrecieron unas sorpresas gratísimas.


Cuando el tiempo escasea, escoger siempre tiene sus riesgos. Normalmente leo libros que me llaman la atención por alguna razón particular o que me han recomendado personas cuyo criterio está en sintonía con el mío. Sin embargo, seguir mi intuición o el consejo de alguien en quien confío puede ser visto como un desacierto cuando encuentro en el libro algo que no me permite conectar con él. Algunas veces se trata simplemente de mis preferencias personales y otras de la disposición del momento —algo completamente pasajero—. Es por eso que cada momento intento identificar lo que me gusta y lo que no, lo que me llama la atención y lo que me vendría bien leer de acuerdo con la disposición en la que me encuentro.


Entre los libros literarios que leí este año, mis favoritos son los siguientes:


- Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro una coincidencia con Subal Quinina y con Camilo Jiménez, así como una recomendación afortunada para Camilo Hoyos

Seix Barral

Barcelona, 2007


- Vinieron como golondrinas, de William Maxwell

Libros del Asteroide

Barcelona, 2006


- Maus, de Art Spiegelman

Reservoir Books

Barcelona, 2007


- Agosto, de Rubem Fonseca

Norma

Bogotá, 2006


- Seis problemas para don Isidro Parodi, de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

Alianza editorial

Madrid, 2003


- El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince

Planeta

Bogotá, 2006


- El último libro de Sergi Pàmies, de Sergi Pàmies

Anagrama

Barcelona, 2001




martes 11 de diciembre de 2007

balance/07 [ 2 ] / algunos de los libros que no pude leer este año


Últimamente leo poquísimo. Tengo muy poco tiempo para hacerlo y me cuesta mucho trabajo encontrar un libro cuya lectura no me tome más que un par de días y que se adecue a mi estado de ánimo del momento. Si una semana me va bien es porque he encontrado una novela corta o un libro de textos breves que he podido leer sin ningún problema. El caso es que no he sido capaz de terminar ninguno de los tres o cuatro últimos libros que he empezado a leer —los más recientes son Un dulce olor a muerte, de Guillermo Arriaga, y Les choses, de Georges Perec—.


Me refiero a lecturas de entretenimiento, claro. De esas que escojo para olvidarme de todo durante mi tiempo libre. Porque claro, entre Bestiario, la editorial y mi investigación sobre marketing viral termino leyendo muchísimo. De hecho, creo que la lectura es la actividad a la que más tiempo dedico entre semana. Afortunadamente me gusta mucho lo que hago, por lo cual la mayor parte de las veces no puedo decir que las lecturas que hago por trabajo no me generan placer.


Lo que pasa es que hay ciertas lecturas que por lo menos inicialmente son un fin en sí mismo para mí, mientras que hay otras que hago en función de alguna otra cosa. Con mis lecturas de entretenimiento voy a mi ritmo, sin prisa. Pero con mis lecturas funcionales hay una presión externa que me marca un ritmo vertiginoso que hacia el martes en la mañana me hace sentir que ya me he gastado toda la energía de la semana.


Hace poco se me ocurrió que sería interesante hacer un listado de algunos de los libros que me habría gustado haber leído este año y que no pude leer. Ahí va:


- La Trilogía Deptford, de Robertson Davies

Compuesta por: El quinto en discordia, Mantícora y El mundo de los prodigios

Libros del Asteroide

Barcelona, 2006 - 2007


- Hablemos de langostas, de David Foster Wallace

Mondadori

Barcelona, 2007


- El aliento del cielo, de Carson McCullers

Seix Barral

Barcelona, 2007


- Chicago Blues, de Roddy Doyle

Lumen

Barcelona, 2006


- El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales

Libros del Asteroide

Barcelona, 2007




Sería interesante conocer qué piensan con respecto a ellos quienes hayan leído alguno de estos libros que por lo pronto yo no podré leer.

lunes 10 de diciembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 14 ]


Mi recomendado de la semana


El Sha, de Ryszard Kapuściński

Anagrama

Barcelona, 1991


Mis libros favoritos


La perla, de John Steinbeck

Edhasa

Barcelona, 2002


Me llama la atención


Dossier K., de Imre Kertész

Acantilado

Barcelona, 2007

viernes 7 de diciembre de 2007

un regalo navideño: la edición monovolumen de persepolis, de marjane satrapi

Después de pringar durante todo el año sin parar, en Navidad voy a tomarme unos días de vacaciones. Nos vamos para la Bretaña y de paso por París voy a escaparme a una librería para comprarme mi regalo navideño. Se trata de la edición monovolumen de Persepolis, de Marjane Satrapi —editada inicialmente en cuatro tomos por L’Association—.


Aquí les pongo un anuncio súper emotivo de la adaptación cinematográfica de Persepolis, que salió en Francia en junio pasado y que en España se estrenó hace un mes.




Persepolis (edición monovolumen), de Marjane Satrapi

L’Association

París, 2007








jueves 6 de diciembre de 2007

[ el ojo fisgón ] en el blog de la revista trama y texturas


En el blog de la revista Trama y texturas aparecieron ayer mis respuestas a algunas preguntas con respecto a [ el ojo fisgón ], a través de las que se busca recoger información con respecto a distintas iniciativas que han sido invitadas a formar parte de la Red de blogs y Libros que coordina Txetxu.


Para leer mis respuestas, hacer clic aquí.

miércoles 5 de diciembre de 2007

balance/07 [ 1 ] / más sobre los mejores libros del año

Siguen apareciendo en distintos circuitos listas de lo mejor del año. Con sus respectivos balances, la crítica, la prensa especializada y la generalista le aplican a la avalancha de novedades que se publican anualmente un filtro que de alguna manera incide sobre el ciclo de vida de los libros: mientras que el destino natural de la mayoría será sumarse a las montañas de condenados a pasar desapercibidos por los tiempos de los tiempos, estas listas llaman la atención con respecto a ciertos títulos para que la gente los tenga presentes —lo cual contribuye a mantenerlos vivos durante un período más largo—.


Seguramente algunos de los libros incluidos en estas listas formarán parte de la lista de regalos de Navidad o del equipaje de vacaciones de muchas personas.


Recomiendo ver las siguientes listas que han aparecido recientemente —llaman la atención las diferencias existentes tanto entre el circuito de la crítica y el de los medios masivos como entre el ámbito anglosajón y el francófono—:


- Critical Mass —blog del National Book Critics Circle Board of Directors—: “Introducing the NBCC's Best Recommended”


- The New York Review of Books: “The 10 Best Books of 2007”


- Lire: “Les 20 meilleurs livres de l'année”


Ver entradas relacionadas:


- “decision making: leer tal o cual cosa”


- “¿cómo elegimos lo que leemos?”


- “las listas de los mejores libros del año y su influencia tanto en la atención de los lectores como en las ventas”

martes 4 de diciembre de 2007

entrevista a miguel lázaro, editor de cabaret voltaire / "nuestras dos líneas son las literaturas de vanguardias y del exilio"

Cabaret Voltaire es una editorial que se enfoca en las vanguardias literarias francesas de principios del siglo XX y que mediante la recuperación de la obra del escritor almeriense Agustín Gómez Arcos está explorando actualmente la literatura del exilio. En este momento la editorial está preparando la publicación de París, una de las últimas novelas de Émile Zola.


Desde hace un tiempo Cabaret Voltaire empieza a ser reconocida por el cuidado que pone tanto en la edición como en el aspecto del libro y porque suele tener muy buenos prólogos.



MARTÍN GÓMEZ: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear la editorial Cabaret Voltaire?


MIGUEL LÁZARO: La idea de crear la editorial no surgió de forma espontánea. Siempre la tuve en mente. Mi afición por los libros me viene desde pequeño —en mi casa siempre viví rodeado de ellos— pero esperé a que se dieran el momento profesional adecuado y las condiciones económicas para poner la idea en marcha. En Cabaret Voltaire somos dos socios: un economista y un arquitecto. Yo, que soy el economista, dejé mi trabajo en Madrid para dedicarme por completo a la labor editorial. Mi socio, José Miguel Pomares, es arquitecto y actualmente compagina el trabajo que está haciendo para Jean Nouvel en Barcelona con el de editor. Por estas fechas se cumple un año de la salida de nuestro primer libro: se trata de Thomas el impostor, de Jean Cocteau. Hasta el momento hemos publicado siete títulos.


M.G.: ¿Cómo se definió la línea editorial de Cabaret Voltaire?


M.L.: Tenemos dos líneas editoriales. La principal la definió la ciudad de París y está centrada en la literatura francesa. Hemos comenzado recuperando obras que permanecían inéditas en castellano o que estaban descatalogadas y que corresponden a uno de los periodos creativos más fructíferos e interesantes de la literatura francesa del siglo XX: las vanguardias. Continuaremos con obras de otras épocas y movimientos en las que la ciudad de París será el hilo conductor que irá hilvanando los títulos y autores de nuestra producción.


En otra línea editorial llamada “Literaturas del exilio” nuestra intención es dar a conocer la obra de autores que tras la Guerra Civil y ante las presiones tanto políticas como de la censura se vieron obligados a un exilio forzoso o que optaron por un exilio voluntario como la única posibilidad de llevar a cabo su labor creativa sin traicionarse. Dentro de este marco estamos recuperando la obra narrativa escrita en francés por el escritor almeriense Agustín Gómez Arcos, que es un autor muy reconocido fuera de nuestras fronteras, que ha sido traducido a muchas lenguas —salvo al español— y que recibió numerosos galardones pero que es un gran desconocido entre nosotros.


M.G.: ¿De dónde surge el interés de Cabaret Voltaire por la literatura de vanguardias de la primera mitad del siglo XX, particularmente por las francesas?


M.L.: Surge de una profunda admiración por esta época de cambios en la que artistas multidisciplinares hicieron de la ciudad de París el centro de la creación mundial. París se llenó de artistas procedentes de todos los rincones del mundo que estaban dispuestos a aportar su arte y a encontrar su lugar. La vida de muchos de ellos, como es el caso de cualquiera de los que hemos traducido, está llena de acontecimientos apasionantes y sus obras siguen transmitiéndonos su gran belleza transgresora.


M.G.: ¿Cree usted que en el catálogo de Cabaret Voltaire hay una oferta que en este momento no están haciendo ni los grandes grupos ni las editoriales independientes y que, por lo tanto, la editorial está cubriendo un vacío?


M.L.: Creo que una editorial literaria pequeña como Cabaret Voltaire debe utilizar varias armas para hacerse con ese hueco en el mercado y poder sobrevivir a la avalancha de títulos que inundan las librerías. Desde un principio pensamos hacer un diseño del libro un tanto diferente, mezclar lo más clásico con algo más innovador y reinventar un poco. Al final nos salió un libro lleno de pequeños detalles. La elección de los títulos y la construcción de un catálogo coherente que facilite la fidelización del lector también son labores que creemos fundamentales. Tanto el diseño como la elección de títulos y autores han gustado.


En nuestro caso las librerías de literatura son nuestras grandes aliadas y nos ayudan bastante en la labor de darnos a conocer. También contamos con unos buenos distribuidores. Y, por supuesto, conseguir la atención de los medios también ha sido fundamental.


M.G.: ¿Cómo ve el posicionamiento de Cabaret Voltaire entre las editoriales que manejan un registro similar al suyo y entre los lectores?


M.L.: Aún es pronto para dar una respuesta concreta a esta pregunta. Sólo llevamos un año y siete títulos publicados pero sí te puedo decir que nuestra irrupción en el mercado ha llamado la atención tanto de los medios como de los libreros y que nos hemos encontrado la mayoría de las veces con una respuesta muy positiva por parte de ellos. Para llevar tan poco tiempo en el mercado y ser tantas las editoriales que se crean cada año, el balance, desde luego, es muy positivo.


M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Cabaret Voltaire para suscitar en el público el interés por las líneas que abordan sus colecciones?


M.L.: En cuidar mucho la edición tanto en el diseño —hacer un libro atractivo— como en la elección de los traductores —que son siempre prestigiosos profesores universitarios expertos en el autor de la obra—. Esto nos permite dotar a cada libro de una amena e interesante introducción, que sirve para situarnos en la época y nos ayuda a comprender cada una de las obras que publicamos.


M.G.: ¿Cree que en este momento estos libros de corte vanguardista han tenido una buena acogida por parte del público?


M.L.: ¡La libertad o el amor!, de Robert Desnos, y ¿Estáis locos?, de René Crevel, son dos joyas del surrealismo francés que están teniendo una buena acogida y han despertado el interés tanto del público como de la prensa especializada. Son clásicos modernos de la literatura que se traducen por primera vez al castellano. Thomas el impostor, de Jean Cocteau, también ha tenido muy buena acogida.



M.G.: ¿Cómo describiría los criterios y el proceso de selección de los autores y títulos que se incluyen en el catálogo de Cabaret Voltaire?


M.L.: Las pequeñas editoriales tenemos que cuidar mucho la elección de los títulos, dando coherencia a nuestro catálogo. A nosotros nos gusta esa idea de la que siempre se habla entre los amantes de la lectura de que un título o un autor te llevan a otro. Queremos que a nuestro lector la lectura de uno de los libros que publicamos le lleve a algún otro de nuestros libros.


M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


M.L.: Muy positivo. El editorial es un sector complejo y muy duro en el que se trabaja mucho y se hacen multitud de labores diversas. Pero el estar rodeado de gente que siente tu mismo amor hacia los libros merece todos los sacrificios.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los libros que Cabaret Voltaire está preparando en este momento?


M.L.: Dentro de la línea editorial “Literaturas del exilio” acabamos de sacar El cordero carnívoro, que es la segunda novela que recuperamos de Agustín Gómez Arcos. Estaba inédita en castellano, fue premio Hèrmes a la mejor novela francesa de 1975 y va prologada por Luis Antonio de Villena. Un libro que si tiene algo es que no te deja indiferente.


Estamos trabajando en nuestro próximo libro. Se trata de París, de Émile Zola, en una traducción, recuperada y espléndida, de Julio Gómez de la Serna y con una introducción a cargo del profesor Juan Bravo Castillo. De los demás títulos previstos no te puedo todavía avanzar nada concreto porque estamos cerrando negociaciones.

lunes 3 de diciembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 13 ]


Lecturas en curso


Les choses, de Georges Perec

Julliard

París, 1999


Mi recomendado de la semana


Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal

Destino

Barcelona, 2001


Mis libros favoritos


Piazza d’Italia, de Antonio Tabucchi

Anagrama

Barcelona, 1998


Me llama la atención


El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, de Philip Roth

Seix Barral

Barcelona, 2003

domingo 2 de diciembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 60 ] / las promociones de las publicaciones periódicas vistas desde el quiosco

La siguiente entrada del blog Pies para quiosquero hace una crónica interesante relacionada con la dinámica del sector de la venta de publicaciones periódicas, con algunas de las jugadas de los distribuidores en este segmento del mercado y con la manera como ellas afectan el balance de fuerzas entre estos y los vendedores —algo que como consumidores no estamos en capacidad de percibir y que probablemente nos tenga sin cuidado—.


Que vivan las promociones


La prensa pasa sin duda por una situación complicada. De lo contrario no se explica la necesidad de tanta promoción. Al principio, como todas las campañas de marketing, se trataba de llamar la atención de aquellos que no conocían el medio para ganar nuevos lectores. Al final, como todas las campañas de marketing de fidelización, se trata de premiar a los lectores fieles para que no se cambien de periódico atraídos por otra promoción más suculenta.


El hecho es que todos los diarios se copian las promociones y por supuesto también los métodos de llevar a cabo la suscripción. Al principio se regalaban otros productos editoriales. Luego se vendían discos o películas a precios sensiblemente menores a los del mercado. En este caso, y para justificar el descuento, los quiosqueros empezamos a convertirnos en recortacuponcitos. Luego llegó el tiempo de las cartillas y la oferta promocional se disparó. Ahora los periódicos venden cualquier cosa y los quiosqueros nos pasamos el día con las tijeras en la mano.


Los quioscos de hoy son una versión reducida de la planta de menaje de El Corte Inglés. En los últimos meses hemos vendido utensilios de cocina, cuchillos, vajillas, cristalerías, edredones, toallas, calcetines, camisetas, cazadoras, chandals, cuberterías, sartenes, ollas, especias, maletas... Pero también consolas, televisores, móviles, botellas de cava y vino, videos, cámaras... El caso es que este segundo tipo de productos utilizan sistemas un tanto distintos.


Pongamos unos cuantos ejemplos ilustrativos. Hace unos meses La Vanguardia se promocionaba con utensilios de cocina. Para conseguir el utensilio había que rellenar una cartilla y abonar 50 céntimos. Cada utensilio vendido dejaba un margen de 12,5 céntimos menos impuestos. Pero si perdíamos un utensilio o cartilla debíamos abonar el valor de la cartilla, es decir, el equivalente a siete euros (dos del periódico del domingo más cinco de los cupones diarios). En paralelo, el mismo diario ofertaba, por ejemplo, un televisor plano de 20 pulgadas. Para lograrlo el lector debía rellenar una cartilla con veinte cupones y abonar doscientos y pico euros... en el Carrefour. Tenía sentido. El quiosco es un sitio pequeño y no podemos recibir una partida de televisores. ¿O no era por eso?


Este fin de semana han empezado nuevas promociones. As nos ha sorprendido nada más y nada menos que con ¡un circuito de carreras! Una especie de escalextric que podrán conseguir los lectores rellenando una cartilla de 30 cupones y pagando... nada.


La caja en cuestión ocupa un espacio considerable, si perdemos una cartilla debemos pagar el equivalente de 30 periódicos y, para colmo, no ganamos absolutamente nada. Alguien dirá que vender 30 periódicos ya deja su beneficio. El problema es que el cliente puede haber comprado los periódicos en cualquier otro quiosco. O haberlos recortado del vecino (últimamente el tráfico de cupones es el deporte de moda, y si no, que se lo pregunten a los que recogían los platos de La Vanguardia de seis en seis). Así que estamos ocupando un espacio y arriesgando un dinero, para nada.


Por su parte, Marca iniciaba otra promoción. En esta ocasión un reproductor de MP4. Un cacharrito chiquitín y la mar de molón que se entrega a cambio de diez cupones y 69 euros... en el Carrefour. Como vemos, aquí el tamaño no importa nada. Lo que importa es el precio. Cuando la promoción es atractiva y la venta puede dar beneficios se lo lleva una gran superficie. Cuando el producto es un cascajo made in china que podemos vender por dos duros o incluso regalar... sea el trasto lo grande que sea, que se lo coma el quiosquero.


Los quioscos son por definición pequeños y no podemos meter según qué. Pero cuando les interesa nos lo meten. Sin embargo también somos una lanzadera para promocionar productos de todo tipo que sí dan beneficios. Pero éstos se los llevan otros. No me parece mal que se hagan promociones para aumentar las ventas de los medios. Eso nos beneficia. Lo que no puede ser es que todo el riesgo y los gastos (transporte, almacenaje, financieros...) recaigan siempre sobre el vendedor y rara vez los beneficios. En el tema de las promociones hay que tener en cuenta quién vende los periódicos y quién la promoción. Hay que tener en cuenta el tamaño del producto y las dificultades de almacenaje. Hay que tener en cuenta el coste de dicho producto y el riesgo que supone su pérdida o la de alguna cartilla. Y por supuesto hay que tener en cuenta el beneficio lógico que debe llevarse quien asume todas esas cargas. Todo lo demás es dar por saco.

sábado 1 de diciembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 59 ] / crónica sobre el almacén de random house mondadori en babelia

La siguiente crónica sobre el almacén de Random House Mondadori en Barcelona, publicada en la edición de hoy de Babelia, da cuenta de la magnitud de la producción de un gran grupo editorial y de las herramientas a las que este tipo de estructuras deben recurrir para controlar su stock.



Biblioteca codificada


Visita al enorme almacén de la editorial Random House Mondadori en Barcelona. Doce millones de libros entran y salen cada año para ser leídos, guardados o desechados

Inés García Albi 01/12/2007


Los colegios suelen organizar visitas culturales con sus alumnos. Son excursiones muy esperadas por los chavales. No sé ahora, pero hace muchos años, no tantos, los escolares visitábamos una fábrica de refrescos, una industria lechera y, si había suerte, la rotativa del diario más importante de la ciudad. Generalmente salías con la boca abierta. Tanta cinta transportadora, tanta gente haciendo cosas a un ritmo sincopado, todo tan ordenado, tan calculado. Nada fuera de lugar. El final del trayecto siempre era el mismo: los camiones con las entrañas abiertas esperando ansiosos las cajas listas para el consumo. La misma sensación de escolar asombrado ante el orden, los avances tecnológicos y las cintas transportadoras se siente cuando se visita el almacén de la editorial Random House Mondadori (RHM) en Barcelona. El guía de la excursión es Justo García, director de logística de RHM, alma del nuevo sistema de clasificación de libros llamado sorter, que se estrenó en abril y que ha duplicado la capacidad de producción. Pero vayamos por orden.


El almacén que vistamos se construyó hace 20 años y, como la editorial que acoge, ha ido creciendo hasta llegar a los 15.000 metros cuadrados (RHM cuenta, además, con otro almacén en Sabadell de 5.000 metros cuadrados). Aquí arriban los libros de Plaza & Janés, Lumen, Beascoa, Mondadori, Grijalbo, Debolsillo, Debate, Montena, Electa, Collins, Rosa dels Vents, Sudamericana y Caballo de Troya. De todos ellos se ocupan 90 personas. Antes de salir hacia los puntos de venta, cada volumen tiene que pasar por varios trámites. Primero, se les ficha. Aquí nada se hace sin código. Todo lleva código: los libros, los expositores, los marcapáginas de promoción, los folletos. Todo. Nada se libra. Cuando cualquier producto editorial entra se le abre un fichero maestro, una especie de DNI: Isbn, páginas, temática, título, autor, y peso.


Las novedades llegan en palés a recepción. La semana de la visita, Random House Mondadori lanzaba al mercado 72 títulos nuevos. Al año publica 800 novedades, lo que significa, según los cálculos de Justo García, entre siete y ocho millones de libros anuales. Sólo de novedades. A éstos hay que sumar los movimientos de los libros de fondo, de catálogo. El total: doce millones de libros al año. ¡Doce millones de libros que entran y salen! Cuatro libros para cada habitante de Madrid ciudad. Para algunos, casi una biblioteca. Esos doce millones de libros significan también más o menos tres millones de líneas de pedidos entre los que se barajan entre seis mil y siete mil referencias vivas, que no están descatalogadas.


Todos esos libros se guardan en el silo, el espacio más amplio del almacén. Siempre en movimiento. Por los pasillos corren pequeñas máquinas en busca de los libros que indica un pequeño ordenador cerca de los mandos: "Osho. Piso 5. Calle 7. 7.295 unidades. Exportación". José Manuel gira la máquina trilateral y se deja guiar, y cuando llega a destino, dispara. La mano de metal saca el pedido. Se deja en el pasillo central para que lo recojan y lo empaqueten. Su destino es Baltimore (Estados Unidos). En el silo conviven todos los libros sin complejo: novela, ensayo, infantil, best seller, autoayuda. Todos. Y se saben todos los movimientos. Si ha llegado una devolución -se devuelven entre tres y cuatro millones de libros-, se limpian, se clasifican, y vuelven al silo por si acaso los piden otra vez. Y todo eso sin un solo papel, por radiofrecuencia. Y gracias a los códigos, claro.


Justo García cuenta el camino que hace una novedad. Primero se coloca en platea, un lugar preferencial, muy a mano, cerca de la salida, y se va vigilando su comportamiento. Generalmente hay una curva muy alta de salidas las primeras semanas y a los cuatro meses comienza la devolución. El momento crítico es cuando la devolución es más alta que la salida, o sea, que entran más que salen. Malo. La novedad deja de considerarse como tal al cabo de un año, cuando pasa a denominarse de fondo. Lo normal es que pase a bolsillo. Los libros de tapa dura que se mantienen en catálogo son mínimos.


Pero sigamos camino. Después del silo, las obras de catálogo requeridas, además de las novedades de esa semana, van a la zona que llaman picking. Desde que en abril instalaron el sorter, un clasificador pionero en España, mucho han cambiado las cosas. Antes, las empleadas -la mayoría de los que trabajan en esa zona son mujeres- iban de un sitio a otro buscando los libros para empaquetar. Ahora, con este nuevo sistema, que ha supuesto una inversión de 1.800.000 euros, todo se ha simplificado. La máquina, a través de un escáner, sabe que ese libro va a un pedido concreto y lo hace llegar a través de un sistema de cintas y trampillas hasta el interior de su caja correspondiente. Cuando la caja está completa, una luz se enciende y rápidamente es reemplazada por otra. Son las doce de la mañana. La máquina les informa de que ese día hay que mover 20.000 libros y que sólo quedan dos mil. Con el nuevo ingenio, el almacén de RHM ha duplicado la producción. El sorter tiene capacidad para hacer 900 pedidos al día. Ahora casi todos los días está cargado hacia las dos de la tarde, cuando antes se terminaba entre las seis y las siete.


Las novedades van por otro camino. Una máquina escupe el pedido. Allí están las 72 novedades de esa semana, cada una preparada en un casillero. Las luces rojas indican a la empleada dónde están los libros que necesitan para completar el pedido en curso.


Todos los pedidos siguen su rumbo. Su última prueba: el peso. Al final del trayecto, cada pedido se pesa. Si el peso es inferior, es que falta algún libro; si existe sobrepeso, alguno sobra. Se coloca o se quita. Solucionado. Todos listos en salidas. Los camiones van llegando, cargan y los libros salen en busca de lectores. Unos los encontrarán, pero otros volverán al silo, esperando una segunda oportunidad. Otra oportunidad que les aleje de la destrucción, de la guillotina.