viernes 30 de noviembre de 2007

the book design review: sus carátulas favoritas de 2007

Hace un par de semanas Joseph Sullivan publicó en The Book Design Review una entrada en la que mostraba sus carátulas favoritas de 2007. Entre las carátulas escogidas por Sullivan, las siguientes me llaman particularmente la atención:




- Like You'd Understand, Anyway, diseñada por Jason Booher

- After Dark, diseñada por Chip Kidd


***




- Unmarketable, diseñada por Rob Carmichael

- One Red Paperclip, diseñada por Kyle Kolker


***




- The Worst Years of Your Life, diseñada por Catherine Casalino

- Brave New World, diseñada por Greg Kulick

jueves 29 de noviembre de 2007

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 9 ]

La mesa de novedades de la Fnac del centro comercial El Triangle pone en evidencia un hecho verdaderamente lamentable al que ya me he referido en ocasiones anteriores —ver las entradas del martes 3 de julio y del viernes 6 del mismo mes—: la creciente homogeneización de la oferta en el segmento del gran público del mercado editorial.


Muchos de los sellos de los grandes grupos editoriales ya no se conforman con dedicarse a publicar en serie libros elaborados a partir de fórmulas temáticas y argumentales que han tenido cierto éxito en el mercado. La ya conocida tendencia hacia la estandarización ahora parece estar consolidándose también al terreno del diseño editorial.


La consecuencia de todo esto es que en este segmento del mercado los sellos pierden cada vez más su identidad en términos tanto de línea como de diseño editorial, por lo cual cada vez es más difícil diferenciarlos entre sí y tal vez llegará el momento en el que sea imposible hacerlo. Como el tamaño del libro, el tipo de imagen y de tipografía que se utilizan en la carátula o la composición de ésta son elementos que han perdido relevancia como rasgo distintivo, cada vez estos sellos se parecen más y el lector ya no podrá distinguirlos unos de otros. Lumen, Alfaguara, Plaza & Janes, Seix Barral o Grijalbo tienden a confundirse cada vez más.


Aunque en las grandes superficies la visibilidad de las editoriales independientes sea casi nula —salvo un par de excepciones que tienen un par de títulos en la mesa de novedades sus libros no están allí, por lo que para encontrarlos hay que irse a las estanterías—, al final ellas son las grandes favorecidas de esta tendencia hacia la homogeneización de la oferta porque su principal fortaleza consiste en la oportunidad que representa el hecho de definir una línea que les permita desmarcarse de las demás y llegar a nichos con intereses específicos que los sellos que están en el segmento del gran público normalmente no satisfacen.


Terminada la diatriba, presento el resultado de mi visita de ayer a la Fnac.


Librería: Fnac (centro comercial El Triangle)

Fecha: miércoles 28 de noviembre de 2007 (6.52 p.m.)

Algunos libros de la mesa de novedades:


- Mil cretins, de Quim Monzó


- Un día de cólera, de Arturo Pérez-Reverte


- Tierra firme, de Matilde Asensi


- Las benévolas, de Jonathan Littell


- El celler, de Noah Gordon


- Las Saturnales, de Lindsay Davis


- Contrato con Dios, de Juan Gómez-Jurado


- El códice de la Atlántida, de Stel Pavlov


- Nido vacío, de Alicia Giménez Bartlett


- Zapatos italianos (Sabates italianes), de Henning Mankell


- La sombra, de John Katzenbach


- La suma de los días, de Isabel Allende


- Vila Diamante, de Boris Izaguirre


- El Mundo, de Juan José Millás


- La carretera, de Cormac McCarthy


- Rant, de Check Palahniuk


- El ticket de tu vida, de Brendon Burchard


- El niño con el pijama de rayas (El noi del pijama de ratlles), de John Boyne


- Criptonomicón, de Neal Stephenson


- El tercer secreto, de Steve Berry


- Nombrar a los muertos, de Ian Rankin


- Fuera de un evidente destino, de Giorgio Faletti


- Agua para elefantes, de Sara Gruen


- La llave de Sarah, de Tatiana de Rosnay


- La llegada de los tres, de Stephen King


- Las cenizas del cielo, de Alma Alexander


- Juegos sagrados, de Vikram Chandra


- Un trabajo muy sucio, de Christopher Moore


- Next, de Michael Crichton


- Maridos, de Ángeles Mastreta


- Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini


- La catedral del mar, de Ildefonso Falcones


- Diario de un mal año, de J. M. Coetzee


- Tu rostro mañana 3. Veneno y sombra y adiós, de Javier Marías


- La ciudad sin tiempo, de Enrique Moriel


- La interpretación del asesinato, de Jed Rubenfeld


- Una novela de barrio, de Francisco González Ledesma


- El castillo en el bosque, de Norman Mailer


- Vida y destino, de Vasili Grossman


- La elegancia del erizo, de Muriel Barbery


- La emperatriz de los Etéreos, de Laura Gallego García


- La llave del abismo, de José Carlos Somoza


- El mar invisible, de Juan Cobos Wilkins

miércoles 28 de noviembre de 2007

las listas de los mejores libros del año y su influencia tanto en la atención de los lectores como en las ventas

El fin de año parece no ser una buena época para publicar libros pero sí para venderlos. Como uno de los rituales de los medios consiste en hacer por esta época el balance de lo que ha pasado en el año, por estos días los mejores libros de 2007 constituyen un tema que empieza a ocupar un lugar fundamental en la agenda de estos.


En estos casos está claro que los medios actúan como prescriptores que al darles a ciertos libros la visibilidad necesaria para que se destaquen entre la avalancha de títulos publicados anualmente terminan no sólo por orientar la atención de su audiencia, sino también por influir en sus decisiones de compra.


Recomiendo ver las siguientes listas que circulan en medios anglosajones:


- The New York Review of Books: “100 Notable Books of 2007”

- The Observer: “That's the best thing we've read all year”

- The Guardian Books: “Books of the year”


Más adelante ya volveremos sobre este tema, que está muy relacionado con las entradas “decision making: leer tal o cual cosa” y “¿cómo elegimos lo que leemos?”.

lunes 26 de noviembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 12 ]



Lecturas en curso


Siete noches, de Jorge Luis Borges

Alianza editorial

Madrid, 1999


Mi recomendado de la semana


Los adioses, de Juan Carlos Onetti

Seix Barral

Barcelona, 2003


Mis libros favoritos


Nueve cuentos, de J. D. Salinger

Alianza editorial

Madrid, 2001


Me llama la atención


Cumbres borrascosas, de Emily Brontë con ilustraciones de Balthazar Klossowski de Rola (Balthus)

Artemisa ediciones

La Laguna, 2007

domingo 25 de noviembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 58 ] / el negocio de la adaptación de obras literarias al cine

Interesantísimo el artículo “Movie Deals", que publica la edición de esta semana de The New Yorkk Times Book Review sobre la realización de alianzas estratégicas entre las industrias editorial y cinematográfica para hacer sistemáticamente algo que se ha hecho de manera dispersa desde que el cine era muy joven: la realización de películas basadas en obras literarias.


Estas alianzas son mucho más fáciles ahora que la tendencia en la industria es hacia la conformación de grandes grupos, muchos de los cuales tienen un carácter multimedia —es decir, que intervienen en sectores afines como la televisión, la radio, la edición de libros y de publicaciones periódicas, la publicidad, la música o Internet—. Sin lugar a dudas la adaptación de obras literarias al cine les da a éstas una visibilidad enorme que termina jalonando sus ventas, llevándolas en algunos casos a entrar a las listas de los best sellers y a ubicarse incluso por encima de las novedades de la temporada.


Uno de los casos que más me ha llamado la atención recientemente es el de la película Capote, que hizo que se dispararan las ventas tanto de la biografía que hizo Gerald Clarke del escritor norteamericano como de A sangre fría y de algunos de sus otros libros. El perfume, Memorias de una Geisha, Alatriste, Tristram Shandy o El amor en los tiempos del cólera son otros casos recientes en los que la adaptación cinematográfica de una obra literaria que ha sido publicada varios años atrás termina reviviendo el interés por ésta.


Movie Deals

By Rachel Donadio


It’s high season for Oscar bait, and multiplexes are filled with literary adaptations, including the Coen brothers’ bloody take on Cormac McCarthy’s “No Country for Old Men” and Mike Newell’s film of Gabriel García Márquez’s “Love in the Time of Cholera.” Coming later this fall are big-screen versions of Ian McEwan’s “Atonement,” Philip Pullman’s “Golden Compass” and Marjane Satrapi’s “Persepolis,” among others.


Literary writers have gone west in search of greater fame and fortune at least since the days of Hemingway and Fitzgerald, and books have long inspired films. But today, some publishers are going directly into the movie business themselves. Last month, HarperCollins, a division of News Corp., announced a partnership with Sharp Independent to develop movies based on HarperCollins books. Meanwhile, Random House Inc. has teamed up with Focus Features to co-produce two to three movies a year based on fiction and nonfiction from its dozen imprints. Its first collaboration, “Reservation Road,” directed by Terry George and based on John Burnham Schwartz’s 1998 novel, played in theaters this fall.


These partnerships give publishers a bigger piece of the action than traditional film rights deals, which generally bring them little more than a publicity boost for tie-in editions. Now, Random House and HarperCollins will get a cut of the box office sales, as well as revenue from DVDs, cable TV and other media. And the authors involved will get more say in choosing screenwriters, actors and directors.


Some worry that the increasingly cozy relationship between Hollywood and publishing companies is changing expectations of literary success — and may even be changing the way novelists approach their work. These days, “most writers feel a book isn’t worthy unless it’s made into a film,” Annie Proulx said in June at a literary festival in Capri, discussing the experience of having her short story “Brokeback Mountain” adapted for the big screen. “I think people are writing their books with an eye toward wanting them to be made into a film,” she said, a development she found “dispiriting.” But interviews with a number of novelists who have worked with Hollywood suggest that the situation may be more complicated, and that the process might have given them not just a big payday but some helpful insights into storytelling.


Novelists and the movie business haven’t always been so friendly. “When I first went out to Hollywood I got the sense it was better not to mention I was a novelist,” said John Sayles, who published stories in The Atlantic Monthly and wrote a novel, “Union Dues,” that was nominated for a National Book Award in 1978 before he became a screenwriter and director. In addition to directing his own scripts for films like “Matewan,” “Lone Star” and “Honeydripper,” coming in December, he has written some 40 screenplays for other directors. Studios, Sayles quickly learned, saw novelists as “those pesky people who complain about the movie after it’s made or ‘make us waste $100,000 writing the first draft before we get a professional to take care of it.’” A lot of novelists, he said, “just take the money and run, or a lot of them take the money and complain.”


These days, Sayles said, his fiction writing is just a “hobby,” as well as a place to experiment. A novel allows for many different points of view, he noted, while in film, there are basically three: omniscient (“the shot of the house from the outside at night”), the protagonist’s (“in the closet as the chain saw cuts through”) and the antagonist’s (“through the hockey mask of the crazed killer”). And novels can expand where film has to compress. Right now, Sayles is writing a book that started as a screenplay — until he realized he’d never raise the money to produce something set in the Philippines during the Spanish-American War. (“I need a good Writers Guild strike to get a novel done,” he said.)


Other novelists say film work has given them a different sense of narrative possibilities. Schwartz, who wrote the screenplay for “Reservation Road,” said film writing had had a “disinhibiting” effect on his fiction, inspiring him to cut between scenes in a “slightly more aggressive” way. Michael Ondaatje, whose novel “The English Patient” became an Oscar-winning film, said his own experience on several documentary projects had taught him about the power of seemingly small decisions. “I recognized how intricate and microscopically small the art of editing is,” he said. “You cut something that’s the twentieth of a frame and you can make a difference in the pacing.”


Diane Johnson, whose novels include “Le Divorce” and “Le Mariage,” said her screenwriting work had given her a stronger sense of structure. Stanley Kubrick, who hired her to write the script based on Stephen King’s novel “The Shining,” was an elaborate outliner. His insistence on “getting the structure in place before you actually move to the details of a scene carried over into novel writing in a good way,” she said. “I’m not sure that novel writing in turn helps you as a screenwriter,” she added. “I think it’s more the other way.”


A film deal also helped Tom Perrotta’s career as a novelist, if not quite in the way some detractors think. When his novel “Election” was published in 1998, he said, “I got a lot of reviews that said, ‘He wrote this to be a movie,’” an idea he calls “laughable.” In fact, he had written the book years earlier, but it sat in a drawer until someone connected him with a film producer, who showed it to the director Alexander Payne, who optioned the film rights, which in turn led to a book contract. Since then, he’s had no trouble having his novels published — or filmed. He was a co-writer of the screenplay for the film based on his novel “Little Children” and has also been hired to write the film version of his new novel, “The Abstinence Teacher.” “Writing screenplays,” he said, “has the paradoxical effect of making me a more literary writer, much more conscious of what I can do in a novel that I can’t do in a script: the ease of a flashback within a flashback, how you can have immediate access to any event in your character’s life.”


Some writers, however, insist that having their novels turned into movies has hardly affected their writing at all. “I make work that is pretty resistant to being filmed, and if the film community cares to try, that’s fine with me and indicates fortitude on their part,” said Rick Moody, whose novel “The Ice Storm” was adapted by Ang Lee. “But I don’t think about the movie business while I am composing novels and stories.” Although he was in touch with the director and producer during filming, Moody said he tried to follow Hemingway’s advice, which he summarized as follows: “Drive to the border of California, throw your book over the fence. When they throw the money back over the fence, collect the money and drive home.”


Chuck Palahniuk also says he’s happy just to sit back while the filmmakers do their work. Palahniuk was working as a mechanic when his 1996 novel “Fight Club” was made into a film directed by David Fincher. “I only quit my job ... because my phone rang with personal calls all day, and I couldn’t get my real work done,” he said in an e-mail message. “On the day ‘Fight Club’ started filming, my agent sent dozens of white roses to the garage where I worked — that kind of botched my standing among the other mechanics.” In August, he traveled to New York to watch Clark Gregg shoot a film based on his novel “Choke.” “It was interesting to see everyone’s interpretation,” Palahniuk said. “Beyond that, I ate my weight in location catering and ogled during the nude scenes.”


In a recent essay for Nextbook.org, Bruce Jay Friedman summed up what may be the healthiest attitude to the hit-or-miss fiction-to-film experience. He loved “The Heartbreak Kid,” Neil Simon and Elaine May’s 1972 adaptation of his story “A Change of Plan,” about a man who falls in love with another woman on his honeymoon. But he hasn’t yet seen the Farrelly brothers’ remake, which stars Ben Stiller and was released last month. “Once again,” Friedman wrote, “there is very little for me to do except to watch the movie, take full credit for anything that’s exceptional, and to deny involvement with any parts that aren’t.”

sábado 24 de noviembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 57 ] / las ferias del libro de frankfurt y madrid según jorge volpi


Me gusta la descripción que hace Jorge Volpi de las ferias del libro de Frankfurt y Madrid en su artículo “Intruso en la feria”, publicado en la edición de hoy de Babelia —que, por cierto, tiene un especial dedicado a Colombia como país invitado a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara—. Hay una frase con respecto a Frankfurt que según tengo entendido parece expresar muy bien el espíritu de la feria: ‘la literatura allí es lo de menos; importan los negocios, las citas cada veinte minutos y las copas por la noche’.


Si la de Frankfurt es una feria para profesionales de la edición, en la de Madrid las estrellas son los escritores que acuden al parque El Retiro para satisfacer la curiosidad de sus lectores.


Dice Volpi:


2 Los demasiados libros.


Los escritores tenemos nuestro infierno: la Feria del Libro de Francfort. Pocas experiencias tan angustiantes como asistir -por error- a ese gigantesco laberinto. Libros en todas las lenguas, de todos los temas, de todos los colores, de todos los tamaños. Y, para colmo, miles de "profesionales", los auténticos convidados a la fiesta: editores, agentes, publicistas, scouts. En Francfort, los lectores están prohibidos (sólo se permite mirar los libros desde lejos) y los escritores son bichos raros: a veces asiste el próximo Nobel, el ganador del Premio de los Libreros, la cohorte literaria del país o cultura invitados cada año y algún novelista o poeta despistado. ¿A qué? A sufrir frente a lo que Gabriel Zaid llama los demasiados libros. La literatura allí es lo de menos; importan los negocios, las citas cada veinte minutos y las copas por la noche. Lo mejor que autores y lectores pueden hacer en Francfort es huir. La Feria del Libro de Madrid es el caso inverso: un mercado de pulgas literario, con cientos de casetas esparcidas bajo el sol calcinante del Retiro, donde escritores enjaulados deben dedicar (o intentar dedicar) sus libros a los paseantes como si fuesen espinacas en oferta.


Tomado del artículo “Intruso en la feria”, de Jorge Volpi, publicado en la edición de hoy de Babelia.

viernes 23 de noviembre de 2007

impresiones de francis pisani sobre kindle


En su blog Transnets el periodista francés Francis Pisani hace un análisis de Kindle a partir de su primera experiencia como usuario de este gadget. Dice Pisani:


‘Muy agradable en la cama. Lo he ensayado con Tree of Smoke, una novela reciente sobre los años sesenta, la guerra de Vietnam, etc. Interesante poder hacerse una idea tranquilamente. Kindle se lee en la cama con tanta luz como un libro normal pero no con menos. Leer sin tener que cambiar la página es un deporte delicioso. El paso de una página a otra se hace con una especie de pantalla negra criticada a menudo pero que pasa muy rápido (mucho más que cuando se cambia de página en un libro en papel).


Fantástico al sol. Hoy hacía un día soleado en San Francisco, por lo cual tuve que ensayar Kindle a plena luz del mediodía. Ningún problema. Al lado, la pantalla de mi teléfono móvil estaba totalmente gris.


Recorrer el San Jose Mercury News ha sido más agradable de lo previsto. He encontrado fácilmente cinco o seis artículos que me interesaban y he hojeado todos los titulares. Sostengo, sin embargo, que la navegación es un problema. La limitación más importante sigue siendo el precio solicitado para leer un diario (15 dólares por mes) que es descargado automáticamente en la mañana pero que no se actualiza durante el transcurso del día y que puedo encontrar gratuitamente en la Web.


Dos reservas sobre el objeto mismo: es difícil sostenerlo sin apretar involuntariamente las teclas de navegación (página siguiente o anterior). Uno se las arregla pero faltan una o dos zonas neutras para agarrarlo bien. A pesar de estas teclas que se encuentran a ambos lados, el aparato está concebido para diestros: la rueda de navegación está a la derecha y el “volumen” es más grueso (por lo tanto, más difícil de coger) del lado izquierdo.


Mi conclusión del día: una de las buenas ideas de Amazon es que el objeto no se parece en absoluto a un ordenador. Es simple y uno aprende a manejarlo muy rápido. Seguramente se pueden hacer más cosas con un nano ordenador como el EEE de Asus (también me muero de ganas de tenerlo) pero eso no remplaza un objeto concebido especialmente para leer’ (…)


Francis Pisani es uno de mis bloggers favoritos porque tiene una mirada transversal de temas como el desarrollo tecnológico y la industria que se ocupa de éste o la manera como los usuarios nos apropiamos de las distintas tecnologías. Con el mejor espíritu crítico de los franceses pero sin la arrogancia y la mala leche que suele caracterizarlos a la hora de opinar más que todo sobre los temas en los que su país ha perdido la influencia que algún día tuvo —una actitud que seguramente le debe a los años que ha vivido fuera de Francia, primero en México y luego en cerca de San Francisco—, Pisani analiza en Transnets tanto la evolución de la industria tecnológica y el impacto de ésta como los usos sociales de las nuevas tecnologías.

jueves 22 de noviembre de 2007

tranquilos que ya viene el último harry potter en español

Hace un par de días la editorial Salamandra anunció que la séptima y última entrega de la saga de Harry Potter se publicará ‘el 21 de febrero de 2008 a las 18:30 horas’. Harry Potter y las reliquias de la muerte se lanzará simultáneamente en castellano, catalán y gallego en España, Latinoamérica y Estados Unidos.


No cabe la menor duda de que la euforia que provocará la salida del último Harry Potter en castellano, catalán y gallego replicará la que generó en su momento la edición en inglés —que salió el pasado 21 de julio—. Por lo menos en España, desde el mismo día del lanzamiento las librerías estaban inundadas de ejemplares de Harry Potter and the Deathly Hallows y mucha gente se había asegurado un ejemplar encargándolo varias semanas antes de su llegada a librerías.




El mercado hispano parlante es enorme y hace mucho tiempo que Harry Potter dejó de ser un libro exclusivamente para niños. Además, como lo dije en una entrada anterior, está todo el merchandising en torno a la saga:


‘Supongo que entonces saldrán al mercado todo tipo de objetos de merchandising para mantener vivo el interés por la saga: distintas ediciones de los libros —maletín de lujo para coleccionistas, versiones apócrifas con pasajes suprimidos a última hora, cómic, edición crítica y volumen especial con reproducciones de los manuscritos de la autora y de las anotaciones hechas por ésta en las pruebas de impresión—, el diccionario y el atlas del mundo de Harry Potter, el story board de la adaptación cinematográfica de cada tomo, la colección de películas en DVD que incluirá varios discos de escenas descartadas y de the making of, afiches y muñecos de los personajes, cuadernos, vasos, bowls y todo tipo de accesorios para grandes y chicos’.


La salida del último Harry Potter implica un cambio de condiciones a las que quienes están involucrados en el negocio tienen que adaptarse reinventándolo. Por eso en esa misma entrada me refería a las alarmas que prende la salida del último tomo de la saga ‘con respecto al rendimiento comercial de ésta una vez desparezca para siempre la expectativa de una próxima entrega de la obra de J. K. Rowling: el agente literario de la autora, las editoriales que publican la saga en los distintos países y la productora de las adaptaciones cinematográficas deben estar preparando desde ya un plan para que la historia del pequeño héroe siga generando beneficios después de la salida de la película de Harry Potter and the Deathly Hallows —que seguramente será dentro de un par de años—‘.


Ante la magnitud del fenómeno de Harry Potter, a principios de 2004 Sigrid Kraus, la editora de Salamandra, decía en un reportaje que ‘hay que mantener la cabeza muy fría. Es evidente que una inversión de este tipo implica una logística muy complicada. Hemos tratado que el éxito de Harry Potter no nos coma la editorial. Nuestra idea es mantener dos proyectos editoriales paralelos, uno con Harry Potter y otro sin él; y que ambos por separado sean viables. No queremos que todo esto nos afecte demasiado’.


Creo que tres años después de la publicación de este reportaje, por lo menos de momento para Salamandra cada vez es menor el riesgo de que Harry Potter la devore. Al fin y al cabo la editorial ya ha tenido otros éxitos que le han permitido consolidar un posicionamiento en el mercado y que al tener un buen rendimiento en ventas deben haber generado ingresos adicionales a los de Harry Potter lo suficientemente importantes para garantizar la buena salud de la editorial: me refiero a los diferentes títulos de Sandor Márai e Irène Némirovsky, a El curioso incidente del perro a medianoche, a El niño con el pijama a rayas y a Mil soles espléndidos.


Nota: para ver todas las entradas de [ el ojo fisgón ] sobre Harry Potter y la harrymanía, hacer clic aquí.

miércoles 21 de noviembre de 2007

¿un falso certificado de defunción más para el libro?

La noticia ha causado furor: ayer Amazon lanzó Kindle, un dispositivo para descargar, almacenar y leer libros en formato digital. El aparatito es más bien feo y según dicen es pequeño y delgado, pesa poco, se conecta a Internet, tiene una buena capacidad de almacenamiento y cuesta 400 dólares.


Una vez más empiezan a levantarse voces que proclaman, celebran o lamentan el acercamiento de la desaparición del libro. Debido a la rapidez con la que evoluciona, a la cantidad de recursos que moviliza y a la importancia que juega en él el capital del riesgo, el sector tecnológico es bastante proclive a la especulación. Como parece que remitirse al estallido de la burbuja de las “dot-com” que tuvo lugar hace unos años y que alcanzó su punto más crítico en 2003 implica ir demasiado lejos, pondré un ejemplo más cercano: mientras que hace unos meses todos presagiaban que el futuro de Internet estaría en Second Life, cada vez se habla menos de este mundo virtual y ahora la atención tiende a centrarse en Facebook y en OpenSocial. Ahora bien, vale la pena preguntarse hasta cuándo será así y cuáles serán las promesas de las iniciativas hacia las que en el futuro se desplace la atención.


Volviendo al tema de la desaparición del libro hay que decir que si hace unos años los profesionales del sector editorial se reunían con frecuencia a deliberar para encontrar salidas a la encrucijada que representaba para su negocio la emergencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, hoy se da por sentado que a pesar de los cambios todo nuevo soporte debe coexistir con los soportes ya existentes —tal y como ha pasado con los medios masivos de comunicación. Durante estos años ha quedado claro no sólo que el soporte digital es cómodo para la lectura de prensa, para hacer una primera aproximación al contenido de una obra o para el manejo de información de referencia —como la consignada en enciclopedias y diccionarios— y que puede ser particularmente útil para la búsqueda de datos puntuales en el campo de la investigación, sino también que hay otros tipos de contenidos para los que hasta el momento no se ha encontrado ningún soporte más apropiado que el papel. Uno de los aspectos que más me llama la atención cuando reviso las estadísticas de visitas de [el ojo fisgón] para saber cómo llegan los usuarios al blog es la cantidad de gente que lo hace mediante búsquedas de la versión digital de libros que he mencionado alguna vez.


Como objeto el libro tiene un arraigo, un valor simbólico, una ergonomía y una versatilidad de los que carecen un ordenador, Kindle o cualquier otro dispositivo. Con lo anterior no quiero insinuar que nunca surgirá un dispositivo digital que tenga la capacidad de penetración suficiente para competir con el libro —hasta ahora no lo ha habido porque ninguno de los que se han lanzado ha resuelto problemas críticos como el precio, la fuente de alimentación, el tamaño, el peso y la luminosidad—.


Lo que sugiero es que de momento la clave de esta discusión está en la coexistencia de soportes y que el lugar que consiga ocupar cada uno de ellos dependerá de la capacidad de la industria tanto de adaptarse a las circunstancias que plantean los cambios que se presenten, como de asumir los retos que estos plantean.


La industria discográfica parece ser un buen ejemplo de la coexistencia de soportes: la mayor parte de los compradores de discos no han dejado de serlo a pesar del auge de las plataformas de descarga de archivos y de los reproductores en formatos digitales porque en la música para muchas personas el contenido no es más importante que el disco como objeto. Las discográficas no se han quebrado y ahora mismo están replanteando su modelo de negocios para adaptarse al hecho de que mucha gente descarga música de Internet, la quema o la oye en línea.

martes 20 de noviembre de 2007

sin entrada pero con el ojo bien abierto

Por motivos de fuerza mayor hoy no habrá entrada en [ el ojo fisgón ], lo cual no significa que no lo tenga tan bien abierto como siempre. La razón: se me ha ido el tiempo preparando la entrevista que le haré dentro de un rato a Jaume Vallcorba, el editor de Quaderns Crema y Acantilado.



Un dato interesante: en 1999 Vallcorba se anotó uno de sus primeros hits en Acantilado cuando editó en España Relato soñado, la novela de Arthur Schnitzler en la que se basa la película Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick.




lunes 19 de noviembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 11 ]



Lecturas en curso


Un dulce olor a muerte, de Guillermo Arriaga

Belacqva

Barcelona, 2007


Mi recomendado de la semana


Julius Wiedemann, editor de la colección Digital and Media de le editorial alemana Taschen


Mis libros favoritos


A Streetcar Named Desire, de Tennessee Williams

New Directions Books

Nueva York, 1947


Me llama la atención


Mil cretins, de Quim Monzó

Quaderns Crema

Barcelona, 2007

viernes 16 de noviembre de 2007

de paseo por las librerías / mesa de novedades [ 8 ]

Abacus es una cooperativa catalana cuyas librerías se acercan más al equilibrio entre la oferta de libros literarios en catalán y en castellano que cualquier otra que haya visitado hasta el momento en Barcelona. Es por eso que en mi visita de ayer a la librería de la Abacus de la calle Balmes decidí centrarme solamente en las mesas de novedades dedicadas a libros literarios en catalán.


El aspecto que más me llama la atención de la mesa de novedades de Abacus es la gran cantidad de obras de autores catalanes totalmente desconocidos o poco conocidos en el ámbito castellano parlante —con algunas excepciones como Quim Monzó y Lolita Bosch— que coexisten en la mesa de novedades con títulos que también están circulando en castellano: se trata de traducciones tanto de best sellers —en su mayoría anglosajones— como de obras de autores consagrados que escriben en distintas lenguas.


Esta visita a Abacus me ha suscitado muchas preguntas con respecto al mundo de la edición en catalán. Supongo que aparte del balance anual de comercio interior del libro debe haber algunos otros estudios sobre la publicación, la venta y la lectura de libros en las distintas lenguas autonómicas a los que sin lugar a dudas sería interesante acceder.


Librería: Abacus (Calle Balmes, 163)

Fecha: jueves 15 de noviembre de 2007 (6.37 p.m.)



Algunos libros de la mesa de novedades:


- Insòlit somni, insòlita veritat, de Lolita Bosch


- Mil cretins, de Quim Monzó


- Combats singulars. Antologia del conte catalá contemporani, de Manuel Ollé


- L’última hora de l’últim dia, de Jordi Soler


- Barcelona amor final, de Joan Margarit


- Nus i Crus, de Josep Valls


- Un amor a cada bar, de Lluís-Anton Baulenas


- Sang calenta, de Irène Némirovski


- El retorn, de Bernhard Schlink


- La lladre de llibres, de Markus Zusak


- Com Déu mana, de Niccolò Ammaniti


- Cent anys de solitud, de Gabriel García Márquez


- El noi del pijama de ratlles, de John Boyne


- Una història de amor i de foscor, de Amos Oz


- El conte número tretze, de Diane Setterfield


- Les benignes, de Jonathan Littell


- Un petit inconvenient, de Mark Haddon


- Rant, de Chuck Palahniuk


- La interpretació del crim, de Jed Rubenfeld


- Diari d’un mal any, de J. M. Coetzee


- Sabates italianes, de Henning Mankell


- Next, de Michael Crichton


- La clau Gaudi, de Andreu Carranza y Esteban Martín


- La ciutat dels secrets, de Patrice Chaplin


- El celler, de Noah Gordon


- La cortesana, de Sarah Dunant


- Imperium, de Robert Harris


- El Pla B, de Joan Ridao


- Atrapada al mirall, de Gemma Lienas


- Mil sols esplèndids, de Khaled Hosseini


- El lobby d’Israel, de John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt


- Diari rus, de Anna Politkóvskaia


- Com el riu que flueix, de Paulo Coelho


- La ruta prohibida, de Javier Sierra


- Delators, Enric Canals


- Drecera al paradís, de Teresa Solana

jueves 15 de noviembre de 2007

entrevista a julián viñuales, de global rhythm press / “buscamos aficionados a la música contemporánea que compartan otras inquietudes artísticas"

Julián Viñuales se define como un editor accidental que seguramente jamás habría elegido esta profesión si no hubiera tenido una gran pasión por la música y por los libros. Viñuales quisiera pensar que hay un montón de gente que comparte sus mismas aficiones e inquietudes, por lo cual el catálogo de Global Rhythm Press responde básicamente a sus gustos musicales de siempre. Gracias al éxito de los libros de pop la editorial ha podido seguir apostando por la publicación de obras relacionadas con músicos de jazz, que es lo que más le interesa.


La reciente apertura de algunas nuevas colecciones como “Palabra de mujer” o “Maledicta” le ha permitido a Global Rhythm Press desarrollar líneas de trabajo no previstas inicialmente y diversificar aún más un catálogo que desde un principio ha sido bastante ecléctico.


Martín Gómez: ¿Cuándo y por iniciativa de quién surge la idea de crear Global Rhythm Press?


Julián Viñuales: Se trata fundamentalmente de una iniciativa personal. A pesar de que soy arqueólogo de formación, por circunstancias personales tuve que regresar a España después de haber trabajado durante algunos años al frente de unas excavaciones en Cahal Pech —en el valle del río Belice—. La verdad es que a mí regreso no disponía de muchas posibilidades para subsistir y me vi obligado a trabajar para mi padre en una editorial familiar. Allí aprendí el oficio. Estuve trabajando tres años en Folio, que en aquel momento era una editorial de libros ilustrados y de coleccionables. Como en toda empresa familiar, allí tuve el privilegio de poder moverme en todas sus áreas funcionales y de aprender un poco sobre cada una de ellas. Empecé traduciendo y llevando producción editorial para pasar al poco tiempo a dedicarme también a la producción industrial e incluso a ayudar en administración y contabilidad.


Gracias a esa pincelada general sobre la gestión de aprender a dirigir la editorial a continuación tuve la suerte de entrar en Time Warner Publishing, donde pasé cinco años que me sirvieron para acabar de pulir toda esta fase de aprendizaje. Y ahí fue donde tuve la oportunidad de desarrollar ese modelo de negocio que curiosamente no se me había permitido desarrollar en la propia empresa familiar y que consistía en la edición en coleccionables —es decir, en fascículos con CDs— de antologías de antiguos sellos de jazz y de obras completas de algunos músicos étnicos y de jazz. Este modelo era la antítesis de lo que se había hecho siempre en el canal masivo —es decir, en la edición de quiosco— porque lo que hacíamos era dirigirnos a un público de un cierto nivel, con una cierta afición a la música y con conocimientos intermedios que sabíamos que acudía diariamente al quiosco a comprar tabaco o prensa diaria y al que estábamos convencidos de que podíamos llegar ofreciéndole un producto de muy buena calidad a un precio accesible. Esa era la hipótesis de trabajo.


Luego me di cuenta de que yo estaba no solamente creando y desarrollando los conceptos que más adelante se convertían en colecciones, sino también teniendo relaciones con las discográficas, las distribuidoras y demás. Y vamos, de repente se me antojó replicar eso por mi cuenta porque me pareció relativamente fácil a pesar de que no disponía de recursos financieros.


La verdad es que esta experiencia con Time Warner Publishing fue tan positiva en España, América Latina, Italia y Portugal, que me llevó a decidirme a lanzar el proyecto por mi cuenta. Y así nace Global Rhythm Press en 2001. Hasta 2003 me vi obligado a apoyarme en grandes grupos —es decir, a desarrollar mis ideas y a adquirir los derechos de los contenidos para armar un coleccionable—que servían como socios financieros y aliados estratégicos. Y así es como arranco con esa primera antología del canto en el jazz, con la obra completa de Paco de Lucía y con una selección de los conciertos más importantes de la historia del jazz.


El fascículo lo dejamos definitivamente, entre otras cosas, porque junto a la desaparición del soporte se dio otro fenómeno con el que no contábamos: la competencia de los propios diarios, que se han convertido en el canal ideal para ese tipo de promociones. Lo que sí que hacemos de vez en cuando es desarrollar proyectos de música para algunos de estos diarios, como la colección de Bob Dylan que estamos haciendo actualmente para El Periódico de Catalunya.


M.G.: ¿Podría contarnos cómo ha sido la evolución del enfoque de Global Rhythm Press, que ‘inicia su andadura en la edición discográfica con la reedición de obras de jazz y música étnica’ alternando ‘la edición de contenidos fonográficos y audiovisuales con la edición de sus primeras publicaciones’?


J.V.: En realidad el núcleo fundacional de la editorial está conformado por un socio que proviene de la industria discográfica y por mí. Ese socio es Mario Pacheco, copropietario y fundador de Nuevos Medios —que es uno de los sellos independientes más importantes y tradicionales de España—. Y por otra parte está también Jordi Lluís, un antiguo compañero y conocido del mundo de la edición que desde un principio aportó su conocimiento y que mediante el Grupo Océano —que pertenece a su familia— hizo posible que a través de éste consiguiéramos una muy buena distribución en toda América Latina.


Ahí lo que sucedió fue que vimos que el CD estaba en vía de extinción, que estaba muriéndose como soporte. Y tuvimos que replantearnos el modelo de negocio y dar un paso atrás en el sentido en que nos aferramos al libro, que es una tecnología que sigue sobreviviendo a pesar de la locura producida por todos estos cambios incesantes. Eso se da a principios de 2005, que es cuando arranca la rama de edición de libros de Global Rhythm Press.


M.G.: ¿Qué distingue la edición discográfica de la ensayística y cómo consigue conjugarlas una editorial pequeña como Global Rhythm Press?


J.V.: Lo que nos sucedió desde el principio nos pareció muy interesante porque nos permitió contextualizar en el campo de la producción artística y en su época las obras de muchos de los grandes músicos de quienes estábamos publicando memorias o biografías. A los pocos meses de empezar el proyecto surge la propuesta de desarrollar en paralelo una colección de ensayo muy ecléctica en la que hemos publicado textos sobre gastronomía, ensayo literario, investigación y ensayo político.


La colección responde, dicho sea con toda la modestia, a mis propios gustos personales. Me hacía mucha ilusión poder hacer esto. Y las publicaciones musicales son las que nos han permitido de alguna manera ir financiando nuestra propia introducción de un modo pausado y gradual en la edición de ensayo y, más recientemente, de narrativa.


M.G.: ¿Cómo se definió el perfil de las distintas colecciones de la editorial Global Rhythm Press?


J.V.: Lo cierto es que las colecciones no responden a ningún planteamiento preconcebido ni mucho menos. Es una cosa que efectivamente ha ido definiéndose sobre la marcha. Arrancamos con “BioRitmos" y “PoliRitmos”, dos colecciones dedicadas respectivamente a la biografía y al ensayo. “Palabra de mujer” surge a raíz de una propuesta que me hizo Olivia de Miguel, que es la directora de la colección y una excelente traductora. En el campo tanto de la narrativa como del ensayo Olivia pretendía dar a conocer obras de mujeres que no habían sido traducidas al castellano y paralelamente nos proponía también la posibilidad bien sea de reeditar algunos clásicos o bien de hacer nuevas traducciones de clásicos que llevan mucho tiempo sin publicarse. La verdad es que ésta es una aportación que se produce desde fuera a pesar de que Olivia ya era una colaboradora que había traducido para la editorial algunos textos de Edward Said con los que inauguramos nuestra colección de ensayo. Es una antigua profesora mía de la escuela por quien siento gran respeto y admiración que opera como una especie de célula autónoma llevando la dirección editorial de la colección.


Recientemente han ido apareciendo otras colecciones. Entre ellas una de corte más literario y otra de psicología. La música sigue siendo la columna vertebral de la editorial y en torno a ella ya tenemos cinco colecciones en marcha. Además de “Memorias” y “BioRitmos “está “Vinilos”, una colección sobre grabaciones míticas que abrimos con el libro sobre Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band aprovechando que estamos en pleno cuadragésimo aniversario de su aparición y con el Exodus de Bob Marley, de cuyo lanzamiento se celebra el trigésimo aniversario.




También hay una colección dirigida al aficionado a los clásicos contemporáneos, que es una vertiente que nos parecía muy interesante añadir y que no habíamos cubierto ni con “Memorias” ni con “BioRitmos”. Otra es “Fonografías”, que es una colección de historia que viene a ser bastante extraña porque en ocasiones está compuesta por libros ilustrados de gran formato pero que en su momento arrancó con la historia del sello Impulse y que seguirá con la de Columbia y con la de Blue Note. Se trata básicamente de recoger la historia de algunos de los sellos discográficos más importantes de la historia del jazz, lo cual curiosamente nos permite retomar en otro soporte el planteamiento inicial que nos habíamos propuesto mediante los coleccionables. Claramente la propia iniciativa nos ha llevado a interesarnos en otros temas, teniendo muy presente que muchos de esos audiófilos, melómanos y aficionados a la música a los que nos dirigimos podrían estar igualmente interesados en algunas de las otras cosas que les ofrecemos.


M.G.: ¿A qué tipo de figuras y movimientos le interesa darles un lugar en el catálogo de Global Rhythm Press?


J.V.: Ahí también ha sucedido una cosa muy curiosa. Lo cierto es que tampoco pretendíamos centrarnos en una época específica o en un período concreto de la historia de la música. Con dos o tres años de perspectiva lo cierto es que no hemos hecho otra cosa que centrarnos exclusivamente en los sesenta con la excepción de las obras dedicadas a músicos de jazz, que cubren un período mucho más amplio. En el campo de la música popular sí que nos interesa especialmente todo lo que de algún modo arranca a principios de los sesenta con los beats y con la psicodelia y que luego en los setenta acaba derivando en el rock progresivo, en el jazz rock y en la música de fusión. Pero bueno, todo eso en realidad responde a lo que han sido mis gustos musicales desde mi más tierna adolescencia. Y luego también está el jazz, que ocupa un lugar destacado aparte en el proyecto de la editorial. Vamos traduciendo las memorias de Oscar Peterson y las de Dizzy Gillespie. Ahora estamos preparando la biografía de Bill Evans titulada How My Heart Sings y acabamos de publicar la de Billie Holiday. La verdad es que el jazz sigue y seguirá ocupando un lugar destacado en el programa editorial.


A diferencia de lo que ha ocurrido con el rock y el pop, en el caso del jazz sí que cubrimos un período mucho más amplio. Ahí sí que pretendemos remontarnos hasta los años treinta en algunos casos. En el jazz nuestro sueño sería poder ir reconstruyendo todo ese proceso evolutivo que arranca con las primeras orquestas de swing y que llega hasta nuestros días.


Sin embargo, nos ha sucedido algo extrañísimo: pretendíamos centrarnos en el jazz pero hemos visto que los que han dado mejores resultados hasta el momento han sido los libros de pop. Y entonces de algún modo eso también es lo que nos permite seguir apostando por la publicación de esas rarezas sobre músicos de jazz.





M.G.: ¿Cómo describiría los criterios y el proceso de selección de los autores y títulos que se incluyen en el catálogo de Global Rhythm Press?


J.V.: Si bien en una primera etapa el proceso de selección pasaba exclusivamente por mis manos, a través de esas células autónomas como Olivia, Ramón Andrés o Miquel Izquierdo ahora nos hemos repartido toda esa labor de selección. En esta labor también participan activamente todas las agencias literarias con las que llevamos trabajando algunos años tanto en España como en el extranjero.


Digamos que la dirección editorial sigue estando en mis manos tanto en la parte musical como en la colección de ensayo. En la vertiente más literaria quienes están asumiendo el liderazgo son Olivia y Miquel Izquierdo a pesar de que de vez en cuando yo me permito hacer mis propuestas en estos dos campos. Al final es un planteamiento muy abierto.


M.G.: ¿En este momento hay alguna editorial que tenga un registro similar al de Global Rhythm Press?


J.V.: En el extranjero conozco algunas como Omnibus Press y Backbeat Books. Posiblemente estos son los dos únicos casos de editoriales que se han centrado exclusivamente en el campo de la música con textos divulgativos, biografías y libros de texto. Sin embargo, son editoriales que en ningún caso se han diversificado ni han ido abriéndose a otros campos. Nuestro caso es muy atípico porque en la estela de lo que han hecho Omnibus Press y Backbeat Books tratamos de desarrollar una propuesta similar, aunque te diría que dejando de lado los libros de texto o los manuales de enseñanza y centrándonos en las biografías, las memorias y las historias. Posiblemente lo que más nos diferencia de esas editoriales es el hecho de que hayamos ido adentrándonos en otros géneros.


Creo que en España no hay ninguna otra editorial que se haya formulado la posibilidad de centrarse exclusivamente en la música. Sí que ha habido incursiones esporádicas por parte de otras editoriales como Manontropo, Alba e incluso Random House Mondadori. Pero en ningún caso hay un trabajo sistemático, lo cual nos ha permitido tener la grandísima suerte de abrirnos con cierta facilidad un pequeño hueco en ese nicho del mercado editorial.


M.G.: ¿A qué tipo de público se dirige Global Rhythm Press?


J.V.: Hombre, eso es bien curioso. Supongo que cuando uno se hace esa pregunta termina proyectando en su público objetivo sus propias aficiones y sus propios gustos. Yo quisiera pensar que hay un montón de gente por ahí que comparte mis mismas aficiones e inquietudes. De algún modo lo que estoy haciendo literalmente es buscar aficionados a la música contemporánea y al jazz que compartan con nosotros otras inquietudes artísticas y que, a su vez, se sientan atraídos por las propuestas que hacemos en todo el espectro temático en las colecciones tanto de ensayo como literarias, que son bastante eclécticas y variadas. Estas colecciones abarcan desde textos inéditos de escritores británicos del siglo XVIII hasta nuevos valores de la narrativa norteamericana. Cabe todo. Autores como Joan Didion, Ralph Steadman y Benjamin Markovits. No hay una línea muy clara a ese nivel y las propuestas van viniendo de las lecturas que ha hecho cada uno por su cuenta.



M.G.: ¿En qué consiste la estrategia tanto editorial como comercial de Global Rhythm Press para suscitar en el público el interés por las líneas que abordan sus colecciones?


J.V.: Responder a esta pregunta es complicado porque estamos hablando de una ciencia bastante inexacta. No creo que nadie haya dado con la fórmula del éxito entre otras cosas porque así como en los años dorados de la edición de este país —que curiosamente coinciden con los últimos años de la dictadura y con la transición— apenas había competencia y eran muy pocos los editores que sobre todo en el campo del ensayo podían permitirse experimentos más interesantes. Desde entonces ya estaban Jorge Herralde, Beatriz de Moura y todos los grandes editores que terminaron conformando ese grupo mítico de la profesión.


La verdad es que hoy en día en la propia industria —y éste no es un fenómeno exclusivo del mercado hispanoparlante— la actividad editorial, como decía André Schiffrin en La edición sin editores, se ha convertido en un negocio debido a la entrada de grandes grupos que provienen del mundo de los mass media. La industria mediática ha ido inoculando a muchas editoriales toda una serie de herramientas de gestión y de promoción que hacen que la labor de los sellos independientes —incluso de aquellos que se han convertido en empresas medianas— apenas tenga visibilidad frente a las campañas de marketing de los grandes grupos.


Hoy en día si realmente uno quiere hacerse ver en la jungla de los suplementos literarios o de los programas de radio y televisión —que como sabes son escasísimos—, no le queda más que utilizar las mismas estrategias a las que recurren estas grandes empresas. Incluso se da la paradoja de que para ser una editorial tan pequeña como la nuestra que hasta hace unos meses era una empresa unipersonal, ahora tenemos una persona de tiempo completo que se dedica exclusivamente a tratar de conseguir ese mínimo de visibilidad necesario para que se hable de todo lo que estamos haciendo.


Tenemos la suerte de que en el ámbito musical hemos conseguido en un período muy breve que las publicaciones de referencia nos echen una mano. En ese sentido estas revistas han sido nuestro canal natural de promoción. En lo que concierne al ensayo y a la edición de ficción las opciones se reducen, por lo cual en este segmento es más complicado alcanzar cierta visibilidad.


Llevamos dos años y medio publicando libros y la verdad es que estamos muy contentos con lo que hemos conseguido hasta ahora.


M.G.: ¿Cómo ha sido hasta el momento la acogida que ha tenido entre el público el material publicado por Global Rhythm Press?


J.V.: Te diré que para nosotros ha sido una gratísima sorpresa porque en España ha habido precedentes de otras editoriales que habían hecho una labor excelente y que tuvieron que cerrar sus puertas. Se trata de editoriales que en su momento quisieron dedicarse de lleno a la música. Una vez más decidirse por una apuesta tan arriesgada no deja de ser una temeridad. Sin embargo, a la vista de los resultados cosechados con nuestras antologías yo tenía la convicción de que ese público existía, de que estaba ahí y de que encontraríamos el modo de llegar a él aunque fuera con otras propuestas.


Y bueno, parece que esa hipótesis de trabajo se ha confirmado y ahora no sabemos cuál es el techo de este mercado ni hasta dónde podemos llegar con algunas nuestras propuestas. Es muy pronto para saberlo. En España hemos conseguido abrirnos un hueco en ese nicho pero insisto: nosotros queremos sacarle un rendimiento a tiradas muy modestas que los grandes grupos jamás tomarían en consideración. A nosotros nos resulta muy provechoso vender entre 2000 y 3000 ejemplares de algunas de nuestras obras, cosa que cualquiera de los cinco grandes grupos de este país ni siquiera tendría en cuenta.


M.G.: ¿Cómo ha sido la relación de Global Rhythm Press con las librerías?


J.V.: A los libreros estamos empezando a conocerles, que es una tarea importantísima y que de hecho toma años. Para una editorial como la nuestra la relación directa con los libreros es vital y eso es algo que apenas hemos tenido tiempo de hacer. Ahora estoy tratando de aprovechar todos los momentos de los que dispongo en mis viajes para visitar todas las librerías que pueda en cualquier rincón de España. Se trata de un trabajo fundamental para que sepan quiénes somos.


En el campo de la distribución hemos tenido la suerte de ofrecerles a nuestros distribuidores la posibilidad de trabajar en una línea en la que apenas habían hecho alguna incursión esporádica. Así que de algún modo nuestra oferta venía a completar el abanico de propuestas que aportaban las demás editoriales, lo cual nos permitió distribuir con Les Punxes —que tiene muy buenos vínculos en toda España— y en el caso de América Latina con Océano —que para una editorial tan pequeña como la nuestra es una opción irresistible. Confiarle a un grupo tan experimentado como Océano la gestión de la logística, de la exportación, de la promoción y de los cobros en todos los mercados ha hecho que todo resulte supremamente fácil—.


Como cuentan los grandes editores de la generación anterior, al menos que tengas la suerte y el acierto de dar con un título que funcione bien lo habitual es que te pases de diez a quince años consolidando tu editorial y tal vez algunos más en convertir tu sello en sinónimo de calidad y de buen gusto —que es lo que han conseguido Tusquets, Anagrama, Acantilado y Siruela—. Ese es el estado ideal al que aspiramos todos, que es un fenómeno que se da en el mundo latino —en España, Francia e Italia— porque el rol que tiene el editor como prescriptor no existe de la misma manera en el ámbito anglosajón —donde se potencia mucho más la figura del autor por encima de la del editor, que al final no deja de ser un agregador de contenidos que conspira en la sombra y ejerce de chulo en no pocas ocasiones—.


Y ahí están los editores que han convertido sus sellos en referencias. Si eso llegara a sucedernos, sería maravilloso.


M.G.: ¿Cuál sería su balance de la experiencia de la editorial hasta ahora?


J.V.: El balance es muy positivo fundamentalmente porque en el fondo todo lo que me ha sucedido durante estos últimos tres años no deja de sorprenderme. Yo soy un editor accidental y me he visto avocado a serlo porque tuve la intuición de que existía una oportunidad en el mercado para sacar adelante este tipo de publicaciones. En ningún momento emprendí este proyecto con el convencimiento o la esperanza de asentarme en esta profesión, que para mí no dejaba de ser una oportunidad cazada al vuelo que me parecía muy interesante y que no sabía si se quedaría en lo que en inglés llaman un opportunistic business o si definitivamente tendría la suerte de poder dedicarme a esto.


Han pasado dos años y medio y ya estamos con casi diez colecciones en marcha. Insisto en que es un quehacer muy discontinuo en el sentido de que a diferencia de otras actividades empresariales no sigue un proceso muy lineal. Sería una falacia y una ficción si alguien te dice que las cosas son de otro modo. Uno tiene que adaptarse a esa dinámica y debe prepararse para funcionar bajo ella. El ratio de éxito por el número de publicaciones que sacas al año es muy modesto y tampoco puedes dejarte llevar por el entusiasmo de esas experiencias tan positivas que puedes tener al arrancar o al cabo de unos años, aunque algunas veces son ellas las que te permiten sobrevivir al cabo de un tiempo y a lo mejor pensar en la posibilidad de emprender al largo plazo proyectos más ambiciosos.


Es una profesión que seguramente jamás habría elegido si no hubiera tenido esa pasión por la música y por los libros. Y el simple hecho de poder sobrevivir trabajando en esto ya es un privilegio y una gran suerte.


M.G.: ¿Podría adelantarnos algo con respecto a los títulos que Global Rhythm Press está preparando en este momento?


J.V.: Tenemos muchas cosas. En enero sacaremos las memorias de Robert Crumb, el gran dibujante de cómic de la contracultura norteamericana. También sacaremos la biografía de Elvis Presley más importante que se haya publicado, escrita por Peter Guralnick, de la que en España se había traducido el primer volumen —Last Train to Memphis— y que ahora publicamos en un solo tomo junto con la segunda parte que se titula Careless Love. Publicaremos igualmente las memorias de la primera mujer de Stefan Zweig, así como las obras de Susan Straight y Charlotte Mendelson —dos autoras desconocidas en España pero que gozan de mucho reconocimiento en Estados Unidos y en el Reino Unido—. Saldrá, además, el debut novelístico de Ralph Steadman, el ilustrador británico que hace una sátira delirante de la industria del arte contemporáneo. Luego lanzaremos Paseos por Londres, una pequeña joya de Flora Tristán. Están por salir las memorias de Eric Clapton y de Hans Massaquoi, el actual director de la revista Ebony en Estados Unidos —se trata de Destined to Witness, cuya adaptación cinematográfica está en preparación—. Estamos preparando una investigación de la periodista canadiense Sonia Shah acerca de los tejemanejes de la industria del petróleo, Sexo e inquisición de Javier Pérez Escohotado y las biografías de Nat King Cole y de Stefan Zweig. Y, finalmente, dentro de poco lanzaremos la trascripción del juicio de Oscar Wilde, que hasta ahora tampoco había sido traducida al castellano.

miércoles 14 de noviembre de 2007

observatorio tökland sobre edición xxi

La mayoría de veces que he visto debates públicos sobre el impacto de la incursión de las nuevas tecnologías en el terreno de la edición, las intervenciones han oscilado entre dos extremos igualmente detestables: por un lado, el catastrófico que se dedica a hacer planteamientos esotéricos y a pronosticar escenarios apocalípticos; y, por el otro, el entusiasta que celebra el redentor advenimiento de la tecnología porque favorece la capacidad de almacenamiento de contenidos, facilita su portabilidad y disminuye los costos de acceso a ellos.


Considero que en estos debates las contribuciones más valiosas las hacen quienes tras recoger y analizar información confiable y suficiente plantean líneas de reflexión lúcidas con respecto al tema que se aborda en lugar de lanzar prédicas evangelizadoras que no hacen más que enceguecer y desorientar.


Según lo que he tenido la oportunidad de conocer hasta ahora, personas como José Antonio Millán, José María Barandiarán, Joaquín Rodríguez, Javier Celaya, Clara Alba y Andrea García son quienes con sus aportes desde las más variadas perspectivas han venido orientando en la blogósfera española la reflexión que tiene lugar con respecto al impacto del uso de las nuevas tecnologías en el campo de la edición. A ellos se suma ahora el Observatorio Tökland sobre Edición XXI —que es una transformación de un suplemento de la revista Tökland de fomento a la lectura—, un proyecto que de acuerdo con lo que he entendido surge con la intención de hacer un seguimiento y un análisis sistemáticos de la manera como repercuten las nuevas tecnologías sobre la actividad editorial.


En su blog la gente de Tökland presenta el Observatorio Tökland sobre Edición XXI de la siguiente manera:


‘Estamos convencidos de que es hora de superar los prejuicios y ponerse a trabajar en el valor que estas oportunidades abren al sector editorial y para los editores. Nuevos soportes, nuevos formatos, nuevos mercados… Por eso, hemos querido superar el estamento nodal meramente informativo que veníamos trabajando desde el Suplementeo Tökland sobre Edición XXI.


Este Observatorio Tökland sobre Edición XXI, pretende ser un sistema permanente y actualizado que integre información parcialmente dispersa con conocimiento práctico, global y específico, análisis y proyecciones sobre la nueva edición, buenas prácticas, etc… Una estructura que reúna y facilite a los autores, editores y a profesionales del sector editorial, de la educación y la cultura, la información necesaria para adoptar medidas en el ámbito de lo que se está llamando Edición XXI, tomando de referencia acciones en curso y proyectos en desarrollo.


Trabajaremos porque el conjunto de elementos relacionados entre sí, contribuyen a facilitar la implementación de innovación, el análisis, el intercambio de experiencias, así como el retorno con valor agregado de información de alta calidad, fiable, necesaria para la ejecución eficiente de proyectos en red. Confiamos que aportará valor en la toma de decisiones y en la adopción de medidas para el desarrollo de programas e intervenciones.


Pensamos que las redes sociales entorno a estos temas están muy bien como foros de conversación y discusión, pero es hora de trasladar a los editores realmente el valor que presentan las nuevas tecnologías y arremangarse con ellos. Este Observatorio Tökland que ponemos en marcha queremos que sea una herramienta de referencia no sólo para el sector editorial, sino también para todos aquellos profesionales interesados en el mundo de la edición’.


Para más información, contactar con el editor Pablo Odell

martes 13 de noviembre de 2007

notas sobre el cóctel de entrega del premio herralde de novela

Valèria Macías me envía una invitación al cóctel de entrega del Premio Herralde de Novela, al cual ni por un momento se me ocurre dejar de asistir. Cómo no hacerlo después de que durante varios años tuve la costumbre de 'recorrer a paso lento los estantes de las librerías y de detenerme cada vez que a mi ojo se le atravesaba uno de esos lomos marcados con el logo de Anagrama’ y de ‘apostar a ojo cerrado por cualquier cosa que tuviera el sello de la editorial barcelonesa’.


Más que el nombre del ganador o las razones que fundamentan la decisión del jurado, en un principio lo que realmente me interesa es ir a echarle un ojo a lo que pasa en el St. Rémy —un restaurante ubicado en el número 12 de la calle Iradier, en la zona alta de Barcelona— antes y después de la entrega del premio.



En la entrada Jorge Herralde y Lali Gubern reciben a sus invitados. A primera vista distingo algunas caras. Se trata en su mayoría de algunos de los miembros más emblemáticos de “la gauche divine”, ese mítico grupo de artistas e intelectuales acomodados que surgió en Barcelona durante el ocaso del franquismo. Todavía no me encuentro con nadie conocido, así que me doy una vuelta por el salón durante la cual me toca hacer una finta para no tropezarme con Enrique Vila-Matas.


En algún momento todos los que me rodean esperan su turno para abrazar a una mujer mayor que gesticula exageradamente. Es Inge Feltrinelli, que lleva unas gafas de sol sobre su pelo de color encendido, tiene mucho maquillaje en su rostro bronceado un poco más de la cuenta y va vestida de una manera bastante colorida.


Desde donde estoy veo llegar al agente Guillermo Schavelzon, a Antonio Ramírez de La Central, a Esther Tusquets, a Eduardo Mendoza y a Beatriz de Moura, que van repartiendo saludos mientras atraviesan el salón. Un hombre de aspecto alicaído que lleva un sweater de rombos da vueltas por toda el salón, como buscando con quién hablar. Se me parece a Alfredo Bryce Echenique pero no estoy del todo seguro de que sea él.


Al resto de personas no las distingo. Deben ser editores, encargados de derechos, jefes de prensa, agentes, scouts, traductores, autores, distribuidores, libreros, gestores culturales, periodistas y figuras políticas locales. Mientras que los seniors hablan pausada y discretamente, los juniors hacen ademanes un tanto histriónicos. Van tan bien vestidos y arman tanto alboroto porque saben que son el futuro de esta industria en la que poco a poco se va produciendo un relevo generacional.


Subo a la segunda planta del St. Rémy, donde hay muy poca gente y se puede respirar mucho mejor. En algún momento una voz masculina con un timbre bastante agudo pide hacer silencio y anuncia que se va a entregar el premio —cuyo resultado se conoce desde el mediodía—. Cuando me asomo por la barandilla para ver hacia el lugar que atrae la atención de todos descubro con sorpresa que quien habla es Jorge Herralde, cuya contextura robusta todavía no acaba de encajarme con su voz —que siempre imaginé firme y potente—. El editor de Anagrama destaca que desde 2003 todos los ganadores y una buena parte de los finalistas del premio han sido hispanoamericanos, se refiere al significado que tiene el Herralde de Novela, presenta al jurado, saluda a Inge Feltrinelli y le da la palabra a un funcionario del Ajuntament de Barcelona que hace un discurso oficial —es decir, políticamente correcto y soso— sobre la importancia que tiene el premio para la ciudad. A continuación se presenta tanto al ganador como al finalista, ambos pasan al frente, se les dedica un breve aplauso y se les da la palabra. Sin embargo, el resurgir de la conversación indica que a nadie parece interesarle lo que dicen.



Más adelante me encuentro con Isabel Núñez, con Subal Quinina y Mariana, con Patricia Escalona y con una amiga mexicana que acaba de enterarse de que el finalista era uno de los reporteros de su equipo de trabajo cuando ella era editora en un periódico de Guadalajara. Isabel, Patricia y mi amiga mexicana se van cada una por su lado. A varios metros veo a Valeria Bergalli y aunque quiero ir a saludarla soy consciente de que en ese momento desplazarme hasta donde ella está es imposible.


Mientras comentamos con Mariana cómo son estos eventos en Colombia y Venezuela, Subal se ponen a hablar con alguien que cuando me sumo a la conversación me entero de que es ni más ni menos que el Llibreter. Amb la Mariana ens posem a parlar en català para hacerles un guiño cultural a Subal y al Llibreter. Aunque después de un par de frases bien dichas es imposible hablar fluida y correctamente, Mariana i jo parlem una mica mes però molt malament. ¡Quina vergonya amb els companys catalanoparlants!


Los camareros atraviesan el lugar llevando bandejas llenas de mini bikinis, buñuelitos de bacalao, pinchos de gambas y toda clase de canapés sin detenerse por donde estamos nosotros. El efecto de las copas empieza a notarse en el aumento del volumen de la conversación y en la progresiva pérdida de la rigidez inicial. El salón de abajo empieza a desocuparse y veo que el hombre que se me parece a Bryce Echenique finalmente ha encontrado con quién hablar.


A estas alturas sólo quedamos los pringaos que queremos pillar hasta la última croqueta y cerciorarnos de vaciar todas las botellas antes de irnos. De repente se bajan las luces y los camareros empiezan a recogerlo todo. Caminamos con Mariana, Subal y el Llibreter hasta los ferrocarriles de Sarriá. Mientras vamos en el tren hacia Plaza Catalunya Subal me dice que espera leer pronto mi crónica del cóctel y yo le respondo que no existe la más remota probabilidad de que la haga.


Tal vez la frivolidad de un evento social nos impida ver la importancia que tiene como fuente de legitimación de aquello que se celebra: bautizos, cumpleaños, primeras comuniones, graduaciones, matrimonios, funerales y premios literarios. Invitar a los demás a celebrar con nosotros es hacerlos partícipes de nuestros triunfos pero también la oportunidad perfecta para ufanarnos públicamente de estos.



Aunque es cierto que Jorge Herralde ha demostrado ser un anfitrión generoso con sus invitados, vale la pena destacar que ante todo es un gran editor cuyo agudo olfato le ha permitido construir a lo largo de casi 40 años su gran obra: el catálogo de Anagrama.

lunes 12 de noviembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 10 ]



Lecturas en curso


La señora del perrito y otros cuentos, de Anton Chéjov

Alianza editorial

Madrid, 2006


Mi recomendado de la semana


Observatorio Tökland Edición XXI

Barcelona


Mis libros favoritos


Las ilusiones perdidas, de Honoré de Balzac

Mondadori

Barcelona, 2006


Me llama la atención


Edición 2.0. Los futuros del libro, de Joaquín Rodríguez

Melusina

Barcelona, 2007


domingo 11 de noviembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 56 ] / cambios en la industria de producción, distribución y venta de contenidos

El escritor de best sellers policíacos Barry Eisler le propone a M.J. Rose hacer para el blog Buzz, Balls & Hype una serie de artículos sobre lo que significan para la industria de producción, distribución y venta de contenidos algunos hechos recientes que podrían debilitarla. A continuación reproduzco la segunda parte de la serie “First Madonna and Radiohead; Next, James Patterson”.


First Madonna and Radiohead; Next, James Patterson: Part 2

By bestselling thriller author, Barry Eisler.


In Part 1 of this article, I argued that distribution is flattening, and in doing so is undermining the most important competitive advantage of media companies. This time, I'd like to examine the impact of flattening distribution specifically on the book biz.


Let's start by breaking down the whole book business ecosystem. Who are the players? What are their functions? What does it take to get a book into the hands of a reader?



First, obviously, you need the book. To get a book, you need a writer (good news for writers: we're not replaceable). Once the manuscript is written, it needs to be edited (agents do some of this, some is done by editors). An agent brokers the sale of the manuscript to a publisher. The manuscript will need further editing and then copyediting. It needs a title, cover art, and jacket copy (the package). It needs to be printed and bound (only now is it a "book"). It needs to be marketed and sold to resellers (bookstores and other retail sales outlets). It needs to be shipped. It needs to be marketed and sold to consumers.


So the functions in today's book biz are:


1. Writing

2. Agenting

3. Editing

4. Copyediting

5. Book packaging

6. Printing and binding

7. Marketing (to retailers)

8. Sales (to retailers)

9. Distribution

10. Marketing (to consumers)

11. Sales (to consumers)


Overgeneralizing slightly, note that today, functions 3-10 are concentrated in the hands of publishers (although publishers increasingly outsource many of these functions, a point we'll return to in a moment).


Now imagine a book ecosystem in which resellers no longer needed publishers for distribution. In which, for example, Barnes & Noble, has installed a POD station in every one of its stores, so that books are now distributed electronically and printed on the spot. How would such an ecosystem differ from the one we're living in today?


Freed of distribution dependence, B&N would quickly realize it no longer needed the publisher's sales force, either. Today, the function of a publisher's sales force is largely to excite retailers to buy lots of copies of certain books. The pitch is: "We love X Title, which as you can see has a full two-page spread in our spring catalogue, and we're putting a major, six-figure marketing campaign behind it. Based on the quality of the book and our marketing efforts to consumers, it will sell strongly, so you should buy and stock it in quantity."


In the flat distribution future, B&N will respond, "Glad you love the book -- we'll check it out. And glad to know you're going to market it aggressively to consumers. But we don't need to buy it in quantity, or in any quantity at all, in fact, because with our POD stations, we'll just keep a couple copies on the shelf and print them out locally based on demand."


B&N will then think, "Hmmmm, if I no longer need the publisher for distribution, and I don't need their sales force, what about the marketing to consumers part? I'm already doing a lot of that myself. Some of it, like coop, is subsidized by the publisher, but what's to stop me from doing it all and eliminating the middleman?"


There's more. The chief advantage B&N, Borders, and other chain stores have over the independents, and the advantage Wal-Mart and other so-called big box retailers have over the chains, is lower prices. Lower prices are a function of volume. Volume is a function of distribution. In a flat distribution world, it doesn't matter whether you move 100 copies of a title, or only one. Your distribution costs are the same.


In other words, flat distribution will de-emphasize price (that is, discounting) as a means of competition among retailers. It will even de-emphasize the role of selection -- because digital delivery means all titles will be equally available, whether at a corner independent or a three-storied superstore (but see the discussion of exclusive publishing deals in Part 3). Flat distribution will therefore force retailers to compete in other ways -- customer relationships, for example, and expertise and service. Good news so far for independents... but on the other hand, a small independent will still need to sell books for a profit, because books are the store's only source of profit. Wal-Mart can choose to sell books (or anything else) as a loss lead to pull in customers for its other, profitable items. It'll be interesting to see how flat distribution affects online retailers like Amazon. On the one hand, Amazon's bulk distribution advantage goes away while its distribution-to-consumer cost remains. On the other hand, Amazon's distribution-to-consumer cost hasn't proven to be a problem for the company thus far. But either way, Amazon's massive selection advantage will disappear entirely (subject to those exclusive publishing deals again, discussed in Part 3).


So booksellers realize they no longer need publishers for functions 7 through 9, and that they can eliminate the middleman for function 9. What about 3-6? Publishers are increasingly outsourcing these functions even today; what's to stop an ambitious bookseller from eliminating the middleman there, too?


Nothing. In fact, it's already happening. B&N and Borders both publish their own books. True, the titles in question are mostly self-help, public domain, and other perennially-selling categories. But in June, Borders published Slip and Fall, a hardback novel by Nick Santora that's available nowhere else. Slip and Fall is a classic case of middleman elimination. I don't know the financial details, but I know the dynamic that drove the deal: Santora gets to keep more than the 15% of the price of each book he would have received from a traditional publisher, and Borders keeps more than the 40% it would have kept after paying a traditional publisher 60% of the retail price. In other words, the 45% of the retail price publishers keep today leaves a lot of room for parties like Santora and Borders to settle on a different split -- somewhere between 15% for the writer and 40% for the retailer. A good deal for them (if the book succeeds, of course); a shutout for traditional publishers.


If Slip and Fall succeeds, the model will become more widespread. And here's where what Madonna and Radiohead are to changes in the music biz, James Patterson represents to book publishing. That and more, in Part 3.

sábado 10 de noviembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 55 ] / los premios literarios franceses 2007 según jean françois fogel

Como es un tema que me interesa muchísimo, reproduzco una reflexión que publica en su blog el periodista francés Jean François Fogel sobre los premios literarios a partir de lo que está sucediendo en Francia en relación con la versión 2007 los premios Goncourt, Renaudot y de Flore —marcados por la polémica que ha producido el caso Amélie Nothomb—.


Premios


Cada año crece la semblanza entre los premios literarios franceses y Le Tour de France. Nadie pone en duda la existencia de Le Tour de France. Sus ciclistas invaden los televisores durante tres semanas cada verano. Es todo un espectáculo. Sudor de los participantes, gritos de los espectadores, paisajes asombros de las montañas francesas, y tremenda cobertura de los escándalos del dopaje por la prensa: no falta nada. Pero somos incapaces de recordar quien ganó. Ni por cuánto tiempo, pues se da la victoria a uno, se la quita, se nombra a otro vencedor en el invierno, en un pueblito de no sé dónde cuando ya se terminó la temporada ciclista. En el final, mucho Tour de France y poco deportes.


Pasa lo mismo con los premios literarios. Cada año tenemos más artículos, más ruido, más escándalos y, lógicamente, menos literatura. El problema, el año pasado, fue la presencia de una verdadera novela, Las benévolas de Jonathan Littell. Consiguió dos premios y creó un tremendo malestar al recordar que la lucha para conseguir galardones literarios en Francia se parece a la guerra de las Malvinas según Borges: una pelea de calvos por un peine.


Imposible no pensar en esto al descubrir en las librerías las clásicas cintas sobre la tapa de dos libros. “Premio Goncourt”, “Premio Renaudot”. El Premio Goncourt se entregó en la vuelta catorce de la votación a una novelita sobre Zelda Fitzgerald: Alamaba Song de Gilles Leroy. Y el premio Renaudot fue para Chagrin d’école de Daniel Pennac, después de diez votaciones consecutivas. Para ambos premios: rumores de todo tipo, gritos de los amigos o editores y sospechas generalizadas de maniobras tramposas.


Si une quiere entender lo vergonzoso hay que recordar que el Goncourt es para un libro muy mediocre sobre un tema agotado. El Renaudot, por su parte, es para un libro que no figuraba en la lista de las obras preseleccionadas por el jurado. Como siempre, Pierre Assouline lo explica en su blog para los que leen el francés. En alemán, hay un excelente artículo en la Frankfurter Allgemeine Zeitung que revela lo que fue la última maniobra de Michel Tournier (novelista que habla muy bien alemán y muy conectado con Alemania) para imponer al jurado del Goncourt elegir a Amélie Nothomb que tampoco figuraba en la lista pre-seleccionada. (Como ella consiguió ayer el pequeño premio del Flore se dice que es una compensación y que tampoco lo merece…).


¿Cuál será el resultado de estos premios? Ya lo conozco: yo vi personas comprando el libro de Leroy. Tal como no le fue mal al Tour de France las audiencias de televisión cuando su líder tenía que huir por la noche sin su bicicleta. Los líderes de los premios literarios son muy parecidos: no tiene que huir pero tampoco serán recordados. Muchos premios y poca literatura.

viernes 9 de noviembre de 2007

"el marketing viral contagia a españa": artículo en la revista p&m

Ayer y hoy han sido días cruciales en los que todo lo que ha podido fallar ha fallado. Como no todo puede ser tan malo, aprovecho para invitarlos a leer un artículo sobre marketing viral que hice para la edición de noviembre de P&M —la revista de referencia en el sector de la publicidad en Colombia—.


El artículo se llama “El marketing viral contagia a España”. En él intento explicar a partir de las campañas “Amo a Laura” y “Levántate ZP”, desarrolladas por Tiempo BBDO para MTV y para la ONU respectivamente, en qué consiste el marketing viral, en qué se basa y sus ventajas y desventajas.






Quienes estén interesados en leer el artículo pueden descargarlo haciendo clic aquí (primera página) y aquí (segunda página). En la página de Tiempo BBDO hay un vídeo de presentación de cada campaña.


El siguiente es el vídeo de "Amo a Laura":




Y éste es el de "Levántate ZP":




jueves 8 de noviembre de 2007

entrevistas muy interesantes para las próximas semanas en [ el ojo fisgón ]


Ésta ha sido una semana movidísima y cuyo ritmo ha sido bastante agotador. Sin embargo, en términos de encuentros con personas con quienes he sentido empatía, de aprendizaje y de producción de nuevos contenidos para [ el ojo fisgón ] el balance no podría ser mejor.




lunes 5 de noviembre:


- entrevista a Julián Viñuales, editor de Global Rhythm Press

- fisgoneada, copas y pasabocas en el cóctel de entrega del Premio Herralde de Novela


martes 6 de noviembre:


- entrevista a Clara Alba y Andrea García Méndez, directoras de la revista a mínima::, coordinadoras del Máster de Edición de la Universitat Oberta de Catalunya y autoras del blog Planos de puentes y túneles


miércoles 6 de noviembre:


- entrevista a Miguel Lázaro, editor de Cabaret Voltaire


Recomiendo muy especialmente estas tres entrevistas que saldrán publicadas en el transcurso de las próximas semanas.

miércoles 7 de noviembre de 2007

los planes de facebook y nuestros hábitos de compra

En una de sus alertas diarias de ayer la revista AdAge.com informa que Facebook prevé la incorporación en el seno de la red social de un sistema de notificación de las compras que hacen sus usuarios en línea. La medida está claramente orientada a recolectar información con respecto a los hábitos de consumo de las personas con el propósito de enviarles mensajes publicitarios sobre una selección de productos que se ajuste a sus intereses. Al fin y al cabo en este momento una de las peleas fuertes en Internet tiene que ver con el control de la gestión de la publicidad.


De hecho la conformación del eje Facebook - Microsoft es producto de un intento por hacerle contrapeso a Google que tras comprar Doubleclick hace unos meses dio un paso hacia la consolidación del control del mercado publicitario en línea en el que ya había alcanzado una buena posición mediante AdSense—, que respondió a esta iniciativa montando OpenSocial —una alianza estratégica que agrupa redes como MySpace, Friendster, LinkedIn, Ning, Oracle, Orkut, Plaxo, Salesforce.com, Six Apart o Xing y a la cual se espera que se sigan sumando muchas otras.


La revista presenta la iniciativa de Facebook de una manera ilustrativa:


‘Muchas personas encuentran los próximos libros que planean leer hojeando las listas de best sellers de The New York Times o Amazon. Otras cuentan con referencias de amigos y colegas. Pero, ¿qué tal si usted pudiera ver un título de actualidad a medida que empieza a escalar las listas de best sellers dentro de su red de Facebook? Usted recibiría una alerta: “31 personas de su red han comprado Microtrends”.


De acuerdo con alguien familiarizado con el trabajo que Facebook ha venido haciendo en esta área, la característica de compra funcionaría así: cuando los miembros de Facebook compran algo en una plataforma de comercio electrónico pueden dejar que quienes pertenecen a sus redes de Facebook sepan sobre su compra, poniendo a circular información sobre ésta así como un cupón de descuento. El servicio traerá a las compras en línea una especie de elemento viral fácilmente rastreable’.


Me parece interesante que el libro sea el caso escogido por AdAge.com para explicar el proyecto mediante el cual Facebook pretende generar nuevas fuentes de ingresos visibilizando las compras de los usuarios porque es cierto que en Internet, y particularmente en las redes sociales, se aumenta el potencial del tradicional “boca a oreja” al facilitar la diseminación de mensajes a través de una lógica viral. Sin embargo, para mí la compra de libros sigue estando asociada a la librería como espacio físico.



Las únicas veces que he recurrido a plataformas de comercio en línea para comprar libros ha sido cuando he necesitado obras publicadas en otros países que no se consiguen donde estoy o títulos de segunda que están descatalogados. Y es que para mí leer es un placer que está asociado con el libro como objeto, que a su vez lo está con el placer de ir a una librería.



Debo aclarar que no tengo nada en contra del comercio en línea porque sin ningún problema puedo comprar por Internet un tiquete de avión, una cámara de fotos o un computador en la medida en que se trata de bienes que para mí tienen un valor absolutamente funcional y poco simbólico.


Un aspecto interesante del plan de Facebook es que explota en el interior de una red social potentísima el sistema de recomendaciones de los usuarios que desde hace tiempo utilizan plataformas como eBay o Amazon y que, según distintos estudios, actualmente les genera a los consumidores más confianza que la publicidad, la información producida por los medios masivos de comunicación y los blogs. Al fin y al cabo todos tenemos nuestros propios prescriptores y a menudo estos son personas que forman parte de nuestra red porque compartimos con ellos algunas de nuestras afinidades —lo cual nos lleva a confiar en su criterio—.

martes 6 de noviembre de 2007

donde pongo el ojo... [ 9 ]



Lecturas en curso


Orwell periodista, de George Orwell

Global Rhythm Press

Barcelona, 2006


Mi recomendado de la semana


Astiberri Ediciones

Bilbao


Mis libros favoritos


The Buenos Aires Affair, de Manuel Puig

Seix Barral

Barcelona, 1977


Me llama la atención


The Paris Review Interviews, Volume II (Philip Gourevitch, editor)

Picador

Nueva York, 2007

lunes 5 de noviembre de 2007

sobre el prix goncourt y el premio herralde de novela, que se entregan hoy

Hoy se entregan en Francia y en España dos premios que representan cada uno a su manera una referencia fundamental en el ámbito de la narrativa contemporánea: el Prix Goncourt y el Premio Herralde de Novela —a cuya entrega asistiré esta noche.


Y digo ‘cada uno a su manera’ porque cada premio tiene sus propias particularidades en relación con aspectos tan diversos como la naturaleza de la organización que lo otorga, su trayectoria, su prestigio y su repercusión a nivel nacional e internacional, sus criterios para definir el tipo de obras que pueden participar y su forma de premiar al ganador.


La versión en francés de Wikipedia define el Prix Goncourt de la siguiente manera:


‘El Prix Goncourt es un premio literario francés que recompensa a los autores en lengua francesa (no necesariamente de nacionalidad francesa), creado por el testamento de Edmond de Goncourt en 1896. La Société Littéraire des Goncourt (Sociedad Literaria de los Goncourt) se fundó oficialmente en 1902 y el primer Prix Goncourt fue otorgado en 21 de diciembre de 1903.


El Prix Goncourt, creado para recompensar cada año “la mejor obra de imaginación en prosa aparecida durante el año” es atribuido casi exclusivamente a una novela. Es el premio francés más prestigioso. El premio mismo es simbólico —diez euros— pero la notoriedad destinada al autor premiado, que verá su obra acceder a los palmares de las mejores ventas, es una recompensa muy codiciada’.


La siguiente es la short list de la versión de este año del Prix Goncourt:


- A l'abri de rien, de Olivier Adam

- Le rapport de Brodeck, de Philippe Claudel

- Le canapé rouge, de Michèle Lesbre

- La passion selon Juette, de Clara Dupont-Monod

- Alabama Song, de Gilles Leroy


La versión en español de Wikipedia, por su parte, define el Premio Herralde de Novela así:


‘El Premio Herralde de Novela es concedido anualmente en España por la Editorial Anagrama a una novela inédita en lengua castellana, distinguiendo también a un finalista.


Creado en 1983, toma su nombre de Jorge Herralde, fundador y dueño de la editorial. La dotación en 2006 es de 18.000 euros y publicación para el ganador, y publicación para el finalista. De igual forma, habitualmente suele editarse también la novela clasificada en tercer puesto. Se entrega en noviembre del año respectivo’.


De acuerdo con el diario Milenio, de México, la siguiente es la short list de la versión de este año del Premio Herralde de Novela:


- Ciencias morales, de Miguel Cané *

- Novela total, de Pablo Tenembaum *

- Volveré y conmigo el fuego, de Francisco Calderón *

- En qué piensas cuando no piensas en nada, de Rictus Ceballos *

- La velocidad, de Alfonso Yánez *

- La profecía, de Roberto Echavarren *

* seudónimos


Las diferencias fundamentales entre ambos premios son las siguientes:


En primer lugar, el tipo de obras premiadas: mientras que el Goncourt es un premio a obras publicadas, el Herralde premia manuscritos inéditos —un aspecto que se les critica con toda razón a los grandes premios de España—.


En segundo lugar, el tipo de premio que recibe el ganador: mientras que el reconocimiento en el Goncourt se basa en el prestigio del premio mismo —a tal punto que el autor galardonado no recibe más que la suma simbólica de diez euros—, en el caso del Herralde se basa tanto en la reputación del premio como en la publicación de la obra y en un incentivo económico significativo.


Y, por último, la naturaleza de la organización que lo otorga: mientras que en el Goncourt la iniciativa proviene de una organización colegiada que no pertenece al sector de la edición, en el Herralde corre por cuenta de una editorial.

sábado 3 de noviembre de 2007

lecturas de fin de semana [ 54 ] / secretos de un inédito de julio cortázar

Babelia publica en su edición de esta semana Ciao, Verona, un cuento inédito de Julio Cortázar que seguro hará las delicias de los estudiosos, de los lectores aficionados y de la crítica del escritor argentino. Como la publicación de versiones originales, works in progress inacabados o de material inédito de escritores fallecidos es un tema que me suscita curiosidad y sentimientos encontrados, a continuación reproduzco un reportaje sobre la historia de Ciao. Verona.


Secretos de un inédito

CARLES ÁLVAREZ GARRIGA 03/11/2007

Ciao, Verona, el relato oculto durante 30 años, desvela las sombras de Las caras de la medalla.


En la primavera de 1977, Alfaguara publicó en la elegante colección de cubiertas de color violeta diseñada por Enric Satué el libro de relatos Alguien que anda por ahí, de Julio Cortázar, cuya edición íntegra había sido prohibida en Argentina. Por primera vez se publicaba en España un libro inédito de narrativa del autor, y si bien éste era ya conocido en el país y en dicha ocasión se resignó al circo de las presentaciones y de las conferencias -algo a lo que años atrás se negaba en redondo-, el volumen fue recibido con tibieza o desdén por aquellos que no le perdonaban repeticiones formales ("Cortázar, pero menos") o aquellos otros que no consentían que la política se entremezclara en sus textos ("¡qué lástima, un escritor que había empezado con tan buena letra...!").


Al no saber muy bien qué decir sobre él, o no saber exactamente de qué trataba, qué ocultaba, todos pasaron de puntillas en especial sobre Las caras de la medalla, enigmática crónica de la relación -o, mejor, de la falta de relaciones- entre una mujer soltera y un hombre casado que trabajan en el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (¡Cortázar hizo de traductor en el Organismo Internacional de Energía Atómica!); un texto de inquietante lectura donde el protagonista no es capaz de comprender el rechazo amoroso al que lo somete su compañera; un texto que parecía, como se lee en el último párrafo, una pesadilla de la que trató de despojarse mediante la escritura. También era enigmática la dedicatoria ("a la que un día lo leerá, ya tarde como siempre"), a la que se sumó después otro misterio mayor, el contenido en esta frase de una carta que Cortázar escribió al año siguiente a su amigo Jaime Alazraki, uno de sus mejores críticos:


"En Alguien que anda por ahí hay amargos pedazos de mi vida, por ejemplo Las caras de la medalla, cuya historia siguió y terminó en otro cuento muy largo que escribí hace meses y que entrará en otro libro, si libro hay; se llama Ciao, Verona, y fue tan duro de escribir como el otro".


Por razones que no es éste el lugar para debatir, Ciao, Verona no fue incluido por Cortázar en los dos únicos libros de relatos que editó con posterioridad (Queremos tanto a Glenda y Deshoras), así que permanecía inédito y la única copia de la que hasta la fecha se tenía noticia, conservada en la Universidad de Tejas, estaba prácticamente olvidada; prueba de ello es el hecho de que no se incluyera en el volumen de los cuentos con que se inició recientemente la edición de las obras completas.


El examen de los documentos del legado que Aurora Bernárdez, viuda y albacea del escritor, donó a Carmen Balcells en febrero de 2007 para que fueran integrados a la colección de manuscritos de Barcelona Latinitatis Patria, ha permitido el descubrimiento de otra versión original, mecanuscrita con correcciones manuscritas de inconfundible caligrafía cortazariana, de este "cuento muy largo" (diecisiete páginas), quizás el último acabado y de innegable importancia que pueda llegar a encontrarse entre los inéditos del autor.


En una de las clases que dio en 1980 en Berkeley, California, Cortázar completó aquella famosa comparación suya según la cual la novela es al cine lo que la fotografía es al cuento, diciendo que las fotografías más reveladoras no eran, para él, aquellas de perfecto encuadre sino "aquellas en que por ejemplo hay dos personajes con un fondo de una casa y luego, quizá a la izquierda, donde termina la foto, hay la sombra de un pie, de una pierna. Esa sombra corresponde a alguien que no está en la foto y al mismo tiempo la foto está haciendo una indicación llena de sugestiones, apelando a nuestra imaginación para decirnos qué había allí después. La atmósfera que se proyecta fuera de la fotografía, esa aura de misterio, guarda una especie de vibración que me parece indispensable para la realización del cuento memorable, que el lector transforma luego en la memoria y en admiración".


Con la lectura del por treinta años inédito Ciao, Verona, el lector sabrá a qué correspondía la sombra de Las caras de la medalla y, al mismo tiempo, podrá imaginar otras atmósferas, otras sombras no menos inesperadas.

viernes 2 de noviembre de 2007

buenas ventas a pesar de la extensión


La excelente acogida que han tenido recientemente tanto la nueva traducción de Vida y destino, de Vasili Grossman, como Las benévolas me parece un indicio de que es necesario matizar esa idea que tenemos tan interiorizada de que los libros largos no funcionan comercialmente.


Es cierto que tenemos poco tiempo para leer y que la televisión, el cine, los videojuegos e Internet compiten con la lectura en el uso de tiempo libre. Sin embargo, también parece ser cierto que si un libro ha sido escrito por una figura reconocida o que si recibimos una referencia suya a través de una fuente confiable es muy probable que lo leamos independientemente de su extensión.




Supongo que es ahí donde puede fallar la lógica de los departamentos de marketing de los grandes grupos editoriales, que buscan libros cuyos argumentos se ajusten a ciertas fórmulas y que cumplan con especificaciones particulares en términos temáticos, técnicos y de extensión.


Tal vez a los estudios de mercado se les escapen otros factores que inconscientemente tenemos en cuenta a la hora de escoger nuestras lecturas, gracias a los cuales les robamos tiempo a nuestras rutinas establecidas para leer mamotretos como Vida y destino, Las benévolas, 2666, Los detectives salvajes o La tentación del fracaso.


El siguiente listado demuestra que hay casos en los que antecedentes como el reconocimiento del autor, la buena acogida de la crítica o una campaña de prensa y una distribución adecuadas pueden hacer que la extensión no sea un obstáculo para que ciertos libros —independientemente de su calidad literaria— tengan un buen rendimiento en ventas:


Vida y destino, de Vasili Grossman: 1111 páginas

Las benévolas, de Jonathan Littell: 1200 páginas

2666, de Roberto Bolaño: 1127 páginas

Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño: 609 páginas

La tentación del fracaso, de Julio Ramón Ribeyro: 704 páginas