miércoles, 21 de noviembre de 2007

¿un falso certificado de defunción más para el libro?

La noticia ha causado furor: ayer Amazon lanzó Kindle, un dispositivo para descargar, almacenar y leer libros en formato digital. El aparatito es más bien feo y según dicen es pequeño y delgado, pesa poco, se conecta a Internet, tiene una buena capacidad de almacenamiento y cuesta 400 dólares.


Una vez más empiezan a levantarse voces que proclaman, celebran o lamentan el acercamiento de la desaparición del libro. Debido a la rapidez con la que evoluciona, a la cantidad de recursos que moviliza y a la importancia que juega en él el capital del riesgo, el sector tecnológico es bastante proclive a la especulación. Como parece que remitirse al estallido de la burbuja de las “dot-com” que tuvo lugar hace unos años y que alcanzó su punto más crítico en 2003 implica ir demasiado lejos, pondré un ejemplo más cercano: mientras que hace unos meses todos presagiaban que el futuro de Internet estaría en Second Life, cada vez se habla menos de este mundo virtual y ahora la atención tiende a centrarse en Facebook y en OpenSocial. Ahora bien, vale la pena preguntarse hasta cuándo será así y cuáles serán las promesas de las iniciativas hacia las que en el futuro se desplace la atención.


Volviendo al tema de la desaparición del libro hay que decir que si hace unos años los profesionales del sector editorial se reunían con frecuencia a deliberar para encontrar salidas a la encrucijada que representaba para su negocio la emergencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, hoy se da por sentado que a pesar de los cambios todo nuevo soporte debe coexistir con los soportes ya existentes —tal y como ha pasado con los medios masivos de comunicación. Durante estos años ha quedado claro no sólo que el soporte digital es cómodo para la lectura de prensa, para hacer una primera aproximación al contenido de una obra o para el manejo de información de referencia —como la consignada en enciclopedias y diccionarios— y que puede ser particularmente útil para la búsqueda de datos puntuales en el campo de la investigación, sino también que hay otros tipos de contenidos para los que hasta el momento no se ha encontrado ningún soporte más apropiado que el papel. Uno de los aspectos que más me llama la atención cuando reviso las estadísticas de visitas de [el ojo fisgón] para saber cómo llegan los usuarios al blog es la cantidad de gente que lo hace mediante búsquedas de la versión digital de libros que he mencionado alguna vez.


Como objeto el libro tiene un arraigo, un valor simbólico, una ergonomía y una versatilidad de los que carecen un ordenador, Kindle o cualquier otro dispositivo. Con lo anterior no quiero insinuar que nunca surgirá un dispositivo digital que tenga la capacidad de penetración suficiente para competir con el libro —hasta ahora no lo ha habido porque ninguno de los que se han lanzado ha resuelto problemas críticos como el precio, la fuente de alimentación, el tamaño, el peso y la luminosidad—.


Lo que sugiero es que de momento la clave de esta discusión está en la coexistencia de soportes y que el lugar que consiga ocupar cada uno de ellos dependerá de la capacidad de la industria tanto de adaptarse a las circunstancias que plantean los cambios que se presenten, como de asumir los retos que estos plantean.


La industria discográfica parece ser un buen ejemplo de la coexistencia de soportes: la mayor parte de los compradores de discos no han dejado de serlo a pesar del auge de las plataformas de descarga de archivos y de los reproductores en formatos digitales porque en la música para muchas personas el contenido no es más importante que el disco como objeto. Las discográficas no se han quebrado y ahora mismo están replanteando su modelo de negocios para adaptarse al hecho de que mucha gente descarga música de Internet, la quema o la oye en línea.

2 comentarios:

R dijo...

Estoy convencido de que al formato libro aún le quedan unas cuantas décadas.

Yo paso varias horas diarias en el ordenador, leo peródicos (y aun así, prefiero el diario en papel), blogs, reviso novedades editoriales y discográficas... pero cuando quiero leer una novela cambio de habitación.

El libro, al igual que el cd, no es sólo contenido, sino forma. El tacto, el olor, el tipo de letra... son detalles muy importantes.

Yo leo críticas de libros en Amazon, y luego lo compro en la misma web, pero los leo en papel.

Sucde lo mismo con la musica;yo descargo muchos discos, pero también compro, (en ocasiones los mismos que me he descargado). Hay gente que no lo entiende, "¿pero si ya lo tienes en mp3?", dicen.

Los que leemos libros seguiremos con el papel, y los que no, pues quizá usen algún artilugio de éstos para leer diarios y cosas así. Pero me temo que los de Amazon se han columpiado, y en un año nadie se acuerde de... ¿cómo se llamaba?

martín gómez dijo...

Completamente de acuerdo. Cada quien elige de acuerdo con sus necesidades no sólo sus lecturas, sino también el soporte más apropiado para cada una de ellas.

Creo que el hecho de tener de dónde escoger pone la pelota de nuestro lado de la cancha. Si te gusta agarrar el libro, sentir el peso y olerlo, bien. Si esta experiencia es irrelevante para ti, también.

Cuando estaba pensando en la parte de los cd's tenía en mente justamente a la gente que, como tú, compra los discos que ha descargado y que le han gustado. Es por el valor que tiene el cd como objeto para personas como tú que la industria discográfica no se ha quebrado a pesar de las descargas.

Conclusión: las posturas fatalistas en cualquier dirección por ahora no vienen a lugar porque estamos frente a cambios paulatinos que le dan a la industria y al usuario el tiempo necesario para asimilar nuevas circunstancias y para adaptarse a ellas.

Ya veremos qué pasa.
Seguimos en contacto.
Martín.