jueves, 29 de marzo de 2007

¡cuidado que vienen los premios!

Un premio literario es a la vez un reconocimiento a la calidad de una obra, un paso importante en el proceso de consolidación de un escritor en formación, un posible trampolín a la fama para un autor desconocido y un argumento de venta. Mientras que algunos premios como el Nobel o el Príncipe de Asturias son el reconocimiento a la trayectoria de un autor —es decir, al conjunto de su obra—, otros como el Rómulo Gallegos, el Alfaguara, el Herralde o el Biblioteca Breve se le otorgan a una obra en particular. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre el Rómulo Gallegos y todos los premios mencionados después suyo: mientras que el Rómulo Gallegos se le otorga a una novela ya publicada, los demás premian obras inéditas —algo inconcebible en el mundo anglosajón o en el francófono, que ofrecen mejores garantías con respecto al valor literario de las obras que reciben premios como el Pulitzer, el Booker, el Goncourt o el Médicis—.

Los premios literarios que se conceden a obras inéditas resultan bastante sospechosos, sobre todo cuando son organizados por las propias editoriales, porque son susceptibles de convertirse en un simple argumento para vender tanto el libro premiado como los demás trabajos de su autor. Al fin y al cabo el jurado es la única fuente de legitimación de la obra premiada y muy poca gente conoce los criterios con los que éste fue elegido y los parámetros bajo los cuáles son evaluados los manuscritos recibidos. Por otro lado, muchas editoriales caen en su propia trampa porque al terminar premiando con jugosas sumas de dinero obras de una calidad lamentable parecen olvidar que el prestigio de un premio literario es algo que se construye. Un caso interesante es el del premio Biblioteca Breve de Seix Barral, que debido a sus fallos de los últimos años ha perdido el prestigio que había alcanzado en su momento al premiar obras como La ciudad y los perros, Tres tristes tigres y Cambio de piel. No es casualidad que el premio haya perdido su prestigio en su segunda etapa que empezó en 1999 con la premiación de En busca de Klingsor —que sí que es una excelente novela—, cuando la editorial Seix Barral ya había sido comprada por el Grupo Planeta.


La sed de premios y la mala reputación


De hecho, el Biblioteca Breve no es el único premio de ese grupo editorial cuyo prestigio se ha visto afectado tanto por las intrigas del proceso de selección de los finalistas como por la calidad de las obras premiadas: en 2005 el escritor Juan Marsé, cuya novela Últimas tardes con Teresa recibió en 1965 el Biblioteca Breve, se retiró del jurado del premio Planeta debido al bajo nivel de los originales finalistas. Marsé caracterizó la novela premiada —Pasiones Romanas, de Maria de la Pau Janer— destacando tanto su ritmo narrativo pormenorizado y meticuloso en exceso como su decantación hacia lo sentimental que "deja al descubierto la carpintería, las tuberías y las ínfulas literarias".

El suplemento El Cultural, del diario El Mundo, publicó ayer una entrevista a los autores de las obras ganadoras en tres premios de narrativa que acaban de ser concedidos: Juan Manuel de Prada en el Biblioteca Breve, Nativel Preciado en el Primavera y Luis Leante en el Alfaguara. Los tres escritores respondieron a las suspicaces preguntas de El Cultural, que parten de la afirmación de que “en España no se escriben libros sino premios” y de dos supuestos: por un lado, que el mercado editorial español ha venido generando una dependencia con respecto a éstos; y, por el otro, que actualmente un libro que no se haya ganado un premio difícilmente aguanta más de tres meses en librerías.

Queda claro que para algunas editoriales los premios no son más que una fórmula para aumentar la posibilidad de que un libro se convierta en un best seller, para relanzar libros anteriores de un autor y allanar el camino hacia el éxito comercial de los que éste escriba en el futuro, para sonsacarles autores a sus competidores y para fortalecer las tendencias literarias que consideran estratégicas. Sin lugar a dudas, la actitud de algunas editoriales provoca el desprestigio de los premios literarios en España y, por lo tanto, suscita un ambiente de incomodidad que se manifiesta a través de situaciones concretas como la decisión de Marsé de retirarse del jurado del premio Planeta o el artículo de El Cultural.


Ventas a cambio de prestigio y credibilidad


Personalmente no tengo ningún problema con la mala literatura ni mucho menos con los premios literarios —que, entre otras cosas, dicen mucho sobre las tendencias del mercado editorial y de la opinión pública—. Como ya he dicho en ocasiones anteriores, gracias a la tendencia hacia la fragmentación del mercado en este momento hay libros, autores, editores y lectores para todo. Y si algunas editoriales quieren concederles sus premios a obras de pésima calidad, allá ellas porque al fin y al cabo el eventual éxito en ventas de una mala obra premiada no compensa lo que pierden en términos de prestigio y credibilidad —que constituyen la riqueza más valiosa de una editorial o de un medio de comunicación—.

2 comentarios:

sfer dijo...

No sé si conoces http://miseriasliterarias.blogspot.com/, pero quizá pueda interesarte. Yo lo he descubierto hace poco (y todavía me estoy dando cabezazos contra el teclado por no haberlo hecho antes...)

Fe de erratas: en el comentario que dejé hace unos días sobre la mesa redonda "Editing Editors", debí decir que no se trataba de "EL resumen" sino de "MI resumen". No sé si hay un resumen oficial del acto. Pensé al ver publicado el comentario que podía inducir a error... Mis disculpas.

martín dijo...

Mil gracias por tu comentario (la disculpa sobre la imprecisión con respecto al resumen de la mesa redonda sobra). Ya mismo voy a ver el blog del que me hablas.