martes, 13 de mayo de 2008

inventario de lecturas [ 5 ]

Como lo dije en la entrega anterior de esta serie, 1997 fue un gran año para mi formación como lector. En ese momento a mi amigo Roberto y a mí se nos ocurrió hacer una revista literaria y decidimos ponernos manos a la obra junto con dos amigos míos de la universidad —el Cumpa y Pedrito—. Por supuesto que nunca hicimos la revista porque ni siquiera sabíamos qué teníamos que hacer ni mucho menos por dónde empezar.



En cambio leímos, fumamos, escribimos, hablamos, bebimos y nos reímos mucho. Todos los viernes en la tarde nos reuníamos en un lugar llamado El café de la luna lela —ubicado sobre el Park Way, en el barrio La Soledad de Bogotá— para intercambiar y comentar lecturas. Creo que para los cuatro estas reuniones fueron una fuente de descubrimientos riquísima y que ese entusiasmo adolescente fue clave porque despertó en nosotros una curiosidad que nos suscitó una serie de inquietudes que seguramente no habrían surgido bajo otras circunstancias —por lo menos en mi caso—.


Durante esas reuniones semanales descubrí a autores tan variados como Álvaro Mutis, César Vallejo, Arthur Rimbaud, Luis Vidales, William Blake, Álvaro Cepeda Samudio y algunos otros miembros del Grupo de Barranquilla —Ramón Vinyes, José Félix Fuenmayor, Néstor Madrid Malo y Alfonso Fuenmayor—, Walt Whitman, Octavio Paz, Charles Baudelaire, Vicente Huidobro, Aurelio Arturo, Paul Valéry, Horacio Quiroga, Eduardo Zalamea Borda y Carlos Fuentes. También conocí mejor la obra tanto de Edgar Allan Poe como de Julio Cortázar y por influencia de Roberto todos nos obsesionamos con Opio en las nubes, la novela de Rafael Chaparro que leímos y releímos una y otra vez porque nos parecía lo más vanguardista del mundo —también debo confesar que influenciado por Pedrito leí tanto los inventarios de Mario Benedetti como An American Prayer y The American Night, de Jim Morrison, pero prometo no volver a hacerlo nunca más—.


Al revisar este listado encuentro un detalle que me llama muchísimo la atención: una buena parte de estos autores son ante todo poetas y aunque yo siempre me he interesado más por la narrativa, en esa época tenía una fuerte inclinación a leer poesía —que un par de años después se diluyó y que me gustaría recuperar algún día—.


En ese momento mi consigna era leerlo todo. Era consciente de que tenía todo por conocer y no quería que se me escapara nada. Cada vez que oía mencionar autores y obras o que me topaba con una referencia tomaba nota y luego me iba a echar un ojo en alguna librería o biblioteca —normalmente a la Luis Ángel Arango porque la de mi universidad era más bien floja— para ver con qué me encontraba. Aunque naturalmente no pude leer todas las cosas con las que me encontraba porque mi radar todo el tiempo incorporaba nuevas referencias, lo interesante es que en ese momento empecé a construir un mapa de épocas, países, ciudades, movimientos, revistas, obras y autores que desde entonces me sirve como guía.


Todo esto empezó justo mientras esperaba la respuesta del consejo de profesores del departamento de Literatura a mi solicitud de admisión. El semestre siguiente empezaría formalmente mis estudios de Literatura, gracias a los cuales pude pasarme todo el resto de mis años universitarios leyendo —que es una de las tres o cuatro cosas que más me gusta hacer—.



6 comentarios:

Oscar Chamat dijo...

Tu como dedicado a las letras, hablas de los libros, yo que soy más dedicado a las estructuras... hablo de bibliotecas...:

http://lasmiradasperdidas.blogspot.com/2008/05/mi-memoria-no-da-para-ms.html

(en parte esta entrada se debe a esta serie de entradas tuyas sobre el inventario de lecturas... así que gracias)

omchamat
http://lasmiradasperdidas.blogspot.com

martín gómez dijo...

Ahí hay más de una analogía posible, así que al final tu pasión y la mía no son tan disímiles.

Roberto Angulo dijo...

Yo me salvé de la lectura de Benedetti, o tal vez lo borré de mi memoria, a diferencia de la de Mártin, siempre selectiva para conservar la dignidad intertemporal...lo de Chaparro es clarísimo, estábamos seguros que era la mejor novela vanguardista de todos los tiempos, todo lo que escribíamos sonaba a "aliento de Vodka, gafas de sol y a trip trip trip y a carrera de caballos". Es posible que Cepeda Samudio apareciera después de las sesiones regulares de la Luna Lela, el hecho lo podemos constatar con la fecha de mi edición de Los Cuentos de Juana que fue donde comenzó todo con el cabellón...

martín gómez dijo...

Angulo, con lo de Benedetti lo que pasa es que yo siempre he sido bastante incauto y, por lo tanto, fácilmente embaucable. Además, con los pocos referentes que tenía en ese momento podría haberme dejado convencer con mucha facilidad de que Ángela Botero era la voz más viva de la poesía colombiana (¿será que llegué a creerlo?).

Hay rumores de adaptación cinematográfica de Opio en las nubes. Trip, trip, trip. Parece que están haciendo casting. Trip, trip, trip.

Roberto Angulo dijo...

falsa modestia, cuál bastante incauto...tremenda exquisitez que se manda...

martín gómez dijo...

Usted sabe que como yo ando más bien desprevenido no hay nada más fácil que meterme los dedos en la boca...