viernes, 31 de agosto de 2007

pies para quiosquero: un blog sobre el día a día en un quiosco barcelonés

Gracias a Txetxu hace poco llegué a Pies para quiosquero, un ameno e interesante blog hecho por dos personas que tienen un quiosco en Barcelona. En su blog Quiosquero y Quiosquera se refieren no sólo a las reflexiones e inquietudes que su oficio les suscita, sino también al funcionamiento del sector y a sus anécdotas del día a día.




El verano pasado conocí a alguien que trabajaba en un quiosco y cuando le pregunté qué era lo que más se vendía me hizo el siguiente listado:


- prensa diaria local y nacional, diarios deportivos y prensa extranjera


- las revistas de moda —Marie-Claire, Vogue, Telva—, femeninas —Elle, InStyle, Mía, Cosmopolitan—, del corazón —¡Hola!, Diez minutos, Interviú, Lecturas—, de alimentación y salud, de casa, de bebés, de tejido y de divulgación científica


- los fascículos y coleccionables —cine, literatura, series de televisión, series animadas, música, enciclopedias temáticas, diccionarios, guías de viaje, carritos a escala, biografías e historia—


- pornografía


En el caso de los fascículos y coleccionables me llama la atención el hecho de que tal vez sean el intento más eficaz de popularizar el libro y otros contenidos tanto escritos como audiovisuales al hacer que desde un punto de vista económico sean verdaderamente accesibles para todo el mundo —cuántas casas tienen una biblioteca básica respetable gracias a colecciones como la de literatura universal o la de narrativa actual cuyos tomos constituyen las primeras lecturas de personas como yo—. Además de ser una rica fuente de ingresos para las empresas dedicadas al refrito de contenidos —lo que se conoce como la explotación de derechos subsidiarios—, este tipo de productos contribuye a saciar la sed fetichista de cierto tipo de coleccionista.

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