domingo, 28 de octubre de 2007

lecturas de fin de semana [ 53 ] / entrevista a jonathan littell: 'la cultura no nos protege de nada. los nazis son la prueba'

Finalmente sale en España Las benévolas, la traducción de la novela Les Bienveillantes que el año pasado ganó el Prix Goncourt y fue el libro revelación en Francia. A este libro anteriormente le he dedicado las entradas “el fenómeno de les bienveillantes y “pronto en españa las benévolas [les bienveillantes], de jonathan littell”.


La edición de esta semana de Babelia incluye una entrevista que le hicieron a Jonathan Littell, en la que el autor de Las benévolas habla del nazismo, del holocausto judío, de su novela, de política norteamericana y francesa, de la identidad cultural, de la desesperanza, de música, del Goncourt y de lo harto que está de repetir una y otra vez las mismas respuestas en todas las entrevistas porque no tiene más que añadir al respecto —tengo la impresión de que hacia el final emerge una extraña tensión debido a una falta de empatía entre el entrevistador y el entrevistado, quien aparentemente tiene un carácter más bien huraño—.


"La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba"


JESÚS RUIZ MANTILLA 27/10/2007


Una novela de casi mil páginas sobre un asesino nazi se ha convertido en el libro del año en Europa. Jonathan Littell asegura que con Las benévolas quiso responder a una cuestión: la naturaleza del crimen de Estado.


Hay que ser muy chulo para marcarse un libro de casi mil páginas sobre algo tan recurrente como el nazismo o el Holocausto, ganar el Premio Goncourt y ni molestarse en ir a recogerlo. Hace falta andar muy sobrado para conseguir las bendiciones de los popes de la literatura mundial como un salvador de la novela y después venir a decir que no sabe si volverá a escribir otra. Pero así es Jonathan Littell, un autor raro y controvertido, un tipo que manifiesta cierto aire de superioridad si se le insiste en algo que le molesta; que es políglota y nómada, entre nihilista y revolucionario -trabajó en ONG en Rusia y Chechenia-; que parece claramente desubicado en este periodo de la historia, amante de la cultura griega y de la música antigua; que nació en Estados Unidos (Nueva York, 1967), pero escribe en francés, su otra lengua madre: la de un país al que fue a caer con tres años y del que ha acabado escapando también para refugiarse desde hace un año en Barcelona. Por su nueva ciudad pretende que le dejen tranquilo, que nadie salga en su busca, esconderse de todo el ruido mundial que ha terminado armando Las benévolas (RBA en castellano. Quaderns Crema en catalán), una vasta y magistral novela que se adentra en el corazón de todas las tinieblas de la mano de Maximilian Aue, un verdugo nazi encargado de exterminar sin miramientos todo lo que se le ponga por delante. En Francia fue el libro del año la pasada temporada. A medida que aparecen las traducciones en los más de 20 países que han comprado sus derechos, sigue creando auténtico asombro por su ambición, por su contundencia, por cómo consigue desmontar tópicos y despojarnos de incertidumbres que nos dejan todavía más desnudos y sin respuestas ante el horror. La semana próxima se publica en España.


PREGUNTA. Se le podría describir a usted como todo un renegado.


RESPUESTA. ¿Cómo dice?


P. Para entendernos, renegado puede ser algo aplicable a quien se niega a escribir en su lengua materna, por ejemplo.


R. Bueno, el francés es como si lo fuera también. Me eduqué allí.


P. Es bilingüe desde niño entonces.


R. Sí, sí.


P. Pero lo ha elegido como idioma de expresión literaria y eso ya es algo. ¿Por qué?


R. Quién sabe. Yo no lo puedo explicar más allá de porque me gusta.


P. ¿Le gusta o es un compromiso estético?


R. Bueno, tengo una relación especial con la tradición literaria francesa, pero con la estadounidense también. Uno de mis escritores de referencia es Herman Melville. No es algo exclusivo. Mi ruso también es bueno, pero no escribiré en ruso.


P. ¿Por qué ha escrito una novela sobre el nazismo si es algo sobre lo que se ha insistido tanto?


R. Bueno, sí, se ha escrito mucho. Pero eso no significa que se hayan respondido todas las preguntas. Aquí, en Las benévolas, el tema es el verdugo, el asesino, sobre el que también se ha escrito, pero yo he querido acercarme a ello desde un punto de vista diferente, con otra perspectiva. Y la cuestión sigue sin contar con respuestas adecuadas. Me fascina el tema del verdugo en general, más en el mundo nazi. Ahí se puede estudiar a fondo, hay mucho material, documentos, unos a disposición de los alemanes, otros que lo han estado a mano de los soviéticos... Por eso lo situé en ese periodo. No quería centrarlo en una época actual, más contemporánea. Se podría, pero...


P. Además, se adentra usted, efectivamente, en la campaña rusa, que es lo más parecido al Apocalipsis que ha conocido la historia de la humanidad.


R. Cierto. Lo que fue el gran meollo de la guerra ocurrió en el Este. Yo, que me crié en Francia, sé que se le ha dado mucha importancia a la ocupación, la Resistencia y todo eso, pero no deja de ser poco más que un escaparate frente a lo que fue el enfrentamiento entre los soviéticos y los alemanes. Eso fue la esencia de la guerra.


P. Sin embargo, para la novela, Rusia cumple el cometido de escenario también porque se sitúa ahí, pero le sirve para abordar lo que fue por entero un fenómeno como el nazismo.


R. Ése era el objetivo, no sé si lo he logrado o no, pero lo he intentado.


P. Una de las cosas que más impactan del libro es que la filosofía, la ideología nazi, su manera de concebir el mundo estaba cimentada en bases culturales muy fuertes. Lo demuestra Max, el protagonista.


R. Algunos historiadores no estarían de acuerdo con eso.


P. Sí, pero más con usted, que en su libro lo desmenuza perfectamente.


R. Ya, es que he sido criticado precisamente por ello.


P. Está claro que las conclusiones a las que llegaron fueron salvajes, pero las bases eran muy fuertes.


R. Si usted lo dice, ¿qué puedo añadir? No debería comentar el resultado. Hay muchas opiniones, yo tengo la mía, pero, en fin. No voy a ser yo quien juzgue. He intentado, desde luego, adentrarme en las bases de su ideología, he leído muchísimo sobre esto, pero tampoco todo, ni en alemán. Por ejemplo, fui incapaz de terminar Mi lucha. Creo que comprendo el sentido de muchos aspectos de su ideología, pero hay muchos otros que no conozco. Los más emocionales son los que me resultan más ajenos, por ejemplo.


P. Ya, lo que le digo es que esa aproximación sorprende, me parece muy novedosa y atrevida en una novela.


R. Desde muy joven, recuerdo que parecía algo más o menos refrendado que el comunismo ha sido una ideología más seria que el fascismo. Que tenía su propia racionalidad, su sentido interno y nadie se tomaba demasiado en serio a los nazis. Cuando me puse a investigarlo, me di cuenta de que su ideario también se basaba en raíces sólidas. Sus diferencias con el fascismo, su pensamiento económico, todo eso es complejo. Me pareció que era una visión del mundo muy construida, que no sólo se reducía a lo que un loco vociferaba por la radio, aunque eso también funcionara.


P. ¿Se ha pecado de un desprecio y una minusvaloración ligera del enemigo en ese aspecto?


R. Tampoco. Hay que prestar atención a lo que los intelectuales de la época pensaban, sin ir más lejos. Los franceses, por ejemplo. En los años treinta, el estalinismo ya había eliminado a millones de personas, mientras que los nazis iban por unos miles de víctimas. Así que hacia el año 1937, Hitler parecía hasta una opción válida para muchos, eso sin entrar en factores de clase social. Si pertenecías a una familia acomodada, lo más probable es que te aliaras a la derecha y si no, a la izquierda, siempre con excepciones. Supongo que en España, lo mismo. En ese momento, con esa situación, el nazismo era una opción que después perdió todo crédito por los resultados. También debía haber caído el comunismo entonces, pero como ganaron la guerra, pudieron sobrevivir casi cincuenta años más.


P. Una de las conclusiones que se pueden sacar en este aspecto es que no podemos sentirnos seguros ni siquiera acorazados por la cultura.


R. Desde luego. Sólo los ingenuos pueden creer que la cultura te ayudará a ser majo.


P. ¿Ni eso nos vale?


R. La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba. Puedes sentir una admiración profunda por Beethoven o Mozart y leer el Fausto, de Goethe, y ser una mierda de ser humano. No hay conexión directa entre la cultura con C mayúscula y tus opciones políticas.


P. O éticas...


R. Eso mismo. Lo que trato de mostrar, de todas formas, con un personaje como Max es que también, en un periodo de la historia, aliarse con los nazis, para muchos, fue una opción ética. No es que eligieran ponerse de parte de los malos. Igual que los comunistas, optabas por una cosa u otra. Ser un demócrata, también. Incluso ahora, que ser un demócrata supone formar parte de un lado que a veces ampara cosas horribles, que tiene sus errores. Los que eligieron a los nazis, lo hicieron siendo conscientes de que tomaban un camino para ellos ético, cuyos errores o imperfecciones debían ser mejorados.


P. Pero todo aquel fracaso, aquel derrumbe ideológico nos ha hecho mucho más vulnerables, inseguros, nos ha dejado desnudos.


R. Así es la vida.


P. ¿Quería probar en su libro que no queda nada a lo que aferrarse después de aquello?


R. No soy un relativista.


P. Ah, no.


R. De ninguna manera. Mi trabajo lo que pretende es ayudar a comprender mejor las decisiones que cada uno tomamos y por qué las tomamos. Yo tengo las mías, mi propia ética, y no creo que ya sólo dispongamos de dos. Si tienes suerte, eliges las más decentes, incluso en tiempos difíciles podemos optar por cosas adecuadas, que eso es lo difícil. Hoy prácticamente nadie cuestiona el valor ético del capitalismo o la democracia y mira que hay cosas que se pueden cuestionar. Lo que me gustaría que aportara este libro es que hoy existen caminos éticos que se pueden seguir gracias a lecciones como aquélla. Aunque también ocurre que muchos chicos y chicas de cualquier Estado americano eligen marcharse a Irak a torturar gente. Éticamente están muy confundidos, está claro. Pero se puede entender esta confusión cuando existen juristas que en ese país legitiman la tortura, ¿qué puedes esperar? Cuando se les da una formación militar con arreglo a eso, ¿qué esperas? Si se pasan de la raya, ¿qué importa? O cuando contratas mercenarios para hacer el trabajo sucio, pues no deberían sorprendernos según qué atrocidades. No hay reglas. El problema es que las barreras que nos ponen no son sociales. No puedes esperar que alguien no te torture porque sea un buen tipo y se apiade, debes exigir que nadie torture a nadie, sencillamente porque existen leyes que lo prohíben y que eso se castigue.


P. El caso es que contra el relativismo tampoco vamos a resucitar un absolutismo de blancos y negros. ¿Cuál es la salida?


R. Cuando Dios desaparece, se nos presenta un dilema. Los valores deben referirse a algo, deben venir de algún lugar. En un mundo sin Dios, era difícil implantar un sistema ético y moral. Las ideologías vinieron a hacerlo, a reemplazarlo, pero también fracasaron, así que ahora no tenemos nada. Y los iPod no van a construirlo. Ni la venta y la compra o la publicidad. Estos valores en los que estamos del consumismo, el ganar dinero, no son nada. Nuestra sociedad se desliza por la memoria que le queda de haber formado parte de los buenos. Vive de los restos.


P. Y cuando dice que nos deslizamos, ¿ni siquiera usted confiesa contar con una sólida moral?


R. No digo que yo no la tenga, creo que la sociedad carece de eso.





P. En Estados Unidos, ahora hay más predicadores que nunca en la tele. ¿De dónde salen?

R. Mientras Estados Unidos retrocede hacia la religión, Europa regresa al nacionalismo, a las políticas de identidad. Cataluña es un buen ejemplo, los vascos, los belgas. Incluso los franceses, con ese Ministerio de Inmigración e Identidad nacional que ha creado el nuevo Gobierno. Hay crispación con los valores de identidad, lo que me parece muy negativo. Por otra parte, los intentos de construir ideologías positivas se basan en el ecologismo, la antiglobalización, son muy infantiles, inmaduras.


P. ¿Lo que se ha dado en llamar buenismo?


R. No es que se basen en eso, hay críticos, como Chomsky, muy brillantes. Tampoco digo que haya que crear una nueva ideología; simplemente, que si existe la posibilidad de que emerjan nuevos valores, basados en el respeto por los seres humanos y por este mundo, bienvenidos sean.


P. Pero la batalla ideológica sigue en pie. Más dulcificada, pero sigue en pie. Y en eso, los neocon, que serían la extrema derecha de nuestros días, parecen contar con ventajas.


R. Los neocon están acabados. En Estados Unidos, sin duda, les queda un asalto.


P. ¿Bush ha arrasado con todo, incluso con lo suyo?


R. Sí, si lo miramos bien, ¿qué son los neocon? Son gente que intentaron asaltar el poder ya con Nixon, Reagan y Bush padre y fracasaron porque nadie los tomaba en serio. Con Bush hijo lograron implantarse y su gestión ha sido un fracaso estrepitoso. Ya está, se acabó, fuera. Han fracasado.


P. Bueno, lo intentaron hace años, no lo lograron, pero con el tiempo sí. ¿Quién le dice que ahora no existen otros más radicales que alcanzarán el poder en unos años?


R. Entonces no les admitían por radicales. Reagan y Bush eran muy de derechas, pero no tanto como los Richard Pearl, Cheney o Rumsfeld y Wolfowitz. Por eso tampoco Bush ha contado con la gente de su padre. Bush Jr y Rove lograron una alianza en el Partido Republicano entre los neocon, los fundamentalistas religiosos y los liberales. Incluso los fundamentalistas y los neocon son diferentes. A los primeros lo que les interesa son comportamientos culturales, abortos, moral, y les da igual invadir países o la política exterior. Eso son planteamientos neocon y son los que han fracasado totalmente. La han jodido, se han ido al carajo y han dejado al país mucho peor de lo que lo encontraron. La cuestión para ellos es cómo salirse de Irak o Afganistán lo antes posible.


P. Ya, ya, pero, ¿quién le dice que no volverán?


R. Sí, aunque lo que la gente teme ahora es a los fundamentalistas religiosos. Los neocon eran un puñado de universitarios que no representaban a nadie, los otros han tejido toda una red de poder, con mucho dinero, son peligrosos de verdad. Gente que promueve ejércitos privados, uso de armas, esos sí que tienen peligro.


P. ¿Son lo más parecido a un nazi entre lo que se puede encontrar en estos tiempos?


R. No me gusta comparar, es algo diferente. No digo que un buen día no den un golpe de Estado. Lo que alientan son gente armada hasta los dientes que para un demócrata pueden llegar a resultar molestos. Dan miedo los ejércitos privados, ya he tenido experiencias con ellos en sitios como Chechenia.


P. Usted ha pasado parte de su vida en Rusia.


R. Sí, cinco años. Dos años en Chechenia y el resto en Moscú.


P. ¿Cree que el foco sobre Rusia se ha descuidado y que han ocurrido cosas graves por allí mientras el mundo miraba a otra parte?


R. Rusia, definitivamente, se ha convertido en un Estado fascista. Es evidente. La ideología oficial es racista hasta los huesos.


P. ¿Qué se podía esperar de un dirigente del KGB como Putin?


R. Ya, aunque no creo que esta situación pueda perpetuarse, es muy débil. Una salida para Rusia es posible, éste es como el último aliento del sistema anterior y pueden perder el control hasta el punto de que surja algo interesante. Los rusos demócratas no están del todo desesperados, ven que merece la pena porque algo se puede hacer.


P. Ya pero, mientras tanto, todo el panorama da mucho miedo.


R. Claro, Rusia es un país terrorífico. Tengo un amigo íntimo árabe que vive allí al que le han dado unas puñaladas mientras iba a su apartamento en Moscú. Es horrible.


P. ¿Usted llegó a tener problemas con las autoridades?


R. En Chechenia, constantemente. Y eso que terminé allí mi labor en 2001, cuando todavía no había tanto conflicto.


P. ¿Qué hacía?


R. Trabajar para una ONG. Acción contra el Hambre.


P. Cuando terminó, ¿dónde fue?


R. Trabajé sobre el terreno unos cuantos años y después decidí dejarlo para, por ejemplo, escribir este libro.


P. ¿Cuánto tiempo le llevó? Aunque es uno de esos libros que se escriben en la cabeza a lo largo de una vida.


R. En fin, me lo han preguntado 20 veces, así que lo sabrá.


P. Ya, pero cuéntelo.


R. Pues pasé muchos años meditándolo, y me llevó unos cinco años trabajar a fondo en él, incluyendo la investigación, la escritura, la corrección... La escritura en sí duró poco.


P. ¿Y no le parece que el resultado es demasiado?


R. ¿Qué?


P. Pues que se necesita a lo mejor menos de lo que ha escrito para dejar claro todo.


R. No lo entiendo.


P. Que el trabajo suyo a lo mejor apabulla.


R. No. ¿Por qué?


P. A veces parece excesivo.


R. Mire, es lo que tiene que ser... No sé.


P. Es cierto que cada libro tiene su propia medida, su cuerpo.


R. Bueno, yo me empeñé en conseguir lo que me propuse, que lo haya logrado es otra cuestión.


P. ¿Y qué quería conseguir? ¿Algo parecido a lo que se ha dicho, un Guerra y paz de nuestro tiempo?


R. No, no, no, qué va. Sólo responder a una pregunta sencilla que me planteaba. Y me llevó a algo demasiado largo para lograr una respuesta.


P. ¿Cuál era la pregunta, la gran pregunta que se planteó?


R. La naturaleza del crimen de Estado.


P. ¿La naturaleza del mal también?


R. Para mí, lo que es el mal no tiene tanta importancia, eso hay que dejarlo en manos de perspectivas religiosas. El mal es un resultado, no es algo trascendente, ni el bien tampoco. Son acciones que no remiten a estados ajenos al ser humano, dependen de la voluntad de las personas.


P. Seguramente, ha leído lo que Vargas Llosa dijo de su libro.


R. Eh, pues no recuerdo.


P. Dijo que era un libro impresionante pero que no dejaba resquicio de esperanza.


R. Ya, es que yo no creo en la esperanza. No tengo esperanza en nada. Si nos fijamos en el mundo, es todo un espanto. Ser una persona decente se pone difícil. En Occidente creíamos que habíamos encontrado un equilibrio, pero para el resto de la humanidad, la vida es una pesadilla.


P. ¿Y no hay solución, no ve solución?


R. Todos vamos a morir, ¿qué quiere que esperemos?


P. ¿No hay un hueco para la belleza?


R. Bueno, sí. La belleza está por todas partes.


P. Menos en su libro.


R. Hay muchísima belleza en mi libro.


P. Quizás arrasada por todo lo que le rodea.


R. Hay mucha, una puesta de sol bonita lo es, ocurra lo que ocurra. Da lo mismo que la contemplemos desde el Tibidabo que desde, no sé, cualquier sitio. No cambia.


P. A lo mejor son los ojos de quien observa los que pueden ensuciarlo todo, hasta lo bello. Nos resistimos a ver el mundo a través de esos ojos.


R. Puede ser. La belleza existe a pesar de los seres humanos. Si todos desapareciéramos de este mundo, no acabaríamos con ello. La belleza no depende de quién la observe. Por supuesto que contamos con ella creada por los seres humanos, el arte, sin ir más lejos, pero la belleza existe, naturalmente.


P. También la belleza se puede retorcer por personajes como éstos.


R. ¿Por quiénes?


P. Por los nazis.


R. No, eso es demasiado simplón. Eso es propio de los psicópatas. Buscar la belleza o la excitación en el crimen. Pero en el caso del nazismo, hasta los crímenes, que eran una estrategia de Estado, debían ser ejecutados por gente de lo más normal.


P. ¿Qué piensa de aquellos intelectuales, críticos, víctimas que no creen legítimo escribir del Holocausto si no se ha tenido nada que ver con la experiencia? ¿No les teme?


R. Me importan poco las reacciones, tampoco creo que se deba limitar a nadie. Todos tenemos derecho a un punto de vista.


P. ¿Y ha encontrado las respuestas que se planteó?


R. Diría que algunos elementos se aclararon. Pero no creo que exista una respuesta. En fin, ya saben cómo funciona ese sistema, cómo se organiza el terror de Estado, puede que se me hayan aclarado cosas aunque persisten, para mí, misterios.


P. ¿Se puede imaginar cómo fue?


R. Sigue siendo un misterio para mí. El hecho de organizar asesinatos masivos, el hecho de que sólo una persona pueda matar a otra me resulta extraño, raro, que mientras estamos aquí alguien pueda estar torturando en un sótano a un ser humano. Y eso que me he cruzado en la vida con gente que lo hace, con gente que ha asesinado, torturado con sus propias manos. A muchos. Pero aun así, me resulta extraño que en su cabeza quepa querer a sus hijos, a su familia y al tiempo torturar a sus semejantes o a hijos de otros. Intenté analizarlo y verlo a través de los ojos de Max, incluso él mismo trata de entender a quienes le rodean.


P. ¿Por qué dio a la estructura del libro una forma musical?


R. Está bien contar con el contrapunto.


P. Así que Bach tiene mucho que ver con este libro.


R. Sí, sí, por supuesto. Me gusta mucho.


P. Pero si ha dicho que no le queda esperanza y Bach proporciona bastante.


R. Me proporciona belleza, no esperanza. Es bueno saber que ha existido gente que concibe el mundo como Bach. Él creía en Dios, creaba para Dios, su música depende de inspiraciones teológicas, en lo que creía. Yo no lo comparto, pero me quedo con toda la belleza. Bach es precioso, pero nunca evitaría que una persona hiciera daño a otra, aunque me puedo equivocar.


P. Es que Bach trasciende lo teológico. Atraviesa lo divino y toca el alma de agnósticos y ateos también.


R. La fuga es una expresión musical del misterio de la Santísima Trinidad. Tres partes en una.


P. La Trinidad, ¿no es puro relativismo?


R. Claro, claro, pero para los cristianos es fe.


P. Ya, un dogma. Pero un dogma que viene a ser relativo: tres partes para un fin, tres prismas para un objetivo. Es el colmo de la relatividad. ¿Y usted toca algún instrumento?


R. No, no. Me gusta la música antigua y barroca, Purcell, Monteverdi. El siglo XIX, ya no tanto.

P. ¿Y Wagner?


R. ¿Wagner? No, por Dios. ¡Qué horror! Mi límite está en Beethoven. Después de eso, me pierdo, puedo aguantar a Chopin.


P. ¿Por qué no le gusta Wagner?


R. Porque es insufrible. Es como una papilla, pesada, pastosa. Menos mal que después, con Debussy y Schönberg, regresa la forma, aunque sea una forma discutible, pero es una forma.


P. Aparte de la búsqueda de respuestas, este libro denota una ambición profunda. ¿Cuál era, artísticamente?


R. Hacer una obra bien armada.


P. Además ganó el Premio Goncourt...


R. Hice todo por evitarlo pero, por desgracia, sí, me lo dieron.


P. Pero no lo recogió.


R. No lo quería.


P. ¿Por qué? ¿Por qué rechaza un premio que tanta gente ambiciona?


R. No creo que los premios tengan que ver con la literatura. Tienen más que ver con la publicidad y el marketing, pero no con la literatura. No me gusta eso.


P. Sí, pero bueno, es un buen premio, bien dotado, puede vivir ahora en Barcelona tranquilamente gracias a su impacto...


R. Me vine aquí antes. Sí, el dinero está bien, es otra cosa. Es que no me gusta la competencia y toda esa basura, a no ser que te interese más el estatus social que el arte. Tampoco escribí este libro para ganar dinero, eso lo puedo asegurar.


P. ¿Qué es para usted la literatura? ¿Cómo se contagió de ella?


R. Leyendo.


P. ¿Y qué es lo que leyó que le hiciera desear ser escritor? Porque hay libros que lo contagian y otros que no.


R. Desde luego, hay autores que me marcaron, Bataille, Kafka, Beckett, Melville... Y otros tantos.


P. ¿Es de los que creen que la novela ha muerto?


R. Sé que existe ese debate, pero no le veo mucho sentido. Mis gustos literarios son prosísticos, incluso sigo descubriendo cosas que me impactan. No veo que haya que arreglar el género.


P. Ese desprecio que dicen que ha mostrado usted por la cultura estadounidense, ¿es cierto?


R. No, no.


P. ¿Se le ha malinterpretado?


R. La gente ha escrito tanta porquería sobre mí que no le doy importancia. Hay elementos de esa cultura que no me gustan nada, pero no me puedo quejar. Desprecio ciertas maneras conservadoras, retrógradas y fascistas de ella, ese consumismo obsesivo, pero hay cosas muy interesantes al tiempo.


P. ¿Se siente un miembro de ese club de Bartlebys que fundó Enrique Vila-Matas?


R. Bartleby el escribiente es un libro que me fascina. Ese personaje que no dejaba de decir que preferiría no hacerlo, en cierto modo, fue mi actitud con el Goncourt, que pasaran de mí.


P. ¿En qué anda metido ahora?


R. Pues en nada. Apenas tengo tiempo para concentrarme en cosas serias con todo esto.


P. Pero, ¿escribe?


R. No.


P. ¿No quiere escribir otra novela?


R. Ya veremos. Me paso la vida en cosas que me vienen de este maldito libro, estoy harto.


P. ¿Maldito libro? ¿Ya lo odia?


R. No, haberlo escrito, no. Pero todo esto. Repetir esta entrevista 30 o 40 veces...


P. No da muchas.


R. Demasiadas para las que yo concedería. No le veo sentido a no ser que surjan cosas nuevas. Hay que hacerlo, es parte de su trabajo también, deben vender periódicos, es puro comercialismo, no tiene nada que ver con otra cosa. He hecho algunas entrevistas interesantes en las que han surgido algunos elementos nuevos y entonces valen.


P. ¿En ésta ha dicho algo nuevo?


R. No.


P. Pues añádalo.


R. No tengo más que añadir. -


viernes, 26 de octubre de 2007

information r/evolution: ¿alguna relación con el sector editorial?

El vídeo Information r/evolution hecho por el profesor Michael Wesch en el laboratorio de Digital Etnography, de la Kansas State University, plantea una reflexión interesantísima que no es ajena al sector editorial:




En una entrada anterior ya me había referido a The Machine is Us/ing Us, otro vídeo de Wesch que además de llegar más al fondo de la reflexión con respecto a las transformaciones que se derivan de la irrupción de Internet para efectos de la forma como estructuramos nuestro pensamiento, del acceso a la información y de la producción de ésta, me parece que desde el punto de vista narrativo es mucho más contundente y está mejor logrado.

jueves, 25 de octubre de 2007

venir a españa para poder ir al país de al lado: ¿la paradoja de los escritores hispanoamericanos?

Como sabía que faltaba poco para la entrega de la versión 2007 del Premio Herralde de Novela, hace unos días entré a la página de Anagrama para averiguar la fecha en la que se daría a conocer el nombre de la obra ganadora. No encontré el dato que buscaba pero sí un comentario muy diciente con respecto a la última versión del premio:


‘Aparte de la calidad de todas las obras finalistas, cabe destacar la amplia presencia de escritores latinoamericanos, un reflejo de los numerosos manuscritos de dichos países que se han presentado al Premio. El resultado final confirma los pronósticos’.


Aunque por la vaguedad y el carácter descriptivo del comentario normalmente éste debería pasar desapercibido, el fallo del jurado amerita que no sea así:


‘Pasaron a la deliberación final las dos siguientes:


- La enfermedad, de Alberto Barrera Tyszka, Venezuela

- Muerte de un murciano en La Habana, de Teresa Dovalpage, Cuba


Resultó ganadora, por unanimidad, La enfermedad de Alberto Barrera Tyszka, Venezuela, y finalista Muerte de un murciano en La Habana de Teresa Dovalpage, Cuba’.


Revisando el listado de los finalistas y ganadores del premio queda claro que sobre todo durante los últimos años hay en él una presencia importante de autores hispanoamericanos. Aparte de Sergio Pitol, que ganó la segunda versión del premio, en el listado se destacan nombres como Roberto Bolaño, Andrés Neuman, Margo Glantz, Alan Pauls, Juan Villoro, Eduardo Berti, Alonso Cueto, Guadalupe Nettel, Alberto Barrera Tyszka y Teresa Dovalpage.


Esta es una buena noticia para quienes les gusta pavonearse de sus orgullos de patria porque ya no tendrán que seguir viviendo de las glorias pasadas: de ahora en adelante podrán sumar un par de autores contemporáneos a las obras de fundación nacional —tipo Martín Fierro, de José Hernández en Argentina, María, de Jorge Isaacs en Colombia o Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos en Venezuela— y a los autores del boom latinoamericano —como José Donoso, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa o Guillermo Cabrera Infante—.


Sin embargo, creo que lo más importante es que los escritores hispanoamericanos están frente a la posibilidad de superar las dificultades que tienen actualmente para darse a conocer por fuera de sus países. La falta de integración económica entre los distintos mercados nacionales anula la ventaja que representa en la América hispánica el hecho de constituir una vasta zona lingüística y de comprender distintas regiones conformadas por países que tienen importantes similitudes culturales.


Varios escritores colombianos que publican con editoriales pertenecientes a los grandes grupos transnacionales me han dicho que una de sus mayores frustraciones es que éstas no lleven sus libros a los otros países donde están implantadas. De hecho, un escritor que desde hace mucho tiempo goza de bastante reconocimiento en el ámbito local y que publica en una editorial perteneciente a uno de los grandes grupos españoles me dijo alguna vez que estaba pensando en presentarle su work in progress a una editorial más modesta pero con mayor proyección internacional porque estaba cansado de que aquella que venía publicando su obra hasta el momento no mostrara mayor interés por darla a conocer en los demás países donde tiene sede.


Ante esta situación ridícula a simple vista cobran valor las palabras de Guillermo Schavelzon cuando dice que 'la tarea fundamental de un agente literario es internacionalizar a un autor. Desde el punto de vista creativo, literario y económico la internacionalización es lo que le permite a un autor profesionalizarse —es decir, vivir de lo que escribe—'.


En síntesis, premios como el Herralde, el Alfaguara o el Biblioteca Breve ponen en evidencia que tal vez la obtención de algún tipo de reconocimiento en España sea la mejor forma que tienen los escritores hispanoamericanos de darse a conocer en los países vecinos. Aunque en apariencia es una paradoja que estos escritores tengan que pasar por España para poder atravesar la frontera que los separa del país de al lado, a la larga esta lógica tiene mucho sentido debido tanto al tamaño de la industria editorial española como a la influencia que ésta ejerce en Hispanoamérica.

miércoles, 24 de octubre de 2007

interesante discusión acerca de la aparición de nuevas editoriales independientes

La semana pasada la entrada “preguntas frente a la aparición de nuevas editoriales independientes”, en la que yo pretendía plantear una discusión abierta, suscitó un interesante diálogo que me parece importante reproducir por dos razones: en primer lugar, porque considero que vale la pena dar a conocer los valiosos aportes que hicieron quienes participaron en ella —Enrique Redel (editor de Impedimenta), María Moreno (editora de Veintisiete Letras), el bloguero El Llegidor pecador y Sara—; y, en segundo lugar, porque la discusión es un excelente ejemplo de la importancia que tienen la cultura de la participación y la inteligencia colectiva en la Web 2.0 a la hora de plantear reflexiones sobre temas específicos.


Insisto una vez más que sería interesante conocer la opinión que tienen al respecto los lectores, otros editores y otras personas involucradas en las demás actividades relacionadas con el sector editorial —distribuidores, libreros, gente de los medios, etc.—.



A continuación reproduzco las reflexiones de Enrique, María, El Llegidor pecador y Sara —a quienes les agradezco una vez más por los aportes realizados—:


enrique redel dijo...

¿Preguntas en serio? Como ya te dije hace unos días, me parece que el fenómeno es evidente. No me alargaré mucho de nuevo con el tema (me encantaría saber qué se piensa por ahí de esto). No obstante, diré que en mi caso cuando pensé en montar Impedimenta, fue fundamental el apoyo previo de mi distribuidor, fundamental, insisto, y mi experiencia y contactos previos en prensa y librerías. Sin eso (es un mínimo), y en las actuales circunstancias, de brillantez editorial y de nuevas ideas constantes, con muchas editoriales "nuevas" aspirando a quedarse, por méritos propios, es muy difícil, por no decir imposible, colocarse siquiera en la línea de salida.


Y en cuanto a la sobreproducción, es evidente que no somos precisamente nosotros los que sobreproducimos. Al revés. Seleccionamos.


No diré más.
Enrique Redel *

18 de octubre de 2007 04:13 PM

* Con su pregunta inicial Enrique se refiere a un par de comentarios que él mismo había hecho días antes en la entrada “¿quién dijo sobreproducción y saturación en el mercado editorial?”


martín gómez dijo...

Enrique, quería tocar en público el tema sobre el que estuvimos hablando hace unos días en la página de comentarios para suscitarles la inquietud a otras personas. Planteo todas estas preguntas porque siento que en el análisis de esta situación hay que tener en cuenta muchos matices.


Creo justamente que editoriales como Impedimenta, Marbot y veintisieteletras contribuyen a contrarrestar la homogeneización de la oferta y a satisfacer las necesidades de un público que exige contenidos de buena calidad con respecto a sus intereses puntuales.


Por otro lado, algunos de los editores con los que he tenido la oportunidad de hablar no han sido tan afortunados como tú en lo que a la distribución se refiere.


Un saludo.

Martín.

18 de octubre de 2007 04:37 PM


enrique redel dijo...

Es que lo que planteas es el tema del momento, estoy seguro de ello. Alguna periodista con la que he hablado en los últimos días tiene el mismo tema en la cabeza, y piensa hacer algo en algún medio próximamente. Muy pertinente lo que preguntas, insisto. Este es el momento en que los editores de prestigio están dando la alternativa a los nuevos editores. De manera expresa. Pero veamos lo que piensan otros que no soy yo que, reconozco, soy un caso particular.


Enrique

18 de octubre de 2007 05:03 PM


el llegidor pecador dijo...

"¿Es cierto que en este momento hay un fenómeno de sobreproducción en el mercado editorial y que éste está saturado?"

-El mercado editorial está perpetuamente saturado desde... A ver... Pongamos que desde la invención de la imprenta de tipos móviles. Desde siempre las quejas en el sector han ido por el mismo camino; es que el sistema es perverso, a mayores devoluciones mayores son las siguientes colocaciones en las librerías para compensar dichos retornos.


"¿La aparición de nuevas editoriales independientes es un indicio de que el sector editorial goza de buena salud?"

-No necesariamente. Crear una editorial es relativamente barato en comparación con otros tipos de negocio: no necesitas comprar o alquilar un local, las nuevas tecnologías facilitan mucho las cosas, la recuperación de determinados clásicos suelen estar libres de derechos, ... Eso sí, es necesario invertir en grandes cantidades un bien preciadísimo: tiempo.


"Además de construir un catálogo con un registro propio que se diferencie del de las demás y que vaya dirigido a un público puntual, ¿qué más tiene que hacer una editorial para encontrar su lugar?"

-Fundamental una empatía con una sólida empresa distribuidora que mantenga unos fuertes lazos con las principales librerías.

Trabajarse continuamente a la prensa.

Mimar las ediciones. Cuidar todos los detalles que conforman un ejemplar de calidad, ¡ojo! tanto el interior como el envoltorio. Crear un objeto bello en definitiva.


Y sí, desde hace unos años hemos asistido a la eclosión de un sinfín de nuevas editoriales. Mirad, quizá desde que acabaron aquellos procesos de "compras y adquisiciones" por parte de grupos editoriales a finales de los 90. Yo lo veo como un ciclo vital, entonces se contrajo el mercado y ahora se expande.

18 de octubre de 2007 08:24 PM


maria dijo...

Me temo que esto puede empezar a parecer una conversación entre amigos, porque soy una parte de Veintisiete Letras. Aceptemos que tenemos potenciales lectores. Aceptemos que tenemos libros que nos respaldan por su calidad. La clave de la supervivencia está en la visibilidad. ¿Cómo nos hacemos visibles? A través de los medios de comunicación -tradicionales y no- y, sobre todo, de un espacio en las librerías. De los medios de comunicación podemos hablar otro día. Me gustaría mucho leer la opinión de los libreros sobre los temas que habéis planteado. ¿Qué opinan ellos de nosotros, "nuevas editoriales independientes"? ¿Les incordiamos? ¿Les interesamos? ¿Quieren o pueden detenerse en nuestros proyectos cuando, efectivamente, están saturados por los servicios de novedades (a veces impuestos) de las editoriales grandes y medianas, obligadas a una sobreproducción para mantener sus estructuras?


María Moreno

18 de octubre de 2007 11:05 PM


martín gómez dijo...

Enrique, Llegidor, María, muchas gracias por sus comentarios. Me parece que son muy interesantes y que aportan mucho a esta reflexión. Yo desde mi posición tengo una percepción parcial de todo esto y planteo abiertamente todas estas preguntas para entender mejor lo que está pasando en este ámbito en el que todos estamos interesados. Como dice María, sería súper enriquecedor saber qué piensan los distribuidores, los libreros, la gente de los medios y quienes trabajan en los demás sectores implicados en este asunto.


Al final cada quien ve lo que su posición le permite, por lo cual me gusta mucho este ejercicio de intercambiar puntos de vista. Creo que los comentarios de Enrique, Llegidor y María dan cuenta de una perspectiva que tiene en cuenta los distintos elementos que están en juego, que sobrepasa la defensa ciega de los intereses de un sector en particular y en la que no hay ningún afán de simplificar las cosas. Sin lugar a dudas la sensatez y la lucidez de las respuestas de Llegidor y María se suman a las de los comentarios previos de Enrique.


Claramente ya no estamos frente a opiniones aisladas sino más bien frente a un diálogo orientado a entender la dirección que está tomando actualmente el mercado editorial.


Invito a los demás a ver los puntos de vista que hace unos días planteó Enrique en la entrada "¿quién dijo sobreproducción y saturación en el mercado editorial?".


Un saludo para todos.

Martín.

18 de octubre de 2007 11:49 PM


el llegidor pecador dijo...

Verás, María, los nuevos proyectos editoriales no les interesan en absoluto a la mayor parte de libreros, ¡ojo! no son todos, pero son, digamos, la clase media. De esas nuevas editoriales "independientes" no querrían tener ninguna noticia más que una entrada en su base de datos para que si un cliente les pide un ejemplar, saber dónde encargarlo.


Les da pereza, mucha pereza, hacer el esfuerzo de empezar la rutina de trabajar nuevos proyectos. Es así en el 70% de librerías. No hay ilusión ni ganas; esos libreros funcionan por automatismos y avanzan, de manera rutinaria, por un camino marcado. No hay ni creatividad ni inventiva a la hora de trabajar los nuevos fondos que les llegan.


¿Descorazonador? Bueno, quedan un puñado de libreros que aún sienten que su oficio conlleva una especie de "responsabilidad cultural", que no creen que la librería haya de ser un tipo de establecimiento farmacéutico donde llega el cliente con el título en un papel, se le encarga y al día siguiente se lo lleva empaquetadito a su casa, sino que creen en ofrecer, en mostrar, en exponer, en conseguir seducir con sus propuestas, en ser también, de algún modo, "editores".

19 de octubre de 2007 12:47 AM


sara dijo...

Es interesantísimo los que planteas y leer los comentarios no hace sino reforzar lo que llevo constatando desde hace un tiempo (tiempo en el que estoy montando con mucha ilusión una nueva editorial). El apoyo de un distribuidor resulta difícil si no cuentas con contactos, y el apoyo de las librerías (de la mayoría de ellas) es más bien nulo.


Un saludo

21 de octubre de 2007 07:00 PM

martes, 23 de octubre de 2007

de qué hablamos cuando hablamos de las intervenciones abusivas de un editor

Gordon Lish, el editor de Raymond Carver en Alfred A. Knopf, modificó en contra de la voluntad del autor pasajes enteros de varios de los cuentos de la colección What We Talk About When We Talk About Love, publicada en 1981, e incluso cambió el final de varios de ellos. La intervención de Lish se ha convertido en noticia debido a la acalorada polémica que ha desatado Tess Gallagher, la viuda de Carver, tras manifestar su intención de publicar las versiones originales de la colección. Aparentemente Lish desoyó la solicitud de Carver de detener el proceso de producción del libro, que finalmente fue publicado con las modificaciones hechas por el editor.


El artículo “The Real Carver: Expansive or Minimal?” publicado en la edición de esta semana del suplemento de libros de The New York Times cita las siguientes palabras de Gallagher:


‘Solamente pienso que es muy importante que el libro de Ray, que ha sido una especie de secreto, se publique. En ningún momento quisiera sacar de circulación What We Talk About When We Talk About Love. Aquellas versiones de los relatos actualmente forman parte de la historia’.


Según un artículo publicado hace unos días en The Guardian, ‘Carver mismo había empezado un proceso de revisar sus primeras obras, republicando tres de las historias de What We Talk About When We Talk About Love en una versión revisada, en una colección que armó con Fisketjon antes de su muerte y cuyo nombre es Where I'm Calling From. Sin embargo, otras cuatro historias de What We Talk About When We Talk About Love fueron publicadas en Where I'm Calling From tal y como Lish las dejó'.


Sin lugar a dudas el hecho de que Alfred A. Knopf —sello perteneciente al grupo Random House— posea los derechos de la colección de relatos es una dificultad que podría evitar que el proyecto de Gallagher prospere. Estoy seguro de que el agente de Carver, los editores a los que Gallagher y éste les han ofrecido los manuscritos, la crítica, la prensa especializada, los estudiosos de la obra del autor y los fans de éste deben estar cruzando los dedos para que las versiones originales de los cuentos se publiquen.


La polémica me suscita varias preguntas: a raíz de la aparición de las versiones originales de los textos de un autor que durante mucho tiempo han permanecido ocultas, ¿cómo debe definirse su obra completa? ¿Cómo debe ser la relación entre el autor y su editor? En el caso de los editores que siguen de cerca el trabajo de los autores que publican, ¿hasta dónde debe llegar su intervención sobre éste? ¿Cuál debe ser la influencia del editor sobre el trabajo de los autores que publica? ¿Hasta qué punto la publicación de un libro depende de que el autor acate las recomendaciones de su editor? ¿No tiene el autor cierta responsabilidad sobre el proceso de edición de su obra cuando acata las recomendaciones de su editor por temor a no ser publicado?

lunes, 22 de octubre de 2007

donde pongo el ojo... [ 7 ]


Lecturas en curso


Sigo leyendo Siempre fue invierno, de Piedad Bonnett

Alfaguara

Bogotá, 2007


Mi recomendado de la semana


El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince

Seix Barral

Barcelona, 2007

(Primera edición hecha por editorial Planeta. Bogotá, 2006)


Mis libros favoritos


Music for Chameleons, de Truman Capote

Penguin

Nueva York, 1980


Me llama la atención


Colección 451.Re:, de 451 editores

Madrid