miércoles, 27 de agosto de 2008

reacción frente al tema de las librerías en bogotá

Además de ser un economista serio a quien le encantan su profesión y su trabajo, mi amigo Roberto es un gran lector y un excelente conversador. Cuando estábamos en el colegio, durante las clases de educación física solíamos echarnos bajo la sombra de un árbol a hablar cháchara y desde entonces no hemos dejado de hacerlo a pesar del paso del tiempo y de la distancia. Como dije hace un tiempo, Roberto es en gran parte el culpable de que yo haya empezado a leer y ha sido el proveedor de una buena parte de las lecturas que para mí han sido decisivas.


Hace un par de días Roberto dejó un comentario interesante en la entrada en la que yo me refería a los artículos que publicó la revista Arcadia sobre el reciente cierre de tres librerías independientes en Bogotá. Hoy quiero reproducir ese comentario porque me parece que en él Roberto toca temas críticos y que sus argumentos están no sólo bien fundamentados, sino también expuestos de una manera bastante clara.





Dice Roberto —todas las negrillas son mías:


'Martín, a mi me encantan las librerías, me hacen muy feliz. Pero eso amerita un análisis desapasionado desde el punto de vista de la demanda y desde el punto de vista de la oferta:


1) Desde el punto de vista de la demanda I: a la gente no le gusta leer ni comprar libros. Un amigo hizo un estudio sobre el consumo de libros y la cifra es irrisoria. Se resalta en este estudio que el nivel de ingreso no influye en el tema. Ni ricos ni pobres leen. Aislando el efecto el ingreso, las diferencias en las medias (de consumo de libros) no era estadísticamente significativa. Hay muchas mercancías no-necesarias que están por encima del libro.


2) Por el lado de la oferta I: la feria del libro estacionalizó la oferta de libros. Además marcó una posición dominante desde el punto de vista del último eslabón de la comercialización. Esto en otras palabras se traduce en la imposición de una variedad limitada y de un precio alto.


3) Por el lado de la oferta II: Las librerías "de culto" o los libreros "de culto" están invadidos de una aureola de mística que es contraproducente. No aceptan que están en un negocio y, bajo el pretexto de no traicionarse a si mismos, prefieren morir antes que buscar una solución económica y creativa que les permita sobrevivir sin menoscabar la calidad.


4) ¿Cómo solucionar el problema?: Lo único que puede doblegar a la posición dominante es 1) La regulación del poder de mercado (la feria del libro es un exabrupto); 2) Incrementar las preferencias por la lectura en la política educativa y 3) La creatividad de los libreros, esto es, en el mercado sólo una innovación puede vencer al mercado monopólico.


Frente a la última, los libreros prefieren la muerte porque se niegan a aceptar que vender libros es un negocio'.


Sería interesante conocer la opinión de personas cuya experiencia profesional les ha permitido conocer de primera mano la evolución y la situación actual de las librerías en distintos lugares —de primerazo se me vienen a la cabeza particularmente Txetxu Barandiarán, Roger Michelena y El Llibreter pero seguro que se me escapan muchos otros conocedores del sector—, por lo cual podrían aportar una amplia variedad de matices a la reflexión sobre el tema.

12 comentarios:

Blumm dijo...

Hola, Martín.
No soy un entendido de librerías. Sólo tengo una de referencia en mi ciudad y dos o tres en internet.
Y emergió la palabra mágica: internet.

No sé, parece, se ha dejado caer que el librero independiente también quiere prescindir de internet cuando eso a día de hoy no es del todo cierto.

Librerías como La Central las considero librerías independientes. Sólo basta ver cuáles son sus libros más vendidos.

El arte de vender un libro en una librería independiente de una editorial independiente no sólo se circunscribe a lo "tradicional". Es esta una de las razones que las abocan a su desesperación y desaparición.

martín gómez dijo...

Sí, de acuerdo. Internet es un canal de venta del que también deben echar mano las librerías independientes. De hecho, algunas de ellas tienen unas páginas Web muy bien montadas a través de las cuales les ofrecen un excelente servicio de información y venta a sus clientes.

Sin embargo, me pregunto si un pequeño librero es consciente del provecho que le puede sacar al montaje de una página Web o si en caso de serlo tendrá los recursos necesarios para dar el paso hacia Internet.

Como siempre, lo que queda al final son sobre todo preguntas...

Como El Pasto dijo...

Mi querido Martín, aunque usted pidió la opinión de eruditos en la material, me gustaría agregar algunos matices en la discusión.
Aunque confío que el estudio de Roberto y de su amigo fue bastante riguroso, creo que se les escapan detalles importantes.
Ningún modelo puede reflejar los gustos de las personas, así que afirmar que a las personas no les gusta leer es arriesgado a menos de que esta afirmación este basada en una encuesta. Por otro lado, el hecho de que a la gente no le guste comprar libros esta más ligado a la economía informal que rodea el mercado literario que al ingreso de los consumidores. ¿Qué quieres decir esto? Pues que la venta de libros no puede ser medida adecuadamente dada la alta tasa de piratería, además, tal como ocurre con las revistas y periódicos, puede haber una tasa de lecturabilidad alta sin que necesariamente eso afecte las ventas, sería interesante hacer un estudio sobre la cantidad de personas que leen un ejemplar. Por último, el Internet ha influenciado para bien y para mal, porque ahora cualquier titulo en cualquier idioma se encuentra en la red.

martín gómez dijo...

Justamente publiqué el comentario de Roberto porque quería generar una discusión rica en matices. Está claro que Roberto tendría que matizar afirmaciones categóricas como "a la gente no le gusta leer ni comprar libros" pero creo que en su reflexión hay planteamientos interesantes como el de que "hay muchas mercancías no-necesarias que están por encima del libro".

Me parece interesante que personas entendidas en la materia compartan su experiencia con los demás pero además que los no especialistas también aporten su punto de vista. Para mí es fundamental recoger la opinión de expertos (el término "eruditos" no me gusta) pero sin convertir esto en un simposio de especialistas.

Tengo entendido que la investigación de la que habla Roberto la hizo su amigo con el Convenio Andrés Bello, que se hicieron encuestas y que la muestra es estadísticamente representativa. Vamos a ver si conseguimos que nos pasen el informe.

No sé si estoy de acuerdo con eso de que "el hecho de que a la gente no le guste comprar libros esta más ligado a la economía informal que rodea el mercado literario que al ingreso de los consumidores" aunque sí comparto la apreciación con respecto a las tasas de lecturabilidad.

Seguimos...

Roberto Angulo dijo...

Sí claro, los estudios se han realizado con el módulo de "hábitos de lectura y consumo de libros" incluido en la Encuesta Continua de Hogares del DANE. Esta encuesta es representativa para Colombia, urbano rural y grandes ciudades. Nótese que al ser una encuesta da cuenta de los hábitos de lectura y no de la compra de libros nuevos por la vía del registro administrativo (información de las librerías). Es decir, expresa la lectura de nuevos y usados, comprados en el mercado informal o formal. Creo que mi afirmación, aunque categórica, no es exagerada. Vemos la evidencia. Toca seguir testeando hipótesis, una de ellas es que por los altos precios las personas estén prestándose los libros. Este punto implicaría una caída en la compra de libros pero mantendría constante el consumo de libros o las tasas de lectura (los hábitos no se verían afectados), pero parece no ser así (ver cita).
Envío un link con un estudio que se hizo sobre el tema en fedesarrollo (de donde saqué la cita). Mientras tanto busco el de mi amigo .

"La evaluación de los resultados del módulo sobre hábitos de lectura de la ECH de
2005, para las once áreas metropolitanas comparables con las que hicieron parte de la ETH de
2000, señala que entre los colombianos de doce o más años de edad hay actualmente menos
lectores habituales (de toda clase de materiales, independientemente del medio portador),
menos lectores de libros y menos compradores de libros".

Mártin: el celular el viagra entraron en la canasta básica, el DANE está pensando en incluirla en la canasta familiar de donde se calcula el Indice de Precios al Consumidor. No hay libritos por ningún lado. A la gente no le gusta comprar ni leer libros.

Igualmente, valdría la pena hacer un estudio más juicioso, lo mio es una compilación de opiniones basadas en estudios y fuentes secundarias ya procesadas, no es para ser tomado en serio. La internet puede ser la salvación, posiblemente entre en la canasta básica según afirma el DANE, pero la internet no necesariamente tiene una relación directa con los hábitos de lectura de libros, puesto que para ello se requiere cultivar el criterio de los usuarios. Esto es, de los estudiantes, y las cifras de calidad en la educación tampoco son alentadoras.

La internet, sin una política de educación, es una ruleta rusa: el plagio o la erudición.

http://www.fedesarrollo.org/includes/scripts/open.asp?ruta=/images/dynamic/articles/567/wp37.pdf
http://poorbuthappy.com/colombia/post/el-dane-modifica-la-canasta-familiar-incluye-el-viagra-y-el-corrientazo/

Leroy Gutiérrez dijo...

Después de leer los interesantes comentarios aquí publicados, me gustaría señalar que el tema que aquí se debate es realmente complejo. Una muestra de ello es que se empezó hablando, más o menos, del porqué las librerías cierran y se ha terminado hablando sobre los hábitos de lectura de los colombianos.
Ahora bien, considero que se han tocado puntos álgidos: los bajos índice de lectura, la estrategia comercial de las librerías, la influencia del mercado, las oportunidades que brinda Internet y los factores, como la piratería, que afectan a la industria del libro. Dado que ya se han dicho muchas cosas con las que estoy de acuerdo, se me ocurre que lo mejor que puedo hacer es agregar algo más. Quizás algunos de estos asuntos o problemas puedan ser atendidos si se piensa que el libro debe ser, digamos, socializado. El libro, por múltiples razones, ha ido quedando al margen de la sociedad. Puede que sea por lo que simboliza o por su precio. Lo cierto es que la relación de las personas con el libro ha evolucionado de tal manera que cualquiera puede pasarse la vida sin leer y que ello no implique ningún tipo de inconveniente.
Dicho de otra manera, para nuestra dinámica social el libro es innecesario. A ver, no es necesario como sí puede serlo tener un perfil en Facebook. Incluso los que no tienen una relación muy estrecha con la tecnología pueden reconocer el valor social de estar en Facebook. Si no estás allí te encuentras al margen. Insisto, con el libro no ocurre lo mismo. Y tal vez ese sea el verdadero problema. Si no hace falta leer para graduarse en la universidad, obtener un trabajo o tener un tema de conversación, ¿cuál puede ser el argumento que nos permita a editores y libreros convencer a nuestros semejantes que es conveniente comprar y leer libros?
Para no dejar de tocar el tema de las librerías, se supone que éstas deberían convertirse, idealmente, en centro culturales en las comunidades en las que se encuentran. Si esto llegase a ocurrir sería la señal de que el libro se ha socializado, que ha comenzado a formar parte de la vida de las personas, como Facebook.

Camilo Jiménez dijo...

Sin duda Roberto explora asuntos interesantes. Muy bueno su aporte y las dudas que deja en su argumentación.

Por acá reaccionó otra persona de distinta manera, algo más visceral pero de primera mano:

http://doblemachete.blogspot.com/2008/08/libros-y-salchichas.html

Si la Book Express Machine que está distribuyendo Jason Epstein se abre paso de manera masiva (y podría decir que lo más seguro es que lo haga: ya Epstein se ha adelantado en otras ocasiones a los pasos que da la industria del libro) las librerías no van a desaparecer: sí se van a convertir en otra cosa distinta a lo que conocemos hoy. Habrá que ver: no hay un solo futurólogo o profeta a quien la historia no haya puesto en ridículo.

martín gómez dijo...

A mí me parece clave la perspectiva de Roberto porque parte no sólo de consideraciones económicas que rara vez tenemos en cuenta personas como yo, sino también de metodologías que parecen ser consistentes.

Chévere si Roberto se consigue el informe de la investigación y nos lo pasa.

La idea de socializar la lectura que propone Leroy también es interesante: gracias a las herramientas de generación Web 2.0, hoy en día tenemos una oportunidad inmejorable para dejar de ser lectores aislados y conformar comunidades lectoras. Pero como bien dice Leroy, está claro que esto también puede hacerse en las librerías porque "se supone que éstas deberían convertirse, idealmente, en centro culturales en las comunidades en las que se encuentran".

En Madrid, por ejemplo, una librería nueva y especializada en relato que se llama Tres rosas amarillas está contrarrestando la poca salida que tiene este género en el mercado español mediante la realización de eventos con autores en su local del barrio Malasaña.

En cuanto a lo que dice Camilo sobre la Espresso Book Machine de Epstein, se ve que ya se habían ensayado cosas parecidas en varias ocasiones pero sin mayor éxito. De momento la máquina de Epstein ha sido recibida con entusiasmo y ha recibido buenos comentarios. Aunque claro, como siempre sus posibilidades de éxito dependerán del modelo de negocios que se plantee y de que los demás actores del sector encuentren atractivo el cuento para apostar por él.

A mí la reflexión que plantea Peláez también me parece interesante porque desde su perspectiva realista desmitifica muchas ideas acerca de los bienes culturales y del comercio de éstos que a veces defendemos de una manera que puede llegar a ser bastante irracional...

murmullo dijo...

Una encuesta realizada entre 1324 asistentes a la Feria de Frankfurt el pasado 2007 (y mencionada en el informe del CERLALC sobre percepciones del clima editorial) encontró que el 24% de los encuestados cree que la librería física desaparecerá en los próximos 50 años.

Es cierto también lo que Roberto dice, muchos de los libreros "de cepa" se resisten a tratar al libro como una mercancía y en ese rechazo están firmando su sentencia de muerte(?).

Lo comentábamos con Roger Michelena en un intercambio de mails: por un lado los libreros debemos reconocer en el libro una mercancia, pero también debemos lograr que la gente y las autoridades reconozcan en el libro el bien cultural que es. Esta tarea es más urgente ahora toda vez que el sector se encuentra amenazado por un lado por los bestsellers, por los celos gubernamentales y por los movimientos que defienden el libre acceso a la información.

En todo el sector, el de las librerías es el eslabón más débil y por algún motivo, están quedándose solas ante las editoriales y las autoridades.

Respecto al comentario de Leroy Gutierrez, me parece interesante su percepción de que el libro se está quedando al margen de la sociedad y de que es menos relevante que Facebook. Creo que vale la pena intentar profundizar esto y aquí dejo mi granito de arena.

Por un lado, las estadísticas generales reflejan un incremento en la producción de libros (en Bolivia, la producción editorial está alcanzando niveles de boom) y una percepción empresarial de crecimiento en todo la región.

Mientras los niveles de lectura en España han alcanzado niveles envidiables, esto no parece estar ocurriendo en la región más que en Argentina.

En consecuencia deberíamos preguntarnos: Para quién están produciendo libros las editoriales? Cómo explicamos el crecimiento de la piratería si la gente no lee?

juglar del zipa dijo...

sobre la última pregunta de murmullo:

la piratería solamente es termómetro de lo que vende y ha vendido mucho: los libros periodísticos, seudoperiodísticos y testimoniales de planeta, la receta de autoayuda, la novela conejuna del momento y algunos textos escolares, cuando es temporada.

supongo, pues, que el autor y la editorial que vean pirateados sus libros no tienen por qué preocuparse, porque eso es solamente posible después de que han vendido por cantidades, información que los mimeografistas buscan para que les colaboren con su forma de trabajo. no es como los que piratean software, que trabajan por demanda: los piratas también dan el arriesgado salto de la mercancía. en fin, no creo que haya que echarle la culpa a la piratería.

aparte, reflejaría el poco amor (jaja...) que se tiene por el libro-objeto-obra de arte. pero podría decirse que eso "es cultural". basta ver cómo son de feos los libros que se editan en colombia.

martín gómez dijo...

La doble perspectiva del libro como mercancía y como bien cultural que propone Murmullo es fundamental. Supongo que a la hora de hacer políticas públicas esta dicotomía debe ser bastante problemática: ¿liberalización o protección?

En cualquier caso las librerías también tienen que reinventarse su negocio y creo que Leroy sugiere una pista entre muchas posibles. Mientras los libreros no se espabilen, Amazon y las grandes superficies (que también trabajan en línea) seguirán quitándoles mercado.

En cuanto a la referencia a la piratería que hace El juglar del Zipa, está claro que lo que más se piratea son los best sellers. Sin embargo, me parece peligroso decir que best seller = libro de mala calidad.

Por otro lado, a un autor le puede venir muy bien que lo pirateen porque gana en posicionamiento y en visibilidad. Sin embargo, la piratería no afecta sólo a autores y editores. La cadena es larga y los efectos de la piratería se sienten en todos sus eslabones.

¿En verdad son tan feos los libros en Colombia? En una época (digamos entre 2000 y 2004) Norma hacía unas cosas lindísimas. Los de Panamericana son horribles aunque supongo que eso tendrá una razón de ser comercial para llegar a un público masivo.

En fin, señores, seguimos...

Roberto Angulo dijo...

Estoy de acuerdo con Mártin, el efecto de la piratería es algo muy complejo, afecta toda la cadena. Lo interesante es que, contrario a lo que parece, no siempre el efecto es negativo sobre el consumidor final y sobre las firmas. Cuando se trata de mercados de competencia imperfecta (monopólicos u oligopólicos), es decir, poder de mercado sobre el precio y las cantidades, la piratería funciona como una válvula reguladora de precios. Es interesante notar que la piratería es mayor en los mercados no regulados o con fallas en la regulación y la vigilancia (esta hipótesis hay que probarla, pero bueno, esto es un blog y no una sustentación de tesis doctoral) y por tanto puede ser una mecanismo informal y espontáneo por medo del cual el consumidor, al comprarle al pirata, se protege, o mejor se defiende, del monopolio. Si la piratería aparece en un mercado competitivo, menoscaba el bienestar del consumidor porque quiebra a las empresas al bajar el precio (que por ser competitivo no puede bajar más so pena de generar pérdidas) y en el mediano plazo se pierde la variedad (al ser copia la piratería no le aporta a la variedad). En cambio, si la piratería aparece en un mercado imperfecto (como el que presumo se está convirtiendo el mercado actual en Colombia en este caso esecífico de la producción y venta de libros), pone en aprietos a los monopolios cuyo precio tendrá que bajar necesariamente. En este caso, ganan los consumidores que pueden acceder a libros que en ausencia de piratería no podrían ni mirar y el efecto sobre las cantidades (no contracción de la oferta, tamaño del mercado) permite la entrada de nuevas firmas.

Yo por ejemplo compro películas piratas sin sentirme mal, no podría acceder a la oferta del cine pagando 80 mil pesos por película, el asunto de las zonas (zona 1, 2, y 3) es un encartelamiento que va en detrimento del consumidor. Limita la variedad, segmenta la oferta (películas de acción para los latinos, woody allen para los europeos, etc...) y el precio se eleva de manera exagerada. Desde que se incrementó la piratería, empezaron a aparecer colecciones legales de clásicos del cine a 10 mil pesos película.

También hay casos en los que el monopolio o el oligopolio incrementa el bienestar de los consumidores, pero eso es otro cuento.