martes, 17 de junio de 2008

inventario de lecturas [ 9 ]

La segunda mitad de 1998 fue particularmente estimulante para mí porque por primera vez en casi tres años tuve la certeza —aunque efímera, para variar— de que no me había equivocado escogiendo las carreras que estaba estudiando. Me entusiasmaba ver que algunos de mis profesores se ocupaban de temas interesantes, se divertían haciendo su trabajo y hacían un aporte valioso a su campo de estudio. Tanto, que la lectura de autores como Hesíodo, Aristóteles, Sócrates, Dante, Tomás Moro, Maquiavelo, Spinoza, Thomas Hobbes, Jean-Jacques Rousseau, Edmund Burke, Max Weber, Émile Durkheim, John Rawls o Jürgen Habermas en mis cursos de Historia de las ideas políticas me hizo considerar la posibilidad de dedicarme a la academia.




Fue justamente en ese segundo semestre de 1998 que se consolidó mi reconciliación con los clásicos. Me había inscrito en cursos sobre Goethe, Shakespeare y literatura griega. Aunque el curso sobre Goethe fue un desastre porque el profesor se dedicó todo el semestre a psicoanalizar a los personajes y al autor mismo, leer Las penas del joven Werther y la primera parte de Fausto fue una experiencia increíble. Por otro lado, en el curso sobre Shakespeare disfruté como nunca creí que podría hacerlo la lectura de obras como Sueño de una noche de verano, Hamlet, Macbeth, Otelo, Ricardo III y El Rey Lear.


El curso sobre literatura griega fue extraño porque aunque era muy general y superfluo, en él hicimos una aproximación distinta a la Ilíada —la lectura buscaba analizar la organización social y política de la época a partir del texto— y leímos La Orestiada, algunas comedias de Aristófanes y algunos poemas tanto de Píndaro como de Safo de Lesbos.


Entre tanto, por fuera de la universidad estaba leyendo cosas muy distintas: Todo lo sólido se desvanece en el aire, de Marshall Berman; Canto a mí mismo, de Walt Whitman; La carta de Atenas, de Le Corbusier; Escritos políticos, de Herman Hesse; Dublineses, de James Joyce; La vida vivida, de Vinicius de Moraes; Siete noches, de Jorge Luis Borges; La busca, de Pío Baroja; Culturas híbridas y Consumidores y ciudadanos, de Néstor García Canclini y alguna otra cosa que se me escapa.



Lo más importante de ese año fue que tomé conciencia de que aunque quisiera leerlo todo sería imposible hacerlo no sólo porque la vida no me alcanzaría, sino también porque había mil temas que no me interesaban en lo más mínimo. En ese momento aprendí a no sentirme culpable por no interesarme por temas como la épica, los libros de caballería o la ciencia ficción y pude empezar a escoger mis lecturas sin pensar en lo que “hay que leer”.

12 comentarios:

Raúl dijo...

Cuesta liberarse de las cadenas del canon y los libros que se supone hay que leer; cuando lo hago -de cuando en cuando caigo en la tentación de seguir la senda de los marcado- me siento mucho más libre y disfruto de la lectura.

Respecto a tus ecturas, la teoría política es apasionante, yo también ensé dedicarme a ella; pero sé que no valgo.

El Werther no me gustó para nada, creo que fui el único de la clase que acabó detestando la novela

¡Qué grande Shakespeare!

Un saludo.

martín gómez dijo...

Para mí fue un gran alivio darme cuenta de lo que no me gustaba y de quiénes eran las personas cuyas sugerencias podrían estar en sintonía con mi gusto. Igual siempre he estado dispuesto a dejarme seducir por cosas que en principio creo que no me gustarían.

Después de mi breve idilio con la teoría política terminé alejándome y dedicándome a la investigación en Ciencia Política pero hace cuatro años la abandoné para siempre.

A mí me gustó mucho Werther a pesar del amaneramiento del estilo. Con respecto a Shakespeare, sin comentarios.

Seguimos.

Oscar Chamat dijo...

me encanta leer esta serie de entradas, pues cada vez que avanza la historia de martin-lector, crece mi ignorancia en libros que me debí leer y que al parecer nunca lo haré.

abrazo

omchamat
http://lasmiradasperdidas.blogspot.com

martín gómez dijo...

Ay, siempre queda todo por leer. Y si te contara la cantidad de cosas fundamentales que me faltan...

Igual poco a poco eso se va poniendo en evidencia en esta serie. Al final tendré que hacer un recapitulativo de las cosas que debería pero no he leído.

Hasta la próxima.

Jaume Puig dijo...

No puedo resistir preguntarlo: ¿como lo haces para recordar los libros que leíste hace diez años? No tanto los libros sinó cuando. Cuando leo tus inventarios de lecturas me haces sentir frívolo y desmañado. Recuerdo lo que he leído pero si me remontó más allá de un año o dos mezclo perfectamente las fechas como las cartas de una baraja antes de servirlas.

Dime que llevas un diario con anotaciones ordenadas y me dejarás más tranquilo. :-)

Un saludo

martín gómez dijo...

Jaume, siempre he tenido mi memoria organizada a partir de coordenadas de espacio y tiempo. Sin embargo, te confieso que con cada vez más frecuencia se me escapan o mezclan detalles porque desde hace un tiempo esa memoria prodigiosa que solía tener ha empezado a flaquear.

Me pasa a menudo que digo 'ah, se me olvidó incluir tal o cual cosa en la entrada de hace tres días'.

Pero bueno, en esta serie intento hacer con la mayor fidelidad posible un recuento de las lecturas que he hecho durante la primera parte de mi etapa de formación como lector.

Nos vemos pronto.
Un abrazo.
Martín.

Raúl dijo...

Jaume, yo mantengo desde hace 8 años un listado de lecturas en mi ordenador. Autor, título, editorial, páginas y, muy importante, valoración de 1 a 10. Pongo una nota a los libros nada más terminarlos.

Con el tiempo es interesante e iluminador ver a qué libros di un 10, a cuáles un suspenso... Si releo, hay veces que se llevan la misma nota; otras no...

De jóvenes podemos fiarnos de nuestra memoria; a medida que acumulamos lecturas, debemos confiar en el Excel.

Saludos

martín gómez dijo...

¡Hombre, Raúl, eso sí que es ser disciplinado y riguroso! Creo que a pesar de mis buenas intenciones nunca tendría ni lo uno ni lo otro para hacer este ejercicio.

Oscar Chamat dijo...

sigo sin saber como haces para acordarte de cuando leíste determinado libro, yo lo hago con un margen de +/- un año... algo tipo "creo que a ... me lo leí, en el 2002 o 2004"... pero ahora decidí, ponerle fecha de inicio de lectura del libro y fecha de finalización. Creo que con los años cuando vuelva a abrir el libro y ver los subrayados y las fechas en que lo leí, entenderé muchas cosas que mientras lo leo no son evidentes, sino más bien "subconscientes"...

saludos

omchamat
http://lasmiradasperdidas.blogspot.com

martín gómez dijo...

Óscar, tu método es más sencillo y creo que puede ser igualmente eficaz.

Si la pereza me lo permite, empezaré a aplicarlo. Mi problema es que aunque no debo, aún sigo confiando más de la cuenta en mi memoria.

zbelnu dijo...

Qué tal La vida vivida de Vinicius de Moraes? Siete noches me fascinó de adolescente y aún ahora lo cito, aunque perdí mi vieja edición en un traslado y ahora tengo una feúcha de bolsillo... Por cierto, ¿recibiste mi libro arbóreo?

martín gómez dijo...

Isabel, todo lo de Vinicius de Moraes es un deleite total.

Qué lástima cuando pierdes un libro con valor y te toca sustituirlo por uno de esos que parecen de mentirillas. Pero bueno, Siete noches es un libro francamente inagotable.

Sí recibí tu libro, que ha quedado muy bonito y me está gustando mucho.

Un abrazo.
Martín.